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Tema en 'Foro de Literatura' iniciado por Serendi, 25 Mar 2018.

  1. pilou12

    pilou12

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    LA LLUVIA AMARILLA

    Julio Llamazares.




    Autor

    Julio Llamazares nació en el desaparecido pueblo de Vegamián (León) en 1955. Licenciado en Derecho, abandonó muy pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, ciudad donde reside. Ha publicado dos libros de poemas, La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982), que obtuvo el Premio Jorgue Guillén, y un insólito ensayo narrativo: El entierro de Genarín (1981). Ha reunido sus principales artículos en el volumen En Babia (Seix Barral, 1988) y Escenas de cine mudo (Seix Barral, 1993), que le han situado entre las figuras más destacadas de la narrativa española actual.



    Sinopsis


    Andrés, el último habitante de Ainielle, pueblo abandonado del Pirineo aragonés, recuerda cómo poco a poco a todos sus vecinos y amigos han muerto o se han marchado a la ciudad. Refugiado entre las ruinas de ese pueblo fantasma, su anciana mente extraviada por la larga soledad sufrida evoca los días en que compartía su tiempo con su esposa, Sabina, y la desapacible aflicción que sintió cuando encontró su cuerpo yerto en el molino, víctima del suicidio, fruto de la desesperación. Se imagina las sensaciones de quien pronto, quizás un grupo de excursionistas en busca de vestigios de otro tiempo, lo encuentre a él bajo el húmedo musgo que ha invadido las piedras, su historia y su recuerdo.



    El tiempo acaba siempre borrando las heridas. El tiempo es una lluvia paciente y amarilla, que apaga poco a poco
    los fuegos más violentos.
    Pero hay hogueras que arden bajo la tierra, grietas de la memoria tan secas y profundas que ni siquiera el diluvio de la muerte bastaría tal vez para borrarlas.
    Uno trata de acostumbrarse a convivir con ellas, amontona silencios y oxido encima del recuerdo y, cuando se cree que ya todo lo ha olvidado; basta una simple carta, una fotografía, para que salte en mil pedazos la lamina del hielo del olvido.


    La lluvia amarilla ( pag. 51)
     
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    Última edición: 11 Jun 2019

  2. Serendi

    Serendi

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    Los amores malditos de Lucía Baskaran
    Una segunda novela de relaciones complejas y tóxicas y de descubrimiento personal
    El libro es un lanzamiento emblemático en la nueva etapa de Temas de Hoy
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    La autora vasca Lucía Baskaran (Imanol Salaberria )
    ANTÒNIA JUSTÍCIA, BARCELONA
    12/06/2019 06:00
    Actualizado a 12/06/2019 07:07


    Es curioso lo que la gente recuerda en torno a un suceso trágico que sacude nuestras vidas. Un olor, una comida, “la última vez que me pinté los labios”. Alicia recuerda que era viernes y que justo acababa de comprobar en el retrovisor del coche que no tuviera carmín entre los dientes. Fue cuando recibió la llamada que le cambió la vida. Su novio, Martín, con el que en una semana se casaría, acaba de morir en un accidente de tráfico. Una tragedia que la sumerge en un proceso de aislamiento y autocompasión, la excusa perfecta para bucear en las miserias de la condición humana.

    Lucía Baskaran (Zarautz, 1988) escribe con las tripas. Duro, contundente, sin florituras. “Escribo hasta que se me agarrotan los dedos, escribo con el corazón en la garganta (...), escupo los silencios y desato la ira...”. En esta su segunda novela, Cuerpos malditos , con una pluma más descarnada si cabe que en Partir , una autoconfesión con la que quedó finalista del premio Herralde de Novela en 2015. La nueva obra tiene la particularidad de ser el lanzamiento emblemático, en el campo narrativo de la nueva etapa de Temas de Hoy, un sello representativo de no-ficción del grupo Planeta que ahora reaparece bajo la tutela de nuevos responsables con un aire de extrema modernidad y la intención de conectar con los públicos más jóvenes.

    Aquí la escritora vasca parte de una tragedia real –“un amigo me contó una historia que le había ocurrido a unos amigos suyos”, explicaba recientemente– para diseñar su particular ley del levirato: Alicia llenará el vacío con el hermano de su novio muerto, Otto, con quien intentará volver a la vida. Y en ese trío que se establece ya en las primeras páginas y del que al principio poco sabemos, la autora nos conduce sin tregua por pasado y presente hacia una conclusión inesperada.

    Desfilan la madre ausente que se autolesiona, la amiga lesbiana o el novio y el amante, ambos infieles

    Por esta novela coral desfilan personajes secundarios que tienen papeles cruciales. Una es Ane, la amiga de la infancia, cuya relación se remonta al día que le propinó un “hija de puta, un tirón de pelo y un escupitajo en la cara”. Un amor a primera vista, incondicional, nunca declarado, que proporciona a Alicia sus primeras experiencias lésbicas y un cálido entorno familiar. También Cristina, la madre ausente cuyas ansias de escapar de la maternidad se traducen en autolesiones a altas horas de la noche; su contrapunto es Mercedes, la madre del novio muerto, cuya relación con su hijo toma un cariz incestuoso e inquietante durante las reuniones familiares. Y Martín, el novio muerto, de quien nos hacemos una primera e impactante imagen: un cuerpo desparramado en el asfalto. Un chico de casa bien al que la autora nos va mostrando poco a poco pero al que no conoceremos bien hasta al final. Lo mismo que ocurre con su hermano, Otto, ambos presentados como el día y la noche, pero que finalmente acabarán siendo dos caras de la misma moneda, ambos infieles, ambos con las mismas miserias.

    También desfilan cuerpos, cuerpos malditos, enfermos, tóxicos, cuerpos que posan... Personas que no se sienten a gusto en su piel y que buscan la manera de librar sus batallas. Alicia se masturba, busca los límites de ese cuerpo, en el que no acaba de encajar. Recuerda su primera regla: “Cómo podía estar segura de que esa sangre era menstrual? ¿No me la habría provocado yo, masturbándome como un animal? ¿No sería esa sangre una muestra más de toda la oscuridad que habitaba en mí?”.

