Secretos de la nobleza

Tema en 'Foro Libre' iniciado por Barbarella., 26 Abr 2016.

  1. Barbarella.

    Barbarella.

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    En un foro como éste, tan pelotero con la aristocracia, falta un hilo como éste...

    Por ejemplo, por qué uno de los peores asesinos en serie de Gran Bretaña fué absuelto.

    El tipo en cuestión fue el doctor John Bodkin Adams


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    El entrañable doctor británico fué arrestado en 1957 tras la muerte de una paciente. Durante el juicio se cometieron muchas irregularides, y aunque queda la sospecha fehaciente de que durante su carrera profesional se cargó a cerca de 163 ancianos que habian cambiado sus testamentos convirtiéndole en beneficiario ¡fué absuelto!

    ¿Por qué? Porque una de sus más recientes victimas habia sido Edward Cavendish, Duque de Devonhire, en1950, fallecido en su presencia, del que era medico personal. El doctor no permitió que se le hciese la autopsia y al iniciarse el juicio al doctor, la familia Cavendish no quiso que fuese investigada la muerte de su padre y hubo resistencia a verse envuelta en el asunto ¿por qué?

    El difunto Duque era hermano de Lady Dorothy McMillan, esposa del entonces Primer Ministro Harold McMillan.


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    Aunque padres de cuatro hijos, desde 1930 Lady Dorothy, con consentimiento de su esposo, que también hacia su vida, mantenia una relación estable con el político conservador Robert Boothby, probablemente el padre de la hija menor de los McMillan - mujer que tuvo una turbulenta vida plagada de alcohol -. Por su parte, el amante, que ya estaba casado, se divorciaria en 1937 y volveria a casarse tras la muerte de Lady Dorothy en 1966, era bisexual y dijo que no habia empezado a tener relaciones con mujeres hasta los 25 años.

    Asi que desde Downing Street no interesaba que la prensa metiese las narices en el caso de la muerte del Duque, hurgando en los secretos familiares... Y el doctor resultó ser absuelto , gracias a que se habia cargado al hermano de la adúltera esposa del Primer Ministro.

    Harold McMillan tendria que dimitir en 1963, pero no por eso, sino porque su ministro de Defensa, John Profumo, se acostaba con una prostituta de lujo que estaba enamorada de un espia ruso del KGB que residia en Londres como diplomático en la embajada soviética y el ministro, colado por las chica, le contaba todos los secretos militares en plena Guerra Fria, quien a su vez se los contaba a su ruso... pero eso es otra historia...

     
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  2. que buen hilo, me encanta, sigue contando!
     
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  3. Barbarella.

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    No creas que se me ocurren otros curiosos ahora. Lo he abierto para que todos aporten lo que sepan.
     
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  4. Lady Sibi

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    Muy interesante, a ver si continua.
     
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  5. a mi es que no se me ocurre nada, pero me encantan estas historias, ademàs es por demàs sabido que las clases altas inglesas, la aristocracia amèn de la monarquia, siempre han considerado la homosexualidad o bisexualidad como algo normal, casarse de cara a la sociedad y para perpetuar el linaje y luego cada quien con su vida, se ha relatado de lord Snowdom, el ex de Margarita, pescado por la princesa en un affaire con un sirviente, e incluso Roddy Llewellyn, el otro amante de ella, que tb era bisexual...tambien he leido por ahì que la hija menor de Lord Mountbatten, el tio favorito de Carlos, se casò ya treinteañera y camino a convertirse en solterona con un decorador de interiores bisexual con quien tuvo tres hijos y segun ella misma ha dicho, fue muy felìz, a pesar de que èl tenia sus amiguitos jovenes...recuerdo haber leido que ella decia que habia sido un excelente marido, atento y cariñoso, que le elegia la vestimenta y le decoraba la casa con un buen gusto exquisito, ademàs de ser muy buen padre...parece que les funcionò y por que no? lo dicho, es bastante natural y ya en los internados como Eton los jovenes suelen iniciarse por ese camino...
     
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  6. Barbarella.

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    ¿Ves? Estás más puesta de lo que crees, Annette, jajajaja... Si, es como tu dices, estos aristócratas ingleses me recuerdan a Charles Ryder de "Retorno a Brideshead", pues es evidente que la "amistad" de Charles y Sebastian es muy "especial", aunque Sebastian es abierta y atormentadamente homosexual, aunque Charles es bisexual enamorandose de Julia y casándose de conveniencia con otra...

    El autor, Evelyn Waugh, del circulo de Carrington y compañia, se convirtió al catolicismo y criticó enormemente a la sobrina de Churchill, Lady Clarissa Churchill, porque se casó con Anthony Eden, no porque éste, Ministro de Exteriores y después Primer Ministro tras Churchil, que tenia aspecto de galán de cine, tuviese veintitantos años más que ella - fue una de las más jovenes señoras de Downing Street-, sino porque siendo católica se casaba con un hombre divorciado y por lo civil, claro, en 1952, en el mismo juzgado donde se casaron ese año Elizabeth Taylor y su segundo marido, Michael Wilding.

    Anthony Eden perdió un hijo en acción en los ultimos dias de la guerra, en Birmania, y el otro, Nicholas, se declaró homosexual. asi que se perdió el titulo de Baron de su padre.Se dice que Nicholas inspiró a Kenneth Brannagh en un personaje de su película "Los amigos de Peter".

    Lady Clarissa fué una socialité muy renombrada abiertamente bisexual, fué muy pretendida antes, durante y después de su matrimonio, pero se mantuvo junto a su esposo hasta la muerte de él en 1977. Para Eden era un honor emparentar con su admirado Premier. Clarissa parecia micho a su abuela, Lady Randolph Churchill, la americana Jennie Jerome, madre de Sir Winston y su hermano menor, el padre de Clarissa, Jack, que se rumoreaba que no era un Churchill aunque para Sir Winston eso era indiferente, adoraba a su antagónico discreto hermano- en lo de libertad de costumbres. Jennie tuvo tres o cuatro maridos pero muchos amantes, entre ellos Eduardo VII. Pero lo suyo eran los hombres, jajajaja...


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    Lady Clarissa y Anthony Eden.


    A Eden hay que verlo joven.


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    Estando casado con su primera esposa ligaba lo que queria, por eso los ultimos años vivieron separados hasta que la muerte de su primogénito les divorció, pero entre tanto mantuvo una relación con otra Lady casada de forma muy abierta, y el marido consentidor sin molestarse, siempre han sido muy liberales para esto estos nobles ingleses, y anda que los franceses...



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    Jennie, Lady Randolph Churchill.​
     
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    Última edición: 27 Abr 2016
  7. Si hablamos de libros, también la realeza británica tiene qué temer. Brian Hoey, cronista de la realeza desde hace 40 años, acaba de publicar Not in front of the corgis, un libro que reúne los relatos de algunos de los 1.200 miembros del personal del palacio.

    En extractos publicados por el Daily Mail se adelanta, por ejemplo, que cuando la reina Isabel II se cansa de alguno de sus vestidos, se lo regala a una de sus secretarias, quien puede quedárselo o bien venderlo, pero removiendo todas las etiquetas para que no pueda ser identificado como suyo.

    Hoey señala que los empleados de la familia real también tienen a sus favoritos, así como a una lista negra. El menos querido de la familia es el príncipe Eduardo, considerado el más pomposo y que insiste todo el tiempo en la formalidad absoluta.

    El libro ahonda en la vida de los empleados que trabajan en las cinco residencias reales, 339 de los cuales están de tiempo completo en Buckingham. Así, por ejemplo, existe la regla de que los hombres deben medir al menos 1.72 m y ser delgados, en parte porque tienen que vestir uniformes usados, ya que los nuevos son muy caros.

    En una anterior publicación, titulada “We Are Amused: A Royal Miscellany”, Hoey cuenta que la reina Isabel advierte a sus invitados comer lo más rápido posible, ya que, por protocolo, los meseros deben retirar los platos una vez que terminaron ella y su esposo (que come muy rápido).

