Galicia: tierra de rías, faros, gaiteros y mucho corazón.

Tema en 'Foro Viajes' iniciado por Coti7495, 12 May 2019.

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    O Grove, el paraíso gallego donde querrás pasar cada verano
    Un microclima propio, unas playas de arena fina y aguas cristalinas, un destino termal y una gastronomía de lujo. ¿Nos vamos al Caribe gallego?


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    El paraíso está en Galicia © Getty Images



    Aquel que se inventó ese fabuloso hashtag para definir Galicia en verano como #Galifornia es casi seguro que pasó su primer verano en Pontevedra y además siendo muy niño.

    Pontevedra puede presumir de tener un microclima que hace de su litoral un lugar privilegiado para los que quieren sol y calor sin salirse de la “supuestamente” lluviosa Galicia. Y si hay un lugar que reúne todas estas características, ese es O Grove.


    Bienvenido al Caribe gallego

    O Grove ofrece al turista un gran número de playas de gran calidad debido a su orografía tan peculiar.


    Nos encontramos ante una pequeña península cercada por la ría de Arousa y que se une con terreno continental a través del istmo O Bao, causante de la formación de una de las playas más significativas de O Grove, la playa de La Lanzada.

    Pontevedra ostenta más de la mitad de las banderas azules de Galicia. La playa de la Lanzada está considerada como una de las mejores de toda la región, con casi dos kilómetros y medio de longitud, arena muy fina y su preciada bandera azul aunque no siempre la ha querido lucir.

    Es una de las playas más visitadas por los amantes del deporte en el mar, ya que las corrientes de aire son muy pronunciadas, lo que propicia unas condiciones perfectas para la práctica de deportes como el windsurf o el kitesurf.




    Además la extensión de la playa hace que bañistas y surferos puedan convivir sin provocar un cataclismo social. La playa de La Lanzada es una de las más conocidas de O Grove, pero no desluce a otras tantas que conviven en la península.

    La playa Area das Pipas, de extensión bastante más reducida que la de la Lanzada y con un oleaje muy tranquilo, es una opción ideal para los que no quieren más que tranquilidad. Caminando por esta playa se llega a la de Reboredo, todavía más pequeña y con una arena tan fina que parece polvo.

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    Playa de La Lanzada © Alamy

    Ambas cuentan con bandera azul (independientemente de que O Grove haya estado en pie de guerra con este distintivo) y unos cuantos chiringuitos perfectos para hacer un alto en la jornada de sol y calor y refrescarse con una cerveza bien fresquita. Otras opciones muy bien comunicadas son las áreas Grande, da Cruz o Raeiros.

    QUÉ VER Y QUÉ HACER

    Tus vacaciones en O Grove pueden dar mucho de sí si lo que buscas es algo más que playa y calor.

    El entorno natural que abriga la península esconde en su interior espacios naturales protegidos que hacen las delicias de los amantes de la naturaleza, como la zona de las dunas o a laguna de A Bodeira, lugares donde es fácil disfrutar de atardeceres en el mar que parecen sacados de una película.




    Además, esa porción de tierra que conforma el istmo de O Bao es el lugar elegido por aves como la garza real y algunos tipos de ánade para dejarse ver. La isla de La Toja es otra de las expediciones que has de hacer en tu verano en O Grove.

    Cruzando el puente se accede a la isla donde te recibe la Capilla de las Conchas así como los hoteles balneario que explotan los beneficios de las aguas termales de la isla, una opción para los que buscan relajarse. Claro que los más espléndidos siempre pueden disfrutar de su campo de golf y su casino.

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    Iglesia en la isla de La Toja © Getty Images

    O Grove ofrece además cosas muy curiosas como una enorme colección de esculturas que ya no sólo adornan la ciudad, sino que han pasado a formar parte del patrimonio artístico de la localidad. Nada más y nada menos que medio centenar de obras de arte se pueden encontrar repartidas por la villa.

    Otra cosa muy curiosa es el Castro de Adro Vello, una necrópolis celta descubierta en los aledaños de la playa de O Carreiro que data del siglo V y que fue reutilizada en la Edad Media como enclave defensivo.

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    Playa de San Vicente © Alamy

    Y si buscas la foto de Instagram, te damos tres ubicaciones perfectas:




    1. Las rocas de Pedras Negras a través de San Vicente do Mar. Se puede avistar el horizonte desde grandes rocas que parecen vigilar el mar desde lo alto

    2. Mirador de A Siradella. Se trata del punto más alto de O Grove. Las vistas de la ría de Arousa y el océano son impagables.

    3. La aldea de los Grobits de La Toja. Es un parque infantil donde habitan los hobbits de O Grove, de ahí el nombre. Es tan peculiar que los adultos no se pueden resistir...

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    También puedes capturar la playa de Area Grande al atardecer © Alamy

    COMER EN O GROVE

    La oferta gastronómica de O Grove es otro de los grandes motivos que convierten este pedazo de Galicia en uno de los destinos turísticos más demandados en verano.

    Y es que se puede comer un fantástico pulpo en el chiringuito más informal y a un precio ajustado u optar por la elegancia y la sofisticación de un restaurante de primer nivel con alguna estrella Michelín.

