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Matar al crítico (y II): el síndrome FilmAffinity
Publicado por Diego Cuevas
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Campo de batalla: la tierra. Barra libre para los críticos. Imagen: Morgan Creek productions.
Este artículo es una continuación de Matar al crítico (I)

Ebert in da house

El legendario crítico cinematográfico Roger Ebert (1942-2013) reseñó Transformers: la venganza de los caídos de manera contundente: «Si quieres ahorrarte la entrada del cine, métete en la cocina junto a un coro masculino que entone la música del infierno y un niño que se dedique a golpear ollas y sartenes. Y luego cierra los ojos y usa tu imaginación».

Ebert dedicó prácticamente toda su vida al mundo del periodismo. Sobrellevó la edad del pavo trabajando en el periódico de su instituto, colaborando con fanzines de ciencia ficción y ejerciendo de reportero deportivo para una publicación local. Durante la época universitaria continuó aporreando teclas al servicio de las revistas del campus, vendió sus letras a gacetas con renombre y acabó llamando la atención del Chicago Sun-Times, un periódico que lo acogería a finales de los sesenta y con el que colaboraría hasta el día de su muerte en 2013. Entre medias conocería a su admirada Pauline Kael, escribiría el guion de la tetaxplotation de culto Más allá del valle de las muñecas de Russ Meyer, sería el culpable junto a Gene Siskel de idear un programa televisivo (que se reencarnó con diferentes nombres durante más de tres décadas) centrado exclusivamente en el análisis de películas, y se convirtió en el crítico de cine más reputado del planeta, tanto como para que en un momento dado sus reseñas se publicasen en más de doscientos periódicos estadounidenses al mismo tiempo. Llegó hasta donde ningún otro crítico cinematográfico había llegado jamás: en el 75 se llevó el Premio Pulitzer en la categoría de crítica (convirtiéndose en la primera persona en lograrlo en los terrenos de la crítica de cine) y treinta años después una estrella con su nombre se instaló en el paseo de la fama de Hollywood Boulevard.

Curiosamente, el propio Ebert aseguraba que las bases para su educación como crítico de cine las encontró en un lugar inesperado y muy poco académico: entre las páginas de la revista humorística Mad. Porque las parodias exageradas de películas que se realizaban en aquel magacín le ayudaron a reconocer los abundantes clichés y fórmulas que utilizaban (y reciclaban) continuamente los films. De aquellas viñetas también tomó prestada cierta sorna que le brotaba de tanto en tanto durante sus apuntes cinematográficos más creativos: Ebert matizó que «Haber visto Godzilla (1998) en el Palais de Cannes fue como presenciar un ritual satánico en la Basílica de San Pedro», definió Pearl Harbor como «una película de dos horas convertidas en tres horas sobre cómo el 7 de diciembre de 1947 los japoneses lanzaron un ataque sorpresa sobre un triángulo amoroso americano», reseñó Encantado de matarte con un «es la primera película que he visto que no mejora la experiencia de ver la pantalla de cine completamente en blanco durante el mismo periodo de tiempo», aseguró que se comería una pelota de golf antes que volver a ver Seven Days in Utopia, resumió la sinopsis de Serendipity del siguiente modo: «Jon y Sara tienen mucho en común: a ambos les falta una “h” en el nombre. Y el destino no está llamando a sus puertas, sino que ha entrado con un equipo de SWATs y ahora se dedica a golpear la cabeza de uno contra la del otro sin parar», explicó que Spice World «obviamente es un plagio de ¡Qué noche la de aquel día! con la diferencia de que los Beatles tenían talento y en cambio las Spice Girls podrían ser sustituidas por cualquier mujer de menos de treinta años que esté haciendo cola en un Dunkin’ Donuts», resumió Cocodrilo Dundee con un «he visto auditorias más emocionantes», enterró Airbender: el último guerrero de M. Night Shyamalan al sentenciar que la película «agoniza a todos los niveles posibles e incluso en aquellos que no se han inventado aún. Aunque por pura probabilidad en algún momento algo tendría que salir bien, eso no pasa nunca aquí», explicó que en Trece fantasmas «el guion es desastroso y el volumen es una tortura. Espero que se proyecte en cines multisalas porque es el tipo de película que prefieres ver desde la habitación de al lado», escribió sobre la horrible The Spirit que «no hay rastro de emoción humana en ella, llamar a sus personajes figuras de cartón sería un insulto para el material de embalaje útil» y remató El bosque con un «etiquetarla como anti-clímax sería un insulto, pero no para los clímax sino para los prefijos».

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Roger Ebert, 2005. Foto: Michael Germana / Cordon.
El crítico también apuntó al hablar de The Brown Bunny que «una vez me hicieron una colonoscopia y me dejaron verla en la pantalla. Era más interesante que esta película».

Cuando Vincent Gallo, director de The Brown Bunny, se enteró de aquello decidió contestarle muy amablemente llamando a Ebert «cerdo gordo con el físico de un traficante de esclavos» y deseándole un cáncer de colon. El crítico respondió: «Es cierto que soy gordo. Pero yo puede que algún día esté delgado, y en cambio Vincent Gallo seguirá siendo siempre el director de The Brown Bunny».

