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Felipe González contra el Gobierno de coalición: las batallas perdidas del 'jarrón chino' del PSOE

  • El expresidente intensifica sus declaraciones contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez y Unidas Podemos mientras que su presencia en el consejo editorial de Prisa lo involucra en la guerra interna por el control del grupo mediático

  • Incluso los socialistas menos partidarios del acuerdo con Pablo Iglesias no entienden la estrategia de González en un momento de grave crisis en el que la única alternativa para España son el PP y Vox

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Fernando Varela
[email protected] @fervabi
Publicada el 21/06/2020 a las 06:00
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Juan Carlos de Borbón (de esoaldas) conversa con Pedro Sánchez y Felipe González en las inmediaciones de la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso, el 10 de mayo de 2019.
Juan Carlos de Borbón (de espaldas) conversa con Pedro Sánchez y Felipe González en las inmediaciones de la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso, el 10 de mayo de 2019.

Inma Mesa

En noviembre de 2016, apenas mes y medio después de la operación política en la que él mismo participó para defenestrar a Pedro Sánchez de la Secretaría General, facilitar la investidura de Mariano Rajoy y aupar a la entonces presidenta andaluza Susana Díaz al liderazgo del PSOE, el propio Felipe González hizo una confesión reveladora acerca de su pérdida de influencia dentro del partido. No apoyaría expresamente a Díaz, dijo en un coloquio organizado por un grupo de comunicación en Sevilla, porque “la fastidiaría”. “Sería una desgracia para ella y para mí que yo me pronunciara” sobre sus preferencias en las primarias del partido porque “hasta ahora ningún candidato que ya haya apoyado ha ganado. Fíjese si estorbo”, remarcó.

Y es verdad. “Felipe ha perdido todas las batallas que ha dado dentro del PSOE desde que dejó la Secretaría General”, recuerda un ex dirigente socialista que no oculta su perplejidad por la actitud del expresidente en las últimas semanas. Apoyó a Joaquín Almunia frente a Josep Borrell en 1998, a José Bono frente a José Luis Rodríguez Zapatero en 2000, a Eduardo Madina frente a Pedro Sánchez en 2014 y a Susana Díaz de nuevo frente a Sánchez en las primarias de 2017. Perdió siempre. Así que es muy difícil encontrar a alguien en las filas socialistas que crea en que sus declaraciones críticas con el Gobierno de coalición y su creciente actividad en contra de los intereses del actual secretario general del PSOE vayan a tener algún efecto.

A sus 78 años de edad, casi un cuarto de siglo después de abandonar la Moncloa y dos décadas después de perder influencia en la dirección del partido —con la única excepción de los tres años que Alfredo Pérez Rubalcaba permaneció en la Secretaría general del PSOE—, Felipe González sigue siendo una personalidad incómoda para Pedro Sánchez. No hay química entre ambos. El que fuera primer líder socialista tras el final de la dictadura nunca ha ocultado la escasa simpatía que le merece José Luis Rodríguez Zapatero y sobre todo Pedro Sánchez. Ninguno de los dos forma parte de la tradición del felipismo. Tras la retirada y repentino fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba y del paso atrás dado por Eduardo Madina, la herencia política de González ha quedado reducida a la mínima expresión: la única socialista en activo que puede reivindicarla es Susana Díaz, pero está muy debilitada tras la derrota electoral andaluza de 2018.

Fue el propio Felipe González quien ideó la expresión “jarrón chino” para referirse a los expresidentes del Gobierno. “Somos”, cuentan que dijo, “como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños; no se retiran del mobiliario, porque se supone que son valiosos, pero están todo el rato estorbando”.


En el seno del PSOE sigue habiendo mucha gente que simpatiza con González, a quien identifican con una época de hegemonía social y cultural que nunca ha vuelto a repetirse y sobre todo con una etapa de transformaciones sociales decisivas en las historia de España después de la dictadura. Pero cada vez hay menos gente que entienda qué es lo que pretende con sus recientes apariciones públicas, asegura un dirigente socialista poco sospechoso de sanchista con el que ha hablado infoLibre.


