Pablo Casado, Presidente del PP (1 Viewer)


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el gobierno se hizo cargo de la sanidad con la pandemia, mando único. Confisco mascarillas, test de empresas y farmacias. y eso lo sé de primera mano.
El problhttps://www.larazon.es/salud/20200506/mejlfxvwyzfqva276t2ckjqbxy.htmlema es que tenemos un gobierno que le importa dos cominos la vida de los españoles. ASESINOS-


Este gobierno tiene que responder ante la justicia,
Y el avión en el que se sacó la foto Ayuso en vez de ir la conferencia de presidentes ¿Lo confiscó el Gobierno?
 
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Y el avión en el que se sacó la foto Ayuso en vez de ir la conferencia de presidentes ¿Lo confiscó el Gobierno?
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Que confiscaron material sanitario en farmacias y empresas privadas, te lo aseguro, lo sé de primera mano.
Y tu lo sabes igual que yo, incluso mejor porque estas muy pendiente todo la información, que no te interese y tengas que negar y manipular informaciones que perjudican a tu idiologia es otra historia.
Tenemos el peor gobierno que se pueda tener y estos asesinos no se pueden ir de rositas,
 
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1589106712395.png Solís, periodista del Correo del Sur:


"Su ideología es la muerte. Son los herederos ideológicos de quienes mataron a nuestros abuelos, de quienes los tiraron a cunetas inmundas, de quienes violaron a nuestras abuelas después de quedar viudas, de quienes sacaron a nuestras madres de la escuela con ocho o nueve años para ponerlas a fregar de rodillas los suelos por donde escupían el puro o caían borrachos después de una buena jarana.

Son los hijos y nietos de quienes raparon a nuestras abuelas y las pasearon en ropa interior por el pueblo con la única finalidad de humillarlas. Son ellos, los herederos de quienes se follaron a todos aquellos maricones y travestis en la oscuridad de la noche pero de día los ejecutaban en el paredón como si no supieran quiénes eran.

Son los mismos que necesitaban ir armados y ser media docena para detener a un solo hombre bueno, despojarlo de su casa, su familia, llevárselo a una prisión inmunda, hacerlo desaparecer y sacarlo de madrugada en una saca para dispararle por la espalda en la tapia de cualquier cementerio.

Son los que mataron a Federico García Lorca; a Blas Infante; a Octavio, el padre de Angustias, quien ha muerto con 90 años sin poder saber dónde llevarle flores al cuerpo del hombre que le dio la vida.

Son los mismos que fueron a buscar al hijo y marido de Luisa, una mujer que huyó con sus cinco criaturas desde Córdoba hasta Jaén para salvar el pellejo de ella misma y de los cuatro hijos que le quedaban. Sacerdotes de la muerte incapaces de hacer crecer nada bueno a su paso.

Son los funcionarios de las prisiones franquistas, los vecinos chivatos que a tanta gente delataron durante la dictadura o el muerto de hambre con el estómago lleno que por eso cree que ya forma parte de la familia del señorito.

Son los mismos que mataron a los abogados laboralistas de Atocha, en plena Transición, mientras defendían los derechos de los trabajadores más humildes. Son los herederos de quienes dieron el golpe de Estado contra la democracia española en 1936, el frustrado del 23F de 1981 y los que lo darían de nuevo, mañana si pudiesen.

Son los ídolos de quienes matan cada año a casi 100 mujeres porque se piensan que son suyas. Son los mismos que encerraban a Manolita en el cementerio de su pueblo para que los turistas no vieran que era transexual en los años 60.

Son los mismos que se subastaban a los jornaleros andaluces y extremeños en la plaza del pueblo como hacían los esclavistas con los negros antes de subir a las galeras de los barcos. Son los mismos que abusaban sexualmente de las criadas, las quedaban preñadas y, cuando parían, las despedían sin reconocer al bebé y manchando la reputación de la víctima para toda su vida.

Son los herederos de quienes llenaron Europa de muerte, campos de concentración y hogueras de libros porque en ellos se enaltecía el amor por la vida, el conocimiento y la comprensión de quien piensa diferente.