Entre los logros más notables del escritor durante su carrera destaca especialmente el haber sido capaz de contestar a la carta de un lector, sobre la infame Disaster Movie, asimilando el fabuloso lenguaje nativo del contertulio. Una respuesta intraducible que tenía esta pinta:

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Roger Ebert troleando a los troles.
Campo de batalla

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El póster de Campo de batalla: la Tierra que Entertaintment Weekly regalaba a sus lectores lucía socarrón una cuidada selección de las peores críticas que provocó el film.
Ebert también fue aquella persona que afirmó que «Campo de batalla: la Tierra es como hacer un viaje en bus junto a alguien que lleva tiempo necesitando darse una ducha. No es solamente mala, es desagradable de manera hostil». Y Campo de batalla: la Tierra fue aquella película, basada en una novela ideada por el fundador de la cienciología (L. Ron Hubbard) y protagonizada por John Travolta, tan infumable como para cultivar una riada de críticas descacharrantes: Mark Bourne se atrevió a sentenciar que «Campo de batalla es a la experiencia de ver una película lo que una infección de hongos es al s*x*», Dennis Harvey dijo que era «la Showgirls de los shoot ‘em up de ciencia ficción», Steve Ryfle escribió: «Aquí no hay nada que no hayas visto antes, exceptuando esa imagen de John Travolta caminando por ahí con tubos metidos en la nariz», Nathan Rabin señaló que «hace que la audiencia sienta vergüenza de pertenecer a la misma especie que las personas que la crearon», Rita Kempley comentó en The Washington Post: «Un millón de monos con un millón de lápices de colores tendrían que ser presionados durante un millón de años para escribir algo tan cretino como Campo de batalla», James DiGiovanna aprovechó para dar palos a terceros con su crítica: «Campo de batalla hace que Independence Day parezca sutil e inteligente. Pauly Shore podría ver esta película y, basándose exclusivamente en el hecho de que él no participa en ella, dejar de sentir esa inmensa vergüenza que le abruma todos los días», Desson Howe aseguró en The Washington Post que «la película se reserva su momento más aterrador para el final, cuando insinúa una secuela» y Jon Stewart en su programa The Daily Show definió la cinta con un pareado «A cross between Star Wars and the smell of ass» («Un cruce entre Star Wars y el hedor de un culo»). En la revista Entertainment Weekly llegaron a publicar un póster de coña de la película recopilando un montón de aquellas críticas horribles. La reseña más salvaje y pasada de vueltas fue la de Harry Knowles para su portal Ainˈt Cool News: «Campo de batalla: la Tierra es ese zurullo en la taza de tu váter. Ese tronco de mierda con colores que no alcanzas a comprender por qué están ahí, con una forma rara que te resulta vagamente familiar. Algo a lo que querrás sacar una foto para enseñársela a los amigos a altas horas de la madrugada y preguntar “¿Alguna vez has visto algo como esto?” Tus amigos inevitablemente le echarán un vistazo y dirán: “Guau, menudo pedazo de mierda, pero ¿para qué le has hecho una foto?”».

En Amazon, entre las críticas de los propios usuarios, un caballero se atrevía a cascarle cinco estrellas sobre cinco a Campo de batalla: la Tierra y lo justificaba con un «Es la mayor montaña de basura en llamas que alguien se ha atrevido a meter en una película».

El síndrome FilmAffinity

La llegada de internet, los blogs personales y las páginas con capacidad para apilar reseñas de usuarios afectó profundamente a la audiencia estándar hasta mutarla y transformarla en un tipo de criatura nueva: las víctimas del síndrome FilmAffinity. Gente en la que se ha enquistado un espíritu de severo profesor de matemáticas a la hora de enfrentarse al cine, espectadores empeñados en calificar y acotar las películas en tablas del uno al diez concediendo su aprobación basándose en una escala numérica. Un público que, al enfrentarse a las películas con el termómetro en la mano, se olvida por completo de disfrutar del cine y se concentra demasiado en convertir sus impresiones ante una obra en un número, en lugar de desarrollarlas o sentir vergüenza por ellas. Actitudes que han construido un escenario de lo más soporífero: gente que discute airadamente (y con gesto muy serio) si dos películas de distinto género calificadas con un seis sobre diez son equiparables o deberían de militar en baremos distintos, trastornos obsesivos compulsivos materializados en listas anuales ordenadas a base de puntuaciones y con criterios muy férreos sobre lo que es o no es cine, o individuos que inexplicablemente no consideran que sea de muy mala persona evaluar algo utilizando decimales. La gente parece salir del cine efectuando ecuaciones matemáticas para calcular qué nota le pondrá a la cinta cuando se conecte a FilmAffinity, y la impresión general es que se sustituye el ritual de sentarse ante una película y dejarse llevar por el tragar películas con la libreta en la mano para evaluar si aprueban o suspenden en una p*ta escala imaginaria.

Pero más allá de la vacuidad de tanta nota gratuita, todas estas bases de datos plagadas de reseñas de usuarios y todas las webs de venta online también tienen una cualidad fantástica: el ser una mina de reseñas descacharrantes. En Amazon, un valiente usuario llamado Joe Watson calificaba El lobo de Wall Street con la puntuación mínima y resumía su decepción con una única frase: «No hay lobos en la película».

