Cuadernos de Filosofía (1 Viewer)

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De Aristóteles a Bauman: los secretos de la filosofía para lograr la felicidad



ILUSTRACIONES: LUIS PAREJO



Desde Aristóteles hasta hoy, una de las obsesiones de la filosofía ha sido analizar la dicha y, sobre todo, los distintos métodos para alcanzarla. Ahora, la pensadora Victoria Camps recoge los principales hallazgos de su disciplina un libro

Lea las primeras páginas de 'La búsqueda de la felicidad'



Los antiguos griegos lo denominaban "eudaimonía", un término bastante escurridizo que incluye el concepto de suerte. En inglés se llama "happiness", palabra que procede del verbo "hap": tener suerte. En francés se refieren a ella como "bonheur", vocablo resultante de la unión de "bon" (bueno) y "heur" (suerte). En italiano, portugués y español se la conoce respectivamente como "felicità", "felicidade" y "felicidad", voces todas ellas procedentes del latín "felix", afortunado

Pero aunque la suerte puede ayudar a conseguir la felicidad, no basta. La felicidad, como decía Bertrand Russell, es una conquista, hay que trabajársela.

Es evidente que la felicidad es lo más demandado y lo más universal desde que existe la humanidad. Es decir: desde hace 400.000 años es lo más buscado, lo más ansiado. Los psicólogos evolucionistas aseguran que es precisamente esa búsqueda de felicidad lo que nos ha permitido sobrevivir como especie durante todo este tiempo, concediéndonos una ventaja adaptativa respecto al resto de seres vivos.

La pregunta es: ¿cómo demonios se consigue la felicidad?


La filosofía, la disciplina que intenta explicar la realidad y el sentido del obrar humano, nunca se ha dedicado específicamente a tratar de determinar en qué consiste exactamente ser feliz, un concepto difícil e incluso impenetrable. Pero la filosofía sí que da por sentado que la búsqueda de la felicidad es el objetivo final del ser humano y sí que se ha ocupado de estudiar los medios para conseguirla.

De ahí que Victoria Camps, filósofa, catedrática emérita de Filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona y desde octubre pasado miembro permanente del Consejo de Estado, analice ahora en un libro delicioso, En busca de la felicidad (editorial Arpa), las principales reflexiones y aportaciones de numerosos filósofos alrededor de ese concepto.

Al fin y al cabo la felicidad siempre ha estado vinculada a la ética, un concepto en el que Camps es experta y que fue establecido por los filósofos griegos, quienes consideraban que para conseguir la felicidad cada persona debía esmerarse en construir un "ethos", una manera de ser que le disponga y le ayude a vivir bien. "Y vincular la felicidad a la ética significa que aquella reside en el carácter o en la personalidad de cada uno, más que en un código o en un listado de normas que hay que acatar", sentencia Camps.

Aristóteles fue el primer filósofo que se concentró de manera más sistemática en analizar la felicidad. Estaba convencido de que obrar bien, llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz.





SIN AMIGOS, SIN AFECTOS, PENSANDO SÓLO EN UNO MISMO, SEGURAMENTE ES MUY DIFÍCIL, SI NO IMPOSIBLE, LOGRAR LA FELICIDAD.




Victoria Camps

¿Significa eso que los corruptos, los viciosos o los libertinos no pueden ser felices? Esa es justo la cuestión que plantea Calicles, un sofista (aunque no está del todo claro que lo fuera) que aparece en un diálogo de Platón titulado Gorgias. Calicles defiende con vehemencia que, en realidad, nadie quiere ser ético y virtuoso y que, si lo es, es porque no le queda otro remedio, porque se impone el poder coercitivo de la ley o, simplemente, el miedo a ir contracorriente.

Calicles, desafiando a Sócrates, llega a plantear un gran dilema moral: ¿es mejor sufrir una injusticia o perpetrarla? La ética y la filosofía socrática mantienen que, evidentemente, es preferible padecer una injusticia que cometerla. Y concluyen que quien comete injusticias no lleva una vida ética y tiene vedada por tanto la felicidad.

Pero Calicles rechaza eso. Sostiene que un tirano --la persona más injusta del mundo-- puede ser feliz, inmensamente feliz. "O los corruptos hoy, quienes pueden vivir muy bien", apuntilla Victoria Camps. El único argumento (bastante débil, por cierto) con el que Sócrates trató de rebatirle fue diciendo que ese tirano (o corrupto) viviría siempre angustiado por el miedo a que le pillaran.

También fueron filósofos griegos los que postularon que la felicidad se conseguía viviendo una vida simple y acorde con la naturaleza. Así, cuando Alejandro Magno se topó con Diógenes de Sinope, un famoso filósofo de la escuela cínica que rechazaba los bienes materiales, y le vio desnudo y tumbado a orillas de un río, le propuso: "Pídeme cualquier cosa y te lo concederé ". A lo que Diógenes, sin inmutarse lo más mínimo, le contestó: "Lo único que quiero es que te apartes, me tapas el sol".

Los estoicos, los filósofos griegos que más han abundado en el tema de la felicidad, bebieron mucho de los cínicos. Pero fueron aún más allá. También ellos consideraban que había que vivir conforme a la naturaleza y que la felicidad se alcanzaba llevando "una vida digna de ser vivida". Y para ello, decían, había que tener claro lo que depende de uno, lo que no depende de uno y aceptar esto último sin más, "con indiferencia" por usar sus propias palabras.

Los seguidores de esa escuela tenían muy claro que la vida no es un lecho de rosas, eran plenamente conscientes de la vulnerabilidad de los seres humanos, y defendían que no había que angustiarse por ejemplo ante la muerte, dado que la misma es inevitable. "Pero muchas veces es muy duro pedir al ser humano que sea insensible ante los infortunios, las desavenencias, la muerte, la enfermedad...", subraya Victoria Camps.

A la filosofía griega en general hay que hacerle dos acotaciones. La primera: considera que el bien colectivo está por encima del bien individual, que "el todo es más que la suma de las partes", como decía Aristóteles. Y la segunda precisión: su concepto de felicidad se limitaba a los hombres libres, a quienes se dedicaban a la vida pública. Ni las mujeres ni los esclavos tenían por tanto acceso a la felicidad.

De la felicidad colectiva a la individual
Todo eso cambia con la llegada de la modernidad. Después de la Edad Media, en la que el concepto de felicidad se pospone hasta la muerte y la entrada en el reino de los cielos, en la modernidad la felicidad pa asde ser un concepto colectivo a convertirse en un concepto puramente individual. Y, sobre todo, a ser sinónimo de libertad, de independencia, de poder hacer cada uno lo que quiera con su vida. Aunque, para ello, el Estado debe de garantizar unas condiciones materiales mínimas.

En realidad Pico della Mirandola, un pensador italiano del siglo XV, ya anticipó todo eso cuando escribió su célebre Oratio de hominis dignitate (Discurso sobre la dignidad del hombre), donde señala que la dignidad humana consiste en poder escoger cómo vivir. A diferencia de los animales, que siguen irremediablemente el instinto, los humanos pueden decidir qué hacer con su vida, si obrar bien o mal.

Esa idea alcanza su máximo esplendor en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, publicada el 4 de julio de 1776 y que recoge el derecho a buscar la felicidad como un derecho humano. "Todos los hombres son creados iguales; dotados de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad", dice literalmente el texto, que pone los cimientos de los derechos sociales y del Estado de bienestar. Un logro que, paradójicamente, no es atribuible a Estados Unidos sino a Europa.

"Pero, ¿se puede lograr la felicidad pensando sólo en uno mismo? ¿Puede ser la felicidad una empresa individual? Yo creo que no", nos dice Victoria Camps. De hecho, todos los filósofos consideran que tener amigos es una condición necesaria para alcanzar la felicidad. Aunque tal vez quien más haya enfatizado en ello haya sido el francés Michel de Montaigne, quien ya en el siglo XVI consideró como una de las grandes desgracias de su vida el perder a su mejor amigo.

"Sin amigos, sin afectos, pensando sólo en uno mismo, seguramente es muy difícil -si no imposible- lograr la felicidad", reitera Camps. Pero, de todas las aproximaciones a la felicidad que ofrece la filosofía, ¿con cuál se queda Victoria Camps? "Con ninguna. Todas tiene algo interesante, pero también algo criticable o excesivo", subraya. "Para mí la felicidad es saber mantener las ganas de vivir, algo que no deja de ser muy spinoziano. Es decir sí a la vida, a pesar de todas las dificultades. Y eso es algo que se aprende. La suerte cuenta, claro está, pero no es sólo suerte".

En ese sentido, para Camps la única y verdadera autoayuda en la búsqueda de la felicidad es la cultura. "Un proyecto de vida rico culturalmente. Se trata no sólo de adquirir cosas, sino de que el ser humano tenga recursos que le ayuden en los momentos más difíciles".

-¿Usted es feliz?

-No del todo. Siempre queda algo. Pero me siento afortunada: he podido hacer lo que he querido, he trabajado en lo que me gusta, tengo un conjunto de afectos, tengo familia, tengo amigos... No se puede lograr la felicidad absoluta. Además es necesario no lograrla para así seguir en el camino



Cronología de la felicidad


  1. Antiguos griegos: Vivir bien, obrar con ética y llevar una vida virtuosa es el camino para ser feliz. La dedicación a la vida pública es el más excelso camino hacia la felicidad.
  2. Estoicos: Hay que vivir de acuerdo con la naturaleza y aceptar las limitaciones humanas. Lo que no depende de nosotros --por ejemplo, la muerte-- debe aceptarse con indiferencia.
  3. Edad Media: El concepto de felicidad se empapa de doctrina cristiana. Hay que comportarse en la vida terrenal según la ley divina para así poder salvarse, porque sólo en el 'otro mundo' se encuentra la verdadera felicidad.
  4. Renacimiento: Con el racionalismo, el camino para ser feliz no es la obediencia a unas normas religiosas o morales universales, sino la profundización en el conocimiento de lo que nos rodea y de nosotros mismos.
  5. Ilustración: Todos, dentro de nosotros, sabemos lo que está bien y lo que está mal. Aunque no nos obligue ninguna norma externa, debemos de cumplir con ese "imperativo categórico", lo que no garantiza la felicidad pero nos hará dignos de ella.
  6. Modernidad: La felicidad pasa a ser sinónimo de libertad de poder hacer cada uno lo que quiera con su vida. Sin libertad, la búsqueda de la felicidad no es posible. La Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) recoge el derecho a buscar la felicidad: "Todos los hombres son creados iguales; dotados de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad".
  7. Revolución industrial y capitalismo: El individuo debe ser libre para decidir quién es y cómo desea vivir. Esa libertad va de la mano de otro derecho: el derecho a la propiedad. Hay que ser libre para intentar ser feliz y ser libre se materializa en la condición de propietario.
  8. Marxismo: El 'explotado' no es libre, aunque formalmente se le reconozca libertad. Sin acceso a la educación, a la protección de la salud y a la seguridad social no se dan las condiciones necesarias para tener una vida digna y poder aspirar a la felicidad.
  9. Estado de bienestar: Durante el siglo XX, en la mayor parte de países de la Europa Occidental el Estado comienza a dar protección social a los segmentos de población más desfavorecidos y a llevar a cabo una mínima distribución de la riqueza. Se garantizan así los bienes necesarios básicos para que cada uno pueda vivir como quiera y buscar la felicidad.
  10. Actualidad: Queremos satisfacer inmediatamente cualquier deseo, sin calcular si se trata de un deseo superfluo o necesario. No aceptamos los límites de la condición humana: el dolor, la enfermedad, el envejecimiento, la muerte... Se busca una respuesta técnica (autoayuda) o medicalizada para todo, buscamos resolverlo todo con una píldora. La felicidad se convierte en una industria.

