RECETAS DE COCINA

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Cocina con Paradores


Cazuela de garbanzos con espinacas y langostinos, de Juan Antonio Aguilar (Chef del Parador de Málaga Golf)

24 Marzo, 2020



En esta época del año son tradicionales los potajes de vigilia. Una de las recetas más populares del tiempo de Cuaresma es la que se realiza con garbanzos, espinacas y bacalao. Con las limitaciones propias del confinamiento muchas veces toca improvisar y tirar de imaginación. Juan Antonio Aguilar, chef del Parador de Málaga Golf, ha echado un vistazo a su nevera y, a falta de bacalao, os propone elaborar este reconfortante plato con langostinos. ¡Una sabrosa variación!

Juan Antonio Aguilar, chef de Málaga Golf


Ingredientes 4 raciones
  • Garbanzos 400 grs.
  • Agua c/s
  • Cebolla 100 grs.
  • Tomate 100 grs.
  • Zanahoria 100 grs.
  • Ajo entero 4 ud
  • Laurel 2 Hojas
  • Espinacas 200 grs.
  • Langostinos 200 grs.
  • Azafrán molido 1 sobre
  • Sal c/s

Preparación-Elaboración:
Se ponen en remojo el día anterior los garbanzos con agua caliente y sal.
Al día siguiente, se pone al fuego una olla con agua; calentar y una vez templada, añadir los garbanzos, la cebolla, tomate, zanahoria, los ajos enteros y las hojas de laurel.
Aparte, cocer las espinacas en agua hirviendo y refrescar con agua fría.
Pelar los langostinos y reservar ( los sustituimos por el clásico bacalao) ya sabéis, lo que tenemos en la nevera...)
Una vez los garbanzos estén tiernos, sacar las verduras y pasar por la batidora, colar e incorporar al potaje, rectificar de sal. (También podemos poner las verduras muy picadas y que la encontremos, pero para los más peques es mejor trituradas).
Añadir las espinacas, los langostinos y el azafrán molido, un minuto antes de apartarlo del fuego, rectificar de sal y listo.
¡Buen provecho!

Cazuela de garbanzos con espinacas y langostinos


 
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Cocina con Paradores

Guiso de patatas, alcachofas, langostinos y hierbabuena, de David Gómez (Chef del Parador de Córdoba)



Para haceros más llevadero el confinamiento en vuestros hogares, los cocineros y chefs de Paradores han querido aportar su granito de arena proponiéndonos realizar algunas recetas sencillas con productos asequibles que ellos mismos están elaborando esto días en sus casas para sus familias.

Hoy os animaos a que os atreváis con este apetitoso guiso de patatas, alcachofas, langostinos y hierbabuena que prepara David Gómez López, chef del Parador de Córdoba. ¿A qué esperáis para poneros el delantal?



David Gómez, chef del Parador de Córdoba




Ingredientes para 4 personas:

  • Langostinos crudos 16 Uds.
  • Caldo para el guiso 1,5l (AOVE, ajo, puerro, zanahoria, cabezas de los langostinos, brandy y agua)
  • Alcachofas 4 Uds.
  • Cebolla 1 ud
  • Dientes de ajo 5 a 6 Uds.
  • Aceite de oliva virgen extra-4 cucharadas soperas
  • Patatas 4 Ó 5 uds no muy grandes
  • Tomates pera 2 uds
  • Tomate frito 2 cucharadas soperas
  • Colorante alimentario 1 pizca
  • Hierbabuena 1 rama
  • Sal y pimienta al gusto



Preparación y elaboración:


Primero pelar los langostinos y reservar los cuerpos; por otro lado, las cabezas, que se utilizarán para hacer el caldo.

Preparar el caldo de verduras y cabezas de langostinos, para ello se pone una olla un poco de aceite para hacer un sofrito de ajo, puerro y zanahoria, agregar las cabezas de los langostinos, dorar, añadir un poquito de brandy , flambear, mojar con el agua, cocer unos minutos, colar y reservar para añadirlo luego al guiso.

En una cacerola con agua abundante y sal cocer las alcachofas enteras, durante unos 15 minutos, tapar la olla, una vez cocidas apagar el fuego y dejar enfriar con las alcachofas dentro. Sacar, y retirar las hojas exteriores dejando el corazón, cortar en cuartos y reservar.

Pelar la cebolla, los ajos y picar muy finito. Poner en una olla a temperatura baja el aceite, añadir los ajos picados y rehogar ligeramente, cuando empiecen a dorarse, incorporar la cebolla, y un poco de sal, y pochamos todo junto unos 10 minutos, hasta que la cebolla esté tierna y empiece a dorarse.

Mientras pelamos las patatas y troceamos desgarrándolas con la ayuda del cuchillo. La forma más sencilla de hacerlo es empezar a cortar con un cuchillo y hacer presión para terminar de romper la parte final del gajo, de esta manera se favorece el aporte de almidón de la patata al guiso, dándole espesor.



Patatas guisadas con alcachofas y langostinos. Chef de Córdoba


Cuando la cebolla esté lista echar el tomate pera picado y dejar cocinar unos 4 minutos.

Agregar las patatas , junto con el tomate frito y el colorante, mezclar todo junto y unos dos minutos y mojar con el caldo que hemos elaborado y teníamos reservado.

Si utilizas una olla normal necesitarás cocinarlo unos 30 minutos o hasta que compruebes que las patatas estén bien cocidas. Subir el fuego para que hierva el caldo y cuando esto ocurra, bajarlo casi al mínimo para que se cocine lentamente, siempre tapada la olla y removiendo de vez en cuando.


 
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ALCACHOFAS CON HABAS Y MENTA


Alcachofas con habas y menta




Ingredientes

Para 4 personas

  • 10-12 alcachofas
  • 300 g de habas (el doble si están en su vaina y las sacas tú)
  • 2 cucharadas de cecina picada (opcional)
  • 1 manojo de menta
  • Aceite de oliva suave
  • Sal en escamas
Preparación

1. Poner aceite abundante en una cazuela (unos dos o tres dedos).

2. Quitar las hojas exteriores de las alcachofas hasta que veamos que la base es de color amarillo claro. Pelar los tallos sin separarlos de la flor. Cortar la punta de ésta. Cortar la alcachofa en dos trozos verticalmente y vaciar de pelitos el interior de cada uno con una cuchara. Pasarlos inmediatamente a la cazuela cuidando de que se impregnen bien de aceite para que no se oxiden.

