Letizia no encuentra su sitio: 15 años de una reina que se niega a ser consorte

Parece ser que a día de hoy la Ortiz aun no ha asumido que su trabajo en ese chiringuito se limita a ser paridora ( cosa que ya hizo) e ir de florero y que no tiene otra asignación y por supuesto tres pasos por detras del segundo marido. Todo lo demás son florituras para tapar la realidad de su cometido.

Esta periodista que siempre ha baboseado por la monarquía parece que esta mandando una puya a la ex de Guerrero , sera que esa es la estrategia , hacerla aparecer frente al gran publico como una inepta que no sabe por donde se anda, y al tiempo hacer aparecer al segundo marido como sufridor que la tratado por todos los medios de ayudarla.

Yo creo que las cartas ya están echadas y ya es cosa de tiempo el que la devuelvan a Valdebernardo.
No la hacen parecer, ya el gran publico sabe que es una inepta.
 
Yo creo que la ausncia en Paris no la ha decidido ella.
Ni posiblemente la de Guatemala.
Posiblemente, no sea que no ha querido ir.
 
Conciliar??? Pero si está conciliando a todas horas. Tiene un par de actos o tres a la semana, de una hora como mucho, cada acto; tardará en subrayar con fluorescentes, para q todo pichichi lo veamos bien, los esquemas de las visitas q hace, otra hora como mucho; elegir los adefesios que se va poner, igual le lleva algo más, es difícil decidirse ante tanto despropósito; los findes por el artículo 33, los tiene libres, y aunque acuda a algún sitio por un imprevisto, es como estar con la doble del museo de cera, no interactúa ni pestañea del cabreo q tiene. No sé q va a conciliar... como hagamos cuentas, sale perdiendo.
 
Leti no hubiera ido a París de ninguna manera.
Es muy insegura y no se siente a gusto rodeada de otras esposas.
Sabía que iba a quedar eclipsada por Melania, Charlene, la mujer de Macron...
 
17/11/2018

LA SEMANA EN QUE NI LETIZIA NI BEGOÑA GÓMEZ ESTUVIERON EN SU SITIO

La inexplicable ausencia de la Reina en París en los actos por el centenario del armisticio y la asistencia, casi ocupando su lugar, de la mujer de Sánchez provocaron una situación protocolaria comprometedora. Y otro tanto ha vuelto a ocurrir en la Cumbre Iberoamericana. POR EDUARDO ÁLVAREZ

DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE. París amanece con su plomizo cielo tan característico. Poco antes de las 10 de la mañana, el Rey de España es recibido con un cálido apretón de manos a las puertas del Palacio del Elíseo por el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte. Don Felipe es uno de los cerca de 70 mandatarios que van a participar esa mañana en el acto conmemorativo por el centenario de la firma del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. El Monarca ha acudido solo a París. Tal como había anunciado Zarzuela, la Reina no se ha desplazado. Minutos después, la escena se repite casi como un calco. Esta vez el matrimonio Macron a quien recibe en lo alto de la escalinata es al presidente del Gobierno español. Pero no sólo a él. Porque Pedro Sánchez sí está acompañado por su mujer, Begoña Gómez.

Una hora más tarde, decenas de mandatarios van accediendo a sus puestos en la tribuna junto al Arco del Triunfo para presenciar la ceremonia. Las cámaras de la televisión gala captan a un solitario Felipe de Borbón haciendo tiempo, con las sillas a su izquierda aún vacías. Al rato, le salva del aburrimiento la llegada del gran duque Enrique de Luxemburgo y de su esposa, María Teresa, a quienes les ha correspondido sentarse junto al Monarca español, que saluda efusivamente a la cubana. Las mismas cámaras registran la posterior llegada de Sánchez y su mujer, quienes ocuparán un puesto más discreto en la tribuna.

