Reproducciòn humana

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'Espermagedón': por qué vuelven a sonar las alarmas sobre el esperma del hombre occidental

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Santiago Campillo @Scruzcampillo

En los últimos 30 años el número de espermatozoides en nuestro semen está decayendo, según advierten algunos expertos. Esto ha levantado un revuelo a lo largo y ancho del mundo: ¿está nuestro semen en peligro? La capacidad reproductiva se encuentra en el punto de mira. Según las peores previsiones, estamos ante el inicio del fin de la especie humana. Hay quien culpa a los plásticos, otros a la alimentación o, incluso al exceso de por**. Pero, ¿realmente hay razones reales para ser tan dramáticos?

El semen ya no es lo que era

Desde hace apenas tres décadas, nuestro esperma ha bajado significativamente su calidad. Así lo mostraba el metaanálisis presentado por la Hebrew University-Hadassah, el pasado julio de 2017. No son los primeros en advertirlo, pero sí en presentar un estudio tan extenso. Un metaanálisis que recoge cientos de estudios y los analiza en busca de un resultado. En esta ocasión, los investigadores trataron de confirmar los indicios de que nuestras gónadas no están funcionando bien.
Según los estudios, 185 nada menos, realizados entre 1973 y 2011, la calidad del semen ha descendido. Esta se mide gracias a varios factores: la motilidad espermática (es decir, cuánto se mueven los espermatozoides), la morfología (cómo son) y el recuento (cuántos hay por mililitro). Según los estudios, es el número de espermatocitos el que ha descendido.

Espermatozoide

Si alcanzamos los 15 millones, o menos, podríamos enfrentarnos a un serio problema de fertilidad

De los 99 millones de gametos (espermatozoides) por mililitro encontrados en los setenta hasta los 47 millones hallados en el siglo XXI hay un buen trecho. Y la tendencia es a la baja, lo que podría indicar un número cada vez menor a medida que pase el tiempo. Si siguiera la misma progresión, en 40 años el recuento podría llegar a cero.
Por el momento, la cifra no es preocupante: con casi 50 millones de espermatozoides por mililitro todavía estamos muy por encima de lo que se considera "bajo recuento espermático". Pero si alcanzamos los 15 millones, o menos, podríamos enfrentarnos a un serio problema de fertilidad. La pregunta que nos acecha ahora es, ¿qué está pasando?

Alimentación, plásticos y por**

Sí, hemos comprobado que estamos perdiendo calidad reproductiva masculina. ¿Pero, por qué? No lo sabemos. Por el momento, esto es un auténtico misterio. No existe ni una sola prueba que apunte a un culpable. Tal vez porque no lo hay. Sin embargo, las especulaciones ya están en el aire. Así, hay quien cree que el culpable es el exceso de plástico. El plástico, explican algunos investigadores, puede hacer que llegue a nuestra dieta un número significativo de ftalatos.



Estas sustancias se emplean para darle flexibilidad a los plásticos. Cuando se calientan, estos pueden pasar a la comida, según explican los defensores de esta hipótesis. Los ftalatos provocarían varios problemas de salud, entre los que se encuentra el descenso de la calidad espermática. Otro posible problema está en la dieta: sabemos que, en parte, somos lo que comemos.

Plastic Bottles

Actualmente parece más difícil comer de manera saludable que hace 20 años

Actualmente parece más difícil comer de manera saludable que hace 20 años, por ejemplo. Esto podría estar relacionado con todo tipo de problemas de salud: obesidad, problemas metabólicos, enfermedades, cáncer... La consecuencia final afecta a nuestra capacidad reproductiva. Esto se debe a que el cuerpo necesita de todos los recursos disponibles para poder reproducirnos. Si algo no está bien (estamos sufriendo enfermedades, estrés o de cualquier otro problema fisiológico) nuestra capacidad reproductiva puede verse afectada.

¿Y qué hay del por**? Hay personas (y comunidades) que defienden que el por** y la mas***bación están haciendo mucho daño a la fertilidad masculina. Según estas hipótesis, la cual no está recogida "oficialmente" en ningún sitio, la mas***bación, con ayuda del exceso de por**, hacen descender los niveles de espermatozoides presentes en el semen. Esto, por supuesto, no es cierto. Los estudios indican que no importa (significativamente) las veces que nos masturbemos: esto no provoca infertilidad.

