Cuadernos de Filosofía (1 Viewer)

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Mi profesor de filosofía nos ha recomendado dos libros sobre filosofía del escritor Fernando Sabater "Ética para Amador" y "Política para Amador". Espero poder leerlos este verano. Cuando lo haga, os expondré aquí mi opinión. Hemos leído capítulos salteados para hacer tareas y están muy bien. ¿Alguien sabe de más libros para iniciarse con la Filosofía?
 

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Donatella Di Cesare, filósofa y politóloga
Tengo 62 años. Soy de Roma. Soy catedrática de Filosofía en la Universidad La Sapienza (Roma). Estoy divorciada y sin hijos. ¿ Política? Soy de izquierda radical. No tengo creencias religiosas. Los marranos, repudiados por el esencialismo cristiano y judío, inauguraron la modernidad.


12/06/2019 00:21 Actualizado a 12/06/2019 02:32

El otro del otro
Rangel, Galindo, Linares, Lorca, Marivent, Maldonado, Orozco, Romero, Espinoza, Guzmán, Tudela, Cruillas, Vargas... Son algunos apellidos marranos, estampados entre otros en la portada del libro Marranos. El otro del otro (Gedisa), ensayo sobre un fenómeno europeo que se originó en los reinos de España a causa de la conversión forzada de sus judíos al cristianismo. El estudio de Di Cesare desvela la fuerza transformadora del secreto y su memoria, el poder de la intimidad y del que es consciente de ser un paria ante toda fe esencialista. Di Cesare ha debatido en el Palau Macaya-La Caixa sobre Democracia, Europa y extrema derecha junto al politólogo Daniel Innerarity.

Quiénes eran los marranos?

Españoles que, pese a bautizarse cristianos, eran considerados impuros por su origen judío, ¡y sospechosos por ello!

¿Sospechosos de qué?

Deslealtad, perjurio, traición: de “judaizar”.

¿Sólo por tener ascendencia judía?

Por ser ellos, sus padres o abuelos judeoconversos: judíos convertidos al cristianismo a raíz de los sangrientos pogromos de 1391.

¿Qué es un pogromo?

Un asalto a la judería de la ciudad, con saqueos, quemas y matanzas.

Y el judío se convertía para sobrevivir...

Diana del descontento popular, discriminados por la ley, perseguidos... se bautizaban.

Y ya convertidos al cristianismo...

Se les llamaba conversos o marranos

¿Son vocablos sinónimos?

Lo son, pero mientras converso es sólo descriptivo... ¡ marrano incluye una carga insultante! Descalifica al cristiano nuevo.

¿Y quién era cristiano viejo?

El que podía acreditar que todos sus ascendientes eran cristianos: en la práctica, que sus cuatro abuelos fueron cristianos.

¿Hostigaba el cristiano viejo al nuevo?

En el año 1449 se decreta el Estatuto de limpieza de sangre: todo aspirante a desempeñar ciertos cargos, oficios o funciones ¡debía demostrar esa limpieza con documentos!

Limpieza de sangre, eso es...

¡Racismo, sí! Porque el agua bautismal no te limpiaba la sangre: eras impuro por nacimiento y morías impuro, sin salvación.

¡Qué poco cristiano es esto!

Ya. El ideal de pureza... es una pulsión humana irracional. Como la de identidad: ¡mitos! Porque todo es siempre mezcla...

¿A qué viene esa necesidad de pureza?

Al pavor a desaparecer. A dejar de ser una comunidad lo que cree ser. A perder identidad. Es una pulsión del grupo por protegerse y seguir siendo lo que imagina ser: gitano, judío, católico, español, italiano, catalán...

¡Qué obsesión, querer ser inmutable!

Es cíclica y universal. Casi cinco siglos después, esa ley de limpieza de sangre la clonan los nazis en favor de la sangre aria. Siempre el inquisidor ve al impuro como amenaza que puede contaminar a los puros...

¿Eran perseguidos los marranos?

La Inquisición rastreaba indicios de criptojudaísmo, de marranismo, insaciablemente, y había torturas, y condenas.

¿Cómo vivía el marrano todo esto?

Es interesante: en el ánimo del marrano sucederá algo que... ¡incubará la modernidad!

¿La modernidad es marrana?

¡Así lo sostengo! El marrano ya no es judío... y aún no es cristiano. Para judíos y cristianos es extraño, fuera del centro: excéntrico, vive en el confín. ¿Qué es, pues, el marrano?

¿Qué es?

¡Moderno! Al sentirse fronterizo, mezclado, escindido, inestable, impuro... ¡el marrano estaba inaugurando la modernidad!

Pues sí, me siento algo marrano...

Fuera se descubría un Nuevo Mundo, y el marrano descubría otro interno: se siente con derecho a no pertenecer, a la disidencia, a tener secretas convicciones interiores. ¡Derecho al silencio, al secreto!

¿En qué se basa para sostener eso?

En el Lazarillo de Tormes. Y en Baruch Spinoza. Y en Teresa de Ávila. Todos supuran por la herida de la escisión: son marranos.

¿El Lazarillo es un libro marrano?

Su madre le dice: “¡Válete por ti mismo!”. ¡Es la modernidad! No tienes ya grupo al que acogerte, quedas expuesto al ciego mundo: el pícaro es el primer moderno.

¿Santa Teresa era marrana?

¡Su abuelo fue converso! Amenazada de tortura por la Inquisición, tiene el coraje de no dejar de escribir como mujer al dictado de su interior incontrolable: en su obra El castillo interior se plantea: “¿Cuál es mi verdad? ¡Es un secreto hasta para mí misma!”

¿Y Spinoza era marrano?

Desciende de judeoconversos ibéricos emigrados a Amsterdam: el filósofo marrano.

¿En qué lo detecta?

La democracia no nace en Atenas, dice, nace en el éxodo judío: ¡ahí sí fueron todos iguales! Y añade que “violento es el imperio que se extiende a los espíritus” (reivindica el libre pensar, irreductible) y que “impensable es el gobierno de un mortal sobre otro”: ¡eso anticipa el anarquismo!

¿Son pilares de la modernidad?

Con Michel de Montaigne. Y con Miguel de Cervantes. Y con Fernando Pessoa... ¡Todos marranos! El extrañamiento es constitutivo en el marrano: es el otro... del otro. Y por eso sigue habiendo marranos entre nosotros.

Y también sigue habiendo puristas...

Ya lo sé: Salvini, Orbán, Duda, Putin, Le Pen, Abascal... El nacionalismo es reaccionario porque siente nostalgia de un integrismo, de un pasado puro, de una esencia nítida.

Pero España es mezcla, es marrana...

Cierto, y muchos marranos de España emigraron al sur de Italia: mi familia tiene un apellido Latorre que es judeotoledano...

¿Y si forjásemos la identidad europea?

Pues debería ser una identidad marrana: es la que no teme al encuentro con el otro, la que sabe que cada uno es distinto... incluso de sí mismo.
https://www.lavanguardia.com/lacont...sa-y-el-lazarillo-eran-marranos-modernos.html
 
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Cualquier parecido con la realidad es verdad
publicado por , Joan Feliu



Se ahorcó a los siete u ocho años. No recordaba la edad exacta, pero seguro que fue antes de la primera comunión, porque en la confesión previa se lo contó todo al cura.

Era verano y estaba jugando a ser Robinson Crusoe, subido a una pila de cinco palets de madera bajo la higuera del patio. En las ramas del árbol quedaban restos de la cabaña construida por sus primos con un somier atado con pita. Una de las cuerdas colgaba en una parábola invertida, con ambos cabos atados aún a la precaria estructura. Simulaba remar con una caña mientras se balanceaba sobre la torre de madera como si las olas lo golpearan, hasta que tropezó con una tacha oxidada y al caer se enganchó por el cuello con el cordel, de tal manera que este comenzó a retorcerse, a enrollarse sobre sí mismo, estrangulándolo. Su tía oyó gemidos y llegó a tiempo de sujetarlo por las piernas.