    Documental

    Pero la revelación que más escandaliza fue dada a conocer el jueves en un documental del Channel 4 de Inglaterra. En el mismo, titulado Las primas ocultas de la reina, se relata la vida de dos mujeres (primas de la reina Isabel II) con discapacidad mental, que vivieron internadas en una institución psiquiátrica.

    Se trata de las hermanas Nerissa y Katherine, hijas de un tío de la reina Isabel, John Herbert Bowes-Lyon, fallecido en 1930. La primera murió en 1986 a los 66 años, mientras que Katherine todavía vive, y tiene actualmente 85 años (la misma edad que Isabel II). Ambas fueron internadas en 1941 en el hospital Royal Earlswood de Redhill, en el condado de Surrey (sureste de Inglaterra).

    La existencia de las dos hermanas fue revelada recién en 1987, en medio de un gran escándalo en el Reino Unido, ya que en los registros de la realeza se las había dado por muertas en 1940 y 1961. En realidad estaban en lo que entonces se denominaba “un asilo para idiotas”.

    Allegados a la reina Isabel afirmaron que “está muy dolida por las mentiras descaradas” del documental, ya que en él se afirma que las dos mujeres jamás fueron visitadas por la familia real, y que nadie asistió al entierro de Nerissa, sepultada en presencia de Katherine en una “tumba para pobres” en el cementerio de Redhill.

    Tingley asegura que “no había ninguna conexión con la realeza”. “Nunca vi que las visitaran”, agrega. “No lo critico, pero opino que la casa real no hizo lo que le correspondía”. Su colega Dot Penfold corrobora la falta de atención de la familia real hacia sus parientes con discapacidad mental: “Durante todo el tiempo que estuvieron allí (en el hospital), yo nunca vi a nadie visitarlas, nunca les enviaban felicitaciones de cumpleaños o de Navidad, jamás mientras yo estuve allí”.

    Los empleados del sanatorio público, actualmente clausurado, explican que las dos hermanas, que tenían una edad mental de seis años, hacían reverencias cuando veían a la familia real por la televisión y se emocionaron mucho con la boda del príncipe Carlos con Diana en 1981.

    La aristocrática familia Bowes-Lyon, de donde procedía la madre de Isabel II, siempre rehuyó las investigaciones sobre su linaje, para esconder defectos en la herencia familiar. Durante generaciones, vivieron obsesionados por la “Bestia de Glamis”, al que la leyenda describe como un ser deforme engendrado por un tío abuelo de Isabel II. Se decía que un niño, de cuerpo en forma de huevo y pierna endebles y torcidas, se había convertido con la edad en un monstruo grotesco cubierto de largos cabellos.

    Encerrado en el castillo durante décadas, sólo su hermano y otras tres personas sabían de su existencia. La familia sobrellevó su vergüenza manteniéndolo en secreto, como las vidas de Katherine y Nerissa. “No se podía hablar del asunto, nuestros padres nos tenían prohibido hacer comentarios o preguntas”, confesó lady Rose, tía de Isabel II.
     
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  8. Las vergüenzas de la corte: la homosexualidad en la realeza europea

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    Sucede en las mejores familias. La frase universal que pretende excusarlo todo da inicio a este humilde apartado que se propone repasar la vida de cuatro príncipes europeos. Elegantes y sofisticados, por cuestiones dinásticas estuvieron obligados a contraer matrimonio y tener hijos. Toda una fachada para ocultar las verdaderas pasiones, una vergüenza para el entorno en que nacieron y la época en que vivieron.
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    El príncipe Jorge de Grecia y su mujer, María de Orleáns. En un rincón de la foto, el gran amor de Jorge, su tío Waldemar de Dinamarca
    Durante prácticamente toda su vida a ambos se les vería siempre juntos en fiestas y en reuniones de familia, colocándose incluso uno junto al otro en las fotografías: Jorge con su impresionante altura y un característico bigote, y Waldemar, más pequeño en estatura, con lentes y una barba meticulosamente recortada.

    La secreta pasión de estos dos hombres continuó incluso tras bastidores, cuando Georgie fue prometido en matrimonio con la princesa francesa Marie Bonaparte. Ese amor, tan difícil de comprender para muchos en aquella época, solamente finalizó cuando el príncipe danés falleció en 1939. Por aquel tiempo la esposa de Georgie escribió en sus memorias que su marido siempre la besó en la frente, y jamás en los labios, puesto que estos eran solo para su amado Waldemar.

    También un secreto a voces fue la agitada vida social de un miembro de la familia real española, el infante Luis Fernando de Orleáns-Borbón. Era sobrino de Alfonso XII y primo hermano de Alfonso XIII, y mientras su hermano mayor heredó las mejores virtudes de sus padres… Definido como un hombre “esbelto como un junco, bello como un Adonis”, es quizás el más revoltoso y desenfrenado de los cuatro príncipes retratados en este artículo.

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    Tres fotografías de la vida de Luis Fernando de Orleáns, dos de ellas con su esposa.
    Luis Fernando no heredó nada sino los peores defectos de cada uno de sus progenitores. Heredó el aire bohemio y rebelde de su madre -la pintoresca infanta Eulalia-, y la pasión desenfrenada por las mujeres de poca clase que tenía su desordenado padre. Un periódico, en los años ’30, lo describió categóricamente: “El príncipe Luis Fernando es famoso internacionalmente por ser un aprovechado y un personaje de dudosa reputación. Fue arrestado al menos dos veces, expulsado de dos países y se ha hecho despreciable al casarse con una tonta y vieja mujer, treinta y dos años mayor que él, contra las protestas de su familia. Mucha gente cree que el príncipe Luis Fernando es capaz de llegar a cometer cualquier acto vergonzoso”. En otra crónica se le apodaba “el príncipe pantalones de hierro”: “porque se lo ha expulsado de tantos países y hoteles sin demostrar ningún dolor, que pareciera estar blindado”.

    Luis Fernando, que nació príncipe y lo perdió todo, y que se sonreía con audacia cuando en los bajos fondos se le llamaba “el rey de los maricas”, consumía cocaína, malgastó fortunas propias y ajenas, y comprometió, con un crimen, la imagen y el honor de la dinastía española. Pero quizás lo que más avergonzó a su familia fue su marcada homosexualidad, por entonces un secreto de Estado.

    Como muchos niños de su condición, se educó en los mejores colegios, supervisado principalmente por su madre, a quien solía escribir constantes cartas declarándose su amor incondicional y criticando a su padre ausente. Su cuñada, Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha, revela algo del asunto en un libro: “Cuando el hijo mayor de Eulalia fue a vivir a Madrid, ella frecuentaba más la Corte, y quería mucho a este hijo, pero a veces parecía preferir al otro, que era un bala perdida, un homosexual… aunque se casó con una vieja por dinero, para arruinarla, claro. Pero era su hijo y la infanta Eulalia lo quería y lo defendía. Era severa con sus hijos”.

    Al llegar a la mayoría de edad, el infante por fin comprendió lo difícil que era mantener buenas relaciones con su madre. Eulalia le prohibió terminantemente a su hijo que siguiera la carrera de actor y nunca jamás aceptó su homosexualidad: “No puedo creerlo…”, se lamentaba. “¡Actor…! Y además dice pestes de mí... ¡No te puedes imaginar el calvario que estoy pasando”.

    El infante heredó una vasta finca, la cual proyectaba explotar, pero todo quedó en la nada cuando decidió, abruptamente, instalarse en aquel cautivante París de la “Belle Epoque”, entrando de lleno a una juventud hedonista y decadente. Fue invitado a todas las fiestas, a cuál más ostentosa y extravagante.

    Célebre fue aquella en la que apareció con el torso desnudo totalmente pintado de azul, montado sobre un elefante y con un turbante adornado por brillantes, a semejanza de un maharajá indio. Desde entonces, su vida estuvo plagada de excesos, donde la droga, el alcohol y el sexo indiscriminado fueron moneda corriente. Su afición al juego y a la cocaína lo tenía siempre al borde de la ruina y llegó a traficar drogas para poder mantener sus vicios y su rumboso tren de vida.

