Ópera y solo ópera.


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Giuseppe Verdi - VERDI DON CARLOS OPERA IN CINQUE ATTI
Interpreted by Orchestra del Teatro alla Scala di Milano, Gabriele Santini,
Coro del Teatro alla Scala di Milano, Norberto Mola

Don Carlos: Flaviano Labo.
Elisabeth: Antonietta Stella.
Eboli: Fiorenza Cossotto.
Rodrigo: Ettore Bastinini.
Phillip II: Boris Christoff.
The Grand Inquisitor: Ivo Vinco.

Libreto:
http://www.kareol.es/obras/doncarlos/acto1.htm

1. Don Carlos, Act I: Su cacciatori! (Coro) 00:00
2. Don Carlos, Act I: Fontainebleau! Foresta immensa e solitaria! (Carlos) 1:34
3. Don Carlos, Act I: Io la vidi e al suo sorriso (Carlos) 3:23
4. Don Carlos, Act I: Il suon dei corni or s'allontana (Carlos, Elisabetta, Tebaldo) 5:31 5. Don Carlos, Act I: Al mio pié, perché? (Carlos, Elisabetta, Tebaldo) 7:59
6. Don Carlos, Act I: Al fedel ch'ora viene, o signora…L'ora fatale è Suonata! (Elisabetta, Carlos, Tebaldo, Lerma, Coro) 16:06
7. Don Carlos, Act I: Inni di festa-lieti echeggiate (Elisabetta, Carlos, Tebaldo, Lerma, Coro) 18:02
8. Don Carlos, Act II: Carlo il sommo imperatore… (Coro, Frate, Carlos) 24:36
9. Don Carlos, Act II: Al chiostro di San Giusto (Coro, Frate, Don Carlos) 30:53
10. Don Carlos, Act II: E' lui!...desso…L'infante! (Rodrigo, Carlos) 32:32
11. Don Carlos, Act II: Sotto ai folti, immensi abeti (Coro, Tebaldo, Eboli) 41:16
12. Don Carlos, Act II: Nei giardin-del bello (Eboli, Tebaldo, Coro) 44:58
13. Don Carlos, Act II: La Regina!...Carlo, ch'è sol il nostro amore (Rodrigo, Eboli, Elisabetta, Tebaldo, Coro) 49:54
14. Don Carlos, Act II: Io vengo a domandar grazia alla mia Regina (Carlos, Elisabetta) 56:46
15. Don Carlos, Act II: Il Re! (Coro) 1:05:26
16. Don Carlos, Act II: Non pianger mia compagna (Elisabetta, Filippo, Tebaldo, Rodrigo, Coro) 1:06:43
17. Don Carlos, Act II: Restate! - O signor, di Fiandra arrivo (Filippo, Rodrigo) 1:11:07
18. Don Carlos, Act III: Preludio 1:24:11
19. Don Carlos, Act III: A Mezzanotte ai giardin della Regina - sei tu, bell'adorata (Carlos, Eboli, Rodrigo) 1:27:04
20. Don Carlos, Act III: Che disse mai! (Carlos, Eboli, Rodrigo) 1:31:53
21. Don Carlos, Act III: Spuntato ecco il di dèsultanza (Coro, L'Araldo) 1:39:15
22. Don Carlos, Act III: Nel posar sul mio capo la corona (Filippo, Coro, Elisabetta, Cralos, Rodrigo, Deputati, Tebaldo, Voce dal Cielo) 1:48:11
23. Don Carlos, Act IV: Ella giammai m'amò! (Filippo) 1:59:45
24. Don Carlos, Act IV: Il Grande Inquisitor! (Inquisitore, Filippo, Lerma) 2:10:09
25. Don Carlos, Act IV: Giustizia, Sire!...Ah! Sii maledetto - sospetto fatale (Elisabetta, Filippo, Eboli, Rodrigo) 2:19:32
26. Don Carlos, Act IV: Pietà! Pardon!...per la rea che si pente Elisabetta, Eboli) 2:26:35
27. Don Carlos, Act IV: Ahimè! Più non vedrò, no più mai la Regina! O don fatale, o don crudel! (Eboli) 2:30:06
28. Don Carlos, Act IV: Son io, mio Carlo (Rodrigo, Carlos) 2:35:09
29. Don Carlos, Act IV: Per me giunto è il dì supremo (Rodrigo) 2:38:05
30. Don Carlos, Act IV: Che parli tu di morte? (Carlos, Rodrigo) 2:40:56
31. Don Carlos, Act IV: Mio Carlo, a te la spada io rendo… (Filippo, Carlos, Inquisitore,Eboli, Lerma, Coro) 2:46:35
32. Don Carlos, Act V: Tu che le vanità conoscesti del mondo (Elisabetta) 2:50:00
33. Don Carlos, Act V: E' Dessa!...Un detto, un sol (Carlos, Elisabetta) 3:00:35
34. Don Carlos, Act V: Per sempre!...Io voglio un doppio sacrifizio! (Filippo, Inquisitore, Elisabetta, Carlos, Frate, Coro) 3:07:23


