Ciento once datos sorprendentes de la Segunda Guerra Mundial. (1 Viewer)

Registrado
22 Oct 2017
Mensajes
6.048
Calificaciones
11.643
Batalla de Okinawa - ABC
Decapitación: la olvidada venganza de los soldados aliados contra los japoneses en la IIGM
La venganza por ver a sus compañeros caídos en combate hizo que los norteamericanos vejaran los cadáveres de sus enemigos nipones en el Pacífico
@abc_historia
MADRID Actualizado:29/03/2018 01:11h32

Durante las operaciones para la conquista de Nanking entre diciembre de 1937 y enero de 1938, que causaron la muerte a más de doscientas mil personas, dos oficiales japoneses, Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda, llevaron a cabo la llamada «carrera de las cien cabezas cortadas», una apuesta por ver cuál de los dos era capaz de conseguir cortar antes las cabezas de cien enemigos.

Aunque la competición fue presentada por la prensa nipona como una exaltación de valor de los nuevos samurái, lo cierto es que ambos completaron sus casilleros no mediante la demostración del valor en luchas individuales, sino acabando por decapitación con la vida de prisioneros, en gran parte civiles. Juzgados y condenados tras la guerra como criminales, serían ejecutados en 1948 en la misma ciudad de Nanking.

Considerada en ocasiones una leyenda más de la guerra chino-japonesa, los tribunales de justicia nipones confirmaron en 2007 la certeza histórica de la apuesta. Tras los primeros combates de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, las tropas japonesas mostraron su crueldad, que llegará al canibalismo del enemigo durante las batallas deIwo Jima y Okinawa, a través de la decapitación del vencido.


A bordo del navío Nitta Maru, que transportaba a los campos de internamiento en Japón y China a los prisioneros capturados tras la caída de la isla de Wake en diciembre de 1941, cinco cautivos, elegidos al azar, fueron decapitados en la cubierta, linchados, mutilados y arrojados al mar como venganza por el elevado número de soldados y marinos japoneses muertos durante la conquista de la isla debido a la tenaz resistencia de la reducida guarnición del Cuerpo de Marines, y pocos meses después, en el trascurso de la llamada “marcha de la muerte” tras la capitulación de las tropas estadounidenses y filipinas en la península de Bataan, las torturas, los asesinatos, las mutilaciones y las decapitaciones de prisioneros se sucedieron.

Probablemente, uno de los iconos de la guerra en el Pacífico sea la fotografía, encontrada en el cadáver de un soldado japonés, en la que se recoge el instante en el que el oficial Yasuno Chikao va a decapitar con su katana al sargento australiano Leonard Siffleet, capturado en Nueva Guinea durante una misión de reconocimiento y sabotaje, fotografía convertida en imagen de portada de mi reciente libro «Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados» (Desperta Ferro Ediciones).

Chikao sería condenado a diez años de prisión por ello, aunque no existe constancia de que cumpliera la condena, mientras que su superior y responsable de la orden, el vicealmirante Michiaki Kanada, jefe militar de la región, fue ejecutado el 18 de octubre de 1947 tras ser juzgado por un tribunal militar holandés.



La crueldad japonesa con los cautivos será rápidamente conocida por los estadounidenses, al hallar los marines durante la batalla de Guadalcanal fotografías de ejecuciones y torturas en los cadáveres de los soldados enemigos. Dicho conocimiento, unido a una propaganda agresiva que enfatizaba el traicionero ataque de Pearl Harbour para fomentar el espíritu combativo de las tropas, y que rebajaba a los japoneses a una categoría inferior al ser humano, calificándola como cercana a las bestias empleando epítetos como «monos», «bastardos», «amarillos» y «japos» para referirse al enemigo, provocará no sólo que las tropas se comporten con extremada crueldad durante su avance por las rutas de las islas y de los atolones, sino que sean muy reticentes a tomar prisioneros, llegándose al extremo, curioso pero cierto, de recompensar a los soldados con helados por cada enemigo capturado.

El desprecio hacia la figura del otro, unido al terror del combate contra un enemigo irreductible, provocará labrutalización de los soldados estadounidenses que emplearan las cabezas de sus enemigos y posteriormente sus cráneos, tras desollarlos y limpiarlos de las partes blandas, como trofeos de guerra. Es también un icono la fotografía aparecida en la revista Life el 22 de mayo de 1944, en la que una joven enamorada está escribiendo a su prometido ante el cráneo de un soldado japonés, al que ha designado como Tojo, regalo de su novio, un macabro presente firmado además por los integrantes de su unidad.

La fotografía superó la censura de prensa, que no comprendió las implicaciones de mostrar en público una humillación del cuerpo del enemigo y las consecuencias que podría tener para los prisioneros estadounidenses, y provocó el enfado del Pentágono, pero más en aplicación de una política de reafirmación de los valores por los que combatían los Estados Unidos que como resultado de una voluntad real de acabar con la captura de trofeos, puesto que ya en 1942 el comandante en jefe de la Flota del Pacífico había prohibido el empleo como trofeos de los cuerpos de los japoneses, aunque la práctica, una auténtica válvula de escape para la tropa, era permitida por los oficiales.


Pearl Harbour-ABC

Por ello, incluso el célebre aviador Charles Lindberg comentará el trato que los soldados estadounidenses daban a los cuerpos de sus enemigos y sus preferencias, y el poeta, escritor y periodista Winfield Townley Scott, tras ver en una mesa de la redacción de su periódico en Nueva York otro cráneo-trofeo, compuso el poema «The US sailor with the Japanese skull» en el que explicaba la forma en que debía tratarse una cabeza para conseguir obtener un cráneo perfectamente limpio, un método que incluía sumergirla en el mar en el interior de una red atada al cabo de una lancha para conseguir que la fricción del agua y la voracidad de los peces acelerasen el proceso.

Los soldados estadounidenses emplearán las cabezas y los cráneos como un elemento de acondicionamiento de los improvisados campamentos; clavadas en el extremo de estacas como llamada de atención en el inicio de los campos de minas; para decorar lanchas torpederas, pistas de aviación o vehículos; y para fotografiarse con ellas en cualquier situación entre divertida y procaz, siendo una de las imágenes más conocidas la tomada por Ralph Morse para Life durante los combates por Guadalcanal en la que se aprecia la cabeza de un soldado japonés, tocada aún con el casco reglamentario, en proceso de descomposición sobre un tanque.

La práctica de conservar las cabezas como trofeo se reveló en toda su extensión cuando años después de finalizar la contienda se procedió a desenterrar los cadáveres de los soldados japoneses caídos en combate en las islas Marianas, comprobándose que más del sesenta por ciento de los recuperados carecían de cráneo, por lo que las tropas habían aplicado en toda su extensión las ideas de dar muerte al enemigo, humillarlo y perpetuar el olvido de su recuerdo por el ancestral método de negarle las honras fúnebres que son consustanciales con su cultura.



Británicos y australianos utilizarán también las cabezas de sus enemigos como trofeos, pero serán especialmente los indígenas de las islas del Pacífico y del Índico quienes mantendrán su ancestral y ritual costumbre de la cacería de cabezas incentivados por los soldados aliados. El interior del archipiélago de las Salomón se convertirá así en una trampa mortal para los soldados nipones, entregando las tribus indígenas a los estadounidenses las cabezas que conseguían como presente y moneda de cambio en la obtención de suministros, aunque será especialmente en Borneo donde los dayak, expertos en la obtención de trofeos, embosquen repetidamente a los japoneses empleando todo tipo de artimañas, calculándose que consiguieron obtener un botín próximo a las mil quinientas cabezas especialmente durante el último tramo de la guerra.