Contra el ‘marxismo’


En una de las últimas intervenciones en foros abiertos, hace pocos días, comparó el Gobierno con “el camarote de los hermanos Marx”, con la intención de ridiculizar el funcionamiento de la coalición PSOE-Unidas Podemos. “A veces sufro esta dinámica en la que entramos que se parece mucho al camarote de los hermanos Marx, que cuando uno propone algo uno dice 'y yo dos huevos duros más'. Eso no me gusta”, declaró antes de criticar el abuso que el Gobierno está haciendo a su juicio de los decretos ley, un mecanismo legal al que Sánchez ha recurrido de forma reiterada durante el estado de alarma.

Los dirigentes del partido que forman parte del Gobierno o que apoyaron a Sánchez en las primarias que ganó en 2017 a duras penas ocultan su malestar por lo que alguno de ellos califica como el “ruido de fondo Felipe”, porque creen que no ayuda en nada al partido en un momento complicado. No obstante, es un hecho que molestaba mucho más antes de las moción de censura, cuando Sánchez tenía el liderazgo interno pero no el social, que ahora que ha ganado cinco convocatorias electorales y lo que diga González apenas puede dañarle.

De hecho, en los últimos días, cuando los archivos de la CIA volvieron a señalarle como el responsable de los asesinatos cometidos por los GAL en los años de la guerra sucia contra ETA —la justicia ya estableció en su día la responsabilidad de altos cargos de su Gobierno—, no todo el mundo ha dado un paso al frente para defenderle. La vicepresidenta Carmen Calvo eludió hacerlo este miércoles en el Congreso durante la sesión de control cuando la diputada de EH Bildu Isabel Pozueta sacó el tema al hilo de la retirada de medallas y honores a altos cargos y policías franquistas por su actuaciones contra los derechos humanos.

Sí lo hizo la ministra de Defensa, Margarita Robles, en una entrevista en televisión. Robles, que formó parte del equipo del Ministerio del Interior en el último Gobierno de González, reconoció a González el mérito de haber puesto en marcha “los mayores adelantos en educación, sanidad, derechos y libertades”. Se sumó también el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, aunque sólo fuera para afirmar que se reconoce en el PSOE de González y que acepta el “pasado, presente y futuro” de su partido con “sus luces y sus sombras”.

Y salieron en su defensa, por supuesto, los barones socialistas menos afines a Sánchez. “Nadie puede cuestionarle lo que ha sido”, aseguró Susana Díaz en unas declaraciones en las que expresó el "profundo respeto, reconocimiento y cariño" que siente hacia González, a pesar de que hay veces que comparte cosas con él y otras que no. “Que le quiero es público y notorio, y yo he sufrido en mis carnes cuando él no estaba de acuerdo con cosas que decía o hacía y lo manifestaba públicamente”, señaló.

Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura, mostró su identificación con González sin ninguna reserva: “Felipe González Márquez es la huella más imborrable en la vida de más gente en España y el político español contemporáneo más moderno y respetado en el mundo”, dejó escrito en Twitter. Su homólogo de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, arremetió contra quienes le critican porque, “en el fondo, desde niños llevan soñando con llegar a ser lo que fue” él. Y reivindicó su figura como la de un hombre de centro. González, dijo, “lo tuvo muy claro: cada uno tiene sus valores y principios pero el ejercicio de gobierno te obliga a ir ganando permanentemente el centro”.

“El más importante del siglo XX”

El cuadro de defensores lo completó el presidente aragonés, Javier Lambán, también con elogios superlativos. Lambán se confesó “fascinado””desde 1977 por González. “Desde entonces jamás me ha decepcionado. Es el hombre de Estado más importante del siglo XX y uno de los principales constructores de la UE: una referencia internacional”, subrayó.

Alabanzas todas ellas en línea con la derecha, muy interesada en contraponer la figura de González a la de Sánchez. Hasta el punto de que el líder del PP, Pablo Casado, dejó claro esta semana en el Congreso “el respeto” que le merece, anticipando que se opondrá a la apertura de la investigación parlamentaria sobre su responsabilidad en los GAL que han solicitado partidos como ERC y el PNV y que Unidas Podemos finalmente respaldará.

