Mujeres con una vida poco común (1 Viewer)

La Portera

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La mayor pirata de la historia fue una mujer :a28:



Ni Morgan, ni Drake, ni Barbarroja. La medalla de oro de la piratería –por cantidad y calidad– la ostenta Ching Shih (1775-1844), una mujer china de armas tomar que también sería ramera, proxeneta, traficante de opio, legisladora, protofeminista… Una hembra despiadada y exigente capaz de comer ratas con arroz, beber alcohol mezclado con pólvora, casarse con su hijastro, poner en jaque a un Imperio y hacerse de paso acreedora de una entrada en la imprescindible‘Historia Universal de la Infamia’ de Borges. Al Capone, a su lado, un voluntario del Domund.
La historia empieza cuando la buena –en términos de piratería– de Ching Shih fue rescatada del burdel donde trabajaba por el próspero pirata Cheng, quien la haría su esposa. Ella, en vez de dedicarse a sus labores suponemos que tomó buena nota del quehacer del marido, pues al enviudar se hizo con la jefatura de su flota. Poco después, para fortalecer su autoridad, se casaría con uno de los hijos de su difunto esposo (según las crónicas parece que también había deseo de por medio).

Una vez al mando, la viuda Ching, como la llamaría Borges, se reveló como una corsaria tan habilidosa como ambiciosa, capaz de aumentar el parque náutico de su marido (unos 400 barcos) hasta crear una pingüe coalición pirata de unos 2.000 navíos y más de 80.000 hombres.
La flota de Ching, la Flota de la Bandera Roja (la de su nave, adornada además con una serpiente), sembró el terror saqueando las costas de los ríos y mares de China y derrotó a cuantos salieron en su captura (uno de los almirantes derrotados se suicidaría incluso antes de ser capturado).
Además, Ching fue una profusa legisladora que tenía a sus subordinados en un puño. Desarrolló un estricto y sanguinario código pirata (la mayoría de las infracciones acababan con una cabeza rodando) en el que llama la atención su defensa del s*x* débil: violar prisioneras constituía un crimen capital incluso si la violación era consentida; en este caso, el violador era decapitado y la violada, arrojada por la borda.
En 1810, viendo que antes o después las autoridades acabarían con ella, se acogió a una amnistía, se cambió en nombre por el “Esplendor de la Verdadera Instrucción” y vivió el resto de sus días regentando en la ciudad de Cantón el burdel/casino más grande de Asia, hasta que la diñó a la provecta edad (si se tiene en cuenta su agitada existencia) de 69 años. Sí, 69. ¿Es o no es adorable esta “chingona”?

Mistress Ching, el personaje de “Piratas del Caribe” que se inspiró en la vida de Ching Shih

http://blogs.lainformacion.com/strambotic/2012/12/17/mayor-pirata-historia/
 

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Anda ya, te felicito, eres inteligente, eres privilegiada.
Saludos.
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No se crea, no se crea... a veces hago unas gilipuerteces sonadas.

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[h=3]MARÍA SABINA, La sabia de los hongos[/h]



María Sabina Magdalena García fue la curandera indígena más famosa de México por haber popularizado los hongos alucinógenos. Había nacido en Huautla de Jiménez, Oaxaca, México, en el año 1894. Sus antepasados eran mazatecos que dominaban la medicina tradicional, la botánica y las artes de la curación por el bálsamo del canto y del lenguaje. Sus padres fueron María Concepción y Crisanto Feliciano. Su bisabuelo, su abuelo y su padre fueron notables curanderos como ella, más nunca conoció a ninguno de los tres. Al quedar huérfana de padre, vivió con los abuelos maternos junto con su madre y su hermana menor María Ana. Su infancia fue dura, vivía entre el hambre y el frío.


Desde corta edad ya ayudaba a la cría de gusanos de seda, de pollos, de cabras, siembra del maíz y del frijol, aprendió a coser, lavar y otras labores del hogar. En una ocasión que fue a desenredar la cuerda de una cabra que había quedado atrapada, se encontró con unos hongos de blanco puro, al probarlos su vida cambió por completo, puesto que se sumergió en una experiencia sin igual que años después compartiría con tanta gente, dándole gran popularidad a nivel nacional e internacional.