    Melchor de Almagro San Martín, que fue condiscípulo del infante, testimonia su excentricidad: “En el baile de la condesa de Chabrillan, se presentó Luis teñido con añil de pies a cabeza para representar el dios Azul, seguido por un deslumbrante cortejo de sacerdotisas y eunucos, como sacados de un friso antiguo. El infante cabalgaba sobre un elefante, arreado con atalajes de oro y pedrería. Hizo su entrada semidesnudo, cubierta la cabeza con un turbante verde gayo y coronado de garzotas sujetas por broches de enormes diamantes”.

    Lejos de tener el mismo carácter y firmeza su hermano mayor, hombre de conducta intachable, Luis Fernando se vio tempranamente vinculado a todo tipo de escándalos que hicieron correr ríos de tinta en los periódicos de todo el mundo. Su hermano mayor y su primo el rey realmente le despreciaban. Y Luis Fernando se vengaba con ironías punzantes y con un comportamiento tremendamente promiscuo, llegando a hacerse célebre la queja de una dama de la alta sociedad: “Yo tenía dos lacayos negros y guapos, pero los perdí a los dos. Al primero se lo llevó la tuberculosis; al segundo, el infante de España”.

    Eulalia se quejaba a sus amigos, a viva voz, de que su hijo no estaba creciendo como el hombre serio, fuerte y de altos principios que ella deseaba, sino que había desarrollado un espléndido gusto por los tés de sociedad y se deleitaba con los perfumes orientales y la ropa elegante.

    En 1924, Luis Fernando fue expulsado de Francia mediante una orden judicial. Había estrangulado hasta la muerte a un joven marinero durante una orgía homosexual en la que completaba el trío cierto aristócrata portugués, apellidado Vasconcellos y supuesto amante de Luis Fernando. Ambos habrían paseado por París el cadáver del desdichado, envuelto en una manta, intentando colocárselo a las embajadas española o lusa para huir de la justicia acogiéndose a la extraterritorialidad.

    El rey Alfonso XIII de España decidió prohibirle la entrada en su país al muchacho no le quedó opción más que instalarse en Lisboa, donde no abandonó su vida de sociedad, y no tardó en protagonizar otro escándalo de la época, al ser arrestado en la frontera hispanoportuguesa disfrazado de mujer. Oficialmente, lo acusaron de contrabando.

    Terminó casado con una mujer de casi 80 años, pero heredera de una fortuna millonaria. Fortuna que, dicho sea de paso, Luis Fernando hizo desaparecer junto a sus amantes masculinos… Para pagar sus deudas, la mujer tuvo que vender su castillo, sus cuadros, sus lámparas, sus muebles y hasta el piano. Cuando se encontró completamente arruinada, Luis Fernando la abandonó y no volvió a verla más que ocasionalmente.

    Murió olvidado por su familia, que por vergüenza ni siquiera quiso que fuera sepultado en España. Ahora sus restos yacen olvidados en París, recordado para siempre, como diría el poeta, “por haber probado todos los placeres de la vida sin saciarse jamás”.

    Por aquellos años, el príncipe Jorge de Inglaterra pasaba a la historia no solamente por haber muerto de una forma muy trágica, en 1942, sino también por ser considerado, tal vez, el príncipe más hermoso de la monarquía británica. Elegante y sensual, rivalizaba con su hermano mayor, pero, por no ser el heredero del trono gozó de más libertades que el otro.

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    Nacido en 1902, fue hijo del rey Jorge V y hermano de Jorge VI, aquel pobre tartamudo coronado a quien los estudios de Hollywood retrataron últimamente en la película “El discurso del rey”. Durante años, quizás décadas, la familia real británica pretendió ocultar las historias que rodearon la vida de este rubio príncipe, incluso adquiriendo a cambio de grandes sumas de dinero las cartas que Jorge intercambiaba con sus amantes masculinos, lo cual hubiera resultado, en los años 20 y 30, un escándalo de proporciones épicas para la Corte británica, todavía envuelta en el halo de misterio y moralidad impuesto por la reina Victoria.

    Un observador lo describió como un hombre culto, afeminado y con un fuerte olor a perfume. Su madre, la reina María, lo adoraba. Se trataba de su hijo predilecto, porque el joven compartía la pasión de la madre hacia las obras de arte y las antigüedades. Ella había desarrollado un talento específico para detectar, casi a simple vista, muebles de época, por ejemplo. Y en eso, Jorge no le quedaba atrás, lo que constituía un motivo de orgullo para la soberana.

    En cuanto al rey Jorge V (padre del príncipe), podía concederse el lujo de mostrar cierta flexibilidad con su hijo. El monarca era un hombre obsesionado con la puntualidad a la hora de sentarse a comer. No toleraba que ninguno de sus hijos llegase tarde, por lo que todos trataban de llegar un buen rato antes de la hora en que debían reunirse. Cuando Jorge se retrasaba, en cambio, el monarca se limitaba a hacer un gesto de disculpa con la mano, para gran alivio de todos, que temían sus estallidos coléricos característicamente alemanes.

    Por suerte, el rey Jorge y su mujer atinaron a no tomarse muy a pecho la mala fortuna que habían tenido con sus hijos varones. El mayor, David, fue un hombre arisco pero elegantísimo, obsesionado por las mujeres casadas. De hecho, cuando en 1936 se convirtió en rey, casi lleva a la ruina total a la monarquía al querer casarse con la dos veces divorciada y norteamericana Wallis W. Simpson. Renunció, y el trono correspondió a su hermano Bertie. Convertido en Jorge VI, fue tal vez el hijo que más sufrió. Poco inteligente, tartamudo, nervioso, tremendamente tímido, tuvo la fortuna de casarse con una mujer que lo amó y lo hizo mejorar. El tercer hijo, el príncipe Enrique, fue un mujeriego que a veces competía con el príncipe de Gales por los favores de alguna señora casada. El menor de todos los hijos de Jorge V, nació con una salud muy mala y víctima de la epilepsia, murió a los 14 años de edad.

    Queda el príncipe Jorge, que al llegar a la veintena de años comenzó a preocupar seriamente a sus padres. Comenzó a portarse mal para conseguir que su padre le permitiese abandonar la detestada carrera en la Armada Británica. Siguieron varios cargos como funcionarios civil y el puesto de inspector de fábricas, tareas que abordó con buena voluntad pero son resultados mediocres. Como era tan bohemio, a menudo se escapaba a la Riviera francesa, se instalaba en las playas día y en los casinos y clubes de noche. Además, en cierta ocasión se anotó en un concurso de tango bajo un nombre falso, y hasta ganó el primer premio.

    Por otro lado, estuvo el asunto de sus indefinidos gustos sexuales. Antes y después de su matrimonio, tuvo una larga serie de romances y relaciones íntimas, dicen, tanto con hombres muy atractivos como con mujeres poco apropiadas.

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    Sobre él han circulado los rumores más exóticos. Que se enredó en una aventura con un arquitecto francés, con el cual fue detenido por estar bailando ambos de forma demasiado explícita en un club nocturno londinense, “The Nut House”. Y que, maquillado, tuvo que pasar horas en una celda de la comisaría de Bow Street mientras los superiores policiales trataban de confirmar su identidad con el Palacio de Buckingham. Sólo cuando se confirmó que era hijo del rey, la puerta de la celda de Bow Street se abrió con discreción a la mañana siguiente, gracias a su aceitada sagacidad política. Y sin la menos vergüenza Jorge salió, siempre espléndido en su maquillaje nocturno.

    También se cuenta que era adicto a las drogas, en concreto a la morfina y la cocaína –una debilidad que sus hermanos le animaron a curar durante la década de 1920 –, que cierta vez fue chantajeado por un trabajador sexual masculino al que había escrito cartas de naturaleza íntima, y que también mantuvo relaciones con el esposo de una de sus primas y pariente lejano suyo, el príncipe Luis Fernando de Prusia, y con el espía e historiador de arte Anthony Blunt. En cierta época de su vida se interesó por la joven y sencilla Juliana de Holanda, la heredera del trono, pero ella lo rechazó y terminó.

