La reina Sofía: 56 años sin su padre, el rey Pablo de Grecia, al que siempre veneró

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CULTO, REFINADO Y GENTIL
La reina Sofía: 56 años sin su padre, el rey Pablo de Grecia, al que siempre veneró
La Reina emérita le ha descrito como “un hombre muy templado, mesurado, más apacible y sereno que la reina Federica (...)". "Sin dudarlo, mi padre era el soporte familiar”



Foto: El rey Pablo de Grecia con sus hijos, en una imagen de archivo. (Getty)



El rey Pablo de Grecia con sus hijos, en una imagen de archivo. (Getty)


AUTOR
RICARDO MATEOS SÁINZ DE MEDRANO
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REINA SOFÍA
02/03/2020



El próximo 6 de marzo se cumplirán los 56 años del fallecimiento de Pablo I de Grecia, el rey culto y gentil cuya memoria aún veneran sus hijos, la reina doña Sofía, el rey Constantino de Grecia y la princesa Irene.

Dentro de un mes, y coincidiendo con las vistosas celebraciones litúrgicas de la Pascua Ortodoxa griega el 19 de abril, varios miembros de la familia real griega regresarán puntualmente al cementerio real de Tatoi para rendirle tributo y homenaje, una tradición que se ha ido fortaleciendo desde que en 2014 se cumplieran los 50 años de la pérdida de este padre, que doña Sofía y sus hermanos quisieron celebrar con una gran reunión familiar a la que no faltó ninguno de sus numerosos descendientes esparcidos por España, Grecia, Inglaterra y otros lugares.


A ella se unieron otros primos queridos y jefes de casas reales en otro tiempo reinantes, como el rey Simeón de Bulgaria o el príncipe Alejandro de Serbia.




La reina Sofía y su hermana Irene, rindiendo homenaje al rey Pablo I en un acto celebrado en el cementerio real del palacio de Tatoi. (EFE)


La reina Sofía y su hermana Irene, rindiendo homenaje al rey Pablo I en un acto celebrado en el cementerio real del palacio de Tatoi. (EFE)



Supuso un regreso al abandonado palacio de Tatoi que, tras ser expropiado por el Estado, es hoy en día un cascarón vacío que continúa pendiente de restauración por una falta total de medios, amén de que 50.000 objetos variados de sus interiores continúan almacenados a la espera de ser debidamente catalogados puesto que una solicitud de subvención a través de la Unión Europea ha resultado fallida. Recuerdos valiosos que hacen que doña Sofía, que pasó en ese palacio muchos de los mejores años de su vida en el seno de una familia muy unida, viaje siempre que puede en esas fechas a Atenas como lo hizo por última vez en 2016.

Allí, en Tatoi, nació Pablo de Grecia el 1 de diciembre de 1901 como un segundón en casa de los entonces príncipes herederos Constantino y Sofía, una familia amplia y de modo de vida burguesa, pues la fortuna no era grande, que residía en el pequeño palacio de la calle Herodes Atticus en las traseras del palacio real.
Su primera lengua fue el inglés, seguido del griego, pero con tan solo 12 años su padre se convirtió en rey tras al asesinato de su abuelo, el rey Jorge I, en las calles de Tesalónica a manos de un socialista. Poco después, y como príncipe no llamado a reinar, fue enviado a la ciudad alemana de Kiel para seguir estudios en la Marina Imperial alemana. Pero la Gran Guerra de 1914 trajo consigo el inicio de las múltiples penurias de esta dinastía en el siempre cambiante e inestable contexto de la política interior griega. Primero la abdicación forzada de su padre en 1917, que les obligó a todos a marchar a Suiza mientras su hermano mayor, Alejandro I, quedaba solo en Atenas como una especie de rey marioneta.




Pablo de Grecia con su familia en una imagen de archivo. (Getty)


Pablo de Grecia con su familia en una imagen de archivo. (Getty)



Fueron tiempos muy difíciles seguidos del trágico fallecimiento de Alejandro I en 1920 y la vuelta al país del rey Constantino, que, de nuevo, fue obligado a abdicar el trono en 1922 en su segundo hijo, el rey Jorge II. Años revueltos y de idas y venidas para el joven Pablo, que tras pasar largas temporadas en Inglaterra y en Florencia regresó a la corte de su hermano Jorge para encarar una nueva caída de la monarquía en 1924. Toda una época de formación y también de búsqueda de trabajo, en la que hasta le trajeron a España en busca del apoyo del rey Alfonso XIII, para encontrar finalmente empleo remunerado en la ciudad inglesa de Coventry. Allí trabajó para la firma de motores de coches y aviones Armstrong-Siddeley, cuando se habló de casarlo con su prima hermana, la guapa y también exiliada princesa Nina Georgievna de Rusia.