A los catorce años, su madre la dio en matrimonio a Serapio Martínez, según la costumbre de la época. Al nacer su primer hijo, Serapio se fue a la revolución y después de un tiempo regresó. Luego tuvo tres hijos y quedó viuda después de seis años. Se volvió a casar quedando viuda por segunda vez. Ella sola se hizo cargo de su madre y sus hijos, trabajó en el campo y en la venta ambulante.


Sin haber olvidado ese viaje provocado por aquellos hongos blanquecinos, se valió de ellos para curar a su hermana, tal suceso se extendió a tal grado que llegó hasta el extranjero. Con respecto a esos hongos, o "niños santos" como ella los llamaba, decía: "Los niños santos curan las llagas, las heridas del espíritu. Los niños se toman de noche; para esto se celebra la velada frente a imágenes de santos de la iglesia". Las curaciones que María hacía a través de cultos y la aportación de esos hongos, llegan a oídos de un banquero estadounidense. "Los milagros" de María, como los llamaban la gente del pueblo oaxaqueño, despertaron la curiosidad de R. Gordon Wasson, investigador etnomicólogo, y su esposa Valentina Pavlovna, quienes viajaron a la Sierra Mazateca para conocer a la famosa curandera en 1955. Durante varios días grabaron conversaciones en cintas, las cuales fueron transcritas a un sistema fonético de escritura y traducidas al español e inglés.



Wasson asistió por primera vez a una velada cantada por María Sabina en Huautla, y a invitación de ella, ingirió los hongos divinos quedando pasmado. Después de su visita, dio a conocer su nombre, al citarla profusamente en revistas, tratados médicos y en varios artículos científicos sobre los hongos alucinógenos. Escribió libros como “El hongo maravilloso: Teonanácatl Micolatría en Mesoamérica”, donde expone al público el ritual y uso de los hongos en la cultura Mazateca. En colaboración con Roger Heim realizaron estudios científicos sobre la composición de los hongos y Albert Hofmann identificó los principios activos y la estructura química de dos especies de hongos psilocibios.


María Sabina recibió una fenomenal publicidad en la época de apogeo de la cultura estadounidense hippie, que entre otras cosas, se caracterizaba por el uso de sustancias alucinógenas. Y comenzó a recibir la visita de personas ajenas a su comunidad, tanto de mexicanos como extranjeros. No sólo los hippies invadían su territorio, también jóvenes de las clases adineradas de América iban hacia las montañas en busca de un éxtasis provocado por esos hongos. Incluso grandes celebridades de la música como los Rolling Stones, los Beatles, Jim Morrison y Bob Dylan fueron a verla con la intención de probarlos. Y otros llegaban para realizar trabajos de investigación. A tal grado llegó su fama que dirigía ceremonias espirituales, donde mezclaba los conocimientos prehispánicos con la influencia de la corriente católica, que duraban hasta 6 horas y eran dirigidas para más 30 personas en su mayoría universitarios.




Entre los tantos trabajos que se realizaron sobre María Sabina se encuentran el documental de1979 titulado "María Sabina La mujer Espíritu", teniéndola por supuesto como protagonista y con relatos de Andrés Henestrosa. Éste es el retrato cinematográfico de una de las más famosas curanderas de México dirigido por Nicolas Echevarria. En 1980 se publicó un trabajo editado por Hilda O'Farrill de Compeán para la revista VOGUE. El autor de este trabajo fue Waldemar Verdugo Fuentes quien realizó una serie de entrevistas sobre varios personajes como María Luisa Bombal, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y María Sabina, personas que tenían algo en común, humildad. A tal recopilación se le llamó "Magos de América" y las fotografías fueron aportación de Nadine Markova.