Calidad del semen y salud

Existe otro problema importante asociado a este tema: la calidad del semen. ¿No será, en realidad, un aviso de algo más global? Es decir, ¿no será que nuestra salud está en unos niveles peores que antes? Si nuestras gónadas están mal, esto podría ser la manifestación de un problema endocrino más complejo, que solo empieza a dar la cara ahora.


Por ejemplo, la exposición a estrógenos exógenos (hormonas femeninas que vienen de fuera, mediante la alimentación o la contaminación) podría ser el causante de varios problemas graves de salud. Entre ellos, problemas de infertilidad, según apuntan varios investigadores, pero también en el desarrollo fisiológico y metabólico. Estos estrógenos y precursores provendrían de la alimentación (carnes tratadas con hormonas, exceso de consumo de fitoprecursores como la soja, etc.).

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Un efecto similar podrían tener algunos pesticidas, imitadores de los estrógenos en nuestro cuerpo. Provocando todo tipo de interacciones metabólicas peligrosas para la salud. También existe cierto temor a que algunas sustancias médicas, provenientes de la depuración del agua ineficiente, alcancen nuestros grifos.

Esto ocurre, según explican los estudios, porque las depuradoras actuales no pueden filtrar todos los productos químicos médicos procedentes de las aguas de desecho. Por el momento, a pesar de que el número de estudios que trata de esclarecer este panorama es cada vez mayor, no existe un consenso claro. No sabemos qué efectos pueden tener todos estos fármacos, presentes de forma silenciosa, en nuestra dieta.

¿Vamos camino hacia la extinción?

En 2011 batíamos nuestro propio récord con 7.000 millones de almas sobre la faz de la Tierra. Mirando el panorama global, parece que la especie humana jamás ha sido tan prolífica. Sin embargo, los datos de crecimiento de la población mundial indican que desde los 70 ha ido en descenso. En contraposición a esto, los datos del CDC estadounidense indican que desde 2002 no hay una variación importante en el número de parejas clasificadas como no fértiles.



Mientras que algunos datos, incluyendo los de población y los de calidad espermática de los que hablábamos, indican que estamos viviendo una pérdida de fecundidad humana, nadie tiene claro por qué. Entre otras cosas, a los factores externos hay que añadirles los de comportamiento. ¿Qué pasa cuando una pareja no quiere tener hijos? ¿O si se espera hasta los 40 para tenerlo? En estos últimos años, la crisis económica, las expectativas laborales y otros factores sociales han retrasado o cambiado la decisión de tener hijos. Por otro lado, la fecundidad de una mujer (también la del hombre, pero más lentamente) desciende rápidamente con la edad, a partir de los 20 o 25 años.

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Mientras que algunos datos indican que estamos viviendo una pérdida de fecundidad humana, nadie tiene claro el porqué
Estos factores también afectan a las estadísticas que discutimos. En definitiva, no lo tenemos claro. Actualmente, apuntan algunos científicos, es imposible saber a ciencia cierta si de verdad estamos perdiendo fecundidad. Pongámonos en el peor de los casos: si cada vez fuéramos menos fértiles por lo que comemos o hacemos, ¿significa eso que vamos camino de la extinción? La respuesta es aún más difícil de contestar.

Una población no depende exclusivamente de factores externos. No es la primera vez que una especie se enfrenta a la extinción y vuelve a recuperarse. En el peor de los escenarios, ¿pasaría lo mismo con los seres humanos? Por otro lado, la tecnología está de nuestro lado. Por el momento contamos con técnicas cada vez más perfeccionadas de reproducción asistida. En última instancia, este sistema podría ayudarnos a mantener la población. Así que, a pesar de las malas noticias, nada nos hace pensar que nuestra fecundidad está condenada para siempre. Pero, de nuevo, esto solo es especulación, pues nadie puede saber qué le depara el futuro a nuestros espermatozoides.

