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El otro fenómeno del confinamiento del que no se habla: el regreso de los ex
Durante las semanas de encierro que estamos viviendo, los recuerdos y el pasado se magnifican e idealizan. Entre otras cosas, esto ha provocado que amores pasados aparezcan de nuevo en nuestras vidas sin motivo aparente


Si algo nos da el encierro, además de múltiples oportunidades para discutir con quien lo compartimos, es tiempo para pensar y valorar aquello que tuvimos en el pasado. En la imagen, Gary Cooper y Audrey Hepburn en la película 'Ariane' (1957).


Si algo nos da el encierro, además de múltiples oportunidades para discutir con quien lo compartimos, es tiempo para pensar y valorar aquello que tuvimos en el pasado. En la imagen, Gary Cooper y Audrey Hepburn en la película 'Ariane' (1957). Foto: Cordon



Una pandemia mundial puede ser uno de los acontecimientos históricos con más fuerza para reafirmar aquello que Jorge Manrique ya mencionó en Coplas por la muerte de su padre: "Cualquier tiempo pasado fue mejor". Cualquier conversación pasada, cualquier lugar que no sean los mismos setenta metros cuadrados que hoy nos oprimen y cualquier encuentro que no hace tanto hubiéramos calificado como mediocre hoy se nos antoja un refugio al que volver. De ahí que durante estas semanas de confinamiento —donde lo más emocionante que a uno le puede ocurrir es encontrar una botella de vino cuando pensaba que ya no quedaba— los recuerdos y el pasado se idealicen y magnifiquen hasta el punto de dar lugar a un fenómeno que ha surgido estos días: el retorno de los ex.


Vivimos tiempos inciertos que despiertan miedo e incertidumbre. De repente, durante el confinamiento aparecen recuerdos de personas del pasado que fueron importantes. Entonces empiezan a surgir pensamientos distorsionados donde se obvia lo negativo y se idealizan relaciones anteriores"


La usuaria de Twitter MariajoHFcompartía en la red social el mensaje que le había enviado una expareja estando ya inmersos en la cuarentena. "No era necesaria una pandemia, pero te lo voy a decir. Me voy a arrepentir toda mi vida. Eres la mejor y sé que es tarde y que te lo hice pasar mal. Me estoy dando cuenta tarde de muchas cosas", decía el WhatsApp que le habían mandado. Pero este no es un caso aislado. Eva Bárcena, asturiana de 28 años, cuenta a ICON que a ella y a muchos de sus conocidos también les está ocurriendo: "Un chico con el que quedé un par de veces en 2015 empezó a responder a todas mis stories de Instagram cuando se decretó el estado de alarma. Al final acabé preguntándole si no tenía nada mejor que hacer y volvió a tirarme la caña. ¡Cinco años sin hablar y ha tenido que venir una pandemia para que vuelva a ser simpático!".

Por su parte, Jorge, guionista madrileño de 42 años, recuerda que hace unos días estaba en mitad de una videollamada con una ex con la que ya mantenía el contacto antes de la cuarentena, cuando empezó a recibir whatsapps de una chica con la que tuvo una historia hacía años y de la que no había vuelto a saber nada. "Después de intercambiar varios mensajescon ella llegué a la conclusión de que la gente se anima a escribir a sus ex por la combinación infrecuente de dos factores: primero, el tiempo del que disponemos nos hace bucear más en nuestra agenda buscando gente del pasado, y, segundo, la certeza de que puedes tontear un poco sin que se te vaya de las manos porque nadie va a poder salir de casa", opina.

No deja de ser curioso que la nueva toma de contacto la lleven a cabo sobre todo personas que formaron parte de nuestra vida hace tantos años. Patricia Rosillo, psicóloga especializada en pareja del centro Prado Psicólogos, señala a ICON los motivos por los que esto ocurre: "Vivimos tiempos inciertos que despiertan miedo e incertidumbre. Esto es algo que el ser humano gestiona mal. De repente, durante el confinamiento aparecen recuerdos de personas del pasado que fueron importantes y que de una forma y otra nos han marcado. Entonces empiezan a surgir pensamientos distorsionados donde se obvia lo negativo y se idealizan relaciones anteriores". La nostalgia, comenta la especialista, nos hace preguntarnos cómo estará esa persona de la que llevamos tiempo sin saber y nos lleva a querer contactar con ella. "Los dramas pasados, sobre todo comparados con el momento que estamos viviendo, se relativizan y olvidamos que si en su momento la relación no funcionó por algo sería", apunta Rosillo.

