Princesa Aiko cumple 15 años. Dec. 1, 2016

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La princesa Aiko, de 14 años, parece ser otra víctima de la depresión en la familia imperial japonesa. Según los últimos reportes, no sale de su casa desde el 26 de septiembre tras sufrir problemas de estómago y mareos atribuidos a la fatiga por estudiar para sus exámenes y entrenar para una competición deportiva en su escuela secundaria, y no sale ni para ir a la escuela.

La preocupante situación de la joven princesa no es un rumor. Según la Agencia de la Casa Imperial, la nieta del emperador Akihito sufrió de falta de apetito y no podía mantenerse en pie de forma estable. Nobutake Odano, gran maestre de la residencia de los príncipes herederos, afirmó que Aiko se está recuperando pero necesita más tiempo antes de regresar a la escuela y que su última revisión médica no encontró ningún problema grave.

Aiko es la única hija del príncipe Naruhito, primero en la línea al Trono del Crisantemo, y su esposa Masako, que sufre problemas de salud mental relacionados con el estrés desde hace más de una década. Nacida en diciembre de 2001, su nacimiento defraudó profundamente a la corte imperial y gran parte de los japoneses, que esperaban un príncipe varón que pudiera convertirse en el futuro emperador. Como la Ley Imperial de 1947 impide a las princesas acceder al trono, la niña no tiene derechos sucesorios. Recibió de parte de su abuelo el título de Princesa Toshi.



Aiko, conocida como “la princesa que apenas sonríe” experimentó problemas de adaptación en la escuela a la que asiste, la prestigiosa escuela Gakushuin de Tokio. Durante varios meses entre 2010 y 2011, cuando acudía a la escuela primaria, la princesa Aiko tuvo que ser acompañada a clase diariamente por su madre , después de que a la niña le afectara el “comportamiento brusco” de algunos compañeros de su curso. Masako tuvo que cancelar actividades oficiales debido al cansancio y a la preocupación de tener que cuidar de su hija.

MASAKO Y MICHIKO, LAS OTRAS VÍCTIMAS

La depresión parece ser un factor común entre las mujeres de la casa imperial japonesa, de 2.600 años de historia. Al parecer, emperatrices y princesas han sido víctimas del más que estricto protocolo gobernante en el Palacio Imperial de Tokio así como de los férreos funcionarios de la “Kunaicho” (Agencia Imperial), que organizan, planean y calculan al milimetro la vida completa del emperador y su familia. La emperatriz Michiko, la primera mujer plebeya que ingresó a la familia imperial por matrimonio, fue víctima de la presión cortesana y de las críticas de su suegra, la emperatriz Nagako, que le cuestionaba la forma “burguesa” en la que crió a sus tres hijos. Cuatro años después de su boda, en 1959, sumida en una profunda depresión y al borde de un ataque de nervios, enmudeció temporalmente.(la suegra de Masako lo pasó mal)

Después de la coronación de su marido, la nueva emperatriz sintió aún más el peso de la corona y sucumbió. En 1993, la emperatriz dejó de hablar y se sumergió de nuevo en un depresivo silencio. Los cortesanos, a falta de una explicación médica, atribuyeron la dolencia a una amargura invencible causada por crónicas falsas y crueles de la prensa sobre su vida. Los médicos atribuyeron esta crisis de “afasia” al estrés que padecía la consorte desde la subida al trono en febrero de 1989 de su esposo, el emperador Akihito, tanto por la presión de sentirse foco de atención pública como por el ansia de lograr la aprobación de la estricta corte imperial. “Pasé por muchas dificultades a la hora de hacer frente a tantas exigencias y expectativas. Incluso aún lo siento (…). Me sentí triste y apenada por no estar a la altura de las exigencias del pueblo (…). Ha sido un gran reto superar mi dolor y mi angustia cada día de mi vida“, dijo Michiko ante la prensa
.



Una revista japonesa criticaba entonces a la emperatriz sus modos autoritarios, su mal humor, su personalidad dominante y sus fastidiosos caprichos. Fideos y tertulias a medianoche o manzanas peladas a las dos de la madrugada eran algunos de los antojos imperiales citados. “Si los sirvientes hacen algo que no le gusta, no cesa de reprenderlos durante horas”, afirmaba el semanario “Takarajima 30”. El disgusto de Michiko, considerada muy vulnerable a las emociones fuertes, fue tremendo.