Francisco Gracia Alonso (Barcelona, 1960) es catedrático de Prehistoria de la Universidad de Barcelona y director del Grup de Recerca en Arqueologia Protohistòrica (GRAP). Sus líneas de investigación se centran en la Protohistoria de la península ibérica, la historiografía de la Arqueología, la guerra en el mundo antiguo y el patrimonio histórico-arqueológico en tiempos de guerra. Es autor de más de 200 trabajos de investigación entre libros, artículos, ponencias y comunicaciones en reuniones científicas, entre ellos Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados (Desperta Ferro Ediciones), de reciente publicación.
http://www.abc.es/historia/abci-dec...ntra-japoneses-iigm-201803290111_noticia.html

 

Registrado
22 Oct 2017
Mensajes
6.048
Calificaciones
11.643

Despedida a un kamikaze japonés en la IIGM - ABC

Así pervirtió Japón el código samurái para que miles de sus soldados se inmolaran en la IIGM
ABC HISTORIA recomienda «La Última Isla» (Afronta Editorial), la primera obra publicada por David López Cabia. Autor de libros y artículos de historia bélica, este escritor desvela a ABC los rincones más oscuros de la mente de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial en pleno aniversario del comienzo de la batalla de Okinawa
Manuel P. Villatoro

El fanatismo ha sido una práctica habitual durante la historia militar. Ya en laHispania de Viriato y Escipión existían unidades celtíberas que -según algunas fuentes clásicas- se inmolaban si su líder caía en batalla. Otro tanto sucedió posteriormente en Constantinopla con la Guardia Varega (un grupo de combatientes que juraban la máxima lealtad al emperador) o, en nuestras tierras, con los almohades(una dinastía bereber que buscaba implantar la versión más radical de la religión musulmana). Sin embargo, hablar de extremismo evoca irremediablemente una imagen que se hizo tristemente popular durante la Segunda Guerra Mundial: la de un caza japonés lanzándose de bruces contra un buque aliado para gloria de su emperador.

La pequeña pantalla ha hecho que esta sea la instantánea que nace en nuestra mente al hablar de fanatismo. La de los famosos kamikazes (algunos de los cuales recibían solo 40 horas de entrenamiento para poner término a su misión). Pero este sacrificio -considerado un orgullo para los pilotos de los cazas nipones- es solo la punta del iceberg del Bushido, un modelo de conducta basado en las antiguas creencias de los guerreros samuráis. Y es que, para esta casta militar la humillación que traía consigo no combatir de forma valerosa en batalla (y ser capturado por ello) era tal que únicamente podía borrarse con el «seppuku»: un suicidio ritualizado con una gran consideración social que permitía al afectado dejar el mundo terrenal con el honor impoluto.
Esta idea se pervirtió hasta tal punto en la Segunda Guerra Mundial que, cuando el Imperio del Sol Naciente empezó a perder terreno ante el gigante estadounidense, se hizo tristemente habitual ver a combatientes nipones inmolarseponiéndose granadas en la cabeza o clavándose un cuchillo en las entrañas. Los militares pasaron de la idea medieval de mostrar una ferviente lealtad a un señor, a ser auténticos fanáticos. De combatir con gallardía, a entender el valor como luchar de forma temeraria e irracional. Dicha mentalidad quedó perfectamente representada en la Guerra del Pacífico, el enfrentamiento que se produjo entre Japón y Estados Unidos tras el ataque de Pearl Harbour y que terminó, cuatro años después, con la capitulación del emperador. Y también en la batalla de Okinawa (iniciada el 1 de abril de 1945), donde se quitaron la vida 25.000 nipones.

La última isla» (Afronta Editorial). La primera de las dos novelas históricas que el escritor David López Cabia, especializado en la Segunda Guerra Mundial, ha escrito desde que comenzó su carrera como autor. En sus líneas se hacen varias referencias al Bushido, pues en base a dicho código de honor los japoneses defendieron hasta la muerte las islas que los americanos ansiaban conquistar en su camino hacia Japón. Esta obra se adentra además en la Guerra del Pacífico de la mano de dos curiosos personajes ficticios. El primero de ellos es Jack Eames, un marine hastiado de la contienda y poco amante de las balas. Su particular compañero es Kento Saito, un soldado japonés que -desde las primeras páginas- muestra sus dudas sobre la mentalidad nipona y busca sobrevivir al conflicto.



«La última isla»
Título: «La última isla».

Páginas: 328.

Autor: David López Cabia.

Sinopsis: Okinawa, 1945, la Segunda Guerra Mundial está en su fase final. El Imperio de Japón se desmorona y los marines de Estados Unidos avanzan de isla en isla, dispuestos a llegar hasta Tokio. En este desolador escenario, Jack Eames, un desesperado y hastiado infante de marina estadounidense, y Kento Saito, un soldado japonés dispuesto a burlar a la muerte, luchan por su supervivencia.

Origen y perversión
El Bushido, ese antiguo código en base al que cientos de soldados se dejaron la vida por el emperador, no tiene un origen claro. Más bien debe entenderse como una serie de normas forjadas con diferentes mimbres llegados delbudismo, la escuela zen, el confucionismo y el sintoismo. Esta amalgama de ideas dio como resultado un reglamento que mostraba el verdadero camino que debían seguir los samuráis (la élite militar y política de la época) para vivir de forma recta y honorable. Las recopilaciones de estas normas fueron varias, pero destacan dos a lo largo de la historia: la realizada en el XVII por el erudito confuciano Taira Shigesuke (el «Bushido Shoshinshu») y la llevada a cabo en el XIX por Inazo Nitobé, catedrático de la Universidad Imperial de Tokio.

David López Cabia, autor de «La última isla», explica claramente a este diario el origen de dichas normas: «El “bushido” era un código por el cual se regían los samuráis. En el origen de esta guía moral de principios tiene un gran peso la religión, en concreto el budismo zen. Esta serie de preceptos morales establecían cómo debía comportarse todo samurái. La abnegación, la lealtad, el manejo de la espada, la devoción hacia la figura del emperador y el desprecio por una muerte deshonrosa lo eran todo para los guerreros japoneses. El código del Bushido era mucho más que un conjunto de normas, era toda una filosofía de vida. Como su propio nombre indica era un auténtico camino para el guerrero, interiorizar este código era fundamental para ser un hombre de honor».

A pesar de que las reglas de los samuráis descritas por Shigesuke y Nitobé son extensas, se pueden resumir principalmente en una: un samurái luchaba por la defensa de su honor y el juramento de lealtad hecho a su emperador. Ya en la presentación del «Bushido Shoshinshu» se determina que un guerrero debía «pensar en la muerte en todo momento, de día y de noche» debido a que toda vida humana es como «el rocío del anochecer y la escarcha del amanecer». Es decir, «frágil y efímera». Según estas creencias, un guerrero tenía que ser consciente de que, tarde o temprano, moriría de una forma u otra. ¿Con qué objetivos? Principalmente, para saber que, en el momento de dejar este mundo, sería recordado por sus «deberes de lealtad y piedad filial».



Por descontado, en esta obra se prima el valor del combatiente. «En el camino del guerrero, tres son las cosas esenciales: lealtad, sentido del deber y valor», añade Shigesuke en su obra. A su vez, estas creencias cargan contra los «cobardes y derrochadores» («desperdiciar la vida de esa manera es propio de mentes débiles e inmaduras, incapaces de soportar y tolerar nada») y abogan por el respeto al enemigo en batalla. No en vano, en la obra de Nitobé se afirma que la benevolencia, la compasión, el amor, la magnanimidad y la simpatía eran «virtudes supremas, los más altos de todos los atributos del alma humana».