3. Añadir las habas y cuatro hojas de menta, y cocer a fuego mínimo controlando la temperatura no suba (que no hierva ni burbujee en exceso) hasta que estén hechas pero no blandurrias, unos 45 minutos. Dejar enfriar en el mismo aceite. Hasta aquí se puede hacer con antelación.

4. Picar el resto de la menta hasta conseguir unas 4 cucharaditas.

5. Justo antes de comerlas, escurrir muy bien las alcachofas y las habas, desechar las hojas de menta de la cocción y reservar el aceite para otras preparaciones. Dorar las alcachofas en una sartén bien caliente un minuto por cada lado. Recalentar las habas en la misma sartén. Servir con escamas de sal por encima, la menta picada y, si se quiere, la cecina.

 
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MOQUECA CAPIXABA (ESTOFADO BRASILEÑO DE PESCADO)


Moqueca capixaba (estofado brasileño de pescado)



Preparamos una de las dos versiones del plato típico que divide a los brasileños, un guiso de pescado blanco con salsa que se acompaña de harina de mandioca tostada y cocida en caldo.





olling Stones, Beatles. Gijón, Oviedo. Joan Crawford, Bette Davis. Ferrari, Lamborghini. Bill Gates, Steve Jobs. ¿Qué sería de este planeta sin las rivalidades? En Brasil, el estofado de pescado típico del estado de Bahía, llamado moqueca bahiana, y el del estado de Espíritu Santo, llamado moqueca capixaba, son en la cocina lo que el Flamengo y el Botafogo son en un campo de fútbol carioca: eternos rivales.

La disputa de la autoría entre las dos versiones del mismo plato es feroz porque es un símbolo culinario nacional. De hecho, el Ministerio de Turismo del país realizó no hace mucho una encuesta donde preguntaba a sus compatriotas qué plato brasileño no podía faltar en la mesa de un turista y, sorpresa, la moqueca desbancó a la archifamosa feijoada. Preguntarle a un brasileño -ni bahiano ni capixaba- si fue primero una u otra es como preguntarle a cualquier habitante del mundo si fue primero el huevo o la gallina.

Las dos versiones se preparan en una cazuela de barro con tomate, cebolla y cilantro y se acompañan de un plato de harina de mandioca cocida (llamado pirão). La bahiana lleva pimientos de varios colores, aceite de palma (llamado dendê), leche de coco y pimienta melegueta. La capixaba no lleva pimientos, leche de coco ni pimienta melegueta, y el aceite de dendê se sustituye por aceite de oliva y achiote. La primera tiene claras influencias africanas. La segunda, portuguesas.

La moqueca capixaba se elabora siempre en una panela de barro de color negro tintada con cáscara de manglar rojo y hecha a mano por las paneleiras de Vitória, la capital de Espíritu Santo. Poca broma con estas cazuelas porque están catalogadas como bien patrimonial del país. Y cuidado con el plato, porque en dicho estado cuenta con su propia cofradía y su día nacional (el 30 de septiembre).

Para esta receta, hemos usado una cazuela de barro estándar y la protagonista es la lubina, pero cualquier pescado blanco de carne firme sirve; rodaballo, rape, lenguado, palometa, etc. Las semillas de achiote las podéis comprar en tiendas latinas y asiáticas; si no las encontráis, sustituidlas por pimentón rojo o azafrán. Si tampoco encontráis harina de mandioca tostada, complementad el estofado con un poco de ensalada verde y un cuenco de arroz blanco cocido, que también es como habitualmente se acompaña este plato en Brasil. Hay miles de maneras de preparar moqueca y pirão de pescado: la nuestra no es la más canónica ni la más tradicional, pero hemos preferido que primaran la facilidad y la rapidez (ya es una receta bastante elaborada).


Dificultad

Media (siempre y cuando os pongáis en modo bandera de Brasil; orden y progreso).


Ingredientes

Para 2-3 personas

Para el aceite de achiote:

100 ml de aceite de oliva

50 g de semillas de achiote


Para la moqueca:

500 g de lubina cortada en rodajas de 5 cm (sin cabeza)

3 tomates medianos maduros

2 cebollas grandes

4 cebollinos

3 puñados de cilantro

3 limones

3 dientes de ajo

50 ml de aceite de oliva

50 ml de aceite de achiote

100 ml de caldo de pescado

Sal al gusto

Para el pirão de pescado:

100 g de harina de mandioca tostada

400 ml de caldo de pescado

1 tomate

½ cebolla

30 ml de aceite de achiote

Una cucharadita de cilantro picado

Sal al gusto

Preparación

  1. Para marinar el pescado, exprimir el zumo de tres limones. Colocar el pescado en una tartera, salarlo, poner el zumo de limón por encima, taparlo y dejar marinar en la nevera mientras se elabora el resto del plato.
  2. En un cazo, verter 100 ml de aceite de oliva y añadir las semillas de achiote. Calentar el aceite a fuego medio y remover las semillas con una espátula de madera durante unos ocho minutos aproximadamente, o hasta que el aceite esté rojo y las semillas oscuras. Retirar el cazo del fuego, dejar atemperar y verter el contenido en un recipiente de cristal resistente para que se enfríe del todo.
  3. Picar los ajos finos, cortar las cebollas y los tomates en dados pequeños. Lavar, secar y picar fino el cilantro y el cebollino. Dejar todos los ingredientes a mano. Colar el aceite de achiote y reservar 50 ml para la olla de barro y 30 para el pirão de pescado.
  4. Calentar la olla de barro vacía a fuego medio entre tres y cinco minutos. Incorporar 50 ml de aceite de oliva y 50 ml de aceite de achiote y mezclarlos con una cuchara de madera o espátula. Cuando los aceites están calientes, añadir el ajo y rehogar hasta que esté dorado. Agregar la cebolla y rehogar unos cuatro minutos, vigilando que no se queme. Retirar de la olla la mitad de la cebolla con una espumadera y reservar. Añadir al sofrito la mitad del tomate, remover con la espátula y rehogar un minuto. Colocar el pescado encima del sofrito y cubrir con la cebolla reservada y el resto del tomate. Esparcir el cilantro y el cebollino encima de la lubina, agregar el caldo, salar, tapar y dejar cocer a fuego bajo unos 10-15 minutos, sin remover ni destapar.
  5. Mientras se cuece la moqueca en la olla de barro, preparamos el pirão de pescado. Pelar y cortar a dados pequeños la cebolla y el tomate. En el mismo cazo donde hemos hecho el aceite de achiote, calentar 30 ml del mismo a fuego medio. Cuando esté caliente, agregar la cebolla y rehogar un par de minutos. Incorporar el tomate y rehogar otro minuto. Añadir el caldo y salar; cuando esté hirviendo, bajar el fuego al mínimo e incorporamos la harina de mandioca poco a poco. Remover con la espátula sin parar para evitar que se formen grumos y cocer unos tres minutos o hasta que adquiera una consistencia cremosa.
  6. Emplatar la lubina cubriéndola con la salsa y la verdura de la olla, rociar todo con unas gotitas de limón y decorar con un pellizco de cilantro y de cebollino. Dividir el pirão en cuencos individuales y poner una pizca de cilantro. Servir los cuencos con los platos de moqueca para mezclar al momento.
 