    Situaciones duras que rozan lo demente y que necesitan ser etiquetadas (¡qué manía!) y explicadas a pie de página: gaslighting,body-monitoring, self-objectification... Todo exquisitamente trenzado por un feminismo transversal. Porque, según nos cuenta Baskaran, no podía ser de otra manera.

    Lucía Baskarán
    ‘Cuerpos malditos’

    TEMAS DE HOY. 222 PÁGINAS. 17,90 EUROS
    https://www.lavanguardia.com/cultur...a-baskaran-critica-libros-critica-libros.html
     
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  3. Serendi

    Serendi

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    Diez excelentes libros para amar aún más la gastronomía
    El crítico gastronómico de ABC aprovecha la Feria del Libro para repasar los títulos más interesantes sobre el mundo de la cocina editados recientemente
    Seguir[​IMG]Carlos Maribona@salsadechiles
    Actualizado:14/06/2019 01:59h
    Cocina Madre
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    El Celler de Can Roca ha sido proclamado en varias ocasiones como mejor restaurante del mundo. Sin embargo, tras la cocina moderna de los hermanos Roca se esconde un personaje fundamental, su madre, Montserrat Fontané, una gran cocinera que fue la que trasmitió a sus hijos la pasión por los fogones. Montserrat sigue aún al pie del cañón haciendo cocina tradicional en el restaurante familiar, Can Roca. En este libro, Joan Roca reúne 80 de sus recetas. Sencillas, de las de la cocina de toda la vida. Cocina popular sin complicaciones ni tecnicismos. Las recetas se agrupan en tres bloques: las absolutamente tradicionales, tal como las hacían nuestras madres; otras adaptadas a la cocina actual, aligeradas por tanto; y un tercero que recoge recetas evolucionadas a partir de esa cocina tradicional

    COCINA MADRE. Joan Roca. Planeta Gastro. 23 euros.

    De Carne y Hueso
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    La periodista Critina Jolonch es una de las grandes especialistas en periodismo gastronómico de España. En este libro, que lleva por subtítulo “Conversaciones sobe la gastronomía y la vida”, reúne cuarenta entrevistas realizadas en los últimos meses para su periódico, La Vanguardia, a cocineros y otras personas relacionadas con el mundillo gastronómico. Entrevistas en profundidad en la que la autora saca lo mejor de cada protagonista. Desde Ferrán Adriá o Joan Roca hasta José Gómez, propietario de Joselito, el crítico Rafael García Santos, o el internacional e influyente José Andrés, un amplio abanico de personajes que representan bien el momento actual de la gastronomía española reflexionan a fondo sobre la cocina y sobre sus experiencias profesionales.



    DE CARNE Y HUESO. Cristina Jolonch. Libros de Vanguardia. 22 euros.

    Arzak
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    Juan Mari Arzak es uno de los pioneros de la nueva cocina española. Desde su restaurante donostiarra ha abanderado, junto a Ferrán Adriá, la revolución que ha llevado a nuestra gastronomía a lugares punteros en el mundo. En este libro Gabriela Ranelli nos acerca al personaje y a su cocina, y también a su hija Elena, llamada a mantener encendida la llama de los Arzak y mantener el legado de su padre. En las páginas finales se recogen las 66 recetas más emblemáticas del restaurante en los últimos diez años, creadas en su centro de I+D en colaboración con los cocineros Xabier Gutiérrez e Igor Zalakain. Un bonito repaso a una casa y una familia que son referencia en el panorama gastronómico español.

    ARZAK. Gabriela Ranelli. Planeta Gastro. 49 euros.

    Atrio
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    Situado en Cáceres, Atrio es uno de los grandes restaurantes de España. Sus propietarios, Toño Pérez, en la cocina, y José Polo, en la sala y al frente de una excepcional bodega, lo han convertido en un espacio elegante y refinado (incluido el lujoso hotel que tienen abierto en el mismo edificio) con una cocina donde se unen la tradición extremeña y la modernidad. Todo el peculiar espíritu de esta casa queda perfectamente reflejado en este libro que se asienta sobre tres ejes, la gastronomía, la arquitectura y la enología. La cocina de Toño Pérez, la singularidad del edificio en el que se ubican restaurante y hotel, y la imponente bodega tienen su espacio en las páginas de esta obra. Para ello han colaborado tres grandes especialistas en cada una de las tres disciplinas: el cocinero Ferrán Adriá, el arquitecto Rafael Moneo y el bodeguero Telmo Rodríguez. Todo, con los textos del periodista Julián Rodríguez y 175 excelentes fotografías de Mikel Ponce. Además se incluyen las 40 recetas más emblemáticas del restaurante.

    ATRIO. Toño Pérez y José Polo. Montagud Editores. 59 euros.

    El gusto de la nariz
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    Agustí Peris es uno de los españoles que más saben sobre vino, con una larga trayectoria profesional como sumiller en destacados restaurantes. Miguel Sánchez Romera es un neurólogo argentino establecido en Barcelona que en 1996 abrió un restaurante que llegó a tener una estrella Michelin y posteriormente lo hizo en otras ciudades como Nueva York. Personaje polémico, actualmente dirige una empresa de consultoría gastronómica. En este libro, ambos mantienen un diálogo sobre la alta cocina y los entresijos del mundo del vino, sobre la relación entre ambos. Sentimientos, emociones, belleza y placer aparecen en las páginas de esta obra en la que se desmontan algunos tópicos. Todo en un diálogo profundo y sugerente.

    EL GUSTO DE LA NARIZ. Agustí Peris y Miguel Sánchez Romera. Planeta Gastro. 16,50 euros.