El Bushido de Nitobé, no obstante, hace referencia también al ya mencionado «seppuku». Aunque también critica que se lleve a cabo esta práctica como un acto extremista: «En el “seppuku” normal no hay nada que se parezca al fanatismo, ni a la locura, ni a la excitación: la más absoluta sangre fría era necesaria para su realización». Para el autor, este acto era el más vivo ejemplo de una muerte «racional». Su descripción no deja lugar a equívoco: «No era un simple acto de suicidio. Se trataba de una institución legal y ritual. Invención de la Edad Media, era una práctica por medio de la cual los guerreros podían lavar sus faltas, excusarse de sus errores, evitar la deshonra, salvar a sus amigos o probar su sinceridad. El acto de perder la vida era como una purificación».

Toda esta ideología, no obstante, fue adulterada a mediados del siglo XX. Apenas unos años después de que Nitobé llevase a cabo su recopilación. La época era propicia. No en vano, Japón se había ganado el odio de la comunidad internacional tras ocupar Manchuria en 1931 y entrar en guerra con China siete primaveras después. En ese clima de tensión hacia el Imperio del Sol Naciente se volvió a editar el Bushido como una forma de dar valor a la imagen de Japón. En palabras del historiador Yuki Tanaka, los oficiales nipones comenzaron entonces a tergiversar las enseñanzas de lo samuráis para favorecer que los soldados combatieran hasta la muerte.


Soldados japoneses de la Segunda Guerra Mundial- ABC

Así pues, y mientras el ejército de los Estados Unidos se dirigía hacia Japón conquistando isla tras isla, se generalizaron los suicidios entre los japoneses. Se trivializó el «seppuku» de una forma obscena llegando hasta el punto de que no eran pocos los oficiales que se daban muerte por causas tan absurdas como trabarse al declamar alguna de las premisas del Bushido. Y eso los menos sanguinarios, ya que muchos otros solo consintieron matarse después de decapitar «honrosamente» a sus hombres. Tampoco faltaron los soldados que, ante el riesgo de ser capturados (todo un deshonor, según creían) ubicaban una granada activada sobre su cabeza o se abrazaban a ella. Se pasó, como bien explica la autora Iris Chang en su obra «La violación de Nanking», de «lealtad a obediencia ciega» y de «valor a violencia imprudente».

Un ejemplo de estas prácticas quedó patente en la tragedia de Marpi Point (Saipán). Aquel día, según varios autores, se expresó «el horror del Bushido». En esta región, unos 8.000 militares se quitaron la vida ante la presunta deshonra que les suponía ser capturados. Con todo, quizá las peores prácticas llevadas a cabo en nombre del Bushido fueron las vejaciones a prisioneros. Y es que, durante la Segunda Guerra Mundial los nipones entendían que los reos que se habían rendido no merecían ningún respeto por haber faltado a su honor.



Los «kamikazes de Okinawa» (Pablo M. Díez)

Entre abril y junio de 1945, ya al final de la contienda, alrededor de 200.000 personas murieron en estas islas situadas al sur del archipiélago nipón durante su conquista por parte del Ejército de Estados Unidos, que sufrió 12.520 bajas. Entre las víctimas japonesas destacan los más de 94.000 civiles que perdieron sus vidas en tan atroz baño de sangre, de los cuales el 25 por ciento optó por suicidarse antes que rendirse ante el enemigo.

Según recuerdan supervivientes como Masahide Ota, que ya tiene 82 años y fue gobernador de Okinawa entre 1990 y 1998, «los soldados japoneses nos dieron dos granadas de mano: una para lanzársela a los americanos y otra para hacerla estallar en nuestras manos antes de caer prisioneros».

De esta manera, las irreductibles tropas del imperio del Sol Naciente querían asegurarse de que la población civil también iba a luchar hasta el final, llegando incluso a sacrificarse para evitar el deshonor de la derrota. No en vano, algunas de las proclamas de aquella época recopiladas por los historiadores instaban a «los soldados y civiles a vivir y morir juntos».

«El Ejército nos dijo que si las mujeres caíamos prisioneras, los americanos iban a violarnos, por lo que no debíamos permitirles que nos capturaran», explicó al periódico local «Ryukyu Shimbun» Sumie Oshiro, que tenía 25 años cuando intentó inmolarse junto a cuatro amigas haciendo detonar una granada. Afortunadamente para ellas, la bomba falló y pudieron vivir no sólo para contarlo, sino también para rechazar los nuevos planes de estudios del Ejecutivo japonés.

Sólo en el islote de Zanami, donde había 404 civiles, se suicidaron 180, mientras que en Tokashiki los hombres mataron a sus esposas e hijos, por lo que 329 cadáveres fueron encontrados junto a las anillas de las granadas activadas.

David López Cabia: «El Bushido se manipuló intencionalmente»

David López Cabia

1-¿Qué llegaron a hacer los japoneses en nombre del Bushido durante la Segunda Guerra Mundial?

Las tropas japonesas habían asimilado profundamente uno de los preceptos del Bushido: la muerte antes que la deshonra de la rendición. Por el contrario, los aliados consideraban la rendición como un triste escenario fruto de la desgracia en el campo de batalla. Para un soldado occidental, la capitulación era asumible cuando la situación se había vuelto militarmente insostenible.

Así pues, los japoneses consideraban que los prisioneros carecían de honor y por tanto no tenían ningún derecho. Para los nipones no había nada más despreciable que la capitulación. Esta situación provocó que los japoneses cometieran terribles atrocidades contra los soldados capturados. Prueba de ello fue la salvaje «marcha de la muerte de Bataán» en abril de 1942. Las fuerzas filipinas y estadounidenses en Bataán fueron obligadas a llevar a cabo una marcha forzada tras su rendición. El camino estuvo marcado por las atrocidades, americanos y filipinos sucumbieron al hambre y a la sed mientras los japoneses los golpeaban con culatas y bayonetas. Fueron muchos los que perecieron en el camino víctimas de la crueldad de soldado japonés con el prisionero.

La idea de preferir la muerte a la rendición también provocó que los soldados nipones se inmolasen masivamente. Muchos japoneses simulaban rendirse, sin embargo, cuando se acercaban los estadounidenses para capturarlos se hacían volar por los aires con granadas.

Un ejemplo muy ilustrativo de la fiereza y del fanatismo del soldado japonés es la batalla de Tarawa, donde de una guarnición de unos 4.800 hombres tan solo 17 japoneses quedaron con vida.

2-¿Cree que los japoneses corrompieron realmente la idea original de esta guía moral?

Japón es un país con un gran respeto por sus más ancestrales tradiciones, sin embargo, en lo que respecta al bushido, se manipuló intencionadamente. Era evidente que los militares japoneses buscaban un ejército muy motivado y que apostaron claramente por el fanatismo. Pese a que en el siglo XX los samuráis habían desaparecido, el código permaneció vigente en el ejército.

En la instrucción de todo soldado japonés se hacía especial hincapié en la lealtad, incluso se iba más allá y se exigía una obediencia ciega a los mandos. Tanto en la Armada Imperial como en el Ejército Imperial la disciplina era férrea y los soldados eran sometidos a palizas y humillaciones por el más mínimo desliz.

A los soldados japoneses se les enseñaba que era mejor morir que vivir en la humillación de la derrota. Un claro ejemplo son las siguientes instrucciones del general Hideki Tojo a las tropas: «Para evitar una vergüenza, un hombre tiene que ser fuerte. Siempre debe tener presente el honor de su familia y de su comunidad, y luchar para justificar la fe que estos tienen en él. No debe sobrevivir en la vergüenza, sino morir para no dejar un rastro de ignominia tras de sí».