Aclaración:
La anterior versión posteada, Orange, es la de 4 actos (versión francesa) --no la de 5 (versión italiana)--, como por error se puso.
Disculpas.
 
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DÍA DE LA ÓPERA
La ópera, ese género desconocido
El 25 de octubre se celebra el primer Día Mundial de la Ópera; cantantes, dramaturgos y periodistas cuentan a El Confidencial cómo fue su primer encuentro con el mundo de la lírica





Una representación de 'Aida' en Guiza, Egipto. (EFE)



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MILAGROS MARTÍN-LUNAS
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ÓPERA
MÚSICA
TEATRO REAL

24/10/2019


La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es espectacular, o les encanta o les horroriza. Si les encanta, es para siempre. Si no pueden aprender a apreciarla, nunca les niega el corazón". Richard Gere tenía toda la razón. No hace falta ser un erudito musical para dejarse seducir por la ópera. Y si no que se lo pregunten a Julia Roberts a quien, por lo visto en ‘Pretty Woman’, "la ópera le embriagaba". ¿O era otra cosa? Llegar a la ópera no resulta un camino fácil. El primer prejuicio que se debe derribar es la idea de que el aficionado debe ser un erudito en el mundo de la música. No es así. Para acabar con los tópicos, el universo de la lírica celebra este 25 de octubre su primer Día Mundial de la Ópera; se trata de una iniciativa de las tres principales asociaciones de ópera del mundo (Ópera América, Ópera Latinoamérica y Ópera Europa) que han resuelto fundir sus fuerzas para recalcar la transcendencia y la importancia que este género tiene en la sociedad.

La fecha no es baladí pues coincide con los cumpleaños de los compositores Georges Bizet y Johann Strauss II. "Es la primera vez que se celebra y queremos consolidarlo en el futuro como un día de crecimiento en el ámbito de la ópera", confiesa Ignacio García-Belenguer, director general del Teatro Real, al tiempo que desvela que la UNESCO "ya ha aceptado la fecha y se encuentra en trámites para la declaración oficial".

Este día pretende llevar la ópera a nuevos públicos hasta ahora calificados como ajenos

Cierto es que ni Bizet ni Johann Strauss II son los Cervantes y Shakespeare del Día del Libro, probablemente en la cabeza de los aficionados a la ópera pululen las fechas de los aniversarios de otros grandes genios compositores. Sea como fuere, lo suyo es quedarse con la parte positiva de la decisión internacional que, además, lo que pretende es llevar la ópera a nuevos públicos hasta ahora calificados como ajenos.

A venerar la ópera se puede llegar por diferentes caminos. Y el que lo ponga en duda que se lo pregunte al tenor José Manuel Zapata. El cantante granadino confiesa que su primer encuentro con la ópera fue gracias al "denostado por el talibanismo clásico" concierto de los ‘tres tenores’. “Y mi primera ópera escuchada en vivo y cantada, como miembro del coro de Valencia, fue la ‘Turandot’ que programó el Teatro Real en su primera temporada”, matiza el cantante, que se ha subido a las tablas de los grandes teatros del mundo.





Los 'tres tenores', en una imagen de archivo.