No obstante, más allá de los palabras públicas de reconocimiento, hasta los dirigentes socialistas más críticos con Sánchez no acaban de entender qué pretende González “poniendo palos en las ruedas” en un momento en el que la única alternativa al Gobierno de coalición es la suma de PP y Vox. “Claro que nos gustaría que el PSOE gobernase en solitario” o que en su momento Albert Rivera no hubiese ordenado un cordón sanitario contra Sánchez, señala uno de ellos. Pero ahora no hay otro camino, especialmente en medio de una crisis sanitaria y económica.

Sánchez intentó tender puentes después de las primarias de 2017 y antes de la moción de censura, pero González no quiso saber nada. La vuelta del PSOE a la Moncloa era un sueño en el que muy pocos creían y desde luego ninguno de ellos militaba en el felipismo. Y una vez habiendo ganado las elecciones —cinco en un año—, el actual líder socialista ya no le necesita como antes.

Así que González, aseguran fuentes consultadas por infoLibre, se siente aún más libre de entablar diálogos frecuentes y públicos con Jose María Aznar en los que ambos suman fuerzas contra Unidas Podemos, y para criticar abiertamente la coalición de Gobierno. Libre también para alimentar reflexiones desde la fundación que lleva su nombre y que congrega voces críticas contra Sánchez. Y libre también, según algunas fuentes, de dar la batalla por el control de El País y la Cadena SER y sumar así la potencia de fuego mediática del grupo Prisa a la ofensiva sostenida contra el presidente y su Gobierno que mantienen los periódicos, las radios, las televisiones y los digitales de la derecha. Otras fuentes internas restan trascendencia a los efectos que en la práctica tienen sus reflexiones semanales ante el consejo editorial del grupo Prisa, aunque reconocen que González no oculta su "antipatía" hacia la coalición del PSOE con Unidas Podemos.


En Moncloa, sin embargo, la preocupación es mínima. La solidez de la coalición PSOE-Unidas Podemos, lejos de haber sufrido con la pandemia y la crisis, se ha reforzado. Y están convencidos de que la figura del propio Sánchez ha salido reforzada. González “está ganando credibilidad en sectores conservadores, pero en el mundo progresista la gente le comprende cada día menos”.

Por eso no es de extrañar que cada vez aparezcan más voces, dentro del PSOE, que se atreven a replicar al expresidente, algo impensable antes de que Sánchez llegase a la Moncloa. Esta semana dos han sido particularmente llamativas. En primer lugar, el secretario general del PSE-EE de Gipuzkoa, Eneko Andueza, según el cual la lealtad en política debe entenderse “de otra manera” a como lo hace González. En el PSOE, sentenció, “en algún momento deberemos decirle a Felipe González que ya basta”. Y en segundo lugar el diputado Odón Elorza, quien a través de Twitter puso al expresidente como un buen ejemplo de lo difícil que es “mantener la coherencia en política”.


Mas vale como ya he dicho en varias ocasiones que Felipe Gonzalez y algunos de sus barones dejasen el PXXE y se alistaran en el PP. Seguro que les recibirían encantandos.
 
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Carta abierta a Felipe González


José Luís Martín Palacín


JOSÉ LUÍS MARTÍN PALACÍN

19/06/20

Respetado Felipe:

Tuve el honor de formar parte de tu equipo en tres de tus cuatro gobiernos, en segundos y terceros niveles, eso sí: ahí donde se brega el día a día de la gestión y del fecundo encuentro con la Sociedad. Y ahora siento -casi en nombre de tu propia historia- una cierta pena de pertenecer al mismo partido que tú. No porque me sienta mejor que tú, ni mucho menos, sino porque te estoy viendo cómo llevas unos años haciendo equilibrios entre intentar ser quien eras, y mantenerte en los espacios que ahora ocupas. E intuyo la tragedia interna de tu conciencia, en esos momentos que todos tenemos, en los que nos quedamos muy a solas con nosotros mismos y nos atrevemos a decirle a nuestra imagen en el espejo aquello de “¿en qué te has convertido?”. Uno de esos “momentos Jaime Gil de Biedma” que todos los afortunados tenemos, como el del poeta en su poema “Contra Jaime Gil de Biedma”.