    Uno de los buques insignia en O Grove es sin duda D’ Berto (Av. Teniente Domínguez, 84), galardonado con dos soles Repsol y cuya reputación es intachable. Esta marisquería convierte su trabajo con el producto del mar en pura artesanía, haciendo del bogavante o de la cigala auténticos recitales.




    Su fuerte es la apuesta por el pescado del día, directamente de la lonja, dispuesto a ser trabajado en la brasa o al vapor y maridado con sus más de 300 referencias de vino disponibles en su bodega.

    También O Grove tiene hueco para los arroces, como los de Taberna Lavandeiro (Hospital, 2), más particularmente su arroz con bogavante. En este restaurante de carácter familiar también se puede disfrutar de una mariscada sin tener que rascarse demasiado el bolsillo.



    Otra opción muy segura es el Club Náutico San Vicente (Monte Da Garda, 10), perfecto para los que tampoco quieren arruinarse comiendo un pescado del día o se decantan por unas tapas. Al estar ubicado al lado de una playa en la que admiten perros y ofrecer conciertos, suele estar bastante concurrido.

    Por supuesto no podía faltar la opción para los más sibaritas. La encontramos en el Culler de Pau (Reboredo 73), la estrella Michelín más preciada que hay en O Grove.




    Y es que sus dos menús, degustación por 75 euros y gastronómico por 110 euros, nos trasladan al corazón de la tierra y del mar, envolviendo cada bocado con la sofisticación que merece un restaurante de primera categoría.



    Del centollo a la vieira, pasando por la oreja de cerdo glaseada, todo un recorrido por lo mejor de este trozo de Galicia que bien se merece un puesto en el Olimpo de nuestros paraísos terrenales.

    https://www.traveler.es/naturaleza/...tevedra-que-hacer-que-ver-y-donde-comer/15868
     
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    Tres sueños isleños en las Rías Baixas
    Arenales espectaculares, buen marisco y la emoción de estar más o menos lejos de tierra firme



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    Vista desde la Silla de la Reina, en el Alto do Príncipe, en las islas Cíes (Pontevedra). Mani Moretón Turismo de Galicia
    Rita Abundancia
    25 AGO 2019 - 00:00 CEST

    Tres excursiones para un verano gallego único.

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    La playa de Rodas, en las islas Cíes (Pontevedra). Turismo de Galicia

    1 Cíes
    Playas vírgenes
    Las islas a las que solo se puede acceder por mar garantizan ciertos tesoros que otras ya han perdido. Las islas Cíes (Monteagudo, Faro y San Martiño) —que se sitúan en la boca de la ría de Vigo (Pontevedra) y forman parte del parque nacional de las Islas Atlánticas— cuentan en la categoría de tesoros con la playa de Rodas, arenal que el diario inglés The Guardian catalogó entre los 10 mejores del mundo.

    Los romanos bautizaron a las Cíes como “islas de los dioses”, y desde hace algunos años acceder a ellas requiere de un permiso (la propia naviera lo tramita), ya que se ha limitado el número de visitas diarias. Desde el puerto de Vigo se coge un barco (Piratas de Nabia y Mar de Ons son las principales compañías) cuyo trayecto dura 45 minutos. Si hay suerte, pueden divisarse arroaces (delfines autóctonos). La mayoría va de excursión un día, pero los amantes de los sitios vírgenes se quedan en el camping Islas Cíes, en Faro, isla que está unida a la de Monteagudo por un puente.

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    Cova Fdez.

    Con algo de tiempo se pueden recorrer los senderos de estos dos islotes (a San Martiño solo se llega en barco privado), pararse en los dos observatorios de aves (el de la ruta de Alto do Príncipe y el de Pedra da Campá, en el camino del Faro de Cíes), bañarse en la playa de Figueiras y disfrutar del silencio cuando los barcos y los turistas se van. Aguas traslúcidas, anocheceres salmón, playas de arena fina y blanquísima. Uno puede fantasear que está en cualquier lugar exótico hasta que se mete en el agua, y la temperatura le dice que está en Galicia.

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    El faro de Punta Cabalo, en la isla de Arousa (Pontevedra). Turismo de Galicia

    2 Arousa
    Concentrado atlántico
    Unida a Vilanova por un puente de dos kilómetros, la isla de Arousa (la más grande y poblada de esta costa) tiene los ingredientes para disfrutar del verano al estilo gallego: playas, puerto de pescadores, monte y buena comida. Y en julio, el Atlantic Fest, de música indie.

    La playa de Area da Secada es una de las más populares y cuenta con un pinar para los amantes de la sombra. Otros arenales son Camaxe; Sualaxe, protegida del viento por unas rocas; Salinas, y la playa de Faro. Y para un lugar de lujo hay que acercarse al islote de Areoso y desembarcar en este paraíso desierto de aguas transparentes.

    El parque natural de O Carreirón, en la parte sur de la isla, está catalogado como zona de protección de aves y cuenta con ecosistemas dunares, marismas, matorrales y pinares; además de los fondos marinos. Hay caminos que lo recorren, como el de Sendeiro dos Pilros, que llega hasta la laguna que hay en el centro del parque. No hay que perderse un baño en la cala As Margaritas, de color turquesa.