Las imágenes hablan por sí solas; imposible no apreciar la disonancia. O entre los servicios de Protocolo de Zarzuela y de Moncloa no ha habido coordinación, o a alguien no le importa que se visualice que la Reina, o Begoña Gómez, o las dos, han metido la pata. Porque la asistencia a este acto ceremonial de la mujer de Sánchez deja en evidencia una de las explicaciones que Zarzuela se ve obligada a dar para justificar la ausencia de Doña Letizia. Se dirá que no se ha desplazado por tratarse de una invitación del Elíseo a jefes de Estado o de Gobierno. Pero Gómez no es lo uno ni lo otro. Y tampoco las decenas de consortes de los mandatarios presentes.

DOS BANQUETES PARALELOS

Concluido el acto, los dirigentes se desplazan de nuevo al Elíseo para asistir a un almuerzo oficial ofrecido por Macron. Lo que no se hará público hasta unas horas después de que Prensa de la Casa del Rey se pusiera en contacto con medios como EL MUNDO para justificar que no era necesaria la presencia de Doña Letizia en París “porque no tenía papel en los actos”, es que Brigitte Macron ha invitado a los consortes a un banquete paralelo en Versalles. Y allí, entre princesas, primeras damas y mujeres de primeros ministros, ocupa un lugar destacado Begoña Gómez, quien por momentos parece suplantar a la Reina.

El resultado, un despropósito del Protocolo español. Aún no se entiende que Doña Letizia no acompañara al Rey ni mucho menos que, faltando ella, sí asistiera Gómez, cuando su marido no había acudido como representante de España, sino para “acompañar” al Rey. Lo dejaba claro la agenda oficial del presidente del Gobierno publicada en la web de Moncloa.

Como explican fuentes consultadas por LOC, este tipo de eventos se rigen en todo el mundo por usos y costumbres muy extendidos. Y, así, cuando un dirigente, en este caso Macron, cursa invitación a los líderes de 80 países –extensible a sus cónyuges– para que acudan a la conmemoración del Armisticio –los fastos empezaron a prepararse en febrero–, lo habitual es que cada nación decida si va a estar representada por su jefe de Estado o por su jefe de Gobierno –o por alguien de rango menor–. Es muy inusual la asistencia de los dos, como ocurrió el domingo con el Rey y Sánchez, quienes prácticamente sólo viajan juntos al extranjero para las Cumbres Iberoamericanas. Pero el presidente no quiso perderse semejante ocasión de codearse con los mandamases del orbe. Además, tuvo como excusa la invitación a participar ese mismo día por la tarde en el Foro por la Paz en París. La que en todo caso estaba fuera de lugar era Gómez, porque no acudía como cónyuge del representante de España en los actos, que era el Rey. Al no asistir la Reina, lo correcto es que nadie hubiera ido a la comida de consortes para no generar una embarazosa confusión protocolaria, salvo que el objetivo fuera justamente hacerse notar dando la nota.

Fueron contados los países que enviaron a París a sus respectivos jefe de Estado y primer ministro. Sí lo hizo Luxemburgo. Pero en ese caso la dupla se justificaba mejor desde el punto de vista del protocolo. Porque los grandes duques asistieron a la ceremonia en el Arco de Triunfo y, nada más concluir, se marcharon a su país para presidir los actos por el Armisticio en el Monumento al Recuerdo de la capital luxemburguesa. De modo que al almuerzo ofrecido por Brigitte quien acudió fue Gauthier Destenay, marido del premier del Gran Ducado, Xavier Bettel, que representó a su país en el banquete del Elíseo.

Fue la Embajada de Francia en España, el 30 de octubre, la primera que comunicó que “el Rey Felipe VI de España representará a España en la ceremonia internacional en el Arco del Triunfo”. Mucho antes, la Casa Real lo tenía ya todo organizado para el viaje de Estado de los Reyes a Perú que comenzaba al día siguiente. Para que los Monarcas pudieran acudir a París el domingo sólo había que cambiar la logística del desplazamiento. La ocasión lo merecía y el trastorno no era tan grande. Pero, por razones no explicadas, se decidió que a Francia fuera solo Don Felipe. Desde Zarzuela tampoco se ha dicho nada de por qué los Monarcas no asistieron el sábado a la cena oficial con la que los Macron dieron la bienvenida a los mandatarios de todo el mundo, en el bello entorno del Museo de Orsay. Otra gran ocasión en la que la silla española quedaba vacía.