 

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El nacimiento secreto de Louise Brown: la historia de cómo esta niña cambió la reproducción humana

El nacimiento secreto de Louise Brown: la historia de cómo esta niña cambió la reproducción humana



Le llegó un paquete dirigido a su hija. Estaba envuelto en papel de estraza, venía de San Francisco y en la pegatina de la aduana se especificaba que contenía un artículo de regalo. Y era una pequeña caja de joyería que, al principio, Lesley Brown interpretó como un detalle amistoso de alguna empresa con ganas de sumarse al carro.
Pero al abrirla, empezó a rebasar un líquido rojo, espeso y de olor penetrante. Era sangre falsa, pero no lo sabía Es posible que gritara y se le cayera al suelo. También es posible que fuera en ese momento cuando viera la carta. Lesley no tenía recuerdos precisos, pero por lo que sabemos todo eso es más que plausible. La carta, cuidadosamente doblada, estaba llena de frases “enfermizas”.
Alguien se había tomado la molestia de enviar un paquete así a miles de kilómetros de distancia para mandar un mensaje a un bebé de tres meses. El peor de los temores de los Brown parecía hacerse realidad: su hija nunca estaría segura. Hoy sabemos que no era así.
Un milagro científico

Un año antes, el 10 de noviembre de 1977, Jean Purdy estaba a punto de hacer historia sin saberlo. Se disponía a implantar las ocho células que formaban el embrión de Louise Brown en el útero de su madre. Acababa un camino de 10 años de fracasos, errores y decepciones.

Diez años antes, Patrick Steptoe, ginecólogo, y Robert Edwards, fisiólogo, habían decidido aliarse para llevar a cabo algo propio de la ciencia ficción. Steptoe había encontrado un método para extraer óvulos de mujeres fértiles y Edwars había desarrollado una manera de fertilizar óvulos en el laboratorio. Junto con Purdy, la que sería la primera embrióloga de la historia, tuvieron que realizar cientos de pruebas antes de ese 10 de noviembre.

38 semanas después, el 25 de julio de 1978, Lesley Brown entró en el quirófano para la cesárea prácticamente a oscuras. Casi nadie del equipo sabía quién era esa señora, ni por qué ese secretismo. Su marido, John Brown tuvo que visitarla en el hospital de Oldham mientras la policía hacía guardia en la puerta de la habitación. Así, en secreto, se produjo el milagro: había llegado la fecundación in vitro.

El origen de la tecnología de la vida

Holland


La fecundación in vitro es una de las técnicas de reproducción asistida más populares. Según los últimos datos, unos ocho millones de personas han nacido gracias a ella durante estos 40 años. En buena medida por su sencillez: brevemente, consiste en extraer ovocitos del ovario de una mujer, madurarlos de forma artificial, inseminarlos in vitro (normalmente a través de lo que se conoce como 'inyección introcitoplástica de espermatozoides"), cultivar los embriones, seleccionarlos e implantarlos en el útero para que, si todo va a bien, la gestación comience y llegue a término.

Este mes se cumplen cuatro décadas desde que Louise Brown, la primera bebé-probeta, naciera en un pequeño hospital del área metropolitana de Manchester y, con ella, todo lo que creíamos saber sobre legislación y maternidad se puso patas arriba.

Con el tiempo, llegaron las técnicas de congelación (a mediados de los 80), algo que permitió facilitar el proceso e incrementar las opciones de éxito. Se abandonó la dolorosa laparoscopia a la hora de 'recolectar' ovocitos y se mejoró la técnica para abordar los problemas de fertilidad masculina. Bajo el precio, se incluyó en muchos sistemas de salud y, en cierta forma (aunque no del todo), se democratizó.

Las consecuencias de ese embarazo aún las sentimos hoy: cosas como la 'gestación subrogada' tienen su origen en el debate que ya se empezó a incubar en aquellos años de la década de los 70. Y más allá, fue la antesala de los problemas que hoy empiezan a tomar cuerpo.

Brown ha estado sana, ha tenido hijas y, según sus propias palabras, ha sido feliz. El mundo, pese a lo problemas iniciales, se adaptó rápidamente a esta nueva realidad y la maternidad demostró ser un concepto mucho más flexible de lo que parecía. Hace 40 años que se abrieron las puertas de la reproducción.

Imágenes | Louise Brown

 
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Extraer el esperma de un hijo muerto para tener un nieto: así se abre la caja de pandora de la reproducción artificial
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Santiago Campillo @Scruzcampillo

¿Dónde ponemos los límites de nuestra capacidad técnica? Hace unos años, el hijo de una pareja de Reino Unido moría en un accidente de moto. Sus padres, atormentados por el accidente decidieron extraerle esperma al cuerpo de su hijo con la intención de crear descendencia mediante gestación subrogada.