La primera cita con la ópera de Carlos Álvarez resultó bastante más formal que la de su colega. El barítono malagueño tenía12 años cuando siendo parte de la Escolanía de Miraflores de los Ángeles, un barrio obrero de casi nueva construcción, dio sus primeros pasos entre las tablas en el Teatro Cervantes (1978) de la mano del elenco de ‘Tosca’. "Admiraba la impresionante cicatriz falsa que recubría el rostro de Scarpia, rol que debuté 36 años después en Génova. Pero lo que de verdad me marcó fue mi debut en 1989 con ‘La Traviata’. Entonces yo era un joven estudiante de Medicina y Canto, gracias a aquella invitación de Luis Iturri supe que mi vida profesional no estaba destinada a convivir entre bisturís sino entre batutas".

A la ópera se puede llegar por casualidad como fue el caso de Pilar Tabares, la periodista era azafata de ‘La guaga’ de Torrebruno cuando otra gran Pilar, Pilar Miró, la metió como figurante en la ‘Aida’ del Teatro Real. “En ese mismo instante me atrapó el género y nunca más pude abandonarlo”, asegura. Pero también se llega por sensibilidad y afición como ese el caso del dramaturgo Pedro Víllora que hasta que no abandonó su pueblo no tuvo ocasión de ir a la ópera. “Comencé a ver ópera en 1987, en el Teatro de la Zarzuela. No recuerdo si la primera fue ‘Mefistófeles’ o ‘Wozzeck’, pero sé que de la primera me asombraron las voces y de la segunda el argumento. Me enganché enseguida al género y me aficioné no solo a las óperas contemporáneas que en los noventa se hicieron en la Sala Olimpia (no me perdía ninguna) como a los Mozart del Teatro Albéniz. Lo clásico y lo contemporáneo me parecieron necesidades espirituales y artísticas que jamás he abandonado”, confiesa el autor de ‘Mundo Dante’ obra que se representa todos los jueves de octubre y noviembre en la sala Off Latina.






Marcelo Puente, junto a la soprano italiana María Agresta, durante el ensayo de 'Don Carlo', de Verdi. (EFE)



Otro dramaturgo de peso, Ignacio Amestoy, desvela que su romance con la ópera arrancó allá por la década de los años setenta. "Fue gracias al ciclo de la ABAO de Bilbao, en el Teatro Coloseo Albia. La primera ópera que vi en mi vida fue ‘Madama Butterfly’. Yo era un amante del teatro y aquel día, al acabar la función me dije: ‘Cuánto tenemos que aprender de la ópera’. A finales de los ochenta volví a ver ‘Butterfly’, esta vez junto a Nuria Espert en el Covent Garden, fue su primer montaje operístico. De nuevo volví a sentir lo mismo: ‘Cuánto tenemos que aprender".


Amestoy: "La primera ópera que vi en mi vida fue ‘Madama Butterfly"



El periodista y escritor Javier Rioyo llegó un día a Pésaro, casi por casualidad y allí dio sus primeros pasos líricos. "Confieso que andaba dando vueltas italianas, más culinarias que operísticas. Allí nació Rossini, allí hay una joya de teatro de la ópera. Una amiga aficionada me dijo que me había tocado la lotería. Pude ver a Joan Sutherland haciendo el papel de Marie en ‘La hija del regimiento’ de Donizetti. Desde entonces estoy enganchado a esa maravilla extemporal llamada ópera. Pero quizá nunca cómo aquél día en Pésaro. No dejo, donde esté, de recordar aquella noche de gozo epifánico".




La flauta mágica', en el Teatro Real en 2016. (EFE)

Para muchos la ópera forma parte de su ADN, como es el caso de Emilio Sagi.El que fuera director artístico del Teatro Real desvela que su primer encuentro fue a los seis años en el Teatro Campoamor de Oviedo. “Fue apasionante, pues me pareció un gran espectáculo y eso que en esa época la parte teatral era muy limitada. Mi primera ópera fue ‘Norma’ de Bellini, quizá comenzar con bel canto marco mi trayectoria”.

En Oviedo también, Jesús Iglesias Noriega, responsable de Les Arts de Valencia, vivió muy joven su primera cita con la ópera. "Estudiaba piano y fue un amigo de mi madre el que me llevó por primera vez, tenía nueve años. Era una época donde solo había una representación por título y era casi imposible conseguir entradas. Su vecina de abono no podía ir a una función y él me consiguió esa entrada. Mi primera función fue ‘Madama Butterfly’. No recuerdo mucho de la obra, más allá de que el tenor rompió el agudo del dúo del final del acto primero. Pero está claro que debió producirme tal efecto que desde entonces buscaba entradas para cualquiera de las funciones, por complicado que fuera, hasta que un par de años más tarde, precisamente la misma vecina de abono de este amigo de la familia ya no pudo ir más y pude hacerme con ese abono. Hasta hoy".