    Los días nublados del verano gallego pueden utilizarse para llegar hasta el mirador O Con do Forno, que ofrece las mejores vistas de la ría; para ver el precioso faro de Punta Cabalo, asentado sobre rocas, o para pasearse por el Puerto de Xufre.

    La gastronomía es una de las atracciones de las Rías Bajas y el mejillón su producto estrella en la zona de Arousa. El restaurante A Meca (paseo de Cantiño, 12) tiene fama por su pulpo y el arroz de bogavante; mientras El Chozo (playa Concerrado) es un chiringuito con raciones en las que comen dos.

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    Terraza del Eurostars Gran Hotel La Toja.

    3 A Toxa
    Vida de balneario
    Este pequeño trozo de la geografía pontevedresa registra en su libro de visitas huéspedes de la talla de David Rockefeller, Henry Kissinger, el rey Gustavo Adolfo de Suecia, los reyes de Bélgica Balduino y Fabiola, Gabriel García Márquez, Raúl Alfonsín o la condesa Emilia Pardo Bazán. El poder de convocatoria se debe a sus aguas minero-medicinales, que propiciaron la construcción de un balneario que abrió en 1907 y convirtió esta pequeña isla en un reducto de exclusividad; cualidad que perdura, ya que aquí tienen chalet Adolfo Domínguez y Amancio Ortega.

    El Gran Hotel La Toja ocupa un edificio blanco con toldos amarillos, donde se rodaron escenas de la serie Fariña y cuyas macetas y palmeras remiten al Caribe. La reforma que sufrió el hotel en 1945 lo despojó de sus adornos en la fachada, pero guarda partes antiguas como el vestíbulo, el bar inglés y el mobiliario de muchas habitaciones. Las aguas de su balneario se buscan por sus beneficios para la piel, el aparato locomotor, las vías respiratorias y el sistema nervioso. En el jardín del hotel se encuentra la capilla de las Conchas, cubierta de vieiras.

    La isla cuenta con un pequeño campo de golf, otro de tiro, un casino y una playa de arena junto al puente que la une con la península de O Grove. En su pequeño centro comercial abundan los puestos de collares de conchas. Se puede hacer una excursión en catamarán por la ría de Arousa. O Grove está a 20 minutos andando, pero muchos prefieren quedarse en esta isla semidesierta, exclusiva y con vocación caribeña.

    https://elviajero.elpais.com/elviajero/2019/08/22/actualidad/1566482126_486986.html
     
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    La Ribeira Sacra, una Galicia insospechada
    Compartida por Lugo y Ourense, la montañosa comarca aúna paisajes excepcionales y un valioso patrimonio medieval
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    Cañones del río Sil en la Ribeira Sacra, Galicia (PEDRE / Getty Images)
    Pepe Verdú
    18/08/2019 06:00 Actualizado a 18/08/2019 07:04

    Un dicho popular advierte que el Miño se lleva la fama, pero en realidad es el Sil quien “pone el agua”. El mejor lugar donde comprobarlo es la comarca donde ambos ríos confluyen, entre las provincias de Lugo y Ourense. Los paisajes son allí extraordinarios, gracias sobre todo al impetuoso Sil, que talla un profundo tajo en la tierra, un cañón con 500 m de profundidad. Este escenario sublime se llenó de monjes y eremitas durante los primeros tiempos del cristianismo. Extasiados por semejante entorno, aquellos religiosos se consagraron a la vida contemplativa. Con el tiempo, sus sencillos asentamientos crecieron hasta transformarse en conventos y monasterios, que inspiraron el nombre por el que se conoce el territorio desde el siglo XII: Ribeira Sacra.

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    Vista aérea de la Ribeira Sacra (AndresGarciaM / Getty Images/iStockphoto)
    Una buena base para su exploración es la ciudad lucense de Monforte de Lemos, asentada en una llanura regada por el río Cabe, afluente del Sil. El origen del núcleo se remonta a los lemayos, pueblo celta del que deriva el topónimo Lemos. Sobre las ruinas de su antiguo asentamiento se erigió con el tiempo un monasterio, San Vicente do Pino, en torno al cual prosperó un mercado agrícola y ganadero, germen del Monforte medieval.

    Aquel cenobio sigue en pie, aunque el edificio actual es del siglo XVI. El convento tiene su papel en algunas leyendas locales. Una de ellas habla sobre el abad Diego García, cuyo sepulcro en piedra permanece en la iglesia. La tradición asegura la existencia de un pasadizo subterráneo que comunicaba el monasterio con el palacio de los condes de Lemos, abierto para que los poderes político y eclesiástico se comunicaran con discreción, sin mezclarse con la plebe. El citado abad le dio un mal uso, aprovechándolo para intimar con la esposa del conde de turno en su ausencia. Advertido este, invitó al lascivo abad a una cena, al final de la cual ordenó que le calaran una corona de hierro al rojo vivo. Este truculento relato —del que existen distintas versiones, algunas más políticas que disipadas— se conoce popularmente como ‘La corona de fuego’.