    En Llamas
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    Un interesante ensayo sobre la evolución del hombre ligada a la cocina. El británico Richard Wrangham, profesor de la Universidad de Harvard, es uno de los mayores investigadores sobre chimpancés y otros simios. En esta obra presenta una nueva teoría sobre la evolución humana en la que muestra que el cambio de consumo de alimentos crudos a cocinados fue el factor clave de esa evolución. Cuando nuestros ancestros comenzaron a cocinar, el tracto digestivo humano se contrajo y el cerebro creció. El tiempo que empleaban antes en masticar alimentos crudos y duros podían emplearlo en cazar y cuidar el campamento. En torno al fuego surgieron el hogar y la unión estable de parejas. Para Wrangham, cuando esos antepasados se adaptaron al uso del fuego es cuando nació la humanidad.

    EN LLAMAS. Richard Wrangham. Ed. Capitán Swing. 18,50 euros.

    Comer insectos
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    Los insectos son una fuente de proteínas importante en grandes zonas de México y países vecinos de Centroamérica. También en Asia y en África es habitual su consumo. Allí donde no abunda la carne, en las regiones más pobres, han formado parte de la dieta desde tiempos inmemoriales y están muy presentes en la cocina popular. Isaac Petrás reaviva con este libro una vieja polémica sobre si en España hay hueco para ellos. Petrás empezó a comercializarlos en 2003 en la tienda de setas que su familia tenía en el mercado de La Boquería, Bolets Petras. Algunos de ellos dentro de unas piruletas que tuvieron mucha fama. Sanidad acabó prohibiendo su venta y en 2008 tuvo que cerrar. El año pasado, al autorizarse la comercialización de insectos en nuestro país gracias a una ley de la Unión Europea, reabrió la tienda bajo el nombre BCNInsects. En Comer insectos cuenta sus experiencias por el mundo en busca de diferentes tipos de insectos. Y aporta un completo recetario en el que incluye hormigas culonas, grillos, escorpiones, tarántulas o gusanos de seda.

    COMER INSECTOS. Isaac Petrás. Planeta Gastro. 25 euros.

    El gran libro del té
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    Aunque se desconoce con exactitud su origen, sabemos que el té proviene de la antigua China. Los cuidados de la planta, la preparación de las hojas y de la bebida son el resultado de un proceso cultural de muchos años. En el siglo XVII comienza su expansión por Europa hasta convertirse en una de las bebidas más populares, hasta el punto de que después del agua, el té es la bebida más consumida en el mundo. Este libro concede la importancia que merece a esta infusión y, de forma gráfica y amena, proporciona una visión global del producto, como planta y como elemento cultural. En él se ofrece el contexto histórico y geográfico del té, y las ceremonias que se celebran en torno a él en distintos lugares del mundo. Además, también se describen los útiles, los usos y los rituales que acompañan su preparación y su servicio, y sus propiedades terapéuticas. Culmina la obra una completa guía de más de ochenta variedades de té, organizada en fichas. Una interesante aproximación a esta bebida.

    EL GRAN LIBRO DEL TÉ. Carme Escales y Dolors Massot. RBA Libros. 25 euros.

    Homenaje a la marquesa de Parabere
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    La bilbaína María Mestayer de Echagüe, conocida en el mundo de la gastronomía por el seudónimo con que firmaba sus libros y artículos, Marquesa de Parabere, tuvo una enorme influencia en la cocina española de la primera mitad del siglo XX. Considerada como la mejor escritora culinaria de la época, sus recetarios estaban en todos los hogares. Este libro le rinde homenaje desde dos ángulos. Por un lado recogiendo algunas de sus principales recetas tal y como ella las publicó. Y por otro, la versión que de cincuenta de esas recetas han elaborado otros tantos destacados cocineros españoles del momento, entre ellos Joan Roca, Andoni Luis Adúriz, José Andrés, Ángel León, Elena y Juan Mari Arzak o Martín Berasategui.

    HOMENAJE A LA MARQUESA DE PARABERE. Déborah Albardonedo. Planeta Gastro. 30 euros.

    De entre el humo
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    No es este un libro de cocina. Se trata de una novela policíaca. Pero su autor, Xabier Gutiérrez, es cocinero. Director desde 1990 del departamento de innovación del restaurant Arzak. Y además la trama de la novela gira en torno al mundo de la gastronomía. Se trata de la cuarta entrega de una serie que comenzó con “El aroma del crimen”, publicada en 2015. Siempre con el ertzaina Vicente Parra como protagonista, en esta ocasión el argumento se desarrolla alrededor de un catering. Gutiérrez aprovecha su amplia experiencia tras los fogones para describir con precisión todo lo que tiene que ver con ese peculiar terreno de los catering y de quienes se dedican a él, desde empresarios hasta camareros. La vida y la muerte unidas por la gastronomía.

    DE ENTRE EL HUMO. Xabier Gutiérrez. Destino. 18,50 euros
    https://www.abc.es/viajar/gastronom...mar-mas-gastronomia-201906140159_noticia.html
     
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  4. Serendi

    Serendi

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    Probar del guiso de Satanás.
    Publicado por Karlos Zurutuza
    Fotografía: Andoni Lubaki.

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    El último demonio sobre la Tierra es judío, vive en una buhardilla y tiene como sustento un libro de cuentos en yiddish, «un residuo de los días anteriores a la gran catástrofe». Isaac Bashevis Singer lo sabía porque escribió este, y el resto de sus cuentos, en la misma lengua moribunda. Recordamos su discurso tras recibir el Nobel de literatura (1978): «A los fantasmas les encanta el yiddish, todos lo hablan. El día de la resurrección millones de cadáveres se levantarán de la tumba y preguntarán por el último libro escrito en su lengua».