España -sin deberte nada- te debe todo un pedazo de Historia cargada de futuro, y llena de realidades que ennoblecieron nuestra Sociedad. No te voy a recordar la Sanidad gratuita Universal, ni la Educación Universal gratuita y obligatoria hasta los dieciséis años, ni un esfuerzo por la igualdad educativa superior para todos los españoles, procedieran de donde procedieran. ¿Qué te voy a recordar a ti de un impulso tan decisivo a la mejora de nuestras infraestructuras, de la modernización de España, y del exitoso esfuerzo por colocarla en el corazón de una Europa Unida que apostaba por lo social? No. No te voy a recordar lo que sabes bien, y lo que casi todo el mundo sabe. Casi basta con decirte “gracias”. Porque esos cimientos que lideraste para una España del futuro no han logrado cambiarlos ni los más mezquinos gobiernos de la derecha.
¿Sabes a cuántos desfavorecidos de este país les llenaría de esperanza si te vieran un día -concertado o no- acercarte abiertamente a La Moncloa, para ponerte a disposición del presidente del Gobierno que forma tu partido?
Pero esa misma España hoy te echa de menos, no tanto porque no estás, cuanto por las veces en las que te haces presente con mensajes y con situaciones que no se corresponden con ese pedazo de Historia que te debe.

Aquello del jarrón chino no te lo creías ni tú, y lo malo es que a veces comienza a ser verdad. Porque cuando apareces atravesando peligrosas puertas giratorias, muchos te añoramos como jarrón chino que sólo sirve para adornar, aunque no encuentre su sitio adecuado.

O cuando pierdes tu propio papel en la Historia, y en lugar de jugar un papel moderador, tanto en el interior de tu partido como en el conjunto de la Sociedad, te inclinas de pronto por una opción o por una bandería, haciendo valer tu derecho individual por encima de tu responsabilidad histórica. Por lo que empequeñeces tu propia figura histórica.

A Mí tampoco me gustaba cuando desde el Gobierno te inclinabas por las opciones menos sociales, inducido en parte por las circunstancias, pero en gran medida por la ideología de la que entonces llamábamos “beautiful people”. Pero seguíamos cavando por implantar un proyecto socialdemócrata en España. Y pongo el “mi” con mayúscula porque estoy seguro de que no era yo solo: éramos muchos los que sentíamos ese escozor, pero seguíamos cavando.


Por eso nos aterroriza que tú ahora no sepas contenerte, no sepas ceñirte al papel que la Historia te reclama. Un papel que te obliga más que tu propio derecho individual de expresión, e incluso que tus propios intereses personales y económicos. Como militante de un partido tienes pleno derecho a votar lo que quieras en relación con las decisiones que han de tomarse. Pero como Felipe González estás obligado a ayudar a que el funcionamiento interno de tu partido se armonice al máximo, a que se encuentre un punto de equilibrio que redunde en una política unitaria hacia la Sociedad.


Personalmente puede gustarte más o menos la política de tu partido en el gobierno. Ya sabes: tú, y unos cuantos millones de personas en la barra del bar o en las tertulias lo haríais siempre mejor… Pero tú tienes un canal directo privilegiado para poder hablar con el presidente de gobierno, para advertirle, para colocarlo frente a las evidencias, o frente a las experiencias españolas, europeas o internacionales. Y no te puedes permitir el lujo de discrepar abiertamente, porque con ello lo único que haces es sembrar el desconcierto entre los más pequeños, los más humildes, los más desfavorecidos, que esperan una política social que les acerque de una vez a la justicia.


Tienes todo el derecho a elegir a tus amigos. Pero si apareces públicamente, y de forma habitual, de la mano de los poderosos de la tierra, de aquellos que siempre apoyan determinadas políticas no precisamente sociales, estarás generando el desconcierto y la amargura entre los más desfavorecidos: ésos que siguen esperando de ti que luches por la justicia, porque no entienden que tu presente se pueda disgregar de modo tan abrupto de lo que significa tu pasado.