https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/02/01/5c52e8e521efa0292e8b4661.html
 
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Anaxágoras de Clazomene

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Vida y pensamiento de Anaxágoras
Sección publicada en webdianoia.com por primera vez el 3 de diciembre de 2001

Biografía
Nació Anaxágoras en Clazomene, en Asia Menor, hacia el año 500 antes de Cristo, viviendo su juventud en una época, pues, en la que Clazomene había sido sometida al imperio persa, tras la represión de la revuelta Jonia. Posteriormente se trasladó a Atenas, ciudad en la que residiría la mayor parte de su vida, siendo maestro, y posteriormente amigo, de Pericles, entre otros atenienses ilustres. Precisamente esa amistad le supuso ser acusado de impiedad por los enemigos de Pericles y verse obligado a abandonar Atenas, refugiándose en Lámpsaco, una de las colonias de Mileto en Jonia. Diógenes Laercio nos dice, en su Vida de filósofos ilustres, que respecto a su condena hay varias opiniones, pues Soción, en las Sucesiones de los filósofos, dice que Cleón le acusó de impiedad, por haber dicho que el sol es una masa de hierro encendido, pero que lo defendió Pericles, su discípulo, y sólo fue condenado a pagar cinco talentos y salir desterrado. Sátiro escribe sus Vidas que lo acusó Tucídides, por ser éste contrario a las resoluciones de Pericles en la administración de la República. Que no sólo lo acusó de impiedad, sino también de traición, y que ausente, fue condenado a muerte. Habiéndole dado la noticia de su condena y de la muerte de sus hijos, respondió a lo primero que hacía mucho tiempo que la naturaleza había condenado a muerte tanto a sus acusadores como a él. Y a lo segundo, que sabía que los había engendrado mortales. Algunos atribuyen esto a Solón; otros, a Jenofonte.

Pensamiento
Anaxágoras expuso sus doctrinas filosóficas en un libro del que apenas nos han llegado algunos fragmentos. Aristóteles, en la Metafísica, 1, 3, nos dice que Anaxágoras de Clazomene, primogénito de Empédocles, no logró exponer un sistema tan recomendable. Pretende que el número de los principios es infinito. Casi todas las cosas formadas de parte semejantes, no están sujetas, como se ve en el agua y el fuego, a otra producción ni a otra destrucción que la agregación o la separación; en otros términos, no nacen ni perecen, sino que subsisten eternamente. Y más adelante (Metafísica,1,7) nos dice según Anaxágoras, todo está mezclado, excepto la inteligencia; la inteligencia sólo existe pura y sin mezcla. Resulta de aquí, que Anaxágoras admite como principios: primero, la unidad, porque es lo que aparece puro y sin mezcla; y después otro elemento, lo indeterminado antes de toda determinación, antes que haya recibido forma alguna.

Al igual que Empédocles, Anaxágoras se enfrentará al problema de explicar el cambio admitiendo la permanencia del ser, tal como se desprende de los postulados parmenídeos. El ser no puede generarse ni corromperse; no puede haber propiamente hablando nacimiento ni destrucción, sino simplemente mezcla o separación de las cosas que existen. La solución de Anaxágoras será también una solución pluralista, al estilo de la de Empédocles. Pero, a diferencia de éste, en lugar de cuatro elementos afirmará la existencia de un número infinito de ellos, cada uno poseyendo las características del ser parmenídeo es decir, la eternidad, la inmutabilidad.



Estos elementos originarios o "semillas" como le llama Anaxágoras se distinguen unas de otras cualitativamente. La mezcla de estas semillas es lo que constituye los objetos de la experiencia; cuando en un objeto predomina un tipo determinado de semillas le atribuimos al objeto la propiedad de las partículas predominantes, ya que, en los objetos de la experiencia, hay partículas de todas las cosas. Eso explicaría la transformación de unas cosas en otras: si los vegetales que nosotros ingerimos se convierten en carne es preciso que haya carne (partículas o semillas de carne) en dichos vegetales. En ese sentido debería entenderse la afirmación de que hay porciones de todo en todas las cosas. Así, en un trozo de oro hay partículas de todas las demás cosas, pero predominan las partículas de oro, por lo que le llamamos simplemente oro.

¿Cómo se produce esa agregación y esa separación de las semillas? Aquí hace intervenir Anaxágoras un elemento novedoso en la especulación filosófica: el Nous o inteligencia. El movimiento de las partículas o semillas estaría sometido a la inteligencia; sin embargo, el papel de la inteligencia queda reducido al de causa inicial del movimiento que, una vez producido, sigue actuando por sí mismo sometido a causas exclusivamente mecánicas. Las partículas son sometidas por el Nous a un movimiento de torbellino que será la causa de la constitución de todas las cosas tal como nosotros los conocemos.

Este Nous, Mente o inteligencia, es concebido por Anaxágoras como algo infinito y autónomo, y separado de la semillas y de todas las demás cosas que existen, llamándole la más fina y pura de todas las cosas, poseedor de todo el saber sobre cualquier asunto y del mayor poder. También le concibe como ocupando un espacio, por lo que parece que Anaxágoras mantiene una concepción material del Nous o Mente, formado de la materia más pura y más sutil, pero lejos todavía de una concepción inmaterial o incorpórea del ser. No obstante se le considera como el primero que introduce el recurso a un principio espiritual o intelectual, aunque, según las quejas expresadas por Aristóteles en la "Metafísica", haya recurrido a él sólo cuando la explicación por causas materiales le resultaba imposible.
https://www.webdianoia.com/presocrat/anaxagoras.htm
 
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LAS DUDAS EXISTENCIALES
3 filósofos fueron al Metro para contestar las dudas de la gente. Esto les preguntaron
La Asociación Filosófica Americana trata de llevar la disciplina al ámbito público. Su propuesta "pregunta a un filósofo" en la ciudad de Nueva York ha tenido éxito





Foto: iStock.



ADA NUÑO

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FILOSOFÍA
METR0
NUEVA YORK
PREGUNTAS Y RESPUESTAS



07/03/2019


Si hay algo que la filosofía puede enseñarnos es que, como diría Descartes, solo sabemos que no sabemos nada. Quizá en el fondo vivimos en la cueva de Platón, intentando salir afuera para conocer la realidad, mientras seguimos sin entender una palabra de 'La crítica de la razón pura' de Kant. Lo único cierto es que esta maltratada profesión trata de dar respuesta a todas las preguntas de la vida, empezando por entender qué hacemos aquí y dónde vamos.



Al ser, como decíamos, una profesión maltratada, no podemos evitar pensar en los filósofos como griegos con túnicas o personas que divagan demasiado y a las que les gusta fumar. Entonces, si te encontraras con uno por la calle y pudieras pararte a preguntar cualquier cosa, ¿lo harías? Y, más importante, ¿qué duda te asaltaría y querrías que te contestaran?


"Pregunte a un filósofo"

Pues ha sucedido. Informa 'AlterNet' que tres filósofos, en la ciudad de Nueva York, decidieron sentarse a las puertas del metro para responder las preguntas de todo aquel que pasara. Se trata de una iniciativa llevada a cabo por la Asociación Filosófica Americana, que promueve la disciplina y su profesión, tanto académicamente como en el ámbito público y que se reúne anualmente en la calle en enero. Al principio pensaban que sería igual que la historia del músico famoso que decidió tocar en un vagón y al que nadie miraba ni prestaba atención. Sin embargo, después de un rato sentados, una mujer mayor observó el cartel de "Pregunte a un filósofo", y sonriendo, se acercó.


"Estoy felizmente jubilada y divorciada, tengo sesenta años y no quiero perder más tiempo, ¿qué puedo hacer?" fue lo que preguntó. Mientras los tres filósofos trataban de dar respuesta a su duda, explicando que solo ella podía encontrar el verdadero sentido a su vida, más gente fue acercándose y pronto se convirtió en una multitud. Parecía que era solo para escuchar, pero en realidad todos tenían sus propias preocupaciones existenciales.

"¿Cómo puedo saber si soy real?", preguntó ella. "Cierra los ojos...", le contestaron


"Tengo 20 años", dijo una chica. "Debería ser el momento más feliz de vida y, sin embargo, me siento vacía, ¿por qué?". Le explicaron entonces que la felicidad es un viaje, no un destino. Es difícil conservarla si no has salido de un agujero negro de nuevo hacia la luz o te ha sucedido algo verdaderamente bueno: cuando te encuentras en un mismo estado durante mucho tiempo es difícil saber si eres feliz o no. "Como decía Aristóteles", continuaron, "la felicidad es aquello que escogemos por encima de todo, antes que las riquezas o el placer".

Cuando ya todo el mundo parecía a punto de marcharse y ellos estaban recogiendo sus cosas, una niña pequeña acompañada de su madre, con una sonrisa en la cara, se acercó. "¿Tienes una pregunta filosófica?", preguntó uno de ellos, que aún no había hablado. "¿Cómo sé si soy real?", preguntó ella, a su vez. Era demasiado pequeña para hablarla sobre Descartes o 'Matrix', por lo que él, simplemente, le dijo: "Cierra los ojos". Ella obedeció.

"¿Has desaparecido?", preguntó él, a continuación. La niña negó con la cabeza, después los abrió de nuevo. "Felicidades, eres real". Tras ello, los filósofos se levantaron y volvieron sobre sus pasos, de vuelta a la universidad.


* Este artículo está escrito por Ada Nuño, pero incluye una firma genérica porque corresponde a una periodista que hoy hace huelga.

https://www.elconfidencial.com/alma...gente-esto-es-lo-que-les-preguntaron_1867962/
 
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Estoy de acuerdo con el hecho de que detestas a los filósofos que educan políticamente, y te diré que no puedo soportar ni a los filósofos ni a los artistas, literatos, escritores "comprometidos socialmente", los rechazo de inmediato.
Compartimos el afecto por algunos pensadores como Camus o Shopenauer o Ortega y Gasset, y debo decir que me gusta Maquiavelo porque dijo la verdad impopular y tambien Giordano Bruno por ser blasfemo.
Ni siquiera siento interés por la ética, la moral, por lo que los logros de los filósofos en este campo no los considero.
También porque la ética es un concepto relativo, que cambia con los tiempos y en las diversas sociedades y, por lo tanto, esta característica de 'relatividad' la aleja de la Verdad, que en sí misma es absoluta e inmutable.
Seguro, con la filosofía aprendes a pensar, pero no espero respuestas, así que aprendí a pensar por mi misma muy pronto y la abandoné.
Bueno, respecto a los filósofos éticos, creo que la mayoría mantienen unos patrones básicos respecto a lo que puede considerarse bien o mal, que se mantienen a lo largo del tiempo por ser básicos para la civilización. Y la sabiduría que muestra Shopenhauer en "Aforismos sobre el arte de vivir" no tiene desperdicio y au pesimista clarividencia está plenamente vigente.

Giordano Bruno fué un visionario, se atrevió a decir que la Tierra no era el único planeta habitado y que el sol y sus planetas son tan solo un rincón muy pequeño de un universo infinito. También fué muy extremista, pues no hacía falta dejarse quemar vivo por una verdad que tarde o temprano se habría impuesto, como hizo Galileo Galilei.
 

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EN EL AÑO 781 DE NUESTRA ERA
El desconocido filósofo que planteó la teoría de la evolución 1.000 años antes que Darwin
En el año 781 de nuestra era, el iraquí Al-Jahiz sacó un libro denominado 'El libro de los animales', en el que ya planteaba algunos preceptos que Darwin popularizó en 1859



Al-Jahiz y Charles Darwin (EC)



RUBÉN RODRÍGUEZ

11/03/2019



La Teoría de la Evolución es, sin ningún género de dudas, una de las piedras angulares sobre las que se asienta la biología en la actualidad. Postulada por el británico Charles Darwin en 1859 en su libro 'El origen de las especies', sintetiza uno de los principios básicos de la vida: los animales sufren adaptaciones genéticas para sobrevivir al medio ambiente a lo largo de generaciones, donde la selección natural juega un papel fundamental. Pero, ¿fue Darwin el primero?

