El grito de las parejas separadas por el Covid

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El grito de las parejas de distintos países separadas por el covid: "Maltratan el amor"

No están casados y el virus les pilló en distintos países y llevan meses sin verse, por eso piden que los Estados consideren su excepcional situación y les dejen volver a encontrarse.

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Manuela Tirada, en Sevilla, y su pareja, Coco Villareal, en Lombok, Indonesia. Foto Fernando Ruso.

Pepe Barahona
22/08/2020 05:00

Cuenta Manuela que la última vez que se separó de su novio Coco sintió una rara tristeza, inédita en sus frecuentes despedidas. Ella es de Sevilla, él es mexicano de Ciudad de México, pero ambos llevan juntos desde hace cuatro años. No están casados, pero su día a día no dista mucho de esa situación legal: conviven a caballo entre España, México o el país que se encarte y jamás han estado separados más de un mes. Hasta ahora. El virus, y el cierre de fronteras, les pilló separados. A ella en Granada y a él en Lombok, una isla de Indonesia. Ahora llevan meses sin verse, cautivos de una rígida norma que le impide a ella ir a este país del Sudeste Asiático y a él entrar en la Unión Europea.

“Esto nos ha pillado cuando queríamos empezar a dejar la vida nómada”, explica Manuela, una sevillana de 28 años a El Confidencial. “Ya estábamos pensando en asentarnos, después de cuatro meses de relación, hablábamos de crear nuestra propia compañía de teatro, porque los dos somos muy creativos, y de regularizar los papeles de pareja de hecho. De hecho, ya tenía averiguados todos los trámites, pero…”.

En esos puntos suspensivos se concentran todos los planes que tendrán que esperar. Los de Manuela y Coco y los de —se estima— unas 9.000 parejas de novios que tienen a un miembro dentro de la Unión Europea y otro fuera. Ahora, hastiados y sin una fecha para el reencuentro, reclaman bajo el lema #LoveIsNotTourism (el amor no es turismo) que todos los gobiernos de la UE hagan del amor una excepción que les permita volver a estar juntos.

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Varios recuerdos de la pareja que Manuela conserva en Sevilla. Foto Fernando Rus

“Pensé que el tiempo separados sería más corto, pero llevamos sin vernos desde el 21 de enero”, asegura Manuela, licenciada en Filología Hispánica. Después de deambular por Latinoamérica y de unos meses en Canadá, la sevillana decidió hacer un máster en teatro y literatura en Granada. Coco, su pareja, cantante de ópera de formación y maestro de danza, aprovecharía ese tiempo para ir a Indonesia, a conocer las danzas balinesas. Se vieron por última vez en Navidad.

— ¿Y cómo llevas la distancia?
A distancia hemos visto películas, escuchado música, hablado… Hacemos una videollamada semanal larga. La última fue de cinco horas. ¡Estoy harta del teléfono móvil! Y eso que me está ayudando mucho, pero estoy cansada de levantarme y acostarme mirando al teléfono móvil.

Entre Manuela y Coco median seis horas de diferencia horaria. Al tiempo que ella atiende a los periodistas de El Confidencial en una cafetería del centro de Sevilla, su pareja hace lo propio, por videoconferencia, desde una isla situada entre Bali y Sumbawa repleta de una espesa vegetación.

“El amor está siendo maltratado”
“Esta experiencia nos ha servido mucho para aprender muchas cosas de nosotros mismos, para pulir nuestra forma de amarnos, pero ya es suficiente. Ya es suficiente”, insiste Coco con tono mustio. “Ya son seis meses y no sabemos cuándo. Estamos habituados a sobrellevar la distancia, pero por decisión propia y no por obligación. Porque no hay opción. Y eso desgasta muchísimo. Me da tristeza. Porque el único motivo para encontrarnos es el amor y el amor está siendo maltratado”, lamenta el mexicano.

En torno a ese concepto, y con el amor como protagonista, las parejas han lanzado campañas de presión para que su situación sea entendida por los gobiernos de todo el mundo y faciliten los reencuentros. La más popular es la lanzada por Felix Urbasik, un programador alemán que sigue sin poder ver a su novia, de Australia. A la semana de crear un grupo de Facebook con el lema #LoveIsNotTourism las visitas se dispararon por encima de las 50.000. De ahí ha dado el salto a una página web, loveisnottourism.org, en la que se guía a las parejas para conocer la legislación de cada país.