    A Dios, decía Bashevis, solo le pediría una cosa: alguien que la traduzca. Rhoda Henelde lo hizo al castellano y está ahora sentada enfrente nuestro junto a su marido, Jacob. Nos hemos citado en la sede madrileña de la Federación de Comunidades Judías de España. Pronto descubriremos que haber traducido a los tres hermanos Singer, o a Kulbak, a Bergelson o a tantos otros solo es el capítulo más reciente en la vida de una mujer que llegó al mundo en los albores de la gran catástrofe; justo cuando los fantasmas estaban a punto de enamorarse de su lengua de cuna. Rhoda Henelde nació en diciembre en Varsovia, oficialmente en 1937, pero ella sabe que fue en el 38. Para entonces, el gueto de los judíos ya se había levantado en la capital polaca y ni a su padre, Mordejai Lebenshtein, ni al resto se les permitía trabajar fuera de allí. Que el 30 % de la población de Varsovia llegara a ser recluida en un espacio de apenas el 2 % de su superficie era, además de una atrocidad, un desafío a las leyes de la física.

    Mordejai era un hombre de recursos, capaz de mantener a su familia dando clases de ruso y esperanto. Rhoda dice que había mucha demanda entonces. Lo sabe porque se lo contaron. Aún era demasiado pequeña para entender nada. También cuando su madre se la llevó a Konstantinow Biala Podlaska, su pueblo. Y allí estaban, con los abuelos, cuando los nazis invadieron Polonia y llegaron a Varsovia. Mordejai consiguió huir entre las bombas y, tras llegar a pie, les dijo que tenían que salir del país. Los abuelos se encomendaron a Dios; Rhoda y su madre huyeron escondidas en un carro de heno hasta Gómel, en la actual Bielorrusia. Su padre encontró trabajo de contable en una fábrica de cerillas, lo cual también fue suficiente para vivir humildemente en aquella casita del bosque. Hasta que volvieron a sonar las sirenas y caer las bombas. Las carreras a los refugios son un primer recuerdo de la infancia para Rhoda, pero todavía no tenía edad para entender que no tener pasaportes era un problema. El castigo para ambas sería más leve si Mordejai entraba en el ejército, o eso pensaron en casa. Rhoda dice que no sabe si lo reclutaron a la fuerza o si marchó voluntario al frente con el Ejército Rojo. Lo cierto es que Mordejai desapareció para siempre, y ellas acabaron en Siberia, en un centro para mujeres delincuentes de Tomsk. Al menos no era un gulag, dice Rhoda, aunque hay otros recuerdos tan dolorosos que prefiere atajar antes de retomar el relato.

    En Tomsk, su madre —se llamaba Sime— trabajaba por una ración de pan, y así pasaron tres años hasta que, en el 43, llegó la amnistía de los prisioneros polacos.

    «Nos mandaron a Ucrania, a un pueblo en la región de Krasnodar, donde cursé 1º y 2º de primaria. Para entonces ya hablaba ruso pero el ucraniano me resultaba extraño. Como quería que los niños jugaran conmigo, también lo aprendí». Madre e hija hablaban siempre el yiddish entre ellas. No hemos dicho que es una lengua fascinante: alemán medieval en un 70%, y el resto repartido entre vocablos hebreos, eslavos e incluso arameos. Se dice que Ludwik Lejzer Zamenhof construyó el esperanto sobre la gramática de su yiddish materno, el mismo que Isaac Asimov perdió al poco de emigrar a Estados Unidos, o el que Leonard Cohen y Woody Allen no llegaron a heredar de sus padres. El cineasta decía recordarlos hablando su lengua siempre entre susurros. Tanto ellos como la mayoría de los que sobrevivieron a la gran catástrofe se la llevaron así a la tumba.

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    Éxodo

    Sime y Rhoda pasaron dos años en Krasnodar, donde celebraron el final de la guerra poco antes de que el gobierno ruso anunciara la repatriación de todos los judíos polacos a Polonia. Eran viajes larguísimos, siempre en trenes de ganado. Así llegaron a Zgorzelec, en la región polaca de la Baja Silesia. «Era una ciudad bombardeada, pero éramos libres: estábamos en nuestra patria. Entrábamos en casas porque la ciudad estaba vacía. Nunca había visto una casa normal, con mesas, mantel, etc. Todos los días rebuscábamos en el escombro y encontrábamos ropa y juguetes». Los antiguos ocupantes habían sido alemanes. Su ropa seguía en los armarios y su comida en las cocinas, como si fueran a volver a las pocas horas de haberse marchado precipitadamente. Entretanto, la madre y la hija disfrutaban juntas de un primer momento de libertad. Un día la pequeña encontró un saco lleno de billetes. «Fui corriendo donde mi madre pero me dijo que podía seguir jugando con ellos, que ya no valían nada. Era dinero nazi».

    La llegada de ciudadanos polacos puso fin a todo aquello. Ahora eran ellos los que perseguían a los judíos; parias a los que estaba permitido insultar, golpear, e incluso matar a palos si era necesario; «un lugar en el que morían hasta los gallos de hierro de las veletas», que habría dicho el demonio de Bashevis. Encerradas en aquella casa, los estantes con comida no tardaron en quedar vacíos. Justo cuando madre e hija se debatían entre morir de hambre o arriesgar la vida en la calle, oyeron voces en la escalera. «Hablaban en yiddish, eran de la Jewish Brigade», recuerda Rhoda, refiriéndose a esa brigada de judíos llegada de Palestina al amparo de Churchill. Tenían orden, después de haber luchado contra los nazis, de permanecer en Europa, ayudar a los supervivientes y rescatar a los niños. A Rhoda y a su madre las llevaron a un edificio enorme, «quizás un antiguo hospital», al que llamaban kibutz. No salían nunca de allí, pero Rhoda recuerda que era primavera por una sencilla razón: «Celebramos la Pascua, el éxodo de Egipto, y descubrí que era judía, y no una «sucia judía» como nos llamaban en todas partes. Tengo muy buen recuerdo de aquello».