Son los que nos negarían a nosotros mismos el auxilio si fuéramos personas migrantes y tuviéramos que huir despavoridos del hambre, la miseria o una crisis sanitaria como la que estamos viviendo. Son los referentes de las manadas de violadores que salen en pandilla a penetrar vilmente la vagina y boca de una niña de 19 años.

Son los mismos. Su ideología es la muerte. No tienen amor por el teatro, ni por la literatura, ni por el cine, ni por la pintura, ni por la poesía, ni por la escultura, ni por ninguna de las artes que al resto de los mortales nos hacen olvidar que existe la muerte. Sus mayores hobbies están vinculados a la destrucción de la vida: irse de putas, de montería o portar armas.

Su ideología es la exaltación de la muerte. Por eso defienden la privatización de la Sanidad y Educación o los recortes en Ciencia y Servicios Sociales, mientras abogan por aumentar el gasto en pistolas de último diseño para combatir la desigualdad social y en bonificaciones fiscales y subvenciones para la tauromaquia.

Son los cobardes del colegio. Los que se meten con el niño más pobre, con el que más pluma tiene, con el que peores notas saca, con el más tímido, con el que tiene alguna discapacidad o con el menos popular.

Son también los lacayos del poder. Los que le perdonan a los bancos los 60.000 millones de euros que los españoles les hemos prestado, los que votan en contra de subirle el sueldo a un trabajador que cobra 900 euros, quienes están en contra de que la señora extranjera que cuida de sus padres, de forma interna, tenga papeles para que pueda ser libre y huir de un ambiente laboral humillante y vejatorio.

Son mala gente que camina, que dice el poeta Benjamín Prado, gente bien vestida, aseada, perfumada, acomodados desde que los echaron del vientre de su madre; pijazos que no conocen más esfuerzo que levantarse a las seis de la mañana para irse de montería o a alguna capea; seres arrogantes que no saben lo que humaniza ir al cajero, que no haya dinero y falten diez días para que termine el mes; que tu madre te diga que tienes que ir al colegio con los zapatos rotos hasta que la situación económica mejore o recibir la orden de corte de la luz por impago.

Son los chupópteros de lo público, los golfos de la universidad que al final tienen que irse a la privada para pagar el título, son los que con contactos, herencia y sin esfuerzos lo han conseguido todo en la vida. Son los que están acostumbrados a ganar hasta cuando pierden.

Son los mismos de siempre, aunque se vistan de verde, por eso han sembrado la Gran Vía de ataúdes. Es lo que han hecho toda la vida, es lo que hicieron sus bisabuelos, abuelos y padres ideológicos. El triunfo de su ideología sería ver a nuestro país enterrado en cajas de madera. Su ideología es la muerte. Son fascistas."
Creo que todo esta dicho,si alguien tiene algo mas que aportar,adelante
 


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Ver el archivo adjunto 1432293 Solís, periodista del Correo del Sur:


"Su ideología es la muerte. Son los herederos ideológicos de quienes mataron a nuestros abuelos, de quienes los tiraron a cunetas inmundas, de quienes violaron a nuestras abuelas después de quedar viudas, de quienes sacaron a nuestras madres de la escuela con ocho o nueve años para ponerlas a fregar de rodillas los suelos por donde escupían el puro o caían borrachos después de una buena jarana.

Son los hijos y nietos de quienes raparon a nuestras abuelas y las pasearon en ropa interior por el pueblo con la única finalidad de humillarlas. Son ellos, los herederos de quienes se follaron a todos aquellos maricones y travestis en la oscuridad de la noche pero de día los ejecutaban en el paredón como si no supieran quiénes eran.

Son los mismos que necesitaban ir armados y ser media docena para detener a un solo hombre bueno, despojarlo de su casa, su familia, llevárselo a una prisión inmunda, hacerlo desaparecer y sacarlo de madrugada en una saca para dispararle por la espalda en la tapia de cualquier cementerio.

Son los que mataron a Federico García Lorca; a Blas Infante; a Octavio, el padre de Angustias, quien ha muerto con 90 años sin poder saber dónde llevarle flores al cuerpo del hombre que le dio la vida.