La ópera wagneriana 'El holandés errante', del granadino Pablo Heras-Casado. (Javier del Real)




Cualquier camino es bueno para admirar la belleza de la ópera, quizá el espectáculo más completo que existe. Para celebrar el primer Día Mundial de la Ópera, desde el Teatro Real animan a los aficionados y a las empresas que este 25 de octubre publiquen en redes sociales testimonios personales acerca de cómo fue su primera experiencia en la ópera, cuál es su ópera favorita y por qué la recomendaría. Para ello invitan a usar los 'hashtags' #DiaMundialDeLaOpera, #DescubreLaOpera, #WorldOperaDay y #LoveOpera.



image.png

VIDEO:
https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-10-24/dia-de-la-opera-desconocido_2297903/
 

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ÓPERA EN EL TEATRO REAL
Donizetti se ahoga en la playa de Madrid
Capuano subordina la musicalidad a la musicología en un 'Elisir' de dramaturgia trepidante






'L'elisir d’amore'. (Javier del Real)


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RUBÉN AMÓN
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30/10/2019


La musicología y la musicalidad no son conceptos en contradicción, pero han demostrado estarlo en el reestreno madrileño de 'L’elisir d’amore'. Concierne el conflicto a la batuta y criterio del maestro Gianluca Capuano, cuya concepción filológica de la partitura ahoga la experiencia del bel canto, la transforma en un ejercicio contra natura, la somete a una rigidez contraproducente.

No respira la música sobre la escena. Se resiente de una prueba de estrés —los 'tempi', los contrastes, las dinámicas— que deteriora la naturalidad de la interpretación. Proliferan los desajustes. Incluso los cantantes corren el riesgo de terminar sepultados por la marea del foso. Capuano no parece escucharlos. Los expone al desafío de un naufragio.

Tienen sentido estas metáforas marítimas o náuticas en cuanto la producción de la ópera de Donizetti transcurre en una playa. Ya la conocían los melómanos madrileños porque se estrenó en el Teatro Real hace ahora seis años. Y han vuelto a juzgarla con prudente entusiasmo. Le sobran los gags, la sal gorda y algunos brochazos de vulgaridad, pero la producción de Damiano Michieletto, en cartel hasta el 12 de noviembre, transcurre trepidante e hiperactiva. Divierte.







Y pone a prueba la audacia dramatúrgica del director de escena italiano. De otra forma, no hubiera conseguido una extrapolación contemporánea tan verosímil de la ópera de Gaetano Donizetti (1835). Que no dirime los amores de un campesino analfabeto y una dama instruida y altiva, sino las tribulaciones de un socorrista cuya devoción a una mujer sofisticada transcurre, por ejemplo, en una playa de Benidorm.

Se explica así que el espectáculo contenga entre líneas un retrato sociológico de las costumbres celtibéricas al uso en 2019. Incluidos el culto al cuerpo, el hacinamiento sobre la arena, la analgesia alcohólica, la religión de pilates, las despedidas de soltera, la resaca, las drogas y las bebidas energéticas que permiten alcanzar la madrugada.

El retrato sociológico incluye el culto al cuerpo, el hacinamiento en la arena, la analgesia alcohólica, la religión de pilates, las drogas...

Son el verdadero elixir contemporáneo. Y la bebida de la que se vale Michieletto para exagerar la agitación de la escena. La proliferación de detalles y de subtramas distrae a veces la experiencia musical, aunque el problema no concierne a los pasajes tiernos y amorosos. Los aísla con audacia el 'regista'. Les proporciona un 'pathos' contemplativo.