Evidentemente, el estudio y análisis pormenorizado de Darwin le permitieron ser la primera persona en formalizar una teoría científica consolidada, mediante la que podemos entender mejor a las diferentes especies animales que habitan el planeta. Ahí la selección natural pasa a tener un peso fundamental, donde la adaptación y evolución de diferentes mecanismos son los que explican por qué una especie logra sobrevive y otra no.

Poco antes de que Darwin explicara su teoría, muchos otros científicos ya habían valorado la posibilidad de que las especies animales hubieran evolucionado a lo largo de los años. En el siglo XVIII y XIX, muchos expertos empezaron a tener en cuenta esta situación, algo que incluso el biólogo Charles Bonnet llegó a plantear pocos años antes de que Darwin explicara su teoría. El caso más conocido es el de Alfred Russel Wallace, conocido por haber propuesto una teoría de evolución a través de la selección natural independiente de la de Darwin que motivó a este a publicar su propia teoría. Sin embargo, ninguno comprendía el mecanismo que tendría como resultado dicha evoución.

Pero sí hubo alguien que ya habló en términos muy similares a los que lo hizo Darwin. Lo curioso es que lo hizo un milenio antes de que se hiciera popular la teoría del científico británico. Se trata de Abu Usman Amr Bahr Alkanani al-Basri, quien era conocido como Al-Jahiz, un apodo que hace referencia a sus ojos saltones, quien fue capaz en elaño 781 de nuestra era de hacer un postulado científico parecido al del Darwin... llegando incluso a hablar literalmente de 'selección natural'.

Nacido en Basora (Irak), este filósofo musulmán formó parte del movimiento Mutazilah, una corriente basada en el ejercicio de la razón para analizar el mundo que les rodeaba. Así, todo tipo de vertientes filosóficas eran tratadas por Al-Jahiz, incluso la biología, para la que escribió el conocido como 'El libro de los animales'. Fue en ese escrito en el que, precisamente, utiliza una vía de pensamiento muy parecida a la que 1000 años después utilizó el propio Darwin.

Para Al-Jahiz, los animales sobrevivían a base de ser competitivos, esto es, ser el mejor a la hora de encontrar alimentos, de defenderse, de encontrar refugio o de proteger a sus crías, lo que daba lugar a cambios de comportamiento y físicos que se transmitían de generación en generación. Incluso llega a hablar de cambios en ciertas especies debido a las migraciones a las que se vieron sometidas o a los cambios en el medio ambiente.







Desarrollo para sobrevivir
"Los animales se involucran en una lucha por la existencia y los recursos, para evitar ser comidos y reproducirse. Los factores ambientales influyen en los organismos haciendo que desarrollen nuevas características para asegurar la supervivencia, transformándolos así en nuevas especies. Los animales que sobreviven para reproducirse pueden transmitir sus características exitosas a sus descendientes", indica Al-Jahiz, en extractos publicados por 'BBC'.

Se sabe que cuando Darwin dio a conocer su Teoría de la Evolución, muchos coetáneos hablaban de la vía mahometana de conocimiento, pero también se sabe que el británico nunca llego a estar en contacto con la obra de Al-Jahiz. Autor de más de 300 libros, solo unos pocos llegaron hasta mediados del siglo XIX, entre ellos 'El libro de los animales'. Quizá no llegó a leerlo ni tener conocimiento de ese escrito, pero también hubo una evolución en el pensamiento que le llevó a sus conclusiones.

https://www.elconfidencial.com/tecn...oria-evolucion-animales-aljahiz-irak_1873342/
 
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Doble decálogo para una década mutante.

Publicado por Basilio Baltasar.

1. La mentalidad mecanicista que gobierna la cultura contemporánea proclama una perfidia darwinista: toda innovación es una mejora. Comprended lo que hay de doctrina en este silogismo.

2. Aceptad que el problema es la credulidad. Ninguno de vuestros abuelos se puso en manos de un mercader. Examinaban la mercancía antes de comprarla. Vosotros, sin embargo, creéis que la tecnología no puede engañaros.

3. El elogio a la innovación que difunden los expertos coincide con el manual de instrucciones de los fabricantes, la retórica de sus publicistas, el optimismo de los analistas y la ingenuidad de los usuarios.

4. Abandonad el laboratorio conductista al que os lleva vuestra candidez. Dejad de aplicaros las aplicaciones gratuitas, desconfiad. Decidlo en voz alta: ¡queremos pagar en metálico! ¡Ver la cara del vendedor!

5. Las redes sociales han envenenado la percepción de la política, han canalizado la movilización tribal de los ciudadanos, enervado la conciencia de la soledad y excitado la angustia existencial. El simulacro tecnológico lo ha conseguido.

6. Los promotores de los artefactos anunciaron el advenimiento de las redes como canal abierto, gratuito y universal y prometieron la difusión cultural masiva, la circulación de una información contrastada por el interés general, la participación democrática en la gestión de los grandes asuntos públicos, el intercambio horizontal del conocimiento y la integración igualitaria de las masas en el debate político de la civilización.

7. (¡Confesad cuántas veces lo disteis por bueno!)

8. En realidad, las redes sociales son charcas de palabrería psicótica. Han propiciado el hostigamiento de los individuos, envenenando con furia tóxica el debate social.

9. Necesitamos una poderosa excusa para justificar vuestra credulidad: ¡ha pasado todo tan de prisa! Twiter empieza a expandirse en junio de 2006; a mediados de 2007 Facebook se internacionaliza; en junio del mismo año Steve Jobs pone en escena su flamante iPhone. Apenas han pasado diez años. ¿Qué podíais hacer vosotros, pobres consumidores, huérfanos hermanados en la indigencia espiritual?

10. En esta década mutante ha brotado una figura inédita. Ya no es un ciudadano, ni un interlocutor, ni un lector: es un usuario. No un usuario de los que antes usaban las cosas, las cosas de usar y tirar, sino uno de nuevo cuño: el usuario usado por el artefacto que tiene en las manos.

11. Por su conexión biónica al centro neurálgico de los instintos y su poderoso vínculo a la ilusión de los deseos, el artefacto impone una relación hipnótica y neurótica. Es una herramienta con voluntad propia la que se ha puesto al servicio de quién sabe qué postor.

12. El entusiasmo bursátil por el sector digital ¿no os parece digno de asombro? Tanto dinero invertido en un servicio gratuito: ¿acaso será esta la primera revolución caritativa?

13. Los contenidos que vibran en las pantallas son fugaces, inabarcables e inagotables: mientras incitan la atención insomne del usuario, la dispersan; mientras canalizan la inquietud de una multitud bulímica, la derraman. Su oferta incesante os avergüenza. Su gratuidad os fascina.

14. La seductora fantasía del hombre que obtiene lo que desea ha encontrado su perfecta versión virtual. En lugar de frotar la lámpara, pulsa una tecla. Ignorante de la dependencia que le impone su nueva condición, el ciudadano de la década mutante ensalza la ficción de su autonomía mientras se sumerge en la más innovadora de las servidumbres.

15. Conocemos bien las utilidades de la red, ¡cómo olvidarlas! ¡Hasta los médicos las festejan! Lo que ahora importa es el juicio crítico de sus dominios. Nos urge conocer las patologías que se incuban en el usuario, saber a dónde le llevará la obsesión última de su mente viciosa y cuándo estallará la fragmentación psicótica de su pensamiento.

16. Por el momento ya sabemos que las redes son el canal de la epidemia emocional del odio, el cauce de la difamación, el virus que corroe la integridad, la furia que libera la frustración, el instinto inquisitorial de la muchedumbre, el linchamiento de los disidentes, rivales o adversarios de cualquier causa, el desprestigio orquestado de hombres, ideas e instituciones.

17. Quien no comulgue con sus creencias arderá en la hoguera digital.

18. Las redes os ofrecen la ilusión de una audiencia masiva, seguidores que aplauden vuestro ingenio, máscaras que comparten vuestras fobias, que celebran ultrajar a vuestros adversarios y aplaudir a vuestros ídolos. Esta es la multitud que os vigila.

19. Se os ofrecen las poderosas ficciones de la tecnología a cambio de vuestra privacidad, las secretas afinidades, la vida íntima de los deseos latentes. Lo que rastrea y devora el radar tecnológico. Es la nueva versión del derecho de pernada: perteneceréis al Reino mientras el Robot pueda yacer con vuestra alma.

20. Entendedlo de una vez: las redes solo os sirven para calmar vuestra adicción a las redes.
https://www.jotdown.es/2019/03/doble-decalogo-para-una-decada-mutante/
 

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La belleza desnuda
Publicado por Carlo Frabetti

El nacimiento de Venus (La Nascita di Venere) de Sandro Botticelli, c. 1482. Click en la imagen para ampliar.

Solo Euclides ha contemplado la belleza desnuda. (Edna St. Vincent Millay)

Aunque sea un concepto resbaladizo y reacio a dejarse definir, podemos afirmar que lo que entendemos por belleza se basa, en última instancia, en nuestras percepciones sensoriales agradables; no es una regla sin excepciones, pero sirve como punto de partida. Y lo que agrada o desagrada a nuestros sentidos tiene que ver, por una parte, con el bienestar y la salud, y, por otra, con lo que podríamos denominar «antropofilia» o narcisismo antropológico: la íntima autosatisfacción derivada de un cuerpo anatómicamente correcto y plenamente funcional, o el deseo de alcanzar ese ideal y el deleite que produce la posibilidad de lograrlo. Somos, inevitablemente, la medida de todas las cosas, como dijo Protágoras, y no solo en lo relativo al tamaño.

La relación de lo sensorialmente agradable con el bienestar y la salud es especialmente clara en el caso del sentido del gusto: en general, nos agrada el sabor de lo que es adecuado como alimento y nos desagrada, o incluso nos repugna, lo que es tóxico o nocivo. Y la relación de lo grato con la antropofilia es sobre todo visual: no es casual que la representación canónica del cuerpo humano sea, desde la antigua Grecia, el principal tópico de las artes plásticas (cuando no están constreñidas por la religión). Tal vez por eso, cuando nos agradan, la comida la calificamos como buena mientras que de un cuadro decimos que es bello. Pero la distinción no es en absoluto estricta, y por eso «bueno» y «bello» son adjetivos parcialmente intercambiables: un buen concierto, una bellísima persona…

Menos obvia, pero no menos importante, es la relación de lo bello con lo verdadero. Una relación que para algunos visionarios, desde Platón hasta Wittgenstein pasando por los grandes artistas del Renacimiento y los poetas románticos, es de pura y simple identidad.

«La belleza es verdad, la verdad es belleza: eso es todo lo que sabemos y todo lo que necesitamos saber», dice Keats en su Oda a una urna griega. Y Platón, en el Fedro, pone en boca de Sócrates las siguientes palabras: «Cuando alguien percibe la belleza de este mundo y evoca la belleza verdadera [la del mundo de las ideas], su espíritu adquiere alas y ansía volar… De todos los tipos de entusiasmo, esta cuarta especie de arrebato es la más magnífica en sus causas y efectos». Para Platón, la verdadera belleza es la belleza verdadera, valga el juego de palabras, es decir, la belleza veritativa, la que nos revela la verdad, la que se funde y confunde con ella y remite al perfecto mundo de las ideas. Una belleza-verdad que, a partir de Pitágoras, algunos identifican con la abstracción matemática. «Solo Euclides ha contemplado la belleza desnuda», dice la poeta Edna St. Vincent Millay. «Que no entre aquí quien no sepa geometría», advierte el propio Platón a quienes quieren formar parte de la Academia. Y Bertrand Russell escribió en The Study of Mathematics: «Las matemáticas no solo poseen verdad, sino también una belleza suprema, una belleza fría y austera, como la de la escultura, que no apela a ninguna parte de nuestra naturaleza más débil, sin las magníficas vestiduras de la pintura o la música, sublimemente pura y capaz de una sobria perfección».