Son los mismos que fueron a buscar al hijo y marido de Luisa, una mujer que huyó con sus cinco criaturas desde Córdoba hasta Jaén para salvar el pellejo de ella misma y de los cuatro hijos que le quedaban. Sacerdotes de la muerte incapaces de hacer crecer nada bueno a su paso.

Son los funcionarios de las prisiones franquistas, los vecinos chivatos que a tanta gente delataron durante la dictadura o el muerto de hambre con el estómago lleno que por eso cree que ya forma parte de la familia del señorito.

Son los mismos que mataron a los abogados laboralistas de Atocha, en plena Transición, mientras defendían los derechos de los trabajadores más humildes. Son los herederos de quienes dieron el golpe de Estado contra la democracia española en 1936, el frustrado del 23F de 1981 y los que lo darían de nuevo, mañana si pudiesen.

Son los ídolos de quienes matan cada año a casi 100 mujeres porque se piensan que son suyas. Son los mismos que encerraban a Manolita en el cementerio de su pueblo para que los turistas no vieran que era transexual en los años 60.

Son los mismos que se subastaban a los jornaleros andaluces y extremeños en la plaza del pueblo como hacían los esclavistas con los negros antes de subir a las galeras de los barcos. Son los mismos que abusaban sexualmente de las criadas, las quedaban preñadas y, cuando parían, las despedían sin reconocer al bebé y manchando la reputación de la víctima para toda su vida.

Son los herederos de quienes llenaron Europa de muerte, campos de concentración y hogueras de libros porque en ellos se enaltecía el amor por la vida, el conocimiento y la comprensión de quien piensa diferente.

Son los que nos negarían a nosotros mismos el auxilio si fuéramos personas migrantes y tuviéramos que huir despavoridos del hambre, la miseria o una crisis sanitaria como la que estamos viviendo. Son los referentes de las manadas de violadores que salen en pandilla a penetrar vilmente la vagina y boca de una niña de 19 años.

Son los mismos. Su ideología es la muerte. No tienen amor por el teatro, ni por la literatura, ni por el cine, ni por la pintura, ni por la poesía, ni por la escultura, ni por ninguna de las artes que al resto de los mortales nos hacen olvidar que existe la muerte. Sus mayores hobbies están vinculados a la destrucción de la vida: irse de putas, de montería o portar armas.

Su ideología es la exaltación de la muerte. Por eso defienden la privatización de la Sanidad y Educación o los recortes en Ciencia y Servicios Sociales, mientras abogan por aumentar el gasto en pistolas de último diseño para combatir la desigualdad social y en bonificaciones fiscales y subvenciones para la tauromaquia.

Son los cobardes del colegio. Los que se meten con el niño más pobre, con el que más pluma tiene, con el que peores notas saca, con el más tímido, con el que tiene alguna discapacidad o con el menos popular.

Son también los lacayos del poder. Los que le perdonan a los bancos los 60.000 millones de euros que los españoles les hemos prestado, los que votan en contra de subirle el sueldo a un trabajador que cobra 900 euros, quienes están en contra de que la señora extranjera que cuida de sus padres, de forma interna, tenga papeles para que pueda ser libre y huir de un ambiente laboral humillante y vejatorio.

Son mala gente que camina, que dice el poeta Benjamín Prado, gente bien vestida, aseada, perfumada, acomodados desde que los echaron del vientre de su madre; pijazos que no conocen más esfuerzo que levantarse a las seis de la mañana para irse de montería o a alguna capea; seres arrogantes que no saben lo que humaniza ir al cajero, que no haya dinero y falten diez días para que termine el mes; que tu madre te diga que tienes que ir al colegio con los zapatos rotos hasta que la situación económica mejore o recibir la orden de corte de la luz por impago.

Son los chupópteros de lo público, los golfos de la universidad que al final tienen que irse a la privada para pagar el título, son los que con contactos, herencia y sin esfuerzos lo han conseguido todo en la vida. Son los que están acostumbrados a ganar hasta cuando pierden.