    Rhoda, que solo dominaba el alfabeto cirílico, aprendía ahora el hebreo de su madre mientras esta pelaba patatas en el patio central del edificio. Sime insistía en volver a su Konstantinow natal, pero los brigadistas judíos avisaron de que Polonia no era lugar para ellos, que los matarían a todos. Preguntaron por los abuelos y les dijeron que los habían mandado a Treblinka. También a los paternos. Se organizó la Brijá, la huida de los supervivientes del Holocausto de Polonia. Les dijeron que era muy peligroso porque ningún país europeo les dejaría cruzar sus fronteras sin documentos. No solo había que hacerlo clandestinamente, sino que debían separar a los padres de sus hijos. «Después de todo lo que habíamos pasado juntas… Fue muy duro», dice Rhoda. Se le vuelve a entrecortar la voz. Tenía siete años cuando la llevaron a un campamento al que iban llegando más niños desde monasterios, desde colegios y hospitales abandonados y campamentos levantados en lo que quedaba de Polonia tras la guerra. «Nos subieron a las traseras de camiones protegidos bajo una lona; atravesamos Ucrania, Rumanía, Hungría… Siempre recogiendo más niños. Pasábamos días o semanas ocultos en lugares lúgubres, como aquel edificio abandonado enorme en cuyo sótano dormíamos rodeados de ratas. Años más tarde descubrí, gracias a un documental, que había sido el hospital Rotschild».

    Solo Checoslovaquia les dejó cruzar de forma legal. Cuando Rhoda vio la nieve en Praga entendió que habían necesitado casi un año para llegar desde Polonia a Alemania. El final del trayecto para todos aquellos supervivientes fue un campamento de personas desplazadas de Alemania; desde uno de ellos salió su madre, buscando entre los niños que bajaban de los camiones. El reencuentro fue todo lo emotivo que uno puede esperar en esas circunstancias. Juntas pasaron cuatro años en cuatro de esos campos. «No solo eran inmundos sino que teníamos que compartir espacio con colaboradores de nazis que no querían volver a sus países de origen». Únicamente la intervención del presidente Truman a través de uno de sus enviados consiguió separar a las víctimas de sus verdugos. Para entonces, el yiddish era la lengua favorita de los fantasmas. En un campo ya solo para judíos, Rhoda cursó 3º de primaria en yiddish y hebreo, porque el plan era llevarlos a todos a Palestina. Durante aquella odisea a través de Europa oriental, su madre se había vuelto a casar, esta vez con Menahem Henelde, un sastre judío de Lodz. Este tenía un hermano en Londres y una tía y primos en América. Tras embarcar en el puerto Bagnioli de Nápoles, llegaron a Nueva York el 22 de diciembre de 1949. Rhoda cumplió los años en mitad del Atlántico; oficialmente once, pero ella sabe que fueron doce. Da igual. Cuesta creer que alguien pueda vivir tanto en tan poco tiempo.

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    América tampoco se lo pondría fácil a los Henelde, pero nada podía ser peor que lo que habían dejado atrás en Europa. Recuerdos de un barbero que se quedó con todos los ahorros de su padrastro nada más desembarcar (cinco dólares), así como de una adolescencia con ropa prestada en un colegio cuyo nivel general era aún más bajo que el de los campos de desplazados en Alemania. De ahí pasó a trabajar como secretaria en un bufete de abogados, donde ahorraba todo lo que podía para pagarse un billete a Israel. Un día, uno de los abogados le dijo que había becas en Estados Unidos para estudiar en Israel. Fue el 10 de abril de 1960 cuando Rhoda pisó el país de los judíos por primera vez. Aprendió el hebreo en un kibutz y se matriculó en Literatura Inglesa y Filología Románica, con literatura yiddish como especialidad suplementaria. En el verano del 61 viajó a Madrid con la intención de perfeccionar el español, y su camino se cruzó con el de Jacob Abecasis, un estudiante de Ingeniería sefaradí.

    «Nos conocimos en la sinagoga y centro comunitario, que no era más que un oratorio tolerado en un sótano de la calle Cardenal Cisneros. Por aquel entonces había en Madrid algún centenar de familias judías llegadas de toda Europa, además de algunas decenas de estudiantes universitarios venidos del antiguo Marruecos español, como yo mismo», interviene Jacob. «Éramos universitarios de casi todas las facultades; organizábamos reuniones los sábados, manteníamos una revista oral… Yo tenía mi base de conocimiento del hebreo de niño de Tetuán porque provenía de una familia conservadora y Rhoda fue mi profesora para perfeccionar el idioma».

    La última página

    Se casaron en el 68 y, a partir de entonces, tuvieron a sus tres hijos mientras encadenaban temporadas entre España e Israel. No fue hasta el año 2000 cuando Rhoda recibió la primera propuesta de traducir a Bashevis, aunque este último llevara muerto desde el 91. Tras recibir el Nobel, varias de sus obras se traducen al castellano desde la versión inglesa, pero no todas. Sombras sobre el Hudson se había publicado por entregas en el diario yiddish neoyorquino Forward entre 1957 y 1958. En ella, Bashevis cuenta el ocaso del judaísmo centroeuropeo al que pertenecía a través de una serie de supervivientes del Genocidio varados en Manhattan: son los Grein, los Luria, los Makaver… Han perdido a sus madres y a sus hijos en el Yiddishland, la tierra del yiddish, pero sus fantasmas les han acompañado hasta el otro lado del océano. En España será Ediciones B la que se lance a publicar esta perturbadora novela en el año 2000. Tras comprar los derechos para la traducción desde el original, los editores se topan con la dificultad de encontrar a alguien que lo haga desde el yiddish.