Siempre había sido un niño raro, poco hablador y de los que disfrutan de la soledad, así que sus padres no terminaron de creerse la teoría del accidente y pensaron que había querido quitarse la vida. En el pueblo comenzaron a llamarle suicida, fácilmente identificable por la marca de abrasión que perduraría muchos años uniendo sus dos orejas.

Al principio se esforzó por contar que todo era fruto de un tropezón, pero poco a poco se fue dando cuenta de los beneficios que conllevaba su fama. La presión por completar los ejercicios de Vacaciones Santillanadesaparecieron, como también los límites en la ingesta de helados, e incluso su abuela se mostró más laxa en el tiempo de espera para evitar un corte de digestión. La historia de su vida según los otros no era la suya, pero no estaba mal. Acabó aceptando su intento de suicidio.

La relación entre el mundo tal como lo vemos y el mundo tal como lo entendemos está condicionada por el acto de enfatizar algunos detalles para prescindir de otros. Vemos a gente que nace, a niños que crecen, a algunos que se casan, a parejas que se separan, a personas que mueren. Cómo percibimos la vida de los otros es parte de nosotros, de nuestros recuerdos, de nuestros proyectos, de nuestros pensamientos.

¿Qué es lo que realmente sabemos del otro? Como todos, ese otro tendrá altibajos, preocupaciones, momentos de duda. Pero solo se nos enseña una pequeña parte. No es por eso que el otro no exista en sus diferentes aspectos. Sin darnos cuenta, conocemos fragmentos de la vida de una persona, creamos una imagen que, aunque no se corresponde completamente con la realidad, existe también. Y quizá sea más real, porque es la percibida. No es una estafa. La vida de los demás, aunque sea solo por las redes sociales, a veces es mágica, a veces terrible, a veces divertida, a veces patética, a veces interesante, a veces aburrida. Pero las emociones que nos produce, las lágrimas o los nervios, son reales.

Incluso cabría plantearse si sería preferible no conocer la vida de los otros al completo, solo escuchar lo que dice el uno del otro. Los innumerables relatos de la vida, como las historias ficcionales son, en todo caso, construcciones.

Vean Big Fish, la película de Tim Burton. Inventamos incluso cuando narramos algo que nos ha sucedido. Según el humor y el estado ánimo, según el tiempo transcurrido, construimos una y mil versiones de algunos acontecimientos; convertimos en relato aquello que, por algún motivo, nos resulta inexplicable. Narramos historias. ¿Quién podría asegurar cuál de las versiones que nos relatamos para explicarnos esos hechos es más verdadera que las otras?

Hay quien critica a las personas que pasan sus días en internet, entendiendo que su vida cotidiana está vacía, convencidos de que una buena charla sobre el buen tiempo en el ascensor es mejor que ver un vídeo informativo o leer un artículo de Jot Down en la pantalla del móvil. Afirman que la vida real es la vida sin internet, como si el net fuera equivalente a un sueño. Pero la vida percibida peyorativamente no existe, no es posible. Todo lo que es experiencia humana es realidad. Conversar con un amigo cara a cara no es ni más virtual ni más concreto que intercambiar palabras con él a través de correos electrónicos o de una cámara web. La pantalla no altera la calidad o el valor de los intercambios. Por el contrario, algunas verdades pueden aparecer aún más fácilmente a través de un mail.

Las relaciones sociales personales parasitan el habla y la proximidad de los interlocutores no es necesariamente una garantía de la integridad intelectual de sus intercambios. Factores humanos, psicológicos, socioculturales y emocionales intervienen distorsionando la sinceridad de los comentarios. En las relaciones de proximidad hay muchas pantallas que interfieren con los interlocutores, solo que son invisibles. El aire que transmite las palabras comunicadas por dos vecinos que indagan sobre el clima no es ni más ni menos que una pantalla, una interfaz, una cortina real y concreta contra la cual se proyecta su pequeña película verbal; el condicionamiento cultural puede ser simplemente un velo opaco.

A lo mejor es siempre preferible el artificio social vacío y seguro, el empaquetamiento de las relaciones humanas directas, los arabescos de inanidades más fáciles de aprehender, que el frío, seco y afilado filo de un «sé fuerte» por SMS. Pero a lo mejor no. Desde luego es más fácil hablar de meteorología con el vecino y llamar a eso vida real que admitir nuestra incapacidad para discutir inteligentemente sobre temas delicados. Aunque eso también nos puede pasar en Whatsapp. La vida real es una paradoja. La vida virtual o la percibida por otros, también. O es que la vida percibida forma parte de la vida real.

Escribir a mano en una hoja de papel, contemplar un paisaje, pintar, escuchar el sonido de un río, enviar un correo electrónico, ver una imagen en la pantalla, escuchar música de un archivo mp3, todo es parte de la vida humana, de su experiencia, de su riqueza. Entre la arena en la que escribimos María Isabel con el dedo, la hoja de papel en la que trazamos con el bolígrafo y la pantalla del ordenador a través de la cual enviamos un correo electrónico, básicamente no hay diferencia. Estamos escribiendo. Del mismo modo, todo es vida, lo comprobable y lo únicamente lo percibido.

La vida real frente a otra inventada supone un enfrentamiento imposible. Simplemente hay vida con sus increíbles potencialidades, sus estallidos interiores y sus maravillas visibles, que no se limita al entorno inmediato, estrictamente material. Todo es real, hasta lo imaginado.

https://www.jotdown.es/2019/07/cualquier-parecido-con-la-realidad-es-verdad/
 
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Los nuevos trabajos del ingeniero del alma.

publicado por Jorge Galindo




Yuri Olesha nació en Ucrania, cuando el siglo XIX terminaba. Veintitrés años después estaba en Moscú, a la vanguardia intelectual de la Revolución rusa. Era escritor. Y era bueno, pero no indispensable, a juicio de críticos e historiadores de la literatura. También era comunista. Como Gorki, este sí (se supone) indispensable. Una noche estaban reunidos en su casa. Les acompañaba Joseph Stalin. Olesha, al parecer, se refirió a los escritores, a los artistas, como «ingenieros del alma». A Stalin le gustó la expresión y la hizo propia. Es gráfica, es precisa, y al mismo tiempo ofrece un contraste entre lo tierno y lo sólido, lo impredecible y lo calculado, lo difuso y lo preciso, todo ello en construcción controlada. En un arranque, el dictador soviético llegó a decir que «la producción de almas es más importante que la producción de tanques». Corría 1932.

Unas pocas décadas después, Isaiah Berlin nos dijo que la noción de la perfección total, la solución última en la cual todo lo bueno convive, le parecía no solo inalcanzable (eso, pensaba, es obvio), sino también conceptualmente incoherente. Algunos bienes supuestamente universales, superiores, no pueden coexistir. Consideraba esto una verdad conceptual. «Estamos condenados a escoger, y cada elección significa una pérdida irreparable». Pero para escoger necesitamos conocer la variedad, ser conscientes de ella, estar sumergidos en ella y poder dirigirnos intelectualmente hacia donde consideremos. «Manipular a los hombres», enuncia Berlin en otro lugar, «impulsarles hacia objetivos que tú, el reformista social, ves, pero que ellos quizás no, es denegar su esencia humana, tratarlos como objetos sin voluntad, y, por tanto, degradarlos». Un ingeniero de almas diseña caminos por los que deberás transitar. Un cartógrafo de ideas deposita un mapa en tus manos y te anima a explorar el mundo a tu alrededor.