El Rey sólo estuvo en París el domingo. Y al no acompañarle Doña Letizia se originó un hecho inédito: se desplazaron cada uno por su lado por primera vez en un viaje de Estado. Aunque desde luego el protocolo también es hacer de la necesidad virtud, la visita a Perú comenzaba así sin grandeza institucional.

SIN HONORES DE ESTADO

Todos los viajes de Estado se inician con una despedida oficial de los Reyes, que suele tener lugar en el aeropuerto, en la que se interpreta el Himno Nacional y el Monarca pasa revista a un piquete de honor. El Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, establece con claridad que al Rey y a la Reina consorte se le rinden honores militares en la despedida de sus viajes oficiales al extranjero, “salvo orden expresa en contra”. Esto último hubo que aplicarlo el domingo cuando Doña Letizia, casi como una turista más rumbo al país del Machu Picchu, tomó un avión comercial de Iberia al mediodía. A su llegada a Perú, dado que todo era excepcional, no contó con recibimiento oficial, más allá del dispositivo policial que la acompañó hasta el hotel, del que no salió. Dispuso así de varias horas para descansar antes de iniciar los actos oficiales. No fue el caso del Rey, quien aterrizó ya de madrugada. Y, como es preceptivo, él sí fue recibido por el ministro de Exteriores andino.

Por si el espectáculo parisino no hubiera sido suficiente para dejar clara la falta de sintonía entre Protocolo de Zarzuela y de Moncloa, apenas tres días después Letizia y Begoña Gómez volvían a divergir sus caminos poniéndose de nuevo en evidencia la una a la otra.

Casi a la vez que la Reina tomaba un avión en Perú para regresar a España, dejando partir de nuevo solo a Don Felipe hacia Antigua (Guatemala), Begoña Gómez aterrizaba junto a Sánchez, que se sumaba al Rey para participar en la XXVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Y aquí, en honor a la verdad, no se justifican las críticas a la mujer del presidente por acompañarle. Porque, a diferencia de en París, Sánchez ha participado como jefe de Gobierno con funciones ejecutivas, y es tradición que los mandatarios acudan con sus cónyuges. Muchas veces coincidieron la Reina Sofía y la mujer del presidente de turno.

Expertos explican a LOC que en España no se ha establecido un protocolo claro para las mujeres de los presidentes, pero deben ser muy selectivas en sus viajes al extranjero aconsejándose que se reduzcan a las ocasiones en que el país anfitrión aguarda su presencia en actos donde también va a estar la primera dama local. Se critica así, por ejemplo, que Gómez acompañara en septiembre a Sánchez a Canadá, ya que se trataba de una visita de trabajo, y se produjo un momento inenarrable cuando el primer ministro Trudeau acudió sin su mujer a recibir con honores al español, y Gómez se coló en el primer puesto de la línea oficial de saludo.

Lo que sí es cuestionable es la decisión de la Reina de ausentarse de las Cumbres Iberoamericanas. Zarzuela esgrime que desde que en 2014 se suprimió la agenda de actos paralela para los cónyuges la presencia de Doña Letizia no tiene sentido. Pero la realidad casa mal con esta explicación.

AGENDA DE PRIMERAS DAMAS

Aquel año, la Cumbre se celebró en México. Fue la primera a la que Don Felipe asistió como Rey. El presidente Peña Nieto suspendió la citada agenda porque el país sufrió aquellos días una gravísima crisis por la desaparición de decenas de estudiantes en Iguala. Además, su esposa se vio envuelta en un escándalo por su mansión. Por todo, convenía dar imagen de austeridad. Letizia se quedó en Madrid. Tampoco acudió en 2016 a la Cumbre de Cartagena de Indias (Colombia), como no lo ha hecho ahora a Guatemala.