    «Nos contactaron a través del grupo de conversación y lectura que tenemos desde el 92 en Madrid para mantener la lengua. Mis hijos insistieron y, al final, me animé», explica Rhoda. La constatación de que era ella la traductora que Bashevis había pedido a Dios llegaría poco después. «Hay muchos dialectos del yiddish pero resultó que el de Bashevis era el de mi madre. ¡Era justo el nuestro!». Desde aquello, Rhoda y Jacob han firmado la traducción de media docena de autores. De Israel Joshua Singer, hermano mayor de Bashevis, dicen que era mucho mejor novelista que este, pero que murió demasiado joven. También han traducido a Esther, la hermana mayor de la que ambos renegaron; «no el padre, pero sí la madre y los hermanos. Era epiléptica. Es una historia muy triste», dice Jacob. Sobre el futuro de una lengua que fue cercenada físicamente en su momento de mayor esplendor, la pareja se muestra optimista:

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    «En América se han creado grupos laicos para mantener la lengua y se enseña en cursos de verano en Tel Aviv, e incluso en Alemania», aduce Rhoda. Es cierto que el yiddish sigue vivo en comunidades ultraconservadoras como los jasídicos neoyorquinos, que usan el hebreo solo para leer los libros sagrados. Tal es la paradoja lingüística de los judíos: la lengua oficial en Israel, el hebreo, llevaba muerta dos mil años cuando se rescató de las escrituras a finales del siglo XIX. Su imposición como única lengua oficial tras la creación del Estado judío fue un elemento de cohesión social clave, pero también una mordaza para otras que se habían hablado durante siglos y seguían aún vivas, como el yiddish. Datos recogidos por el Consejo de Europa finales del siglo pasado situaban el número de hablantes en todo el mundo en torno a los dos millones, una cifra que podría haberse reducido considerablemente a día de hoy, y que palidece aún más cuando uno piensa que sumaban en torno a doce millones antes del Holocausto.

    Se ha perdido mucho, casi todo. Rhoda recuerda que su abuela sabía el polaco justo para defenderse en el mercado, y que vivió el momento en el que yiddish salía del barro de la diglosia. Fue en 1864 cuando Sholem Yankel Abramovich, un escritor ilustrado de Lituania consagrado en hebreo, escribió Dos kleyne mentshele (El hombrecillo) en yiddish. Su publicación fue la puesta de largo en la literatura moderna de una lengua rica y flexible; el código para desvelar una cosmogonía judía no necesariamente religiosa. El último demonio de Bashevis lo explicaba mucho mejor: «Satanás ha cocinado un nuevo guiso, y ahora los judíos han producido escritores».

    Rhoda quiere pensar que la lengua sobrevivirá a los embates del futuro. Llegó esperanzada de su reciente visita a Rumanía, donde recientemente fue invitada a una feria de teatro y a participar en un simposio sobre el yiddish. En el hotel junto al teatro todo el mundo hablaba la lengua, hasta los propios israelíes. «¡Era Yiddishland!». Le pidieron que hablara de la situación de la lengua en España. La península nunca fue parte de la patria del yiddish pero, según la traductora, el interés por sus autores resulta sorprendente. En Bucarest, el antiguo director del Forward, que ahora tiene un digital en ese idioma, le pidió el papel de su disertación para publicarlo. También menciona a Evgeny Kissin, el reconocido pianista clásico ruso —hoy ciudadano británico e israelí— sorprendido de que en España existiera el yiddish, quien le escribió una carta donde le explicó en yiddish que quiere recuperar la lengua de su infancia de su abuelos. Se conocieron en persona durante su último concierto en Madrid, en la que el músico también quiso reunirse con el grupo de hablantes en su reunión mensual.

    No es raro ver a Kissin recitar en publico, y con auténtica devoción, poemas como Di freyd fun yidishn vort («El gozo de la palabra yiddish»). Pertenece a Yankev Glatshsteyn, un poeta judío nacido polaco a finales del XIX y muerto americano en 1971, justo el año en el que nació Kissin. Bashevis habría achacado la casualidad a ese demonio que se agarra a un libro de cuentos en yiddish. «Mientras las polillas no hayan destruido la última página, tengo con qué jugar», nos traduce Rhoda.

    https://www.jotdown.es/2019/06/probar-del-guiso-de-satanas/
     
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  5. Serendi

    Serendi

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    Heroína y guerrillera: el martirio de La Pardala, la pesadilla española del «gánster Napoleón»
    En «El canto de La Pardala» (Edaf, 2019), Fernando Martínez Laínez aborda la historia de una de las heroínas olvidadas de nuestro país: María Josefa Bosch
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    Seguir[​IMG]Manuel P. Villatoro@ABC_Historia
    Actualizado:20/06/2019 07:47h
    La gran mentira nacionalista de que los catalanes fueron marginados en América
    Pocos son los datos capaces de narrar las desventuras de María Josefa Bosch, más conocida (aunque no en exceso) como «La Pardala». Hasta ahora, la vida de esta heroína de la Guerra de la Independencia española navegaba entre las turbulentas aguas de la realidad y la leyenda (a veces inseparables en lo que se refiere a nuestro pasado más castizo). Por ello, la labor del incombustible Fernando Martínez Laínez es tan loable; porque, en su nueva novela histórica ( «El canto de La Pardala» -Edaf, 2019-) ha buceado entre los escasos documentos existentes para asirse a la realidad y, sobre ella, crear una deliciosa ficción capaz de explicar de forma pormenorizada los vaivenes de este olvidado personaje.

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    Laínez, finalista del Premio Planeta, encadena así una narración cuyo objetivo es alzar hasta su merecido pedestal a «La Pardala». La guerrillera, la espía y -por desgracia- también la mártir. «Murió después de sufrir mil injurias y torturas», desvela el autor en declaraciones a ABC. En sus palabras, María Josefa fue prendida y colgada «de una horca en el travesaño improvisado entre dos conventos» sin juicio previo. No hizo falta. El inmenso odio que había generado su ayuda a las partidas locales la condenó. Ese fue el culmen de un martirio en el que la española fue paseada por las calles «subida a un borrico para provocar las burlas del vecindario» y golpeada hasta la extenuación.