La historia del mundo está mucho más llena de ingenieros de almas que de cartógrafos de ideas. Las religiones monoteístas y su dominio casi absoluto se bastaban hasta el Renacimiento, o incluso hasta la Ilustración. El fascismo y el nacionalismo se unen al comunismo soviético como explicaciones unívocas de la realidad que excluyen cualquier visión alternativa. El respeto institucionalizado a la pluralidad es un invento bastante reciente, y tiene condiciones muy exigentes. La principal es asumir que, aunque existen los hechos, resulta imposible establecer un consenso político y social en torno a la verdad. Esta aparente paradoja se resuelve asumiendo la idea, que a nadie resultará ajena, de que todos actuamos movidos por cierto interés. Y que, por tanto, la idea de «pueblo» o de «bien común» no son sino ficciones construidas para embridar el pluralismo, acotando los mapas de la libertad conceptual.

Se trata de una tensión constante, una negociación sin fin entre el establecimiento de hechos y la constitución de bandos. Es inevitable. El politólogo polaco Adam Przeworski, que creció en la Polonia comunista para instalarse en la América plural, elaboró una muy breve crítica a la noción de que la deliberación lleva a la convergencia de voluntades. Explica en las primeras páginas de su Democracy and the Market que para que esto sea cierto ha de asumirse que todos los mensajes son o bien verdaderos, o bien falsos. También ha de asumirse que los individuos van a identificar la verdad de manera sistemática. Y, por último, que el uso de los mensajes será no estratégico, desinteresado. Los tres postulados son problemáticos. «El vaso está vacío» o «la desigualdad aumenta cuando los impuestos son más bajos» son afirmaciones de complejidad muy distinta, pero en ambos casos uno puede ir a la realidad, observarla y comprobar si son correctas o no. «Tenemos que llenar el vaso de agua», «la desigualdad es mala» o «la Guerra Civil la perdieron los buenos» son ideas cualitativamente distintas porque son inevitablemente subjetivas, atadas al interés. Llegados a un punto, la razón y los hechos ya no sirven para dejar atrás el conflicto, y la única solución disponible es el voto. En última instancia, el voto no es un acto de razón ni de deliberación. El voto es un acto crudo de imposición de una voluntad frente a otra. La democracia es un sistema que se basa en que las facciones pierden (y ganan) elecciones. Y, como tal, constituye una primera victoria de los cartógrafos de ideas. Por desgracia, este triunfo es frágil.

Svetlana Aleksiévich construyó un mosaico perfecto de la URSS. Pieza a pieza, palabra a palabra, cita a cita, para después destrozarlo a martillazos sublimes en el mismo libro. En El fin del «Homo sovieticus», Aleksiévich entrevista a decenas de personas que vivieron antes y después de la caída del Muro. Con la URSS de los ingenieros de almas, el conflicto de perspectivas se circunscribía a las cocinas. Era allá, en el corazón íntimo de los hogares, donde no entraba nadie que no fuese de total confianza de la familia, donde se aventuraban tímidas exploraciones en la visión del ojo ajeno. Muchos esperaban que la llegada de la democracia sacase el debate de las cocinas a las calles. Y lo hizo, vaya si lo hizo, por un tiempo. Pero el círculo que dibuja Aleksiévich se cierra sombrío por dos cabos: nostalgia y decepción. Los más viejos echan de menos la certidumbre de atenerse a una sola verdad, a una sola definición de lo que estaba bien y lo que no. Una feroz y despiadada, pero al menos clara, definida. Los más jóvenes se sienten defraudados, y ahora sobrepasados, por la extrema imperfección de la democracia rusa. La oligarquía económica (que incluye a una parte de los dirigentes comunistas) la domina de tal modo que puede suprimir el pluralismo con una efectividad considerable.

Pero el equilibrio entre interés y verdad del que depende el debate en democracia no circunscribe su fragilidad al ataque decidido de los hijos de antiguos dictadores. Cuando una sociedad se abre al pluralismo, resulta inevitable que en su seno se constituyan bandos o partidos que defiendan la perspectiva o los intereses de los distintos sectores que la conforman. Un bando no puede cuestionarse a sí mismo. Es la falta de fisuras aquello que lo define como bando. Y he aquí la contradicción intrínseca: un partido político es, de manera latente, un proyecto de raíces frentistas en un contexto pluralista. En el periodo anormalmente pacífico que disfruta Occidente desde la II Guerra Mundial, esta pulsión se ha mantenido bastante contenida. El incremento en el nivel educativo, en el bienestar y en la igualdad material han sido cruciales para explicar la calma. También ha ayudado, paradójicamente, la relativa concentración de los foros de información y creación de opinión. Periódico, partido, sindicato, iglesia, casa del pueblo. Las ideas seguían canales seguros y de largo alcance.

Pero en la última década la profunda fragmentación de las fuentes de información ha coincidido con una degradación de las condiciones económicas que ha afectado sobre todo a los más débiles. Es este el caldo de cultivo perfecto para las ideas frentistas. Quienes las defienden suelen argumentar que el pluralismo reinante, el de la democracia liberal, no cumplía con el requisito de representar a todas las voces, que había una parte de la población excluida, y que por tanto era necesario abrir un frente desde el que asaltar el castillo. Un seguidor de la obra de Antonio Gramsci lo consideraría como una batalla contra la hegemonía imperante. Y una segunda derivada, proveniente de Jacques Lacan y Ernesto Laclau entre otros, lo denominaría algo así como una lucha por apropiarse el significado de los significantes.

Consideremos la idea de patria en España, por ejemplo. Un concepto atractivo, sin duda. Un paraguas potente, que agrupa a millones de personas. Pero con un simbolismo que muchas rechazan. ¿Qué hacer? Luchar por él, rellenarlo de sonrisas, de canciones, de propuestas vagas para cambiar este país, de la señora que va con bolsas de la compra del Mercadona al portal, pero, ay, le cuesta subir las escaleras porque se hace mayor. Cualquier concepto que resulte atractivo, que tenga el potencial de definir un colectivo (por atracción o por oposición), de crear una identificación, será susceptible de este trabajo. Aquí, o en otros lugares. Si la patria es un valor diluido en el mar de la globalización, como pasa en Estados Unidos o en el Reino Unido, ¿por qué no hacer una recuperación selectiva de lo que significa ser americano o ser británico? Para luego venderla junto a un conveniente enfrentamiento con cualquier cosa que venga de fuera de nuestras fronteras.

Los nuevos ingenieros de almas son los encargados de dibujar los nuevos límites semánticos. Su trabajo no es ya apoyar a regímenes autoritarios en el establecimiento de una verdad única, sino ser competitivos en el mercado de ideas. Entienden que en la mayoría de países no habrá un Vladimir Putin que vuelva a meter el debate en las cocinas, así que su trabajo es colonizar un espacio dentro del mismo y hacerse fuertes ahí. Para ello, disfrazar opiniones con apariencia de hechos se revela como una estrategia ideal. La ingeniería de almas se convierte a los filtros de percepción.

Ya no estamos en 1932. Hoy día, la inmensa mayoría de la población en los países ricos tiene la suficiente capacidad cognitiva como para cuestionar una idea… si así lo desea. Pero ¿y si no? El nuevo ingeniero de almas puede ampliar su trabajo de reconstrucción de significados con el diseño de hechos a medida. Un dato parcialmente cierto aquí, un relato lo suficientemente vago allá, y un «mucha gente dice que» de por medio para evitar la acusación de «¡mentís!». Los angloparlantes lo llaman post-truth politics, la política posverdad. La campaña del brexit está construida paso a paso siguiendo la lógica de adaptar la realidad a los propios puntos de vista, empleando desde la cifra de ahorro diario de un Reino Unido fuera de la UE (falsa, pero específica y con apariencia de plausibilidad) hasta los supuestos problemas que traen los inmigrantes para los trabajadores de las islas (no corroborados por ningún estudio serio). Con ello, los brexiters no aspiraban a imponer una única verdad sobre el conjunto de sus conciudadanos, sino a vencer una guerra de trincheras. No traían su propia visión experta al debate, sino que la rechazaban de plano. «People in this country have had enough of experts» es una cita literal de Michael Gove, uno de los líderes conservadores del movimiento. Lo que importa no es tanto confirmar o desmentir el hecho, sino encajarlo con nuestros prejuicios. Así, nos creeremos cartógrafos, pero en realidad solo estamos recorriendo caminos previamente marcados en el mapa.