"No era necesaria una pandemia, pero te lo voy a decir. Me voy a arrepentir toda mi vida. Eres la mejor y sé que es tarde y que te lo hice pasar mal. Me estoy dando cuenta tarde de muchas cosas"
LA USUARIA DE TWITTER MARIAJOHF COMPARTIÓ ESTE MENSAJE QUE LE HABÍA ENVIADO UNA EXPAREJA

Porque si algo nos da el encierro, además de múltiples oportunidades para discutir con quien lo compartimos, es tiempo para pensar y valorar aquello que tuvimos en el pasado. "Nos vemos inmersos en un estado de hibernación en el que se da una especie de anestesia emocional. Esto nos lleva a buscar un chute de adrenalina que nos ayude a sentirnos vivos y a olvidar nuestras preocupaciones cotidianas en tiempos de pandemia", opina María Hurtado, psicóloga clínica de AGS Psicólogos Madrid.

Pasar todo el tiempo entre cuatro paredes sin más opción que sociabilizar, en el mejor de los casos, con pareja, familia o algún compañero de piso, nos lleva a cubrir el vacío que sentimos durante la cuarentena mediante vehículos que no siempre son los más adecuados. "Durante el confinamiento tenemos que lidiar con nosotros mismos. Se trata de una situación difícil que en muchos casos tratamos de sobrellevar tirando de antiguos conocidos y recuerdos que nos calman", anota Rosillo.

Si algo nos da el encierro es tiempo para pensar y valorar aquello que tuvimos en el pasado. "Nos vemos inmersos en un estado de hibernación en el que se da una especie de anestesia emocional. Esto nos lleva a buscar un chute de adrenalina", opina la psicóloga María Hurtado

Esta especialista en terapia de pareja señala que al recontactar con un ex con el que se había cortado todo tipo de relación "se busca cubrir necesidades emocionales sin dejar al otro pasar página cuando lo que hay que hacer es un buen cierre, con su respectivo duelo, para curar heridas y mirar hacia adelante". María Hurtado incide, además, en que al estar encerrados en pareja se discute más, lo que nos lleva a valorar y, una vez más, idealizar relaciones pasadas. "Cuando pasas 24 horas metido en casa con tu pareja es inevitable que surjan disputas que nos lleven a dudar y a cuestionarnos tanto nuestra relación actual como otras pasadas", afirma a ICON Hurtado.

Decirle a la otra persona aquello que querría haber escuchado en el momento en que la relación llegaba a su fin es un recurso manido a la hora de intentar un acercamiento con un ex. Pero el que se recurra tanto a él tiene su explicación: como apunta la psicóloga, normalmente las relaciones no se cierran de una manera sana. Lorena Navarro, madrileña de 34 años, recuerda a ICON cómo una expareja, años después de haber terminado la relación, le dijo palabra por palabra todo lo que hubiera necesitado escuchar cuando la dejó. "En mi caso, fui yo la abandonada y mi autoestima se vio muy dañada. Sentí que me había dejado porque yo no era suficiente. Sin embargo, mucho tiempo después ese chico volvió a contactar conmigo con un discurso que era lo que siempre había querido que me dijera. Me confesó que aún pensaba en mí como una de las mujeres más importantes de su vida y que muchas veces se preguntaba si no había cometido un error al dejarme. Yo tenía pareja cuando me dijo todo esto y, aunque me gustó escuchar aquello, remover un pasado que me había dejado huella me confundió. Nunca fuimos amigos. Desde que nos conocimos empezamos a salir como pareja y pretender entablar una amistad cuando lo que tuvimos fue una relación íntima no tenía sentido para mí".

Renunciar a mantener una relación cordial con un ex es un desenlace muy común. Pero no es la única vía. Juan, andaluz de 36 años, por ejemplo, mantiene conversaciones civilizadas con la mayoría de sus exparejas, como si nunca hubiera dolido. Las acoge en su casa cuando están de visita en la ciudad, las invita a sus cumpleaños e incluso es amigo de los nuevos novios de sus ex. "Ser amigo de personas que han sido importantes para mí es algo natural. Cierto es que cuando la ruptura es reciente lo mejor es darse espacio, pero pasado el tiempo de duelo el cuerpo siempre me ha pedido mantener el contacto y estar presente en los momentos trascendentales de la vida de esas personas", explica a ICON.