Pero la mayoría de las mujeres de los presidentes latinoamericanos siguen acudiendo porque está bien visto que participen en recepciones y banquetes oficiales. Ahí se echa de menos a la Reina, quien pierde la oportunidad de ejercer su labor de representación en una plataforma tan importante. Además, la falta de programación por parte del país anfitrión no significa que las primeras damas no preparen a conciencia durante meses una agenda de trabajo para aprovechar la Cumbre. Por ejemplo, este año han participado en la presentación del Programa Iberoamericano de Discapacidad, a cargo de la Secretaría General Iberoamericana, y han mantenido reuniones para abordar la inclusión social en la región. No se han limitado a hacer turismo, aunque tampoco es despreciable que contribuyan a dar a conocer lugares de interés de las ciudades en las que se celebran estos encuentros multilaterales.

Lo que no se comprende es que ni el Gobierno ni Zarzuela trabajen para que Doña Letizia pueda cumplir con un programa a la altura aprovechando las Cumbres. Y que se prefiera que el Rey siga viajando solo mientras la Reina permanece en España sin un solo acto oficial.

Ha sido ésta una mala semana para nuestra diplomacia. Porque, definitivamente, ni Letizia ni Begoña Gómez han estado en su sitio.
 
17/11/2018

LA SEMANA EN QUE NI LETIZIA NI BEGOÑA GÓMEZ ESTUVIERON EN SU SITIO

La inexplicable ausencia de la Reina en París en los actos por el centenario del armisticio y la asistencia, casi ocupando su lugar, de la mujer de Sánchez provocaron una situación protocolaria comprometedora. Y otro tanto ha vuelto a ocurrir en la Cumbre Iberoamericana. POR EDUARDO ÁLVAREZ

DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE. París amanece con su plomizo cielo tan característico. Poco antes de las 10 de la mañana, el Rey de España es recibido con un cálido apretón de manos a las puertas del Palacio del Elíseo por el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte. Don Felipe es uno de los cerca de 70 mandatarios que van a participar esa mañana en el acto conmemorativo por el centenario de la firma del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. El Monarca ha acudido solo a París. Tal como había anunciado Zarzuela, la Reina no se ha desplazado. Minutos después, la escena se repite casi como un calco. Esta vez el matrimonio Macron a quien recibe en lo alto de la escalinata es al presidente del Gobierno español. Pero no sólo a él. Porque Pedro Sánchez sí está acompañado por su mujer, Begoña Gómez.

Una hora más tarde, decenas de mandatarios van accediendo a sus puestos en la tribuna junto al Arco del Triunfo para presenciar la ceremonia. Las cámaras de la televisión gala captan a un solitario Felipe de Borbón haciendo tiempo, con las sillas a su izquierda aún vacías. Al rato, le salva del aburrimiento la llegada del gran duque Enrique de Luxemburgo y de su esposa, María Teresa, a quienes les ha correspondido sentarse junto al Monarca español, que saluda efusivamente a la cubana. Las mismas cámaras registran la posterior llegada de Sánchez y su mujer, quienes ocuparán un puesto más discreto en la tribuna.

Las imágenes hablan por sí solas; imposible no apreciar la disonancia. O entre los servicios de Protocolo de Zarzuela y de Moncloa no ha habido coordinación, o a alguien no le importa que se visualice que la Reina, o Begoña Gómez, o las dos, han metido la pata. Porque la asistencia a este acto ceremonial de la mujer de Sánchez deja en evidencia una de las explicaciones que Zarzuela se ve obligada a dar para justificar la ausencia de Doña Letizia. Se dirá que no se ha desplazado por tratarse de una invitación del Elíseo a jefes de Estado o de Gobierno. Pero Gómez no es lo uno ni lo otro. Y tampoco las decenas de consortes de los mandatarios presentes.

DOS BANQUETES PARALELOS

Concluido el acto, los dirigentes se desplazan de nuevo al Elíseo para asistir a un almuerzo oficial ofrecido por Macron. Lo que no se hará público hasta unas horas después de que Prensa de la Casa del Rey se pusiera en contacto con medios como EL MUNDO para justificar que no era necesaria la presencia de Doña Letizia en París “porque no tenía papel en los actos”, es que Brigitte Macron ha invitado a los consortes a un banquete paralelo en Versalles. Y allí, entre princesas, primeras damas y mujeres de primeros ministros, ocupa un lugar destacado Begoña Gómez, quien por momentos parece suplantar a la Reina.