3-¿Cómo acaba un estudioso de la economía convirtiéndose en todo un experto de la Segunda Guerra Mundial?

La verdad es que este interés comenzó a fraguarse desde mi niñez. Desde entonces he ido acumulando libros sobre el conflicto. La Segunda Guerra Mundial es un tema tan inabarcable que nunca dejas de aprender, siempre quieres saber más, llegar hasta el último detalle de cada batalla, pero es imposible. Constantemente aparecen nuevos libros de Historia, se revelan secretos de guerra o los historiadores descubren episodios ocultos u olvidados.

Aunque por formación estoy especializado en el campo de la Administración de Empresas, la historia y economía no son incompatibles, es más, conocer la historia resulta clave para comprender la economía. Pienso que ambas disciplinas son complementarias y si me apasiona la Segunda Guerra Mundial es por el eco que aquella época tiene aún en nuestros días; es más, muchas guerras tienen una explicación económica, como es el caso de laPrimera Guerra Mundial, donde la lucha por los recursos fue un factor determinante.

4-¿Cuál fue su primer contacto con esta contienda?

En mi niñez tenía varios atlas y observaba detenidamente los territorios. Me preguntaba cómo se habían fraguado aquellas fronteras. La respuesta estaba en los libros de historia y mi curiosidad era insaciable. Empecé con pequeñas colecciones de fascículos y obras generalistas y quise seguir profundizando, siempre había algún detalle que llamaba mi atención, en el que necesitaba indagar.

Tampoco voy a negar la influencia del cine bélico. Películas como “Un puente lejano” y “Salvar al soldado Ryan” también contribuyeron a despertar mi interés. Las aterradoras escenas recreando el desembarco de la playa Omahadejaron huella en mí, buscaba saber más sobre lo que sintieron los soldados que combatieron en las playas de Normandía o sobre los hombres que pasaron un calvario en la desastrosa batalla de Arnhem.

Este contacto inicial con la Segunda Guerra Mundial terminó transformándose en una sana afición por la lectura. Posteriormente, mi apego por la lectura me llevó a escribir novelas bélicas para transmitir mi pasión por la historia y tratar de contribuir a que el público conozca el mayor conflicto bélico de la Humanidad de manera amena.

5-«La última isla», habla del frente del Pacífico ¿Cree que este campo de batalla ha sido olvidado en favor del frente europeo?

La campaña del Pacífico ha sido injustamente olvidada, incluso denostada. Es fácil que cuando escuchamos las palabras Segunda Guerra Mundial nuestra mente evoque escenarios como Normandía o Stalingrado.

En esto tiene mucha culpa el cine (salvo honrosas excepciones como «Cartas desde Iwo Jima» y «Hasta el último hombre») que ha visto en los nazis unos villanos muy comerciales. La distancia geográfica y la vistosidad de los grandes despliegues en Europa también han contribuido a dejar en segundo plano el frente del Pacífico.

Conviene recordar que en el Pacífico se estaba librando una guerra de exterminio. En islas diminutas como Tarawa,Peleliu o Iwo Jima la guerra alcanzó una brutalidad que no se vio en Europa. Las guarniciones japonesas eran prácticamente aniquiladas y recurrían a tácticas suicidas para tratar de causar el mayor daño posible entre las filas estadounidenses. Rara vez se veía una resistencia así en Europa, tan solo los más fanáticos soldados de las Waffen-SSse defendían de una manera tan empecinada.

Por otra parte, hay que recordar que el último país del Eje en rendirse fue Japón y que el colofón a la campaña del Pacífico fueron los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. He aquí algunos motivos para reivindicar la importancia del Pacífico en el conjunto de la Segunda Guerra Mundial.

Precisamente me lancé a escribir «La última isla» porque quería transmitir al público lo que supuso la lucha en islas insignificantes. A través de esta novela el lector podrá comprender el infierno al que se enfrentaban los marines cuando desembarcaban en una playa o la condena a muerte que suponía para un soldado japonés formar parte de la guarnición de una isla que estaba siendo atacada por los estadounidenses.

6-¿Cuál era el objetivo de «La última isla»?

Escribí «La última isla» con el objetivo de recordar una campaña ensombrecida por la popularidad de los frentes europeos. A través de esta novela he tratado de reflejar el desgaste mental del soldado. En este sentido, Jack Eameses un fiel reflejo de ello, pues es un marine con la mirada vacía y perdida en el infinito, hastiado de la muerte que le rodea y dominado por ideas fatalistas. En el bando opuesto encontraremos a Kento Saito, un resuelto japonés dispuesto a sobrevivir. Puede que ambos pertenezcan a bandos distintos y tengan personalidades diferentes, pero tanto Eames como Saito están unidos por su ansia de paz y su deseo de un mañana mejor.

A través de las aventuras de estos dos soldados, que coquetean constantemente con la muerte, tendremos una visión global del conflicto y seremos testigos de los sentimientos que les embargan: miedo, odio, amor, tristeza, ansiedad y esperanza.

7-¿Qué recorrido lleva a cabo «La última isla» a nivel histórico? ¿A la narración de qué contiendas ha puesto un cariño especial?

Las aventuras de nuestros protagonistas se van a desarrollar fundamentalmente en dos escenarios: Peleliu yOkinawa.

La primera parada para uno de nuestros héroes será la isla coralina de Peleliu. Allí, la 1ª División de Marines se enfrentó a una guarnición dispuesta a luchar hasta el último hombre. El calor era asfixiante, con temperaturas que llegaron a alcanzar los 46 grados centígrados, el agua potable escaseaba y cada centímetro de terreno era una trampa mortal. De la mano de Eames vamos a vivir el infierno de Peleliu, sintiendo un calor asfixiante mientras nos arrastramos bajo el fuego en la playa o no pudiendo pegar ojo por la noche por temor a que un japonés se infiltre para rebanarnos el gaznate.

El segundo de los escenarios es Okinawa. La invasión de Okinawa, iniciada el 1 de abril de 1945 constituía el paso previo para la toma de las islas principales de Japón. Así pues, Okinawa será el escenario fundamental para el desarrollo de la trama de «La última isla».

Luchando junto a Saito viviremos como topos ocultos en galerías subterráneas, luchando cada día por aplazar la condena de muerte que supone estar defendiendo una isla atacada por los estadounidenses. Junto a Saito comprenderemos que estamos defendiendo nuestro país de una guerra que está a las puertas de nuestra patria. Cada día ganado, cada día que se retrase la llegada de la guerra a Japón será un triunfo conseguido a costa de mucha sangre.

Elegí Okinawa porque fue una contienda que tenía todos los elementos necesarios para poder crear una buena novela bélica: los combates eran intensos, lo que me permitía idear situaciones trepidantes; las lluvias eran constantes, lo que hacía más miserable la existencia del soldado y me permitía sumergirme en la psicología del combatiente. De este modo, logré combinar la acción y las emociones humanas, todo ello tratando de ser respetuoso con el rigor histórico.

8-En su segundo libro viaja hasta las Ardenas. Más concretamente, hasta Bastogne ¿Es arduo transmitir las sensaciones de un estadounidense atrapado en ese cerco? ¿Cómo se metió en su piel?

Siempre me ha llamado la atención cómo la 101ª División Aerotransportada pudo aguantar semejante asedio enBastogne. La situación era realmente desesperada, los paracaidistas estadounidenses se habían quedado solos, los suministros escaseaban, estaban enterrados en la nieve y los alemanes les acosaban constantemente.