Uno de los aspectos más alucinantes del ya de por sí extraordinario fenómeno que constituyó la campaña presidencial de Donald Trump tenía lugar al final de cada uno de sus mítines. Cuando la gente va saliendo del recinto tiene que pasar por delante del espacio habilitado para los medios. Muchos de los asistentes les interpelan con insultos. Los más, les acusan de traidores a la patria. A la que previamente han rellenado de significado Trump y su equipo, claro. Cómo se atreven los periodistas a relatar los hechos, parecen querer decir, cuando es obvio que estos no favorecen la visión que necesita el país. Para estas personas la tensión entre verdad universal e interés particular se ha roto completamente en favor del segundo. Efectivamente, ya no estamos en 1932. Ni Trump ni nadie, ni siquiera Putin en su dominio autoritario, puede imponer a fuego el pensamiento único. Estamos en 2019, así que basta con producir realidades a medida para el número necesario de almas.

https://www.jotdown.es/2019/08/los-nuevos-trabajos-del-ingeniero-del-alma/
 

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Adorno y la sinfonía del pensamiento: cuando los filósofos tocan el piano
Este 6 de agosto se cumplen 50 años de la muerte del pensador y escritor Theodor Adorno, fundador de la Escuela de Frankfurt. Tuvo una relación profunda y fructífera con la música


Max Horkheimer (i), Theodor Adorno (d), y Jürgen Habermas (detrás a la derecha), en 1965 en Heidelberg
KARINA SAINZ BORGO
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PUBLICADO6.8.2019 - 5:15

Thomas Mann se refirió a Theodor W. Adorno (1903-1969) no sólo como un hombre de inteligencia destacadísima, sino como aquel que más y mejor conocía las notas musicales. Hijo de una soprano lírica y sobrino de una cantante, Adorno era capaz de leerlas incluso antes que a las letras del alfabeto. Así llegó a decirlo él mismo. Acaso por eso fue capaz de exprimirlas, por no decir destilarlas.

Melville, el escritor que imaginó a Moby Dick y presagió a KafkaMelville, el escritor que imaginó a Moby Dick y presagió a Kafka
La concepción del saber global que encarnó la Escuela de Frankfurt, de la que Adorno fue fundador y uno de sus nombres más destacados, se expresa en su relación con la música y la interpretación que de ella hace. A los 50 años de su muerte, que se cumplen este 6 de agosto, la figura de Adorno es la piedra angular de un pensamiento estético moderno desde todos los campos que suponen la creación de belleza y significado.

De ahí que la suya sea una obra de conjunto, un espíritu humanista que abarca la estética, la sociología, la filosofía, la cultura… nada quedó fuera del análisis de Adorno, mucho menos la música. No sólo escribió sobre ella, Adorno también la creó. Su faceta de compositor, sin embargo, permanece eclipsada por la de filósofo y pensador.

Cuando se cumplen 50 años de su muerte, la faceta de Adorno como compositor permanece eclipsada por la de filósofo y pensador.

Durante sus años de juventud, Adorno se dedicó por igual a la música y a la filosofía. Nunca pensó que existiese una jerarquía entre y una y otra, para él ambas perseguían una misma cosa. La primera de sus piezas para piano la escribió cuando tenía 17 años. Sus primeros profesores de composición y piano, durante los días de Frankfurt, fueron el pianista, director y compositor Bernhard Sekles y Eduard Jung. Más tarde decidió trasladarse a Viena. Tomó la decisión de marcharse a la capital austriaca tras presenciar, en 1924, la ópera Wozzeck, de Alban Berg, quien a partir de 1925 se convirtió en su profesor junto a Eduard Steuermann.

Una sociología de la música
La Teoría Crítica que Adorno impulsó, configuró las preocupaciones de un saber global de la Escuela de Frankfurt, que se expresa en la obra multidisciplinar del alemán. Ese elemento forma parte de su análisis, incluida su concepción de música y filosofía como partes de un mismo proceso. De ahí se desprenden sus ideas sobre una teoría estética y una sociología de la música, también sus disertaciones sobre la práctica musical, el atonalismo, la dodecafonía o el estudio de compositores como Bach, Beethoven, Schubert, Richard Strauss o Weill a Wagner, Mahler, Berg, Schönberg o Stravinski.

La mayoría de sus textos sobre la materia sobrepasan la crítica de la música, y se enfocan en la relación que ésta tiene con la sociedad que la produce, la interpreta y la escucha. En Filosofía de la nueva música (1948), Adorno se centra en el análisis de la música contemporánea. En esas páginas procura demostrar que la única vía de supervivencia de la música, su verdad social, sólo es posible gracias a su aislamiento de la cultura de masas.

En sus Escritos musicales, Adorno analiza y reflexiona sobre la música de Wagner, Mahler y Berg

En sus Escritos musicales, tres volúmenes traducidos por Alfredo Brotons Muñoz y publicados por AKAL, así como en sus Monografías musicales (también traducido y publicado en español por el sello Akal) es posible apreciar su análisis y reflexión sobre la música de Wagner, Mahler y Berg, también sus principales trabajos de teoría musical («Figuras sonoras», «Quasi una fantasia»), en los que aborda diversas cuestiones relacionadas con la nueva música.

El interés y la reflexión de Adorno abordó desde el estilo tardío de Beethoven, pasando por la imaginería de El cazador furtivo o los cuentos de Hoffmann en los motivos de Offenbach. Su visión total de la belleza y de la obra de arte en función del sistema donde ésta es creada y expuesta son indisociables de su concepción sobre la música, aunque no en la creación musical propia como tal. Sus interpretaciones y composiciones son, según sus estudiosos y especialistas, prolongaciones de su escritura, eran una vía de clarificación, una sinfonía del pensamiento.

https://www.vozpopuli.com/altavoz/c...-fundador-escuela-Frankfurt_0_1270073091.html
 
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Filosofía, Sociología

Nos ponemos música porque estamos muy solos
Tenemos miedo al silencio, a que los demás no sean receptivos. El filósofo Hartmut Rosa acude al concepto de resonancia para explicar uno de los males de la modernidad



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'Nos taponamos los oídos con música para alejar al mundo “real” de nuestras ciudades (en el autobús o en el metro, por ejemplo), porque hace mucho tiempo que perdimos la esperanza de obtener de ellas resonancia alguna'

Tenemos miedo al silencio, a que los demás no sean receptivos. El filósofo Hartmut Rosa acude al concepto de resonancia para explicar uno de los males de la modernidad

Nos taponamos los oídos con música para alejar al mundo “real” de nuestras ciudades. Hace mucho que perdimos la esperanza de obtener de ellas resonancia alguna


Mi sensación no provenía de los resultados en sí, sino de la falta de calidez y comprensión: ésas eran las cosas que me hundían o que me apagaban o que apagaban el mundo. Y entonces me di cuenta de que, para mí al menos, la música tenía un papel muy importante. Cuando los ejes de la resonancia estaban abiertos, sentía brotar una melodía o una canción, literalmente, en los labios o en el corazón, y cuando ponía música en mi habitación, era como si la música de los altavoces, la música en mi interior y el mundo exterior formaran una alianza secreta, estuvieran conectados. Mientras que en los días malos era capaz de apreciar que la música que salía de los altavoces era magnífica pero no me conmovía y, desde luego, no sentía que tuviera nada que ver con el mundo exterior.

