Cinco píldoras biográficas para tomar antes de ver la última de Pedro Almodóvar

Tema en 'Cine, Series de Televisión, Novelas' iniciado por Serendi, 22 Feb 2019.

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    Cinco píldoras biográficas para tomar antes de ver la última de Pedro Almodóvar


    Dolor y gloria es un desnudo integral de la infancia y el presente del director manchego, pero recupera el humor y el delirio que se echó en falta en Julieta

    El pueblo, la relación con su madre (Penélope Cruz), los coqueteos con las drogas y los achaques de la edad aparecen reflejados sin tapujos en su última película

    Mónica Zas Marcos
    21/02/2019 - 21:40h
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    Almodóvar con sus dos padres en 'Dolor y gloria'

    ENTREVISTA | Pedro Almodóvar: "Si empezara a hacer cine hoy, sería youtuber"
    Julieta (2016) fue el muro de contención de Pedro Almodóvar. La prueba de que, si el exceso no convencía en su ansiado festival de Cannes, era capaz de ofrecer un drama contenido e intenso de los que ganan la Palma de Oro. Allí se estrenó, compitió, pero no ganó, y por si fuera poco en suelo español no fue especialmente celebrada.

    Por suerte, el nuevo Almodóvar respondió a una etapa de maduración que culminó con el rodaje de su siguiente película, que llega a los cines el próximo 22 de marzo y que ya hemos podido ver en eldiario.es.

    Dolor y gloria es la continuación natural de Julieta en cuanto a estética y calado, pero recupera el humor que tanto se echaba en falta en aquella. Todo lo que tiene de loca, descarada y estrambótica, lo tiene también de nostálgica, culta y dolorosa. Porque la nueva película de Almodóvar solo bebe de una fuente de inspiración: Pedro.

    "Mis películas me retratan, pero no de un modo inmediato y evidente", nos dijo hace tres años el manchego en las oficinas de El Deseo, su productora. En esta ocasión, no hay un reflejo más claro que el de Antonio Banderas metiéndose en la piel, las canas, el colorido apartamento y las camisas estampadas del sexagenario director. Dolor y gloria es el único desnudo integral de la filmografía Almodóvar sin necesidad de que aparezcan torsos, glúteos ni penes (o casi).


    El director ha prometido que nunca escribirá su biografía porque ya está incluida en las 20 películas que ha hecho hasta ahora. Y, aún así, le faltaban cosas por contar. Por primera vez, el guion narra al pie de la letra hechos como su infancia, la relación con su madre o envejecer pagando los excesos de la Movida y la soledad del cineasta estrella. Puesto que hay bastantes 'Pedros' reconocibles en Dolor y gloria, conviene repasarlos antes de enfrentarse a la cinta más íntima de Almodóvar.

    El Pedro rural
    El pueblo que aparece en Dolor y gloria no es la Calzada de Calatrava que vio crecer a la progenie de los Almodóvar. La pobreza con la que convivió durante la dictadura franquista, sin embargo, es la misma que se refleja en la película. Al proceder de una familia de arrieros, Pedrito no tuvo más remedio que acceder a los estudios a través de un seminario de curas.

    Antes de abandonar su hogar, Almodóvar recuerda con especial cariño el río de su pueblo, donde acompañaba a su madre y a las vecinas a lavar. Lo desveló durante la promoción de Volver (2006), quizá el mayor homenaje a sus raíces rurales, y lo deja patente en la escena inicial de Dolor y gloria (en la que aparece Rosalía). Las mujeres cantaban, frotaban la ropa con su propio jabón y tendían las sábanas sobre la hierba.

    "El río era una fiesta. Fue también en sus aguas donde descubrí unos años más tarde la sensualidad. Sin duda, el río es lo que más añoro de mi infancia y pubertad", dijo en ese momento.

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    Penélope Cruz en el río

    El Pedro maternal
    No hace falta ser muy docto en la biografía de Pedro Almodóvar para conocer a doña Paquita, su madre. "Al principio eras muy guarro", dice la matriarca en un reportaje. "¡Mamá, cómo que guarro! Eran los ochenta", replica su hijo mayor. Sin embargo, fue ella quien despertó su espíritu creativo y le leía las poesías que ella misma escribía.

