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Usted está presenciando la muerte del neoliberalismo (desde dentro)
Los economistas del FMI han publicado un destacable informe en el que admiten que esta ideología está sobrevalorada

Aditya Chakrabortty

01/06/2016 - 20:06h

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde. EFE


ANÁLISIS

Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas


¿Cómo muere una ideología? Como en muchas otras situaciones, la ficción puede servirnos de guía. En Abundancia roja, un libro que mezcla la ficción con la historia de la Unión Soviética, Francis Spufford describe cómo se desmorona el sueño comunista que se proponía construir una sociedad mejor y más justa.

Aunque llegaron a censurar no solo lo que decían sino lo que pensaban los ciudadanos, los comunistas soñaban a lo grande. El héroe de Spufford se llama Leonid Kantorovich, el único soviético que ganó el Premio Nobel de Economía. Cuando viaja en el metro de Moscú, fantasea sobre la abundancia que pronto rodeará a los empobrecidos ocupantes de su vagón. "La ropa de las mujeres pasó a ser de seda y los uniformes militares se transformaron en impecables trajes grises y plateados, las caras, rostros delgados y alargados, perdieron todas las arrugas de expresión y el aspecto demacrado y todas las demás muestras de miseria".

La realidad destruye con rapidez sus castillos de arena. Las cifras no quieren que sus deseos se cumplan. Los hermosos planes que había trazado solo se pueden llevar a cabo con engaños y los técnicos lo saben mejor que cualquier disidente. Esta es una de las principales reflexiones de Spufford: que mucho antes de que se produzcan protestas públicas los que forman parte del sistema ya han susurrado que están inquietos.

Susurro tras susurro, informe tras informe, van socavando el sistema desde dentro. El golpe de gracia final ocurrirá décadas después, pero ya se intuye en la novela.

Cuando se publicó Abundancia roja en 2010, ya era evidente que la ideología que sustenta el capitalismo contemporáneo se tambaleaba, pero no que se estaba muriendo. Y, sin embargo, el capitalismo, herido por la crisis, está pasando por un proceso muy parecido al que describe el libro. Son los tecnócratas a cargo del sistema los que están empezando a reconocer, poco a poco y en contra de su voluntad, que es un fiasco.

Puedes oír este murmullo cuando Mark Carney, del Banco de Inglaterra, hace saltar todas las alarmas sobre el equilibrio que debe buscarse entre "el lento crecimiento, la baja inflación y un tipo de interés bajo". O cuando el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el banco central del Banco Central, alerta sobre el hecho de que "la economía mundial no parece capaz de crecer de forma equilibrada y sostenible". Y todavía se ha podido ver con mayor claridad hace unos días tras la publicación de un informe del FMI.



El neoliberalismo no ha propiciado el crecimiento económico; lo único que ha hecho es beneficiar a unos pocos. De hecho, provoca colapsos de proporciones épicas, con las consiguientes tragedias humanas y cuyo rescate cuesta miles de millones de dólares.




El estudio es relevante no por lo que dice sino por su contundencia. En la publicación más emblemática del FMI, tres de sus economistas más importantes han publicado un estudio con el título "¿Se ha sobrevalorado el neoliberalismo?".

El titular ya es un duro golpe. Durante mucho tiempo, los economistas de la corriente dominante y los políticos han negado que exista el neoliberalismo como tal, con el argumento de que este término no es más que un insulto que se inventaron los descontentos desdentados que no entienden ni la economía ni el capitalismo. En cambio, ahora el FMI describe cómo la "agenda neoliberal" se ha extendido por el mundo en los últimos 30 años.

Lo que están diciendo es que un número creciente de países han reformado sus instituciones sociales y políticas para ponerlas al servicio del mercado. Will Davies, autor de Los límites del neoliberalismo, sugiere que dos instituciones del Reino Unido que servirían de ejemplo son la sanidad pública y las universidades, "que están convirtiendo las aulas en supermercados". El sector público está siendo reemplazado por el sector privado y la democracia, por la competencia.

Los expertos del FMI admiten que los resultados son nefastos. El neoliberalismo no ha propiciado el crecimiento económico; lo único que ha hecho es beneficiar a unos pocos. De hecho, provoca colapsos de proporciones épicas, con las consiguientes tragedias humanas y cuyo rescate cuesta miles de millones de dólares. Esta es una conclusión con la que la mayoría de los usuarios del banco de alimentos del Reino Unido estarían de acuerdo. Y si bien George Osborne justificaría la austeridad alegando que es como "reparar el tejado cuando hace sol", lo cierto es que los economistas del FMI indican que más bien es como "impedir que el gobierno sea grande. Otro aspecto de la agenda neoliberal". Aseguran que las pérdidas de estas políticas podrían ser más elevadas que los beneficios.

