Pauline Ducruet portada de la edición de marzo de la revista Harper's Baazar España

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A mi me recuerda también a su tía Carolina. En esta portada sale muy linda, el maquillaje, vestido, peinado y hasta los retoques que le hicieron (porque los hay) están bien hechos y sin exagerar. Las etiquetas de “ser hija de” siempre las va a llevar y pues le van a abrir puertas. Que lo use a su favor y ojalá si pueda forjarse una carrera.
 
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Es simpática pero no se parece tanto a su abuela... Grace era Grace ni Carlota lo es... ninguna de sus nietas heredero esa personalidad...
Por cierto llegue a pensar que sería una atleta profesional (clavadista) como sus primas Alexandra (patinaje) o Carlota (amazona) pero nada más nada de nada estas mujeres... las veo en las pasarelas y en primera fila para verlas luego entrememdas fachas... (carlotita o Paulina)
 
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Se queja a todas las prensas, foros incluyendo Cotilleando por colocar las fotos personales de Pauline........ y mira ahora...... Pendeja.



psd: a pesar siendo pendeja e hipócrita, está guapa.

tiene la caradura de ponerse a hacer prensa, cuando ha sido borde y grosera igual que su padre... las malas mañas del mamporrero.
y princesa no es, entre otras cosas porque se apellida Ducruet...
qué se hubiese ocupado su madre de embarazarse de algún príncipe...
 
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Grace no tiene rival pero tras aclarar esto Pauline con sus limitaciones la veo con una postura perfecta que si tuviera más gusto para vestirse brillaria y se acercaria un poco a la figura icónica de Grace.
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Si le cambias el tono del cabello y la vistes de princesa...... en movimiento estaria bonita seguro pq tiene materia prima que casi nunca potencia adecuadamente

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En esta foto de abajo se plasma lo que pongo en el mensaje y es muy Grace
Respeto tu opinión, pero yo no logro ver nada de eso.
Grace y Pauline tienen, para mí, todo diferente. La forma de la cara, del cuerpo, la contextura, los rasgos...y ni siquiera tampoco le veo que comparta la elegancia y saber estar. De todas formas es joven, ya encontrará su estilo.
E igualmente es un poco dificil para mí encontrarle a una figura del Hollywood clásico, con toda la manufacturación que lleva encima, algún parecido con una chica del siglo XXI víctima de la moda que no termina de encajar en ningún lado.
Se parecerá en algunas cosillas porque es la nieta pero la verdad...como que no.
En fin, es solo una opinión nada más. Saludos, Marina.
 
OP
V
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EN PORTADA

COSAS DE PALACIO

De princesas y primeras veces. PAULINE DUCRUET, digna heredera de su madre, la princesa Estefanía de Mónaco, abandera la nueva generación de ‘New Royals’ del siglo XXI. En su primer posado confiesa en exclusiva a HARPER’S BAZAAR qué significa pertenecer a una de las sagas más famosas del mundo y cómo la vida la ha llevado a conseguir su sueño, ser diseñadora de moda. Pasen y lean.

Por Beatriz Moreno de la Cova. Fotografía de Greg Kadel Entrevista de Alberto Pinteño

«PERTENEZCO A UNA FAMILIA donde, aparentemente, todo debe ser majestuoso, solemne, regio… Príncipes y princesas. Pero mi madre me enseñó un camino: ‘Lo más importante en tu vida es elegir aquello que te haga feliz, el trabajo que decidas llevar a cabo debe aportarte felicidad, de esta manera te despertarás cada mañana con la alegría de estar en paz contigo misma. Persigue tus sueños’. Y aquí estoy hoy, frente a ti, hablando de moda y diseño, de mi línea de ropa. He alcanzado mi sueño…».