Son los mismos de siempre, aunque se vistan de verde, por eso han sembrado la Gran Vía de ataúdes. Es lo que han hecho toda la vida, es lo que hicieron sus bisabuelos, abuelos y padres ideológicos. El triunfo de su ideología sería ver a nuestro país enterrado en cajas de madera. Su ideología es la muerte. Son fascistas."
Creo que todo esta dicho,si alguien tiene algo mas que aportar,adelante
De pasar la página ni hablar, no? Siguen hablando de Franco cómo acá del periodo 76-83.
Falta menos para el centenario de su ascenso que el que lleva muerto.
 
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Si quieres que gobierne el comunismo bolivariano, ¡vota PP!
El PP, en lo que representa una profunda traición a sus votantes, ha sistemáticamente ayudado a la causa del comunismo bolivariano
OPINIÓNDESTACADOESPAÑAIDEOLOGÍA
Por Escritor Invitado Actualizado May 8, 2020

2 Comments 1,432
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PPPablo Casado, presidente del PP. (Foto: Flickr)
Por Ramiro Grau Morancho.
Los españoles ya estamos curados de espantos, ¡y lo que nos queda por ver!

La penúltima es permitir que los okupas se empadronen en las casas ocupadas, “legitimando” así esa ocupación, que les dará un inexistente título sobre el que fundamentarla. ¡Algo parecido a lo que hicieron los sandinistas cuando echaron de sus casas a la clase dirigente de Nicaragua, y se instalaron en sus palacetes y mansiones, y hasta hoy!
Que yo sepa, y no creo que me falle la memoria, sobre hay dos títulos que permitan legalmente la ocupación de un bien inmueble: la propiedad, o el contrato de arrendamiento.
Puede haber una tercera figura, la posesión en precario, mediante una cesión consentida por el propietario, o situación similar.

Y punto.
Pero no contentos con esa “nacionalización” del derecho a la vivienda, reconocido por la Constitución del 78 en su artículo 33 (“se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia”), ahora pretenden mantenernos en prisión domiciliaria durante medio mes más, que es lo máximo que les permite la legislación vigente: art. 6º. Dos, de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio.
El desgobierno actual ha usado y abusado de un supuesto “estado de alarma”, para cuya declaración inicial no necesitaba al resto de los partidos políticos, que representan a la mayor parte del pueblo español, adoptando una decisión arbitraria y dictatorial, más propia de un país bananero o de una dictadura, que de una democracia.

La propia Constitución prevé en su artículo 55, in fine, que: “La utilización injustificada o abusiva de las facultades reconocidas en dicha ley orgánica producirá responsabilidad penal, como violación de los derechos y libertades reconocidos por las leyes”.
Y, pásmense ustedes, ¡el PP no ha votado en contra de esta cuarta prórroga!
Han hecho como Pilatos, cuando crucificaron a Jesús: se han lavado las manos, absteniéndose, y apoyando por tanto al desgobierno dictatorial, igual que hacen los merluzos que salen todos los días, a las ocho en punto, a apoyar directamente a los sanitarios, e indirectamente al gobierno.
Para empezar, no estamos en un auténtico estado de alarma, sino en estado de excepción.
Qué gran verdad es esa frase cuya paternidad invoco, aunque es posible que solo sea padre putativo, de que: “El PP es un partido para ayudar…a los partidos de izquierdas”.

Después de esta penúltima traición del PP a sus votantes, solo me resta pensar que son tontos perdidos, o personas o cosas semovientes, a las que les gusta que les engañen.
Por lo tanto, y cómo siempre me ha gustado ayudar al que no sabe, les propongo un eslogan electoral que les irá como anillo al dedo: Si quieres que gobierne el comunismo bolivariano, ¡vota PP!
Ramiro Grau Morancho es graduado Social, Licenciado en Ciencias del Trabajo y en Derecho. Abogado en ejercicio, y Profesor Universitario de Derecho. Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Autor de treinta libros, y de miles de artículos en prensa, revistas jurídicas y socials y diarios digitales.
Cuando comenzamos el PanAm Post para tratar de llevar la verdad sobre América Latina al resto del mundo, sabíamos que sería un gran desafío. Pero fuimos recompensados por la increíble cantidad de apoyo y comentarios de los lectores que nos hicieron crecer y mejorar.
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