El escritor Frédéric Beigbeder aseguraba en una novela que el amor dura tres años. Puede que el suyo fuera un pronóstico pesimista, pero es un hecho que los divorcios en China, espejo en el que nos miramos en tiempos de pandemia, se están disparando. Todo parece indicar que pronto replicaremos aquí el mismo fenómeno. Y es ahí, donde el amor y las ganas perecen, cuando nace algo que sí es para siempre: un ex.


 

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GESTIÓN DEL DOLOR
Educar sobre la muerte en los colegios: por qué no se hace y cómo debería tratarse
Una de las asignaturas pendientes del sistema educativo español es impartir materias que incluya la conciencia de la finitud de la vida, algo que es parte de la existencia


Foto: Foto: iStock


Foto: iStock


AUTOR
FRAN SÁNCHEZ BECERRIL
Contacta al autor
10/05/2020



La muerte, por desgracia, está estas semanas más presente que nunca en nuestra realidad. Los datos diarios –cada vez más esperanzadores aunque terriblemente tristes– de fallecidos por covid-19 nos hacen ser conscientes de la finitud de la vida, a pesar de que en esta sociedad hedonista sea un tabú.

Uno de los espacios donde la muerte ha sido ignorada por completo, aunque seguramente sería el propicio para ahorrar sufrimiento, es el sistema educativo español. A pesar de que está presente en todas las esferas de la vida, una de las mayores flaquezas en los colegios de nuestro país es laomisión de la conciencia de muerte y de finitud de la vida.

Así lo demuestran investigaciones académicas como ‘¿Está la muerte en el currículo español?’ e ‘Inclusion of death in the curriculum of the Spanish Regions’. De estos estudios se desprende que, aunque se trate la muerte en ciertos contenidos (el ciclo vital, el Holocausto, las guerras o la extinción de la naturaleza), no puede decirse que se esté educando en la conciencia de esta, desde la perspectiva de los fines pedagógicos y objetivos de cada etapa.

Esta ausencia de conciencia de la muerte en la educación “es algo muy paradójico”, para Pablo Rodríguez Herrero, profesor del departamento de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y uno de los autores de los citados informes. “Es una certidumbre que a lo largo de la vida nos encontramos, no solo con la muerte biológica, también en otras pérdidas y situaciones que tenemos que afrontar, y la escuela no nos educa para ello”, apunta el pedagogo.

Para Herrero, incluir en las escuelas esta conciencia sobre la muerte y la finitud de la vida “tiene un potencial educativo muy grande, ya que puede orientar en muchas situaciones de la vida y ayudar a vivir de manera más consciente”. “Puede aportar desde lo más concreto y cercano, como es todo lo relacionado con la actual pandemia, hasta estar más preparado ante cualquier situación”.

Impartir en las escuelas la conciencia sobre la finitud de la vida tiene un potencial educativo muy grande, que puede orientar en muchas situaciones


Asimismo, el pedagogo señala que tiene que ver con los valores que enseñamos a los niños, su identidad, la orientación vocacional y la huella que les gustaría dejar. También con reconocer el sufrimiento de los demás y no ser indiferente a ello, “lo que les daría una conciencia de humanidad, porque todos compartiríamos la conciencia de la muerte”.

A este respecto José Antonio Luengo, psicólogo educativo y sanitario, coincide con la necesidad de incorporar esta conciencia sobre la muerte en la enseñanza y señala que “cuando somos capaces de reflexionar en frío sobre una situación, incorporamos elementos de comprensión, identificación e interpretación. Esto, indudablemente, nos puede preparar para sufrir menos, pero sobre todo para entender mejor lo que ha pasado”.

Aunque no tenga por qué reducirse este sufrimiento, Luengo, que también es secretario del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, señala que estar preparado para ello hará que gestionemos mejor el dolor: “No hace falta prepararse para no sufrir, sino para que gestionemos mejor ese sufrimiento e incorporarlo como experiencia, en la medida de lo posible, positiva para la vida”.