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Otro usuario de la misma web de compras online, un hombre llamado Steve, legó a nuestra civilización una pieza literaria excepcional tras contemplar la galardonada La forma del agua de Guillermo del Toro: «Desearía puntuarla con cero estrellas. Nunca se le ve el pexx al pez. Ni una sola vez. ¿Cómo puede ser eso posible? Es como hacer Parque jurásico pero no mostrar los dinosaurios, rodar Aliens sin xenomorfos, Titanic sin barco. Es una película sobre una mujer que tiene s*x* con un pez (que posee un pexx de pez) y el hecho de que nunca puedas posar los ojos sobre su miembro acuático debería de ser una vergüenza para todas las personas implicadas en ella […] Óscar a la mejor película. Y una mierda. Cualquier persona que diga que le ha gustado esta basura debería mirarse al espejo y preguntarse si no se merece algo mejor que una película sobre una mujer que se acuesta con un pez donde nunca se le ve el pexx al pez. Ni una sola vez». Jeffrey S. Saldana escribió sobre Las aventuras de Chatrán: «Pensé que a mi hija le encantaría. Pero en cuanto le dije que todos los animales que salían en la película probablemente ahora estaban muertos, me hizo apagarla». Alguien apodado Torrzillaescribió una fabulosa reseña de Enemigo público que se leía al ritmo de la música de El príncipe de Bel-Air. En IMDB una de las críticas de El sacrificio de un ciervo sagrado reza: «No entiendo nada en esta película. O soy la persona más tonta del mundo o soy el guionista». Ryan Galaska puntuó con una estrella Los juegos del hambre y lo justificó con un muy solemne «El hambre no es juego». En las redes sociales, un caballero llamado Sam Richardson analizó con precisión Los miserables (2012): «La película arranca con Lobezno cantando a tope, y después Catwoman comienza a cantar y a llorar y es todo muy emotivo. El único problema es que la chica que tenía sentada a mi lado, que se habría leído el libro o algo, comenzó a cantar con ellos y eso me distrajo bastante. A lo que vamos: Lobezno está huyendo de Gladiator porque Catwoman ha tenido un hijo en casa de Borat pero quiere que se haga cargo Lobezno. Pasa el tiempo, disparan a unos niños y todo el mundo muere. Cuatro estrellas».

El usuario JC advirtió en las críticas de La fiesta de las salchichas: «¡NO ES PARA NIÑOS! Es por** entre artículos de un supermercado». Marcel Lee comentó sobre Eduardo Manostijeras que «Eduardo tiene tijeras por manos, pero nadie le pregunta por qué». Stalag17 opinó que Star Wars: el despertar de la fuerza «era muy interesante pero las cabezas de Harrisond Ford y Mark Hamill le parecían muy grandes». Left of heaven97 reseñó Boyhood con «un chaval hace fotos, va a la universidad y le crece un bigote. Te acabo de ahorrar tres horas». Felipe Jiménez le dio cinco estrellas a Click de Adam Sandlerporque fue «La película que salvó mi matrimonio» y Matt Innis le otrogó otras cinco estrellas a Independence Day porque «perdí mi copia original durante el divorcio». Sobre el documental de pingüinos El viaje del emperador, un anónimo preguntó: «¿Cuál de los pingüinos era Morgan Freeman? Ninguno sonaba como él». Y bajo el nick Wu Kang un padre narraba su desastrosa experiencia viendo Deadpool: «He llevado a mis hijos de seis y ocho años a ver esto al cine. Ahora tienen miedo de que Ironman los apuñale con una espada mientras duermen». Una de las más encantadora reseñas corresponde a una persona llamada Carrie McGimsey que puntuó con la nota mínima a Los minions porque «Está en español pero no lo avisaba en ningún lado. Solo los minions hablan en español y el resto de los personajes lo hacen en inglés». A otro ser maravilloso llamado Leslie Clark le ocurrió algo parecido, se encabronó mucho ante La pasión de Cristo porque «no sabía que estaba en español».

Aunque lo mejor y lo más tierno de todo son aquellos que se toman (o quieren hacernos creer que lo hacen) las cosas demasiado en serio. Jim Aitken escribió sobre Jurassic World: «Es poco realista porque la existencia de los dinosaurios nunca ha sido probada. Puede que hayan descubierto algunos huesos pero pueden ser fake». Un comprador del Blu-ray de Big hero 6 preguntó muy serio dónde estaban las entregas del 1 al 5. Alguien apodado Hogbyte explicó en su reseña de Interstellar que «Tras descubrir que la NASA nunca llegó a la Luna, las pelis espaciales ya no son tan interesantes». Una desorientada mujer llamada Maggie comentó tras ver Los juegos del hambre: Sinsajo parte 1: «Esto es horrible, no se parece en nada a lo que se cuenta en la Biblia». Jeff W apuntaba sobre Happy Feet que «los pingüinos no hablan». Asa Walker mostró su descontento con Misión imposible: protocolo fantasma porque «la misión no era imposible». Y Wayne Hughes señaló un agujero del guion del tamaño de un butrón en su crítica de El resplandor: «Es difícil de creer que un hotel de ese tamaño en Colorado cierre en invierno durante la temporada de esquí». James P reconoció públicamente que Frozen había arruinado la vida escolar de sus hija: «Era una estudiante de sobresalientes pero ahora el último trabajo que ha entregado se titula “Por qué me gusta Olaf”».

Alguien también descubrió mientras charlaba con Siri que la asistente del iPad tenía una curiosa respuesta si le preguntabas por 2001: Una odisea del espacio, una que apuntaba sus críticas hacia la especie humana: «Se trata de una película sobre un asistente llamado HAL que trata de establecer contacto con una inteligencia superior. Hasta que dos tíos se meten en medio y la lían».

