La casa de los horrores de Sevilla: 4 años de palizas, insultos y abusos del padre a sus siete hijos (1 Viewer)

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La casa de los horrores de Sevilla: 4 años de palizas, insultos y abusos del padre a sus siete hijos menores
19 mar. 2018 19:40

Algunos de los bloques de viviendas sociales del Polígono Sur de Sevilla. CARLOS MÁRQUEZ
El progenitor, Antonio M.U., abusaba continuamente de la mayor de sus hijas: se metía en su cama y la desnudaba entre insultos y vejaciones

Al resto, les pegaba constantemente con cualquier pretexto y les mantenía en una situación permanente de angustia y humillación

David Turpin mantuvo a sus trece hijos secuestrados durante casi ocho años, hasta que en enero de este año, después de que una de las niñas lograra escapar, la policía llamó a la puerta del domicilio familiar, en California (Estados Unidos) y puso fin a la pesadilla. En esos años, les pegó, les humilló y de una de sus hijas llegó a abusar sexualmente.

A la casa en la que habían permanecido prácticamente secuestrados, se la llamó la casa de los horrores. Pero, bastante más cerca, en Sevilla, y casi al mismo tiempo siete hermanos pasaron por un infierno bastante similar al de los hermanos Turpin.

La casa de los horrores de Sevilla estaba en el Polígono Sur, en una de las zona más deprimidas, y conflictivas, de la ciudad. Allí, en uno de los bloques de viviendas sociales construidos hace décadas, vivieron durante cuatro años una auténtica pesadilla Virginia (es un nombre ficticio) y sus seis hermanos. Al menos durante cuatro años, entre 2009 y 2013, el padre, Antonio M.U., de 36 años, convirtió la vida de su prole en un infierno en el que los insultos, los golpes y hasta los abusos sexuales eran parte de la rutina.

El Turpin sevillano no llegó al extremo de encerrar físicamente a su progenie en casa, pero en la práctica hizo del piso en el que residía la familia una cárcel psicológica de la que han salido los pequeños -y la madre, sometida a malos tratos habituales- sólo en parte porque las otras heridas, las morales, de las que los psicólogos y forenses han dado cuenta, van a tardar aún en cicatrizar.

Ahora, el que está físicamente encerrado es él, después de que la Audiencia de Sevilla le haya condenado recientemente a ocho años de cárcel, seis por los abusos sexuales a los que sometió a su hija mayor y otros dos por los malos tratos que infligía un día sí y otro también a todos sus hijos.

Es el precio que la Justicia ha puesto a la situación de "violencia y maltrato" que se vivía en el hogar de esta familia, además de la prohibición de comunicarse y acercarse a los hijos durante años.

Del horror da cuenta la sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia sevillana, en la que se recogen los testimonios de algunos de los pequeños. Y de Virginia -recuerden, el nombre es ficticio para proteger su identidad-, el blanco preferido de su padre y con la que trataba (y lo lograba) de satisfacer sus instintos sexuales habitualmente.

A esta niña, cuando tenía apenas trece años, la sometía a tocamientos y hasta se metía en su cama y la desnudaba para intentar violarla. A veces, contó la menor a los servicios sociales, ella se despertaba sobresaltada y veía a su padre, en su cama, fumando. Si no conseguía sus objetivos sexuales en más ocasiones era porque ella se resistía.

Como una ocasión en la que el padre le tocó los pechos mientras ambos estaban en el sofá de la casa y ella respondió con un bofetón que la libró, ese día al menos, de algo más.

También le propuso consumir drogas, le decía que no valía para nada y la castigaba metiéndola en una bañera de agua helada.

Al resto de los hijos, Antonio M.U. también les golpeaba repetidamente y les sometía a humillaciones e insultos variados. Dice incluso la sentencia que les obligaba a ver cómo mantenía relaciones sexuales con la madre y, aunque no se ha probado, la acusación añadía que les hacía ver películas pornográficas con él.

La madre tampoco se escapaba de este maltrato diario y alguno de los hijos de la pareja se llevó más de un golpe por defenderla. La forzaba a tener s*x* entre gritos e insultos y en esos momentos, los más pequeños se refugiaban en uno de los cuartos tratando de que el eco del horror no llegase a ellos.