Tienes todo el derecho a pensar que una gran coalición podría ser útil en España. En eso discrepas de mucha gente que sufre diariamente la realidad. Pero tienes la obligación de ser realista, de tener en cuenta lo que está votando la gente que sigue votando en España. Y no puedes cerrar los ojos a la rotundidad con la que el propio PP afirma diariamente que de gran coalición ni hablar. Y por mucho que creas que ése sería el camino ideal, si intervienes es porque consideras que se te pide algo. Y lo que se te pide no es que prediques el camino ideal, sino el posible. Y el camino posible no es que la gran derecha, con muchos flecos ultra en su quehacer cotidiano, imponga condiciones inaceptables al gobierno que representa a los ciudadanos que creen en el cambio que tú en su día predicaste. Sino que, con los mimbres que España tiene, se busquen acuerdos de centro-izquierda, para poner en marcha la reconstrucción desde unos presupuestos de emergencia, por ejemplo, que podrían llegar a ser apoyados -tras un delicado y laborioso trabajo de negociación- por una mayoría absoluta que sería suficiente.


Me han movido a dirigirme a ti los acontecimientos últimos dentro de un grupo como Prisa, con el que muchos te identifican. Y a raíz del articulo rupturista de Cebrián, del que muchos dicen que tú también, aunque no lo firmes, comulgas o hasta inspiras su doctrina. Por cierto, un articulo que viene a coincidir en el tiempo, y -con otras propuestas- en el objetivo de deteriorar el gobierno, firmado por Luís María Ansón. ¿Te acuerdas?: Aquél Ansón que formó parte de la trama contra ti y tu gobierno hace un cuarto de siglo…


No. España no está para intrigas, y menos en estos momentos en los que hay que acometer una reconstrucción mucho más drástica y sacrificada que la que tú asumiste con la reconversión industrial. Ni está para que se permita que diversos grupos dentro de instituciones, armadas o no, jueguen a tumbar al gobierno. Ni está para que se celebren unas elecciones en la primavera de 2021, justo en el momento en el que deberíamos estar todos dedicados a poner en pie una nueva realidad.


¿Sabes a cuántos desfavorecidos de este país les llenaría de esperanza si te vieran un día -concertado o no- acercarte abiertamente a La Moncloa, para ponerte a disposición del presidente del Gobierno que forma tu partido. Y para tratar con él de buscar las fórmulas para lograr un acuerdo de centro-izquierda para lo que queda de legislatura? No. No sería una injerencia, sino un refuerzo en momentos difíciles. Cuando otros desde FAES juegan a la contra a toda costa. Y cuando a ti muchos te sitúan en el ámbito de determinados poderosos que juegan a poder fáctico, algunas veces con intereses muy alejados del pueblo y de las políticas sociales, o con historiales -en algunos casos- que dejan mucho que desear.


No sabes la cantidad de tiempo que muchos llevamos esperándote, no para que regreses, sino para que juegues a fondo un papel claramente de unidad, un papel claramente de política social. Un papel claramente de testimonio social. Porque tú no te debes a ti mismo, por el simple hecho de que lograste formar parte de nuestra Historia.

 
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Margarita Robles justifica el terrorismo de estado y elogia a Felipe González ante Ana Rosa

«Fueron momentos muy difíciles que se nos han olvidado donde ETA mataba», se excusó Robles.



La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha alabado la tarea de Felipe González como presidente español y justificado los documentos de la CIA que demuestran como el gobierno de González organizó los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) con informes correspondientes al año 1984.

Robles ha sido entrevistada por Ana Rosa Quintana y ha demostrado que se siente orgullosa de aquella época, echando balones fuera con ETA, una de las más recurrentes cortinas de humo: «Formé parte de la última etapa del gobierno de Felipe González, fui secretaria de estado de Interior y fueron momentos muy difíciles que se nos han olvidado donde ETA mataba».


