"Un amor de Oriente" Pilar Eyre. (1 Viewer)

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El Mundo Orbyt.

01/10/2016

UN VOLCÁN DE PASIÓN HECHO MUJER
Ésta no es una novela vulgar. Además de una historia atractiva, que engancha desde la primera página hasta la última, tiene el morbo añadido de no saber hasta qué punto Muriel es Isabel Preysler, o Isabel Preysler es Muriel. O si Luis es Julio Iglesias, o Julio Iglesias es Luis. Se nos ha contado que el cambio de nombres ha sido un imperativo de...

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... los servicios jurídicos de la editorial, y más allá de eso, los hechos que se narran, emocionantes en algunos casos, estremecedores en otros, llenos de pasión y humanidad, humorismo, bohemia y glamour en todas las ocasiones, tienen el hálito vivo de lo auténtico y lo vivido. Un amor de Oriente narra la vida de una mujer, pero también de todas las mujeres que transitaron de la edad media a la modernidad en tan sólo siete años. El tiempo que duró el matrimonio entre Isabel Preysler y Julio Iglesias.



EL s*x*. “Debajo de su aparente frialdad, albergaba un volcán de pasión”. Son palabras de su marido en un momento de confidencias, mucho después de la separación, cuando él trataba de encontrar en todas las mujeres el cuerpo de ella, un cuerpo de niña con pechos de mujer con los pezones muy oscuros, delgada pero levemente mullida como si estuviera rellena de plumón de ave y no de huesos. Todos los días hacían el amor, se entregaba con alegría y desenvoltura, al fin y al cabo era del trópico y esa gota de sangre indígena la hacía apasionada y desinhibida, refinada e inocente. Las manos de las filipinas están hechas para las caricias voluptuosas y sabias.



EL DINERO. Ella, cuando se casó, no sabía muy bien lo que ganaba su marido, de hecho creía que esa profesión que a ella no le gustaba, porque su ilusión era que él acabara la carrera y abriera un despacho de abogado, tenía al menos la compensación de que daba mucho dinero. Su primera sorpresa fue ver que iban a América en clase turista, se albergaban en hoteles de mala muerte, tenía que combatir chinches y pulgas, y si podían llegar a fin de mes era gracias a la ayuda de sus suegros. Sus años en común fueron una lucha despiadada contra los periodistas españoles que no se cansaban de denigrar a su marido, “se sienta en una silla asido a una guitarra misteriosa: no la usa más que para abrazarse a ella porque no sabe qué hacer con las manos”, escribía por ejemplo el crítico de La Vanguardia. Y también contra la falta de fondos, la precariedad de su trabajo, y las depresiones propias de todo artista. Había mañanas en las que su marido no quería levantarse de la cama porque temía quedarse paralítico. El mismo día en que decidió separarse, él le confesó que había firmado un contrato fabuloso con la CBS por valor de 69 millones de dólares, pero eso no la hizo volver atrás.

FAMILIA. Cuando se casó embarazada, su padre estuvo dos años sin hablarle. Después, la desgracia se abatió sobre su familia y ella, que aparentemente era frágil e indefensa, se convirtió en su mejor sostén. Y también ellos fueron un apoyo para ella, aunque ni su familia ni la de él llegaron a comprender nunca que abandonara a su marido después de siete años de matrimonio. Sus suegros tenían una gran influencia sobre su marido, el “accidente” que casi lo dejó paralítico, y que en realidad no fue como se nos ha contado hasta ahora, contribuyó a establecer un lazo muy fuerte entre padre e hijo, y ninguna de las dos familias entendió nunca por qué ella había decidido separarse. Para unos y para otros, el matrimonio era un vínculo para toda la vida y ni los engaños ni las infidelidades podían acabar con él. Como le decía su suegra con amargura y hablando con la voz de la experiencia, “chica, mejor no darse por enterada… ¡una vez lo sabes, ya no hay marcha atrás!”.



FAMA. Cargada con sus dos hijos pequeños, cochecito y maletas, esperaba su avión en Barajas para ir a pasar la navidad a Manila, mientras su marido, que venía desde América, recalaría horas después rumbo también a Filipinas. Carrero Blanco había sido asesinado el día anterior. Ella contestó a las preguntas de un periodista en el aeropuerto y se dejó hacer unas fotos. El mismo reportero habló luego con su marido. La gran sorpresa fue que la revista sacó a toda página a la mujer, hablando con gran sensatez sobre la muerte de Carrero y su vida en España, mientras su marido ocupaba una foto del tamaño de un sello de correos soltando esta frase estúpida “¡en América me voy a forrar!”. Él le tiró la revista a la cara y le hizo prometer que nunca más haría declaraciones a solas.



INFIDELIDADES. Él lo negaba todo, cuando en realidad ya le fue infiel en su viaje de novios, lo que no era óbice para que la amara con locura. En cada país, una mujer, o varias, esperaban su llegada y se fotografiaban con él sin recato ninguno. Además, como la mayoría de los hombres infieles, era un celoso compulsivo, la obligaba a vivir aislada, no la dejaba ni ir con la falda corta, ni llevar escote, ni hablar con hombre ninguno si él no estaba delante. Y desconfiaba de ella hasta al punto de que llegó a ponerle un detective. En la prensa aparecían nombres de mujeres, misses, ex misses, azafatas, actrices, con fotos y declaraciones explosivas, “se va a comprar un rancho para venir a vivir conmigo”, declara a Clarín una vedette argentina. Su mujer lo llamaba desesperada con preguntas y reproches y él seguía negándolo todo, hasta que ella tuvo una evidencia tan clara, vivió un episodio tan doloroso en el mismo Madrid, a pocos metros de su casa, que decidió divorciarse. En su horizonte también había aparecido un marqués que le dejaba tener opiniones propias y llevar minifalda.



LA SOCIEDAD. Se hizo amiga de Carmen Martínez Bordiú e iba a El Pardo a ver películas. Si aparecía Franco, tenían que levantarse, hacer una reverencia y se echaban a temblar cuando con su vocecita atiplada preguntaba con retranca gallega, “¿no estarán viendo películas verdes?”. Estaba tan influida por las opiniones de ultraderecha de su marido y de su suegro que estuvo a punto de votar por Fuerza Nueva en las primeras elecciones democráticas, pero al final se decantó por el más moderado Alianza Popular, ya que el marqués se presentaba como diputado. En sus siete años de matrimonio fue perdiendo de forma paulatina su fe religiosa, empezó a llevar faldas más cortas y blusas más escotadas, se convirtió en una figura de la jet set y decidió tomar al fin las riendas de su vida. El país había cambiado… pero ella también.



‘Un amor de Oriente’ editado por Planeta, sale a la venta el martes 4 de octubre.

 

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