Esta última observación fue lo que me hizo dudar de seguir a pies juntillas a mi profesor académico, Axel Honneth, quien piensa que el deseo de reconocimiento social y el miedo a ser falsamente reconocido es el mecanismo interno, ese motor impulsor que nos hace seguir adelante. No queremos simplemente que nos quieran, que nos respeten, que nos admiren o nos aprecien; también queremos que nos conmuevan y conmover, buscamos conectar. En pocas palabras: necesitamos resonancia, una relación receptiva con las otras personas, pero también con la naturaleza, con nuestro trabajo y, como diría Charles Taylor, mi otro puntal filosófico, con un cosmos que tenga sentido o, quizás, que sea afirmativo. Llegué a la conclusión de que en este punto nos hallábamos no sólo ante el corazón de la tradición romántica europea —ese anhelo profundo de experimentar el mundo como un mundo hechizado y “que canta”— sino también ante el más grande, el más profundo de los miedos de la modernidad: que el mundo, sin importar ya cuán capaces seamos de instrumentalizar la naturaleza, se vuelva “ajeno”, silencioso, no-receptivo, indiferente hacia nosotros.

Ése es el miedo que encontramos detrás del concepto de alienación de Marx, detrás de la noción de desencantamiento de Weber, de la preocupación de Lukács por la reificación, o de la experiencia de lo absurdo de Camus… Ésa es la razón por la cual solemos poner música en todas partes, también en los supermercados y en los ascensores. Nos taponamos los oídos con música para alejar al mundo “real” de nuestras ciudades (en el autobús o en el metro, por ejemplo), porque hace mucho tiempo que perdimos la esperanza de obtener de ellas resonancia alguna. Por lo tanto, esta forma de musicalización puede leerse como una señal de pánico desde el mundo silencioso. Y no cabe duda de que la velocidad de la vida, la aceleración implacable de todas las formas de interacción con el mundo, no nos ayuda a ganar o a abrir de nuevo nuestros ejes de resonancia. Puesto que establecer o mantener relaciones receptivas, resonantes —no sólo con las personas, también con las cosas, con los lugares y espacios y con el trabajo— requiere mucho tiempo. Por lo tanto, la tarea que tengo por delante es la de escribir una exhaustiva sociología de la resonancia que especifique las condiciones sociales bajo las cuales el mundo se vuelve receptivo o indiferente hacia nosotros, los seres humanos.

https://headtopics.com/es/nos-ponemos-m-sica-porque-estamos-muy-solos-8780916
 

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René Descartes ( Francia 1596 - 1650)



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René Descartes, también llamado Renatus Cartesius (en escritura latina) (La Haye en Touraine, 31 de marzo de 1596-Estocolmo, Suecia, 11 de febrero de 1650), fue un filósofo, matemático y físico francés, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, así como uno de los epígonos con luz propia en el umbral de la revolución científica.



El padre de la filósofia moderna


Al menos desde que Hegel escribió sus Lecciones de historia de la filosofía, en general se considera a Descartes como el padre de la filosofía moderna, independientemente de sus muy relevantes aportes a las matemáticas y la física. Este juicio se justifica, principalmente, por su decisión de rechazar las verdades recibidas, p. ej., de la escolástica, combatiendo activamente los prejuicios. Y también, por haber centrado su estudio en el propio problema del conocimiento, como un rodeo necesario para llegar a ver claro en otros temas de mayor importancia intrínseca: la moral, la medicina y la mecánica.

En esta prioridad que concede a los problemas epistemológicos, lo seguirán todos sus principales sucesores. Por otro lado, los principales filósofos que lo sucedieron estudiaron con profundo interés sus teorías, sea para desarrollar sus resultados o para objetarlo. Este es el caso de Pascal, Spinoza, Newton, Leibniz, Malebranche, Locke, Hume y Kant, cuando menos. Sin embargo, esta manera de juzgarlo no debe impedirnos valorar el conocimiento y los estrechos vínculos que este autor mantiene con los filósofos clásicos, principalmente con Platón y Aristóteles, pero también Cicerón y Sexto Empírico.20 Descartes aspira a «establecer algo firme y duradero en las ciencias». Con ese objeto, según la parte tercera del Discurso, por un lado él cree que en general conviene proponerse metas realistas y actuar resueltamente, pero prevé que en lo cotidiano, así sea provisionalmente, tendrá que adaptarse a su entorno, sin lo cual su vida se llenará de conflictos que lo privarán de las condiciones mínimas para investigar. Por otra parte, compara su situación a la de un caminante extraviado, y así concluye que en la investigación, libremente elegida, le conviene seguir un rumbo determinado. Esto implica atenerse a una regla relativamente fija, un método, sin abandonarla «por razones débiles»...



Obras

Aunque se conservan algunos apuntes de su juventud, la primera obra de Descartes fue Reglas para la dirección del espíritu, escrita en 1628, aunque quedó inconclusa, y que se publicó póstumamente en 1701. Luego Descartes escribió El mundo o tratado de la luz y El hombre, que retiró de la imprenta al enterarse de la condena de la Inquisición a Galileo en 1633, y que más tarde se publicaron a instancias de Gottfried Leibniz. En 1637 publicó el Discurso del método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias, seguido de tres ensayos científicos: La Geometría, Dióptrica y Los meteoros. Con estas obras, escritas en francés, Descartes acaba por presentarse ante el mundo erudito, aunque inicialmente intentó conservar el anonimato.

En 1641 publicó las Meditaciones metafísicas, acompañadas de un conjunto de Objeciones y respuestas que amplió y volvió a publicar en 1642. Hacia 1642 puede fecharse también el diálogo, obra póstuma, La búsqueda de la verdad mediante la razón natural.

En 1644 aparecen los Principios de filosofía, que Descartes idealmente habría planeado para la enseñanza. En 1648 Descartes le concede una entrevista a Frans Burman, un joven estudiante de teología, quien le hace interesantes preguntas sobre sus textos filosóficos. Burman registra detalladamente las respuestas de Descartes, y estas usualmente se consideran genuinas. En 1649 publicó un último tratado, Las pasiones del alma. Sin embargo, aún pudo diseñar para Cristina de Suecia el reglamento de una sociedad científica, cuyo único artículo es que el turno de la palabra corresponda rotativamente a cada uno de los miembros, en un orden arbitrario y fijo.

De Descartes también se conserva una copiosa correspondencia, que en gran parte canalizaba a través de su amigo Mersenne, así como algunos esbozos y opúsculos que dejó inéditos.


https://es.wikipedia.org/wiki/René_Descartes



“Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro”.

“Sentir no es otra cosa que pensar”

“Pienso y dudo, luego existo”.

“Apenas hay algo dicho por uno cuyo opuesto no sea afirmado".

“Los malos libros provocan malas costumbres y las malas costumbres provocan buenos libros”.

“Dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros, o ir por el buen camino”.

“Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás”.


René Descartes










 
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Principios de la Filosofía ( René Descartes)


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Principios de la Filosofía (en latín, Principia philosophiae: ) es un libro por René Descartes. En esencia es una síntesis del Discurso del Método y Meditaciones Metafísicas. Está escrito en latín, publicado en 1644 y dedicado a Isabel de Bohemia, con quien Descartes tuvo una amistad a larga distancia. La versión francesa (Les Principes de la Philosophie) se publicó en 1647. El libro principalmente pretendía reemplazar el modelo aristotélico entonces utilizado en universidades francesas y británicas. El trabajo proporciona una declaración sistemática de su metafísica y filosofía natural, y representa la primera explicación comprensible del universo mecanicista.

El libro está encuadernado con una segunda obra: Specimina philosophiae, que es una traducción del francés al latín, con revisiones, de otros escritos de Descartes, en particular Discours de la méthode (Discurso del método) de 1637.


Contenido
Descartes intentó exponer, en forma de libro de texto, todo un sistema de pensamiento acerca de la naturaleza de la materia, la naturaleza de la mente y la participación de Dios en la creación y en la puesta en marcha del universo.