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Hachis Parmentier. Receta


Hachis Parmentier. Receta




Ingredientes para 3-4 personas
500 gr de patatas, 250 gr de carne picada de ternera, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 20 ml de vino blanco, sal y pimienta, nuez moscada, 1/2 vaso de leche caliente, un poco de mantequilla, queso emental rallado (opcional.


Tiempo de preparación | 45 minutos
Dificultad | fácil


Como hacer hachis Parmentier
Pela las patatas, trocéalas y ponlas a cocer en agua durante unos 25 minutos. Mientras se van cociendo, vamos a ir preparando la carne.

Se pica finamente la cebolla y en una sartén con un chorrito de aceite se pocha junto con el ajo también picado. Cuando esté dorada añadimos la carne picadapara cocinarla. En el punto medio de cocción de la carne, incorporamos el vino blanco y se deja cocinar hasta que se evapore el vino.

Las patatas ya estarán cocidas, las escurrimos y acto seguido las trituramos con batidora, Thermomix o a mano con el utensilio adecuado. Luego, agregamos la leche y la mantequilla, volviendo a mezclar hasta conseguir un conjunto cremoso. Por útlimo sazonamos con pimienta y nuez moscada.

En un recipiente apto para horno lo que haremos será poner en el fondo una capa de puré, luego de carne y así las iremos intercalando. Y hasta aquí la versión original, en casa nos gusta espolvorear con queso emmental y granitar unos minutos.



hachis parmentier paso a paso
 
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DALE VIDA A TU TORTILLA FRANCESA


Setas y patatas, combinación ganadora




¿Tienes ganas de cenar algo sencillo, pero la tortilla francesa te parece comida de enfermo? Hoy te damos nueve ideas para que la rellenes de cosas apetitosas, y un buen motivo para dejarla abierta.




MÒNICA ESCUDERO

La tortilla francesa a base de huevo, sal -y eventualmente alguna grasa para que no se pegue a la sartén- es la base de una de las cenas o desayunos más rápìdos, básicos, sencillos, económicos y sanos que podemos prepararnos (aunque hay gente que también la come a mediodía, son minoría, según el resultado de una encuesta de la prestigiosa Universidad de… nah, es de Twitter). Sabemos que según la RAE si lleva más cosas ya no es estrictamente francesa, pero hemos decidido apropiarnos del término para referirnos a una tortilla -de dos huevos- que se cierra sobre sí misma, y ponerle un poco de fantasía en el interior.

Para que la tortilla que usaremos como base sea la mejor del mundo mundial, además de usar unos buenos huevos de gallinas felices, solo hay que seguir la técnica que explica a la perfección en el vídeo de aquí abajo Jean Paul Marat, profesor de cocina en la Escuela Hofmann de Barcelona. Tal vez no te salga a la primera, y seguramente tardarás un poco en conseguir la tortilla completamente lisa y perfectamente sellada de Marat, pero las prácticas también serán comestibles, y acabarás llegando al Olimpo tortillero antes lo que crees. A continuación, nueve ideas para rellenar tortillas francesas (y una para dejarla abierta).


Con cebolla dulce Fuentes
La cebolla dulce Fuentes es un prodigio con DO que puede comerse cruda perfectamente porque, como su propio nombre indica, es dulce y no pica. Pero si picas media de esas cebolla y la pochas con una puntita de mantequilla y sal a fuego medio hasta que empiece a ablandarse, y luego la pones sobre dos huevos batidos cuando empiecen a cuajar en otra sartén con un poco de aceite, también puede ser el relleno de una de las mejores tortillas que habrás probado. La ecuación esfuerzo/resultado te sale completamente a ganar, y si tienes un trocito de queso brie o Camembert por la nevera y te animas a ponerle dos o tres trocitos, directamente tocarás el cielo.

Acompáñala con: una ensalada de buen tomate y aceitunas negras.

Con lacón y queso de tetilla
El queso de tetilla fundido es uno de los mayores placeres del mundo, y hay pocos platos calientes que no mejoren al añadírselo. Si a eso le sumas el puntito ahumado del lacón ya tienes el combo galaico completo: esta tortilla no tiene fallo, siempre que usemos trozos pequeños de ambas cosas y siempre a temperatura ambiente, para que no tarden en calentarse más de lo que tarda la tortilla en hacerse. Un puntito de pimentón picante puede darle un punto interesante.

Acompáñala con: una rebanada de pan de hogaza con sabor, al estilo gallego.

Con trufa y pecorino
Para disfrutar de la trufa no hacen falta platos sofisticados ni más de tres ingredientes, y esta tortilla, inspirada en uno de mis platos de pasta favoritos -que lleva los mismos ingredientes, mantequilla y un festival de pimienta negra recién molida-, es una buena muestra. Ralla la trufa y el queso directamente sobre la tortilla abierta cuando empiece a cuajar y cierra con el sistema habitual: cuando el pecorino se haya fundido y el calor haya hecho subir el aroma de la trufa es el momento de comérsela y disfrutar. No necesitas poner mucho de ninguno de los dos ingredientes, pero no intentes sustituir el hongo por eso que llaman “aceite de trufa” porque es muy posible que acabes comiendo tortilla de gaseoducto. Si quieres usar mantequilla en lugar de aceite como grasa, adelante: a este tortilla no hemos venido para sufrir.

Acompáñala con: una base de polenta cremosa (con leche).

Con finas hierbas
Si te ha sobrado un poco de cebollino, tienes un puñado de perejil que amenaza con languidecer o la albahaca que has comprado para la pasta ha cundido más de lo que esperabas, también con susceptibles de acabar en tu cena tortillera. En este caso no las pongas como relleno; mézclalas con el huevo cuando lo batas y conseguirás diferentes sabores y texturas. Puedes usar una sola hierba o más de una, combinadas.

Acompáñala con: unos tomates cherry con ajo y vinagre de Módena salteados un par de minutos.