Sirva como ejemplo la cápsula de 'Una furtiva lágrima'. La trepidación del espectáculo se detiene para que Francisco Gatell pueda mecerse en el columpio de la música de Donizetti. Canta con gusto, sensibilidad y pulcritud el tenor argentino. Y proporciona un pasaje de sosiego en medio de la congestión sensorial, como si la ópera fuera el reflejo de la saturación sensorial en que vivimos, menos mal que con los teléfonos móviles obligatoriamente apagados. Impresionan los recursos con que Michieletto mantiene a los espectadores en permanente estado de alerta, de sorpresa y de excitación. No como un mero alarde de hiperactividad visual. Michieletto escruta el estado de ánimo de la ópera con sus alegorías y extrapolaciones escénicas: los cañones de espuma de la fiesta nupcial trasladan la efervescencia del argumento en su momento decisivo, mientras que el castillo de aire donde los adultos invocan el síndrome de Peter Pan se desinfla como un embuste para dejar espacio a la verdad de los amores sinceros y correspondidos.


Debutaba la estadounidense Amanda Rae en el papel de Adina. Una interpretación de técnica impecable y de escasa profundidad teatral, quizá porque la sobreactuación de Erwin Schrott en el papel de Dulcamara lleva al extremo el histrionismo y la falta de escrúpulo canoro. El barítono uruguayo se jacta de la metrosexualidad. Y parece Jack Sparrow en una playa del Caribe. Lo aplaudieron con entusiasmo. Y también lo hicieron con el voluntarismo de Alessandro Luongo (Belcore), pero la producción escénica y musical a la que han sido expuestos los cantantes más parece una yincana que una experiencia artística: Capuano los ahoga con el agua del foso y Michieletto los convierte en atletas olímpicos. Hubieran necesitado un salvavidas.


image.png
https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-10-30/donizetti-capuano-elisir-amore-teatro-real_2305640/
 
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El elixir de amor, de Gaetano Donizetti | Teatro Real 13/14


Del 2 al 20 de diciembre el Teatro Real exhibe en su escenario principal la obra de Donizetti bajo la firma del director de escena Damiano Michieletto y el musical Marc Piollet.


 
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Sandrine Piau - Cum Dederit

Nisi Dominus In G Minor, RV 608: IV. Cum Dederit



 
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ÓPERA EN EL TEATRO REAL
La diosa Netrebko amaña su regreso al Real
La soprano rusa nos impone a su marido en un recital populista y triunfal que no agotó las entradas. El recital en Madrid está más cerca del simulacro que de la verdad





Yusif Eyvazov (tenor), Anna Netrebko (soprano) y Orquesta Titular del Teatro Real. (Javier del Real/Teatro Real)



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RUBÉN AMÓN
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TEATRO REAL
NEPOTISMO
SIGLO XXI
GRAN TEATRO DEL LICEU

02/11/2019



No está claro que vayan a salirle las cuentas a los espectadores que apoquinaron 398 euros por escuchar a Anna Netrebko la noche del viernes en el Teatro Real. Tres arias cantó en solitario. Solo tres (132, cada una). Y las cantó de manera sublime, pero el regreso de la diva rusa a Madrid 18 años después de su primera y única actuación —era una desconocida entonces— se resintió gravemente del nepotismo y del populismo.

Nepotismo porque nos impuso a su marido como si fuera el impuesto revolucionario o la cuota conyugal. Yusif Eyvazov es un tenor correcto cuando no mediocre. Un cantante de técnica segura y de timbre ingrato. Y un requisito que Netrebko impone en todos los festivales y teatros. No como la Pantoja hacía con Paquirrín, pero lejos de la excelencia operística que ella misma representa y que la convierte en la gran diva del siglo XXI.





Populismo, decíamos. Es una lástima que un recital tan esperado se conciba con un repertorio tan previsible y tan demagógico. Netrebko interpretó con hondura y emoción el aria final de 'Don Carlo', pero la segunda parte fue un batiburrillo de lugares comunes y de atajos intrascendentes para alcanzar el delirio. Terminó sobreviniendo el éxtasis con una versión indecorosa de 'O sole mio'. De pie se pusieron los espectadores. Un reconocimiento plebiscitario cuya rotundidad demuestra más la generosidad acrítica de los espectadores que la implicación de los artistas.

Se despedía así del Real la extraña pareja y lo hacía el barítono británico Christopher Maltman. No aparecía su nombre en la portada del programa de mano ni figuraba como protagonista de la componenda familiar, pero terminó siendo el cantante que más cantó y más se expuso. Lo hizo con unos medios vocales imponentes. Y con una autoridad verdiana y verista que ensombrecía el voluntarismo Eyvazov en su papel de palafrenero.