    Según la historiadora británica Lucy Moore, el príncipe también amó apasionadamente a la joven princesa Indira Raje, la maharaní de Cooch Behar. Entre sus amantes también destacaron la cantante afroamericana de cabaret Florence Mills, la rica heredera Poppy Baring, la duquesa de Argyll, la estrella musical Jessie Matthews y el afamado actor Nöel Coward, con el que estuvo relacionado sentimentalmente durante casi dos décadas y definitivamente no fue ni el primer ni el último de los amantes del príncipe.

    Contrariamente a lo que dicen algunos historiadores, es improbable que el rey Jorge y la reina María no conocieran la relación amorosa de su hijo con Noël, que tenía solamente tres años más que el príncipe. Pero no hay dudas de que el príncipe hubiera hecho siempre todo lo posible por evitar que se conociera la verdad, sabiendo cuál era la opinión de su padre respecto de los homosexuales: “Los hombres así, se suicidan”.

    En 1923, la relación entre Jorge y Noël se convirtió en un secreto a voces en la sociedad londinense, aunque por supuesto continuó “ocultándose el asunto al público general y tampoco se divulgó la información entre los íntimos de Jorge, de modo que su reputación quedó intacta”, como escribió un biógrafo.

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    Era, sin embargo, frecuente verlo entrar solo en la residencia de Coward, en la calle Gerald, del barrio londinense de Belgravia; se los veía juntos en clubes nocturnos para homosexuales, incluso maquillados, una costumbre de la época en, como se ha dicho, “cierto grupo contemporáneo de costumbres ligeras”.

    El “pequeño coqueteo” (según la expresión con la que Coward magistralmente restaba importancia al asunto) durados años, hasta 1925. Como la prensa jamás se atrevería a mencionar la relación homosexual del hijo del rey, los dos atractivos solteros podían asistir juntos a cenas, al teatro y a los conciertos, sin temor de ser denunciados. Cierta discreción protegía incluso las visitas ocasionales del príncipe en el “Embassy Club”, de la calle Bond, donde encontraba a los jóvenes más apuestos del continente, que satisfacían sus gustos.

    También muy comentada, aunque en voz baja, fue la relación del príncipe con un joven argentino de la clase alta argentina, José Evaristo Uriburu. El padre de José Evaristo era hijo y también yerno de dos presidentes de Argentina (Uriburu y Roca); a la sazón, desempeñaba el cargo de embajador argentino en territorio británico, y tuvo la osada idea de patentar la frase “La Argentina es la joya más preciada de la corona británica”.

    No se sabe si lo habrá dicho en serio, pero durante cierto tiempo la joya más preciada de su hijo fue el príncipe de Inglaterra. José Evaristo, de unos veinte años de edad, estudiaba en la Universidad de Cambridge, y conoció al príncipe en una recepción diplomática en los años 20.

    El príncipe y el hijo del embajador fueron vistos después en las veladas más elegantes de la alta sociedad londinense, en Mayfair y Belgrave, y pasaron muchos fines de semana en las casas de campo de muchos amigos que los alentaban y los miraban con simpatía.

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    La princesa Marina de Grecia llega a Londres, destinada a casarse con el príncipe Jorge
    Con sus rasgos bien dibujados, los cabellos oscuros, la sonrisa provocadora y la mirada somnolienta y seductora, Uriburu habría podido ser una estrella cinematográfica latina. Pero era también un joven muy inteligente, conocía tres idiomas y había sido educado para seguir la carrera diplomática de su padre.

    Por eso mismo, el señor Uriburu se sintió naturalmente preocupado por su hijo, y aunque consideraba que el príncipe Jorge era un invitado agradable a la hora de cenar en el consulado argentino, no se sintió tan cómodo cuando vio al príncipe salir al amanecer del dormitorio de José Uriburu, lo que desembocó en dos lámparas rotas, un ego lastimado, una relación rota y el restablecimiento del predominio paterno.

    José intentó sin éxito arreglar el embrollo y se sintió desconsolado cuando el príncipe le dijo que su relación amorosa estaba por convertirse en una complicación política y diplomática. El infeliz Uriburu fue enviado de regreso a Argentina para visitar dos meses a su abuela y así se le calmaran las pasiones. El príncipe, en cambio, no se quedó a llorar la pérdida mucho tiempo: en poco tiempo ya estaba entablando una íntima amistad con un aristócrata italiano y luego con un arquitecto francés. Las fogosas cartas que el príncipe escribía a José Uriburu y al francés fueron convenientemente compradas por la familia real británica y custodiadas como oro.

    En honor a la verdad, hay que decir que nunca -hasta su muerte en una tragedia aérea- el príncipe Jorge olvidó a aquel amor de sangre latina, y en 1931, cuando el príncipe de Gales fue enviado en una gira de tres meses a América del Sur, lo acompañó con el fin de visitar a su antiguo amor en Buenos Aires...

    Estas son, a grandes rasgos, las historias de vida de cuatro seres humanos a quienes el destino deparó una corona. Corona que aquellos, sin embargo, de seguro hubieran estado dispuestos a sacrificar por un poco de libertad.

    Darío Silva D'Andrea
     
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  9. LA FAMILIA REAL INGLESA, UNA PANDILLA NAZI.

    [​IMG]No vamos a detenernos mucho en éste aspecto ahora muy bien documentado, aunque desagrade a algunos propagandistas de la historia oficial.

    Sabemos que los lazos de la familia real Inglesa con los nazis fueron cercanos, y és probable que todavía lo sean si juzgamos por el traje llevado recientemente por el principe Harry.

     
    PRINCIPE PHILIP.

    En la familia real también, descubrimos algunos nazis. Como el Príncipe Charles Edouard, un duque de Saxe Cobourg Gotha el nieto preferido de la Reina Victoria[4] quién pasó por traidor en Inglaterra durante la primera guerra mondial y se unió al partido nazi desde su creación. En 1936, Hitler lo envió a Inglaterra para convertirse en el presidente del Anglo German Friendship Society y para desarrollar las relaciones entre los dos países y también le nombró presidente de la Cruz Roja Alemana.

    Tenemos También a Eduard VIII, quién entregó a Hitler los planes de defensa de Francia antes del principio de la segunda guerra. Charles Eduard se acercó a él a través de su asociación, pero no hubo suerte, Eduard VIII tuvo que abdicar justo antes de la guerra.

    En cuando a Philip, sus cuatros hermanas se casaron con príncipes Alemanes de simpatías nazis. Uno de ellos era un coronel de la SS atribuído al servicio personal de Himmler. La madre de Elisabeth II se opuso inicialmente a la boda de su hija con éste príncipe Alemán.

    Todo ésto lo muestran los archivos y las investigaciónes de los historiadores, pero no hay que olvidarse que fué un gran tabú durante 60 años. Philip no empezó a hablar de sus conexiones nazis hasta que el fuego estaba en llamas para mejor ahogar al pez.
    Fué el tío de Philip, Georges van Battenberg, hermano de Louis Montbatten, quién lo representó legalmente.

    Lord Mountbatten :

    Se le considera como mentor del principe Carlos, tras haber sido el del príncipe Philip. Almirante de la Marina, estaba en primera línea para organizar el tráfico de drogas entre el sur Este de Asia y Europa. Mountbatten era el hermano de la reina de Suecia, el tío del príncipe Philip, ambos tienen el mismo y verdadero apellido ,el de Battenberg, inglesado como Mountbatten.

    Mountbatten, al igual que Edouard Heath fué relacionado en el caso Kincora Boys Home, un orfanato dónde se demuestra que la MI5 elaboró una red de pederastras destinada a comprometer algunas personas importantes. Niños del Kincora Boys Home fueron llevados a un castillo situado en el centro de Irlanda, que pertenecía a la familia del fundador del Hellfire Club, un grupúsculo elitísta basada a finales del siglo XVIII.
     

    [​IMG]Los orfanatos de Gales también se utilizaron para el MI5 filmando a los diplomáticos extranjeros en situaciones más que comprometedoras.
     