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Siri loves HAL.
La reseña más corta de la historia

El neoyorquino Leonard Maltin comenzó a escribir sobre cine durante la adolescencia al montarse su propio fanzine y colaborar gratuitamente con la publicación Classic Images. Lo sorprendente es que en 1969, cuando Maltin sumaba tan solo dieciocho años, logró convencer a una editorial para organizar y publicar un colosal libro de reviews peliculeras llamado TV Movies. Un compendio de ocho mil críticas cinematográficas, de las cuales Maltin había escrito la mitad, que puntuaba las películas en una escala de cuatro estrellas y resultó ser tan exitoso como para actualizarse y publicarse ininterrumpidamente (bajo el nuevo título Leonard Maltin’s Movie and Video Guide) durante cuarenta y seis años. En 2015 se lanzó su última entrega porque hoy en día la gente prefiere googlear en busca de críticas a pasar las páginas físicas de un libro. Maltin es el analista que escribió: «¿Qué puedo decir de una secuela de la que ni siquiera quiere formar parte Steve Guttenberg?» al hablar de Loca academia de policía 5: operación Miami Beach, y el que recomendó Loca academia de policía 6: ciudad sitiada a «únicamente —y solo únicamente— esa gente del público que cree que Loca academia de policía 5 merecía algún Óscar».

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Leonard Maltin en Gremlins 2. Imagen: Amblin Entertainment.
Maltin también es una cara conocida más allá de las fronteras de los States: En South Park se alió con Sidney Poitier y Robert Smith para derrotar a una Barbra Streisand convertida en un mecha gigante. Y Joe Dante logró ficharlo para aparecer en Gremlins 2 (la mejor secuela de la historia) a modo de coña metarreferencial: presentando un programa de críticas cinematográficas y siendo asesinado por los gremlins tras poner a parir la primera parte de la película. La gracia del guiño es que Maltin realmente puso a caldo la entrega original de Gremlins. En su momento le otorgó dos estrellas sobre cuatro y la calificó de «asquerosa, violenta y caótica». Para sorpresa de nadie, la secuela salió mejor parada cuando el caballero le concedió tres estrellas.

Pero si de algo puede fardar Leonard Maltin es de ser el autor (reconocido por el libro Guinness) de la crítica cinematográfica más corta de la historia, aquella reseña del film Isn’t It Romantic? (¿No te parece romántico?) compuesta por una única palabra: «No».
https://www.jotdown.es/2019/01/matar-al-critico-y-ii-el-sindrome-filmaffinity/
 

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El cielo de los periodistas
Publicado por Natalia Junquera
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Foto: Government Press Office (Israel) (CC BY-SA 3.0).
No voy a misa, ni me confieso. Mi religión se limita a creer que existe la gente buena y la gente mala y me gusta pensar que, al morirse, los buenos acaban en un lugar donde pueden hacer eternamente lo que más les gusta y lo malos, en otro muy lejos, condenados a dedicarse por los siglos de los siglos a todo lo que detestan. Como mi paisaje favorito del mundo es un periódico y yo soy buena-buena, espero terminar en el cielo de los periodistas.

Me lo imagino así.

Cada uno vive en una casa muy grande, con todos los familiares que echaba de menos, los que llegaron antes. Por las mañanas desayunamos algo muy parecido a los bufés de los hoteles —en el cielo, por supuesto, no se engorda— y luego nos vamos a trabajar —porque en el cielo de los periodistas se trabaja—.

Todos los días hacemos un periódico común, excelente, el mejor que se haya escrito. Se imprime en nuestras rotativas y lo reparten unos angelitos monísimos. También hay una edición digital, pero en el cielo somos más del papel de toda la vida. Porque nos gusta —somos unos románticos— y porque nos lo podemos permitir —todo el mundo allí arriba está suscrito—.

El periódico tiene distintas secciones. Hay noticias de la tierra, del cielo y del infierno, es decir, Internacional, Nacional y Sucesos. Hay entrevistas, reportajes, pasatiempos, y coronando las páginas de opinión, una viñeta de Forges.

El periodismo hace que cada día en el cielo sea distinto, como pasaba en la tierra. Hacemos muchas entrevistas, porque el cielo de los periodistas está lleno de gente inteligente, maravillosa e interesantísima a la que entrevistar. De todos los tiempos y de todas las disciplinas. A veces la mañana se te va preguntándole a Bogart si se enamoró de Bacall cuando ella le enseñó a silbar; o sentada conNeil Armstrong contándote a qué olía la luna. Otros días Quini te explica con pelos y señales cómo fue su secuestro y por qué decidió perdonar a sus secuestradores. Nos inflamos a dar exclusivas porque en el cielo de los periodistas la gente se anima a contar cosas que en la tierra no pudieron o no quisieron desvelar. Por ejemplo, Federico García Lorca, que escribe poemas en la contraportada de los domingos, contó en un número especial dónde estaba enterrado.

Además de la gente de plantilla tenemos una lista de colaboradores de lujo. Un día, por ejemplo,Winston Churchill pide escribir en las páginas de televisión para hacer una crítica de la serie The Queen, que le gustó mucho.

Las reuniones para decidir la portada del siguiente amanecer en el cielo de los periodistas son batallas campales divertidísimas. El director del periódico, Miguel Ángel Bastenier, se reúne con los jefes de cada sección y cada uno vende sus temas. Hay un consejo de sabios excelente (Javier Pradera, Joaquín Prieto, Malén Aznárez, Alejandro Bolaños…) y Mario Benedetti nos asesora con la táctica y estrategia para construir con palabras un puente indestructible. Como todos los temas son tan buenos es difícil escoger los mejores para llevarlos a la primera página. Imagínense: ¿hoy qué metemos? ¿Toda la verdad sobre el asesinato de JFK o la entrevista a Marilyn Monroe?