Buscaba reflejar la dureza de semejante cerco y por ello decidí escribir mi segunda novela «En el infierno blanco». No creo que haya sido arduo recrear la batalla de Bastogne, sin embargo, debo reconocer que hay momentos en los que me he metido tanto en la piel del protagonista que lo he pasado realmente mal.



Al igual que en «La última isla» cerraba los ojos y trataba de visualizar cómo fue la batalla de las Ardenas. Tenía que sentirme tan desquiciado como un soldado atrapado en Bastogne. Imaginaba los árboles explotando a mi alrededor, con las astillas volando y los panzers avanzando mientras la tierra retumba y los hombres de la 101ª solo disponen de sus fusiles y unos pocos bazocas para detener a los blindados.

En Bastogne, los estadounidenses se hallaban entre la espada y la pared; todo lo que les quedaba era resistir. A través del soldado Evans he tratado de transmitir esa mentalidad de no rendirse ante la adversidad; precisamente, esa obstinación y esa capacidad para luchar hasta el final fueron determinantes en la defensa de Bastogne. Por otro lado, no solo he tratado de hacer hincapié en la determinación de los combatientes, sino también en las penurias que sufrieron. No hay nada más triste que pasar las navidades lejos del hogar, temblando de frío y a la intemperie, con las raciones y la munición escaseando y luchando al borde del colapso físico y mental.

9-¿Cuáles son sus siguientes proyectos?

Estoy peleando con mucha ilusión para sacar adelante una novela titulada «Indeseables». En esta ocasión, el libro cuenta la historia de un problemático grupo de comandos británicos enviados a misiones imposibles durante la Segunda Guerra Mundial.

Los protagonistas son muy peculiares: delincuentes, camorristas y héroes, y todos ellos constituyen una combinación explosiva. No solo van a provocarnos carcajadas con su particular forma de comportarse, sino que en combate van a formar una unidad realmente temible. Siguiendo al teniente Moore y a sus hombres vamos a adentrarnos en el arriesgado mundo de las operaciones especiales.

Una vez más, aprovecho para darle las gracias al historiador y periodista Jesús Hernández por encargarse de la redacción del prólogo. Su aval ha sido un gran estimulo moral a la hora de defender esta obra que estoy seguro que no dejará indiferente al público.

Con «Indeseables» he tratado de alcanzar una combinación lo más equilibrada posible entre acción, humor y sentimiento. Junto a este puñado de indeseables, el lector se sumergirá en misiones suicidas, reirá con las tropelías de retaguardia y se emocionará con la camaradería que existe entre estos hombres. ¡Me compadezco de los nazis! ¡Buena les espera con los indeseables!

0-¿Qué le falta a la novela histórica actual que podamos hallar en su obra?

Voy a adoptar una posición reivindicativa hacia el género bélico, particularmente el ambientado en la Segunda Guerra Mundial, ya que ésta no ha sido bien tratada. Si hoy en día acudimos a una librería es muy fácil encontrar obras que transcurren en Grecia, Roma o la Edad Media, en cambio, si buscamos novelas que se desarrollen en la Segunda Guerra Mundial, lo más probable es que nos marchemos con las manos vacías. Creo que en nuestro país se ha dejado abandonada injustamente la ficción bélica y se ha dejado desabastecido un importante nicho de mercado.

Otro argumento que quiero esgrimir es que de las escasas obras de novela bélica disponibles, la mayoría están escritas desde una perspectiva alemana, como sucede en el caso de las obras de Sven Hassel o en «La cruz de hierro» deWilli Heinrich. Por ese motivo, quería narrar el conflicto desde la óptica de los soldados aliados.

Ante semejante panorama opté por ponerme a escribir, quería hacer algo diferente y la Segunda Guerra Mundial me ofrecía oportunidades inigualables. Con gran ilusión me lancé a crear obras en las que el lector pueda trasladarse a la primera línea de combate y viva las batallas como si estuviese combatiendo junto al protagonista. Pero no todo se reduce a los disparos y las explosiones, también busco transmitir cómo era la sociedad del momento y los sentimientos y emociones de hombres que a diario se enfrentaban a la muerte. Todo ello siempre desde el rigor histórico, documentando en profundidad el trasfondo en el que se va a desarrollar la obra.

Otra de mis pretensiones es que el lector, fundamentalmente joven, aprenda todo lo posible sobre el conflicto. Con este tipo de ficción se consigue de manera dinámica despertar la curiosidad del público por la Segunda Guerra Mundial y así animarle a profundizar, lo que posteriormente le llevará a indagar en obras especializadas. En otras palabras, uno de mis objetivos es divulgar de forma amena.

http://www.abc.es/historia/abci-per...&ns_linkname=desktop-tablet&ns_fee=AR23_1fila
 
Registrado
22 Oct 2017
Mensajes
6.048
Calificaciones
11.643


«El mayor acto terrorista de la historia lo hizo EE.UU. al asesinar a miles de civiles en la IIGM»
El pasado 24 y 25 de marzo la Costa Brava albergó la primera edición de «Lloret negre», un festival de novela negra, espionaje e historia. El evento fue clausurado con gran éxito por la comisaria, Angelique Pfitzner
En una de sus mesas redondas, los ponentes dirimieron sobre los actos de barbarie que han logrado modificar el pasado. Y entre ellos, José Luis Muñoz destacó las bombas de Hiroshima y Nagasaki

Manuel P. Villatoro

«Proceded con arreglo a lo previsto. Para el 6 de agosto». Tras escuchar estas tristes palabras, el comandante Paul Tibbets alzó el vuelo con su [URL='http://www.abc.es/historia/abci-fortaleza-volante-b-17-colosal-maquina-destruccion-aplasto-despiadados-suenos-hitler-201707031618_noticia.html']Fortaleza VolanteB-29(bautizada como «Enola Gay») y dejó caer sobre la ciudad japonesa de Hiroshima a «Little Boy», una gigantesca bomba de uranio cuya potencia equivalía a 20 toneladas de TNT. Aquella jornada de 1945, 140.000 hombres, mujeres y niños fueron aniquilados por el terror nuclear americano. Por si fuera poco, tan solo tres días después el país de la libertad perpetró otro ataque similar sobre Nagasaki en el que murieron 74.000 personas (una cifra que, posteriormente, aumentó hasta los 137.000).[/URL]
Ambos ataques se unieron a bombardeos tan crudos como los de Hamburgo o Dresde, orquestados respectivamente en 1943 y en 1945 por los aliados para generar pavor entre los civiles. Con todo, la destrucción de Hiroshima yNagasaki fue mucho más brutal. Y es que, supuso el cenit de una estrategia del terror que terminó con la capitulación de Japón y ahorró miles de vidas a un ejército (el de los Estados Unidos) extenuado por tener que avanzar a través del Pacífico conquistando cada una de las islas en poder de los nipones. De hecho, tan solo en la [URL='http://www.abc.es/historia/abci-decapitacion-olvidada-venganza-soldados-aliados-contra-japoneses-iigm-201803290111_noticia.html']batalla de Okinawa(acaecida entre abril y junio de 1945) ya habían caído más de 10.000 estadounidenses.