El libro consta de cuatro partes:

Primera parte:
Se ocupa de la metafísica y de cuestiones como la cognición, las fuentes de conocimiento y de entendimiento humano, y la relación entre un Dios perfecto y omnisciente, y el error humano, tanto intelectual como moral. Su contenido puede ser resumido en:

  • Concepto de filosofía. La filosofía es el estudio de la sabiduría, entendido como la capacidad de conducir las actividades humanas; y también como el conocimiento perfecto de todas las cosas que un hombre puede saber para la dirección de su vida, mantenimiento de su salud, y conocimiento de las artes. Solo Dios es perfectamente sabio, y el hombre es más o menos sabio, en proporción al conocimiento que tiene de las verdades más importantes.
  • Los grados de conocimiento. Descartes identifica cuatro grados de conocimiento, que nombra común, y a un quinto que él designa como el más alto. El primer grado consiste en ideas claras y evidentes que pueden ser adquiridas sin necesidad de cualquier meditación. El segundo grado es todo aquel que es aprendido mediante los sentidos. El tercero es el que aprendemos cuándo hablamos con otros hombres. El cuarto consiste en qué podemos aprender de las escrituras de los hombres capaces de dar instrucciones buenas.
  • El más alto saber. Ha habido grandes hombres en todo cronometra aquello que han buscado una sabiduría mejor y más segura, un quinto grado de conocimiento. Esto ha consistido en el buscar las primeras causas, y los que han seguido esta búsqueda han sido llamados filósofos, pero Descartes cree que nadie ha sido exitoso todavía.
  • Duda y certeza. Desde Platón y Aristóteles ha habido una discusión sobre duda y certeza. Los que han favorecido la duda, han llegado a extremos de dudar incluso las cosas más evidentes, y los que han buscado la certeza ha confiado excesivamente en sentidos. Aunque es cierto que lo ha sido aceptado que los sentidos pueden engañarnos, según Descartes nadie todavía expresó que la verdad no puede ser basada en los sentidos, pero en el entendimiento, cuándo está fundado en percepciones evidentes.
  • Meditaciones sobre la primera filosofía. La búsqueda de las primeras causas, o verdades básicas, según lo comprendido por Descartes está en este trabajo. Explica los principios metafísicos en los que construir el resto del conocimiento.
  • El árbol de filosofía. La filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la metafísica , su tronco la física, y las ramas el resto de ciencias, principalmente medicina, mecánica, y moral que es el último nivel de cordura. En la misma manera que el árbol tiene sus frutas en sus partes exteriores, la utilidad de filosofía es también contenido en las partes que está aprendido al final.


Segunda parte:

La parte II trata sobre los principios generales de la física y la teoría de las leyes del movimiento.

Propone los principios de naturaleza —las Leyes de la Física—vistos por Descartes. Más notablemente, pone en adelante el principio que en la ausencia de fuerzas externas, el movimiento de un objeto será uniforme y en línea recta. Isaac Newton tomó prestado este principio de Descartes y lo incluyó en su propio Principia; a este día, es todavía generalmente referido como la primera Ley del Newton.

Tercera parte:


La parte III está dedicada a los fenómenos astronómicos.

Según su teoría de los vórtices postulaba que el espacio estaba ocupado por un fluido invisible (éter) que giraba formando vórtices celestes, en los que Sol era el centro de uno de ellos. Éste arrastraría planetas, los cuales serán el centro de otros vórtices más pequeños que actuarían sobre satélites como la Luna.

Descartes atacó las teorías de Copérnico argumentando que cuerpos una vez en movimiento, permanecen en movimiento en línea recta a menos que sean desviados. El cosmos cartesiano, era un mecanismo perfecto creado por Dios que funciona de manera determinista sin intervención alguna, o como lo dijo Voltaire, era como un reloj que continúa marcando la eternidad desde su creación.

Esta idea tuvo mucha fuerza porque explicaba cómo se movían los cuerpos celestes sin que actuaran fuerzas a distancia, algo inconcebible para la época. La teoría de los vórtices fue defendida en Francia durante casi cien años, incluso después de Newton.

Cuarta parte:


La parte IV se refiere a las propiedades de los minerales, los metales, los imanes y otros fenómenos naturales y su aprehensión a través de los sentidos.

Descartes propuso que la atracción magnética fue causada por la circulación de pequeñas partículas
helicoidales, "partes roscadas", que circularon a través de poros roscados paralelos en los imanes, a través del polo Sur, polo Norte, y luego a través del espacio alrededor del imán. De vuelta al polo sur. Partículas enroscadas opuestas circulaban en dirección opuesta. Cuando las "partes roscadas" se acercaron a una piedra imán o pieza de hierro, pasaron por sus poros, causando una fuerza magnética...

https://es.wikipedia.org/wiki/Principios_de_la_Filosofía
 
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Las pasiones del alma ( René Decartes)


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En el tratado de Las pasiones del alma (en francés, Les passions de l'âme), es la última obra publicada de René Descartes, completada en 1649 y dedicado a la reina Cristina de Suecia.



El autor contribuye a una larga tradición de teorización de "las pasiones". Las pasiones eran experiencias ahora comúnmente llamadas emociones en el período moderno, y habían sido tema de debate entre los filósofos naturales desde la época de Platón.

Notables precursores de Descartes que articularon sus propias teorías de las pasiones son San Agustín, Santo Tomás de Aquino y Thomas Hobbes.



Origen
En 1643, Descartes comenzó una prolífica correspondencia con la princesa Isabel de Bohemia y del Palatinado, en la que respondió a sus preguntas morales, especialmente sobre la naturaleza de la felicidad, las pasiones y la ética. Las pasiones del alma se escribió como una síntesis de este intercambio.

Amélie Rorty afirma que el examen de las pasiones presentes en el trabajo de Descartes juega un papel importante en ilustrar el desarrollo de la percepción de la mente cognitiva en la sociedad occidental. De acuerdo con su artículo "De las pasiones a las emociones y sentimientos", la necesidad de Descartes de reconciliar la influencia de las pasiones en seres de otra manera racionales marca un punto claro en el avance de la autoestima humana, en paralelo con el método científico cada vez más racional


En el contexto del desarrollo del pensamiento científico en el siglo XVII, que abandonaba la idea del cosmos en favor de un universo abierto guiado por leyes inviolables de la naturaleza (véase Alexandre Koyré), las acciones humanas ya no dependían de la comprensión del orden y el mecanismo del universo (como había sido la filosofía griega), sino entender el funcionamiento esencial de la naturaleza.


Fue en este contexto que Descartes quiso hablar de las pasiones, ni como un moralista ni desde una perspectiva psicológica, sino como un método para explorar un aspecto fundamental de la ciencia natural. "Mi propósito no es explicar las pasiones como orador", escribió en una carta a su editor fechado el 14 de agosto de 1649, "ni siquiera como filósofo, sino solo como físico". Al hacerlo, Descartes no solo rompió de la tradición aristotélica (según la cual los movimientos del cuerpo se originan en el alma), pero también las tradiciones estoicas y cristianas que definieron las pasiones como las enfermedades del alma y que dictan que sean tratadas como tales.2 Así, Descartes afirmó que las pasiones "son intrínsecamente buenas y que todo lo que tenemos que evitar es su mal uso o su exceso".


Relación entre filosofía moral y ciencia

En el contexto mecanicista de la vida que estaba ganando popularidad en la ciencia del siglo XVII, Descartes percibió el cuerpo como una máquina autónoma, capaz de moverse independientemente del alma. Fue a partir de esta percepción fisiológica del cuerpo que Descartes desarrolló sus teorías sobre las pasiones del alma. Anteriormente considerada como una anomalía, las pasiones se convirtieron en un fenómeno natural, que necesitaba una explicación científica.


La noción de pasión
El tratado se basa en la filosofía desarrollada por Descartes en sus trabajos anteriores, especialmente la distinción entre cuerpo y alma: la sustancia pensante (res cogitans) es incorpórea, mientras que el cuerpo es físico (res extensa) pero no piensa y se define principalmente por su forma y movimiento. Esto es lo que se conoce como dualismo cartesiano. En Las pasiones de alma, Descartes explora aún más el misterioso problema mente y cuerpo.