«Felipe González es un personaje clave de la historia de nuestro país. El año 1982, el PSOE con González al frente rajo los avances en materia de educación, sanidad, de derechos y libertades ya que habíamos salido de un golpe de estado y por lo tanto creo que se tiene que ser generoso para cada momento», justificó Robles.


«A veces hay cierto adanismo y pensamos que antes de nosotros no hubo nada. Pero antes hubo mucha gente luchando por hacer un país mejor. Hay que poner en valor a todas esas personas que tuvieron responsabilidad política e hicieron cosas en positivo por España, por el país», ha apuntado.


Esta individua legitima crímenes de Estado desde su actual puesto de ministra en el Gobierno ¡¡¡Tremendo!!!

No todo vale , si estamos en una democracia debe operar la claridad y la transparencia. Gonzalez debe dar explicaciones, a no ser que vivamos en una democracia devaluada e imperfecta en la que se avalan los crímenes de Estado.

Condenamos a los terroristas de ETA, como debe ser, pero si se ampara y protege a quien ha cometido crímenes de estado es ponerse a su misma altura, y eso no es aceptable en una país verdaderamente democrático en pleno siglo XXI.

No me ha gustado nunca Margarita Robles desde su comportamiento con su colega de entonces Baltasar Garzón, es una de las rémoras que tiene Pedro Sanchez en su Gobierno junto con otros ministros "felipistas gonzalistas"
Bien por Margarita Robles, a ver si paran los ventiladores que echan humo
 

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Bien por Margarita Robles, a ver si paran los ventiladores que echan humo

ME QUEDO QUE SE RECONOCE EL TERRORISMO DE ESTADO, ALGUNOS LO OYEN POR PRIMERA VEZ.
TERRORISMO DE ESTADO = GAL= FELIPE GONZALEZ......
 
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CUANDO EL SENADO INVESTIGÓ LOS GAL... HASTA QUE LLEGÓ EL TENIENTE GENERAL Y EL PP MANDÓ PARAR


El Congreso ha dado portazo este martes a la investigación sobre los GAL pendiente hace 37 años, sin derivar siquiera el tema al Pleno.

Hace 25 años el Senado sí llegó a aprobar una comisión, que comenzó los trabajos hasta que se intuyó que podía aflorar alguna verdad incómoda y se abortó inmediatamente. Una historia para recordar hoy.


RAMÓN SOLA|23/06/2020
Saenz

Sáenz de Santa María, entre Serra y Barrionuevo.

Desde la perspectiva actual, no deja de sorprender que el Senado pusiera en marcha una comisión de investigación sobre los GAL allá por 1995. Aunque lo que realmente da la señal de la realidad no fue su comienzo sino su final: apenas unas semanas después aquel foro se cerró abruptamente, al primer indicio de que en él podría acabar aflorando parte de la verdad de la guerra sucia.



La «culpa» la tuvo un teniente general de la Guardia Civil, el locuaz José Antonio Sáenz de Santamaría, que fallecería en 2003. Bastó la insinuación de que estaba dispuesto a contar en la comisión todo lo que sabía para que los trabajos se dieran por finalizados, con el impulso del mismo PP que les había dado luz verde.

La mochila de Sáenz de Santa María estaba cargadísima. Para empezar, procedía del franquismo. Además, a finales de los 70 y durante todos los 80 había tenido altísimas responsabilidades tanto en la Policía española como en la Guardia Civil e incluso el Ejército. Y entre tanto había sido delegado del Gobierno en la CAV en los «años de plomo»; se lo encomendaron tras el atentado de Ispaster que costó la vida a seis guardias civiles y a dos miembros del comando de ETA.

«Contra ETA se han usado iguales métodos con el PSOE que con la UCD», había apuntado en ‘El País’ unos meses antes, denunciando agriamente que la derecha estuviera usando la guerra sucia para tratar de superar electoralmente a Felipe González.

Dejó caer a ese sector avisos así: «La ideología de la derecha en aquella época, y ahora todavía, la resumía su jefe, don Manuel Fraga, con quien también trabajé, en una frase: ‘El mejor terrorista es el terrorista muerto’. Y hay otra frase que complementa la anterior: ‘Cualquier teniente de la Guardia Civil sabe lo que hay que hacer para acabar con ETA’. Pues no. Yo sostenía lo contrario. Un terrorista muerto da satisfacción. Un terrorista vivo, y detenido, da información. Es más práctico. Por naturaleza, soy enemigo de toda muerte violenta, mientras no sea estrictamente necesaria». Una argumentación que define al personaje.