El resultado, un despropósito del Protocolo español. Aún no se entiende que Doña Letizia no acompañara al Rey ni mucho menos que, faltando ella, sí asistiera Gómez, cuando su marido no había acudido como representante de España, sino para “acompañar” al Rey. Lo dejaba claro la agenda oficial del presidente del Gobierno publicada en la web de Moncloa.

Como explican fuentes consultadas por LOC, este tipo de eventos se rigen en todo el mundo por usos y costumbres muy extendidos. Y, así, cuando un dirigente, en este caso Macron, cursa invitación a los líderes de 80 países –extensible a sus cónyuges– para que acudan a la conmemoración del Armisticio –los fastos empezaron a prepararse en febrero–, lo habitual es que cada nación decida si va a estar representada por su jefe de Estado o por su jefe de Gobierno –o por alguien de rango menor–. Es muy inusual la asistencia de los dos, como ocurrió el domingo con el Rey y Sánchez, quienes prácticamente sólo viajan juntos al extranjero para las Cumbres Iberoamericanas. Pero el presidente no quiso perderse semejante ocasión de codearse con los mandamases del orbe. Además, tuvo como excusa la invitación a participar ese mismo día por la tarde en el Foro por la Paz en París. La que en todo caso estaba fuera de lugar era Gómez, porque no acudía como cónyuge del representante de España en los actos, que era el Rey. Al no asistir la Reina, lo correcto es que nadie hubiera ido a la comida de consortes para no generar una embarazosa confusión protocolaria, salvo que el objetivo fuera justamente hacerse notar dando la nota.

Fueron contados los países que enviaron a París a sus respectivos jefe de Estado y primer ministro. Sí lo hizo Luxemburgo. Pero en ese caso la dupla se justificaba mejor desde el punto de vista del protocolo. Porque los grandes duques asistieron a la ceremonia en el Arco de Triunfo y, nada más concluir, se marcharon a su país para presidir los actos por el Armisticio en el Monumento al Recuerdo de la capital luxemburguesa. De modo que al almuerzo ofrecido por Brigitte quien acudió fue Gauthier Destenay, marido del premier del Gran Ducado, Xavier Bettel, que representó a su país en el banquete del Elíseo.

Fue la Embajada de Francia en España, el 30 de octubre, la primera que comunicó que “el Rey Felipe VI de España representará a España en la ceremonia internacional en el Arco del Triunfo”. Mucho antes, la Casa Real lo tenía ya todo organizado para el viaje de Estado de los Reyes a Perú que comenzaba al día siguiente. Para que los Monarcas pudieran acudir a París el domingo sólo había que cambiar la logística del desplazamiento. La ocasión lo merecía y el trastorno no era tan grande. Pero, por razones no explicadas, se decidió que a Francia fuera solo Don Felipe. Desde Zarzuela tampoco se ha dicho nada de por qué los Monarcas no asistieron el sábado a la cena oficial con la que los Macron dieron la bienvenida a los mandatarios de todo el mundo, en el bello entorno del Museo de Orsay. Otra gran ocasión en la que la silla española quedaba vacía.

El Rey sólo estuvo en París el domingo. Y al no acompañarle Doña Letizia se originó un hecho inédito: se desplazaron cada uno por su lado por primera vez en un viaje de Estado. Aunque desde luego el protocolo también es hacer de la necesidad virtud, la visita a Perú comenzaba así sin grandeza institucional.

SIN HONORES DE ESTADO

Todos los viajes de Estado se inician con una despedida oficial de los Reyes, que suele tener lugar en el aeropuerto, en la que se interpreta el Himno Nacional y el Monarca pasa revista a un piquete de honor. El Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, establece con claridad que al Rey y a la Reina consorte se le rinden honores militares en la despedida de sus viajes oficiales al extranjero, “salvo orden expresa en contra”. Esto último hubo que aplicarlo el domingo cuando Doña Letizia, casi como una turista más rumbo al país del Machu Picchu, tomó un avión comercial de Iberia al mediodía. A su llegada a Perú, dado que todo era excepcional, no contó con recibimiento oficial, más allá del dispositivo policial que la acompañó hasta el hotel, del que no salió. Dispuso así de varias horas para descansar antes de iniciar los actos oficiales. No fue el caso del Rey, quien aterrizó ya de madrugada. Y, como es preceptivo, él sí fue recibido por el ministro de Exteriores andino.