«MI MADRE ES MI MODELO, MI ÍDOLO, UNA MUJER QUE ESTUVO A LA VANGUARDIA; FUERTE A PESAR DE TODO LO QUE HA VISTO Y VIVIDO. SIEMPRE HA HECHO LO QUE HA QUERIDO»

El mismo día que el Parlamento Europeo aprobaba el ingreso en la Unión Europea de Finlandia, Noruega, Austria y Suecia; o Isaac Rabin y Yasir Arafat firmaban el acuerdo de creación de la primera entidad palestina en Gaza y Jericó, o aquella mañana en la que Almodóvar atacaba en Nueva York el sistema censor de Estados Unidos en la presentación de su película Kika, nacía Pauline Grace Maguy Ducruet Grimaldi. Era 4 de mayo de 1994 y Su Alteza Serenísima la princesa Estefanía de Mónaco acababa de dar a luz a su segundo hijo. Llegó al mundo en el hospital que lleva el nombre de su abuela, Princesa Grace, y en homenaje a ella le dieron su segundo nombre de pila. Ese día fue fiesta en el principado y sonaron las salvas. Un año después, la princesa Estefanía contraía matrimonio con el que era su guardaespaldas y padre de sus dos hijos, Daniel Ducruet. En ese momento, Pauline se convertía en la octava en la línea de sucesión al trono monegasco.

Para entonces, el boato y la solemnidad ya estaban fuera de la vida de la princesa Estefanía, por lo que Pauline y su hermano Louis disfrutaban de una existencia poco habitual en una Familia Real. «Mi madre siempre nos educó por igual, no asistíamos mucho a los eventos oficiales e intentó que fuéramos una familia de lo más normal. Esa es nuestra fuerza, que pase lo que pase en nuestro círculo familiar nosotros siempre estaremos unidos», afirma.

No estamos sentados en el Yacht Club de Mónaco, ni en el palacio del principado. Tampoco en un lugar recóndito de la Costa Azul bajo un sol de justicia. El termómetro marca ocho grados bajo cero y nos encontramos en los míticos Milk Studios de Nueva York. Son las siete de la tarde pasadas y Pauline ha mantenido el tipo durante una larga sesión de fotos. Es la primera vez que acepta salir en un editorial de moda de una revista, pero «es un buen momento». Atrás quedaron aquellos días en los que la perseguían para captar una instantánea suya. «De pequeña para mí ser un personaje público fue muy complicado, me preguntaba por qué la gente nos seguía en la calle, no lo entendía. Llegué a pensar que los paparazzi eran malvados. Hoy en día es diferente. Estoy obligada a tener una mente más abierta hacia los medios, porque lo necesito en todos los sentidos y me ayudarán a crecer más», asegura con su voz sensual y una perfecta dicción del francés mientras da un último sorbo a su taza de café negro.

«PASAR DE PALACIO A LA CARAVANA CIRCENSE FUE GENIAL PARA NOSOTROS. LA EXPERIENCIA NOS ENRIQUECIÓ Y NOS AYUDÓ A MANTENER LOS PIES EN LA TIERRA»

Hoy, Pauline tiene 23 años y tras pasar por el famoso Istituto Marangoni de la moda, en París, decidió trasladarse a Nueva York, donde trabajó varios meses como asistente de estilista y fue becaria en Louis Vuitton. De ahí se convenció de que lo suyo era la creatividad y quiso dar rienda suelta a su imaginación, por lo que estudió Diseño de Moda en la Escuela Parsons de Manhattan. Recién graduada lanzó la que es su primera firma de moda, Altered Designs. «Formar parte de la monarquía es complicado, pero no lo veo como una barrera. Al contrario, busco el punto positivo para poder mostrar quién soy. No olvidemos que la familia principesca siempre fue muy moderna: mi abuelo Raniero se casó con una actriz; mi madre estuvo a la vanguardia de todo… A veces creo que esta modernidad ha hecho algo muy bueno en mí, pues me inspira para mis creaciones.
Estoy segurísima de que hay gente muy talentosa en el mundo de la moda, pero no tienen la suerte que tengo yo de ser hija de esta familia. Así que solo puedo agradecerlo y no dejarlo pasar…».

