Encarna Sánchez,MILLONARIA EN LA RADIO, POBRE EN LA VIDA. (1 Viewer)




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19/09/2020

LUCES Y SOMBRAS DE ENCARNA: NO ACEPTABA SU SEXUALIDAD PERO...
Hoy cumpliría 85 años la locutora, uno de los fenómenos mediáticos de las dos últimas décadas del pasado siglo. Su orientación sexual y el destino de su fortuna siguen siendo objeto de interés. POR LUIS FERNANDO ROMO

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“¡TEMBLAD, PEDAZO DE SINVERGÜENZAS!”. Con este grito de guerra, Encarna Sánchez se despidió para siempre de sus fieles. Su garganta guillotinó su propia voz. Dieciocho días después, fallecía de un cáncer de pulmón que había desembocado en una metástasis. Fue el Viernes Santo de 1996. No podía ser de otra manera porque desde su púlpito radiofónico era capaz de dar un toque de (des)gracia a la celebridad que menos se lo esperaba.
Del “Isabel Preysler tiene menos sesos que un mosquito” al “me causa vergüenza ajena” cuando Ortega Cano cantó su ya famoso “Estamos tan a gustitoooo...” en la fiesta de su boda con la Jurado en febrero de 1995. Quizás aún seguía enamorada... “Le gustaban las morenazas –asegura uno de sus tertulianos– por eso estuvo enganchada a Rocío Jurado y luego se enamoró de la Pantoja. Tenía tal obsesión con Rocío que a todas horas ponía sus discos. Pero cuando su novio, Enrique García Vernetta, le vio el plumero a Encarna, le paró los pies”.
Para juzgarla hay que entenderla y, para ello, no hay que escudriñar el pasado con los ojos del presente.
“Públicamente era muy fuerte, pero en realidad era bastante vulnerable. No se aceptaba así misma y sufrió muchísimo...”, Soledad Jara no termina la frase. Es la viuda de Paco Gordillo, el manager musical más poderoso de la época, que orquestó las carreras de Raphael y Rocío Jurado.
A pesar de haber ganado un Ondas, decidió cruzar el charco en 1970 para trabajar en televisión en diferentes países. Atrás dejaba a su amiga especial, Clara Suñer, que le ayudó a pagar el piso que compartían en Mirasierra (Madrid) donde tenían por vecina a Esperanza Roy.
Los Gordillo la ayudaron económica y moralmente cuando la periodista volvió de México sin parné. Corría el año 1976 y nadie le descolgaba el teléfono. Aquello la hundió. Paco le facilitó varias actuaciones en una sala madrileña como monologuista y allí la (re)descubrieron para ficharla en 1978 en Radio Miramar en Barcelona, donde se gestó el emblemático Encarna de noche y conoció a Nuria Abad, entonces menor de edad..
Cinco años más tarde, el padre José Luis Gago la contrató para continuar con el programa en la COPE, hasta que en 1984 fue la estrella de las tardes con Directamente Encarna hasta el final de sus días. En esa época se hizo multimillonaria, especialmente, con sus tejemanejes con la publicidad. “Ella reportaba beneficios a las empresas en las que trabajó y, en consecuencia, tuvo que ser bien tratada económicamente”, defiende José María García, su compañero en la emisora.
Su relación con el matrimonio Gordillo fue tan estrecha que fue la madrina de su hijo Sacha, “su Sachita” –como solía llamarle–, y Carmen, hermana de Soledad, fue relaciones públicas del programa donde recibía a los invitados ilustres. Encarna ganó tanto dinero que se compró una mansión de más de 600 metros cuadrados en La Moraleja, a tres minutos caminando del casoplón de más de 1.000 metros de Paco y Soledad. A pesar del éxito, seguía sufriendo: “Tenía miedo a que descubrieran su vulnerabilidad”, asegura Soledad. De ahí que fuera tan explosiva.
La viuda de Gordillo ofrece una radiografía de la persona que se escondía tras el personaje: “Era cariñosa, divertida, le encantaba reírse, adoraba la comida, era muy de dar besos y abrazos, pero cuando disparaba en la radio era como una ametralladora”. Y se lo recriminaba: “Pero es que he de defenderme, me atacan por todos lados”, respondía.