¿Fue una decisión acertada la de Estados Unidos? Según desveló el pasado 25 de marzo el escritor y periodista José Luis Muñoz, habría que definirla simplemente por lo que fue: una barbaridad que buscaba acabar con una contienda que estaba desangrando a los EE.UU. «El mayor acto terrorista de la historia lo hizo Estados Unidos al borrar del mapa dos ciudades en la Segunda Guerra Mundial. Mató a hombres, mujeres y niños; causó males por radiación... A día de hoy, aquellas bombas nucleares han sido las únicas arrojadas sobre civiles», explicó el opinador español.
Corrupción y terrorismo
Muñoz hizo estas declaraciones en una de las mesas redondas («Corrupción y terrorismo») de la primera edición de «Lloret negre», un festival que logró reunir en plena Costa Brava a 35 jueces, escritores, docentes, abogados y divulgadores al calor de la novela negra, el espionaje, la historia y todo tipo de temas sociales. Durante la conferencia en la que participó este periodista, por si fuera poco, no faltaron alusiones a las barbaridades olvidadas de la Segunda Guerra Mundial: aquellas perpetradas por los aliados. «Los americanos decidieron, por ejemplo, lanzar una bomba sobre Dresde a pesar de que sabían que estaba llena de civiles», desveló en el mismo debate el divulgador histórico Pere Cardona (autor de «HistoriasSegundaGuerraMundial» y de libros como «El diario de Peter Brill»).

«Nadie pidió cuentas a Estados Unidos porque, cuando los actos terroristas los efectúa el vencedor, no importan», añadió Muñoz en «Lloret negre».
El resto de contertulios de la mesa «Corrupción y terrorismo» hicieron hincapié, a su vez, en la evolución de estos dos fenómenos a lo largo de la historia. Así pues, el popular periodista y autor Fernando Martínez Laínez señaló, por ejemplo, que el uso del miedo como arma de guerra se generalizó en tiempos de Genghis Khan. Por su parte, el también reportero especializado en espionaje José Luis Caballero aunó los dos temas centrales de la ponencia al recordar que la CIA sufragó la guerra de Vietnam a base de la venta de heroina.

El último de los ponentes, Joaquim Martín, ofreció una visión más actual de ambos problemas. Como jefe de la policía local de Lloret de Mar explicó el cambio que se ha vivido en el interior de las organizaciones terroristas en un lapso de apenas dos décadas. «Antes había una jerarquía en estos grupos. Las órdenes iban de arriba a abajo y, si atrapabas a la cúpula, acababas con ellos», señaló durante la mesa redonda. Sin embargo, completó su argumentación desvelando que, a día de hoy, los agentes deben combatir contra células dormidas que toman decisiones independientes. «El terrorismo funciona a nivel local. Se otorga una serie de directrices a los agresores y estos funcionan de forma autónoma», completó.
__________________________________________________________________
«Corrupción y terrorismo» en «Lloret negre»: los ponentes, en una frase
José Luis Muñoz: «El mayor acto terrorista de la historia lo hizo EE.UU. al asesinar a miles de civiles en la IIGM»

Fernando Martínez Laínez: «El terrorismo se empezó a generalizar en tiempos de Genghis Khan»

Pere Cardona: «Los aliados lanzaron bombas sobre Dresde sabiendo que estaba llena de civiles»

José Luis Caballero: «La CIA pagó la guerra de Vietnam a base de la venta de heroina»

Joaquim Martín: «Ahora, el terrorismo funciona a nivel local y no por jerarquías».
DATOS DE INTERÉS

«Lloret negre» fue celebrado en la ciudad de Lloret de Mar entre el 24 y 25 de marzo gracias a la colaboración de entidades como el Ayuntamiento de Lloret de Mar o el Hotel Marsol (donde se celebraron varias charlas literarias a lo largo del fin de semana).
__________________________________________________________________

El comienzo
La estrategia del terror aliada tuvo su primer gran exponente en el bombardeo de Hamburgo, una ciudad ubicada al norte de Alemania cuya conquista era de vital importancia por la ingente cantidad de fábricas que atesoraba. En 1943, el mando conjunto decidió atacar por sorpresa la urbe en el marco de la «Operación Gomorra». Pero no por tierra, sino a base de explosivos. ¿El objetivo? Derribar las construcciones enemigas, sembrar el caos entre la población y, en definitiva, desmoralizar a los civiles y a los líderes germanos.
La incursión inicial corrió a cargo de la RAF británica, que atacó la urbe con nada menos que 791 bombarderos. El 25 le tocó el turno a la fuerza aérea de los Estados Unidos (USAAF). El resultado fueron varios meses de viajes de ida y vuelta acaecidos entre julio y noviembre que se saldaron con la destrucción casi total de la ciudad. Fue un ataque que, según explica el historiador Álvaro Lozano en su obra «XX: un siglo tempestuoso», estuvo punto de hacer desaparecer la ciudad y dejó una «profunda impresión» entre los alemanes. No le falta razón, pues los mismos jerarcas nazis afirmaron que, con tres golpes como aquel, el Tercer Reich habría sido aniquilado.

Fortaleza Volante B-17-ABC

«Unas 260 fábricas de la zona fueron borradas del mapa, y lo mismo ocurrió con 40.000 casas y 275.000 pisos, 2.600 tiendas, 277 escuelas, 24 hospitales y 58 iglesias. Murieron alrededor de 46.000 civiles», explica el historiador británico Paul Kennedy en su obra «Ingenieros de la victoria. Los hombres que cambiaron el destino de la Segunda Guerra Mundial». La estrategia del pavor había comenzado. «El objetivo del terrorismo es aplastar la moral de la sociedad para que actué a placer. Y eso es lo que se buscaba con los bombardeos», explicó Cardona en la mesa redonda de «Lloret negre» sobre corrupción y terrorismo.

La brutaldiad de Dresde
Sin embargo, según Cardona hubo que esperar hasta 1945 para que los aliados perpetraran uno de los actos terroristas más impactantes de la Segunda Guerra Mundial: el bombardeo de Dresde.

«En Dresde los aliados lanzaron decenas de bombas a pesar de que la ciudad estaba llena de civiles. Además, usaron bombas de fósforo blanco después de los primeros ataques para que impactaran sobre la población cuando saliera de los refugios», añadió el autor de «HistoriasSegundaGuerraMundial». Oficialmente, aquella barbaridad se llevó a cabo debido a que la urbe era un nudo de comunicaciones clave para el mando aliado. Pero la realidad es que, a día de hoy, se desconoce por qué se orquestó.

Más allá del objetivo, el bombardeo de Dresde comenzó a las diez de la noche del 13 de febrero de 1945. Durante los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial. «En esta primera oleada participaron 245 cuatrimotores Avro Lancaster que arrojaron 800 toneladas de bombas», explica Jesús Hernández (autor del blog «¡Es la guerra!») en su libro «Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial». Esa misma noche, una segunda oleada barrió la urbe con una fuerza formada por 529 aparatos.


La ciudad de Dresde, tras el bombardeo-ABC

Una jornada después hicieron su aparición las temibles fortalezas volantes B-17 norteamericanas. En este caso, la USAAF aportó casi cuatro centenares de estos aparatos, cada uno de los cuales podía cargar con más de 4.000 kilogramos en explosivos. El 15 los aliados dieron la última pasada y terminaron de destruir Dresde. A día de hoy se desconoce el número exacto de bajas que se produjeron, pero Hernández afirma que (entre civiles y soldados) pudieron fallecer más de 300.000 personas.

Las cifras de explosivos lanzados son analizadas por el historiador Andrew Roberts en su libro «La tormenta de la guerra»: «Las 2.680 toneladas de bombas arrojadas arrasaron más de 33 kilómetros cuadrados de la ciudad, y muchos de los muertos fueron mujeres, niños, ancianos y algunos de los cientos de miles de refugiados que huían del Ejército Rojo, que se encontraba a menos de 100 kilómetros al este». Estos dejaron este mundo asfixiados, calcinados ococidos, según determina el también historiador Allan Mallinson en uno de sus múltiples estudios sobre el tema. En palabras de Roberts, «cocidos» no es un eufemismo: «Hubo que extraer pillas de cadáveres de un gigantesco depósito de agua contra incendios al que había saltado para escapar de las llamas, gente que fue cocida viva».