La comisión de investigación del Senado se había aprobado en octubre, por un solo voto de diferencia. Fue Angel Acebes, el mismo que una década después trataría de achacar a ETA el 11-M, quien defendió desde el PP que la investigación parlamentaria no interfería con la judicial y que debían pasar por esa comisión cargos del PSOE como el exministro de Interior José Barrionuevo.


Cuando llegó la hora de votar las comparecencias, a principios de diciembre, contra pronóstico fueron rechazadas sistemáticamente. Y en apenas 48 horas el PP pasó a proponer la liquidación de la comisión, que el PSOE apoyó aliviado.


¿Qué había pasado entre tanto? No tardó en publicarse que Sáenz de Santa María se había reunido con dos enviados del PP y de la antigua UCD. El más conocido de ellos, el que fuera ministro de Gobernación tras la muerte de Franco, Rodolfo Martín Villa. El teniente general había avisado en esa entrevista a ‘El País’ de que «en la lucha contra el terrorismo, hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen, no se deben decir. Y si se dicen, hay que negarlas». Les dejó entrever que quizás esta vez no iba a negar, sino a activar el ventilador.


El PP lo desenchufó inmediatamente. Y Sáenz de Santa María siguió amagando pero sin dar durante unos cuantos años más. Meses después, por ejemplo, declaró como imputado ante Baltasar Garzón por el «caso Oñederra», uno de los sumarios del GAL que entonces aún estaban vivos. Se limitó a exculparse y fue inmediatamente exculpado.

 

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ME QUEDO QUE SE RECONOCE EL TERRORISMO DE ESTADO, ALGUNOS LO OYEN POR PRIMERA VEZ.
TERRORISMO DE ESTADO = GAL= FELIPE GONZALEZ......
Claro que hubo terrorismo de estado y me parece muy bien que lo hubiera, era necesario y es eso lo que yo elogio de Margarita Robles, que dcefienda lo que hizo Gonzalez y su gobierno
 
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Contra Felipe González
Quique Peinado

[email protected] @quiquepeinado
Publicada el 21/07/2020 a las 06:00Actualizada el 22/07/2020 a las 12:56
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Siempre fui muy precoz en lo que se refiere a la conciencia política e incluso a mi amor por el periodismo. Con 14 años comparaba el periódico de información general, cosa que evidentemente no era muy normal ni siquiera entonces. Era el principio de los 90. Como siempre estuve ideológicamente a la izquierda del PSOE, crecí en cierta manera odiándolo. Hoy tengo claro que sé por qué.

El porqué tiene nombre y apellidos: Felipe González Márquez. Yo soy hijo de la España de los GAL y de la corrupción sistémica del arranque de esa década, sentía que el presidente (y todavía hoy lo siento) era el cabecilla de una manga de ladrones y comandante en jefe de lo que llamaban, en el mayor eufemismo posible, la guerra sucia. Vivía aterrorizado por ETA, era de esa gente que jamás soñó con ver su final. Estaban ahí. En mi país se mataba. Como soy de Vallecas y un par de veces cayó cerca (un día estaba en el Polideportivo de Palomeras y oímos un estallido tremendo; resultó ser un paquete que le explotó a un Tedax en un polígono cercano y lo mató) odié el terrorismo y a ETA, y me llenaba de angustia que desde el Estado se respondiera con la misma moneda. Yo no quería ser eso. Y me hacían sentirme parte, la parte ejecutora, por ser español. No hay nada peor que un terrorista. No hay nada peor que ser el capataz del miedo.