En 1935 Jorge II, el rey sin hijos, volvió a ser restaurado en el trono de Atenas y Pablo, ahora príncipe heredero, estuvo a su lado contrayendo pocos años después un conveniente matrimonio con la atractiva y enérgica princesa Federica de Hannover. La vida seguía, llegaron los hijos, primero Sofía y luego Constantino, pero también la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Grecia por las tropas del Eje y la apresurada huida de la familia a Creta, a Egipto y finalmente a Sudáfrica, donde nació Irene.



El rey Pablo de Grecia con su esposa, la reina Federica. (Getty)


El rey Pablo de Grecia con su esposa, la reina Federica. (Getty)



Años de penurias, grandes temores e incertidumbres hasta que en la primavera de 1947, y concluida la guerra, Jorge II y toda la familia regresaron a Grecia. Sin embargo, solo unas semanas más tarde la inesperada muerte de Jorge hizo recaer el trono en Pablo, que se enfrentaba ahora a la reconstrucción de un país muy dañado por la guerra, empobrecido, y amenazado por la poderosa guerrilla comunista en un mar de países regidos por el bloque soviético. Todo un rosario de dificultades sostenidas en fuertes creencias religiosas, en su profundo conocimiento de la filosofía (escribió un tratado sobre Platón), en su amor por la música (pidió que a su muerte sonase la 'Pasión Según San Mateo' de Bach) y en su amor por su familia, que supo transmitir a sus hijos con enorme calado.

Él y Federica construyeron un hogar feliz y armonioso en el que nunca faltaban las risas, la alegría y, por supuesto, la música, mientras todos se empleaban en la mejora del país en medio de enormes retos. Siguieron viajes oficiales al extranjero, la reubicación de Grecia en el concierto internacional, las fuertes injerencias políticas de los Estados Unidos, la apertura de aquellas tierras e islas al turismo, los beneficios del Plan Marshall, la boda de doña Sofía con don Juan Carlos y el fortalecimiento de una dinastía de presencia siempre vacilante en el país. Todavía joven, en enero de 1964 se le diagnosticó un cáncer de estómago que se lo llevó en escasos meses y su sepelio, cargado de realezas, fue un último canto del cisne para la monarquía griega, que caería tres años después.



Funeral del rey Pablo de Grecia. (Getty)


Funeral del rey Pablo de Grecia. (Getty)



Su hija doña Sofía, para quien aquella orfandad fue un auténtico mazazo,prometiéndose que a partir de entonces intentaría no comer carne, le ha descrito como “un hombre muy templado, mesurado, más apacible y sereno que la reina Federica, que era más dinámica, más activa. Sin dudarlo, mi padre era el soporte familiar”.
Ambicioso para su país, de educadas y refinadas maneras (para algunos excesivamente afectadas), y gran melómano y pianista, Pablo de Grecia fue un rey de naturaleza platónica respetado y valorado por sus pares, que no han dejado crítica alguna reseñada de él, y quizá quien mejor glosa su figura es aquel gran amigo y gran apoyo que fue para él el infante Alfonso de Orleans-Borbón quien, en carta al prestigioso historiador británico Steven Runciman, decía de él: “He conocido al rey Pablo desde que era un niño, y estamos extremadamente tristes a causa de las noticias de que su salud va de mal en peor. Es un hombre excelente en todos los sentidos. Es buen hijo, buen marido, buen padre y un maravilloso rey y soldado. Ha tenido una vida dura”.

 

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Oye y Sofía no tiene pasta para arreglar el palacio, una fundación con la princesa Miller y entre las dos le devuelven el brillo perdido.
 

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Bueno parece que la Reina Federica le aclaraba los mechones a la Reina sofía de niña junto a su hermano, al igual que a las infantas...😁
 

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Un padre y una madre es lo más importante. Somos ellos, nos lo dan todo. Y aunque amamos a los dos, siempre tenemos más afinidad o confianza con uno que con otro. Pero el amor es incondicional.
 
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A mi, plin. A millones de niños se les han muerto los padres y si han padecido una vida en orferinatos. El padre de la Sofia fué un viva la Pepa, también en el tema sexual. Snobs quejándose. Nada más