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«No hay psicólogo que cure el dolor de la pobreza»
16.700 familias. sobreviven sin un sueldo. Las ayudas no cubren todas las necesidades. La familia Díez Abadía cuenta su día a día. Hoy han llenado la nevera gracias a Calor y Café..

12/12/2016

  • Carmen Elena y Florencio posan en el salón de su casa con su hija, abrigados para protegerse del frío sin poder poner la calefacción. - F. OTERO PERANDONES
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Carmen Tapia | león (diariodeleon.es)

La pobreza no sólo se mide por la escasez de productos de primera necesidad. El sufrimiento de las familias que ven sus proyectos de vida truncados no se puede calcular en las estadísticas ni en los balances económicos que demuestran que las grandes empresas se recuperan de diez años de aprietos económicos. La crisis no sólo ha despojado de recursos a muchas familias sino que las ha dejado huérfanas de futuro. «En mi casa no hablamos de Navidad. ¿Para qué les voy a mostrar a mis hijos—de 12 y 14 años— un mundo lleno de golosinas si no puedo comprarles nada. No hay psicólogo en España que quite este dolor a las personas». Carmen Elena Abadía llegó a España hace treinta años. En León, ciudad en la que la que vive desde hace 20 años, conoció a su marido, Florencio Díez Sánchez, un peón de almacén al que nunca le faltó el trabajo hasta hace seis años. Ahora tiene 58. «Me dicen que estoy muy viejo para trabajar pero que todavía no tengo la edad para recibir la pensión». La familia vive de los 634 euros que recibe de Renta Garantizada y de la solidaridad de las oenegés como la Sociedad San Vicente de Paúl, «que nos hacen sentir como seres humanos». La Sociedad San Vicente de Paúl, que gestiona en León el centro nocturno Calor y Café y el centro de día Concepción Arenal para transeúntes, destina una media de 5.000 euros anuales a emergencia social y distribuye alimentos a un centenar de familias gracias a la colaboración de la Fundación Alimerka. Carmen Elena ha llenado hoy la nevera con productos que acaba de traer de Calor y Café. Todas las ayudas se quedan cortas. Administraciones, oenegés y asociaciones no llegan para tanta necesidad.

La historia de Carmen—que toma pastillas para la ansiedad y el dolor que le provoca la fibromialgia— y Florencio no es muy diferente a la de 16.700 hogares leoneses en los que no trabaja nadie, según los datos del Instituto Nacional de Estadísta (INE. En la mitad de los hogares leoneses no entra ningún sueldo.

Carmen y Florencio perdieron el piso por dación en pago que llevaban pagando desde hacía diez años al no poder hacer frente a los 500 euros de hipoteca. «Nos quitaron diez años de vida y de esfuerzo. Llamamos a todas las puertas, pero no había ayuda para nosotros». Ahora viven de alquiler y pagan 300 euros al mes. «Pero no podemos hacer frente al recibo de la electricidad y no encendemos la calefacción. Aprovechamos días como hoy que hace sol para secar la ropa, nos calentamos con una estufa de butano que nos regaló una vecina. La ponemos sólo cuando hace más frío y sólo un rato. La vamos llevando de habitación en habitación y en casa estamos con batas y mantas para abrigarnos. Cocino también con butano».

En casa de Carmen y Florencio no ha árbol de Navidad —«porque encender esas luces cuesta dinero— ni regalo de reyes ni uvas de fin de año. «Las sustituyo por doce cucharadas de lentejas, que de eso sí tengo». «Nos ayudan en Cáritas, Cruz Roja, San Vicente de Paúl.... pero estas personas no son las que tienen que sacar el país adelante, son otros, los gobernantes. Hay gente que nos mira por encima del hombro porque hacemos cola, pero a mucha honra, los chorizos son otros, esos a los que no les faltará de nada en estas fechas». También notan el apoyo de amigos y vecinos. «Agradecemos todos los detalles, pero a nadie le gusta que le mantengan. Necesitamos un trabajo que nos permita vivir dignamente y podamos ofrecer un futuro a nuestros hijos». Niños que no entienden por qué su madre los ha sacado de las clases de coro, baloncesto y gimnasia rítmica. «No podía pagar la ropa deportiva que necesitaban. Me preguntan por qué y les tengo que decir que no. Mis hijos toman un tazón de leche por la mañana pero no pueden repetir por la noche. Cuando compro un pollo le digo a la dependienta que me lo parta en trozos muy pequeños para que me dé para dos días y les digo a mis hijos que no pueden repetir. Les estamos amargando la vida a nuestros hijos y la pobreza destruye a las familias. Hasta en los colegios piden que lleven cuadernos y lápices de una determinada marca que no puedo comprar». Carmen llora. «Llega un momento en que te agobia y no te deja respirar».

Pese a las dificultades y las carencias, la familia tiene un techo para cobijarse. Otras 200 personas, según los cálculos de Cruz Roja, duermen en la calle. Cruz Roja dispone de un servicio nocturno atendido por personas voluntarias y trabajadores de la oenegé que recorren las calles de León para atender a los ‘sin techo’.
 

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