Filósofos, poetas y científicos de todos los tiempos han sido deslumbrados por el binomio verdad-belleza y su esencia matemática. En una de sus famosas discusiones con Einstein, dice Heisenberg: «Si la naturaleza nos lleva hacia formas matemáticas de gran simplicidad y belleza —y por formas me refiero a sistemas coherentes de hipótesis, axiomas, etc.—, formas que nadie ha visto previamente, no podemos dejar de pensar que son verdad, que revelan una característica genuina de la naturaleza… Seguro que tú también has percibido la estremecedora simplicidad y plenitud de las relaciones que de pronto la naturaleza despliega ante nosotros y para las que no estábamos en absoluto preparados». Seguro que sí: Einstein manifestó en más de una ocasión este mismo asombro ante la simplicidad y la belleza de las formas matemáticas que explican el mundo. Y su amigo Gödel, máximo exponente del realismo matemático, estaba convencido de que los teoremas no se inventan, sino que se descubren, igual que se descubre la composición química de una substancia, por lo que su deslumbrante belleza sería la del propio universo develado.

En cualquier caso, contemplar la belleza desnuda de las fórmulas matemáticas puede producir un goce estético muy singular y muy intenso, que, según han mostrado recientes estudios neurofisiológicos, activa la misma zona de la corteza orbitofrontal del cerebro que la contemplación de un cuadro o la audición de una sinfonía.

Las relaciones numéricas sencillas subyacentes a la música —que llevaron a los pitagóricos a afirmar que todo es número— y la «divina proporción» de Fidias (expresada por el número áureo: 1,618…), omnipresente en la naturaleza y en el propio cuerpo humano, fueron el comienzo de un largo viaje matemático desde y hacia la belleza que recientemente ha entrado en una nueva y apasionante fase. Con el vertiginoso desarrollo de la informática, estamos asistiendo a una progresiva matematización del conocimiento (que a su vez propicia dicho desarrollo). Y algunos investigadores están aplicando la enorme potencia de cálculo y la capacidad modelizadora de los superordenadores al estudio de las relaciones armónicas descubiertas por los antiguos griegos o expresadas por el li de los filósofos orientales, animados por la vieja sentencia latina Pulchritudo splendor veritatis. No sabemos si los matemáticos encontrarán la fórmula de la belleza; pero, si la encuentran, seguramente será una bella fórmula.
https://www.jotdown.es/2019/03/la-belleza-desnuda/
 
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Svenja Flasspöhler: «El #MeToo castra al hombre»
La filósofa alemana ha generado una gran polémica por las tesis defendidas en su ensayo «La potencia femenina», en el que carga contra el «feminismo de hashtag»

Inés Martín Rodrigo@imartinrodrigo
Actualizado:24/03/2019 01:07h0

Desde que surgió el #MeToo, uno de los movimientos que más ha hecho por visibilizar los abusos sufridos durante décadas por muchas mujeres, fundamentalmente en la industria del cine, pocas, por no decir ninguna, han sido las voces que le han puesto reparos. Hasta queSvenja Flasspöhler (Münster, Alemania, 1975) publicó el ensayo «La potencia femenina», que acaba de llegar a nuestro país gracias a la editorial Taurus. En él, la alemana, filósofa y periodista, carga duramente contra lo que ella define como «feminismo de hashtag», rechaza la antagonización -y, por tanto, el enfrentamiento- entre hombres y mujeres y aboga por redefinir la feminidad, apostando por una mujer fuerte y poderosa, que deje de ser, únicamente, víctima. Una tesis controvertida, porque va contra la corriente establecida y aceptada, que ha generado una gran polémica y ha puesto a su autora en el disparadero, para bien y para mal.

¿Por qué decidió escribir este libro? ¿Cuál era su principal objetivo, y por qué ahora?

Lo que critico es la espeluznante ausencia de discriminación en el debate del #MeToo. Las mujeres son víctimas, y los hombres, agresores. Las cosas no son tan simples, algo que, por otra parte, ya señaló Simone de Beauvoir en «El segundo s*x*». Por desgracia, el actual feminismo en la Red se caracteriza, entre otras cosas, por un colosal desconocimiento de las teorías feministas. Esta ausencia de discriminación del movimiento queda patente en su mismo nombre. ¿A qué se refiere ese «yo también»? ¿A situaciones en las que las mujeres no tienen ninguna posibilidad real de actuar, como es sin duda el caso de una violación, o a aquellas en las que sí hubiese habido opciones? La diferencia es patente. Por ejemplo, cuando un director de cine famoso invita a una actriz a su habitación de hotel, ella tiene claramente la posibilidad de decir: «No, gracias».

Harvey Weinstein. En palabras de Hannah Arendt, no cabe duda de que existe una gravitación hacia el bien. Por supuesto, esto no nos exime de seguir esforzándonos por llegar a una relación entre los géneros que no esté atravesada por el miedo y los malentendidos, sino por el gozo.

Es verdad que no todos los hombres son como Harvey Weinstein, pero es importante señalar a quienes actúan como él, ¿no le parece?

Por supuesto, y claro que no se trata de impedir a las mujeres que hablen. Pero en los dos últimos años hemos vivido un clima de denuncia. Se juzgaba de antemano a los artistas, las galerías ya no exponían sus obras porque en el ambiente flotaba la acusación de acoso sexual. Veo en las mujeres una lógica de revancha y cosificación que rechazo y que, por otra parte, es profundamente masculina. ¿Es eso lo que queremos? ¿Imitar a los hombres?

No, por supuesto, y menos sus comportamientos más condenables. En ese sentido, en el libro advierte de que, según están ahora las cosas, existe el riesgo de que se pueda llegar a pedir que se regule legalmente el s*x*.

Por supuesto que las mujeres tienen que defenderse del acoso. Ahora bien, un mundo sin acoso es un mundo sin seducción, porque lo que percibimos como acoso y lo que percibimos como seducción es profundamente subjetivo. En cuanto a las leyes, en 2016 se endureció en Alemania la legislación que castiga los delitos sexuales. El núcleo de la nueva normativa ya no es la violencia, sino la vulneración del «consentimiento», algo muy polémico incluso entre los expertos. Creo que hemos llegado a un punto de la historia en el que ya no tenemos que apelar a la ley, sino a los propios individuos, y exhortarlos a que decidan por sí mismos.

¿Por qué cree que «todo intento de seducción corre el riesgo de ser percibido como acoso, y viceversa»? ¿Se puede pensar que, a diferencia del acoso, la seducción está libre de poder?

No debemos olvidar que también la seducción contiene un elemento de violencia. Quien seduce, lleva a la otra persona a un sitio diferente, despierta en ella deseos que antes no tenía. La seducción es manipuladora. El erotismo inofensivo no existe.

Defiende que quiere mujeres más poderosas. ¿Puede explicarlo?

Quiero que las mujeres asuman su potencia. En alemán, potencia y poder son dos palabras diferentes. El sustantivo latino potentiasignifica «capacidad», «fuerza», y tiene claras connotaciones sexuales. La idea de potencia se ha asociado siempre a los hombres. Las mujeres, en cambio, representaban la carencia. No tienen nada entre las piernas y sufren la envidia del pexx. Hay que acabar con esta asociación de feminidad con negatividad y sustituir esta última por positividad, vacío por lleno, reacción por acción. De eso se trata. Tenemos que transformar en gozo el miedo masculino a la mujer potente.

¿Qué les diría a las mujeres que han sido víctimas de maltrato y no pueden entender las tesis que usted defiende?

Por supuesto que hay mujeres traumatizadas. Mujeres que, debido a sus terribles experiencias, siguen atenazadas por el miedo a no poder defenderse. No pretendo negarlo en absoluto. Ahora bien, hay que decidir. Puedo repetir eternamente que las mujeres son impotentes y están desvalidas, o intentar darles ánimos y empoderarlas. Decirles que sí, que pueden. Al hacerlo, les estoy dando apoyo.

¿Qué opina del hecho de que la mayoría de los casos de posibles abusos se estén debatiendo en internet? Se lo pregunto porque me preocupa la posibilidad de que ya no estemos hablando de personas, sino de grupos.

Efectivamente, es un gran problema. Es como si una pareja que se está separando solamente hablase a través de sus abogados. Eso te hace preguntarte cuál es el verdadero objetivo del #MeToo. ¿Pretende salvar la relación entre los sexos mediante una burda política de disuasión, cuyo mensaje es: «Tío, ten cuidado si no quieres acabar tú también en la picota»? A mí me parece que eso no tiene demasiado futuro y que, además, es bastante lamentable. No, tenemos que discutir con los hombres de cuestiones concretas. No existe sencillamente «el hombre», sino mi compañero, mi vecino, mi jefe, mi hijo, mi pareja. Son individuos, todos ellos hombres, sí, pero muy distintos unos de otros.

¿Es posible debatir públicamente sobre feminismo sin llegar al enfrentamiento?

Debatir directamente es muy importante porque los espacios corporales de la experiencia que habitan los hombres y las mujeres son diferentes. Como mujer, no puedo saber qué es tener un pexx que ha representado el poder durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Y un hombre no puede saber qué es tener vulva, estar embarazada, o qué se siente cuando te silban al pasar. ¿Cómo se pueden llenar estos vacíos de conocimiento si no es a través de la comunicación?

Usted también es periodista. ¿Qué piensa del papel que los medios de comunicación están desempeñando en todo esto? ¿Somos culpables de que el debate tenga un nivel tan bajo?

Una de las causas de que el movimiento #MeToo se difundiese tan rápidamente fue que, como era de esperar, los medios de comunicación se subieron al carro de inmediato. El voyerismo de las masas queda satisfecho cuando una joven modelo explica cómo la acosaron, o cuando las actrices cuentan cómo un hombre poderoso les metió mano. Todo esto se puede considerar libertad de expresión, pero no es sinónimo de emancipación. El discurso femenino también se puede instrumentalizar. Debemos reflexionar sobre este mecanismo de los medios de comunicación precisamente porque somos feministas.
https://www.abc.es/cultura/libros/a...metoo-castra-hombre-201903240107_noticia.html
 
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EN BUSCA DE LA PIEDRA FILOSOFAL
Un experto en la muerte desvela en qué pensamos cuando vamos a fallecer
Ya seas religioso o confíes tu inmortalidad a la ciencia, la muerte es una incógnita que nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Un prestigioso filósofo explica su punto de vista





Foto: Web oficial de Stephen Cave.




E. ZAMORANO

27/03/2019


Tarde o temprano, ya sea en la precoz adolescencia o en la infancia tardía, es inevitable reparar en que estamos aquí de paso. Es un proceso doloroso, a la par que curioso, que todos estamos abocados a experimentar. La visita de la parca no se puede eludir ni posponer. Uno de nuestros poetas más ilustres, Jorge Manrique, relata en unos hermosos versos del siglo XV lo fútil que resulta la vida una vez aparece la sombra de la muerte: “Ved de cuán poco valor / son las cosas tras que andamos / y corremos / que en este mundo traidor / aun primero que muramos / las perdemos”. Y así a lo largo de los años y la historia, la hora postrera sigue siendo el momento más misterioso que nos aguarda, ya que nadie ha vuelto para contarlo.