Existe la competencia, naturalmente, pero es una competencia sana, parecida a esas apuestas que solo se hacen por honor. A veces puede parecer que nos enfadamos, pero en cuanto cerramos el periódico hacemos un tercer tiempo en el bar de los periodistas y todo el mundo se olvida de si ganó o perdió la discusión. No hay un sitio donde sepa mejor la cerveza, esas cañas del deber cumplido, con el texto ya en la imprenta. Y lo mejor es la música en directo. Viene mucha gente de fuera, porque el de los periodistas es el mejor bar del cielo con diferencia, y de repente Antonio Vega sube al escenario para cantar «Lucha de gigantes» o Paco de Lucía coge la guitarra y hace que todos nos callemos de golpe.

De vez en cuando, cuando hay acontecimientos importantes, como las elecciones o el clásico, te mandan de enviada especial a la tierra, y también al infierno, para contar las altas, los que acaban de llegar. Los periodistas del cielo son muy honestos, y cuando bajan al infierno y se encuentran con algún viejo malo conocido se recusan a sí mismos para que otro escriba la crónica. Pasa a menudo. No obstante, como tenemos toda la influencia de los mejores tiempos del periodismo terrenal, cada año podemos salvar un alma condenada. Hay un barrio especial para los cursos de reinserción, que dirige Kapuszcinsky, y como ya no derrocamos gobiernos, en nuestra vitrina de trofeos colocamos las fotografías de todos aquellos a los que decidimos dar una segunda oportunidad. A veces también intercedemos para salvar desde el cielo a alguno que está a punto de perderse o desilusionarse por completo en la tierra. Suele darnos el aviso el Seprona, porque los periodistas apasionados son una especie en peligro de extinción, acechada por todo tipo de depredadores, vulnerable si pierde a la manada, permanentemente expuesta a la frustración, que es la termita más voraz. Y entonces hacemos una llamada anónima para darle una exclusiva de las buenas, buenas, esas que duran varios días y hacen que a nadie le interese pinchar en el vídeo de la Kardashian o el del gatito que ladra. En el cielo de los periodistas se hace un periodismo maravilloso, pero en la tierra también hace falta. Sí, el entretenimiento entretiene, pero la información es un servicio, la mejor defensa ante cualquier circunstancia.

A Javier y a esos «periodistas… pese a todo».
https://www.jotdown.es/2019/01/el-cielo-de-los-periodistas/
 
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Muere Lolo Rico, creadora de ‘La bola de cristal’
La periodista, escritora y directora del programa infantil marcó la televisión de los ochenta
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PEDRO GOROSPE
Bilbao 20 ENE 2019 - 15:58 CET
Lolo Rico, ha fallecido a la edad de 83 años la noche del sábado de un paro cardíaco en San Sebastián, según ha informado RTVE.


Lolo Rico: “El mundo sigue yendo de ‘culombio”

Rico fue creadora y directora del programa infantil La bola de cristal, que se emitía los sábados por la mañana en la década de los ochenta en la cadena pública. Fue un programa mítico para la generación que creció en la Transición. Trataba con una gran libertad creadora y mucho humor al público infantil, al que iba presuntamente destinado, como si fuera adulto. El programa, cuya emisión finalizó en 1988, popularizó también a Alaska y a otros artistas de la movida madrileña.

En 2003, Lolo Rico publicó El libro de la bola de cristal, donde contó los entresijos del programa. Entonces ya recibió la pleitesía (los primeros 10.000 ejemplares se agotaron en un día) de aquellos niños a los que tuvo la decencia de tratar como a personas pensantes. “La ignorancia es la peor violencia que genera la televisión”, señaló la realizadora a EL PAÍS en una entrevista publicadaen el verano de 2017. “Mi único mérito fue hacer un programa que no creía que los niños son tontos, y rodearme de un equipo estupendo”, añadió la madre del filósofo Santiago Alba Rico, de la fotógrafa y escritora, Isabel Alba Rico, y abuela de Nagua Alba, diputada en el Congreso de los Diputados por Guipúzcoa y secretaria general de Podemos Euskadi.

En su autobiografía ¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me dé ni cuenta?, publicada en 2008, narra, con algún tinte de ficción, una vida no tan feliz. Una infancia de niña hermosa y tímida marcada por la posguerra y por un padre de derechas, que le fomentó el amor por los libros. Más tarde, un matrimonio opresivo con un financiero del que se separó llevándose siete hijos a cuestas. También habla del amor de su vida: una carrera como escritora, guionista, editora y directora televisiva que le llevó a codearse con la gauche divine y luego con la movida, siempre defendiendo postulados progresistas y de izquierdas.

Nacida en Madrid en 1935, comenzó su carrera escribiendo cuentos infantiles y trabajando en Radio Nacional de España y en TVE. Para RNE dirigió y escribió en los setenta el programa infantil Dola, dola, tira la bola, por el que en 1977 recibió un Premio Ondas. También en esa década, en TVE, fue guionista de los programas La casa del reloj y Un globo, dos globos, tres globos.