A día de hoy, esta pareja tiene un nieto de tres años procedente de este procedimiento. Aunque la historia parece tener un final feliz, en realidad hay un sinfín de cuestiones técnicas y éticas que empañan la cuestión, y la ley británica no está de parte de esta pareja de extraños abuelos.

Extraer semen a un muerto ¿cómo es posible?

Por muy extraordinario que parezca, la extracción de esperma postmortem es una práctica conocida y analizada desde hace décadas. La primera vez que se realizó y documentó fue en 1980, a petición de la familia de un accidentado que había sufrido una lesión cerebral fatal. Desde entonces, aunque no son muchos los casos ocurridos a lo largo de la historia, este tipo de extracción se ha llevado a cabo una decena de veces.



En el caso que nos ocupa, el cuerpo del donante involuntario permaneció dos días a la intemperie antes de ser encontrado, si hacemos caso a lo que explica la prensa. Sin embargo, según explica el doctor David Smotrich, director médico del centro IVF de La Jolla, Estados Unidos, que fue quien llevó a cabo el proceso, el esperma aguanta viable hasta tres días en el cuerpo tras la muerte.

Baby


Esto tendría su explicación si el daño provocado por el accidente no hubiera afectado a los testículos del hombre. Los genitales masculinos están preparados para preservar en buen estado el esperma, asegurando todo lo posible su viabilidad. Los padres tuvieron que tomar la decisión de forma inmediata, tras encontrar el cuerpo. Según la información de prensa, un urólogo británico, también anónimo, les ayudó con el procedimiento.

Aunque no ha trascendido ningún detalle sobre la operación de extracción, esta puede realizarse de varias maneras, bastante conocidas y empleadas en el mundo de la fecundación asistida: biopsia testicular, aspiración de los conductos eferentes u otras. La muestra de esperma se congela de forma inmediata y se mantiene así hasta que llega el momento de la inseminación.

En realidad, este procedimiento es relativamente sencillo y se ha llevado a cabo numerosas veces a lo largo de la historia.

En realidad, este procedimiento es relativamente sencillo y se ha llevado a cabo varias veces, incluso en España, a lo largo de la historia. Un año después de la extracción, la pareja británica se habría llevado el esperma a La Jolla, donde el doctor Smotrich continuó con el proceso de inseminación artificial y gestación subrogada.

Un embarazo extraordinario en muchos sentidos

Si las circunstancias de la extracción eran extraordinarias, aún más lo ha sido el proceso de gestación. Una vez en California, la pareja trabajó con el doctor Smotrich para "crear" el bebé perfecto según sus cánones, respetando las posibilidades legales.
En primer lugar, indicaba el médico para la prensa, la pareja decidió las características de la donante de óvulos tratando de respetar los patrones femeninos que atraían a su hijo. En segundo, querían un niño, por lo que escogieron el s*x* del bebé.

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Así se produce una ICSI

Cuando se hace una inseminación artificial in-vitro, se disponen en una placa varios óvulos rodeados de espermatozoides y se estimula la fecundación. También puede hacerse mediante otra técnica llamada ICSI, que consiste en inyectar el espermatozoide en el óvulo para asegurar la fecundación. De todas las fecundaciones se escogen los embriones más adecuados, haciendo un análisis genético que indica la salud de las células.

De estos embriones escogidos, la pareja se decidió por uno de s*x* masculino, almacenando congelados otros tres, junto al esperma. Más tarde, este embrión se implanta en el útero de una "mamá de alquiler", la cual gesta al bebé hasta su nacimiento. Los "abuelos", estuvieron presentes en el nacimiento, según explica el doctor, y obtuvieron la adopción legal en 2015.

Pero todo esto, ¿es legal?

El problema de todo este asunto no es tanto técnico como ético y legal. Esta pareja británica ha infringido algunas leyes de su país, y ha pasado por encima de otras habiendo realizado varios de los procedimientos en Estados Unidos. Comencemos por el primer paso: la extracción postmortem.

En Reino Unido se puede extraer y utilizar el material genético de una persona fallecida para producir un embarazo siempre que haya un consentimiento escrito.

Este procedimiento es objeto de numerosas discusiones entre los expertos de la reproducción asistida. Así, las leyes al respecto según el país. En Reino Unido se puede extraer y utilizar el material genético de una persona fallecida para producir un embarazo siempre que haya un consentimiento escrito. Sin embargo, esta pareja carecía de dicho documento, por lo que la extracción fue hecha de forma ilegal.