¿Recuerdas la primera vez en la que fuiste consciente de que existía la muerte? Esta es la pregunta que formuló hace cinco años el filósofoStephen Cave al inicio de su discurso en las prestigiosas charlas TED, disponible en YouTube. “Yo era un niño y mi abuelo acababa de morir. Recuerdo que unos días más tarde, acostado por la noche, tratando de dar sentido a lo que había sucedía, me preguntaba qué significaba estar muerto. Y en mi caso, como tenía solo cinco años, fui a preguntarle a mi madre”. Así podría decirse que arrancó la carrera del filósofo, con esta simple y terrible pregunta. Hoy en día es uno de los mayores expertos en estos temas tan fúnebres gracias a la publicación de su libro 'Inmortality: The Quest to Live Forever and How it Drives Civilisation', en el cual establece cuatro categorías sobre las respuestas que se han dado a la inmortalidad en todas las culturas y épocas del mundo.





Portada de 'Inmortality', de Stephen Cave. (Amazon)




“Elixir, resurrección, alma y legado”. Para Cave, estas son las cuatro respuestas constantes hacia las que tiende un individuo, independientemente de su tiempo histórico, para hacer frente al final. El primero, “elixir”, tiene que ver con la promesa de que exista algún tipo de medicamento milagroso que se pueda tragar o beber, una píldora mágica o piedra filosofal que nos conduzca a la vida eterna. La “resurrección” sostiene la siempre anhelada contingencia de poder renacer, ya sea en nuestros propios cuerpos (como es el caso de los avances científicos en torno a la criogenización) o en uno nuevo (la reencarnación en algunas creencias orientales).


El tercero tiene que ver con el “alma”, y habla sobre deshacerse del cuerpo y vivir como un espíritu, ya sea en la Tierra o en un reino diferente, lo que entroncaría con las promesas cristianas de Cielo e Infierno. Por último, el “legado” habla de que si bien todo está perdido y ni cuerpo ni alma se salvan, lo único que queda es aspirar a la inmortalidad a través de la fama o de un cambio en nuestra vida por el que poder ser recordados durante miles de años, un ideal que podemos intuir tanto en los artistas famosos que han pasado a la historia recientemente, así como en las propias novelas homéricas de hace miles de años.


El origen de todas las preguntas
Cave lleva muchísimos años acercándose a estas nociones que para él son universales, y por tanto, inmutables. Es director ejecutivo del Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia en la Universidad de Cambridge. “Supongo que la narrativa del elixir es la más atractiva”, observa, en una entrevista para 'Quartz'. “Lo único claro es que el Plan A es el mejor: mantenerse vivo y saludable en este cuerpo, el único que tenemos. Como siempre, muchas personas se han dado cuenta de que deben respaldarse en otras respuestas. Es ahí donde surgen las demás”. En concreto, las de “resurrección” y “alma” guardan un fuerte componente religioso que ha ido avanzando a lo largo de la historia a la par que los avances médicos y científicos, lo que podría implicar una disminución de fieles al contemplar alternativas basadas en la más puntera tecnología.

Los millonarios son personas excesivamente poderosas, están acostumbrados a tener todo lo que desean, la inmortalidad incluida


Pero incluso los más ateos se rinden ante la incógnita de la muerte. Como el poeta francés Arthur Rimbaud, quien después de haber renegado de la idea de Paraíso y haber abrazado la de Infierno durante toda su vida, pidió en su lecho de muerte que se apresuraran a bautizarle, no fuera a existir un Dios que rigiera el destino de los hombres y los juzgase una vez llegado el momento final. “En nuestra sociedad la muerte sigue siendo aterradora y potencialmente paralizante, hasta el punto de que creamos que es inútil todo lo que hacemos en vida”, asegura el filósofo. “La creencia religiosa todavía está muy extendida. Pero también creo que los cuatro tipos básicos de inmortalidad se están volviendo a reformular desde el punto de vista de la ciencia y la tecnología”.

“La fe en que podamos mantenernos con vida también es extremadamente antigua”, analiza Cave. “Quiero decir, cuando pensamos en el Antiguo Egipto vemos las momias y ya creemos que tenían una base espiritual muy fuerte y arraigada. Pero en realidad también gozaban de una cultura médica muy sofisticada, con amuletos, rituales y pociones que prometían la juventud eterna. Las momias y las pirámides eran su Plan B, ya que aspiraban a permanecer vivos en estos cuerpos. Esta creencia, que parece muy remota, es muy popular en Silicon Valley. Creo que una de las revoluciones a las que menos se le ha prestado atención es la de la prolongación de la vida de los últimos 200 años. En todo el mundo, sobre todo en los países desarrollados, la esperanza de vida se ha duplicado. Y ahora existen muchos optimistas que piensan que si la hemos duplicado una vez, podemos volver a hacerlo otra y otra y otra vez. Hasta vivir para siempre”.

La muerte y los dólares
“La muerte es lo que más me irrita”. Esta es una famosa declaración de Larry Ellison, CEO de Oracle, quien ha ocupado en los últimos años puestos destacados en la lista de los hombres más ricos del mundo de la revista 'Forbes'. No es el único. En la actualidad, muchos multimillonarios están invirtiendo gran parte de sus fortunas a grandes empresas tecnológicas dedicadas a perseguir “la prolongación de la vida” o, como algunos, dicen resolver el problema de la muerte”. Peter Thiel, fundador de PayPal, Aubrey de Grey, gerontólogo médico británico o el mismísimo Jeff Bezos, CEO de Amazon son algunos de los más interesados en vivir para siempre, según un interesante reportaje de 'The New York Times'. Cave tiene un interesante punto de vista al respecto: “Son personas extremadamente poderosas. Y todos sabemos cómo funciona el poder en tu cabeza. Están muy acostumbrados a conseguir todo aquello que desean. Y a medida que envejecen, lo único que realmente quieren es ser siempre jóvenes y no fallecer. La inmortalidad ha sido, en gran medida, un juego de millonarios”.


“¿Por qué el cristianismo tuvo tanto éxito de esta forma tan rápida?”, prosigue el filósofo. “Porque estaba dentro del Imperio Romano, a través del cual, se extendió y prometía la idea de inmortalidad para todos. Democratizó la inmortalidad y dijo a los pobres y marginados, 'cree en mí y puedes tener lo que hasta ahora ha sido dominio de hombres ricos y poderosos”. Finalmente, a la hora de preguntarle si a título personal cree en una vida después de la muerte, Cave lo tiene claro: “No, no creo en una vida después de la muerte. No creo que la idea tenga mucho sentido. En realidad, no creo que haya un tipo de alma que esté separada del cerebro y sobreviva. Es una visión antigua, motivada por la ilusión, y eso se vuelve más difícil a medida que vamos entendiendo mejor el cerebro. El único hecho es que tenemos un cuerpo y se muere. Entonces, ¿qué es lo que creo que pasa después? Supongo que simplemente regresamos a la tierra de la que vinimos”.


https://www.elconfidencial.com/alma...ve-muerte-vida-inmortalidad-religion_1904366/
 
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Peter Kingsley y el catafalco
Nos guste o no, dice este filósofo británico, la cultura occidental ha muerto, aunque hay recetas para redimirnos


SeguirAndrés Ibáñez
Actualizado:05/04/2019 00:59h

Poco antes de morir, Carl Gustav Jung tuvo la visión de que a la humanidad le quedaban sólo cincuenta años y luego llegaría su final. Esto sucedía en 1961. En 2011, cincuenta años después, tuvo lugar la catástrofe de Fukushima, en una época de desastres, crisis y reestructuraciones mundiales a la que aún no le vemos el final. Esa visión es el punto de partida del último libro de Peter Kingsley, una obra impresionante titulada Catafalque y dividida en dos gruesos volúmenes, uno escrito al estilo Kingsley, una especie de vórtice envolvente y obsesivo que atrapa la atención del lector para llevarle tenazmente hacia conclusiones asombrosas y otro dedicado a las notas y a la erudición. Kingsley insinúa que si el primero, como buen catafalco, es un gigantesco monumento funerario dedicado al fin de nuestra civilización, el segundo ofrece, de forma secreta (y quizá inútilmente) varias recetas de salvación.

Nos guste o no, dice Kingsley, la cultura occidental ha muerto. Hemos de prepararnos para este final, nosotros, los últimos representantes de este mundo que se acaba. Pero dice también algo que me intriga. Kingsley practica una «incubatio», el antiguo ejercicio de meditación o yoga nidra de los sacerdotes-magos griegos, y tiene una visión: que en realidad no estamos al final de una época, sino en la mitad. «En la mitad, y totalmente perdidos», dice, ya que «a causa de nuestra desidia y nuestra amnesia» hemos olvidado el vínculo que une nuestro futuro con nuestro pasado. La búsqueda de ese vínculo fue el centro de la obra de Jung y es, me parece, lo único que podría salvarnos de la total catástrofe en la que parecemos hundirnos.

Me quedo con este último pensamiento. Yo lo interpreto así: estamos en medio de una época, no al final. Nuestra historia no ha terminado. Si nos hundimos, o parecemos hundirnos, no es porque no nos quede camino que recorrer, sino porque no nos atrevemos a seguir avanzando. ¿Por qué? Porque no nos atrevemos a unir el futuro con el pasado, obsesionados con la fantasía del progreso, la «modernidad» y las máquinas.
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-peter-kingsley-y-catafalco-201904050059_noticia.html
 
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EL HUEVO Y LA GALLINA DIVINOS
Así nacieron los dioses modernos: una nueva teoría sobre la evolución de las religiones
Un nuevo trabajo publicado en la revista 'Nature' concluye que los conocidos como dioses moralizantes aparecen después de las sociedades complejas, y no antes





'No matarás'. (iStock)


HÉCTOR G. BARNÉS

27/03/2019



“Dios le dijo a Abraham / Sacrifícame un hijo / Abi le dijo 'venga, hombre, me estás vacilando' / Dios dijo 'no', Abi dijo '¿qué? / Dios le respondió 'haz lo que quieras, Abi, pero la próxima vez que me veas, sal corriendo por patas / Así que Abi le dijo '¿dónde quieres que le mate? / Dios le dijo 'en la autopista 61”. Pocos retratos del dios vengativo del Antiguo Testamento son tan divertidos como este fragmento de 'Highway 61 Revisited' de Bob Dylan, que bromea con la imperturbabilidad de esa deidad judía capaz de exigir a Abraham el sacrificio de su único hijo Isaac como prueba de su fidelidad. Un instante de suspensión del orden moral por parte de Dios.

Una de las grandes preguntas que han dividido a historiadores, antropólogos y arqueólogos es cómo y por qué surgen las deidades en cada cultura y por qué razón evolucionan en un sentido u otro. Más concretamente, cómo los dioses castigadores como el del Antiguo Testamento, que ponen a prueba hasta el límite a sus seguidores bajo la amenaza de un terrible castigo (convertirte en estatua de piedra es lo mejor que te puede pasar), evolucionaron en lo que se ha denominado “dioses moralizadores”. Su furia ya no se dirige hacia los que osan desatender sus caprichos, sino que se preocupan por cuestiones morales. Ya saben: respeta al prójimo, no le robes sus pertenencias, cuida a tus padres u otros predecesores directos de los diez mandamientos, que conjugan tanto la adoración (“no adorarás a falsos dioses”) como lo moral (“no matarás”).

Los dioses moralizantes aparecieron durante la segunda dinastía en el período arcaico de Egipto, alrededor del año 2800 a.C.