    También sabemos que fué Mountbatten quién permitió a Savile ser el primer civil en ser condecorado como "green beret", una distinción militar, desde 1966.
    Se especula que se mantenía una relación homosexual entre Mountbatten y Edouard VIII, que eran primos.
    Murió en 1979, en la explosión de su barco que se atribuyó al IRA por ser más práctico, pero varias teorías circulan apuntando a los servicios secretos. De paso, estaba con un niño de 14 años en el barco,Nicholas Knatchbull, en el momento de la explosión.



    PORFIRIA.

    La porfíria (del Griego porfyria significa violeta) se trata de una enfermedad de la sangre muy extendidaen las familias reales europeas, y entre los zares rusos, dónde el consanguíneo es habitual. Se dice que ésta enfermedad se presenta bajo formas distintas, ha conducido al mito de Drácula ya que las personas con porfíria, se ven obligados a regenerar su sangre, ya sea por diálisis o por su consumo.


    Podemos añadir que a fuerza de colgarse de cocaïna sintética desde la mañana hasta la noche, la sangre de algunas personas se pudría tanto que tenían que beber sangre nueva en el desayuno[5]. Puede parecer increíble, pero és cierto.

    El debate enrabia y las familias reales, incluyendo la de Inglaterra, niegan rotundamente ser victimas de ésta enfermedad, como se sospecha en el caso de sus antepasados Georges III y Mary Stuart. Charlotte, nieta de la reina Victoria, tenía también la porfiria al igual que su madre Vicky o el primo de la reina Elisabeth, William de Gloucester.


    Tal vez fuera casualidad que el príncipe Carlos declarara en octubre del 2011 que él era descendiente de Drácula, por su abuela la reina María.
    Salvo que Drácula no sea un mito, ni el hecho de beber sangre o de protegerse de la luz del día. ¿Y cual sería la sangre más buscada? La de los niños blancos, por supuesto.
     
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  10. Hace unos días se publicaron unas fotografías en las que se ve al príncipe Harry desnudo junto a una chica en el sitio de chismes de farándula TMZ. Aunque no es la primera vez en que se ve envuelto en un escándalo –para prueba recuerda la vez que fue a una fiesta disfrazado de militar Nazi- te traemos 4 antecedentes familiares de escándalos de la realeza de Reino Unido, según el blog Mental Floss:

    1. George IV: Aunque la mayoría de los estadounidenses piensan que George III era un tirano, en realidad su hijo llevó el ser un monarca terrible a un nuevo nivel. La licenciosa vida de este rey hizo que, muy probablemente, fuera el peor monarca de la historia británica, e incluso antes de que asumiera el trono se las arregló para involucrarse en decenas de escándalos.

      Debido a que era muy poco atractivo, encontró la mejor manera de llevar a las mujeres a dormir con él ofreciéndoles lo que en dinero de hoy serían cientos de miles, en algunos casos, millones-de libras. Sin embargo, después de haber conseguido lo que quería (y con frecuencia uno o dos hijos también), él se negaba a pagar, por lo que su padre solía terminar pagando la cuenta para que las mujeres desaparecieran.

      No era de extrañar que George IV trataba de escapar de sus acuerdos financieros, teniendo en cuenta que era un jugador empedernido y huía cuando los cobradores de sus deudas rodeaban su residencia exigiendo el pago.

      Pero el mayor escándalo de su vida involucró en su amante principal, una mujer dos veces viuda católica llamada María Fitzherbert. Cuando se negó a dormir con él, él comenzó a enviarle notas de suicidio que llegaban hasta las 42 páginas. Al final aceptaba, pero sólo si se casaba con ella.

      A diferencia del Príncipe de Gales, George no podía casarse con una plebeya. Además de eso, en realidad era ilegal que se casara con una católica, así que hizo caso omiso de todo eso, y se casó con la señora Fitzherbert en una boda secreta en la oscuridad de la noche, pero como debía casarse con una princesa extranjera abandonó a su amante y a sus numerosos hijos, aunque se ganó el desprecio del pueblo.


    1. Edward VII: Es casi seguro el monarca más sexual en la historia británica. A lo largo de su vida, se estima que se acostó con miles de mujeres. Algunas de sus relaciones condujeron a los escándalos, incluido un antiguo amigo quien lo amenazó y chantajeó después de que se acostó con la mujer de otro amigo. Pero sin lugar a dudas fue su primer encuentro sexual el que envió ondas de choque contra la familia real.

      Edward (a quien apodaban Bertie) tuvo la desgracia de ser un libertino en una familia de mojigatos. Sus padres, la reina Victoria y el príncipe Alberto, ambos eran vírgenes cuando se casaron y nunca se les ocurrió que sus hijos podrían no seguir su camino, por lo que a los 19 años, sus padres lo enviaron a un campo militar para pasar el verano, y allí se encontró con la prostituta del campamento. A pesar de ser visto como un halcón por sus acompañantes, se las arregló para tener relaciones sexuales en tres momentos diferentes, los cuales registró en su diario.

      Finalmente, uno de sus acompañantes se enteró de lo que estaba sucediendo e informó a los padres de Edward. Su reacción fue melodramática, por decir lo menos. Nunca podían mirarlo otra vez sin recordar cómo había fracasado. Nunca podría casarse ahora porque su esposa sería demasiado buena y pura para él.

      Cuando el príncipe Albert cayó enfermo poco tiempo después, los médicos le dijeron a la reina Victoria que era debido a la conmoción de la traición de su hijo. Albert murió de su enfermedad y Victoria culpó a su hijo y heredero de la muerte de su amado esposo durante el resto de su vida. Todo por relacionarse con una prostituta.
    1. Reina Vicoria: Mientras de ella se puede decir que fue una mojigata en sus años de juventud, en la vejez la Reina Victoria pudo haber echado una cana al aire. Una vez que enviudó, se retiró casi por completo de la vida pública y se aisló a sí misma en sus haciendas. Al pasar tanto tiempo con su sirviente escosés John Brown, le permitió tomarse libertades que a nadie más se le ocurriría, como llamarla "mujer" en lugar de "Su Majestad". Ella le dio regalos y creó honores especiales y medallas para presentar a solas con él.

      Sus hijos le llamaron a Brown "amante de mamá", y pronto los rumores de la relación llegaron a Londres. Algunos afirmaron que dormían en habitaciones contiguas y que el ministro había reconocido en su lecho de muerte que él había presidido un matrimonio secreto entre los dos. Una popular revista empezó a referirse a la reina como la señora Brown.

      Cuando Brown murió, Victoria estaba angustiada. Ella tenía una estatua de él y dejó instrucciones para que cuando muriera la enterarran con un mechón de su pelo, su fotografía, y un anillo que él le había dado. Después de la muerte de Victoria, su hija menor se dio a la tarea de quemar muchas de las páginas del diario de su madre que ella pensaba que eran demasiado sucias para ver la luz del día. Muchas se suponen hablaban de Brown.

      Por cierto, como el príncipe Harry, la reina Victoria fue también el tema de una imagen salaz en su juventud, aunque ésta fue a propósito. Como un regalo para su marido al principio de su matrimonio le pintaron un retrato, pero como el príncipe Albert la encontró muy provocativa la escondió en su oficina privada para que nadie pudiera verla:

      [​IMG]
    1. El Duque de Kent: Ningún miembro de la familia real se ha considerado tan escandaloso como el tío George de la actual reina. Su vida se considera tan desagradable que hasta la fecha sus papeles están sellados en el Castillo de Windsor, y no se permite a los investigadores mirarlos. Esto puede tener algo que ver con el hecho de que George era bisexual.

      A medida que el cuarto hijo de George V y el quinto en la línea al trono, igual que el príncipe Harry, el duque de Kent sabía que sus posibilidades de convertirse en rey eran escasas y era más libre que sus hermanos de vivir la vida que él quería. Y resultó que la vida que quería vivir era darse la gran vida rodeada de altas dosis de sexo y drogas.

      Antes de su matrimonio, se supone que disfrutó de la compañía de hombres rubios y delgados, pero después sus gustos se expandieron para incluir una cantante negra, incluso fue detenido por participar en una actividad homosexual por lo menos una vez, pero fue liberado cuando su identidad se confirmó. Si bien las investigaciones documentales no han informado sobre sus indiscreciones, toda la alta sociedad sabía de ellos.