    «La Pardala» fue también uno de los muchos ejemplos de españolas que, durante la Guerra de la Independencia, se alzaron contra el invasor francés. Una de tantas cuyo valor insufló ánimos en los usurpados; pero también una de las miles que han sido ocultadas en el fondo de un cajón por una u otra causa. «¿Quién va a recordar a La Pardala en un país donde declararse patriota, y sobre todo serlo, es objeto de escarnio? Un país donde exhibir una bandera nacional (la bandera de Carlos III y la I República, no se olvide) se considera una provocación o ser tildado de “facha”», afirma a este diario Laínez con una mezcla de amargura y tristeza.

    Por otro lado, Laínez es firme defensor de que, sin personajes como «La Pardala» (los cuales forman un «pasado común») Napoleón podría haber avanzado sin oposición por la Península Ibérica. Y lo cierto es que no le falta razón, ya que -mediante sus malas artes- logró convencer a las autoridades hispanas de que permitiesen pasar a su ejército sin oposición alguna hasta Portugal. «Dejando aparte sus cualidades militares, Napoleón fue un gánster político, y en plena guerra ya había decretado la anexión pura y dura a Francia de toda la parte de España al norte del río Ebro», añade el autor. Si ya conocemos a Manuela Malasaña o Agustina de Aragón, ahora es el turno de la buena de María Josefa...

    1-¿Ha sido difícil hallar información sobre ese personaje? ¿Era su verdadera historia desconocida en España?

    Me encontré por primera vez con Josefa Bosch, La Pardala, al indagar sobre una novela histórica que quería ambientar en Morella y la zona del Maestrazgo. Una tierra incomparable en el corazón de España. Allí descubrí que había una torre casi destruida en el castillo-fortaleza de Morella que lleva ese nombre. A partir de ese rastro inicié la indagación, pero los datos concretos sobre su figura eran, y siguen siendo, escasos y fragmentarios. En ese sentido puede decirse que su historia verdadera es casi desconocida. Fue una heroína que apenas dejó documentada su existencia, pero que sin embargo mantuvo su leyenda en la memoria del pueblo.

    2-¿Qué hay de verdad y qué de mentira en la leyenda de La Pardala?

    La verdad es que fue una mujer que combatió como guerrillera y en la clandestinidad por oponerse a los invasores de su país, y eso hizo que sufriera martirio y fuera ahorcada vilmente. A partir de ahí, los datos ciertos y la leyenda se entremezclan, como sucede en cualquier hecho heroico con el transcurso del tiempo.

    3-¿Cómo vivió Josefa sus primeros años? Parecen que existen pocos detalles sobre ellos...

    Está documentado que nació en la localidad turolense de Mirambel, un pueblo de solera ancestral que Pío Baroja ambientó en una de sus novelas. Sus padres y abuelos residieron allí desde muy antiguo. Eran gente de clase media con algunas tierras de labranza. Josefa llevó una vida muy normal y se trasladó con su marido a Morella al casarse, cuanto tenía 17 años. La familia de su marido estaba vinculada al gremio de los tejedores, con una industria artesanal bastante desarrollada, y La Pardala se integró en ese mundo como una trabajadora más en el taller familiar. No tuvieron hijos y estaba destinada a una vida apacible de no ser por la invasión napoleónica, que lo trastocó todo.

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    Fernando Martínez Laínez - ABC
    4-¿Se mostró partidaria desde el principio de la Guerra de la Independencia a la causa patriótica?

    Así debió de ser, porque los acontecimientos de aquel momento histórico en todo el reino de Valencia se produjeron muy rápidos. La insurrección popular que se inició el 2 de mayo de 1808 en Madrid se extendió por toda España con una velocidad increíble para la época, ante la pasividad, o incluso el rechazo, de muchos altos mandos militares y civiles, la jerarquía eclesiástica y una buena parte de la nobleza. El levantamiento supuso una gran derrota moral de la Francia napoleónica, que echó por los suelos las ilusiones de “fraternité” proclamadas de boquilla en España desde París.

    Los franceses no podían imaginar a un pueblo furioso que en su gran mayoría estaba dispuesto a morir con sus mujeres y sus hijos, arriesgándolo todo sin medir las consecuencias contra el mayor ejército de la época. Se trató de una guerra de agresión y pura rapiña contra un pueblo traicionado por su propia clase dirigente y Napoleón. Poco a poco, La Pardala experimentó la misma transformación de muchas mujeres en esa guerra, al pasar de llevar una vida hogareña a participar decididamente en la lucha de guerrillas.

    5-¿Se alzó Morella en contra del francés invasor? ¿Cuál fue el papel de la resistencia en esa región?

    El ardor patriótico se impuso en casi todo el Maestrazgo, el Bajo Aragón y Castellón, aunque la población estaba sobrecogida y desconcertada por la falta de medios. La población apenas tenía defensas. Los franceses entraron en Morella varias veces exigiendo tributos y saqueando, y terminaron instalando una guarnición en el castillo, un emplazamiento de gran valor estratégico, que bien defendido era casi inexpugnable.

    El papel de la resistencia sigue la pauta marcada en muchos lugares de España. Derrotado en campo abierto el ejército regular, la guerra popular de guerrillas se extendió pronto a todos los territorios ocupados. Fue una guerra total, sin reglas ni cuartel, como no se había conocido antes en Europa, que sirvió de inspiración a otros países como Alemania o Rusia, pero quebró el desarrollo normal de España en el siglo XIX, en un momento en que otros países de Europa alcanzan su apogeo. Para España la herencia fue funesta, ya que las derrotas ultramarinas no vinieron solas, sino acompañadas del rosario de guerras civiles y tendencias separadoras que todavía no hemos superado.

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    Recreación de Agustina de Aragón
    6-¿Cómo colaboraba con la guerrilla Josefa? ¿Fue determinante su labor?