Su nuera, la princesa Masako, era una moderna diplomática y graduada en Harvard que había recorrido el mundo antes de casarse con el príncipe heredero, Naruhito. Pensaba que al llegar a la corte inyectaría un poco de aire fresco a la longeva institución, pero su sorpresa fue mayúscula. Dos mil años de historia y tradición no pueden derribarse de pronto. Masako no puede salir de palacio sin permiso, no tiene tarjeta de crédito, no dispone de acceso ilimitado a las comunicaciones telefónicas y a los familiares directos, ni cuenta con pasaporte individual, ni rutina ni agenda propia.

Gracias a este protocolo y la presión cortesana, Masako sufrió problemas relacionados con el estrés desde poco después de dar a luz a Aiko. La corte, la prensa y hasta algunos miembros de la familia imperial la criticaron ferozmente por no haber cumplido su “misión”, la de dar a Japón un varón heredero. El príncipe heredero reconoció que su esposa era víctima de los extenuantes esfuerzos de adaptación a la tradición imperial: “De alguna manera, su carrera y su personalidad fueron negadas


Michiko esta haciendo de malvada suegra con Masako, igual que su suegra hizo con ella.
Asi es la cultura janonesa.
Las nueras esperan a ser suegras y entonces hacen sufrir a estas lo que les hicieron a ellas.
Pero hay que tener herederos sino.......
 
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La princesa Aiko, de 14 años, parece ser otra víctima de la depresión en la familia imperial japonesa. Según los últimos reportes, no sale de su casa desde el 26 de septiembre tras sufrir problemas de estómago y mareos atribuidos a la fatiga por estudiar para sus exámenes y entrenar para una competición deportiva en su escuela secundaria, y no sale ni para ir a la escuela.

La preocupante situación de la joven princesa no es un rumor. Según la Agencia de la Casa Imperial, la nieta del emperador Akihito sufrió de falta de apetito y no podía mantenerse en pie de forma estable. Nobutake Odano, gran maestre de la residencia de los príncipes herederos, afirmó que Aiko se está recuperando pero necesita más tiempo antes de regresar a la escuela y que su última revisión médica no encontró ningún problema grave.

Aiko es la única hija del príncipe Naruhito, primero en la línea al Trono del Crisantemo, y su esposa Masako, que sufre problemas de salud mental relacionados con el estrés desde hace más de una década. Nacida en diciembre de 2001, su nacimiento defraudó profundamente a la corte imperial y gran parte de los japoneses, que esperaban un príncipe varón que pudiera convertirse en el futuro emperador. Como la Ley Imperial de 1947 impide a las princesas acceder al trono, la niña no tiene derechos sucesorios. Recibió de parte de su abuelo el título de Princesa Toshi.



Aiko, conocida como “la princesa que apenas sonríe” experimentó problemas de adaptación en la escuela a la que asiste, la prestigiosa escuela Gakushuin de Tokio. Durante varios meses entre 2010 y 2011, cuando acudía a la escuela primaria, la princesa Aiko tuvo que ser acompañada a clase diariamente por su madre , después de que a la niña le afectara el “comportamiento brusco” de algunos compañeros de su curso. Masako tuvo que cancelar actividades oficiales debido al cansancio y a la preocupación de tener que cuidar de su hija.

MASAKO Y MICHIKO, LAS OTRAS VÍCTIMAS

La depresión parece ser un factor común entre las mujeres de la casa imperial japonesa, de 2.600 años de historia. Al parecer, emperatrices y princesas han sido víctimas del más que estricto protocolo gobernante en el Palacio Imperial de Tokio así como de los férreos funcionarios de la “Kunaicho” (Agencia Imperial), que organizan, planean y calculan al milimetro la vida completa del emperador y su familia. La emperatriz Michiko, la primera mujer plebeya que ingresó a la familia imperial por matrimonio, fue víctima de la presión cortesana y de las críticas de su suegra, la emperatriz Nagako, que le cuestionaba la forma “burguesa” en la que crió a sus tres hijos. Cuatro años después de su boda, en 1959, sumida en una profunda depresión y al borde de un ataque de nervios, enmudeció temporalmente.(la suegra de Masako lo pasó mal)