      George fue también fuertemente adicto a la morfina y a la cocaína, y fue puesto bajo arresto domiciliario por uno de sus hermanos durante la década de 1920 en un intento de curarlo, pero no funcionó.

      El duque no era discreto a la hora de escribir a sus amantes, y según se informa fue chantajeado por un hombre que se prostituía sobre sus cartas de amor. Otras misivas de George a Noel Coward fueron robadas de la casa del dramaturgo.

      George murió en un accidente aéreo a los 39 años, incluso el misterio rodea su muerte. Mientras que la versión oficial es que el piloto tomó el camino equivocado y se estrelló contra una montaña, comenzaron a circular rumores de que el príncipe y el piloto, había estado volando en estado de ebriedad. Otros decían que su estilo de vida se había convertido una responsabilidad demasiado pesada para su familia, y que lo habían matado a propósito.
     
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  11. William Tallon: el mayordomo que sabía demasiado
    08/02/2015 - 00:00 Carlos Manuel Sánchez - XL Semanal

    Fue el leal mayordomo de la reina madre durante 54 años. Pocos como él tuvieron un acceso tan cercano a la familia real. Venerado por los británicos, se llevó a la tumba todos sus secretos. Hasta que una biografía ha sacado su lado oscuro. El suyo y el de su jefa.

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    [​IMG]William Tallon fue, durante 54 años, mayordomo de la Reina Madre de Inglaterra.

    William Tallon era el mayordomo perfecto. O eso aparentaba. Un servidor devoto que durante 50 años procuró que la 'abuelita', como la llamaba el príncipe Carlos, estuviese primorosamente atendida. Su jornada se extendía desde las 7:30 horas, cuando entregaba a la doncella la bandeja del desayuno té aguado, un bol con semillas de amapola y una rajita de melón para que se lo sirviese en la cama, hasta altas horas de la noche, pues la reina madre solía acostarse tarde.

    Tallon siempre fue discreto. Los tabloides le hubieran pagado una fortuna por desvelar los secretos palaciegos, pero él nunca cayó en la tentación. A pesar de su magro sueldo unos 13.000 euros anuales, aunque con alojamiento y comida gratis y de que terminó malviviendo de una irrisoria pensión. Tallon se llevó sus secretos a la tumba. Pero casi ocho años después de su muerte le siguen tirando de la lengua. Y esta vez no puede hacer nada. Ni él, que es el biografiado en un libro que se publica el mes que viene y ya ha provocado reacciones furiosas; ni la reina madre, que es la víctima colateral de la biografía. Según el avance de la editorial, la madre de Isabel II pasó «ebria y lunática» las últimas dos décadas de su larguísima vida. El texto está escrito por Thomas Quinn, especialista en airear los trapos sucios de las grandes familias del Reino Unido. Según Quinn, la mujer de Jorge VI veneraba a su mayordomo porque, entre otras cosas, sabía hacer los gin-tonics como a ella le gustaban: «Nueve décimas partes de ginebra y una de tónica».

    Y asegura el autor: «De cara a la galería, la familia real era un modelo de recato. Pero Tallon los veía en la intimidad. Bebían, fumaban, blasfemaban y hacían bromas crueles. Los Windsor odian las conversaciones serias. Y cuentan chistes a expensas de otros miembros de la familia. La reina madre era especialmente ingeniosa. En parte, por su gran sentido del humor y, en parte, porque durante los últimos 20 años perdió la cabeza hasta el borde de la demencia».La reacción de la familia real no se ha hecho esperar. La sobrina de la reina madre Margaret Rhodes, de 89 años, califica de chismes todas estas afirmaciones. «Escribir esas majaderías sobre alguien que está muerto y no puede defenderse es obsceno. Además, ella no solía beber gin-tonics, prefería Martini con ginebra. Y se preparaba los cócteles ella misma. No bebía más que uno o dos por las tardes, porque era muy consciente de su estatus y de lo que podía o no podía hacer alguien de su posición. Es verdad que tenía un maravilloso sentido del humor. Y se reía hasta las lágrimas viendo algunos programas de la televisión. Pero no perdió la cabeza. Podía hablar con cualquiera de cualquier cosa, ya fuera del cultivo de los rododendros o de poesía persa. Tuvo la cabeza lúcida hasta el final».

    La venganza de los colegas

    A falta de las confidencias del propio Tallon, el biógrafo ha echado mano de entrevistas con el personal doméstico que trabajó a sus órdenes en Clarence House, la residencia de la reina madre, donde no se movía un plumero sin que él lo supiese. Y no escasean las fuentes porque entre criados, amas de llaves, chóferes, doncellas y pajes llegaron a sumar 72 personas.Tallon era atento y encantador. El príncipe Carlos lo tenía en alta consideración. Los británicos lo consideran casi como un tesoro nacional. Y lo llamaban Backstairs Billy (Billy el de la Escalera de Servicio). Era el que sacaba a pasear a los perritos corgis. El que conocía el protocolo al dedillo. El que siempre sabía qué hacer. Un perfeccionista. Y un connoisseur. Amigo de pintores y de artistas. Y siempre al quite para que la reina madre estuviese espléndida, ya fuese Elton John el invitado -con quien acabó marcándose un foxtrot, -ya fuesen veteranos de guerra, a los que Tallon servía güisqui en el té para que la reunión no decayese. Desde luego, era un mago con las bebidas. «Siempre se las arreglaba para que tuvieses la copa llena -detalla un habitual de las cenas de gala en Clarence House-. Daba igual que la taparas con la mano. Te escanciaba el licor entre los dedos».

    Ese era Billy a ojos del público. Condecorado con la Medalla de Oro de la Real Orden Victoriana por sus excepcionales servicios, desde su más tierna infancia supo lo que quería: estar junto con los grandes. Coleccionaba álbumes con recortes de prensa de la familia real. Siendo un adolescente, le escribió una carta al rey Jorge VI para solicitarle un empleo. Para su sorpresa, fue llamado a palacio. Tenía 16 años. Empezó su carrera como lacayo de los Windsor en 1951. Y desde 1953 estuvo al servicio de la reina madre, a la que divertían sus modales un tanto grandilocuentes y su porte aristocrático. Tenía muy buena percha. Y era homosexual. Siempre se supo que la reina madre prefirió que a su servicio hubiera gays -mucho antes de que la homosexualidad fuese aceptada o incluso legal-, para evitarse preocupaciones con sus hijas las princesas Isabel y Margarita y porque, según comentó en una carta, podían concentrarse mejor en su tarea, al no tener que ocuparse también de una esposa y una prole; además, estaban siempre dispuestos a viajar sin quejarse.

    Tallon se convirtió en una presencia benefectora para la reina madre, que siempre le perdonó sus deslices. «El tonto de Billy ha hecho otra de las suyas», solía murmurar. Porque el mayordomo también tenía un lado oscuro. Muchos de los que estaban a su servicio lo odiaban, lo envidiaban o lo temían. Era muy promiscuo. Un depredador sexual que, según cuentan, elegía a sus conquistas entre el personal de palacio. Y podía hacerle la vida imposible a quien se resistiera a sus avances. Un criado, Liam Cullen-Brooks, lo recuerda como alcohólico y vengativo. «Había clases y clases. Y no me refiero a la familia real, ellos se comportaban bien con nosotros. La brecha era entre los criados veteranos y los novatos como yo. Tallon y su amante, Reginald Wilcock, eran unos déspotas. Y eran insaciables. Siempre estaban al acecho de nuevas presas. Castigaban a los que no se dejaban haciéndoles limpiar la plata o las hojas muertas de una higuera. Cuando habías terminado, sacudían el árbol para que volviesen a caer hojas. Asaltaban las bodegas y las cocinas reales cada fin de semana. Y se llevaban vinos carísimos. Vi a Tallon desplomarse en público, borracho. Pero tenía bula y siempre se salía con la suya», recuerda.