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Manuela y Coco

“El cierre de las fronteras internacionales a raíz de la pandemia del covid-19 fue, y sigue siendo, sensato e incluso necesario. Es obvio que debemos detener el turismo para protegernos a nosotros y a los demás. Pero el amor no es turismo. No se trata solo de unas vacaciones de verano, se trata de la salud mental y el futuro de las personas en todo el mundo”, explican en la citada página web. De momento, el movimiento está cosechando sus primeros resultados. Once países ya permiten el reencuentro de los enamorados: Dinamarca, Noruega, Países Bajos, República Checa, Islandia, Austria, Suiza, Finlandia, Alemania, Francia y, el último en abrir sus fronteras, España. Eso sí, estos ‘salvoconductos’ están sujetos a ciertos requisitos, como el de demostrar una relación de nueve meses que pide el gobierno noruego o las pruebas de amor que exige demostrar Francia en los consulados.

Y mientras que todos esperan que la Unión Europea haga un inminente pronunciamiento para establecer una guía única, los promotores van consiguiendo pequeños pasos. La comisaria de Interior, la sueca Ylva Johansson ha publicado en su cuenta de Twitter un mensaje a favor de permitir “la entrada de personas en la UE si tienen relaciones debidamente certificadas con ciudadanos y residentes”. El portavoz de Migraciones de la Comisión Europea, Adalbert Jahnz, también ha recordado a los países miembros que “con la ley en la mano” todos pueden permitir la entrada de parejas no casadas, “pero son ellos los que deben decidirlo”. Eso sí, la comisión ha informado en Twitter de que “alienta” a que “permitan la entrada sin demora” de estas parejas. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España ha hecho públicos los requisitos para que las parejas extranjeras de comunitarios no casadas y no registradas pudiesen cruzar sus fronteras. Antes deberán comparecer en las oficinas consulares y presentar pruebas que acrediten documentalmente que se trata de una pareja estable y duradera, “asimilable a una pareja de hecho”.

Sin que por el momento se haya dado a conocer un listado exhaustivo, el Ministerio anticipa que pueden presentarse desde contratos de alquiler conjuntos, certificados de titularidad conjunta de cuentas bancarias, manifestaciones ante notario, documentos de autoridades locales que revelen el vínculo duradero, inscripción en el padrón o invitaciones a eventos familiares.

La boda que no fue, él en Córdoba y ella en Moldavia
Antonio y Lena, él de Villanueva de Córdoba y ella de Moldavia, tenían prevista su boda para el pasado 15 de agosto, pero el confinamiento le pilló a ella en Dubai, donde ambos se conocieron. Él le pidió matrimonio en el desierto, al atardecer, con anillo y rodilla al suelo mediante. Ya tenían contratado el cáterin, el salón, fecha en la parroquia de San Sebastián de Villanueva, pero no hay boda sin novia. Y Lena no puede entrar en España.

“A finales de junio la suspendimos porque nos parecía ya imposible. Teníamos invitados de Rusia, de Egipto, de Canadá, de Emiratos, de Moldavía… y, por responsabilidad y para evitar contagios, decidimos aplazarla al 14 de agosto de 2021”, narra el cordobés.

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Antonio Moreno, de Villanueva de Córdoba y su prometida, Lena, nacida en Moldavia. Se conocieron en Dubai. Foto Fernando Ruso

Él ha trabajado de entrenador de fútbol en China y en Emiratos Árabes, ella es azafata de vuelo de Emirates, y en sus últimas gestiones con la embajada de España en ese país la respuesta obtenida ha sido: “El motivo del inicio del expediente previo de matrimonio no es prueba de urgencia o necesidad. […] Ante la ausencia de esa urgencia, más la falta del vínculo conyugal o familiar, no se puede encontrar ningún motivo para que su prometida entre en las excepciones previstas en la última orden del Ministerio del Interior, 595 de 2 de julio”.

Antonio no sabe ni cuantas llamadas lleva hechas desde el pasado mes de mayo. “Numerosas”, apunta. “Al Ministerio de Asuntos Exteriores, al de Interior… Todas las respuestas eran inciertas, dubitativas, con falta de conocimiento por parte de quién atendía el teléfono y se pasaban la pelota un ministerio a otro diciendo que no era de su competencia”, lamenta el cordobés, de 32 años. Desde hace dos semanas, Lena vive en Chisináu, la capital de Moldavia, con sus padres; pero antes de irse de Dubai mandó todas sus pertenencias a Villanueva de Córdoba. “Dos maletas y varias cajas, aquí tengo toda su ropa y objetos personales”, relata su novio desde España.