Y luego estaba lo de la corrupción. Era un sistema extractivo de dinero tan organizado y tan sistémico, que la expresión “fondos reservados” me sigue llevando a día de hoy a un revoltijo en mis tripas. Es muy duro ver que se lo llevan, pero si te considerabas progresista, de alguna manera se lo llevaban “los tuyos”. Porque aunque estuviera claramente posicionado más a la izquierda, yo era un adolescente que ve la ideología a brochazos gordos. Y, en cierta manera, sentía que el jefe de la banda era de “los míos”. Por suerte, Felipe González se encargó de dejarme claro que yo no era de los suyos con ese odio visceral y atávico por Julio Anguita e Izquierda Unida. Ya saben, lo de son “la misma mierda” y esas cosas. Tal era el estado de la nación en mi cabeza, que en las elecciones de 1993, en las que el PSOE ganó contra pronóstico (aquellas en las que Felipe González dijo haber entendido el mensaje, aunque luego se demostró que lo había entendido por los cojones) yo pensaba que el país estaba idiota perdido. Sentía, a mi manera poco elaborada ideológicamente, que Felipe se tenía que ir y que nada era peor que él. La realidad es que, a día de hoy lo pienso, a mediados de los 90 ese no era un mal análisis.

El caso es que siento que ese adolescente no se equivocaba con Felipe González. Él se ha encargado de demostrarlo en los últimos 20 años. Últimamente ha abierto la boca para defender la presunción de inocencia del rey emérito (ha dicho que se enfrenta a “lo que diga una señora”, que como es bien listo no ha dicho “una fulana”, aunque posiblemente lo piense) y para afirmar que él no cree que Jordi Pujol robara y que, aunque se esté planteando juzgar a esa familia como una banda criminal, mantiene que todo es para proteger a sus hijos, que sí que son unos manguis y que el padre de la patria, con el que Felipe construyó algunos telones de impunidad en los 80 y los 90, es un hombre molt honorable. Con las mismas, ha afirmado, con esa ironía que maneja con maestría, que alguien tiene que explicarle para qué quiere Pablo Iglesias saber las cositas del CNI. Es decir: presunción de inocencia para JCI y Jordi Pujol, presunción de culpabilidad para el Vicepresidente Segundo de un gobierno encabezado por el PSOE. En ambos casos me temo que el razonamiento para defender ambas cosas es el mismo: que le salpique lo menos posible a su figura. Nada más.


No tengo pruebas pero tampoco dudas de que para Felipe González es más deseable Pablo Casado que Pablo Iglesias. Incluso diría que preferiría a Santi Abascal, que al fin y al cabo votó en contra de que le investigaran en el Congreso por los GAL. Con las mismas, no albergo demasiadas dudas de que se sentiría más cómodo con Albert Rivera o Inés Arrimadas que con Pedro Sánchez.

Y justo por esto, creo que en mi generación debemos dejar de aplicar el odio felipista al actual PSOE. Para nosotros, el PSOE representa un mal que ya no existe. Sí, es un partido con una veta neoliberal evidente. Sabemos hasta dónde no llegará nunca, hace tiempo que aprendimos a no esperar nada de él y así no decepcionarnos. Vale que tiene un presidente que afirmó que no dormiría tranquilo con mi voto representado en un gobierno, que es de las cosas más insultantes que puede decir un progresista de una persona que esté a su izquierda, y que es un ser humano capaz de decir una cosa por la mañana, la contraria a mediodía y llegar por la noche a una entente cordial entre lo que declaró por la mañana y lo que afirmó al mediodía. Pero ese odio, ese Pablo Iglesias (en el que me vi absolutamente reflejado) hablando de la cal viva en el Parlamento cuando ni tocaba ni era justo, creo que es propio de otro tiempo. No le voy a dar amor al PSOE, pero no creo que se merezca ese odio desde las tripas de mi yo adolescente de los 90.


Eso sí: que esto no impida ver que Felipe González es de la clase de personas a las que hay que confrontar siempre. Esa gente que, en última instancia, cuando se dibuja una raya en el suelo y en un lado están los poderosos y en la otra los desposeídos (pongamos ‘descamisaos’, por utilizar su jerga), claramente se va a colocar en defensa de los que lo tienen todo. Y esa es, al final del día y sin matices, la línea que divide a la gente que merece la pena de la que no.

 

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