    Desoyó los deseos de su marido, que le pidió que convenciese a Pedro de ganarse el porvenir en la Telefónica. Murió en 1999 siendo una mujer muy consciente de que la vida de pueblo no era lo que se merecían sus tres hijos, pero tampoco renegaba de su naturaleza paisana, siempre pendiente de lo que pensasen las vecinas. En la película, Almodóvar se muestra como un niño cariñoso, un joven despreocupado y un adulto apegado a su anciana madre, interpretada por Penélope Cruz.

    Casi diez años más tarde, y después del ejercicio terapéutico que supuso Volver, el cineasta reconoce que no ha superado la muerte de la mujer más importante de su vida: la verdadera "dama Almodóvar".

    El Pedro de la Movida
    Aunque no se refleja claramente en pantalla, Dolor y gloria da cuenta a través de los diálogos de la frivolidad, la fantástica marcha y los coqueteos con la droga durante la Movida. Esta última es el centro neurálgico de la cinta, la que inspira los déjà vu más dramáticos y también los momentos más cómicos.

    En la película, se reúne con un viejo actor al que no ve desde hace treinta años –¿quizá un guiño a Eusebio Poncela?– por culpa de su adicción a la heroína. Él fue la estrella de su cinta más famosa, pero le apartó de toda la promoción y no le ayudó a encaminar de nuevo su carrera. De cierta manera, Almodóvar critica la férrea que defendió contra las drogas en los noventa y más en comparación a lo que él mismo hizo en la década anterior.

    "El éxito se lo regalaba al primero que me lo pidiera, aunque prefiero vivir como vivo ahora, porque aquel ritmo era mucho más divertido pero imposible de seguir. Las drogas y el s*x* habrían acabado conmigo", confesó en un recopilatorio de sus escritos publicado en los años 90.

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    Antonio Banderas como Salvador, el álter ego de Almodóvar en 'Dolor y gloria'

    El Pedro achacoso
    Ya lo dijo hace dos años: "La vejez no es una enfermedad, es una masacre". Y así es presentada textualmente en Dolor y gloria. Al personaje de Salvador, el de Banderas, le duele el cuerpo y el alma por culpa de las cefaleas, las migrañas, la ciática, el dolor de espalda, el insomnio y la depresión.

    Aunque no se prodiga demasiado el respecto en las entrevistas, detrás de sus icónicas gafas de sol se esconde la enfermedad de la fotofobia, que le produce unos dolores de cabeza molestos. Ese miedo a envejecer es lo que le lleva a hacer un recorrido por su pasado en busca de la nostalgia, lo que salva a su álter ego a través de una regreso al trabajo y lo que seguramente le haya salvado a él también con Dolor y gloria.

    El Pedro Almodóvar
    Salvador es un tipo ególatra pero desanimado. Depresivo pero muy consciente de los hitos que ha conseguido con su cine, de la vaca sagrada en la que se ha convertido y de su impacto en el sector internacional. Almodóvar también lo es. Y este reflejo tan insufriblemente fiel de sí mismo le convierte en un narrador honesto que no teme a escribir su propia parodia.

    Se presenta como un director difícil con sus actores, a los que trata con despotismo y superioridad. En el mundo real, no son pocos con los que ha terminado a la gresca o los que en las entrevistas dicen con la boca pequeña que es "demasiado exigente". Lo admite en Dolor y gloria, pero también ofrece su particular aclaración en forma de backgroundfamiliar, amoroso y un poco hipocondríaco.

    Quizá sea un mea culpa, un perdón o una petición de entendimiento, pero es innegable que pocos saben sacudirse el ego sin artificios como lo hace Pedro Almodóvar.