«MI PADRE ES TAN IMPORTANTE COMO MI MADRE. ES MI DIOS, MI HÉROE; ESTAMOS MUY UNIDOS Y ES IMPRESCINDIBLE PARA MI EQUILIBRIO»

Altered Designs nace como una marca nativa digital unisex, que toma la inspiración de colecciones masculinas y femeninas, y que consigue hablar a todos. «Desde muy pequeña he estado rodeada de moda y, al igual que mi madre, me he vestido como me ha dado la gana. De ahí que quiera desdibujar las líneas de los géneros. Por lo pronto estaré entre Nueva York y París para el proceso creativo, la venta es on-line y de vez en cuando haré algunas presentaciones en Milán, Londres o Madrid».

Para Pauline, Nueva York ha significado todo un revulsivo en su vida, la ciudad «donde me he criado como mujer, al principio de venir aquí estaba muy excitada, sentía la independencia familiar, me ha hecho crecer y ser más disciplinada. Pero lo mejor es que puedo ser yo misma sin que me reconozcan. Salgo todas las mañanas en pijama a pasear a mi perra y nadie me molesta, es como mi burbuja de aire, digo y hago lo que quiero. En París, sin embargo, me siento como en casa, allí empecé a hacer lo que realmente me gustaba, pero cada vez más echo de menos mis raíces, mi Mónaco natal, pasar las horas hablando con mi abuela paterna o con mi madre o mi padre…». Cuando le preguntas si prefiere que la llamen Ducruet o Pauline de Mónaco, asegura tajante que ella es Ducruet: «Es mi padre, me ha dado su apellido y él es tan importante como mi madre. Es mi dios, mi héroe, estamos muy unidos y es imprescindible para mi equilibrio».

En 1996, cuando Pauline contaba con tan solo dos años de edad, la princesa Estefanía decidió poner fin a su matrimonio con Daniel Ducruet. Hoy, 21 años después de aquello, no es ningún tema tabú para Pauline y responde con sinceridad: «No tengo muchos recuerdos de la separación, pero mis padres fueron lo bastante inteligentes como para dejar esta historia a un lado para que no nos afectase. Ahora son muy amigos y cercanos, viven en la misma ciudad. Mi madre siempre nos dice: ‘No puedo estar mal con tu padre porque él me ha dado la cosa más maravillosa del mundo, vosotros’». Asegura que esta historia la ha perseguido siempre y que siempre la perseguirá, y siente pena cuando la prensa «mezcla el ámbito público con el privado», aunque invariablemente defenderá a sus progenitores, asevera mientras se echa el pelo hacia atrás con las dos manos, en un gesto clavado al de su madre Estefanía. Si no tanto físicamente, Pauline es al menos en carácter idéntica a la princesa: «Somos iguales, parece que nos fusionamos, me llama mini-moi (mini-yo). Ella es una madre gallina, me llama todos los días para saber de mí. Es mi modelo, mi ídolo, una mujer fuerte a pesar de todo lo que ha visto y vivido. Sigue con la cabeza bien alta porque ha hecho lo que ha querido en su vida. Lo compartimos todo y es la única persona que me conoce perfectamente, no existen tabúes entre nosotras». Son tan parecidas que hasta disfrutan de los mismos hobbies como la natación y el patinaje. Pauline logró tener un excelente palmarés en diferentes disciplinas deportivas como el salto de trampolín, donde llegó hasta el campeonato mundial. «Aparqué el deporte para perseguir un sueño más importante para mí, como mis estudios de diseño. Pero competir ha sido una gran experiencia. El deporte me ha dado unas bases que me ayudan en mi día a día, ese espíritu de querer algo y luchar por conseguirlo. Posiblemente sea competitiva, pero ese genio y esa fuerza lo heredé del deporte». Y si hay algo que las une a madre e hija es, inevitablemente, el amor por los elefantes y el circo. Con tan solo 17 años su madre la nombró presidenta de New Generation del Festival Internacional de Circo de Montecarlo, ocupándose de los jóvenes artistas circenses. No en vano, cuando su madre mantuvo una relación con el dueño de un importante circo suizo, Franco Knie, vivió con su hermano Louis y su hermana Camille en una caravana: «Esa fue una época muy bonita. Volvíamos del colegio e íbamos a ver los elefantes y dar de comer a los tigres. Pasar de palacio a la caravana circense fue genial para nosotros. Éramos unos críos y nos lo tomábamos como un juego. Era divertido porque conocíamos a los hijos de los artistas que eran de nacionalidades diferentes y hablábamos distintos idiomas. La experiencia nos enriqueció y nos ayudó a mantener los pies en la tierra, hay que pensar que para nosotros era una gran aventura. Cuando regresamos a palacio después de dos años de gira se nos hizo muy extraño (risas)».