Los restos de la mujer que influyó a varias generaciones con sus ideas y sus provocaciones, han sido trasladados al tanatorio de Recalde, en San Sebastián
https://elpais.com/cultura/2019/01/20/actualidad/1547982481_952176.html
 
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Muere la periodista Paloma Tortajada a los 49 años

Trabajó con referentes de las ondas como Iñaki Gabilondo y Carlos Herrera
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Paloma Tortajada ha fallecido a los 49 años (COPE)
REDACCIÓN, BARCELONA
25/04/2019 09:02
Actualizado a 25/04/2019 09:14

La periodista Paloma Tortajada ha muerto a los 49 años a consecuencia del cáncer que sufría. La noticia de su fallecimiento la ha adelantado la cadena Cope, la radio donde ha trabajado desde 2013. La suya era una de las voces más consagradas en las ondas matutinas y su adiós supone una triste pérdida para la radio española.

Natural de Zaragoza, Paloma Tortajada desde pequeña se sintió atraída por la profesión. Estudió Ciencias de la Información en el País Vasco y tras trabajar en Radio Popular de Zaragoza dio el salto a la Cadena Ser de la mano de Iñaki Gabilondo. Ocupó diferentes cargos durante los quince años que estuvo en la Ser y su marcha coincidió con la del ‘maestro’ a la televisión.

Paloma Tortajada
Al dejar la Cadena Ser pasó por la televisión y el gabinete del Ministerio de Educación

Tortajada ejerció de jefa de Sociedad en Cuatro y CNN+ y en 2009 fue fichada como jefa de prensa del Ministerio de Educación, cuando precisamente estaba Ángel Gabilondo al frente, el hermano de Iñaki.

En 2013 volvió a la radio y entró a formar parte del equipo de ‘Las mañanas’ de Cope, primero con Ernesto Sáenz de Buruaga, luego con Ángel Expósito y finalmente con Carlos Herrera. Desde la cadena aseguran que su muerte es “una pérdida irreparable para la radio”.

Ver imagen en Twitter


Paloma [email protected]

https://twitter.com/PalomaTortajada/status/831127857602641920

En el dia mundial de la radio con los maestros que mas horas de sueño me han quitado


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15:08 - 13 feb. 2017

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Reportaje original y completo:
https://www.lavanguardia.com/vida/20190425/461854683539/muere-periodista-paloma-tortajada.html
 

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Muere Montserrat Minobis, exdirectora de Catalunya Ràdio

La periodista también había sido decana del Col·legi de Periodistes y presidenta de la Red Europea de Mujeres Periodistas
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Monserrat Minobis ha muerto a los 76 años (Wikipedia)
REDACCIÓN
11/05/2019 09:51 Actualizado a 11/05/2019 10:35

La periodista Monsterrat Minobis ha fallecido a los 76 años de edad como consecuencia de una complicación durante una cirugía de corazón. La catalana había sido directora de Catalunya Ràdio entre 2004 y 2005 y ha sido su actual director, Saül Gordillo, quien ha informado de su triste muerte a través de su perfil de Twitter.

Minobis ha destacado por su lucha a favor de los derechos de la mujer y llegó incluso a presidir la Red Europea de Mujeres Periodistas y la Associació de Dones Periodistes de Catalunya. Además, impulsó la creación de una agencia de noticias centrada en la igualdad de género, La Independent.

Ver imagen en Twitter


Saül [email protected]


Ha mort la periodista Montserrat Minobis, que va ser directora de Catalunya Ràdio, degana del Col•legi de Periodistes, presidenta de la Xarxa Europea de Dones Periodistes i de l'Associació de Dones Periodistes de Catalunya, i Creu de Sant Jordi. Tenia 76 anys. DEP.


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6:35 - 11 may. 2019

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Licenciada en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Información, empezó su carrera en la emisora de su ciudad natal, Figueres. Posteriormente ha trabajado en varios medios en Barcelona como Ràdio 4, Televisión Española. En 2004 fue nombrada directora de Catalunya Ràdio, un puesto por el que tuvo que dejar el decanato del Col·legi de Periodistes que ocupó entre 2001 y 2004.

En 1987 recibió el premio Ciutat de Barcelona y en 1996 la Creu de Sant Jordi.

Original, en:
https://www.lavanguardia.com/vida/2...rrat-minobis-exdirectora-catalunya-radio.html
 
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Seymour Hersh: "Da igual lo que diga la historia, en EEUU nos creemos maravillosos y excepcionales"
Seymour Hersh publica sus memorias en el libro Reportero, en el que cuenta la historia de sus exclusivas sobre la masacre de civiles en Vietnam, las torturas en Irak, el espionaje interno de la CIA y el caso Watergate, entre otros muchos
"Somos igual de malos que el resto. A EEUU le dan igual los no combatientes. Si vives ahí, simplemente vives en el lugar equivocado. Vamos a bombardear igualmente"
"Cuando vosotros los españoles sufristeis el desastre del 11M no empezasteis una guerra contra una idea como hicimos nosotros"

Javier Biosca Azcoiti
21/06/2019 - 21:52h
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El periodista Seymour Hersh. DON J. USNER

No es fácil seguirle el hilo. El mítico periodista estadounidense Seymour Hersh lo relaciona todo. No le hacen falta preguntas, él pasa de un tema a otro sin poner punto y aparte (a veces sin necesidad siquiera de un punto y seguido). De sus grandes exclusivas sobre el Watergate, la masacre de 500 civiles en Vietnam y las torturas en Abu Ghraib (Irak) pasa a Trump, las tensiones con Irán y la guerra en Siria.