    Murió solo y rodeado de recuerdos

    Cuando la vida privada de Tallon se convirtió en carnaza para la prensa sensacionalista, hubo presiones para que la reina madre lo expulsara. Pero ella llamó a sus secretarios privados y les dijo: «Los empleos de mis criados no son negociables. Los de ustedes sí». La reina madre murió en 2002, a los 101 años, y Tallon nunca superó el golpe. Pidió que le dejasen despedirse de ella en privado, pero le fue vetado el acceso a la habitación mortuoria. Su alcoholismo se agravó. Y los que le tenían ganas se vengaron. Fue expulsado del servicio doméstico y acabó en un piso londinense, solo, rodeado de recuerdos y de los 644 objetos personales que se llevó de palacio y que fueron subastados después de su muerte. Como su pensión no le llegaba, el príncipe Carlos se las arregló para que le dieran 100 libras extra a la semana, unos 130 euros. Falleció en 2007, a los 72 años, de una dolencia relacionada con el sida. Fue fiel a su señora hasta la muerte. Pero, por lo visto, no va a poder serlo eternamente.

    Retazos de un largo y fiel servicio a la corona británica

    -En la sombra también hay luz: Tallon es toda una figura en su país. Condecorado con la Medalla de Oro de la Real Orden Victoriana, su vida inspiró un documental de la cadena Channel 4.

    -Un hombro para los príncipes: Lady Di fue siempre cercana a Tallon, una especie de segundo padre para su marido. Al poco del divorcio, el príncipe Carlos le confesó: «Estábamos tan enamorados, William. Todo es muy triste».

    -Aquella 'carta a los reyes magos': Con 16 años, Tallon escribió una carta al rey Jorge VI para solicitar un empleo... Y el monarca lo llamó a palacio. Dos años después acompañaba a la reina madre de gira por los países de la Commonwealth.

    -Los tesoros del mayordomo: Tallon vivió en Clarence House hasta 2002, cuando, al morir su patrona, se mudó a un piso en Londres. A su muerte, en su vivienda se hallaron 644 objetos personales amasados en sus años de servicio real.

    -Un 'paparazi' en palacio: Entre los recuerdos que lo acompañaron en sus últimos años, Tallon guardaba fotografías informales de los Windsor, como esta que él mismo tomó en sus años de servicio a la familia real.

    -El sirviente apasionado: La reina madre, al parecer, prefería contratar a gays como personal doméstico, para entre otras cosas evitarse disgustos con sus hijas. En ese sentido, Tallon nunca ocultó su relación con Reginal Wilcock, su amante desde los sesenta. Wilcock murió en 2000 y la reina en 2002. Tallon lo haría, alcoholizado, en 2007.
     
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    De tal señora, tal criado... ¡Que tipo tan naiseabundo, creyéndose importante por tener en el bolsillo a la vieja Queen!
     
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  13. Wallis Simpson: una vida llena de sombras
    [​IMG]La de Wallis Simpson y Eduardo VIII nos la han vendido como uno de las más bellas historias de amor de todos los ...

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    20 feb 2013

    HOY CORAZÓN-CARLOS GONZÁLEZ
    • Desconfíen de la versión oficial. Eduardo VIII renunció al trono para casarse con ella, sí. Pero el motivo quizá no fuera que Wallis estaba a punto de divorciarse por segunda vez. Su pasado era mucho más turbio e intenso. Se publica ahora en España ‘La señora Simpson’, una biografía que promete desvelarnos todos los secretos de una mujer que cambió la historia.

    No era guapa, pero sí tenía clase y algo especial. En su vida nunca faltaron los amantes, ni siquiera después de casarse con el hombre que había renunciado al trono por ella. Cualquier rumor que imaginen circuló sobre esta mujer a la que Churchill, sin ir más lejos, llamaba "la puta". La vida de Wallis Simpson estuvo siempre marcada por la ambición y el esnobismo, pero también por la frustración y el fracaso. Así la presenta Charles Higham en La señora Simpson, la biografía que esta semana llega a las librerías de la mano de la editorial Aguilar.

    La primera sorpresa del libro es la fecha de nacimiento. Bessie Wallis Warfield nació el 19 de junio de 1895, un año antes de lo que siempre se ha dicho. La pequeña llegó al mundo precedida por el escándalo, como hija ilegítima de los descendientes de dos familias acomodadas de Baltimore. Sus padres no estaban casados, y él además padecía tuberculosis, lo que le llevaría a morir un año después sin poder darle un beso a la niña por temor a contagiarla. Curiosamente, Wallis no fue bautizada, un hecho que hubiera servido para anular todos sus matrimonios religiosos, aunque eso tampoco la habría ayudado a ganarse las simpatías de la familia real británica.

    Quienes la conocieron en su infancia la describen como una niña alegre, precoz en todo y fascinada ya desde entonces por la moda y la alta sociedad. Poco a poco fue desarrollando el carácter y esa impertinencia que la caracterizaron. Como no podía ser menos, empezó a perseguir a los chicos pronto, e incluso desarrolló una estrategia para ligarse al más rico del campamento de verano al que asistió con 16 años. ¿Cómo lo hizo? Halagando su vanidad y convirtiéndose en toda una experta en fútbol americano, la gran pasión de él.

    Tres años después, viajó a Florida para pasar un temporada con su prima Corinne y el marido de ella, teniente del ejército. En la base militar conoció a su primer marido, Earl Winfield Spencer Jr., un piloto que parecía tenerlo todo, incluida una gran fortuna. Wallis entonces no conocía todos los problemas que arrastraba su prometido, al que habían expedientado en el ejército muchísimas veces por su rebeldía y su alcoholismo. Había otra característica de él que en el futuro se repetiría en otros amantes de Wallis: era bisexual.

    Su primer matrimonio

    Tras la boda, el matrimonio se convirtió en un infierno marcado por los celos, las infidelidades y el carácter violento de él. La pareja se separó y se reconcilió innumerables veces y Wallis, mientras tanto, vivió distintas aventuras con diplomáticos, como un príncipe italiano o el secretario de la embajada argentina del que se separó clavándole las uñas en la cara tras enterarse de que él estaba con otra.

    En 1923 se inició uno de los episodios más oscuros de su vida. Aprovechando que su marido estaba destinado en China, empezó a trabajar para el servicio secreto americano llevando documentos clasificados. El país asiático se encontraba en plena guerra civil y ella llegó dispuesta a salvar su matrimonio. En efecto, se produjo la enésima reconciliación, pero su marido, según cuenta Higham, la introdujo en los burdeles de Hong Kong, donde aprendió lo que años después un polémico informe de la inteligencia británica calificaría como "prácticas perversas".

    El matrimonio, sin embargo, no tardó en romperse otra vez cuando él la abandonó por un joven pintor. Aún así, ella permaneció en China espiando para los rusos, según algunos, involucrada en el tráfico de drogas, según otros, jugando en los casinos para acaudalados hombres de negocios que la mantenían. Hubo, por supuesto, más amantes en esta época, como el fascista Galeazzo Ciano, que llegó a ser ministro con Mussolini, y del que se quedó embarazada. El aborto fue el origen de innumerables complicaciones y Wallis ya nunca pudo tener hijos.

    Camino a Londres

    En las navidades de 1926 conoció a Ernest Simpson, que se convertiría en su segundo marido, aunque en ese momento él estaba casado. Simpson, socio de una empresa que se dedicaba a comprar y vender barcos, resolvió los problemas económicos de Wallis y se la llevó a Londres. La llegada a la capital británica no fue fácil y estuvo marcada por la soledad y la tristeza. Hasta que Thelma Furness apareció en su vida.

    Thelma era la amante oficial del príncipe de Gales y cumplía dos de los requisitos que más le gustaban a él: estaba casada y era americana. Se prestaba también a retorcidos juegos con ositos de peluche, en los que se llamaban el uno al otro papá y mamá. Lo más extraño, quizá, es que la mamá era él. Años después, Thelma describiría al duque como un pésimo amante y mal dotado. No era este su único problema. El futuro rey era frívolo y caprichoso, aficionado a los clubes y demasiado preocupado por su propia imagen. Comía una sola vez al día y hay quien dice que era femenino, o directamente homosexual.