El maromo de Netrebko fue aplaudido más por los tópicos del repertorio —'E lucevan le stelle'— que por sus méritos canoros. Carece de la oscuridad y del color para desafiar 'Otello', pero semejantes evidencias no le impidieron aferrarse al rebufo de la diva rusa en el dúo inaugural de la ópera de Verdi.





Era el compositor italiano el protagonista absoluto de la primera parte. Y el reclamo del que se valió el funcionarial maestro Denis Vlasenko para entretener al personal con las insustanciales oberturas de 'Nabucco' y de 'I vespri sicialani'. Los pasajes orquestales de relleno concedían descanso a la Netrebko y le permitían cambiarse de vestido y de joyas. Deslumbró con ellas a los espectadores del Teatro Real. Y los sedujo incluso cuando se puso a bailar maquinosamente el vals de 'La viuda alegre' en compañía de Maltman. No se termina de entender qué pintaba la música de Léhar en la segunda parte verista del concierto —Catalani, Mascagni, Giordano—, pero estaba claro que la inmensa soprano anteponía el carisma y la pirotecnia a las exigencias de una actuación responsable y comprometida.





Llama la atención que Netrebko no llenara el Real. Los precios eran elevados.Y el puente condicionaba la lealtad del graderío, pero es ella la primera figura del escalafón. Y la artífice de una carrera gigantesca que compagina los grandes acontecimientos operísticos con los bolos.

El recital de Madrid, muy similar al oficiado en el Liceu de Barcelona unas horas antes, pertenece a la segunda categoría. Anna Netrebko es un prodigio técnico y musical. Una artista de época, pero el recital "amañado" en Madrid está más cerca del simulacro que de la verdad.


https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-11-02/ruben-amon-opera_2310379/
 
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Laudate Dominum de Mozart - Barbara Hendricks


 
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Vivaldi : il Giustino, "Vedro con mio diletto" par Jakub Józef Orliński (contre-ténor)


 
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Philippe Jaroussky - Vivaldi aria

French countertenor Philippe Jaroussky singing the song composed by Vivaldi.



 
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TEATRO REAL
Javier Camarena, el 'súpertenor' de los 18 do de pecho
El astro mexicano regresa al Teatro Real con dos de sus compositores fetiche, Donizzeti y Bellini y protagoniza la Gran Gala 2019





Foto: Camarena (Foto: Javier del Real)


Camarena (Foto: Javier del Real)




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MILAGROS MARTÍN-LUNAS
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09/11/2019




Vivió con sus abuelos hasta los seis años y con ellos aprendió a disfrutar de las canciones de Jorge Negrete y Los Panchos; gracias a sus tíos se familiarizó con los temas de Abba y el falsete de los Bee Gees; Javier Camarena (México, 1976), como buen niño de la década de los 80, prefería bailar al son de Parchís y hoy en su casa apenas se escucha ópera, pasan de los boleros al jazz y de Kate Perry a Ariana Grande. El tenor mexicano es consciente de que la música ha sido todo en su vida, su cielo y su infierno. “Sin ella no sería quien soy”.

Camarena regresa al Teatro Real con dos de sus compositores fetiche y dos roles muy distintos: el ingenuo y enamorado Nemorino de ‘el elixir de amor’ de Donizzetti y el pasional, fogoso, irreverente y vengativo Gualtiero de ‘el pirata’, el drama tenebroso de Bellini, que permanecerá en las y tablas del coliseo madrileño el 30 de noviembre y el 20 de diciembre. Además, entre estos universos antagónicos, el tenor mexicano protagonizará la Gran Gala 2019 del Teatro Real el próximo 13 de noviembre, junto al pianista Ángel Rodríguez, dedicado a arias y canciones italianas y en la que no faltará, en la segunda parte, un guiño a la zarzuela española.


Javier Camarena pulula entre la élite de la lírica gracias a una voz de timbre radiante, una tesitura cristalina y una coloratura repleta de matices, todo esto arropado con una técnica impecable y una asombrosa facilidad para el registro agudo. Nadie da el do de pecho como él. El mexicano puede presumir ser el tercer cantante en los últimos 70 años del Metropolitan Opera House en ofrecer un bis. Hazaña que repitió meses más tarde en el Teatro Real de Madrid, al repetir en dos funciones consecutivas el aria ‘Ah Mes amis’ de ‘La hija del regimiento’ de Donizetti. Gesta que le convirtió en ‘el tenor de los 18 do de pecho’.