Habla rápido y se ríe a carcajadas. Uno no puede evitar imaginar cómo sería Hersh en plena acción en sus años de reportero; por ejemplo en la batalla contra su colega Bob Woodward, otro peso pesado de la profesión, por la próxima exclusiva del caso Watergate. Perseguían a las mismas fuentes y cuando uno lo conseguía antes que el otro incluso se intercambiaban mensajes ocultos. "En una ocasión había llegado a encontrar una nota en el exterior de la oficina de alguien al que esperaba poder entrevistar con la frase 'Kilroy was here" (un mensaje popularizado entre los soldados estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial para comunicarse).

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Seymour Hersh: "Da igual lo que diga la historia, en EEUU nos creemos maravillosos y excepcionales"

Ahora es más fácil imaginarse a este periodista de la vieja escuela con su fama de estilo directo, incluso agresivo. Hersh publica sus memorias (Reportero, editorial Península) y, tras décadas persiguiendo fuentes y solicitando entrevistas, se ha convertido durante unos días en el perseguido. "Eres el último, estoy deseando deshacerme de vosotros", bromea tras descolgar el teléfono.

Hersh ha destapado algunas de las peores atrocidades cometidas por EEUU en el mundo. Y su conclusión es clara. "Pensamos que somos excepcionales. El famoso 'american exceptionalism'. Da igual lo que diga la historia, que nosotros nos creemos maravillosos", cuenta. "Por eso la noticia de la masacre de My Lai que publiqué hace 50 años, cuando masacramos a 500 personas, fue muy sorprendente para el pueblo estadounidense porque teníamos esta noción, y la seguimos teniendo, de que libramos las guerras mejor que otros. Entonces supimos que no, que luchamos como luchan los 'terribles japos' y otros ejércitos".

Lo mismo, dice, se aplica en las actuales tensiones con Irán. "Pensamos que simplemente nos podemos salir del acuerdo nuclear con Irán y ya está", afirma. Los iraníes no buscan el conflicto, dice, "solo responden a nuestras estupideces". "No hay pruebas de que Irán tenga un sistema de armas nucleares, que lo quiera o que esté interesado en el mismo. Pero eso da igual. Nosotros creemos lo que creemos. Incluso nuestra comunidad de inteligencia ha dicho a la Casa Blanca en 2007 y 2011 que allí no hay nada", añade.

Minutos después de los atentados del 11S, el entonces jefe de Hersh en The New Yorker, le llamó para asignarle de forma permanente el seguimiento del asunto. "El mayor encargo de tu carrera", le dijo. Su conclusión, la misma que tras destapar la matanza de civiles en Vietnam: "Somos igual de malos que el resto. A EEUU ya le dan igual los no combatientes. Si vives ahí, simplemente vives en el lugar equivocado. Vamos a bombardear igualmente".

¿Han valido la pena estos 18 años de guerra contra el terrorismo? "¿Me tomas el pelo?", responde entre estruendosas carcajadas. "Cuando vosotros los españoles sufristeis el desastre del 11-M, aunque el Gobierno acusó de forma estúpida a ETA, al final cogieron a los culpables y los metieron en prisión. No empezasteis una guerra contra una idea como hicimos nosotros". Más carcajadas. Hersh denuncia que Obama no cambió la política exterior de Bush y de Dick Cheney, su vicepresidente "islamofascista".

"En el segundo mandato, Obama apoyó en secreto a la oposición en Siria, lo que es increíble. De algún modo, aunque de forma muy compleja, apoyamos a Al Nusra y a ISIS", señala. "Había muchas razones para ir contra Asad, pero también hay muchas razones para pensar que si Asad cae, el próximo gobierno en Damasco estará dirigido por ISIS y Al Nusra". Más carcajadas.

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Seymour Hersh publica sus memorias en el libro 'Reportero', a la venta desde esta semana. D.C. HUGHES

Tras un ataque químico en Siria en 2013, Hersh, en base a un informe confidencial al que tuvo acceso, aseguró que el Gobierno estaba acusando únicamente a Asad cuando realmente sabía que había dos sospechosos. "No sabemos empíricamente quién lo hizo, lo que sabemos es que el Ejército estaba informando y había informes internos muy clasificados, uno de los que vi yo era de junio de 2013, en los que se decía que los turcos, utilizando fuerzas policiales especiales, estaban suministrando a Al Nusra los químicos necesarios para hacer un gas nervioso. Aunque se malentendió lo que dije, yo no me retracto", afirma. "Ese mismo verano se realizó un estudio del número de tropas que se necesitarían para entrar y quitarle todas las armas químicas a Al Nusra. La respuesta fue 60.000, así que no lo hicimos", añade.

El periodista vuelve a 2003, cuando entrevistó al entonces ministro de Defensa sirio, Mustafá Tlass. Después de que este le enseñase toda su colección de por**grafía, Hersh le preguntó que Donald Rumsfeld, entonces secretario de Defensa de Bush, había contemplado una invasión a Siria. "¿Qué haríais? ¿Utilizaríais vuestras armas químicas?", preguntó. "¿Esas cosas? Son las peores armas del mundo, si se nos ocurriese utilizarlas, vendrían y nos volarían por los aires con sus armas nucleares", respondió el ministro.

Hesrh también tiene una teoría alternativa sobre el asesinato de Osama bin Laden en 2011 y sostiene que el Gobierno mintió. Según la información de Hersh, Bin Laden era prisionero de los servicios de inteligencia pakistaníes y asegura que Pakistán entregó a Bin Laden a EEUU y estos posteriormente les traicionaron negando cualquier colaboración. "Él estaba prisionero, ¿cómo podríamos haberlo hecho sin ellos? ¿Crees que son idiotas?".