«NO HE HECHO AÚN NADA EXCEPCIONAL PARA NO SER LA ‘HIJA DE’. TRABAJO DURO PARA ELLO Y UN DÍA ESO CAMBIARÁ. CREO QUE VOY POR EL BUEN CAMINO»

En palacio las cosas no eran tan amenas para ellos, solo les salvaban las largas tardes de conversación con su abuelo Raniero, o cuando su madre les describía a Grace Kelly, a la que ella nunca llegó a conocer: «Mi madre hablaba mucho de ella, porque mi abuela fue quien le enseñó todo. Ella, desgraciadamente, se fue muy pronto y mi madre tuvo que construirse como mujer, aunque siempre la tenemos muy presente. Mi abuela Grace marcó a toda la familia y a los allegados, porque fue una persona que tenía un aura excepcional. Pero como decimos: recordamos lo anciano y amamos lo nuevo». Hoy, la vida en palacio es muy diferente. «Con mi tío Alberto no nos vemos mucho porque todos estamos muy ocupados, pero cuando nos reunimos dejamos todo a un lado e intentamos hacerlo todo juntos. Por supuesto que no somos una familia ‘normal’, sería una tontería decir eso por mi parte, pero cuando estamos fuera de actos oficiales funcionamos como una verdadera familia más». Asegura que las comparaciones son odiosas y dice sentirse muy distinta a su prima Car-lota Casiraghi: «No podemos compararnos, nos entendemos bien y cuando estamos juntas no hablamos de lo que dice la prensa, no le damos importancia. Tampoco lo miro desde esa óptica, yo he nacido dentro de una familia principesca y no he tenido un ojo fuera de la monarquía, siempre he estado en este mundo, pero somos una familia moderna. Supongo que desde fuera pueda resultar extraño».

—La mayoría de las publicaciones en la prensa te describen como Pauline, la hija de la princesa Estefanía de Mónaco, ¿te molesta?

—No, pues pienso que es algo normal. No he hecho aún nada excepcional para no ser la ‘hija de’ o para tener otro título diferente. Trabajo duro para ello y un día eso cambiará, intento hacerme un hueco y un nombre. Y creo que voy por el buen camino…
 
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Son lindas fotos, pero ella no es tan linda. Mandíbula muy larga, frente muy amplia, y muy largo y marcado el puente entre la nariz y la boca.

Ya, qué mala, jejeje. Por otro lado nunca he encontrado que Grace sea TAAAAAN guapa. La que sí es guapa es Charlotte y sus hermanos buenmozones. Y las hijas de Grace también cuando jóvenes, pero ninguna tanto como Charlotte, según yo.

(Sí, sé que es una opinión impopular, jejeje).
 
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De princesas y primeras veces. PAULINE DUCRUET, digna heredera de su madre, la princesa Estefanía de Mónaco, abandera la nueva generación de ‘New Royals’ del siglo XXI. En su primer posado confiesa en exclusiva a HARPER’S BAZAAR qué significa pertenecer a una de las sagas más famosas del mundo y cómo la vida la ha llevado a conseguir su sueño, ser diseñadora de moda. Pasen y lean.

Por Beatriz Moreno de la Cova. Fotografía de Greg Kadel Entrevista de Alberto Pinteño

«PERTENEZCO A UNA FAMILIA donde, aparentemente, todo debe ser majestuoso, solemne, regio… Príncipes y princesas. Pero mi madre me enseñó un camino: ‘Lo más importante en tu vida es elegir aquello que te haga feliz, el trabajo que decidas llevar a cabo debe aportarte felicidad, de esta manera te despertarás cada mañana con la alegría de estar en paz contigo misma. Persigue tus sueños’. Y aquí estoy hoy, frente a ti, hablando de moda y diseño, de mi línea de ropa. He alcanzado mi sueño…».