    Las principales partidas guerrilleras en la zona del Maestrazgo eran las del fraile franciscano Asensio Nebot y el sargento José Milián. La Pardala tuvo que participar en esas acciones que -como era habitual- no quedaban registradas en ningún sitio. Josefa era confidente y espía del sargento Milián, y mantuvo continuo enlace entre las partidas refugiadas en los montes y los patriotas der Morella, pasó información, proporcionó armas y dio refugio en su casa a los españoles perseguidos. Su papel debió de ser importante porque la ahorcaron sin juicio alguno después de tenerla varios meses sometida a humillaciones y malos tratos.

    El historiador y cronista morellano, Carlos Sangüesa, ha dejado testimonios documentados de que La Pardadla intervino decisivamente en un golpe de mano por sorpresa el 31 de diciembre de 1810 que realizaron José Milián y su grupo. El asalto estuvo a punto de recuperar el castillo y se saldó con la captura de cincuenta prisioneros franceses, lo que supuso una gran humillación para los ocupantes. A partir de ese momento, La Pardala tuvo que escapar de Morella y abandonar su casa, pero sus méritos quedaron reconocidos por la Junta de Valencia, que la premió con seis reales de vellón diarios y la declaró oficialmente “patriota benemérita”.

    7-¿Por qué fue prendida? ¿Fue acusada por españoles afrancesados?

    Tras el asalto a Morella, Josefa era una mujer marcada, y el cerco de los franceses se fue estrechando. Seguramente pusieron precio a su cabeza y después de ir a Valencia quizá pudo refugiarse un tiempo en Mirambel, donde todavía debían de quedarle parientes y amigos de su época juvenil.

    No está claro, sin embargo, qué la motivó a regresar a Morella y meterse otra vez en la boca del lobo cuando la detuvieron. En eso seguramente tuvo que ver la delación de algunos de sus convecinos afrancesados que deseaban vengarse de ella y congraciarse con los ocupantes.

    «Murió el 17 de agosto de 1811 después de sufrir mil injurias y torturas»
    8-¿Cómo fue ejecutada?

    Murió el 17 de agosto de 1811 después de sufrir mil injurias y torturas. La colgaron de una horca en el travesaño improvisado entre dos conventos, uno de franciscanos y otro de monjas agustinas. Los franceses quisieron exponerla a la vergüenza pública y pasarla por las calles de la ciudad subida a un borrico, para provocar las burlas del vecindario. La enterraron en el cementerio de Morella y le cantaron una misa funeral de cuerpo presente.

    9-¿Cuál es la importancia histórica del personaje?

    Josefa Bosch fue una mártir patriota en la guerra más larga y cruel librada dentro de España. Una contienda terrorífica en la que España logró mantener su independencia a costa de quedar arruinada y dividida ideológicamente en bandos cerriles irreconciliables. Lo que vino después fue una agonía histórica cuya secuela todavía no hemos superado.

    Pese al revisionismo académico de ciertos sectores, resulta correcto calificar esa contienda como Guerra de Independencia, porque es falso que lo que se ventilaba fuera cambiar un régimen político por otro más “progresista”, como pensaban con ingenua bobería muchos afrancesados. Dejando aparte sus cualidades militares, Napoleón fue un gánster político, y en plena guerra ya había decretado la anexión pura y dura a Francia de toda la parte de España al norte del río Ebro. Se trató de una ocupación pura y simple, que hubiera hecho de España un país cipayo, un satélite servil de la “grandeur” francesa.

    Necesitaríamos personajes como La Pardala como ejemplo, para establecer una historia común, por encima de luchas intestinas, y más en un país tan tribal y mentalmente fragmentado como España. Hacer nuestros figuras y lugares que permitan construir un relato histórico de entendimiento común. Sin ese sentido colectivo todo se diluye en una caótica atomización individual, sin futuro propio frente a países más fuertes.

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    Representación de la Guerra de la Independencia
    10-¿Por qué ha caído en el olvido?

    ¿Quién va a recordar a La Pardala en un país donde declararse patriota, y sobre todo serlo, es objeto de escarnio? Un país donde exhibir una bandera nacional (la bandera de Carlos III y la I República, no se olvide) se considera una provocación o ser tildado de “facha”. Hay una vena delirante en todo esto, que deriva de la carencia de relato histórico común. Para la visión “progre” liberal, y políticamente correcta, resulta molesto reconocer que la brutal invasión napoleónica fue una pura guerra de agresión y provocó la división radical que vino después y que se palpa hoy en los separatismos de aldea. En el fondo, los guerrilleros eran proletarios insurrectos en una España de tradiciones muy arraigadas que, tras descubrir y conquistar medio mundo, no pudo convivir con sus propios fantasmas históricos.

    11-¿Qué dificultades ha tenido a la hora de novelar su historia?

    La mayor dificultad ha sido dar forma a una historia que encajara literariamente las piezas de los datos reales sobre el personaje con la parte imaginada de forma verosímil, dando coherencia al conjunto de la novela. Mi inspiración en este sentido debe mucho a Baroja y Galdós, que siguen siendo las dos cumbres de la novela histórica española.

    12-¿Debe España un reconocimiento mayor a las heroínas de la Guerra de la Independencia?

    Sin duda. Entre otras cosas para poner de relieve el papel tan destacado de las mujeres españolas en esa guerra, soportando abusos y violaciones sin cuento de la soldadesca enemiga. Ahí están los dibujos de Goya para dar una leve idea de lo que sufrieron. Además de entregar a la patria lo que más querían: sus hijos, combatieron cuando llegó la ocasión como un soldado más, arrastraron cañones, cuidaron heridos, crearon un cerco de hostilidad y rechazo a los invasores, padecieron torturas y dieron su vida cuando les llegó la hora, como ocurrió con La Pardala. En la mayoría de los casos lo hicieron de forma anónima, sin dejar rastro de su heroísmo. Si España tuviera la memoria que ellas merecen, el monumento a estas mujeres debería dejar pequeño al que Nelson tiene en el centro de Londres, por no hablar de libros, películas o series de Tv sobre el tema. Es así como se crea cultura histórica solidaria.

    https://www.abc.es/historia/abci-he...la-ganster-napoleon-201906190111_noticia.html
     
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