Hiroshima y Nagasaki
El último acto terrorista que llevaron a cabo los aliados en la Segunda Guerra Mundial fue, en palabras de José Luis Muñoz, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Unos ataques que dejaron de ser un mero borrón en la imaginación de los norteamericanos el 17 de julio de 1945, cuando el presidente Harry S. Truman recibió un telegrama en el que le informaron del inicio de la era atómica en los siguientes términos: «El niño ha nacido bien». El mensaje poco tenía que ver con el alumbramiento de un retoño. Por el contrario, se refería a la construcción de la ya mencionada «Little boy».

De la mano del presidente norteamericano, el 6 de agosto comenzó el bombardeo nuclear cuando el «Enola Gay» informó -a eso de las siete de la mañana- de que tenía la ciudad de Hiroshima a la vista. Apenas una hora después, la portezuela de la Fortaleza Volante se abrió y dejó caer el explosivo nuclear a más de 10.000 metros. Curiosamente, la única obsesión del comandante Tibbets era que la onda expansiva no atrapase a su aparato. Cuando explotó, «Little Boy» provocó un resplandor equivalente a la luz de 1.000 soles. El triste fogonazo marcó para siempre a los escasos supervivientes.


Fotografía tomada en de septiembre de 1945 en Hiroshima, un mes después de la explosión-ABC

Los desafortunados atrapados en el epicentro de la explosión murieron al instante volatilizados por temperaturas de hasta 50.000 grados. «Los trenes y tranvías volaron como soplados por un gigante, los automóviles se derritieron y bloques enteros de casas desaparecieron», añade Hernández en su obra.

A todo ello se sumaron las secuelas producidas por la explosión nuclear. Unas 140.000 personas fallecieron en total sumando heridos y muertos posteriores. Tres días después, sin esperar la rendición nipona, los americanos volvieron a repetir este bombardeo, aunque sobre la ciudad de Nagasaki. Aquel día, la Fortaleza Volante «Bock's car» arrojó a «Fat man» sobre los civiles y acabó con 73.000 personas....

http://www.abc.es/historia/abci-mayor-acto-terrorista-historia-hizo-eeuu-asesinar-miles-civiles-iigm-201804051509_noticia.html




[/URL]
 
Registrado
25 Jun 2015
Mensajes
115
Calificaciones
282
El manuscrito secreto de Alan Turing, el descifrador del Código Enigma
RedacciónBBC Mundo
  • 13 abril 2015

El manuscrito data de 1942, cuando Alan Turing intentaba descifrar los códigos secretos utilizados por la Alemania nazi.

Este lunes fue subastado en más de US$1 millón un manuscrito cuya historia es tan espectacular como la del genio que lo escribió hace más de 70 años.

El documento es obra de Alan Turing, el científico británico considerado padre de la informática y visionario de la inteligencia artificial.

Turing, cuya vida fue recientemente tema de la película The Imitation Game, El Código Enigma, descifró el lenguaje secreto utilizado por los nazis y contribuyó según historiadores a nada menos que acortar la Segunda Guerra Mundial.

Pero sus contribuciones brillantes y su patriotismo no lo salvaron de la sociedad opresiva en la que vivía.

Sentenciado por "atentado contra la moral pública" por su homosexualidad, Turing recibió de las autoridades judiciales: la cárcel o la castración química con inyecciones de estrógeno.


A pesar de sus brillantes contribuciones, Turing padeció la opresión de su época y fue condenado por homosexual. Dos años después se suicidó.

Dos años después de la condena, en 1954, el matemático fue hallado muerto junto a una manzana mordisqueada y embebida en cianuro.

La teoría más aceptada es la del suicidio, pero familiares y amigos sostuvieron una y otra vez que pudo haber sido un accidente.

Turing había dejado en su testamento documentos a su amigo y también matemático Robin Gandy, entre los que se encontraba el manuscrito.

En 1977 Gandy donó los documentos de Turing a los archivos de King's College en la Universidad de Cambridge. Pero mantuvo en su poder hasta su muerte en 1995 el cuaderno casi desconocido del genio británico que es subastado ahora en Nueva York.

La casa Bonhams que realiza la subasta dijo que el vendedor quiso permanecer anónimo.

Sueños

El cuaderno tenía hojas en blanco, e increíblemente, Gandy las usó para sus propias anotaciones. Su psiquiatra le había pedido que escribiera sus sueños y Gandy eligió hacerlo en las páginas del mismo cuaderno de Turing.

Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa casa de subastas Bonhams dijo que el vendedor del cuaderno pidió permanecer anónimo.

En el comienzo de su diario personal Gandy escribió: "Parece un camuflaje adecuado escribir entre estas notas de Alan, posiblemente es algo un tanto siniestro; es una figura paterna algunos de cuyos pensamientos he heredado completamente".

El manuscrito de Turing data de 1942, cuando el matemático había sido reclutado por los servicios de seguridad para trabajar en Bletchey Park, el centro donde se realizaban los trabajos para descifrar los códigos utilizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Derechos de autor de la imagenAFPImage caption
En la misma subasta se vende una máquina Enigma, con la que la marina alemana enviaba a sus submarinos mensajes para interceptar los convoyes de abastecimiento que Estados Unidos enviaba a Inglaterra.

En una de las anotaciones del cuaderno Turing reflexiona sobre una notación compleja de cálculo.

"¡Me resulta extremadamente difícil entender la notación de Leibniz, a pesar de ser la que mejor comprendí en otra oportunidad! Ciertamente implica que hay una relación entre x e y, eg. y(igual a)x2+3x"

Espía brillante

El manustricto revela como Turing "siempre estuvo comprometido y dedicado al libre pensamiento en matemática pura", según el historiador Alan Hodges, autor del libro "Alan Turing: el enigma".

Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionTuring dejó el cuaderno a su amigo Robin Gandy, que jamás lo entregó a los archivos de la Universidad de Cambridge.

Fue esa inigualable capacidad de pensamiento abstracto que permitió a Turing ser el más brillante de los espías.

Turing permitió descifrar los códigos secretos de la máquina Enigma, con la que la marina de Alemania enviaba a sus submarinos mensajes para interceptar los convoyes de abastecimiento que Estados Unidos enviaba a Inglaterra.

Turing utilizó en su trabajo conceptos de inteligencia artificial y diseñó un computador electromecánico para simular las posibles combinaciones de letras de Enigma.

Inteligencia artificial

Derechos de autor de la imagenAP
Image caption"Me resulta extremadamente difícil entender la notación de Leibniz, a pesar de ser la que mejor comprendí en otra oportunidad", escribe Turing en un pasaje del cuaderno.

Tras la guerra, en una época sin chips ni transistores, Turing diseñó las bases de una máquina programable que podía resolver operaciones.

El matemático ideó un lenguaje de programación con el que se podía simular todos los pasos que puede ejecutar una máquina siendo el primero en dar una noción precisa de lo que es un algoritmo.

Turing fue un visionario, que estableció además el primer modelo teórico de inteligencia artificial en las máquinas.

Desarrolló el llamado test de Turing, que permite probar la existencia de inteligencia en una máquina.

"Una computadora puede ser llamada inteligente si logra engañar a una persona haciéndola creer que es un humano", escribió.

Perdón

Derechos de autor de la imagenAFP SHERBORNE SCHOOL
Image captionAlan Turing cuando asistía al colegio Sherborne. A los 13 años recorrió 100 km en bicicleta para no faltar al primer día de clases cuando hubo huelga de trenes.