Una nueva investigación sugiere, resolviendo esta ecuación del huevo y la gallina, que los dioses moralizadores aparecen después, y no antes, de las sociedades complejas. En otras palabras, desmiente una de las hipótesis más populares hasta la fecha, que era que el surgimiento de esta clase de deidades era lo que provocaba, debido a su intervención en el día a día de la población, que las sociedades se desarrollasen. Según esta hipótesis, la de los dioses moralizadores, agentes como el Dios de Abraham o el karma budista “aceleraban la complejidad social”, al proporcionar códigos de conducta que permitían una mejor convivencia.


Los resultados, obtenidos a partir de un análisis de 12 regiones donde se dispone de una gan cantidad datos sobre su complejidad social, señalan lo contrario. Fue antes la gallina que el huevo: es cuando las sociedades alcanzan un grado superior de complejidad cuando los dioses comienzan a olvidarse de sangrientas venganzas y a preocuparse por la vida moral de los humanos, y no al revés. El estudio ha sido realizado por un grupo de 13 investigadores dirigidos por Harvey Whitehouse, Pieter François y Patrick E. Savage, los tres pertenecientes al Centro de Estudios sobre la Cohesión Social de Oxford, y los resultados han sido publicados en 'Nature'.

La era de la religión
La del Antiguo Egipto fue una de las sociedades más prósperas y desarrolladas de su tiempo, una cultura que sacaba siglos de ventaja a la mayoría de sus vecinos. Por eso, no es de extrañar que fuese allí donde aparecieron los primeros dioses moralistas. Al menos los analizados en este estudio. Ocurrió durante la segunda dinastía en el período arcaico de Egipto, alrededor del año 2800 a.C.. La diosa Maat, hija de Ra, era la de la verdad, la justicia y la armonía cósmica. Pero también, el 'maat' se convirtió en un concepto que representaba todos esos valores humanos, muy humanos, similares al concepto de virtud que terminaría formando parte de la cosmogonía judeocristiana.





Nos llevan siglos de ventaja. (iStock)




A lo largo del segundo milenio antes de cristo, otras muestras de dioses moralistas comenzaron a aflorar en regiones como Mesopotamia (alrededor del 2200 a.C.) o Anatolia, la actual Turquía (1500 a.C.). También en China, alrededor del 1000 antes de Cristo. Fue tan solo la primera semilla de lo que pronto se convertiría en una tendencia mucho más generalizada. A lo largo del primer milenio antes del nacimiento del mesías cristiano, cada vez más religiones locales comenzaron a adorar a dioses moralizantes, incluso antes de que las grandes religiones de la época (como el zoroastrimo o el budismo) llegasen a dichos lugares. Un ejemplo proporcionado por los investigadores: los dioses romanos ya castigaban a los que no incumplían sus promesas alrededor del siglo V a.C. En otras palabras, no hubo que esperar a Jesucristo para que los dioses mostrasen su cara más cotidiana.

La frontera se encuentra aproximadamente en el millón de ciudadanos, como explica el estudio. “Incluso si los dioses moralizantes no desencadenan la evolución de sociedades complejas, pueden representar una adaptación cultural necesaria para mantener la cooperación en la sociedad una vez que han sobrepasado determinado tamaño, quizá debido a la necesidad de someter a poblaciones diversas en imperios multiétnicos a un poder de mayor nivel”, explica el autor. Es decir, eran un útil pegamento social a medida que los imperios aumentaban de tamaño. Un dios vengativo podía asustar y crear obediencia, pero un dios moralizante tenía una función adicional: regular el comportamiento diario de habitantes pertenecientes a culturas muy diferentes.

Estas comunidades tenían miedo de las plagas de langostas, las enfermedades o las malas cosechas si no cumplían con los deseos de sus dioses

Es lo que ocurrió, por ejemplo, cuando el imperio español llegó a Sudamérica y arrasó sociedades complejas como la inca. “En estos casos, las doctrinas moralizantes podrían haber contribuido a estabilizar los imperios, al mismo tiempo que impedían las expansiones futuras”, explica el estudio. Es el caso de la conquista de Kalinga por el emperador Asoka, “el pacifista”. Kalinga, un estado de la costa este de India, cayó alrededor del 262 a.C. bajo el poder mauria tras una cruenta guerra. La historia cuenta que Asoka quedó conmovido por los lamentos de los familiares de los muertos, y que sus remordimientos probablemente le llevaron a adoptar el budismo y a renunciar a la guerra. En este caso, el dios budista moralizante no sirvió para controlar a los subyugados, sino para poner freno a un imperio, el mauria, que se expandía a través de la sangre y el fuego.

Misterios de la era Axial
El filósofo alemán Karl Jaspers acuñó el término Era Axial para referirse al período más determinante en la historia del hombre, aquel en el que las tres grandes regiones de Eurasia (Occidente, India y China)comenzaron a compartir su línea de pensamiento. El hombre toma conciencia de sí mismo, surgen los conflictos filosóficos, las grandes corrientes de pensamiento adquieren su forma moderna y las viejas costumbres son puestas en duda. Un período de excepcional riqueza intelectual que se desarrolla entre el 800 a.c. y el 200 a.C., y que engloba confucionismo, taoísmo, budismo, jainismo, zoroastrismo, judaísmo, la sofística, Platón, Heráclito y Tucídides.







Para los autores, la explicación no encaja dentro de esta teoría de la Era Axial y su torbellino de novedades, ya que en algunas de esas regiones, como ya hemos visto (en concreto, la línea que une Egipto, Mesopotamia y Anatolia) los dioses moralizantes ya habían aparecido durante el milenio anterior. Lo más probable, recuerdan, es que estos dioses ocasionasen la aparición de las primeras identidades a gran escala: “Nuestros datos sugieren que, al menos, los rituales doctrinales condujeron al establecimiento de identidades religiosas a gran escala”. Y estaban basadas por lo general en los dioses moralizantes, no en los vengativos.

¿Qué ocurre con aquellas terribles deidades? Una investigaciónpublicada hace un par de años mantenía, a partir de un análisis de los sistemas religiosos de Austronesia (las pequeñas islas que unen Madagascar hasta la Isla de Pascua) que el castigo sobrenatural solía anteceder la complejidad política pero “la creencia en las deidades supremas emerge después de la formación de culturas complejas”, como mantenía su principal responsable, el especialista en evolución cultural de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda Joseph Watts.

Las buenas o malas cosechas ya no eran tan importantes como la posibilidad de que los vecinos se robasen el fruto de su trabajo unos a otros

“Estas comunidades tenían miedo de que las cosas como plagas de langostas, las malas cosechas o las enfermedades si no cumplían con los deseos de sus dioses”, explica el profesor. “Este miedo estimulaba su trabajo, permitiéndoles que sus cosechas floreciesen y produjesen más de bienes, y por lo tanto, permitiendo que los pueblecitos se convirtiesen en ciudades y comunidades más grandes”. Fue después de ello, a medida que los pueblos comenzaban a desarrollarse, cuando los dioses cambiaron el gesto de su cara, y comenzaron a preocuparse por asuntos más humanos. Las buenas o malas cosechas ya no eran tan importantes como la posibilidad de que los vecinos se robasen uso a otros el fruto de su trabajo. La historia del ser humano había cambiado para siempre.

https://www.elconfidencial.com/alma...n-dioses-modernos-evolucion-religion_1907310/
 
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Muere, a los 82 años, el filósofo Javier Muguerza
Fue fundador y primer director del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas


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El filósofo Javier Muguerza ha muerto hoy en Madrid a los 82 añosde edad, según ha confirmado la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de la que era catedrático emérito. «Fue seguramente el intelectual español más influyente de la segunda mitad del siglo XX, responsable de la modernización de la filosofía española. Desde la facultad de Filosofía de la UNED, de la que fue impulsor, nos unimos al duelo», ha señalado la institución.

A estas condolencias se ha sumado el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, quien ha destacado la figura de Muguerza como un «nombre clave en la filosofía contemporánea española y creador del Instituto de Filosofía del CSIC».

Nacido en 1936 en Coín (Málaga), era catedrático emérito de Ética en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), tras haberlo sido con anterioridad en la de La Laguna (Tenerife) y la Autónoma de Barcelona. Además, ha sido cofundador y primer director del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). También presidía desde su fundación el Comité Académico de la Enciclopedia Ibero-Americana de Filosofía.

Entre los títulos publicados, «La concepción analítica de la filosofía» (1974), «La razón sin esperanza» (1977), «Desde la perplejidad. Ensayos sobre la ética, la razón y el diálogo» (1990) o «Ética de la incertidumbre» (1998).

https://www.abc.es/cultura/abci-muere-82-anos-filosofo-javier-muguerza-201904101629_noticia.html
 
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ENTREVISTA
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Es antropólogo y filósofo, pero ante todo profesor. Un divulgador cuyos estudios sobre las conexiones entre la utopía y los estilos en jardinería le han llevado a esbozar una original teoría en torno a la búsqueda de la felicidad. Su objeto de estudio más reciente es la paradójica relación que mantenemos con la naturaleza, a la que encumbramos y destrozamos sin medida. Provocar la curiosidad es su leitmotiv


Entrevista:
https://elpais.com/elpais/2019/04/08/eps/1554729884_149824.html
 
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ENTREVISTA | Diego S. Garrocho, filósofo y escritor

"Somos una generación forzada a vivir la nostalgia porque se nos han truncado las esperanzas en el futuro"
Creación cultural

Alianza Editorial publica Sobre la nostalgia, un brillante ensayo sobre un sentimiento tan antiguo como la añoranza y tan presente en nuestra cultura actual como el enésimo remake de la película de tu infancia

"La idealización del pasado entraña riesgos muy serios porque nos puede llevar a ciertos pensamientos totalitarios"

"Ha habido una capitalización de esa pulsión nostálgica"

Francesc Miró
14/04/2019 - 20:53h

Diego S. Garrocho, autor de 'Sobre la nostalgia'. Benedicto Moya/ Anaya.

"Nuestros bienes comunes no son productos que nos ofrece el Estado, son nuestras conquistas"
Puede que sea una de las palabras más utilizadas de la actualidad. En este texto la verá escrita en numerosas ocasiones. Se habla de su presencia en la industria cultural, en el cine y las series. Se escribe de remakes, reboots, secuelas de películas que todo el mundo creía olvidadas... Pero como sostenía Hayao Miyazaki en El viaje de Chihiro, nada de lo que sucede se olvida jamás, aunque nosotros no podamos recordarlo.

Bien lo sabían los pacientes del médico suizo Johannes Hofer que en 1688 defendió una tesis doctoral en la Universidad de Basilea en la que acuñaría un término único: nostalgia. Varios de sus pacientes presentaban una serie de patologías que, según él, estaban relacionadas con pasar largos tiempos alejados de la tierra de nacimiento y sus seres queridos. A todos ellos les abandonaban los males que les aquejaban gracias a un retiro de vuelta en el hogar familiar. De hecho, el origen de la palabra anida en los vocablos griegos νόστος -'nostos', o regreso- y ἄλγος -'algos', o dolor-, en lo que podría traducirse como el dolor por regresar.

A esta palabra de nueve letras se dedica el amplio y brillantemente construido ensayo Sobre la nostalgia. Damnatio Memoriae. Un texto entre lo filosófico y lo antropológico publicado por Alianza Editorial y escrito por el profesor de Ética y Filosofía Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Diego S. Garrocho. Un recorrido fascinante por las distintas derivas en las que el vocablo se ha aplicado a lo largo de estos siglos, y cómo ha cambiado nuestra percepción del mundo que nos rodea. De nuestra idea de memoria, tiempo y presente.

¿Cómo nace Sobre la nostalgia?




Todo parte de una vivencia personal. Yo soy una persona obsesivamente nostálgica y el tema siempre me había interesado. Pero además comencé a detectar que había un movimiento social que se empezaba a comprometer con una experiencia nostálgica.