    21/02/2019 - 21:40h
    https://www.eldiario.es/cultura/cine/Pildoras-Pedro-Almodovar-Dolor-gloria_0_870013731.html
     
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  2. Serendi

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    Pedro Almodóvar: «Nunca he estado dispuesto a cambiar ni la cultura ni la lengua de mis películas»
    El director manchego regresa al cine con la película «Dolor y gloria», que llegará a las pantallas la próxima semana. Una historia que indaga en su pasado y que rinde homenaje a la década que le vio nacer como director, los 80
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    [​IMG]Laura Revuelta@laura_revuelta1
    Actualizado:19/03/2019 01:23h

    El equipo de Almodóvar no ha escatimado esfuerzos para poner en órbita su nueva película, «Dolor y gloria». Se juega mucho, porque sus anteriores títulos no han disfrutado del éxito acostumbrado y Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1949) -antes muy remiso a las entrevistas- se ha abierto. Puede que no haya tenido más remedio, entre otras cosas porque esta última cinta tiene muchos toques autobiográficos y nace de una crisis total. Almodóvar nos recibe en una de las salas de la productora El Deseo. Entre él y yo, una mesa de despacho. No deja que le hagan fotos. Parece que los años y las crisis le dan una amabilidad que antes no transmitía.

    Esta película viene después de algunos fracasos y crisis personales. ¿Ha sido fácil reinventarse?

    Yo pensaba que no podría volver a rodar. Esa sensación sí era muy fuerte, o no me encontraba capacitado para enfrentarme a ella, porque mi dependencia, y hablo como si fuera una droga, es el cine. Entonces, la perspectiva de no volver a hacer una película, para mí es fatal, sería una tragedia. No se trata de hacer cualquier película. Pero ese miedo sí lo sentía en aquel momento, y lo superé del mejor modo que se podía superar, que era escribiendo.

    ¿Qué historia quiere contar?

    Cuando fui a escribirla, vi que realmente la referencia del protagonista debía ser yo, por las circunstancias de aquel momento. Pensé: ¡qué poco oportuno ahora una película sobre un hombre deprimido, aislado...! Me parecía que era algo que el mercado no estaba pidiendo y que no tenía interés. Me costó un poco continuar, pero una vez superado... Exceptuando una secuencia. La escena en que Julieta Serrano y Antonio Banderas están en la terraza y ella dice que no ha sido buen hijo y le explica por qué.



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    Antonio Banderas en «Dolor y gloria»
    Julieta Serrano hace de su madre y siempre ha parecido que usted y su madre tuvieron una relación muy buena.

    Era la escena que mejor retrataba una sensación que tuve de pequeño: la extrañeza con la que me miraba la gente con la que que vivía, en el pueblo, en los juegos, en la escuela, en el colegio... Estaba a punto de llorar.

    Citaba antes al mercado y que su nueva película podría no encajar con los gustos mayoritarios. ¿Siente que ya no tiene la complicidad de hace años?

    Más que entender el mercado, es una cuestión de constatar la realidad. A pesar de que se den cifras positivas de asistencia al cine español, los espectadores son cada vez menos. Son cada vez menos los que van a ver películas españolas. Se han cerrado montones de cines, hay zonas de nuestro país, comarcas enteras, en las que no hay ni una pantalla. A mí eso me parece terrorífico, me da la sensación de estar haciendo un trabajo totalmente crepuscular.

    ¿Cree que ahora hubiera podido grabar sus primeras películas?

    Rodar la primera película sí que la hubiera rodado. Ahora, no sé si se habría estrenado y si me habrían dado un céntimo para hacer la siguiente. Lo cual significa que el país, en cuanto a las susceptibilidades generales, está mucho peor que en el año 83.



    «Con la corrección política actual, mucha gente protestaría por algunas de las cosas que aparecen en mis películas»
    Pero aquellos años 80 son fruto de la Transición y sus consensos. ¿Cómo ve nuestro presente?

    Estoy preocupado por la deriva que está tomando el país. Por la incertidumbre.

    ¿Se atrevería a asumir los mismos retos de entonces?

    Yo, atrevido sí, me atrevo, me atrevo con veintitantos años, pero con mis casi setenta no tengo tanta energía. Si estuviera empezando me atrevería, pero no creo que encontrara… No contaría con ninguna ayuda. Sobre todo por parte de la industria, los exhibidores no la pondrían en los cines, y heriría sentimientos. En aquellos momentos, la gente no era tan susceptible como ahora. Dentro de la corrección política en que vivimos, habría mucha gente que protestaría por muchas de las cosas que aparecen en mis películas.