"Perdió la olla"
Una de las hijas, pese a todo, contó a los especialistas que les atendieron que su padre no siempre fue así. Que todo empezó cuando murió uno de los hijos, que entonces comenzó a consumir droga y que "perdió la olla".

A partir de ese momento se sucedieron las palizas, las vejaciones y los abusos. "La mitad de las cosas me las tenía que callar", contó esta menor, que definió la pesadilla con palabras sencillas pero muy expresivas: "las cosas horribles que pasaban en casa".

Dice el tribunal que ha condenado a Antonio M.U. que esas "cosas horribles" las llevaba a cabo aprovechando sus rango de parentesco y su autoridad, de los que se valía para satisfacer sus "apetencias".

Todo aquello terminó, como el infierno de los hermanos Turpin, cuando lograron que su llamada de auxilio fuera escuchada. Sucedió en noviembre de 2013, cuando las autoridades de la Junta de Andalucía declararon el desamparo de los menores y retiraron la custodia de los pequeños a sus padres. Aunque le pesadilla no terminó ni siquiera entonces.

Enlace de la noticia: http://www.elmundo.es/andalucia/2018/03/19/5aafef2b22601d80608b45a0.html
 

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Os voy a parecer cruel, pero yo también metería en la cárcel a la madre por cómplice, por no denunciar lo que estaba pasando.

Que sí, que también la maltrataba a ella, pero ante el maltrato y abuso a sus hijos, tiene la obligación de protegerlos por encima de su enganche al maltratador.
 
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La casa de los horrores de Sevilla: 4 años de palizas, insultos y abusos del padre a sus siete hijos menores
19 mar. 2018 19:40

Algunos de los bloques de viviendas sociales del Polígono Sur de Sevilla. CARLOS MÁRQUEZ
El progenitor, Antonio M.U., abusaba continuamente de la mayor de sus hijas: se metía en su cama y la desnudaba entre insultos y vejaciones

Al resto, les pegaba constantemente con cualquier pretexto y les mantenía en una situación permanente de angustia y humillación

David Turpin mantuvo a sus trece hijos secuestrados durante casi ocho años, hasta que en enero de este año, después de que una de las niñas lograra escapar, la policía llamó a la puerta del domicilio familiar, en California (Estados Unidos) y puso fin a la pesadilla. En esos años, les pegó, les humilló y de una de sus hijas llegó a abusar sexualmente.

A la casa en la que habían permanecido prácticamente secuestrados, se la llamó la casa de los horrores. Pero, bastante más cerca, en Sevilla, y casi al mismo tiempo siete hermanos pasaron por un infierno bastante similar al de los hermanos Turpin.

La casa de los horrores de Sevilla estaba en el Polígono Sur, en una de las zona más deprimidas, y conflictivas, de la ciudad. Allí, en uno de los bloques de viviendas sociales construidos hace décadas, vivieron durante cuatro años una auténtica pesadilla Virginia (es un nombre ficticio) y sus seis hermanos. Al menos durante cuatro años, entre 2009 y 2013, el padre, Antonio M.U., de 36 años, convirtió la vida de su prole en un infierno en el que los insultos, los golpes y hasta los abusos sexuales eran parte de la rutina.

El Turpin sevillano no llegó al extremo de encerrar físicamente a su progenie en casa, pero en la práctica hizo del piso en el que residía la familia una cárcel psicológica de la que han salido los pequeños -y la madre, sometida a malos tratos habituales- sólo en parte porque las otras heridas, las morales, de las que los psicólogos y forenses han dado cuenta, van a tardar aún en cicatrizar.

Ahora, el que está físicamente encerrado es él, después de que la Audiencia de Sevilla le haya condenado recientemente a ocho años de cárcel, seis por los abusos sexuales a los que sometió a su hija mayor y otros dos por los malos tratos que infligía un día sí y otro también a todos sus hijos.

Es el precio que la Justicia ha puesto a la situación de "violencia y maltrato" que se vivía en el hogar de esta familia, además de la prohibición de comunicarse y acercarse a los hijos durante años.