Con ajo y pimientos del piquillo
No te lances a volcar un tarro de pimientos sobre la tortilla a medio cuajar porque lo que vas a conseguir es una sopa muy poco apetitosa. Para que este invento salga bien, primero tendrás que escurrir bien los pimientos y secarlos con papel de cocina, con cuidado de que no se queden las fibras pegadas. Después pásalos por la sartén con un poco de aceite y un diente de ajo laminado finito, y cuando el ajo esté transparente y el jugo que sueltan los pimientos haya reducido como un caramelo, ponlo sobre el huevo a medio cuajar y procede a cerrarlo. No hace falta gastarse el dinero en unos pimientos enteros: es mejor que sean a tiras (pero navarros, porque soltarán menos agua y tendrán más sabor).

Acompáñala con: unos champiñones salteados.

Con garbanzos y morcilla
Pasa unos trocitos de morcilla por la sartén y, cuando estén prácticamente desintegrados, añade un puñado de garbanzos cocidos y aplástalo todo un poco para que ambas cosas se mezclen y la legumbre se empape de la grasa del embutido. Seguramente te parezca que esto no puede mejorar, pero si lo pones sobre dos huevos a medio cuajar y cierras el invento, verás que las tortillas de legumbres tienen poco que envidiar a las de patatas. Si no tienes morcilla a mano prueba con butifarra -blanca o negra- o un poco de panceta curada.

Acompáñala con: un poco de col o repollo salteados con ajo y un toque de vinagre.

Vaga, al estilo de Sacha Hormaechea
La maravilla definitiva: una tortilla de dos huevos sin cerrar sobre la que pondremos unas cuantas patatas chips -de churrería de verdad, de buena calidad- un poco de jamón ibérico, lomo, butifarra o chorizo en rodajas finas y, si se quiere, unas cuantas piparras dispuestas en el último momento. También se pueden añadir setas, hierbas aromáticas o anchoas: la clave está en servir la tortilla mientras el huevo no ha terminado de cuajar, para conseguir el efecto de la tortillas de patatas ideal: muy jugosa, pero no líquida.

Acompáñala con: no es necesario acompañarla con nada más (tal vez con una copa de buen vino).

Con setas
Pica tus setas favoritas -como mucho un par de cucharadas por huevo, para que siga manteniendo una textura de tortilla- y saltéalas con un poco de aceite y un pellizco de sal. Como en el caso de las hierbas, aquí también mezclaremos las setas con los huevos en el momento de batirlos y ponerlos a punto de sal. Hay que ir con cuidado con el punto de cocción de las setas: si están demasiado crudas, soltarán agua y mojarán la tortilla; si están demasiado secas pueden “beberse” el huevo y dejar la tortilla seca.

Acompáñala con: unas patatas al vapor marcadas en la sartén, o una base de puré de patatas.

De salmón ahumado, cebollino y queso cremoso
Esta tortilla es deliciosa cuando se hace bien, pero tiene más intríngulis del que parece. Primero, el salmón tiene que ponerse en el último momento, porque queremos que esté caliente para potenciar su sabor, pero no que se cocine. Segundo, el queso cremoso -de untar, tipo Philadelphia- se pone muy líquido con el calor, y puede complicarnos mucho la tarea de cerrar la tortilla. Para asegurarnos el éxito en esta misión, alargaremos un poco más la cocción de la tortilla abierta, cuando casi esté cuajada pondremos rápidamente encima el queso en una o dos quenelles, no untado, el cebollino y el salmón -en este orden- y cerraremos con la máxima rapidez posible.

Acompáñala con: una ensalada de pepino.

De puerro, gorgonzola y nueces
Desecha la capa exterior de la parte blanca de un puerro y corta en rodajas unos 10 cm del interior. Póchalo a fuego suave con un poquito de aceite y un pellizco -muy poco, porque el gorgonzola le dará potencia- de sal. Ponlo sobre la tortilla a medio cuajar junto con un trocito de gorgonzola y un par de nueces picadas o unos cuantos piñones tostados.

Acompáñala con: una crema de verdura (o una sopa fría).

 
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ALÓ COMIDISTA: "¿HAY QUE TIRAR EL LÍQUIDO DE LAS CONSERVAS?"




Aló Comidista:


Las sardinitas, qué ricas sooon.. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA



MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

Aló, Comidista vuelve como un clavo a su cita mensual. En este consultorio vale todo: dudas culinarias, enigmas gastronómicos, problemas psicológicos, cuestiones metafísicas y dramas de la vida contemporánea. Sólo tenéis que enviarme un mail a elcomidista[arroba]gmail.com. Responderé a vuestras chorradas preocupaciones el primer viernes de cada mes, salvo festivos, puentes, enfermedad grave o fallecimiento.

Antonio: ¿Hay que tirar el "agua" de los frascos de conserva y pasar por el agua del grifo el alimento de turno antes de utilizarlo? Hasta ahora yo lo hacía pero últimamente he leído opiniones a en contra y me ha surgido la duda.

Querido Antonio, el agua de las conservas es perfectamente comestible. Otro asunto es que te guste más o menos o que te interese para cocinar un determinado plato. Yo lo uso, por ejemplo, en uno de los aperitivos más adictivos que existe, la crema de berberechos para untar, y también trato de aprovechar siempre el aceite de las latas de conserva de pescado, con el que pueden salir unas mayonesas tuneadas o unos aliños brutales. Si la conserva es fiable y de buena calidad, desperdiciar ese caldillo con todo el sabor y los nutrientes que lleva me parece un crimen. Si es una conserva cutrilla y el líquido sabe un poco a Quimicefa, lo tiro.


 
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La mejor boloñesa que has comido en tu vida, durante el confinamiento
Es uno de los platos italianos más cocinados en España, y con razón. La fórmula rápida es sencillísima (carne, tomate frito y a correr). Pero su potencial es tan enorme que no aprovecharlo es una auténtica afrenta culinaria


Foto: Foto: Unsplash/@nerfee.



Por
Álvaro Hermida
03/04/2020


Ya hemos superado (de largo) los 100.000 casos y los 10.000 fallecidos por el Covid-19. Las cifras son absolutamente aterradoras y el fin de los días de confinamiento está todavía lejos. La falta de información o, en su defecto, el exceso de información falsa nos hace la vida mucho más difícil de lo que ya es. Las tensiones en casa se acumulan, la soledad nos agobia y echamos de menos la interacción humana, a la que hemos renunciado, cívicamente, en favor del distanciamiento social tan necesario para poner freno a esta terrible epidemia.