Recién en 2009, el entonces primer ministro británico Gordon Brown reconoció que Turing había sido tratado en forma "atroz".

En 2013, casi 60 años después de su suicidio, el científico recibió el perdón real de la Reina Isabel II.

Los expertos en Turing esperan que el manuscrito ahora subastado no permanezca escondido otra vez durante décadas, sino que pueda ser estudiado en busca de pistas para comprender mejor la mente y la personalidad del matemático.

La vida del hombre que tanto aportó con su brillantez y tan poco recibió a cambio sigue generando tanta admiración como interrogantes.

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150413_turing_manuscrito_am
 

Registrado
25 Jun 2015
Mensajes
115
Calificaciones
282
El manuscrito secreto de Alan Turing, el descifrador del Código Enigma
RedacciónBBC Mundo
  • 13 abril 2015

El manuscrito data de 1942, cuando Alan Turing intentaba descifrar los códigos secretos utilizados por la Alemania nazi.

Este lunes fue subastado en más de US$1 millón un manuscrito cuya historia es tan espectacular como la del genio que lo escribió hace más de 70 años.

El documento es obra de Alan Turing, el científico británico considerado padre de la informática y visionario de la inteligencia artificial.

Turing, cuya vida fue recientemente tema de la película The Imitation Game, El Código Enigma, descifró el lenguaje secreto utilizado por los nazis y contribuyó según historiadores a nada menos que acortar la Segunda Guerra Mundial.

Pero sus contribuciones brillantes y su patriotismo no lo salvaron de la sociedad opresiva en la que vivía.

Sentenciado por "atentado contra la moral pública" por su homosexualidad, Turing recibió de las autoridades judiciales: la cárcel o la castración química con inyecciones de estrógeno.


A pesar de sus brillantes contribuciones, Turing padeció la opresión de su época y fue condenado por homosexual. Dos años después se suicidó.

Dos años después de la condena, en 1954, el matemático fue hallado muerto junto a una manzana mordisqueada y embebida en cianuro.

La teoría más aceptada es la del suicidio, pero familiares y amigos sostuvieron una y otra vez que pudo haber sido un accidente.

Turing había dejado en su testamento documentos a su amigo y también matemático Robin Gandy, entre los que se encontraba el manuscrito.

En 1977 Gandy donó los documentos de Turing a los archivos de King's College en la Universidad de Cambridge. Pero mantuvo en su poder hasta su muerte en 1995 el cuaderno casi desconocido del genio británico que es subastado ahora en Nueva York.

La casa Bonhams que realiza la subasta dijo que el vendedor quiso permanecer anónimo.

Sueños

El cuaderno tenía hojas en blanco, e increíblemente, Gandy las usó para sus propias anotaciones. Su psiquiatra le había pedido que escribiera sus sueños y Gandy eligió hacerlo en las páginas del mismo cuaderno de Turing.

Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa casa de subastas Bonhams dijo que el vendedor del cuaderno pidió permanecer anónimo.

En el comienzo de su diario personal Gandy escribió: "Parece un camuflaje adecuado escribir entre estas notas de Alan, posiblemente es algo un tanto siniestro; es una figura paterna algunos de cuyos pensamientos he heredado completamente".

El manuscrito de Turing data de 1942, cuando el matemático había sido reclutado por los servicios de seguridad para trabajar en Bletchey Park, el centro donde se realizaban los trabajos para descifrar los códigos utilizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Derechos de autor de la imagenAFPImage caption
En la misma subasta se vende una máquina Enigma, con la que la marina alemana enviaba a sus submarinos mensajes para interceptar los convoyes de abastecimiento que Estados Unidos enviaba a Inglaterra.

En una de las anotaciones del cuaderno Turing reflexiona sobre una notación compleja de cálculo.

"¡Me resulta extremadamente difícil entender la notación de Leibniz, a pesar de ser la que mejor comprendí en otra oportunidad! Ciertamente implica que hay una relación entre x e y, eg. y(igual a)x2+3x"

Espía brillante

El manustricto revela como Turing "siempre estuvo comprometido y dedicado al libre pensamiento en matemática pura", según el historiador Alan Hodges, autor del libro "Alan Turing: el enigma".

Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionTuring dejó el cuaderno a su amigo Robin Gandy, que jamás lo entregó a los archivos de la Universidad de Cambridge.

Fue esa inigualable capacidad de pensamiento abstracto que permitió a Turing ser el más brillante de los espías.

Turing permitió descifrar los códigos secretos de la máquina Enigma, con la que la marina de Alemania enviaba a sus submarinos mensajes para interceptar los convoyes de abastecimiento que Estados Unidos enviaba a Inglaterra.

Turing utilizó en su trabajo conceptos de inteligencia artificial y diseñó un computador electromecánico para simular las posibles combinaciones de letras de Enigma.

Inteligencia artificial

Derechos de autor de la imagenAP
Image caption"Me resulta extremadamente difícil entender la notación de Leibniz, a pesar de ser la que mejor comprendí en otra oportunidad", escribe Turing en un pasaje del cuaderno.

Tras la guerra, en una época sin chips ni transistores, Turing diseñó las bases de una máquina programable que podía resolver operaciones.

El matemático ideó un lenguaje de programación con el que se podía simular todos los pasos que puede ejecutar una máquina siendo el primero en dar una noción precisa de lo que es un algoritmo.

Turing fue un visionario, que estableció además el primer modelo teórico de inteligencia artificial en las máquinas.

Desarrolló el llamado test de Turing, que permite probar la existencia de inteligencia en una máquina.

"Una computadora puede ser llamada inteligente si logra engañar a una persona haciéndola creer que es un humano", escribió.

Perdón

Derechos de autor de la imagenAFP SHERBORNE SCHOOL
Image captionAlan Turing cuando asistía al colegio Sherborne. A los 13 años recorrió 100 km en bicicleta para no faltar al primer día de clases cuando hubo huelga de trenes.

Recién en 2009, el entonces primer ministro británico Gordon Brown reconoció que Turing había sido tratado en forma "atroz".

En 2013, casi 60 años después de su suicidio, el científico recibió el perdón real de la Reina Isabel II.

Los expertos en Turing esperan que el manuscrito ahora subastado no permanezca escondido otra vez durante décadas, sino que pueda ser estudiado en busca de pistas para comprender mejor la mente y la personalidad del matemático.

La vida del hombre que tanto aportó con su brillantez y tan poco recibió a cambio sigue generando tanta admiración como interrogantes.

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150413_turing_manuscrito_am
El descifrador del Código Enigma fue Marian Rejewski, matemático y criptógrafo polaco que, en 1932, descifro la máquina Enigma, el dispositivo de cifrado principal usado por Alemania en la Segunda Guerra Mundial. El éxito de Rejewski y sus colegas Jerzy Rozycki y Henryk Zygalski permitió a Inglaterra leer los mensajes de Enigma, y la inteligencia así ganada, llamada código "ultra", contribuyó, quizás decisivamente, a la derrota de la Alemania Nazi.
https://es.wikipedia.org/wiki/Enigma_(máquina)
https://es.wikipedia.org/wiki/Marian_Rejewski
 
Registrado
25 Jun 2015
Mensajes
115
Calificaciones
282
La historia de niños polacos que habían sido seleccionados por culpa de sus rasgos físicos arios y arrancados de sus padres por los alemanes. Muchos perdieron irremisiblemente la posibilidad de recuperar su identidad y su familia en la hoguera con la que los nazis en retirada destruyeron los archivos que daban cuenta del delirio de recreación de la raza aria.

https://elpais.com/diario/2008/05/11/domingo/1210477953_850215.html
 

Mirando este Tema (Miembros: 0, Invitados: 1)