Después de la coronación de su marido, la nueva emperatriz sintió aún más el peso de la corona y sucumbió. En 1993, la emperatriz dejó de hablar y se sumergió de nuevo en un depresivo silencio. Los cortesanos, a falta de una explicación médica, atribuyeron la dolencia a una amargura invencible causada por crónicas falsas y crueles de la prensa sobre su vida. Los médicos atribuyeron esta crisis de “afasia” al estrés que padecía la consorte desde la subida al trono en febrero de 1989 de su esposo, el emperador Akihito, tanto por la presión de sentirse foco de atención pública como por el ansia de lograr la aprobación de la estricta corte imperial. “Pasé por muchas dificultades a la hora de hacer frente a tantas exigencias y expectativas. Incluso aún lo siento (…). Me sentí triste y apenada por no estar a la altura de las exigencias del pueblo (…). Ha sido un gran reto superar mi dolor y mi angustia cada día de mi vida“, dijo Michiko ante la prensa
.



Una revista japonesa criticaba entonces a la emperatriz sus modos autoritarios, su mal humor, su personalidad dominante y sus fastidiosos caprichos. Fideos y tertulias a medianoche o manzanas peladas a las dos de la madrugada eran algunos de los antojos imperiales citados. “Si los sirvientes hacen algo que no le gusta, no cesa de reprenderlos durante horas”, afirmaba el semanario “Takarajima 30”. El disgusto de Michiko, considerada muy vulnerable a las emociones fuertes, fue tremendo.

Su nuera, la princesa Masako, era una moderna diplomática y graduada en Harvard que había recorrido el mundo antes de casarse con el príncipe heredero, Naruhito. Pensaba que al llegar a la corte inyectaría un poco de aire fresco a la longeva institución, pero su sorpresa fue mayúscula. Dos mil años de historia y tradición no pueden derribarse de pronto. Masako no puede salir de palacio sin permiso, no tiene tarjeta de crédito, no dispone de acceso ilimitado a las comunicaciones telefónicas y a los familiares directos, ni cuenta con pasaporte individual, ni rutina ni agenda propia.

Gracias a este protocolo y la presión cortesana, Masako sufrió problemas relacionados con el estrés desde poco después de dar a luz a Aiko. La corte, la prensa y hasta algunos miembros de la familia imperial la criticaron ferozmente por no haber cumplido su “misión”, la de dar a Japón un varón heredero. El príncipe heredero reconoció que su esposa era víctima de los extenuantes esfuerzos de adaptación a la tradición imperial: “De alguna manera, su carrera y su personalidad fueron negadas


Michiko esta haciendo de malvada suegra con Masako, igual que su suegra hizo con ella.
Asi es la cultura janonesa.
Las nueras esperan a ser suegras y entonces hacen sufrir a estas lo que les hicieron a ellas.
Pero hay que tener herederos sino.......
Que horror de vida..
Si la joven no va a ser la heredera que la mande unos cursos a EEUU,Canadá o Australia cuando tenga más ánimos y se libere de tantas normas y corsés.. .
 
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Es una niña con la que los plumillas japoneses se ceban. Siempre sacando sus orejas. Vamos a tener que mandar a Leticia para que le aconseje.
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En el video es extraño como Nariuhito ríe y ella está como sorprendida, como si lo que están leyendo o viendo no es nada gracioso y él sonriendo y sonriendo.

Qué linda en la foto con su madre en el zoológico. Aún era natural a esa edad.
 
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Ay Dios que vida, palacios grandes y riquezas mil para vivir enclaustradas y sin libertad. Nooo yo me quedo mil y un veces con mi apto de 50 m2, felices somos mi esposo, mi hija y yo en nuestra cajita feliz.
 
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Pobre nena. Al menos en occidente se ha controlado un poco lo que se dice en prensa sobre los menores de edad.
Tan estrictos los japoneses con el comportamiento de su familia imperial y podrían poner un freno a ese tipo de acoso de la prensa hacia una niña.
 
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Da pena verla tan esquelética. Ha adelgazado de sopetón. Me ha sorprendido verla así de enjuta porque durante las vacaciones estivales lucía igual que siempre. Se nota que no tiene muchas energías. Es todo orejas y nariz. No parece la Aiko de siempre. Que pena verla así. No sé qué le pasará.....pero la Agencia debería ser más concreta.....porque viéndola o pienso que tiene una depresión o anorexia.