Sí, en efecto, el escenario es pésimo y nuestro optimismo es uno de los primeros caídos en combate. Es por ello por lo que debemos encontrar cualquier tipo de alegría que nos pueda hacer más llevadera la estancia prolongada en nuestro hogar. Por suerte para nosotros, desde Italia llega una de las recetas capaces de cumplir, con creces, este cometido: los espaguetis a la boloñesa.

Cierto es que podemos preparar unos de andar por casa, con tomate frito, un poco de carne y a correr, pero si queremos, por un lado, estar orgullosísimos de lo que hemos creado y, por el otro, disfrutar de una de las mejores boloñesas de nuestra vida, podremos seguir esta receta que, como los buenos juegos de mesa, hará las maravillas de 2 a 99 años de edad.


Ingredientes
  • Medio kilo de carne picada (mezcla)
  • Una cebolla (grandecita)
  • Dos zanahorias
  • Dos dientes de ajo
  • Apio
  • 5 tomates grandes (buenos, ya sean pera, raf o los que encontremos que tengan sabor de verdad)
  • 150 ml de vino blanco seco
  • Agua

Foto: Unsplash/@shootdelicious.


Foto: Unsplash/@shootdelicious.


  • Aceite de oliva
  • Espaguetis nº 5
  • Mantequilla
  • Orégano
  • Pimienta
  • Sal
  • Dos hojas de laurel
Preparación
  1. Pasta y salsa se elaboran de forma separada, no como esas barbaridades que hacen los estadounidenses (sí, mac and cheese, me refiero a ti). Para la pasta, poner a fuego alto (hasta que hierva) una olla con dos litros de agua, el laurel y un puñado de sal. Cuando hierva, añadiremos la pasta y reduciremos el fuego a un término medio (si el máximo es 10, a un 6 o 7).
  2. Mientras esperamos a que se haga la pasta, pelaremos zanahorias y quitaremos el núcleo de los tomates (que si son 'feos' y naturales estará durísimo y entero a pesar de pasar cocinándose horas y horas) para después picarlos junto al apio (lo más fino posible, con lo que una picadora eléctrica puede sernos de utilidad).
  3. Cortamos la cebolla en brunoise y con esta y los dientes de ajo picados, en una sartén con una cantidad generosa de aceite de oliva virgen extra, hacemos un sofrito añadiéndole la otra hoja de laurel.
  4. Antes de que empiecen a dorarse, añadimos la carne con el objetivo de esparcirla y sellarla (que no cocinarla, pues la idea es hacer un guiso).
  5. Cuando no queden porciones claramente crudas en la parte exterior de la carne, añadiremos el tomate, la zanahoria y el apio picados.
  6. Tras un minuto, llegará el momento de sumarle el vino blanco, una cucharadita de pimienta y el orégano.
  7. Llega lo complicado. El vino se echa primero con el objetivo de que sea absorbido en su forma más concentrada por el resto de ingredientes, pero se evaporará a la velocidad del rayo. En este momento es cuando deberemos añadir el agua. Lo ideal es hacerlo poco a poco, de tal modo que no corte la cocción.
  8. Aquí, hay que bajar el fuego lo que podamos, hasta el punto mínimo en el que siguen saliendo burbujas de la ebullición pero poco más.
  9. La idea es reducir, poco a poco, la salsa hasta que nos quede densa y sea muy difícil diferenciar los ingredientes que la componen. En ese momento, estará lista.
  10. Debemos tener en cuenta que tiene que coincidir la finalización de la pasta(que tarda menos de 10 minutos en hacerse) con la de la salsa (que nos llevará un mínimo de media hora).
  11. Cuando los espaguetis estén hechos -olvidemos las 'técnicas' de lanzamiento contra pared y demás sinsentidos, lo que funciona de verdad es probarlos para comprobar que están 'al dente'-, los escurriremos y les añadiremos una pequeñísima cucharadita de mantequilla para evitar que se peguen entre sí mientras se enfrían.
  12. Serviremos los espaguetis primero y, por encima, un buen cucharón de la salsa.

El truco final
El 'queso' rallado del súper está bien para emergencias. Si nos hemos esforzado tantísimo para llevar a cabo esta preparación, profanar nuestro esfuerzo con este preparado lácteo es poco menos que un sacrilegio. Lo ideal es comprar una cuña de parmesano reggiano y rallarlo encima del plato justo antes de comer. Este añadido es como la guinda de un pastel, a la vez insignificante y fundamental.

 
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PLATOS DE PASTA SANOS Y FÁCILES PARA EL CONFINAMIENTO


¿Tienes los armarios de la cocina llenos de pasta y ya no sabes con qué combinarla? Aquí tienes una guía para no caer en la aburridísima lata de atún o el socorrido pero poco sexy bote de tomate frito.




JORDI LUQUE
01/04/2020

¿Se te ha ido la mano comprando macarrones, fusilli o tagliatelle y ahora te preguntas qué hacer con ellos? ¿Estás harto de hervir la pasta y volcar encima una lata de atún desabrida o un bote de tomate frito que te transporta al comedor escolar? No sufras porque esas decenas de paquetes de pasta seca que duermen en un armario de la cocina pueden proporcionar muchas alegrías si sabes cómo tratarlos.

Eso sí, antes de empezar te recomendamos leer los consejos de las hermanas Simili, dos leyendas de la cocina italiana, que veas este vídeo para ahorrarte los errores más comunes al cocinar pasta y que tengas en cuenta que la pasta es una fuente de carbohidratos muy carbohidratada, intenta combinarla con bastantes verduras y un poco de proteína y seguir unas proporciones razonables. Por razonable se entiende una ración de pasta por persona de entre 80 y 100 gramos.


Menos es más
La pasta tiene un sabor neutro y va bien con todo, pero eso no significa que tengas que echarle todo. Como decíamos en este artículo donde reunimos recetas tan treméndolas como unos rigatoni con brócoli, setas, cebolla y gorgonzola u orecchiette con berenjena, ajo, tomate y mozzarela: “Con 4 ingredientes –o menos– y una buena pasta puedes preparar unos platazos de caerte de culo”.

Puedes elegir ingredientes que combinen algo salado –como unas aceitunas, anchoas o alcaparras–, con algo un poco dulce y un poco ácido como tomates Cherry o passata y un elemento aromático; pongamos que albahaca, peladura de limón rallada o ajo. Esta receta de pasta con tomate, ajo y anchoas es un buen ejemplo, como este fresquísimo plato de pasta corta con tomatitos Cherry, albahaca y ralladura de limón.