Carambolas
Paradójicamente, a Camarena se le atragantó el solfeo y su primer examen de flauta fue una decepción. A priori, el niño Camarena no parecía que estuviera destinado ni a vivir, ni mucho menos a brillar en el universo de la lírica, pero, como decía Adenauer, la suerte es una flecha lanzada que hace blanco en quien menos lo espera. Gracias a esa carambola, tras abandonar sus estudios de Ingeniería aterrizó en la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, se matriculó en canto con la intención de cambiar de especialidad en cuanto pudiera y hoy, 12 años después de su debut en Zurich, Javier Camarena es uno de los tenores más aplaudidos, que ha consolidado su fama internacional gracias a un repertorio centrado en el bel canto romántico italiano.

Consciente de que óxido del tiempo influye incluso en la evolución de la voz, ya anda rumiando lo qué será su futuro repertorio. Aspira a evolucionar hacia el repertorio francés. “’Lakmé’, ‘Romeo y Julieta’, ‘Manon’. Ando por ahí buscando un Fausto y después de esto, que será un periodo de cuatro años, veré si me animo en algún momento a hacer un Werther y, de aquí en ocho años, si la vida me lo permite, mi máxima aspiración sería interpretar ‘Los cuentos de Hoffmann’”.




Camarena





Para el tenor mexicano su gran sueño sería poder cantar ‘Tosca’, como hizo Alfredo Kraus, por lo menos una vez en la vida. “Una y no más debió de pensar. No es secreto mi relación con Kraus, siempre lo he mencionado como un gran referente en cuanto a la inteligencia a la hora de la selección del repertorio”. En una época en la que todo viaja a la velocidad de la luz, en la que a cantantes de ópera se les exige el 150% de sus posibilidades, él confiesa que si ha llegado hasta donde ha llegado es porque hizo caso a su primera maestra de canto. “Esta carrera es de resistencia, no de velocidad. requiere de madurez no solo vocal sino emocional para tener esta posibilidad de darle el justo valor a la interpretación y emoción”.

Orgulloso de los maestros con los que se ha topado en su carrera, se muestra muy cauto y disciplinado a la hora de cuidar su instrumento

Orgulloso de los maestros con los que se ha topado en su carrera, a los que todavía consulta las grandes dudas sobre hacia donde dirigir la voz, se muestra muy cauto y disciplinado a la hora de cuidar su instrumento, “Hay que adaptarse a los cambios y no siempre es fácil. Cosas que a mí se me hacían complicadas por cuestión de peso, de color de voz, hoy las encuentro muy fáciles, y las cosas que hacía antes que me resultaban superfáciles hoy ya no lo son tanto”. Eso sí, su truco para cuidar la voz es respetar el descanso. “Hay que hacer lo que cualquier atleta de alto rendimiento. Como cualquier maratoniano, has de dosificarte. Es insensato correr tres maratones en tres días seguidos. No rendirás. Hay que entrenar los músculos vocales con la dedicación, las técnicas y el mimo con el que los atletas entrenan y cuidan los suyos”.

Por eso a los jóvenes les recomienda que no tengan prisa y que practiquen la paciencia, que no se emperren en cantar los grandes roles antes de tiempo. “Se trata una virtud que se revela imposible, hoy los jóvenes se muestran incapaces de desarrollarse técnica y emocionalmente. Tienen mucha prisa. Las oportunidades llegan cuando estás listo para aprovecharlas y es ahí cuando debes estar a punto y dispuesto a darlo todo”, confiesa.

Javier Camarena llegó a la ópera por casualidad. ‘Turandot’ le abrió la puerta. Antes de lanzarse al abismo, se empeñó en escucharlo todo para estar seguro de lo que era capaz de cantar. Su primera aria fue ‘Il mio Tesoro’ de ‘Don Giovanni’, más tarde se atrevió con ‘Una furtiva lágrima’ de ‘El elixir de amor’. El resto ya es historia.

 
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