Es importante tener en cuenta dos hechos. El primero es que se trata de un estudio del departamento de investigación del FMI y no el que haría el tipo de empleado que viaja a países en quiebra para negociar con los gobiernos que tienen problemas de liquidez las condiciones de un préstamo y torturarlos económicamente. Desde 2008, la brecha entre lo que el FMI piensa y lo que hace es enorme. El segundo, es que si bien los investigadores han ido más allá de lo que un observador podría haber previsto, han sido prudentes en algunos ámbitos. Incluso defienden la privatización, señalando que es la mejor manera de ofrecer algunos servicios, y que el gasto público sea menor. La única respuesta posible a esta afirmación es invitarlos a un viaje en tren a la central nuclear de Hinkley Point C.

Pese a sus limitaciones, el estudio representa una notable brecha respecto de la opinión unánime neoliberal del FMI. Los economistas y los políticos no dan ninguna importancia a las críticas en torno a la desigualdad y la falta de utilidad de muchas de las medidas económicas actuales; prefieren pensar que son excepciones aberrantes a la norma. Finalmente, una institución ha decidido analizar no solo los síntomas sino también la causa; y está subrayando la naturaleza política de esta causa. No resulta sorprendente que el economista que ha coordinado el estudio afirme que cinco años atrás el FMI no les hubiera permitido publicarlo.

Desde la década de los ochenta, la élite política ha descartado la percepción de que tiene una agenda ideológica y afirma que, simplemente, está haciendo "lo que funciona".

Desde la crisis económica, los bancos centrales, los políticos y los comentaristas de la tele han intentado convencer a los ciudadanos de que todos estos miles de millones eran la solución perfecta para lograr la estabilidad económica.

Han releído todas y cada una de las páginas de su libro de texto y de otros para explicar el rescate de los bancos, los recortes, la congelación salarial e inyectar miles de millones de euros en el mercado financiero. Pese a todo ello, la economía sigue anémica.

Y cuanto más larga sea la caída, más se percatan los ciudadanos del hecho de que no solo el crecimiento ha sido más débil sino que también los trabajadores se han beneficiado menos de los beneficios. El año pasado, el thinktank de los países ricos, la OCDE, hizo una destacable concesión. Evaluó el crecimiento económico del país y reconoció que la porción de pastel que han asignado a los trabajadores no había sido tan diminuta desde la segunda guerra mundial. Todavía más sorprendente, indicó que los trabajadores del resto del mundo capitalista occidental están igual o peor.

Abundancia roja termina con Nikita Khrushchev paseando por el exterior de su casa de campo. Le han obligado a jubilarse allí. "El paraíso –exclama– es el lugar donde todos quieren ir a parar no el lugar del que huir. ¿Qué clase de socialismo es este? ¿Qué clase de mierda es un lugar donde tienes que encadenar a las personas? ¿Qué clase de orden social? ¿Qué clase de paraíso?"

Los economistas no hablan como los escritores, pero si leemos entre líneas y prescindimos del lenguaje técnico podremos constatar la larga agonía de una ideología.

Traducción de Emma Reverter
 

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El fracaso del neoliberalismo

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 6 de mayo de 2013

Este artículo critica los supuestos que sostienen las políticas dominantes hoy en la Unión Europea, incluyendo España, y las consecuencias de su aplicación que muestran claramente su gran fracaso.

El dogma neoliberal ha dominado la cultura política, económica y mediática de los países del Atlántico Norte desde la década de los años ochenta del siglo pasado. Tal dogma creía que la crisis actual se debía a un gasto público excesivo que había ahogado con su peso a la economía, privando de fondos y recursos al sector privado imposibilitándolo a que actuara como motor de la economía. Como dijo el “gurú” de los neoliberales, el presidente Reagan, el gobierno (en realidad quería decir el sector público) “no es la solución, sino el problema” (discurso inaugural de su presidencia, enero de 1981). De esta concepción del origen de la crisis se derivaban sus políticas públicas de recortes y austeridad que intentaban reducir el déficit y la deuda pública de los Estados.

Los recortes se acentuaron predominantemente en los gastos públicos sociales, pues se asumía, además, que la supuestamente excesiva Protección Social estaba relajando a la clase trabajadora (redefinida como clase media), perdiendo competitividad. Se consideraba que los derechos laborales y sociales se habían hipertrofiado, extendiéndose demasiado, afectando con ello su productividad. Contribuyendo a esta pérdida de productividad, había habido un abultado crecimiento salarial en la mayoría de los países (y muy en especial en los países periféricos de la Eurozona) que había disparado los precios de los productos, obstaculizando así la capacidad exportadora del país. Se requería, por lo tanto, toda una batería de intervenciones públicas, que incluían desde la reducción de aquellos derechos laborales y sociales a la puesta en marcha de reformas laborales que tenían como objetivo disminuir los salarios.