Para darle una vuelta de tuerca al esencialismo, nada mejor que unos espaguetis con ajo y cayena, el aglio e peperoncino di tutta la vita, son la quintaesencia del minimalismo pastil; y la receta no puede ser más fácil, sencilla y sabrosa. Para cuatro personas, blanquea cuatro dientes de ajo tres veces; luego tritura el ajo con 100 ml de agua y de aceite hasta obtener una crema. A continuación, pon a hervir el agua con sal y, mientras se hace la pasta, calienta la pasta de ajo en una sartén grande con abundante perejil picado, una o dos guindillas secas picadas y sal al gusto. Cuando la pasta esté en su punto, cuélala y mézclala en la sartén con la salsa de ajos y guindillas. Sírvela inmediatamente con un poco más de perejil picado por encima.



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Con cuatro cosas. EL COMIDISTA



Aprovecha el fondo de nevera (o armario)
Si tienes un trozo de calabacín tristón por la nevera puedes convertirlo en el coprotagonista de un platazo junto a un poco de panceta. Si no tienes panceta, puedes usar cualquier otro derivado del cerdo que contenga un poco de grasita y algo de magro, como jamón picado o unas salchichas.
Al principio he disparado contra la lata de atún pero combinándola con yemas de huevo y alcaparras –si no tienes puedes sustituirlas por unas aceitunas picadas– te marcarás una pasta con salsa de atún que no puede ser más fácil de preparar, tienes la receta en este vídeo, pero ahí va: pica una cebolla y pochala en la sartén con bien de aceite durante cinco minutos. Luego añade el atún y desmenúzalo con una cuchara de madera, una espátula, etc. Sube el fuego a tope y añade 200 ml de vino blanco. Deja evaporar el alcohol, añade 125 ml de caldo de pescado y una cucharada de zumo de limón. Cuando espese, echa las alcaparras y 360 gramos de pasta larga hervida. Mezcla bien, añade dos cucharadas de nata y dos yemas batidas, vuelve a mezclar y listo.
¿Que lo que se te están muriendo de aburrimiento en la nevera son unos champiñones? Tira de esta receta de pasta con champiñones, bonito y anchoas y además sacarás brillo a un par de conservas.



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Ese calabacín tiene mucha vida. EL COMIDISTA




Tira de clásicos
La pasta al pesto, la mal llamada boloñesa –es ragú– o la carbonara son clasiquísimos que aportan mucha felicidad y carecen de dificultad (bueno, el ragú es algo laborioso, pero pongamos que estás confinado y tienes tiempo).

Empecemos por el pesto. Además de ser una salsa polivalente que tanto te sirve para aliñar una sepia o alegrar unas zanahorias, también tiene las virtudes de hacerse con la gorra y admitir infinitas variaciones. En este vídeo te contamos tres recetas: la canónica, una elaborada con cilantro y avellanas y la roja, que se prepara con tomate seco. Luego solo tienes que mezclarlo con tu pasta favorita y comerla en frío o caliente. Si quieres llevar tu pesto un poco más allá, puedes preparar esta pasta corta con pesto de mejorana y aceitunas –si no encuentras mejorana estos días, tira por cualquier otra hierba verde– o esta ensalada de pesto de aguacate. Y ya para elevar la cosa a otro nivel, prueba éste de alcachofas y nueces: es un locurón.

La carbonara es food porn italiano en estado puro. La puedes preparar con setas, con anchoas, judías y espárragos e incluso a la marinera, pero si te inclinas por la ortodoxia te recomendamos que veas este vídeo en el que ponemos a prueba cuatro recetas de cocineros famosos. Necesitarás huevos, panceta, queso curado y pimienta.



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No es pesto con cosas, ojo. CLARA PÉREZ VILLALÓN



La salsa –o ragú– boloñesa requiere más ingredientes que las anteriores y tiene una preparación más larga pero la mayor parte del tiempo es de horno, así que no tienes que estar demasiado pendiente de ella. Aquí contamos cómo se elabora una versión bastante fiel a la tradicional del norte de Italia pero hay alternativas, como esta receta de ragú de cordero o esta versión facilísima elaborada con costilla de cerdo.

Por cierto, si quieres tirar de otro tipo de clásicos, aquí tienes tres recetas de mammasiciliana y unos espaguetis con albóndigas sacados de El Padrino que puedes hacer así: coge una sartén y dora ligeramente dos dientes de ajo en una cucharada de aceite. Añade 750 g de tomate natural –o en conserva– triturado a lo bruto junto a 170 g de concentrado de tomate. Remueve y cocina 10 minutos a fuego alegre sin que el contenido se pegue a la sartén y añade 250 g de albóndigas y 2 salchichas grandotas y troceadas. Añade un chorretón de vino, una cucharada de azúcar y salpimenta al gusto. Luego deja reducir la salsa a fuego lento durante 20 minutos, corrige de sal y añade una cucharada de orégano o albahaca fresca bien picada. Cuece 400 g de salsa y sírvela con una cucharada de salsa.


También en frío
Las ensaladas de pasta pueden ser un horror si tiramos de maíz de lata, jamón cocido y aceitunas rellenas , pero tienen su gracia si aplicas cierto criterio.
Como son un mundo aparte, hay que empezar por el principio, es decir, por leerse este artículo con consejos para perfeccionarlas: consejos como cocer la pasta un poco más de lo conveniente para no encontrarla dura cuando se enfríe y prescindir de farfalle y fusilli en favor de otros tipos de pasta, normalmente, corta



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¿Ensalada?. EL COMIDISTA



Estas tres recetas –con calabacín y champis, con judías blancas y tomatitos confitados y una pseudocésar– no se quedan cortas en lo que a hacer salivar bocas se refiere y esta última, con paté y encurtidos, te puede ayudar, además, a abrir alguna lata que tenías guardada: doble combo.
Ya entrados en materia, ahí van algunas recetas. Estos espaguetis fríos con tomate no sé si son una ensalada en sentido estricto, pero se le parecen y están buenísimos. Se preparan así: Lava los tomates, quítales el tallo, hazles una cruz con un cuchillo en el culo y escáldalos en agua hirviendo diez segundos. Pásalos a un bol con agua helada, enfríalos, pélalos, despepítalos y córtalos en dados pequeños. A continuación, junta el tomate en un bol con 6 cucharadas de aceite, media cucharada de tomillo seco y otra media de orégano y un diente de ajo aplastado. Remueve, tapa con film y deja que marine durante una hora como mínimo. Cuando llegue la hora de comer, hierve 350 gramos de espaguetis, cuélalos y reserva un cazo de agua y deja enfriar. Corta otro ajo por la mitad y frota la fuente o el plato donde lo vayas a servir. Junta los espaguetis con su agua de cocción, saca el ajo del tomate picado y añádelo a la pasta y remueve bien para que todo se impregne. Si quieres ir más allá, añade un poco de chorizo picado.