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    Monasterio San Vicente do Pino en Monforte de Lemos, Galicia (percds / Getty Images)
    El actual palacio de los Condes de Lemos no hace justicia a su pasado. El condado perteneció a la poderosa casa de Castro, cantera de estadistas y diplomáticos. Sus acaudalados miembros impulsaron las artes y las letras, fueron generosos mecenas. Su palacio no solo atesoró multitud de tapices flamencos, sino también lienzos de Tiziano, Rafael o El Greco. Por desgracia, todo quedó reducido a cenizas a raíz de un devastador incendio en 1672. Como curiosidad, el título de conde de Lemos corresponde actualmente a Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, XIX duque de Alba.

    El rastro medieval de Monforte no se agota en sus dos centros de poder. Todavía perviven, por ejemplo, parte de las murallas y algunas de sus torres defensivas. El recinto fortificado también conserva tres puertas originales: las de Cadea Vella, la Alcazaba y la Nova. Esta última luce el emblema de los condes en mármol. En torno a la muralla discurre el casco viejo, con bastantes casas blasonadas. A finales de la edad media, Monforte acogió, además, una de las comunidades judías más importantes de Galicia.

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    Colegio de Nuestra Señora de la Antiga, Monforte de Lemos, Lugo, Galicia (pabkov / Getty Images/iStockphoto)
    El puente Viejo, del siglo XVI, atraviesa el río Cabe y conduce al convento de Santa Clara, con un museo de arte sacro que merece una visita. Conserva reliquias sorprendentes, vinculadas a la crucifixión de Cristo, como una astilla del lignum crucis (cruz donde murió Jesús), un clavo supuestamente extraído de esa misma cruz, o una espina de la corona con que se torturó al nazareno. A orillas del río Cabe está también el colegio de Nosa Señora da Antiga, más conocido como ‘El pequeño Escorial gallego’, un edificio renacentista con algunos lienzos de El Greco.

    La carretera C-533 parte de Monforte en dirección a Escairón, hacia el valle del Miño. A pocos kilómetros está el monumental Pazo de Tor, un edificio barroco reconvertido en museo etnográfico. Su biblioteca tiene más de 8.000 libros, algunos muy antiguos. El pazo también cuenta con una estupenda colección de armaduras de los siglos XIV y XV, y una sala de música con piezas llamativas, como un claviórgano Longman & Broderip o un pianoforte Collard & Collard. Una presa gestiona el caudal del río Miño en el municipio de Belesar. El valle tiene una vegetación frondosa, en apariencia impenetrable, cuyo verdor uniforme solo interrumpen las presencias grisáceas de varias iglesias románicas que asoman al río y los viñedos que crecen en escuetos bancales arañados a las laderas.

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    Belesar, Ribeira Sacra (percds / Getty Images/iStockphoto)
    Santo Estevo de Ribas de Miño es un templo de finales del siglo XII, concebido por un supuesto discípulo del Maestro Mateo. La tradición afirma que aquel arquitecto llegó a la comarca poco después de la culminación del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela. El gigantesco rosetón de Santo Estevo es uno de los más espectaculares del arte medieval en Galicia.


    Vino y turismo
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    El vino se cultiva en las laderas del valle de la Ribeira Sacra (percds / Getty Images/iStockphoto)
    Los caldos de la Ribeira Sacra tienen denominación de origen desde 1997. Muchos de los viñedos locales ponen los pelos de punta, ya que crecen en terrazas diminutas que desafían la verticalidad del territorio, montañas enteras talladas escalón a escalón desde la cima hasta la base por los tenaces campesinos. La uva más común en la comarca es la negra mencía, aunque tiende a mezclarse con otras variedades. En la actualidad hay 2.900 viticultores y casi un centenar de bodegas en activo. Muchos vecinos viven de algún modo de unos vinos cada vez más estimados.

    En Belesar descubro otro de los pilares económicos de la comarca: el turismo. Allí amarran los barcos que realizan agradables excursiones por el valle del Miño. Sus navegaciones tienen una duración aproximada de dos horas. Cercana a la aldea de Buxán, la iglesia de San Paio de Diomondi está datada en 1170. Honra a un santo martirizado en Córdoba: san Pelayo (Paio en gallego). El templo formó parte de un monasterio benedictino ya desaparecido. Otras construcciones cercanas y de la misma época aproximada son San Miguel de Eiré, San Fiz de Cangas, Santo Estevo de Atán o San Vicente de Pombeiro.

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    Un barco navega por los cañones del río Sil Galicia (percds / Getty Images/iStockphoto)
    El pueblo de Os Peares es el vértice de la Ribeira Sacra, ya que en él confluyen los ríos Miño y Sil, además del Bubal. Su emplazamiento es notable, entre montañas abruptas. La presencia de los tres ríos condiciona los desplazamientos vecinales y obligó a la construcción de diversos puentes. Uno de ellos, en hierro, lo creó el taller del mismísimo Gustave Eiffel. Por desgracia, las secuelas administrativas de la localización del núcleo son enrevesadas: aunque apenas cuenta con 80 casas, estas se reparten entre dos provincias (Orense y Lugo), cuatro ayuntamientos (Carballedo, A Peroxa, Ferreira de Pantón y Nogueira de Ramuín), tres partidos judiciales (Chantada, Ourense y Monforte de Lemos) y tres parroquias. El motivo es el uso de los ríos como límites administrativos. La consecuencia es una desquiciada dispersión vecinal en ámbitos como el escolar o el sanitario, en función de la orilla donde se vive.