“No entendemos por qué se ha tardado tanto en tomar una decisión. Siempre hemos insistido en que nuestras parejas vengan con todas las garantías, desde pruebas PCR a cuarentenas —lamenta Antonio—; pero la respuesta siempre ha sido que no, hasta ahora”. En su caso, la pareja puede demostrar que mantienen una relación gracias a que ella está empadronada en Villanueva de Córdoba. Además, tienen iniciado el expediente de matrimonio o un par de invitaciones a dos bodas en España. “Pero está habiendo cierta polémica porque no todo el mundo tiene esas pruebas”, apunta Antonio. “¿Quién tiene una cuenta en el banco conjunta si todavía no está casado? ¿Voy al ayuntamiento y ellos certifican que tengo novia?”, se pregunta el joven.

Cuenta Antonio que vive permanente conectado a los medios, que cada vez que ve crecer la curva de contagios siente que su novia está más lejos de venir. Lleva meses dándole vueltas a la cabeza, ideando tretas para traerla de vuelta a Córdoba. Durante dos días vivió con la idea de ir por ella en coche a Croacia, que sí permite la entrada de extranjeros. “Eran dos días de trayecto, pero el problema es que aunque Croacia es un país de la Unión Europea no pertenece al espacio Schengen. Pensé hasta en pasar la frontera con ella en el maletero. Una locura, pero me informaron de que era imposible cruzar a Eslovenia y desistí”, relata el español.

Turquía, paraíso para parejas separadas
En Facebook hay grupos por países y otros genéricos. Ahí se leen historias de padres que no han podido asistir al nacimiento de sus hijos, relatos de novios que han pasado el embarazo separados. La red social también se ha convertido en un gran foro en el que muchas parejas van compartiendo sus trucos para esquivar las restricciones y poder encontrarse. Y Turquía aparece como el comodín de quienes lo tienen todo perdido. El país otomano permite la entrada de extranjeros, a los que solo les pide pasar un control sanitario en la frontera.

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María y Miguel conectados a través de videollamada. Foto Fernando Ruso

María es de Sevilla, tiene 32 años y trabajaba a bordo de un crucero cuando llegó el coronavirus. Dice que salió de Miami el 1 de marzo sin saber nada en absoluto de la pandemia y que supo de la situación al tratar de desembarcar en Barcelona el 13 de marzo. Ahí se precipitaron los acontecimientos. Con la tripulación embarcada y sin poder salir, equipos de desinfección recorrieron el navío fumigando las habitaciones. Y ella, por afinidad con alguien que hablaba su mismo idioma y con el que tenían cosas en común, le propuso a su amigo Miguel, colombiano de Bogotá de 45 años, estar juntos en ese momento. “Yo me iría a su habitación cuando fumigaran la mía y al contrario —explica—; y ahí surgió el amor”.

La pareja vivió el confinamiento juntos, flotando con el resto de la tripulación por el Mediterráneo a la espera de que les permitieran desembarcar. Estuvo sin pisar tierra desde mediados de febrero hasta el 28 de junio, que le permitieron bajarse en Cádiz. Ahí se separó de su novio. Ella se fue a desconfinarse a Sevilla, junto con su familia; Miguel siguió embarcado hasta el 1 de agosto. Ambos se volverán a encontrar en Turquía, en Estambul. “Es el único destino que nos acoge a los dos”, explica María.

“Llevo mucho tiempo informándome de las leyes, reviso las noticias, el BOE, pero nada”, confirma cansada la joven, que ha valorado también la opción de casarse por poderes judiciales, también sin éxito. “Necesitaría que él estuviese físicamente en Colombia, pero su país no permite la entrada de sus propios ciudadanos”, asegura. “Cuando ves que hay tanta gente intentándolo con tanto ahínco durante tanto tiempo y ves que no consiguen nada, te aburres. Lo dejas. Así que decidimos irnos a Turquía”, cuenta la sevillana.

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María paseando por la calle Alfarería, en Triana, Sevilla. Foto Fernando Ruso

Allí estarán hasta que puedan regresar, juntos, a España. Y ya tienen planes de boda para su vuelta. “Nos parece injusto que tengamos que casarnos por este motivo. Estamos enamorados, queremos casarnos, pero no ya ni obligados por esta situación. Tenemos claro que queremos estar juntos, pero no por simple burocracia”, lamenta. “Pero si es lo que nos queda—zanja—, habrá que hacerlo”.