 
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pilou12

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COCINA EN DIRECTO: ARROZ CONFINADO
Si creías que no haríamos más directos, te equivocabas. Este sábado hemos cocinado en vivo un arroz confinado. Aquí tienes el vídeo por si te lo has perdido.


Cocina en directo: arroz confinado - YouTube




Primero fue la tortilla de patatas. Luego, los macarrones gratinados con tomate y chorizo. Y ahora llega otro superclásico de la cocina española: el arroz. Como lo de tomar este plato por la noche es un poco raro, cambiamos de día y movimos la retransmisión al sábado, a las 13.00 (hora peninsular), para comérnoslo a las 14.00. Lo podéis ver en esta misma página, en el vídeo de arriba.


Aunque era un arroz seco y nos basamos más o menos en la receta de la paella, ni la llamamos así ni pretendimos acercarnos a lo que es una auténtica paella valenciana. De hecho, a los que cocinábais en casa os animamos a ponerle los ingredientes que os salieran del garrofó, o directamente lo que tuviérais en la nevera. Vamos, que lo nuestro tiró más para el arroz con cosas, pero bien hecho. Y como siempre, sugerimos prepararlo en versión vegetariana.


El jasca elegido para esta ocasión fue #ArrozConfinado. Si lo hicisteis o lo hacéis en casa, sacadle fotos y compartidla con él en las redes sociales. Por supuesto, también estuvisteis invitadisimos a preguntar dudas o comentar en el chat durante el directo: intenté contestar en la medida de mis posibilidades.

Éstos fueron los ingredientes necesarios. Importante: son para 2 personas; si sois más, multiplicad, que para algo os enseñaron matemáticas en la escuela.


ARROZ CONFINADO VERSIÓN CON CARNE

Para 2 personas

  • 200 g de arroz
  • 250 g de pollo sin piel pero sin deshuesar en trozos pequeños (sustituible por cualquier otra carne)
  • 200 g de costilla de cerdo en trozos pequeños (ídem)
  • 2 alcachofas no muy grandes (sustituible por cualquier otra verdura)
  • 50 g de judías verdes (ídem)
  • 50 g de judías blancas cocidas (sustituible por garbanzos cocidos)
  • 100 g de tomate natural triturado o fresco rallado
  • 2 dientes de ajo sin pelar
  • 1/2 cucharadita de pimentón de la Vera
  • 1/2 de azafrán (si tienes)
  • 1/2 cucharadita de romero (ídem)
  • 1/2 litro de caldo de pollo o de agua
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra
ARROZ CONFINADO VERSIÓN VEGETARIANA

Para 2 personas

  • 200 g de arroz
  • Entre 300 y 400 g de verduras (guisantes, habas, zanahoria o calabacín picados, trozos pequeños de brócoli o coliflor, alcachofas, judías verdes...).
  • 50 g de judías blancas cocidas grandes (sustituible por garbanzos cocidos)
  • 100 g de tomate natural triturado o fresco rallado
  • 2 dientes de ajo sin pelar
  • 1/2 cucharadita de pimentón de la Vera
  • 1/2 cucharadita de azafrán (si tienes)
  • 1/2 cucharadita de romero (ídem)
  • 1/2 litro de caldo de verduras o de agua
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra
¿Y el instrumental? Con esto será suficiente:

  • 1 paella o sartén grande
  • 1 cazuela para calentar el caldo
  • Cuchillos
  • Tabla
  • Un paño limpio húmedo
VIDEO: https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2020/03/26/articulo/1585250845_155773.html
 
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pilou12

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PASTA CREMOSA CON ALCACHOFAS Y SOBRASADA


Pasta cremosa con alcachofas y sobrasada



Preparamos una pasta cremosa como su fuera un risotto y la acompañamos con la verdura estrella de la temporada: la alcachofa. Para rematar, un toquecito de sobrasada fundida.




¿Otra receta con alcachofas? ¡Otra receta con alcachofas! Y las que quedan, ¿o es que no habéis visto nuestro logo? Mientras estén de temporada, estas inflorescencias -que vienen a ser capullos de una futura flor- no faltarán en nuestro recetario ni en nuestra mesa. Sobre todo cuando tenemos la suerte de conseguirlas de proximidad y recogidas casi en el mismo día gracias al Parc Agrari del Baix Llobregat, donde se cultiva una fabulosa alcachofa con D.O.


Si no tenéis ningún caldo decente a mano, simplemente disolved un par de cucharadas de miso en agua caliente: conseguiréis un sustituto muy digno para que la pasta tenga sabor (y color). Yo usé orzo, una pasta de origen italiano muy popular en la cocina griega esencial para el Yuvetsi, un plato donde se mezcla con un estofado de ternera en salsa de tomate y se gratina. Pero también podéis usar piñones e incluso una pasta más grande, como podéis ver en esta receta de fusili con setas y vermut.


Es una comida perfecta para sentar a la misma mesa a veganos, vegetarianos y omnívoros: solo tienes que apartar la ración vegana antes de añadir el queso y no poner la sobrasada en la de los vegetarianos. Es importante que el embutido esté a temperatura ambiente y no frío de la nevera, para que se funda con el calor residual (¿hay algo menos apetecible que la sobrasada fría?). Si queréis hacerlo sin carne, también podéis ser un poco más rumbosos con el queso: ahora que no nos oye nadie, podéis tranquilamente doblar los 40 g de la receta.

Que no os asuste no saber exactamente cuánto va a tardar en hacerse vuestra pasta, ni el líquido que va a absorber: como lo iremos añadiendo cacito a cacito, solo habrá que probarla pasado un tiempo prudencial y ajustarla poniendo más o menos caldo. El ajo asado le aporta un sabor profundo, y aunque no es imprescindible queda de muerte en esta receta, sobre una tostada con un poco de mantequilla o de todas las maneras que te puedas imaginar.