Del horror da cuenta la sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia sevillana, en la que se recogen los testimonios de algunos de los pequeños. Y de Virginia -recuerden, el nombre es ficticio para proteger su identidad-, el blanco preferido de su padre y con la que trataba (y lo lograba) de satisfacer sus instintos sexuales habitualmente.

A esta niña, cuando tenía apenas trece años, la sometía a tocamientos y hasta se metía en su cama y la desnudaba para intentar violarla. A veces, contó la menor a los servicios sociales, ella se despertaba sobresaltada y veía a su padre, en su cama, fumando. Si no conseguía sus objetivos sexuales en más ocasiones era porque ella se resistía.

Como una ocasión en la que el padre le tocó los pechos mientras ambos estaban en el sofá de la casa y ella respondió con un bofetón que la libró, ese día al menos, de algo más.

También le propuso consumir drogas, le decía que no valía para nada y la castigaba metiéndola en una bañera de agua helada.

Al resto de los hijos, Antonio M.U. también les golpeaba repetidamente y les sometía a humillaciones e insultos variados. Dice incluso la sentencia que les obligaba a ver cómo mantenía relaciones sexuales con la madre y, aunque no se ha probado, la acusación añadía que les hacía ver películas pornográficas con él.

La madre tampoco se escapaba de este maltrato diario y alguno de los hijos de la pareja se llevó más de un golpe por defenderla. La forzaba a tener s*x* entre gritos e insultos y en esos momentos, los más pequeños se refugiaban en uno de los cuartos tratando de que el eco del horror no llegase a ellos.

"Perdió la olla"
Una de las hijas, pese a todo, contó a los especialistas que les atendieron que su padre no siempre fue así. Que todo empezó cuando murió uno de los hijos, que entonces comenzó a consumir droga y que "perdió la olla".

A partir de ese momento se sucedieron las palizas, las vejaciones y los abusos. "La mitad de las cosas me las tenía que callar", contó esta menor, que definió la pesadilla con palabras sencillas pero muy expresivas: "las cosas horribles que pasaban en casa".

Dice el tribunal que ha condenado a Antonio M.U. que esas "cosas horribles" las llevaba a cabo aprovechando sus rango de parentesco y su autoridad, de los que se valía para satisfacer sus "apetencias".

Todo aquello terminó, como el infierno de los hermanos Turpin, cuando lograron que su llamada de auxilio fuera escuchada. Sucedió en noviembre de 2013, cuando las autoridades de la Junta de Andalucía declararon el desamparo de los menores y retiraron la custodia de los pequeños a sus padres. Aunque le pesadilla no terminó ni siquiera entonces.

Enlace de la noticia: http://www.elmundo.es/andalucia/2018/03/19/5aafef2b22601d80608b45a0.html
8 años de cárcel por destruir la vida de sus propios hijos, ellos dentro de 8 años, por muchos tratamientos a los que se sometan, seguirán cargando las secuelas, estas las cargarán de por vida.
 

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8 años de cárcel por destruir la vida de sus propios hijos, ellos dentro de 8 años, por muchos tratamientos a los que se sometan, seguirán cargando las secuelas, estas las cargarán de por vida.
La condena es irrisoria y vergonzosa, en Europa tenemos serios problemas para impartir justicia de forma correcta... Mucha reinserción y bla-bla-bla pero a esas criaturas quién carajos les va a formatear la mente para olvidar semejantes atrocidades!
 

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Os voy a parecer cruel, pero yo también metería en la cárcel a la madre por cómplice, por no denunciar lo que estaba pasando.

Que sí, que también la maltrataba a ella, pero ante el maltrato y abuso a sus hijos, tiene la obligación de protegerlos por encima de su enganche al maltratador.
Absolutamente cierto esto que dices.

Una madre jamás debe permitir que nadie haga daño a sus hijos,tiene el deber de protegerlos de cualquier cosa que les haga sufrir y esté en sus manos,y, por supuesto, aunque sea su propio padre quien los maltrate.

Yo, soy capaz de cualquier barbaridad, antes de permitir que un desgraciado, que solo es padre porque echó un polvo,les quite el sueño tranquilo y la niñez que deben tener mis hijos,y cualquier niño,por supuestisimo.
 

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