    El embalse de Santo Estevo represa las aguas del Sil y acoge el embarcadero de donde zarpan los barcos que recorren su vertiginoso cañón. Los catamaranes proponen diferentes rutas. La más larga recorre 24 km río arriba. Merece la pena, ya que si bien la primera parte de la navegación es bonita, con horizontes amplios y humanizados, el Sil se asilvestra aguas arriba, se vuelve impresionante: el cauce se angosta, el bosque desaparece, las paredes se yerguen y fingen precipitarse voraces sobre el río... Los barquichuelos devienen frágiles esquifes, y el pasaje enmudece en un silencio sobrecogido ante un entorno tan superlativo.

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    Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, Parada de Sil, en Galicia (PEDRE / Getty Images/iStockphoto)
    Más monasterios asoman en las alturas, joyas medievales que se pueden visitar cuando acaba la travesía fluvial. Santa Cristina de Ribas de Sil fue uno de los cenobios más importantes de la Ribeira Sacra durante la edad media. Construido en el siglo X, sus monjes benedictinos se dedicaron a la explotación de los castaños y de la vid. La iglesia, románica, es de finales del siglo XII. También imponente, Santo Estevo de Ribas de Sil abandonó su uso religioso para reconvertirse en parador nacional.

    Muy cercanos a ambos están Os Balcóns de Madrid, un conjunto de miradores que permiten admirar el Sil desde 400 m de altura. Las panorámicas son impresionantes. Justo enfrente se ve el Santuario de Cadeiras, separado por el profundo tajo.

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    Un mirador frente al cañón del río Sil en Orense (MIMOHE / Getty Images)
    La Fábrica da Luz de Barxacova, una antigua central hidroeléctrica transformada en albergue turístico, es el punto de partida de un fantástico recorrido senderista: el de las pasarelas del río Mao, un afluente del Sil. El camino discurre sobre una estructura elevada a través de un bosque de robles, castaños, madroños y laureles. La ruta es circular y tiene una longitud de 11 km, sigue el trazado de un antiguo canal de agua que vertía en la central hidroeléctrica. La senda serpentea y ofrece amplias panorámicas de un valle delicioso, además de permitir el descubrimiento de unas tumbas antropomórficas excavadas en la roca, de varios molinos, del puente romano de Conceliñas y de la aldea de Barxacova. Qué final más divertido para este viaje por una Galicia interior aún poco conocida.


    DO. Ribeira Sacra
    Terrazas diminutas que desafían la verticalidad del territorio


    https://www.lavanguardia.com/ocio/v...-patrimonio-medieval-paisaje-excepcional.html
     
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    Se habla poco de que Galicia también es tierra de castillos medievales
    Y de revueltas y de historias que saben a sangre, a barro, al fermentado de la cerveza y al ahumado de la carne

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    Poco se habla de Galicia y sus castillos © Getty Images



    Se habla poco de que Galicia también es tierra de castillos medievales. Y de revueltas y de historias que saben a sangre, a barro, al fermentado de la cerveza y al ahumado de la carne. Ese mundo lo descubrí con ocho años.

    Mi hermana, que me saca diez años justos, me llevaba con sus amigas a los viajes en coche que hacía al comienzo de la universidad. El primer recuerdo fue en el castillo de Moeche, sentados en los bordes de los muros de defensa, con las piernas colgando hacia el patio interior, viendo el atardecer.


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    Moeche y su castillo © Getty Images

    Quizá aquellos viajes al pasado ayudaron en algo, a mí me ayudó a imaginar. Así que ahí va un homenaje a una de las historias menos conocidas de las bárbaras aldeas galas que pueden hacerte disfrutar como un niño con una espada de madera y un escudo de plástico.

    El castillo de Moeche -siglo XIV- es conocido por ser testigo de una de las guerras civiles más cruentas del medievo. Está en Ferrol y ahora pertenece a la Casa de Alba, pero en su día -allá por el siglo XV- era morada de los Andrade, los high class de la época. Como muchos, acabaron por no ser trigo limpio.




    La Revuelta Irmandiña fue un cúmulo de malas cosechas, hambre y desfalcos de los señores feudales que agotaron la paciencia del campesinado. Acabaron expulsando a Nuno Freire de Andrade, que se fue por peteneras a su castillo de Pontedeume. El final es triste de llorar porque la revuelta fue vencida por el contrataque de las tropas feudales, mejor preparadas y con más armamento.

    Este hecho se recuerda durante la tercera semana de agosto como Festival Irmandiño, con recreación del asalto incluida. Es una buena manera de disfrutar del ambiente medieval rodeado de paredes de piedra, música, baile y el olor a madera quemada. De las barbacoas, por supuesto.