Las pasiones como Descartes las entendió, corresponden aproximadamente a los sentimientos que ahora se llaman emociones, pero existen varias distinciones importantes entre los dos. En principio, las pasiones, como lo sugiere la etimología de la palabra, son por naturaleza sufridas y soportadas, y por lo tanto son el resultado de una causa externa que actúa sobre un sujeto.3 En contraste, la psicología moderna considera que las emociones son una sensación que se produce dentro de un sujeto y, por lo tanto, es producida por el sujeto en sí.

En Las pasiones del alma, Descartes define las pasiones como "las percepciones, sensaciones o conmociones del alma que relacionamos particularmente con el alma y que son causadas, mantenidas y fortalecidas por algún movimiento de los espíritus" (art. 27).
4 Los "espíritus" mencionados en esta definición son "espíritus animales", una noción fundamental para entender la fisiología de Descartes. Estos espíritus funcionan en una capacidad similar al sistema nervioso de la medicina moderna. Descartes explica que estos espíritus animales se producen en la sangre y son responsables de la estimulación física que hace que el cuerpo se mueva. Al afectar los músculos, por ejemplo, los espíritus de los animales "mueven el cuerpo de todas las maneras diferentes en que es capaz de hacerlo" (art. 10).5

Descartes no rechaza en principio las pasiones; en cambio, subraya su papel beneficioso en la existencia humana. Sostiene que los humanos deben trabajar para comprender mejor su función para controlarlos en lugar de ser controlados por ellos. Por lo tanto, "[e] incluso aquellos que tienen las almas más débiles podrían adquirir un dominio absoluto sobre todas sus pasiones si trabajaran lo suficiente como para entrenarlos y guiarlos" (art. 50).



Organización del tratado


La organización del libro es indicativa de la filosofía del autor. Aplicando su famoso método a la filosofía moral, Descartes representó el problema de las pasiones del alma en términos de sus componentes integrales más simples. Él distingue entre seis diferentes pasiones fundamentalmente distintas:

Pero no hay muchas pasiones simples y básicas ... verás fácilmente que solo hay seis: maravilla, amor, odio, deseo, alegría, tristeza. Todos los demás están compuestos de algunos de estos seis o son especies de ellos. Así que te ayudaré a encontrar tu camino a través de la gran multitud de pasiones tratando las seis básicas por separado y luego mostraré cómo todas las demás se derivan de ellas. —Descartes, "Pasiones del alma", artículo 69
Son con estas seis pasiones primarias (admiración, amor, odio, deseo, alegría y tristeza) que Descartes comienza su investigación sobre sus efectos fisiológicos y su influencia en el comportamiento humano. Luego sigue combinando las seis pasiones para crear una imagen holística de las pasiones.

La obra se divide en tres partes, titulada:

Las pasiones en general e incidentalmente toda la naturaleza del hombre
El número y orden de las pasiones y explicaciones de las seis pasiones básicas
Pasiones específicas

El trabajo se divide aún más, dentro de las tres partes mayores, en 212 artículos cortos que rara vez exceden algunos párrafos de longitud.


Problemas filosoficos

Según Michel Meyer, Passions es una de las obras publicadas más importantes de Descartes.6 Descartes escribió el tratado en respuesta a una aguda ansiedad filosófica y, sin embargo, al hacerlo, se arriesgó a destruir la totalidad de su trabajo anterior y el sistema cartesiano.


El problema surge del hecho de que las pasiones, basadas inextricablemente en la naturaleza humana, amenazan la supremacía del sujeto pensante en el que Descartes basó su sistema filosófico, en particular en Discurso del método. Descartes había convertido el tema del pensamiento en el fundamento de la certeza objetiva en su famosa afirmación: "Pienso, luego existo". Fue en este sistema donde se basó la posibilidad de conocer y comprender el mundo. Al permitir que las pasiones pudieran interrumpir el proceso de razonamiento dentro de un ser humano, permitió una falla inherente en esta prueba. Y si el hombre se vio obligado a dudar de la verdad de sus propias percepciones, ¿en qué podría basar su comprensión del mundo natural?

Además, otra distinción entre los escritos de Descartes sobre física y aquellos sobre la naturaleza humana que se pueden encontrar en Pasiones es su relación con la teleología aristotélica.7 Mientras que Descartes discute la existencia de una causa final en la física, la naturaleza de su trabajo en el examen de los orígenes y funciones de los deseos en el alma humana exige la existencia de un objetivo final hacia el cual el individuo está trabajando.


La combinación de las pasiones

Las pasiones atacan el alma y obligan al cuerpo a cometer acciones inapropiadas. Por lo tanto, fue necesario que Descartes estudie en la segunda parte de su tratado los efectos particulares de cada pasión por separado y sus formas de manifestación. El estudio de las pasiones nos permite comprender y explicar mejor estos elementos que, de otro modo, podrían perturbar las capacidades de razonamiento racional de un humano.

Al mismo tiempo, la modernidad de Descartes también debe ser apreciada. Incluso mientras describe las pasiones y sus efectos, nunca emite una prohibición general contra ellos como defectos humanos fatales que deben evitarse a toda costa. Los reconoce como un aspecto inherente de la humanidad, que no deben tomarse como aberraciones. Además, el papel de las pasiones sobre el cuerpo no es insignificante. Descartes indica que deben ser aprovechados para aprender cuáles son buenos y malos para el cuerpo y, por lo tanto, para el individuo (art. 211 y 212).

Así, la mayor parte del trabajo está dedicado a enumerar las pasiones y sus efectos. Comienza con las seis pasiones básicas y luego toca las pasiones específicas que se derivan de su combinación. Por ejemplo, el desprecio y la estima son dos de las pasiones derivadas de la pasión básica de admiración (art. 150). La pasión que más valoró Descartes es la generosidad por el efecto positivo que tiene sobre el individuo (art. 153).


Controlar las pasiones
Para Descartes, nada podría ser más perjudicial para el alma y, por lo tanto, el proceso de pensamiento, que es su función principal (art. 17), que el cuerpo (art. 2). Sostuvo que las pasiones no son dañinas en sí mismas. Sin embargo, para proteger la independencia de los pensamientos y garantizar la comprensión de la realidad de un hombre, indicó que es necesario conocer las pasiones y aprender a controlarlas para darles el mejor uso posible. También es necesario, por lo tanto, que un hombre se esfuerce por dominar la separación que existe entre el cuerpo corporal y la mente.


La influencia de las pasiones del alma
En su examen de las ideas erróneas modernas y populares de la filosofía de Descartes, Lilli Alanen sostiene que Gilbert Ryle, autor de The Concept of Mind (1949) se asocia comúnmente con una aplicación moderna de la filosofía de Descartes tal como se expone en las Pasiones. Según Alanen, Ryle describe al verdadero hombre como el "Fantasma en la máquina", separando completamente el cuerpo físico y de la "mente" metafísica que en realidad también encapsula el espíritu. Alanen sostiene que esta filosofía es más parecida a la de Platón, mientras que la de Descartes permanece más ligada a Aristóteles. La confusión que une a Ryle con Descartes se deriva de una confusa mezcla de metáforas; Descartes y sus contemporáneos conceptualizaron la mente como una cosa de proporciones físicas (aunque inconcebibles), lo que permitió una diferenciación entre el sentido "interno" y el "externo". Esto se vincula con el discurso de Descartes, que derivó el conocimiento y la comprensión de las realidades externas sobre la base de la certeza interna.

 
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Voltaire, un espíritu libre


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Representante del movimiento ilustrado, Voltaire fue uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos. Considerado uno de los arquitectos de la Revolución Francesa, fue, sin duda, una de las mentes más brillantes que Francia ha dado. Este polifacético escritor ha dejado un interesante y heterogéneo legado literario, en el que cabe destacar sus relatos y los libros donde expresaba su polémica ideología.