    ¿Qué echa de menos de aquella España de los 80 a la que usted rinde homenaje en su último trabajo? De hecho, los cuadros que aparecen son de pintores, amigos, de la época.

    Sí, totalmente, es un homenaje. Los personajes centrales y el protagonista están formados en la noche madrileña, con todo lo que eso tenía de bueno y de malo. Y son el resultado de esa cultura. Yo en ese momento estaba empezando, hacía Super-8... Como tantos otros: Manolo Quejido, Sigfrido Marín Begué, Pérez Villalta…



    «Mi padre, cuando vio que me marchaba, iba a llamar a la Guardia Civil. Luego, me di cuenta de la importancia de la familia»
    ¿Siente nostalgia? ¿Piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor?

    La nostalgia siempre me ha parecido un sentimiento menor, pero reconozco que no sé si lo que hago, al final, es poner en valor un montón de cosas que eran nuestra vida en aquellos momentos, aunque no todas son positivas, algunas son muy dramáticas. Lo que sí sentía era la necesidad de homenajear a los artistas de esa época en la que empecé. Lo que más echo de menos es que era joven, en ese momento, muy joven, y me he ido convirtiendo en un personaje cada vez más melancólico, sin caer en la misantropía. En este sentido, estoy de acuerdo con lo que decía Philip Roth de que la vejez no es una enfermedad, es una masacre, y me da rabia, porque yo tengo un espíritu positivo y optimista, pero llevo mal el paso del tiempo.

    Tiene fama de ser duro con los actores. Repite con Antonio Banderas, que hace de usted, su «alter ego». ¿Cómo ha sido ese trabajo entre los dos? ¿Han surgido roces?

    Ha sido uno de los rodajes más fáciles, o por lo menos, en los que menos problemas hemos tenido. Es curioso, porque los rodajes son una fábrica de problemas naturales, pero este ha sido bendecido. Para Antonio Banderas es un trabajo actoral como cualquier otro. Yo no quería que gesticulara ni que me imitara. Y lleva tiempo aceptarlo. Cuando digo nada, es nada. Le insistía en que menos gesto, hasta que dejó la cara totalmente vacía, que no es una cosa fácil. Él lo hizo, creo que sin mucha convicción. Pero, afortunadamente, fueron solo peleas entre amigos. Aunque no resultó, en absoluto, agradable. Yo no quería tener esos problemas, pero él me dijo que no le importaba. Y así ha sido.

    ¿Qué recuerda del muchacho que se vino a Madrid a buscarse la vida, a trabajar en Telefónica?



    -Realmente, yo me independicé muy jovencito, tenía 17 o 18 años, y es la única bronca que tuve con mi padre. Mi padre me amenazó con... No quería que viniera a Madrid. Cuando vio que me marchaba iba a llamar a la Guardia Civil. Superada la adolescencia, en esos primeros años, tenía la impresión de que mi vida pasaba por la independencia absoluta, y por ganármela, y por ser autosuficiente, y luego por poder hacer cine. Pero, cuando empezaba a hacer «Pepi, Luci, Bom...» me di cuenta de que necesitaba a la familia, y que la familia te necesita.

    Al final, Almódovar es un tradicional, un sentimental.

    Bueno, en esos años primeros, la familia todavía me parecía que era el mejor invento de represión del individuo. Pero llega un momento, pronto también, en la veintena, en que me doy cuenta de la importancia de la familia. Tú perteneces a esa familia. Yo pertenezco a La Mancha, soy manchego y lo siento en el corazón.

    Sus películas ha triunfado en medio mundo. Se ha convertido en nuestro director más internacional reflejando unos ambientes totalmente españoles, muy locales. ¿Se ha arrepentido de ese localismo, de esa impronta tan suya y tan nuestra?