Por si el espectáculo parisino no hubiera sido suficiente para dejar clara la falta de sintonía entre Protocolo de Zarzuela y de Moncloa, apenas tres días después Letizia y Begoña Gómez volvían a divergir sus caminos poniéndose de nuevo en evidencia la una a la otra.

Casi a la vez que la Reina tomaba un avión en Perú para regresar a España, dejando partir de nuevo solo a Don Felipe hacia Antigua (Guatemala), Begoña Gómez aterrizaba junto a Sánchez, que se sumaba al Rey para participar en la XXVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Y aquí, en honor a la verdad, no se justifican las críticas a la mujer del presidente por acompañarle. Porque, a diferencia de en París, Sánchez ha participado como jefe de Gobierno con funciones ejecutivas, y es tradición que los mandatarios acudan con sus cónyuges. Muchas veces coincidieron la Reina Sofía y la mujer del presidente de turno.

Expertos explican a LOC que en España no se ha establecido un protocolo claro para las mujeres de los presidentes, pero deben ser muy selectivas en sus viajes al extranjero aconsejándose que se reduzcan a las ocasiones en que el país anfitrión aguarda su presencia en actos donde también va a estar la primera dama local. Se critica así, por ejemplo, que Gómez acompañara en septiembre a Sánchez a Canadá, ya que se trataba de una visita de trabajo, y se produjo un momento inenarrable cuando el primer ministro Trudeau acudió sin su mujer a recibir con honores al español, y Gómez se coló en el primer puesto de la línea oficial de saludo.

Lo que sí es cuestionable es la decisión de la Reina de ausentarse de las Cumbres Iberoamericanas. Zarzuela esgrime que desde que en 2014 se suprimió la agenda de actos paralela para los cónyuges la presencia de Doña Letizia no tiene sentido. Pero la realidad casa mal con esta explicación.

AGENDA DE PRIMERAS DAMAS

Aquel año, la Cumbre se celebró en México. Fue la primera a la que Don Felipe asistió como Rey. El presidente Peña Nieto suspendió la citada agenda porque el país sufrió aquellos días una gravísima crisis por la desaparición de decenas de estudiantes en Iguala. Además, su esposa se vio envuelta en un escándalo por su mansión. Por todo, convenía dar imagen de austeridad. Letizia se quedó en Madrid. Tampoco acudió en 2016 a la Cumbre de Cartagena de Indias (Colombia), como no lo ha hecho ahora a Guatemala.

Pero la mayoría de las mujeres de los presidentes latinoamericanos siguen acudiendo porque está bien visto que participen en recepciones y banquetes oficiales. Ahí se echa de menos a la Reina, quien pierde la oportunidad de ejercer su labor de representación en una plataforma tan importante. Además, la falta de programación por parte del país anfitrión no significa que las primeras damas no preparen a conciencia durante meses una agenda de trabajo para aprovechar la Cumbre. Por ejemplo, este año han participado en la presentación del Programa Iberoamericano de Discapacidad, a cargo de la Secretaría General Iberoamericana, y han mantenido reuniones para abordar la inclusión social en la región. No se han limitado a hacer turismo, aunque tampoco es despreciable que contribuyan a dar a conocer lugares de interés de las ciudades en las que se celebran estos encuentros multilaterales.

Lo que no se comprende es que ni el Gobierno ni Zarzuela trabajen para que Doña Letizia pueda cumplir con un programa a la altura aprovechando las Cumbres. Y que se prefiera que el Rey siga viajando solo mientras la Reina permanece en España sin un solo acto oficial.

Ha sido ésta una mala semana para nuestra diplomacia. Porque, definitivamente, ni Letizia ni Begoña Gómez han estado en su sitio.
No me creo que tanto una como la otra hicieran y se movieran a su gusto, fueron donde las llevarón.
Por lo tanto creo que ese protocolo de Zarzu falla desde hace tiempo.
Me parece bien que vaya la MrsSanchez si la otra hace pellas.
 