Cómo se debería tratar en las escuelas
Ambos especialistas coinciden en que la mejor manera de incorporar esta conciencia de finitud de la vida en las aulas es de manera transversal en las asignaturas ya existentes. Aunque algunas horas de clase dedicadas a tutorías puedan ser espacios adecuados, ahondar en la muerte en áreas como Lenguaa través de poemas o Geografía con los países con menor esperanza de vida sería lo más interesante.

Esto no quita para que se puedan impartir talleres o intervenciones puntualessobre esta temática.

En este sentido el pedagogo aclara que “educar teniendo en cuanta la muerteno tiene por qué significar hablar de la muerte en sí. Tampoco consiste en obsesionarse con hablar de la muerte, pero sí tratarla de manera natural”.



Foto: iStock




La edad a la que los escolares reciban docencia sobre este tema, será clave para abordarlo. Rodríguez apuesta por “acompañar a los niños dándoles cariño y sin miedo a decir no sé. Que ellos construyan también su concepto de muerte”.

Por su parte, el psicólogo educativo añade que la explicación para los niños más pequeños debe ser completamente distinta ya que “están más incorporados a un mundo mágico en el que todo este tipo de observaciones de la realidad y explicaciones están muy ligadas a una difícil diferenciación entre el mundo real y el fantástico”.

“Pero sí puedes comentarlo abiertamente con más profundidad si son mayores, que pueden situarse, ya saben el impacto que tiene, las consecuencias y lo que es el dolor. Siempre hay un mensaje que dar a cualquier edad, conforme crecen los argumentos y explicaciones se modifican”, añade el secretario del Colegio de Psicólogos.


Religión, educación y muerte
Causalmente cuando la muerte ha estado más presente en la educación ha sido durante la Dictadura, “pero con una intención de adoctrinamiento religioso”, según explica el profesor de Pedagogía de la UAM. “Cuando la educación ha estado más ligada a la religión ha sido cuando más ha aparecido, pero no con una finalidad educativa como la entendemos actualmente, sino desde un punto de vista exclusivamente religioso”, añade Herrero.

Precisamente las creencias religiosas son un gran consuelo cuando fallece alguna persona del entorno. Pensar que la vida no ha acabado como tal, sino que le espera un lugar mejor, es un bálsamo para la persona que ha sufrido esta pérdida. Pero en España con la llegada de la Democracia, la sociedad cada vez se ha vuelto más laica por lo que abordar la conciencia de la muerte puede ser más importante hoy en día. Para el psicólogo: “Sin duda es más importante. La concepción religiosa hace más digerible todo este proceso gracias a la idea de que la muerte no deja de ser una transición, que es una situación muy dolorosa, pero que en el fondo no ha muerto, sino que sigue estando en otro sitio, que no identificas muy bien”.


El covid-19 y la vuelta al cole
La vuelta a las aulas a día de hoy es incierta desde varios puntos de vista. Uno de ellos es cómo se abordarán las situaciones tan trágicas que se viven a causa del covid-19, los dramas personales (como la pérdida de alguien cercano) y los miedos colectivos (mantener la distancia de seguridad, pánico por contagiarse...).

Para el psicólogo, que habitualmente guía a centros educativo de la Comunidad de Madrid en temas relacionados con la temática que aborda este artículo, “en el momento en que los niños se incorporen va a ser muy importante crear espacios y utilizar tiempos específicos para la gestión de las emociones, tanto de alumnos como de toda la comunidad educativa”.

No solo se debe pensar en volver a impartir las asignaturas, también en que muchos niños se han visto afectados de manera grave por esta situación

“No solo se debe pensar en volver a impartir las asignaturas, también en que muchos niños se han visto afectados de manera grave por esta situación. Además ha sido una experiencia de duelo sin duelo, algo terrible no solo por la muerte de un familiar, sino porque no se han podido despedir con los rituales habituales”, apunta Luengo. “Los centros educativos tienen que identificar las situaciones específicas y tenemos que ver cómo lo trabajamos desde el centro o si es necesario la derivación a algún servicio específico”, añade.

Asimismo el psicólogo apunta a dos figuras clave para el proceso de reincorporación al aula con todo el ‘shock’ que ha generado el coronavirus: lostutores como responsables de cuidar el desarrollo afectivo y los orientadorespara asesorar en esta situación.


 

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