«MI MADRE ES MI MODELO, MI ÍDOLO, UNA MUJER QUE ESTUVO A LA VANGUARDIA; FUERTE A PESAR DE TODO LO QUE HA VISTO Y VIVIDO. SIEMPRE HA HECHO LO QUE HA QUERIDO»

El mismo día que el Parlamento Europeo aprobaba el ingreso en la Unión Europea de Finlandia, Noruega, Austria y Suecia; o Isaac Rabin y Yasir Arafat firmaban el acuerdo de creación de la primera entidad palestina en Gaza y Jericó, o aquella mañana en la que Almodóvar atacaba en Nueva York el sistema censor de Estados Unidos en la presentación de su película Kika, nacía Pauline Grace Maguy Ducruet Grimaldi. Era 4 de mayo de 1994 y Su Alteza Serenísima la princesa Estefanía de Mónaco acababa de dar a luz a su segundo hijo. Llegó al mundo en el hospital que lleva el nombre de su abuela, Princesa Grace, y en homenaje a ella le dieron su segundo nombre de pila. Ese día fue fiesta en el principado y sonaron las salvas. Un año después, la princesa Estefanía contraía matrimonio con el que era su guardaespaldas y padre de sus dos hijos, Daniel Ducruet. En ese momento, Pauline se convertía en la octava en la línea de sucesión al trono monegasco.

Para entonces, el boato y la solemnidad ya estaban fuera de la vida de la princesa Estefanía, por lo que Pauline y su hermano Louis disfrutaban de una existencia poco habitual en una Familia Real. «Mi madre siempre nos educó por igual, no asistíamos mucho a los eventos oficiales e intentó que fuéramos una familia de lo más normal. Esa es nuestra fuerza, que pase lo que pase en nuestro círculo familiar nosotros siempre estaremos unidos», afirma.

No estamos sentados en el Yacht Club de Mónaco, ni en el palacio del principado. Tampoco en un lugar recóndito de la Costa Azul bajo un sol de justicia. El termómetro marca ocho grados bajo cero y nos encontramos en los míticos Milk Studios de Nueva York. Son las siete de la tarde pasadas y Pauline ha mantenido el tipo durante una larga sesión de fotos. Es la primera vez que acepta salir en un editorial de moda de una revista, pero «es un buen momento». Atrás quedaron aquellos días en los que la perseguían para captar una instantánea suya. «De pequeña para mí ser un personaje público fue muy complicado, me preguntaba por qué la gente nos seguía en la calle, no lo entendía. Llegué a pensar que los paparazzi eran malvados. Hoy en día es diferente. Estoy obligada a tener una mente más abierta hacia los medios, porque lo necesito en todos los sentidos y me ayudarán a crecer más», asegura con su voz sensual y una perfecta dicción del francés mientras da un último sorbo a su taza de café negro.

«PASAR DE PALACIO A LA CARAVANA CIRCENSE FUE GENIAL PARA NOSOTROS. LA EXPERIENCIA NOS ENRIQUECIÓ Y NOS AYUDÓ A MANTENER LOS PIES EN LA TIERRA»

Hoy, Pauline tiene 23 años y tras pasar por el famoso Istituto Marangoni de la moda, en París, decidió trasladarse a Nueva York, donde trabajó varios meses como asistente de estilista y fue becaria en Louis Vuitton. De ahí se convenció de que lo suyo era la creatividad y quiso dar rienda suelta a su imaginación, por lo que estudió Diseño de Moda en la Escuela Parsons de Manhattan. Recién graduada lanzó la que es su primera firma de moda, Altered Designs. «Formar parte de la monarquía es complicado, pero no lo veo como una barrera. Al contrario, busco el punto positivo para poder mostrar quién soy. No olvidemos que la familia principesca siempre fue muy moderna: mi abuelo Raniero se casó con una actriz; mi madre estuvo a la vanguardia de todo… A veces creo que esta modernidad ha hecho algo muy bueno en mí, pues me inspira para mis creaciones.
Estoy segurísima de que hay gente muy talentosa en el mundo de la moda, pero no tienen la suerte que tengo yo de ser hija de esta familia. Así que solo puedo agradecerlo y no dejarlo pasar…».