…"y Gómez se coló en el primer puesto de la línea oficial de saludo"....
Lo de colarse, mal colocarse...y hacerse ver a como de lugar...es habitual en Madame Cum Laude.
Y ahora que @nieve49 me llame "mente estrecha"
 
Conciliar es para el que trabaja el resto de los días.
Esta quiere conciliar y no trabajar.........pero cobrar.
¿estamos locos?
A esta nadie le ha contado la frase de su suegra aquella de "una reina debe ser los 7 dias de la semana, las 24 horas del día"?
Pues sino quieres cumplir con lo que es ser una reina conzorte.....puerta.
Y se lo consienten.
 
Quizas alguien debiera preguntarle a leonor y sofia si tanta conciliacion es necesaria, tener a la loca de la madre encima es tortura china.
 
Ojo con los comentarios en la página del artículo :


  • Victoria Galvani Foresi
    hace 12 horas
    En mi opinión,Letizia Ortiz no sólo daña a la monarquía, sino que daña a España. Todos y cada uno de sus actos (bragueta abierta y traje arrugado -desalineada o super escotada y enjoyada-de un extremo a otro-, deprecio a las personas que le comentaban en Perú sobre Venezuela y le entregaban un documento, tomar un vuelo de Air Europa porque se quedaba sola y sin nada qué hacer en Peru, Embajador aparte) son comentados por servicios de información y Cancillerías latinoamericanas y de todo el mundo. El mal lugar en que deja a su segundo marido, el rey de España es de manual. Y va a más. No entendió nada. Ni de dónde viene ni a dónde va. No sabe lo que es desempeñar el rol de reina consorte de un país europeo y está aislada tanto de sus pares como de la familia de los Borbones, que saben mucho mucho mucho....Y creo que cuanto antes Felipe VI termine con ese matrimonio, su mayor error, antes cesará de que nuestro país sea el comentario jocoso un día sí y otro también de "la reina de España", Carmen Enríquez, que ha disfrutado y mucho con sus viajes en avión real por todo el mundo en compañia de los Eméritos y cobrado mucho dinero por un enviadable trabajo como cronista real debería dejarse de eufemismo y decir claramente lo que ocurre en Zarzuela



  • josefa cortés
    hace 17 horas
    Esta maleducada, que no digo, formada, porque lo que la cuna no da, Salamanca no otorga. Es una prepotente, que se cree muy lista, pero falla en lo principal, que no tiene modales. Tiene un afán de protagonismo desmedido y como es consciente de que a quién se le quiere es al al rey, por bien educado, sencillo y buena persona, le fastidia tener que compartir con él algo que ,en su patológica prepotencia,cree que se diluye su protagonismo



  • Julia Santos Rebollo
    hace 17 horas
    Esta individua es una vergüenza
    Los manotazos de su hija a la reina doña Sofía la retrata a las mil maravillas
    Es tan decadente como el presente de España
    Cuantas veces me acuerdo de la señorita Sartorius. Ella si que tenía madera de reina



  • Alfonso Marin
    hace 18 horas
    Mmmm, ¿cómo decir esto...? Es que ella es reina por haberse casado con el rey, porque la educación y saber estar hay que llevarlo en la sangre. En el fondo a esta señora lo que le gusta es la fiesta y (aquí dejaré lo que pensaba añadir), pero representar a España, lo que se dice eso, nada de nada.

  • CATON
    hace 7 horas
    pobre, una cateta de órdago que demostró, como bien dijo Don Juan q.e.p.d., que Don Felipe es el primer Republicano al no cumplir con su primera obligación histórica. La Monarquía tiene sentido por hereditaria, si él considera que la "sangre azul" no es necesaria, nos transmite que no tiene sentido su papel por herecia.
    Lo dicho una cateta del ocho que hará de España una triste república. Don Felipe se la jugó y perdió. Solo lo salvaría un divorcio, pero con esta cateta se compicaría porque se uniría a Podemos para reivindicar su maternidad. Don Felipe la cagó y ahora todos jodidos
 

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