Dificultad

No hace falta tener un máster presencial.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 320 gramos de pasta pequeña (yo usé orzo)
  • Una cebolla grande
  • 6 alcachofas
  • Una cucharada rasa de ajo asado (opcional, pero recomendable)
  • 80 g de sobrasada
  • 40 g de queso parmesano, pecorino o manchego rallado
  • 100 ml de vino blanco seco
  • Unos 900 ml de caldo de verduras, miso o pollo
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
Preparación

  1. Pelar y picar la cebolla fina y pocharla en una cazuela con un poco de aceite.
  2. Mientras, cortar las hojas exteriores y la parte de fuera del tallo de las alcacachofas, y cortarlas por la mitad a lo largo y cada mitad en tres. Añadirlas a la olla, subir un poco el fuego y dejar que se doren durante cinco o siete minutos, removiendo de vez en cuando.
  3. Añadir la pasta y dar vueltas durante un par de minutos más. Salpimentar y mojar con el vino, dejando que reduzca casi del todo.
  4. Añadir un cucharón de caldo caliente y remover. Repetir el proceso hasta que la pasta esté cocinada (el tiempo exacto y la cantidad de caldo depende del tipo de pasta que usemos, el orzo tardó unos 12 minutos).
  5. Añadir el parmesano y el puré de ajo asado -si se tiene- remover, emplatar y servir con la sobrasada por encima.
 
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pilou12

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MENÚ PARA HOY: 'MINIPIZZAS' DE CALABACÍN PARA NIÑOS Y MAYORES


El calabacín ofrece muchas posibilidades



Si cuando ves un calabacín piensas automáticamente en cocinar una crema, te estás perdiendo muchas de las posibilidades de esta hortaliza, con la que incluso puedes hacer minipizzas. De regalo, un menú del día.


MIREIA FONT
06/04/2020


Calabacín en la nevera, crema de calabacín en el plato. No, no y no. Por favor, además de invertir todo nuestro tiempo de confinamiento en Netflix, aprovechémoslo también para salir de nuestra zona de confort culinario. Nuestros comensales lo agradecerán, especialmente los más pequeños de la casa. A lo mejor incluso conseguiremos que no tengamos que perseguirles cual Coyote detrás del correcaminos para que se sientan en la mesa.


¿Minipizzas de calabacín?

Sí. Pizza y críos; uña y carne; tal para cual. Una infancia sin este manjar no es infancia. Primera película de la saga Solo en casa; el detonante argumental es una pelea por una pizza entre Kevin Mc Callister (interpretado por Macaulay Culkin) y su hermano mayor. El pequeño es castigado en su dormitorio y la familia se va de vacaciones navideñas a Francia sin él por error. ¿Y cuál es uno de los momentos clímax del film? La escena en que Kevin usa los diálogos de una película de mafiosos para evitar que el repartidor de pizzas a domicilio le vea. Otra vez la pizza. Siempre la pizza. Y aquí estamos treinta años después del estreno de este clásico infantil hollywoodiense; solos en casa. Solos, solos; solos con compañeros de piso; solos con la pareja o… solos con niños. Que no cunda el pánico, tranquilos y continuad con el confinamiento. Podemos hacer que los benjamines del hogar se entretengan echándonos una mano en la cocina y coman sano.

¿Cómo?
Con un entrante muy resultón; estas sencillísimas mini pizzas que sustituyen la masa de harina por rodajas de calabacín y encima llevan salsa de tomate, mozzarella y orégano.

Repito: ¿Cómo?
Precalienta el horno a 190 grados. Corta el calabacín en rodajas diagonales de 5 mm (corte al bies, para ganar un poco de superfície). Pon papel de horno o de aluminio encima de la bandeja. Añade un poco de aceite y espárcelo bien con los dedos. Coloca las rodajas y hornea durante 10 minutos. Dales la vuelta y otros 10 minutos de horno. Retira la bandeja y con una cucharita echa un poco de salsa tomate, mozzarella, orégano, una pizca de sal y unas gotitas de aceite de oliva encima de cada rodaja. Dale cinco minutos finales de horno o los necesarios para que se funda el queso y se gratine un poco.
Si en lugar de elaborar varias mini pizzas prefieres hacer solo una más grande, para poder ponerle más ingredientes, corta las rodajas más finas para superponerlas y tener más superficie.

En mi casa no hay horno
Ningún problema. Pasa las láminas de calabacín por la plancha y por ambos lados. Transfiérelas en un plato; echa un poco de salsa de tomate, mozzarella, orégano y aceite encima y mételas al microondas a modo grill hasta que el queso esté fundido. Si tampoco tienes microondas simplemente tapa la sartén hasta que el queso se funda (aunque te perderás la parte gratinada, seguirá estando rico). También puedes darle la vuelta y tostar el queso directamente en la sartén, un consejo que solo aplica si la sartén en cuestión es antiadherente.

Tampoco hay calabacines
Pues usa berenjenas, aunque en este caso es posible que tengas que alargar el tiempo de cocción, sobre todo si las rodajas son un poco gruesas. También puedes hacerlo con patata, pero seguro que eso ya se te había ocurrido.

¿Y qué más?
De condimentos extra podemos usar zanahoria, pimiento, cebolla, atún, jamón york, salami, beicon o cualquier resto de embutido anchoas, aceitunas, mezclar diferentes quesos… Cualquier salsa para pasta está invitada a la fiesta -si es pesto, recuerda ponerla al salir del horno-, igual que los restos de guisos o estofados con carne y pescado (mejor con salsa, para que no se sequen, aunque el tiempo de cocción es corto). A diferencia de nuestra paciencia con los críos, la lista de ingredientes de esta receta no tiene límite.

¿Otras ideas con calabacín?
En El Comidista nos gusta hacer magia con esta aparentemente aburrida verdura y de nuestra chistera ya hemos sacado los calabaguetis, que puedes aliñar con tu salsa y queso favoritos y la parmigiana de calabacín que también puedes versionar a tu antojo. También somos firmes defensores de tomarlo en ensalada, por ejemplo a la moruna con un aliño alegre de ajo, pimentón, comino y un buen chorro de vinagre. En este caso va ligeramente cocido al vapor, pero también recomendamos tomarlo crudo, por ejemplo entre los palitos de verduras que usemos para picar hummus -normal, de remolacha y menta o de zanahoria asada- o labneh.

Rebozado o empanado también está para chuparse los dedos -como casi todo-, solo o acompañado de su inseparable prima, la berenjena. Como no sé si todos estáis haciendo tanto ejercicio en casa como los instagramers de turno, os informo de que la plancha también les va estupendamente, sobre todo si los alegras con una salsita de pimiento y almendras. Si has comprado yogures por encima de tus posibilidades, hay otra salsa que puedes hacer para acompañar estas ricas tortitas de calabacín y cebolla.



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Las tortitas en cuestión. RAQUEL BERNÁCER