En Estados Unidos, por ejemplo, tras un intenso debate judicial encarnado por el caso de Diane Blood, sí que se permite el uso del esperma del marido aún sin tener el permiso expreso del fallecido. Blood luchó en las cortes por obtener el permiso para quedarse embarazada a partir del material genético extraído en el hospital donde lo atendieron antes de morir.

Embryo2


De su caso surgió un precursor judicial que permite utilizar este material aunque no exista consentimiento escrito siempre que se demuestre que había voluntad de procreación. De esta manera, aunque la extracción fue ilegal en Reino Unido, el uso del material genético en la clínica de La Jolla sí que se hizo legalmente.



Por otro lado, la selección del género del embrión está totalmente prohibida en Reino Unido, pero sí que es legal en California. Algo similar ocurre con la selección de la donante. Mientras que en Europa el intercambio genético sigue unas estrictas normas de anonimato y protección de datos con respecto a los donantes de óvulos y esperma, en Estados Unidos estas leyes están sujetas al Estado donde se promulgan.

Del final feliz a una sentencia criminal hay un solo paso

Para Allan Pacey, antiguo presidente de la Sociedad Británica de Fertilidad, este extraordinario caso podría convertirse en un serio problema para la pareja de felices abuelos. Mientras que todo el proceso llevado a cabo en Estados Unidos no es ilegal, pues se realizó amparado en la legislación de California, la extracción podría considerarse como un acto criminal.
"El médico que extrajo el esperma, así como la instalación que almacenó la muestra, infringieron la ley"

"El médico que extrajo el esperma, así como la instalación que almacenó y exportó la muestra, infringieron la ley", explicaba Pacey para la prensa. "A falta de un consentimiento adecuado, el organismo regulador, la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología [la HFEA] y los tribunales deberían haber estado involucrados en las decisiones sobre el almacenamiento y la exportación". Según las fuentes del Daily Mail, la HFEA todavía no ha confirmado si su comité había revisado el caso o no.


Si no hubiese sido así, y si no existe un permiso expedido por el comité, tanto los profesionales y centros implicados como la pareja podrían verse en los tribunales. ¿A cuántas personas podría afectar? La extracción de esperma, aunque es un proceso relativamente sencillo, requiere de un sistema de almacenamiento y transporte especial, por lo que la clínica entera que realizó el procedimiento podría verse acusada.

Todo esto, como decíamos, ocurre simplemente por no realizar el primer paso de manera legal. Algo, por otro lado, que tampoco podría haberse hecho debido al fallecimiento prematuro del donante. ¿Existe justificación suficiente para poder extraer el esperma y dar a luz a un niño aún sin que exista el consentimiento de la persona? ¿En qué circunstancias y en cuáles no? ¿Y cómo determinarlas? El debate vuelve a ponerse sobre la mesa.

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La tecnología detrás de la gestación subrogada: cómo una técnica con más de 40 años está generando la polémica del año

La tecnología detrás de la gestación subrogada: cómo una técnica con más de 40 años está generando la polémica del año



Javier Jiménez @dronte

La subrogación es de todo menos algo nuevo. A lo largo de toda la historia de la humanidad, ha habido mujeres que han aceptado gestar hijos para otras personas; personas que, al acabar el proceso, se convertirían en los padres del recién nacido.

No es broma: en la Biblia se cuenta cómo Sara, que era estéril, pidió a Abraham que yaciera con Hagar, una criada egipcia, con el fin de tener el hijo que Dios les había prometido. Parece que este tipo de prácticas, al modo del 'Cuento de la Criada', fueron relativamente comunes en muchos momentos históricos.

Pero el 25 de julio de 1978 todo cambió. Louise Brown nacía en un pequeño hospital del área metropolitana de Manchester y, con ella, la fecundación in vitro declaraba su intención de poner patas arriba todo lo que creíamos saber sobre legislación y maternidad.

¿Qué es la fecundación in vitro?

Llevamos meses enzarzados en el debate sobre la 'gestación subrogada' y resulta curioso que no solemos caer en la cuenta de que la tecnología que está bajo esta polémica tiene, como poco, 40 años.