«MI PADRE ES TAN IMPORTANTE COMO MI MADRE. ES MI DIOS, MI HÉROE; ESTAMOS MUY UNIDOS Y ES IMPRESCINDIBLE PARA MI EQUILIBRIO»

Altered Designs nace como una marca nativa digital unisex, que toma la inspiración de colecciones masculinas y femeninas, y que consigue hablar a todos. «Desde muy pequeña he estado rodeada de moda y, al igual que mi madre, me he vestido como me ha dado la gana. De ahí que quiera desdibujar las líneas de los géneros. Por lo pronto estaré entre Nueva York y París para el proceso creativo, la venta es on-line y de vez en cuando haré algunas presentaciones en Milán, Londres o Madrid».

Para Pauline, Nueva York ha significado todo un revulsivo en su vida, la ciudad «donde me he criado como mujer, al principio de venir aquí estaba muy excitada, sentía la independencia familiar, me ha hecho crecer y ser más disciplinada. Pero lo mejor es que puedo ser yo misma sin que me reconozcan. Salgo todas las mañanas en pijama a pasear a mi perra y nadie me molesta, es como mi burbuja de aire, digo y hago lo que quiero. En París, sin embargo, me siento como en casa, allí empecé a hacer lo que realmente me gustaba, pero cada vez más echo de menos mis raíces, mi Mónaco natal, pasar las horas hablando con mi abuela paterna o con mi madre o mi padre…». Cuando le preguntas si prefiere que la llamen Ducruet o Pauline de Mónaco, asegura tajante que ella es Ducruet: «Es mi padre, me ha dado su apellido y él es tan importante como mi madre. Es mi dios, mi héroe, estamos muy unidos y es imprescindible para mi equilibrio».

En 1996, cuando Pauline contaba con tan solo dos años de edad, la princesa Estefanía decidió poner fin a su matrimonio con Daniel Ducruet. Hoy, 21 años después de aquello, no es ningún tema tabú para Pauline y responde con sinceridad: «No tengo muchos recuerdos de la separación, pero mis padres fueron lo bastante inteligentes como para dejar esta historia a un lado para que no nos afectase. Ahora son muy amigos y cercanos, viven en la misma ciudad. Mi madre siempre nos dice: ‘No puedo estar mal con tu padre porque él me ha dado la cosa más maravillosa del mundo, vosotros’». Asegura que esta historia la ha perseguido siempre y que siempre la perseguirá, y siente pena cuando la prensa «mezcla el ámbito público con el privado», aunque invariablemente defenderá a sus progenitores, asevera mientras se echa el pelo hacia atrás con las dos manos, en un gesto clavado al de su madre Estefanía. Si no tanto físicamente, Pauline es al menos en carácter idéntica a la princesa: «Somos iguales, parece que nos fusionamos, me llama mini-moi (mini-yo). Ella es una madre gallina, me llama todos los días para saber de mí. Es mi modelo, mi ídolo, una mujer fuerte a pesar de todo lo que ha visto y vivido. Sigue con la cabeza bien alta porque ha hecho lo que ha querido en su vida. Lo compartimos todo y es la única persona que me conoce perfectamente, no existen tabúes entre nosotras». Son tan parecidas que hasta disfrutan de los mismos hobbies como la natación y el patinaje. Pauline logró tener un excelente palmarés en diferentes disciplinas deportivas como el salto de trampolín, donde llegó hasta el campeonato mundial. «Aparqué el deporte para perseguir un sueño más importante para mí, como mis estudios de diseño. Pero competir ha sido una gran experiencia. El deporte me ha dado unas bases que me ayudan en mi día a día, ese espíritu de querer algo y luchar por conseguirlo. Posiblemente sea competitiva, pero ese genio y esa fuerza lo heredé del deporte». Y si hay algo que las une a madre e hija es, inevitablemente, el amor por los elefantes y el circo. Con tan solo 17 años su madre la nombró presidenta de New Generation del Festival Internacional de Circo de Montecarlo, ocupándose de los jóvenes artistas circenses. No en vano, cuando su madre mantuvo una relación con el dueño de un importante circo suizo, Franco Knie, vivió con su hermano Louis y su hermana Camille en una caravana: «Esa fue una época muy bonita. Volvíamos del colegio e íbamos a ver los elefantes y dar de comer a los tigres. Pasar de palacio a la caravana circense fue genial para nosotros. Éramos unos críos y nos lo tomábamos como un juego. Era divertido porque conocíamos a los hijos de los artistas que eran de nacionalidades diferentes y hablábamos distintos idiomas. La experiencia nos enriqueció y nos ayudó a mantener los pies en la tierra, hay que pensar que para nosotros era una gran aventura. Cuando regresamos a palacio después de dos años de gira se nos hizo muy extraño (risas)».