Cuentan que Carmen Jara estaba parapetada tras un muro de plantas porque decían que repelen las malas vibraciones. Aunque ambas fueron íntimas hasta el final. De hecho, Carmen le cerró los ojos cuando falleció en su cama.
La COPE quiso dar un aire más fresco a las tardes radiofónicas y contrataron a Mari Cruz Soriano. Había tenido el privilegio de tratarla y de entrevistarla en La Moraleja: “Vivía completamente enrejada y eso me impresionó mucho. La casa rezumaba a dinero nuevo con aquellos suelos de mármol blanco, las cortinas y los estores abullonados… No me pareció un hogar”. Pero salió contenta: “Fue encantadora y adorable e incluso me hizo llegar una caja de botellas de vinos carísimos” [risas].
Desde la ecuanimidad, la pianista y presentadora de televisión percibió a “una persona frágil, víctima de muchas inseguridades porque era consciente de su poca cultura, de esa cultura macerada que pasa de una generación a otra, y eso la mataba”. Y agrega que “esto le hacía ser muy soberbia y tremendamente consciente del peso social que tenía ya que si un ministro no se ponía al teléfono se enfrentaba a la furia del Averno”.
En cierto sentido eso lo saborearon Martes y Trece cuando en la gala de bienvenida al año 1992 la parodiaron junto a Isabel Pantoja durante unas vacaciones. Josema Yuste recuerda que “Encarna intentó que no viera la luz, pero TVE hizo bien en emitirlo porque, a pesar de lo que se ha escrito, no hicimos nada en contra del honor de nadie”. Sin embargo, la periodista se encabronó tanto que a punto estuvo de lanzarles todas las empanadillas (de Móstoles) resecas. ¿Se acuerdan de aquel sketch de la Nochevieja de 1986?. “Le gustó muchísimo y salió beneficiada. Fue tal el éxito que, a pesar de que ya era una estrella de la radio, tuvo su momento de gloria”, puntualiza Yuste. Soledad manifiesta que “vimos la actuación en mi casa y Encarna se rió a lo grande”.
Cuando el 5 de abril de 1996 pasó a mejor vida (o no), surgieron rumores y teorías conspiratorias entorno a su herencia. Según un testamento de 1970, Clara Suñer heredó todo lo material, las mansiones de La Moraleja y de Marbella, varios apartamentos en la Costa del Sol, los coches, las joyas… “Antes de vender La Gaviota, se la alquiló a Antonio Banderas y Melanie Griffith, pero antes de instalarse había quitado el piano y los muebles caros ‘porque estos americanos...’”, le confesó Clara a un ex colaborador de Encarna. Finalmente, Banderas la compró.
Y de los famosos 600 millones de pesetas (3,6 millones de euros) de la cuenta en Suiza, el 50% tenía que ser para su ahijado. Así lo hizo constar en una carta hológrafa.
Soledad explica que “estando en su habitación, nos dijo a mi marido y a mi hermana que la mitad de ese dinero era para Sacha”. Pero dos días antes, personas cercanas a ella saquearon las cuentas. Fueron momentos tan atroces como sensibles: “Nuria Abad nos impidió que nos despidiéramos, no nos avisó cuando lanzaron las cenizas...”
En el fondo del corazón de Soledad hay cierto halo de tristeza: “¿Cómo es posible que hicieran eso a un menor?”. Sacha tenía 15 años. Y deja algo bien claro: “Mi hijo jamás –hace especial énfasis en el adverbio– ha dicho nada, nunca ha reclamado y no le ha interesado saber quién se quedó con el dinero”. ¿Quiénes tienen los billetes?

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Encarna Sánchez fue la menor de cinco hermanos en Carboneras (Almería), donde nació en 1935. Su padre, un carabinero durante la época de la II República, fue ejecutado al final de la Guerra Civil por el gobierno franquista, debido a que se le consideraba un “rojo”. Además, Encarna estuvo internada en un colegio de monjas, “una de las experiencias más terribles”, confesaría, y jamás desveló a sus íntimos su verdadera condición sexual, lo cual hizo que fuese objeto de las más diversas especulaciones. “Se casó en América con un mariquita, pero nunca se supo el nombre”, aclara uno de sus ex colaboradores.
 

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