François-Marie Arouet
(tal era su verdadero nombre) nació el 21 de noviembre de 1694 en París, en el seno de una familia burguesa. Hijo de un notario, estudió en la más prestigiosa escuela del momento: el colegio jesuita Louis- le- grand.

A pesar de la estricta disciplina impuesta por los jesuitas, el joven Voltaire pronto se dio cuenta de que era un espíritu libre y empezó a cuestionar la validez de la monarquía y la religión. Poco después, su padrino lo introdujo en la sociedad libertina del Temple.

Fue secretario de embajada en La Haya en 1713, ciudad que tuvo que abandonar tras mantener un affaire con la hija de un refugiado hugonote. De vuelta en París, empezó a escribir unos versos irrespetuosos, que ponían en tela de juicio el poder del rey y a causa de los cuales fue encerrado en la famosa prisión de la Bastilla (1717).

Al salir de la cárcel, fue desterrado a Châtenay, donde empezó a firmar sus escritos bajo el nombre de Voltaire. No había transcurrido mucho tiempo cuando Voltaire volvió a vivir en la oscuridad de la Bastilla tras un altercado con el caballero de Rohan. Una vez puesto en libertad, fue exiliado a Gran Bretaña donde recibió una cálida acogida por parte de los medios literarios y comerciales. De esta época son sus obras «Henriade«, «Bruto«, «La historia de Carlos XII» o «El templo del gusto«.

En 1734 escribió su obra más polémica: «Cartas filosóficas«. En ellas, Voltaire convierte un reportaje sobre Gran Bretaña en una ácida crítica al régimen francés. Una vez más, fue condenado a prisión pero logro escapar y refugiarse en Cirey, donde trabó amistad con la marquesa de Châtelet. Gracias a ésta, Voltaire fue ganando prestigio ante los ojos del rey, siendo nombrado historiógrafo real de Luis XV. Asímismo, en 1746, el pensador francés ingresó en la Academia Francesa.

Su rivalidad con el dramaturgo Crébillon y la muerte de la marquesa contribuyeron a su desprestigio ante la corte. Por ello, en 1750, invitado por Federico II, se mudó a Postamdonde escribiría «El siglo de Luis XIV«, «Micrógenas» y «Zadig«.

Voltaire no tenía un carácter fácil y, tras enemistarse con Federico II se trasladó a Ginebra. Allí se encontró con que su pensamiento liberal chocaba con la rígida mentalidad calvinista. Su irrespetuoso poema sobre Juana de Arco, «La doncella» (1755), y su colaboración en la Enciclopedia chocaron con el partido de los católicos.

A estas obras siguieron otras de igual o mayor polémica. Durante 18 años, Voltaire se dedicó casi exclusivamente a la escritura y al pensamiento. Multiplicó sus escritos polémicos y subversivos, con el fin de «aplastar al infame», es decir, el fanatismo clerical. Cabe destacar aquí la importancia de algunos escritos como «Tratado de la tolerancia» (1763) o «Diccionario filosófico» (1764).

Voltaire criticó el sistema judicial francés, motivo por el cual en 1778 entraría en París por la puerta grande, con el cariño y admiración del pueblo que le ofreció un recibimiento triunfal. Murió pocos meses después, dejando escritas estas palabras: «Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, no odiando a mis enemigos y detestando la superstición».

 
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20 Frases de Voltaire | Filósofo que inspiró la Revolución Francesa


 
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VOLTAIRE (CARTAS FILOSÓFICAS/ 1)

En las Cartas filosficas, Voltaire elogia la Inglaterra del siglo XVIII, en aspectos tanto religiosos como polticos e, incluso, filosficos y humansticos. Un total de 25 cartas forman esta obra de la cual, la ltima parte est dedicada a criticar los pensamientos de Pascal, filsofo religioso del siglo XVII. En las Cartas filosoficas, Voltaire elogia la Inglaterra del siglo XVIII, en aspectos tanto religiosos como politicos e, incluso, filosoficos y humanisticos. Un total de 25 cartas forman esta obra de la cual, la ultima parte esta dedicada a criticar los pensamientos de Pascal, filosofo religioso del siglo XVII." En las Cartas filosóficas, Voltaire elogia la Inglaterra del siglo XVIII, en aspectos tanto religiosos como políticos e, incluso, filosóficos y humanísticos. Un total de 25 cartas forman esta obra de la cual, la última parte está dedicada a criticar los pensamientos de Pascal, filósofo religioso del siglo XVII.



 
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Tratado sobre la tolerancia ( Voltaire)







En 1685, Luis XIV revoca el edicto de Nantes, que permitía la libertad de cultos en Francia. En este clima de intolerancia religiosa, Voltaire escribe el Tratado sobre la tolerancia con ocasión de la muerte de Jean Calas y anima al resto de los filósofos a hacer la guerra sistemáticamente, al Infame, es decir, a cualquier religión, pero, sobre todo, a la católica de Roma. Voltaire, a diferencia de Rousseau, pretende pasar de una oposición meramente intelectual a una lucha activa centrada en los casos particulares. El caso de Jean Calas, comerciante jansenista que fue declarado culpable en un juicio manipulado, y ajusticiado por un delito no cometido, iba a ser la primera aplicación de esa consigna que daba al resto de los filósofos.
Voltaire organiza los datos de que dispone en una estrategia de combate sin antecedentes en la historia y que sólo puede compararse con una moderna campaña de prensa. La historia de los Calas es, en el Tratado sobre la tolerancia, un trampolín para hacer un juicio al fanatismo: de los detalles particulares Voltaire se eleva a las alturas bíblicas, históricas, metafísicas y conceptuales sin olvidar el recurso a los detalles del sentimiento personal. El autor se encarna en los perseguidos para buscar el triunfo final de la filosofía y de las luces sobre el Infame.
 
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Ernst Cassirer ( Polonía, 1874 - 1945)


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"El hombre no solamente piensa el mundo por medio del lenguaje. Su visión del mundo está ya determinada por su lenguaje”.

Ernst Cassirer



Ernst Cassirer (Breslavia, 28 de julio de 1874Nueva York, 13 de abril de 1945) fue un filósofo de origen prusiano y judío, ciudadano sueco desde 1939. Ejerció la docencia en la Universidad de Hamburgo. Alineado en la dirección neokantiana de la escuela de Marburgo, ha tratado de los problemas gnoseológicos y epistemológicos en el sentido del idealismo crítico. Fue conocido por su obra Filosofía de las formas simbólicas del campo de la filosofía de la cultura. También realizó contribuciones a la epistemología, a la filosofía de la ciencia y a la historia de la filosofía.


Cassirer nació en Breslavia, Silesia, al sudoeste de Polonia. Hijo del comerciante judío alemán Eduard Cassirer, pertenece a una de las generaciones más brillantes del pensamiento europeo. En 1892 empezó a estudiar derecho, pero pronto pasó a estudiar literatura alemana y filosofía en la Universidad de Berlín. A partir de 1896 se cambió a la Universidad de Marburgo, donde se adscribió al neokantismo. En 1899 se doctoró bajo la tutela de Paul Natorp con un trabajo sobre Descartes titulado Kritik der mathematischen und naturwissenschaftlichen Erkenntnis.





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El volumen I versa acerca de la manera en que el lenguaje influye en la construcción simbólico-antropológica del mundo, es decir, acerca de lo propiamente humano.

En el volumen II, Cassirer emprende una crítica a lo que denomina “conciencia mítica”. En ese sentido, el mito se convierte en símbolo por su facultad creativa , indicadora y explicativa.

El volumen III está dedicado a explorar la fenomenología del conocimiento, así como la “gramática” de la función simbólica, “llave para abrir el tesoro de nuestra propia cultura”, pues Cassirer considera necesario captar las formas simbólicas como creaciones nuestras.
 

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