    Siguiendo la huida de Nuno, el castillo de Nogueirosa -Pontedeume, siglo XIII- es de visita obligada porque está en el mismo centro de las Fragas del Eume. Este enclave natural es una fuente de biodiversidad como pocas, colapsada de robles y helechos.

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    Castillo de La Palma © Alamy

    Situado sobre el Monte Pena Laboreira, a 309 metros sobre el nivel del mar, este castillo quedó parcialmente destruido tras las revueltas. Desde 1994 es un Bien de Interés Cultural y se puede visitar. Perfecto como broche final a una caminata por el bosque mágico.

    Muy cerca de allí se encuentra la tríada defensiva de la ría de Ferrol. Se trata de los castillos de San Martín, San Felipe y La Palma -siglo XVI-. Fueron concebidos como construcciones militares de vigilancia marítima. Del primero apenas quedan unas pocas ruinas, aunque las vistas desde el faro son espectaculares. Los otros dos siguen en pie y se pueden visitar.




    El castillo de la Palma está muy bien conservado en comparación con el de San Felipe, pero en cualquiera de los dos es fácil imaginarse como observador de una batalla contra los ingleses o los franceses. Porque aquí también hubo jarana. Tanto ingleses como franceses intentaron conquistar la ciudad y fueron rechazados gracias a la defensa de estos tres castillos pero la batalla más conocida es la de Brión.

    Fue en 1800 y vinieron los ingleses con cara de tenernos ganas. Lo llamaban 'The Ferrol Expedition' y la idea era destruir el Arsenal y los buques.

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    Interior del castillo de San Felipe con La Palma al fondo © Getty Images

    Cien navíos y unos 15.000 hombres comandados por el contralmirante sir John Borlase Warren intentaron invadir la ciudad atravesando la ría por un lado y por el otro y desembarcando sus tropas por las playas de Doniños y San Xurxo. Tuvieron que volverse a casa.

    El mariscal de campo Vicente María de Quesada y el teniente general de la Armada Juan Joaquín Moreno, comandante de la flota estacionada, juntaron todo lo que tenían a mano: desde lanchas cañoneras hasta las mismas milicias paisanas. Dos días. Una carnicería. Se dice que hasta Napoleón lo celebró: "por los valientes ferrolanos". Ahora que conoces lo que pasó, no hay excusa para no ponerte en situación.




    En A Coruña, del siglo XVI hay otra tríada defensiva. La forman los castillos de San Antón, Santa Cruz y San Diego. El castillo de San Diego es el único que ya no existe, fue demolido en la década de los 60 a raíz de la ampliación del puerto comercial.

    El castillo de San Antón hoy en día se puede visitar, ya que es un museo arqueológico. Se levantó en lo que fue un pequeño islote muy cerca de la bahía, en la que había una ermita dedicada a San Antón. El castillo fue atacado por piratas y corsarios y dio a conocer a una heroína que luchó contra un villano.

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    Castillo de San Antón, en A Coruña © Getty Images

    El más famoso de los villanos fue Francis Drake: corsario, comerciante de esclavos, explorador y vicealmirante inglés y el segundo en dar la vuelta al mundo de una sola expedición -el primero fue Juan Sebastián Elcano-. Aquí hizo fama por intentar invadir la ciudad junto con el general sir John Norreys y salir escaldado. Fue poco después de que la Grande y Felicísima Armada fuera conocida por los ingleses como Armada Invencible.

    Tras el fracaso absoluto los ingleses decidieron contraatacar pensando que estaríamos llorando por las esquinas. Lograron desembarcar y hacer de las suyas hasta que llegaron a las murallas de la ciudad, en donde una mujer, María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, o conocida ahora como María Pita, se lanzase pica en mano contra un oficial al ver a su marido muerto. Total, que la moral por los suelos y vuelta para casa mientras la gran María Pita se ponía las gafas de sol con pose de 'thug life'.




    El castillo de Santa Cruz está en Oleiros, en un islote que está en medio de la bahía, un enclave perfecto para una escapada de fin de semana tranquila. Llegó a ser la residencia vacacional de la escritora Emilia Pardo Bazán. Tras su muerte fue donado a los militares, que hicieron de este castillo una residencia para huérfanos de militares. Hoy en día se puede visitar. Pertenece al ayuntamiento y es frecuente ver visitas guiadas, exposiciones y conferencias. Tiene un fondo permanente de obras y biblioteca.

    El castillo de Vimianzo, o también conocido como Torres de Martelo, -Vimianzo, siglo XII- se construyó en la costa para controlar las rutas comerciales del Mar del Norte, por las que navegaban persqueros de sardina y buques mercantes. No se conoce con exactitud su año de construcción, ya que se han encontrado restos de otra torre anterior debajo del patio.

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    Castillo de Santa Cruz, en A Coruña © Alamy

    Pese a las muchas historias que ha visto, está en muy buen estado de conservación, ya que pueden verse las tres torres y la torre del homenaje que rodean el patio de armas. Se conservan incluso desde las puntas de las almenas en la torre hasta el portalón de entrada o el foso.