    Gracias a Thelma, Wallis conoció al príncipe de Gales. Lo primero que ella le dijo a él es que la había decepcionado. Sería el inicio de una relación marcada por la ambición de la americana y el deseo, por parte del futuro rey, de ser dominado. Más adelante, cuando ella ya era su amante, no sería nada extraño que Wallis le regañara y le despreciara en público, o que le obligara a quitarle los zapatos sucios.

    Sir Dudley Forwood, ayuda de cámara del duque de Windsor, describió así la relación: "Las técnicas que Wallis descubrió en China no superaron por completo la extrema falta de virilidad del príncipe. No está claro que él y Wallis mantuvieran un intercambio sexual en el sentido habitual de la expresión. Pero sí que logró aliviarle. Además, a petición de él, se enzarzaron en unos sofisticados juegos eróticos. Entre ellos se incluían escenas de niñera y bebé en las que él llevaba pañales".

    Sea como sea, la relación entre el príncipe y Wallis se fue estrechando. Un momento decisivo fue cuando Thelma se marchó a Estados Unidos y le pidió a su amiga que le cuidara para que no hiciera "travesuras". La pobre no tenía ni idea del error que acababa de cometer. La obsesión del príncipe por Wallis fue haciéndose mayor.

    La llamaba o se presentaba a cualquier hora en su casa, sin tener en cuenta a su marido, y empezó a meterla también en palacio en contra de sus padres, que no tardarían en encargar el citado informe a los servicios secretos sobre el pasado de la amante. Mientras, Wallis cometió uno de los peores errores: empezó a imitar a Isabel, entonces duquesa de York. La futura reina la pilló y ya nunca pudo perdonarla.

    El nuevo rey de Inglaterra

    Las imprudencias de la pareja afectaban también a un aspecto tan delicado como el de la política. Primero porque él quería meterse donde no debía como heredero y segundo por la proximidad que ambos mostraron siempre hacia Hitler.

    En enero de 1936, lo primero que hizo Eduardo VIII al subir al trono fue encargar un Buick para su amante. Wallis, por su parte, tomó las riendas de la casa y empezó a despedir criados o a bajarles el sueldo. Crecieron también las sospechas de que la americana espiaba para Alemania. Había más problemas por resolver: ella seguía casada y no parecía demasiado enamorada del rey. Tenía además un amante, Guy Trundle, ejecutivo de ventas de Ford. El rey, en cambio, se obsesionó con la idea de que o reinaba con Wallis o renunciaba al trono. Una pretensión que la futura esposa no compartía.

    Wallis, hasta el último momento, intentó que él no abdicara. Hubiera preferido seguir ejerciendo el poder en la sombra. La tensión, sin embargo, fue en aumento. Con la familia real y el gobierno en contra del matrimonio, Eduardo VIII abdicó menos de un año después de haber subido al trono. La pareja, a partir de ese momento, inició una nueva vida, en el exilio y marcada por una preocupación constante: el dinero.

    Dicen que eso y el enterarse de que se iba a quedar sin buena parte de sus rentas fue lo único que casi frena al rey y evita su abdicación. Dicen también que muchos años después, cuando le robaron las joyas a Wallis, la pareja exageró las piezas que los ladrones se habían llevado para cobrar más del seguro. Ambos, en cualquier caso, jamás encontraron su lugar en el mundo después de la renuncia al trono. Él siempre presionó para que a ella le concedieran el tratamiento de alteza real, lo que no logró, así como para imponer otras exigencias.

    Su relación con el nazismo

    El momento más delicado fue la II Guerra Mundial. Los duques de Windsor siguieron sus conspiraciones con el nazismo. Confiaban en que Hitler les devolvería el trono. El que un día fue rey de Inglaterra acabó traicionando a su país. La situación llegó a ser tan violenta que Churchill se lo tuvo que quitar de encima mandándole a Bahamas como gobernador. Pero ni aun así. El duque retrasaba el viaje, y el primer ministro tuvo que amenazarle con un consejo de guerra si no se marchaba.

    Tras la contienda, la situación dejó de ser problemática. Los duques fueron quedándose aislados. Al principio, acudía él solo a los grandes acontecimientos familiares, pero llegó un momento, con la coronación de Isabel II, en el que ya ni siquiera contaron con él. Los duques insistieron, en mezclarse con quien no debían, como Jimmy Donahue, un multimillonario abiertamente homosexual que en cierta ocasión castró a un soldado al que acababa de conocer en un bar.¿Mantenía una relación con el duque o con la duquesa?, ¿tal vez con los dos? Fuera como fuera, los tres se volvieron inseparables durante años y así hubieran seguido de no ser por la patada que Donahue le pegó a la duquesa y que la dejó sangrando.

    La relación con la familia real empezó a mejorar después de la operación a la que se sometió el duque por un aneurisma. La reina acudió a visitarle y la duquesa le hizo una reverencia. Poco después, el duque le pidió a su sobrina ser enterrado junto a Wallis en Frogmore e Isabel II accedió.

    El duque murió en 1972 de un cáncer de garganta, después de haberse despedido de la reina, que aprovechó un viaje oficial a París. La duquesa le sobrevivió 14 años. Finalmente se cumplió la voluntad del duque y ambos fueron enterrados juntos. Al funeral de Wallis acudieron 175 personas, entre ellas Isabel II y su gran enemiga, la reina madre.
     
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    31 Mar 2016
    Pero cuando murió Wallis fué a su funeral la Queen, creo que la Mother no. Se rumoreaba que la inquina contra la Simpson de Queen Mother se debía al estupor que cundió entre todas las ladies casaderas al ver al escurridizo David cayendo con semejante mujer e pasado innombrable... Ella se habia conformado con el segundo hijo, pero ver a esa advenediza yanquie cazando al futuro rey...

    Lo gracioso es que ella jamás le quiso, él fué su juguete y cuando se empeñó en abdicar por ella se vió obligada a casarse con él para salva la cara ante la opinión pública. Eran tan snobs que hacian que laa criadas planchasen los billetes para que pareciesen nuevos... Eran íntimos de los Mosley, Sir Oswald -el lider fascista británico de preguerra - y su esposa Diana Mitford, cuyo adulterio doble habia dejado a cuadros a todos, porque una cosa es que fuesen amantes, pero que ella abandonase a su marido Guinness, el de las ccervezas, un muchacho bueno dominado por ella, por el cazamujeres del Mosley, que la compaginaba con su cuñada, la hermana de su mujer... Al quedarse viudo, se casó con Diana porque Hitler, admirado por la belleza de ella, se lo sugirió, y se casaron ante el Führer en Berlin. Al volver a Inglaterra, los Mosley, en medio de los bombardeos alemanes contra Londres, abogaban por rendirse a Alemania.Churchill, pariente de ella, tuvo que encarcelarlos para librarlos del linchamiento de las masas, aunque pronto les permitió salira escondidas a condición de que no se hiciesen notar.

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    Las Mitford: Nancy la escritoria, Diana la nazi, Pamela, señorita de sociedad, Unity la enamorada de Hitler que se pegó un tiro tras la declaración de guerra quedándose en estado vegetal varios años, lapequeña Deborah que seriala nuera del difunto Duque de Devonsihire asesinado por el doctor y asu vez duquesa y Jessica, la comunista, casada en primeras nupcias con el joven enfant terrible rojo de la High Society brittish, Esmond Romilly, hijo de la cuñada de Churchill, del que se rumoreaba que quizás era el padre del joven...Se casaron en España, durantte la guerra, la familia logró que enviasen a Bilbao u barco para rescatar a la chica pero ella se negó a subir en él. Después se marcharon a los USA. El falleció en acción de guerra en la aviación canadiense, dejando a Jessica con una hija. Cuando Churchill fué a Washington la visitó ofreciendole un trabajo en la embajada británica pero lo rechazó porque Churchill representaba para ella a la oligarquia de su famila profundamente anticomunista... Ella se volveria a casar con un activista judio de pro-Derechos Civiles...

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