    Hay veces que yo incluso dudaba de que se me fuera a entender... Por ejemplo, en «La flor de mi secreto» reflejaba mucho mi familia, sobre todo por el modo de hablar. Los manchegos, por lo menos entonces, hablaban de un modo muy particular. Es un castellano muy particular. Y cuando ponía en boca de Chus Lampreave lo de «como vacas sin cencerro», yo le preguntaba a mi hermano: «Agustín, ¿tú crees que no me estoy pasando mucho de verdaderamente local? Que esto solo lo van a entender en nuestro pueblo. No es que ya en Nueva York no lo entiendan, es que no se va a entender en ningún lugar». Pero yo lo dejé. Esa frase, en concreto, me la comentaban en Nueva York: recuerdo que eran judíos y me decían que la madre de la película era la típica «jewish mama». Tampoco es raro, porque por La Mancha han pasado árabes y judíos, y todos han dejado parte de su cultura.



    «Estoy preocupado por la deriva que está tomando el país. Por la incertidumbre»
    ¿Y se le pasó por su cabeza renunciar a esas esencias?

    Yo no esperaba que me fueran a entender en el extranjero en absoluto, pero tampoco estaba dispuesto a cambiar el tipo de historias, ni la mentalidad, ni la cultura, ni la lengua.

    ¿Grabaría una serie de televisión, ahora que tanto se llevan?

    Si de pronto me decidiera, tendría que ser una serie sobre una gran novela del siglo XIX, que no se puede comprimir en una película. No sé, «Madame Bovary», por ejemplo... Si lo hiciera sería con una gran novela de época. No obstante, por las cosas que estoy manejando, tengo la impresión de que lo próximo será una película y lo de después, también.

    Los libros aparecen por todas partes en sus películas.

    Afortunadamente, leer es de las cosas que puedes hacer en solitario y yo soy un lector voraz. Me inspira mucho, además del propio placer.

    El fin de una era cinematográfica
    El cine está cambiando, el mundo es otro desde que internet puso la primera pica en Flandes. Las plataformas han dado un vuelco al negocio, como ya se vio en los últimos Oscar con «Roma» del mexicano Alfonso Cuarón, de la mano de Netflix. Tal vez estemos atravesando el ocaso del cine tal y como lo entendíamos hasta hace bien poco. «Vivimos muchos crepúsculos ahora mismo -apunta Almodóvar-. Por un lado, aplaudo a las plataformas (no sólo con las series, sino también con las películas) porque dan mucho trabajo. Pero, por otro lado, se han empeñado en cambiar el modelo de ver las películas y lo han conseguido. Se ven mucho, sí, pero en casa. Y a mí esto me parece una cosa terrible, porque creo que la televisión puede coexistir con el cine. No tienen que ser antagónicas. Al final, es una realidad que las plataformas tienen una fuerza económica descomunal, con lo cual, pueden pagarlo todo: se producen y ruedan historias muy bien dotadas de presupuesto, pero de gusto televisivo, con actores de televisión... Eso empobrece los gustos de los espectadores y de los creadores, porque hace que un chico sin nombre, que vaya a trabajar con unos amigos sin nombre, no tenga puntos para hacer una película y, desde luego, ninguna televisión de las españolas le va a proponer que lleve adelante un guion personal, raro, difícil, como debe ser cuando empiezas». Por L. REVUELTA
    https://www.abc.es/cultura/cultural...ra-lengua-peliculas-201903190123_noticia.html
     
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  3. Lizzy2

    Lizzy2

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    Seguro que es un peliculón, la veré sin duda.
    Hace un par de días volví a ver Todo sobre mi madre y me volvió a encantar y me volvió a dejar el corazón encogido. Creo que en esta nueva peli me va a pasar lo mismo.
     
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  4. gintonica

    gintonica

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    Yo no la veré acabe aburrida del mundo cañí de Almodóvar, no le preguntan de cómo se forro recibiendo el 80% de las subvenciones al cine con los sociatas y creando su sicav para pagar menos impuestos? Sus problemas con Hacienda, es un personaje creado por sí mismo, pero su personaje dejó de vender porque ya es obsoleto
     
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