    Fue destruido en la revuelta irmandiña y llegó a ser la cárcel de un arzobispo, Alonso II de Fonseca y Acevedo, que entre unas cosas y otras, acabó liándola tan parda con su tío, Alonso I, que en un intercambio de sedes inventó aquello de “el que se fue a Sevilla perdió su silla”. En resumen, se cambiaron de ciudad porque uno necesitaba tranquilizar las cosas en Galicia y, cuando quiso volver, el otro le respondió que nanai, que le gustaba Sevilla y que no pensaba abandonar.




    El castillo de Vimianzo pertenece a la Diputación de A Coruña, se puede visitar, ya que es un centro de interpretación de la Costa da Morte, y recoge, además, una muestra de artesanía popular.

    Otro de los castillos destruídos por los irmandiños fue el castillo de A Rocha Forte -Conxo, siglo XIII-. Está un poco más al interior, cerca de Santiago de Compostela, en un promontorio de 185 metros sobre el nivel del mar.

    Hoy es un yacimiento arqueológico y se puede visitar. Se han encontrado restos de un castro de la Edad del Bronce, y como castillo fue testigo de cruentos combates y hechos históricos especialmente sanguinolentos en los siglos XIV y XV.

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    Castillo de Vimianzo © Alamy

    Como si fueran a hacer el guion de Juego de Tronos, este castillo ya tuvo su boda roja. Fue el 13 de septiembre de 1320 y se conoce como el Día de la Ira. Unos líos contra el arzobispo y el levantamiento en armas posterior llevaron a que se organizase cenita con copa para una embajada de burgueses que vinieron a negociar. En esto que los soldados del arzobispo cierran las puertas del castillo y les dan matarile a todos.

    Este castillo también se conoce como castillo de los Churruchaos, una banda de ladrones y asesinos que operaban bajo el amparo del arzobispo. La leyenda dice que cuando el capitán se enteró de esto, se fue a por el arzobispo para ajusticiarlo y, acto seguido, fue al castillo a hacer lo mismo con los miembros de la banda. Años después el castillo vivió en sus carnes las revueltas campesinas y quedó destruido en 1467, tal y como puede verse en la actualidad.




    El castillo de Soutomaior, -Soutomaior, siglo XII- está a pocos kilómetros de Vigo y es una buena excusa para imaginarse en otra época. Está a 119 metros sobre el nivel del mar, lo que permite el control de todo el valle del río Verdugo, que desemboca en la ensenada de San Simón, en Arcade, donde se comen las mejores ostras de Galicia.

    Es uno de los mejor conservados y tiene un jardín espectacular. Más de 15.000 metros cuadrados de jardín botánico con especies arbóreas de más de ocho siglos de vida y una colección de tres centenares de camelias de 22 tipos diferentes.

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    Castillo de Soutomaior © Alamy

    Tuvo su punto álgido en el siglo XV siendo el propietario Pedro Álvarez de Sotomayor, conocido como Pedro Madruga. El castillo fue testigo de las revueltas contra los nobles y cárcel del obispo de Tui. Llegó a ser la residencia de María Vinyals en 1908, precursora del sufragismo y del feminismo en Galicia junto con Emilia Pardo Bazán, que eran amiguis. En la actualidad pertenece a la Diputación de Pontevedra, es un museo y se puede visitar.

    El castillo de Monterreal -Baiona, siglo XII- está en la península de Monte Boi. Hoy en día es una fortaleza-parador con muchas historias. Las más importantes: fundado por romanos, fue tesoro de visigodos, musulmanes y cristianos; fue cárcel de Afonso Enríques, un príncipe portugués -en la Torre del Príncipe, de ahí su nombre-; fue testigo de innumerables contiendas y batallas, entre ellas la de Pedro Madruga, que no descansaba ni para comer, que lo conquista a base de dar palos; que fue el primer punto en el continente europeo en saber que existía el Nuevo Mundo, ya que en marzo de 1493 vio como arribaba la carabela La Pinta con uno de los hermanos pinzones a bordo, Martín Alonso Pinzón, unos días antes de que Colón lo hiciera en Lisboa; y también resistió el ataque de Francis Drake. La fortaleza es de visita pública durante todo el año, y el parador es ideal para una escapada de fin de semana.




    El castillo de Sobroso -Mondariz, siglo XII- fue el lugar de encierro de Urraca I de León, conocida como La temeraria, que escapó del cerco por un pasadizo oculto que le permitió llegar a León. Este castillo fue también escenario de batallas y saqueos, como los perpetrados por Almanzor en tiempos de Alfonso V, y también en las revueltas irmandiñas, lo que casi acaba por destruirlo. Lo reconstruyó Pedro Madruga.

     
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    Actualmente es un museo de interpretación y conservación del municipio de Ponteareas: hay exposiciones y conferencias sobre oficios tradicionales como los de zoquero o cestero o la confección del lino, y una colección de trajes regionales de la zona sur de la provincia de Pontevedra.



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    Castillo de Monterreal, en Baiona © Alamy

    A dos pasos de Portugal se encuentra una de las maravillas palaciegas que han permanecido casi inalteradas hasta hoy. El castillo de Monterrei -Verín, siglo XII- es un palacio y también un fortaleza del que ya en el siglo X hay documentos que hablan del asentamiento, levantado en una loma para tener a la vista al vecino portugés.