«NO HE HECHO AÚN NADA EXCEPCIONAL PARA NO SER LA ‘HIJA DE’. TRABAJO DURO PARA ELLO Y UN DÍA ESO CAMBIARÁ. CREO QUE VOY POR EL BUEN CAMINO»

En palacio las cosas no eran tan amenas para ellos, solo les salvaban las largas tardes de conversación con su abuelo Raniero, o cuando su madre les describía a Grace Kelly, a la que ella nunca llegó a conocer: «Mi madre hablaba mucho de ella, porque mi abuela fue quien le enseñó todo. Ella, desgraciadamente, se fue muy pronto y mi madre tuvo que construirse como mujer, aunque siempre la tenemos muy presente. Mi abuela Grace marcó a toda la familia y a los allegados, porque fue una persona que tenía un aura excepcional. Pero como decimos: recordamos lo anciano y amamos lo nuevo». Hoy, la vida en palacio es muy diferente. «Con mi tío Alberto no nos vemos mucho porque todos estamos muy ocupados, pero cuando nos reunimos dejamos todo a un lado e intentamos hacerlo todo juntos. Por supuesto que no somos una familia ‘normal’, sería una tontería decir eso por mi parte, pero cuando estamos fuera de actos oficiales funcionamos como una verdadera familia más». Asegura que las comparaciones son odiosas y dice sentirse muy distinta a su prima Car-lota Casiraghi: «No podemos compararnos, nos entendemos bien y cuando estamos juntas no hablamos de lo que dice la prensa, no le damos importancia. Tampoco lo miro desde esa óptica, yo he nacido dentro de una familia principesca y no he tenido un ojo fuera de la monarquía, siempre he estado en este mundo, pero somos una familia moderna. Supongo que desde fuera pueda resultar extraño».

—La mayoría de las publicaciones en la prensa te describen como Pauline, la hija de la princesa Estefanía de Mónaco, ¿te molesta?

—No, pues pienso que es algo normal. No he hecho aún nada excepcional para no ser la ‘hija de’ o para tener otro título diferente. Trabajo duro para ello y un día eso cambiará, intento hacerme un hueco y un nombre. Y creo que voy por el buen camino…

Gracias por la entrevista @vale2807.

Me ha caído bien Pauline. Reconoce que ella por sí misma aún no es nadie pero trabaja por serlo. Está agradecida por la familia en la que ha nacido, sabe que es privilegiada. Y parece que se ha dado cuenta de que es un personaje público y que se va a hablar de ella, tanto si le gusta como si no. Parece que ya lo asume y lo acepta.

Muy madura para sus 23 años. Que le vaya bien.
 
L

lince

Guest
Me gusta Pauline muy madura, feliz por ella buscar un lugar al sol sin apellido renombrado.
 
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formar parte de la monarquía???
cuantos pajaritos tiene en la cabeza....

es hija de un guardaespaldas, y sobrina de...
qué siga mandando a los matones cada vez que sacan una foto que no le gusta a la nena...