Hersh llegó a ser un auténtico quebradero de cabeza para el poder en EEUU. Gracias a sus fuentes, especialmente en la comunidad de inteligencia, no ha dejado en paz a ningún presidente desde los años 70. Una conversación entre el exdirector de la CIA William Colby y el fiscal general adjunto, Laurence Silberman, en pleno escándalo por el espionaje interno de la CIA a opositores y detractores de la guerra de Vietnam, refleja muy bien su carrera.

Colby: "Estoy absolutamente asombrado de que [Hersh] supiera que iba a encontrarme con usted".

Silberman: "El hijo de p*ta tiene fuentes que no tiene nadie más".

Colby: "Sabe más que yo de este sitio [la CIA]".

https://www.eldiario.es/internacional/Seymour-Hersh-Da-EEUU-excepcionales_0_912359416.html
 

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Muere Carlos Pérez de Rozas, exdirector de arte de La Vanguardia
Perteneciente a una saga de fotoperiodistas, tuvo una aportación decisiva en el rediseño del periódico en 1989 y fue también profesor de periodistas en Barcelona
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El fotoperiodista Carlos Pérez de Rozas (.)
REDACCIÓN, BARCELONA
10/08/2019 11:30
Actualizado a 10/08/2019 12:49

El fotógrafo y periodista Carlos Pérez de Rozas, que fue director de arte de La Vanguardia, ha fallecido en Madrid esta madrugada de un infarto a la edad de 71 años. Pérez de Rozas trabajó en La Vanguardia entre 1986 y el 2008 y tuvo una participación decisiva en el rediseño del diario del año 1989.

Estaba haciendo un viaje por Extremadura con unos amigos con los que solía ir de vacaciones todos los años. Este viernes estaba como cualquier otro día, contento, aunque ya regresaban a Barcelona al finalizar el viaje.

Perteneciente a una saga de fotoperiodistas, Carlos Pérez de Rozas comenzó su carrera en los medios de comunicación en la revista Destino en el año 1970. Posteriormente trabajó en el Diari de Barcelona y formó parte del equipo fundador de El Periódico de Catalunya antes de ingresar en La Vanguardia.

En esta casa formó parte del equipo directivo desde 1986 hasta el 2008, siendo director adjunto durante buena parte de estos años. Una de sus grandes aportaciones fue la de ser parte del equipo directivo implicado con el rediseño de La Vanguardia, que firmó el estadounidense Milton Glaser. Además, en 1992 también hizo lo propio con Mundo Deportivo.

En la última década ha colaborado con el estudio Cases i Associats en proyectos de comunicación por todo Europa y América Latina. Gran apasionado del fútbol y aficionado acérrimo del FC Barcelona, también escribía columnas de opinión en Mundo Deportivo y participaba en varias tertulias deportivas.

La enseñanza era otra de sus pasiones. Pérez de Rozas fue profesor de periodistas en varias facultades de Barcelona como la Universitat Pompeu Fabra (UPF) o la Universitat Internacional de Catalunya (UOC), siempre de asignaturas relacionadas con la parte gráfica de la prensa escrita. Inculcaba a los alumnos la importancia de una buena imagen en las informaciones o del diseño. Explicaba que el diseño y la fotografía eran tan importantes como un texto e incluso que a veces informaban más.

La saga familiar
Hermano del también periodista Emilio Pérez de Rozas –a menudo les confundían–, que trabaja en El Periódico y colabora en varios medios, es nieto de Carlos Pérez de Rozas Masdeu (Madrid, 1893 - Barcelona, 1954), fundador de la saga de reporteros gráficos y estandarte del fotoperiodismo catalán. Su abuelo murió el 2 de abril de 1954 con la cámara colgada y llena de fotografías mientras cubría la llegada del barco Semiramis que traía repatriados de la Unión Soviética. Su padre fue era el también fotoperdiodista Carlos Pérez de Rozas y Sáenz de Tejada, que trabajó en La Vanguardia. También su tío Pepe Luis fue fotógrafo.

En 2015, el Archivo Fotográfico de Barcelona homenajeó a la familia Pérez de Rozas a través de la exposición ‘Pérez de Rozas. Crónica de Barcelona, 1931-1954’, que contaba con 123 imágenes, entre originales y reproducciones digitales, y que mostraba la Barcelona de la República, la Guerra Civil y la Posguerra.

Reacciones
La decana del Col·legi de Periodistes de Catalunya, Neus Bonet, ha lamentado este sábado la muerte de Pérez de Rozas, una “enorme pérdida humana y profesional”, ha dicho.


Neus [email protected]


Mor Carlos Pérez de Rozas. Des de @periodistes_cat volem fer arribar el més sincer condol a la família. Una enorme pèrdua humana i professional. Personalment el trobaré molt a faltar.


81

11:20 - 10 ago. 2019
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28 personas están hablando de esto

https://www.lavanguardia.com/vida/20190810/463960046682/carlos-perez-de-rozas-periodismo-muerte.html
 
L

LascasDeQueso

Guest
siempre le agradeceremos que tuviera ovarios para decir que Gonzalo Miró es hijo de José Luis Balbín una vez en el tomate, pero por lo demás de acuerdo contigo, mete mucho la pata y es muy enredadora
Y qué pasaba con Balbin? No lo quiso reconocer? Tenía otra familia o que?