    Es un complejo espectacular, fue declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Desde su posición puede verse todo el valle y entre sus paredes te sentirás como un noble. Fue el lugar en donde se imprimió el primer incunable de Galicia y la casa de innumerables nobles. Conserva el antiguo hospital para peregrinos, la iglesia de Santa María de Gracia, la vivienda de los Condes y el castillo, todo amurallado e intacto. Actualmente se puede visitar y el palacio es un parador.












    El castillo de Castro Caldelas -Castro Caldelas, siglo XIV- fue construido por los condes de Lemos para defender las tierras, aunque hay restos de asentamientos desde hace 4.500 años. Tuvo su episodio bélico durante las revueltas irmandiñas.

    Cuando estas fracasaron, el conde de Lemos obligó a la población a reconstruir el castillo. Tal fue el cabreo de la población que lo denunciaron ante la Audiencia de Valladolid que les dio la razón. Tardaron 100 años en comenzar la reconstrucción.



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    Castillo de Castro Caldelas © Alamy

    Levantado en un promontorio, la Cima de Vila, desde el que se puede ver toda la zona, este castillo está muy bien conservado -es declarado Monumento Histórico-Artístico en 1949- y actualmente es un museo arqueológico y etnográfico que tiene en su haber objetos encontrados mientras se restauraba: ruecas, cerámicas telares o monedas. Solo por eso, y por sentirte como un noble, merece la pena visitarlo.

    El castillo de San Vicente -Monforte de Lemos, siglo X- nació levantado sobre el castro Dactonio, capital del pueblo prerromano de los lemavos, y al lado del monasterio benedictino de San Vicente del Pino, del siglo X, dando lugar a lo que conocemos hoy como Monforte de Lemos. Construido sobre un cerro, el monte de San Vicente, y concebido como fortaleza estratégica que domimaba toda la zona, comenzó su construcción en el siglo X y fue renovándose hasta el siglo XVI.












    Tiene también su leyenda, conocida como La corona de fuego. Según se cuenta, había un pasadizo secreto entre el castillo y la iglesia de San Vicente del Pino. En él, el abad y la hija del conde de Lemos mantuvieron un affaire con besitos escondidos. Al regreso del conde, éste lo invita a una papatoria pantagruélica. A los postres uno de los sirvientes le coloca al abad una corona de hierro al rojo vivo y lo mata.

    Sufrió las revueltas irmandiñas y un incendio terrible en 1672. La restauración de la torre de 30 metros permite visitarla en la actualidad, y el convento es hoy en día un parador de visita obligada.

    El castillo de Maceda -Maceda, siglo XI- es un complejo muy bien conservado que primero fue fortaleza y con los años se adaptó a la vida palaciega. Entre sus paredes llegó a vivir Alfonso X de Castilla. Otro famoso de la época nació allí. Joâo da Nova fue enviado de joven a Portugal por las revueltas, y en 1496 llegó a ser nombrado alcalde de Lisboa. Después de eso se hizo explorador y llegó a descubrir la isla de Santa Elena (esa isla que fue prisión de Napoleón) y las islas de Ascensión. Hoy en día se puede visitar ya que en el siglo XX fue restaurado y es un hotel.









    El castillo de Pambre -Palas de Rei, siglo XIV- es de los pocos complejos que sobrevivieron a las revueltas irmandiñas ya que llegó a tener un ejército de 3.500 soldados y resistió todo tipo de ataques, convirtiéndose en un referente agropecuario de la época. A este castillo están relacionadas muchas familias de nobles y no tan nobles, como los ya mencionados Churruchaos.

    Está en el camino francés, sobre un escarpado acantilado a orillas del río Pambre, se restauró hace tres años y es perfecto para una visita de fin de semana.

    En pleno corazón de los Ancares hay también un castillo. Se trata del castillo de Doiras -Cervantes, siglo XV-, y está en medio de la montaña, a 748 metros sobre el nivel del mar. Es un regalo para los ojos, las vistas no te dejarán indiferente, perfecto para una tarde de senderismo.

    Hay mucho por descubrir porque de este castillo inexpugnable se sabe bien poco. Fue una fortaleza del siglo XV, construida sobre un castro celta y reconstruida tras las revueltas irmandiñas. Impresiona ver los muros de ocho metros y la torre del homenaje y sus 14 metros de altura.

    Entre sus paredes podrás escuchar la leyenda que se le atribuye a esta fortificación. Se trata de la mujer cierva. Aldara, hija de Froiaz, se iba a casar con su amado Aras, pero antes de la boda desapareció en el monte. Tras una búsqueda infructuosa, su hermano Egas cazó un ciervo blanco. Como era muy pesado le cortó la pierna para mostrarlo delante de todos y así demostrar que era el responsable del animal. Pero lo que Egas sacó de la bolsa no era una pata de ciervo, sino el brazo de una mujer, con un anillo en la mano. Cuando fueron a buscar al animal se encontraron el cuerpo de Aldara mutilado. Cosas de brujos.



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    Castillo de Pambre, en Palas del Rey © Getty Images

    https://www.traveler.es/naturaleza/articulos/castillos-galicia-ruta-cuales-ver-historia/16115
     
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