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La fecundación in vitro es una de las técnicas de reproducción asistida más populares y, de forma muy breve, consiste en extraer ovocitos del ovario de una mujer, madurarlos de forma artificial, inseminarlos in vitro (normalmente a través de lo que se conoce como 'inyección introcitoplástica de espermatozoides"), cultivar los embriones, seleccionarlos e implantarlos en el útero para que, si todo va a bien, la gestación comience y llegue a término.

En las últimas décadas, las técnicas de reproducción asistida han avanzado mucho tanto en seguridad como en eficacia. Era necesario: en la inmensa mayoría de los casos, estas técnicas se usan en contextos en los que ya era difícil que se diera un embarazo.

El avance es significativo y, aunque hoy en día las posibilidades de éxito de cada embrión siguen siendo bajas, la in vitro ha dejado de ser el milagro que fue en 1978 para convertirse en algo bastante habitual.

Los nacidos con esta técnica ya se cuentan por millones y, específicamente los casos de gestación subrogada ya deben rondar las varias decenas de miles como poco. Es ahora, cuando estas tecnologías se han vuelto relativamente baratas, seguras y eficaces, que empiezan a verse nítidamente las consecuencias y los problemas.

Lo que la fecundación in vitro nos señaló

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En efecto, hay algo que la fecundación in vitro nos mostró con claridad y sobre lo que no habíamos reflexionado lo suficiente a nivel jurídico y social: el hecho de que la maternidad tiene muchas dimensiones y que la tecnología iba a permitir separarlas como nunca antes había sido posible.
En este caso concreto hay tres 'roles' que son especialmente relevantes: el de la 'madre gestante', el de la 'madre genética' y el de la 'madre legal o social'. Aviso desde ya que he escogido esta terminología porque, a priori, creo que es la más neutral, pero soy consciente de que, en los matices, hay toda una batalla terminológica.

Dependiendo de qué rol asuma cada uno de los actores del proceso, tenemos una figura con problemas éticos y legales distintos. En la "subrogación tradicional" la madre gestante y la madre genética eran la misma persona, pero la madre social era otra. En cambio, en la 'donación de óvulos' coinciden la madre gestante y la madre social, pero la madre genética es una persona distinta.

Por último, en la "subrogación gestacional" (sobre la que se está hablando ahora) la madre gestante no es ni la madre genética, ni la madre social. Estas dos pueden coincidir o no, dependiendo del caso concreto.

¿Cómo afecta todo esto al niño?

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En general, hablemos del tipo que hablemos, la técnica reproductiva es esencialmente la misma. No obstante, es importante tener en cuenta que cada 'rol' de los que hemos hablado tienen un papel importante en el desarrollo del niño.

La "madre genética" aporta el material genético, la "madre gestante" tiene un papel clave en la regulación de la expresión de ese material y la "madre social" es central en el desarrollo psicológico, emocional y conductual del pequeño. No hay ninguna parte del proceso que no sea esencial.

Por lo demás, a falta de estudios longitudinales más ambiciosos no tenemos ningún dato sólido que nos haga suponer que hay consecuencias o problemas para el niño dependiendo de cómo sea concebido. Es por tanto una cuestión legal, social y ética propiciada por la aparición de la tecnología.

Y no será la única

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Seguramente lo más revolucionario del proceso de "disrupción social" que estamos viviendo es que la tecnología está dándole la vuelta a muchos debates. Uno de los mejores ejemplos es la eugenesia que ha pasado de ser sinónimo de 'esterilizaciones masivas' a convertirse en 'padres que buscan, mediante ingeniería genética, aumentar la posibilidad de que sus hijos vivan una buena vida en un conjunto relevante de circunstancias' (Savulescu, Meulen y Kahane, 2011).
Es decir, hace 50 años permitir la eugenesia conllevaba violar los derechos reproductivos de amplias capas de la población. Ahora es justo lo contrario. De la misma forma, el rápido desarrollo de los úteros artificiales acabará previsiblemente con el problema ético que nos presenta la gestación subrogada.

Aunque aun queda mucho que investigar, claro. Pero la gestación subrogada es solo el primer ejemplo de cómo la tecnología no solo está cambiando las respuestas que damos a los problemas sociales. La tecnología está cambiando las mismas preguntas que nos hacíamos. Bienvenidos al futuro.

Imágenes | Sabrina Beam

 


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La idea de este hilo es mostrar todas las formas actuales de reproducciòn.
Ha cambiado tanto el mundo y concepciòn, que una revisiòn de todas estas nuevas formas resultaràn de gran utilidad.