Me sorprendía ver a mis alumnos con las camisetas de Juventud Sin Futuro. Aquel lema resumía perfectamente el espíritu de una época que fue prendiendo. Así que el libro surge de lo que en principio es una experiencia personal y empiezo a ver que esta rima con el tiempo que estamos viviendo.

Me interesaban mucho los mecanismos de olvido y memoria y a partir de ahí empecé a tirar de hilos con muy buena fortuna, e investigar la construcción social de la nostalgia. Había un territorio fascinante que me permitió construir un libro sincopando la parte de investigación con la cuestión afectiva y social. Y salió un texto a mitad de camino entre la filosofía y la historia cultural.

En el libro dice que no hay nada más moderno que la nostalgia porque no hay nada más antiguo que el futuro. ¿El ser humano siempre ha sido nostálgico aún cuando no tenía una palabra para determinar ese sentimiento?

Esa es una de las grandes dudas del libro que deliberadamente dejo abierta. ¿Cómo se construye la experiencia? ¿A través de conceptos o del cuño de las palabras con que las nombramos? La apuesta es que sí, que la añoranza singular que es la nostalgia no solo es anterior a la Modernidad, sino que hay testimonios clásicos como la Odisea que son textos consagrados a la misma.

Lo que sí que está claro es que, a partir de la Modernidad, la nostalgia se radicaliza en sus usos artísticos, clínicos, culturales, filosóficos y políticos. También por esa pérdida de la autoridad con la que tiene que ver toda la Modernidad, que sin embargo seguimos echando de menos. Me refiero a que el habernos quitado el yugo, era algo liberador, pero nos hizo pensar que aquello también abrigaba. Como una suerte de síndrome de Estocolmo. Hay una pulsión en la Modernidad que es echar de menos la palabra del padre, da igual si fuera el César, el Rey Absoluto, el Papa o el canon cultural. En cierto modo, la nostalgia es un precio de la libertad.

Entonces, empezó a investigar el tema porque notaba que había socialmente un compromiso con la nostalgia. ¿Es un sentimiento particular de la generación millennial, o es el resultado de una industria cultural que ha visto en la nostalgia un nicho de mercado?

Creo que hoy vivimos una época culturalmente más nostálgica que otras. Es decir, es cierto que los masones del siglo XVIII podían ser nostálgicos del mundo egipcio o que el Renacimiento echase de menos al clasicismo. Pero parece claro que la industrialización de la nostalgia ha acontecido de forma muy evidente a principios del siglo XXI.

Ha habido una capitalización de esa pulsión nostálgica que ha hecho que no solo los movimientos conservadores sean nostálgicos. Incluso las experiencias que imaginan la revolución lo hacen mirando hacia atrás. Hoy soñamos con hacer la revolución de nuestros padres.

El año pasado fue pesadísimo porque era el aniversario de mayo del 68 y demostraba una ausencia imaginación política evidente el hecho de que no podíamos imaginar una revolución que no fuera como aquella, con los adoquines, la arena de playas, los puños en alto... El último libro de Alberto Olmos, Ejército enemigo, tenía a una chica con el puño en alto en la portada. Parecía una foto de mayo del 68 pero era una foto del otro día en una mani de estudiantes en París. En ese sentido creo que somos más nostálgicos que nunca. Somos una generación a la que se le ha forzado a vivir esa nostalgia en la medida en que se le han truncado las esperanzas en el futuro.

Hablando de mayo del 68, hace unas semanas, en una entrevista le pregunté a Ismael Serrano por qué seguíamos cantando canciones como Papá cuéntame otra vez o L'estaca... ¿No tenemos referentes que construyan nuevos imaginarios?

Ostras... yo le entrevisté siendo un chaval, cuando sacó esa canción. Él, con mucha gracia, contaba que aquel tema era una bronca generacional. Pero yo no lo tengo tan claro. Creo que en el fondo es una canción mucho más nostálgica de lo que él pretende. Tiene muy poco de bronca y mucho de ensoñación. Incluso si uno cogiera verso a verso Papá cuéntame otra vez, se podría debatir sobre la conveniencia de la misma.

No creo que hayamos perdido los referentes, sino que se ha perdido la necesidad de construirlos. Durante mucho tiempo la sociedad contestó a la conveniencia de conductas ejemplares, de que existiesen personas que merecieran ser imitadas. Modelos morales o de conducta. Creo que eso se está revirtiendo y vivimos un momento más constructivo en esa propuesta de referentes morales. Ya nadie se atrevería decir 'todo es opinable, nada es bueno o malo'. No, perdona, la violencia machista no es opinable. Ya no lo es y eso es un avance.


Diego S. Garrocho, autor de 'Sobre la nostalgia'. FOTO: BENEDICTO MOYA (ANAYA)

Remedios Zafra sostenía en el libro El entusiasmo que uno de los condicionantes más importantes de la creación cultural actual es que no existen los medios materiales que permitan sustentar una vida dedicada a la cultura o la creatividad. ¿Puede que la precariedad haya influido en la creación de referentes? ¿Que la impida, de hecho?

Remedios me parece una de las máximas referentes en pensamiento crítico de nuestro país y de hecho va a abrir el curso del máster que coordino. Pero he de disentir en este pensamiento. A ver, me gustaría que quedara claro porque no quiero que haya en esto una ambigüedad que haga que se resienta el discurso: esa precariedad hay que discutirla, combatirla y denunciarla. Pero creo que no es necesariamente la causa de los males culturales que tenemos. Escenarios de absoluta precariedad, cuando no miseria, han alumbrado a grandes genios. Épocas de decadencia que han dado obras absolutamente geniales.

Ahora bien, hay que subrayar que esto no puede ser una estrategia de legitimación de la explotación de las personas. Hay que combatir la precariedad con todo lo que tengamos. Nuestra generación ha sido especialmente maltratada en este sentido. Pero tampoco creo que vivamos una época especialmente infecunda en lo cultural. La nostalgia como motor cultural podía estar presente en Goethe pero nadie diría que es un mal autor porque es un autor nostálgico. La nostalgia puede, paradójicamente, alumbrar conductas brillantes.

Ahora que habla de nostalgia como motor cultural: hoy en día se mercadea con ella a nivel global y multitud de productos culturales escapan a la mirada actual. Remakes, reboots y adaptaciones en acción real de clásicos animados como Dumbo, El Rey León o Aladdinson ejemplos. ¿Es Disney responsable de la generación más nostálgica de la historia?

Yo le concedería menos poder a Disney en esto del que solemos darle, porque no estoy tan seguro de que Disney infunda en nosotros nostalgia sino que triunfa porque el ser humano es un animal nostálgico. Hemos constatado que el presente no sirve, el mundo en que vivimos, incluso cuando seamos felices y contemos con una razonable protección material, ya no nos basta.

Entonces, a esa falta casi constitutiva del ser humano que es el echar de menos se suma el no estar a gusto con su situación por bien que le vayan las cosas. Y creo que una industria como Disney es capaz de dirigir sus productos culturales hacia este sentimiento. En su caso de una forma bastante obvia: se trata de perpetuar la infancia. Un lugar y un refugio que son un tópico universal. ¿Quién no querría volver a soñar como un niño? Es un sentimiento imbatible, todos queremos volver a la infancia por un segundo. En parte porque en la vida adulta nos lo han puesto muy difícil, pero también porque aunque nos vaya bien, hemos construido una forma de habitar el presente que es siempre insuficiente.

En este sentido, ¿cómo opera la nostalgia para que añoremos cosas que no hemos vivido? ¿Estamos en un ambiente en el que aceptamos culturalmente la nostalgia de generaciones que no nos pertenecen?

Absolutamente y por eso es tan eficaz. Es el mismo problema que el de los mitos fundacionales de las comunidades políticas: siempre tienen que ser lo suficientemente remotos en el tiempo como para que nadie pueda falsarlos. Esto es igual: el pasado y nuestra memoria es el terreno de lo infalsable. Nadie va a decir que no vivimos aquello que creemos haber vivido.

El futuro en algún momento se resolverá como presente y nuestras expectativas se afirmaran ciertas o inciertas, pero el pasado es un terreno donde volcamos toda nuestra imaginación, todas nuestras aspiraciones. Es un terreno especialmente fecundo para la fabulación. Tendemos a imaginar escenas donde no estuvimos, es un mecanismo muy habitual. París tendría la población de China si todos los que creen haber estado allí en el 68 lo hubieran estado de verdad.

Pero nos ocurre también a un nivel más mediocre: aquella relación que idealizamos y que tal vez no fue tan feliz, aquel viaje iniciático que hicimos con los amigos del selectivo que en el fondo fue penoso... Tendemos a imaginar que aquellos momentos sí fueron importantes de verdad. Por eso los cuentos empiezan así: el Once upon a time no es baladí. Parece que las cosas importantes siempre pasaron en otro tiempo, nunca hoy.


Diego S. Garrocho, autor de 'Sobre la nostalgia'. FOTO: BENEDICTO MOYA (ANAYA)

En lo cultural podríamos convenir que hay distintos tipos de nostalgia. Hay una que revisa y analiza críticamente los productos culturales determinados por su contexto. Pero también hay otra que es acrítica, se diría que hasta tóxica, porque romantiza el pasado sin más. ¿Cuál de las dos está más presente en nuestra sociedad?

Es una pregunta muy compleja porque las dos nostalgias son reales y existen. Lo que ocurre es que la idealización del pasado entraña riesgos muy serios porque nos puede llevar a ciertos pensamientos totalitarios. Hay muchas experiencias conservadoras y reaccionarias que insisten fundamentalmente en esa idealización. Son discursos siempre acríticos y muchas veces no tienen nada que ver con la verdad. Cuando se ejerce la crítica hay un objeto sobre el que se cierne esa crítica, pero a veces ni siquiera existe ese objeto y se construyen relatos políticos que son enteras fabulaciones.

También es cierto que puede operar una nostalgia más crítica y revisionista, incluso fiel a los hechos. Pero la necesidad de ejercer la crítica no es patrimonio de la nostalgia sino de la memoria. Debemos revisar nuestras memorias en lo colectivo y en lo personal. Aunque puede que tengamos derecho a inventarnos un poco nuestra vida. Si nuestro viaje de selectividad no moló tanto, a veces es más importante ser un poco feliz que ser fiel a nuestra memoria.

Así que aquí quiero romper una lanza en favor de esas recreaciones más o menos épicas de episodios mediocres que nos hacen vivir un poco más alegremente. Que nos hacen llevar con menos pesadumbre nuestra humana vulnerabilidad y nuestra mediocridad ordinaria. Me atrevería a pensar que unas dosis de fábula en la propia vida tienen sentido. Hay que procurar que no se haga un abuso político sobre ella, pero en lo personal... soñemos con lo que no fuimos, no pasa nada.

Susan Sontag decía en Sobre la fotografía que cuando tenemos miedo disparamos pero cuando sentimos nostalgia hacemos fotos. ¿Todas las artes son nostálgicas o lo son más las que tienen un componente visual por el hecho de recrear una realidad concreta que ya ha pasado?

Qué buena pregunta. La voy a pensar porque no quiero darte una respuesta banal. [Se lo piensa] Es obvio que todo arte mimético que trate de retener un instante presente, como la fotografía, la pintura o hasta la literatura, tienen un compromiso con un tiempo que ya no es. Pero eso puede ser una cura para la nostalgia o su peor alimento. La nostalgia siempre se va a alimentar de la interpretación de ese instante retenido.

Pero si pienso en la música, dónde no se da ese intercambio o voluntad de retener, creo que también hay experiencias evocadoramente nostálgicas. De hecho puede que las experiencias más nostálgicas vengan de la música porque no evoca un pasado que podamos recordar sino que nos comunica directamente con un sentimiento que echamos de menos.