Ni que decir tiene que el desarrollo de tales intervenciones públicas requería toda una estrategia ideológica-mediática que tenía como objetivo hacer creer a la población que tales políticas (sumamente impopulares cada una de ellas) eran las únicas posibles, señalando que no había alternativas. Parte de esta estrategia era subvencionar, directa o indirectamente, a investigadores académicos que mostraran evidencia científica que avalara la sabiduría, necesidad, inevitabilidad y bondad de tales políticas. Entre tales trabajos, destacaban los trabajos de Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la necesidad de la austeridad como medida estimuladora de crecimiento (creando confianza en los mercados financieros) y los de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que alertaron que el crecimiento de la deuda pública por encima del 90% del PIB llevaba a la recesión, explicando la crisis financiera actual en la Unión Europea por un exceso de esta deuda pública. Estos economistas neoliberales (próximos todos ellos al capital financiero, es decir a la banca y otras asociaciones financieras) eran profesores de conocidas universidades, y gozaban todos ellos de grandes cajas de resonancia que les facilitaba su protagonismo mediático. Sus trabajos se convirtieron en la sabiduría económica convencional.

Aquí en España, donde la falta de diversidad en los medios es notable (y conocida a nivel internacional) el dominio de tal dogma fue absoluto en los medios. Así, en Catalunya, la televisión pública catalana daba, y continúa dando, una hora semanal titulada “Lecciones de Economía”, donde el ideólogo más extremista de tal dogma imparte doctrina neoliberal en la forma más pura, ideólogo que aparece cada día en la televisión digital de La Vanguardia. Ni que decir tiene que tales fórums están prácticamente cerrados a voces críticas (excepto en intervenciones excepcionales y sumamente infrecuentes). Y en el resto de España sólo es necesario comprobar la frecuencia con que aparecen en los medios de información economistas patrocinados y/o financiados por FEDEA (el centro ideológico del gran capital) y ver las veces que economistas próximos a los sindicatos son entrevistados en estos medios. El desequilibrio es aún mayor.

El fracaso de tales políticas

Ni que decir tiene que su enorme visibilidad mediática en los medios de mayor difusión derivaba, no de la fortaleza de sus argumentos (que son muy débiles), sino de su función propagandística. En realidad, la evidencia científica, fácilmente accesible, mostraba el error y la falsedad de los argumentos que sostenían el edificio sobre el cual se había constituido el dogma, incluyendo entre otros hechos, que:

1. El presidente Reagan no bajó, sino que subió el gasto público (haciéndolo en el sector militar, en lugar del social) durante su mandato. Es más, tal como ha señalado Krugman, fue el presidente de EEUU que ha subido más los impuestos en tiempos de paz (bajó los de las rentas superiores, pero aumentó los de la mayoría de la población). (Ver Krugman ”Reagan was a Keynesian” New York Times 08.06.12).

2. Entre los países que sufrieron la crisis de una manera más acentuada estaban Irlanda y España, que se presentaban como discípulos aventajados de la escuela neoliberal. Cuando la crisis comenzó, ambos países tenían superávit en sus cuentas públicas y su deuda pública era menor que la del promedio de los países de la Eurozona. Es absurdo que se acuse a estos países de haber caído en la crisis por haber gastado demasiado cuando eran los países con el gasto público social por habitante más bajo de la Eurozona, y sus Estados estaban en superávit.

3. Los estudios que justificaban tales políticas han sido criticados extensamente por sus errores y falsedades, con críticas devastadoras que han mostrado el carácter predominantemente ideológico y propagandístico de tales estudios. El Center for Economic and Policy Research de Washington, el Economic Policy Institute y el Center of Political Economy de la Universidad de Massachussets (uno de los más progresistas de EEUU) criticaron tales estudios desde el principio, crítica que es ahora ampliamente aceptada (ver mis artículos “El fraude en el pensamiento económico dominante”, El Plural, 22.04.13, y “Más sobre el fraude en el pensamiento neoliberal”, Sistema, 26.04.13)

4. La aplicación de tales políticas ha conllevado una crisis tremenda, deteriorándose más y más la situación económica de tales países, alcanzando unos niveles de desempleo nunca antes vistos.

5. El bienestar y calidad de vida de las clases populares se ha deteriorado de una manera muy alarmante. En realidad, la crisis se ha centrado en las clases populares, que son las que están sufriendo más los efectos negativos de tales políticas.


6. Estas políticas están creando una enorme crisis de la democracia pues ninguna de ellas se está llevando a cabo consecuencia de un mandato popular, pues no estaban anunciadas en los programas electorales de los partidos gobernantes que las están implementando. En realidad estas políticas son enormemente impopulares.

7. Los únicos sectores sociales que apoyan tales políticas son las rentas superiores y los establishments financieros y empresariales (de grandes empresas exportadoras) que son las únicas que se benefician de tales políticas. Las clases populares (que son la mayoría de la población) se oponen.

8. El hecho de que tales políticas continúen existiendo y aplicándose se debe al enorme poder de los establishments financieros, empresariales, mediáticos y políticos que son los beneficiarios de esta crisis actual. Así de claro.


http://www.vnavarro.org/?p=8866

Las políticas neoliberales las vamos a BOTAR el 26J
Porque SÍ SE PUEDE.
 

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