La música es una aliada natural de la memoria como prueba el hecho de que en las cultural orales, por ejemplo, se insiste siempre en musicar el verso para recordarlo mejor. Los rapsodas y los poetas jugaban con el ritmo como un aliado de la memoria. De hecho hay canciones censuradas justo por eso: recuerdo el caso de una música tradicional prohibida entre las huestes de los soldados suizos para que no recordaran su hogar.

El sonido excita la memoria. Cualquiera que haya vivido un desamor lo primero que va a hacer es machacarse con una lista de Spotify. Hace hace años lo hacíamos con aquellos casetes compartidos. Creo que la música es la más nostálgica de las artes por esa desconexión de mímesis con lo real.

Comenta en el libro que la nostalgia parte de una desafección o una decepción con el presente. ¿Somos una generación más nostálgica que otras porque el aquí y el ahora nos decepciona?

Yo creo que sí y prueba de ello es que gran parte del consumo de nuestro tiempo es escapista. Vemos series en Netflix, recreamos experiencias de ocio propias de la infancia montando en bici o en patinete, tenemos una imperiosa necesidad de quemar el tiempo. Somos una generación inatenta e incapaz de mirar al presente cara a cara y reflexionar sobre lo que nos está pasando.

Si ahora mismo me levantase y fuese al baño, ¿cuánto tardarías en sacar el móvil? No nos llevamos bien con nuestro presente, tenemos que estar permanentemente yendo a otro lugar, a otra parte, aunque sea un lugar virtual. Ahí la tecnología ha jugado un papel determinante. Somos una generación que se lleva especialmente mal con el presente y por eso las estrategias escapistas son permanentes y cada vez más variadas.


Diego S. Garrocho, autor de 'Sobre la nostalgia'. FOTO: BENEDICTO MOYA (ANAYA)
https://www.eldiario.es/cultura/filosofia/Hoy-sonamos-hacer-revolucion-padres_0_887511955.html
 
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Paul B. Preciado: "Soy un disidente del sistema sexual"
  • ELENA PITA
Viernes, 19 abril 2019 - 02:26
Inteligente, sagaz y veloz, el filósofo de la palabra hecha cuerpo publica 'Un apartamento en Urano', una colección de ensayos. De su crítica a la diversidad y del arte habla en esta entrevista


Me reconozco un ser absorbido a mi pesar por el sistema patriarcal y el capitalismo bigdata, y aquí me hallo plantada tal que un pino en la plaza del mismo nombre (barrio gótico de Barcelona) esperando a Paul B.(de Beatriz) Preciado. Filósofo, comisario cultural, activista del tránsito (queer), dinamitador de lo establecido armado de la palabra que escribe con su cuerpo como cuaderno. Desde mi condición integrada, no sé si voy a encontrar a un hombre o a una mujer ni qué aspecto tendrá aunque lo he visto en fotografías, porque Paul B. muta constantemente de piel y espacio y acaba de declararse ciudadano de Urano. Como él o ella tampoco me conoce y arrecia lluvia y frío, rayos y truenos escupe el cielo despiadado a 10 grados menos que ayer mismo, decido replantarme en medio de la plaza vacía de turistas espantados y desplegar mi paraguas de chino coral fosforito. Espero cerca de una hora y empiezo a temer lo peor cuando un sms asoma en mi teléfono con una dirección.

Le descubro al fondo del bar con una taza de chocolate caliente y una maleta tamaño el baúl de una vida. Paul B. Preciado (Burgos, 1970) acaba de publicar en castellano Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce (Anagrama) después de venderlo a miles en Francia y al tiempo que se traduce a una decena de lenguas. Lo cuenta todo la uraniana en este libro recopilatorio de sus artículos para el diario Libération, más un suculento prólogo de su ex, la escritora Virginie Despentes, y una prolija introducción. Y todo lo recontamos en casi dos horas de entrevista. Inteligente, sagaz, veloz, genial el filósofo de la palabra hecha cuerpo desgarbado bajo un gabán oscuro y de rostro anguloso de ojos azules. Intento poner orden a esta lucha "somatopolítica".

¿Elige el cuerpo como cuaderno donde escribir su postulado filosófico, su crítica a la identidad?
En el 2005 empecé a aplicarme una dosis umbral de testosterona y durante nueve años transité por un género fluido auto experimentando con la escritura; fue un proceso voluntario de intoxicación que llamé Testo Yonqui. Era mi forma de disidencia al protocolo médico-jurídico según el cual te tienes que declarar disfórico de género y por tanto, enfermo mental. Y en el 2014, decidí pasar a otra dosis, entrar en un protocolo médico [lo hizo en una clínica norteamericana] y asumir la responsabilidad política. Crucé la frontera del cambio de s*x* legal como un proyecto de arte conceptual, pero, sin duda, las hormonas te marcan políticamente.
¿Por qué entiende la transexualidad como un acto político por definición?
Porque la diferenciación sexual es una epistemología política como la raza: no son realidades empíricas. El sexismo es una práctica histórica de diferenciación y taxonomía jerárquica entre cuerpos, cuando en realidad lo que existe es una multiplicidad infinita de cuerpos irreductible al sistema binario. Igual que la raza es una invención científica de la modernidad para justificar la colonización, pero lo que hay, naturalmente, son millones de tonos de piel y diferencias, el objetivo de la noción sexual binaria es segmentar la población en dos nichos biológicos de reproducción, estableciendo normativamente la heterosexualidad como núcleo familiar. Pero ese paradigma entra en crisis en los años 40, porque la medicina constata que existen variaciones genéticas, morfológicas y cromosómicas y así nacen la inter y transexualidad, para aplicar operaciones y hormonas y reconducir los cuerpos al binarismo legal.
¿Aprendió como alumno de Jacques Derrida que la filosofía no es un tratado sino una forma de vida?
No, eso lo aprendí del feminismo. En los 90 yo era una lesbiana radical, de guerrilla, y escribir ese lenguaje en el ámbito universitario aquí era imposible, así que me fui a estudiar a Estados Unidos, donde de Derrida aprendí que la más importante de todas las tecnologías es la escritura: es la acción directa. Como filósofo yo reclamo que dejemos de pensar en la identidad, que es la ideología impuesta por el capitalismo de la modernidad para justificar la jerarquía. Somos sociedades patológicamente obsesionadas con la identidad: solo vemos raza, nacionalidad y s*x*. Reclamo el cuerpo vivo como ciudadano absoluto de la Tierra más allá de toda identidad, incluso cuestiono la diferencia entre animal y humano. Además, creo que estamos viviendo un cambio de paradigma solo semejante a la revolución corpernicana y la invención de la imprenta. La inteligencia artificial, la bio impresora e internet suponen tal golpe al saber supuestamente científico, que hemos pasado de una regulación tecno-científica y estatal a otra neoliberal o del mercado.
¿Es el miedo del mercado y la política al nuevo modo de saber lo que nos ha traído esta nueva ola reaccionaria y neoliberal?
Hay dos procesos, por un lado tenemos un cambio de paradigma de tal profundidad ética que como no nos lo tomemos en serio será el último: nunca antes la supervivencia del planeta ha estado en cuestión. Yo lo llamo transición, porque cuando empecé a hacer la mía me di cuenta de que no era yo sino el planeta lo que mutaba. Me veo a mí mismo como un sismógrafo corporal de esta transición biotecnológica de los lugares donde se produce el valor y el saber en todos los sentidos. De forma paralela se da una multiplicidad de revoluciones micro políticas de cuerpos que no han sido considerados históricamente humanos, empezando por la minoría de las mujeres que son la mitad de la población, las personas con diversidad sexual y funcional, con discapacidad, los enfermos mentales, etcétera. Un 99% de la población reclama el estatuto de vivientes.
¿Quiere decir que no es usted quien elige el cuerpo como cuaderno sino que el cuerpo se lo pide a usted? ¿No decide mutar por una cuestión sexual?
¿Qué es una cuestión sexual? Un transexual hoy es lo que era un hereje en el siglo XV. Soy un disidente del sistema sexual y uso la escritura para desmantelar mi identificación y exigir que se retire la asignación sexual en el nacimiento y en los documentos.
Que ¿de qué le sirve al Estado?
Esa es la pregunta. Sirve de base a un proceso de socialización divergente donde las mujeres siguen siendo el objeto de la violencia patriarcal. Fue cuando decidí cambiar mi pasaporte, durante mi transición, cuando las fronteras se me aparecieron realmente visibles. Algunos cuerpos estamos sometidos a un cruce constante de fronteras, como le sucede a un negro cuando sale del metro y le piden los papeles como si atravesara una aduana.
Navegó como un emigrante, constantemente cuestionado en las garitas fronterizas, durante los años que comisarió la Documenta 14 desde Atenas. ¿Fue un ejercicio consciente o provocado?
Durante tres años di literalmente la vuelta al mundo. Fue como un segundo doctorado, éste en la resistencia antipatriarcal y anticolonial; como hacer una cartografía mundial de todos los movimientos anti sistema. Ahí fui consciente del cambio de paradigma, el desplazamiento de la soberanía desde el estado-nación hacia el mercado y las multinacionales. Y cómo los estados-nación luchan contra ello a través de los fantasmas de identidad, y a partir de ahí de nuevo la mitología de la tierra, la familia, la sangre, la nación y, por tanto, la violencia.
Errabunda, desprovista de un lugar en la Tierra, ¿busca piso en Urano?
Ya no queda un espacio en el planeta, ni en el Amazonas, que no haya sido territorializado por el capitalismo patriarcal. Decidí titular así también como guiño a Una habitación propia donde Virginia Woolf reclama su espacio. Y ¿por qué Urano?, porque los dos lenguajes para pensar nuestra subjetividad son el médico y el psicoanalítico, y buscando una nueva gramática encontré la distopía que puede ser el sueño, el lugar no territorializado por el poder. En el sueño encuentro la emancipación cognitiva, pese a Freud, que es el gran revelador del inconsciente patriarcal, y la farmacología.
Le cito, "no soy hombre, no soy mujer, no soy heterosexual ni bisexual". ¿Es el suyo un género utópico o la negación del género?
Tengo la encarnación corporal que tengo, y lucho por ser públicamente reconocido simplemente como un hombre, cuando he sido educado y he crecido como una niña y toda mi vida es el feminismo. Querer acabar con los géneros es como querer que la piel no tenga color, pero hay que modificar el sistema binario. Mi género es un acto de disidencia.

¿Ha abandonado totalmente sus facetas curatorial y académica?
Estoy haciendo el pabellón de Taiwán de la Bienal de Venecia y la Bienal de Bergen, y ejerzo como filósofo asociado del Centro Pompidou. Pero no puedo seguir metido en mi museo y mi academia filosófica mientras veo cómo la contrarrevolución se adueña de Europa y América. Por eso decidí escribir una tribuna en un periódico, que es mi forma de ocupar la calle.
Me parece curiosísimo que, detrás de este discurso, sea usted señalado por Art Review como el comisario internacional más influyente en el mundo del arte...
Fui el primer sorprendido, pero no tiene mayor importancia. Quizá sea porque muchos artistas trabajan con mis textos: el arte busca filósofos que lo legitimen.
¿Para qué sirve el arte, o un museo, si su valor lo decide el mercado financiero?
El arte no es per se más crítico que el discurso científico. El artista está dentro del mercado como cualquier vendedor de salchichas. Más que el arte en sí, me interesan los sistemas de representación, y hay artistas que trabajan con parámetros críticos y otros que, como Jeff Koons, no lo hacen en absoluto. Un museo debiera ser un parlamento de lo sensible, sin más, donde uno va a cuestionar sus modos de sentir, a aprender a desear de otra manera, a no ser quién es.
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2019/04/19/5cb079a321efa0041c8b4664.html
 

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