De igual manera ha sido inspiración para la música, pues una banda de rock mexicana le rinde tributo al nombrarse Santa Sabina. El Tri de Lora le dedicó una canción donde la proclama como "un símbolo de la sabiduría y el amor". Luzmila Carpio, cantante de música folklórica boliviana le dedico la canción "Homenaje a María Sabina". Por su parte, el escritor español Camilo José Cela le dedicó un oratorio y Gabriel Zaid la incluye en la primera edición de su Ómnibus de poesía mexicana. Álvaro Estrada escribió un libro biográfico titulado "Vida de María Sabina, la sabia de los hongos" que fue publicado en 1977 y hasta la fecha lleva catorce ediciones.



Como su nombre se mencionaba en variedad de proyectos, su fama crecía aceleradamente aunque no en el modo en que hubiera querido, pues independientemente de los aportes que hizo para la medicina psiquiátrica; sus ceremonias eran algo sagrado, único. En cambio para la gente que la visitaba sólo significaba curiosidad y hasta en determinado momento moda, aun así, nunca se opuso a que la conocieran y siempre se mostró como una mujer sencilla, humilde y poseedora de una gran energía que inmediatamente era percibida por quienes se encontraban a su alrededor.


Fue una mujer fuerte que supo sacar adelante a su familia con el producto de su trabajo. Ella no necesitaba y ni le interesaba obtener provecho de su conocimiento, aún siendo una curandera de gran prestigio vivió con lo necesario. Enferma de cirrosis y bronconeumonía entre otros males, queda postrada en una cama de donde ya no se vuelve a levantar. Falleció un 23 de noviembre de 1985.
 

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MARÍA PITA


María Mayor Fernández de Cámara y Pita, popularmente conocida como María Pita, es la protagonista indiscutible de la historia coruñesa. Recientes investigaciones aseguran que sus padres fueron Simón Arnao y María Pita "la vieja" y que ambos figuraban como propietarios de una tienda en la Peixería. Por estas mismas investigaciones se conoce también que María también colaboró en el negocio familiar.


Mujer exigente, decidida y rebelde, se casó y enviudó en cuatro ocasiones. Cuentan que no contrajo matrimonio una quinta vez porque así se lo exigió en testamento su último marido. Al enviudar por última vez, el rey Felipe II le concedió una pensión que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales y le concedió un permiso de exportación de mulas de España a Portugal.



Corría el año 1589. Los restos de la Armada Invencible, tras el desastre en el Canal, estaban siendo reparados o sustituidos por galeones de nueva construcción en sus puertos base. Conocedores los ingleses del mal estado en que se hallaba la flota española y calculando que se les presentaba una oportunidad irrepetible, convencieron a Isabel I para aprovechar esta ocasión de oro y con inmenso esfuerzo económico para la Inglaterra de la época, la reina empeñó su corona y asoció en la aventura a nobles y comerciantes, prepararon una enorme armada con la finalidad de alcanzar tres propósitos: destruir el grueso de la flota española que estaba en reparación y construcción en la bahía de Santander, conquistar Lisboa para soliviantar los ánimos de los portugueses contra Felipe II y provocar la secesión de Portugal entronizando al pretendiente portugués, el Prior de Crato y finalmente, estableciendo una base permanente en las Islas Azores. De conseguirse el tercer objetivo, se intentaría robar los tesoros de la Flota de Indias en su ruta a Cádiz. Ninguno de los tres objetivos se consiguió.

Esa Contraarmada de 120 barcos y 23.375 hombres entre soldados, marineros y mercenarios era capitaneada por el almirante Francis Drake y por el general John Norris. La flota inglesa zarpó el 13 de abril de 1589. La primera plaza que atacó fue La Coruña, la ciudad desde la que había partido la Gran Armada un año antes hacia Inglaterra, confiando en una fácil captura con el botín consiguiente. En cuanto los ingleses tocaron tierra coruñesa comenzaron a hacer grandes destrozos. Eludieron el fuego de las baterías que protegían a la ciudad y desembarcaron al fondo de la ría, encaminándose desde allí por tierra hacia el recinto amurallado.


Francis Drake
La ciudad tenía dos partes claramente diferenciadas: una era la Ciudad Vieja, origen de la villa y con una fuerte muralla medieval como defensa; una segunda, conocida como "la pescadería" donde residían los pescadores y las clases más bajas. En esta parte llana, las defensas eran mucho más débiles. Hacia ese punto dirigieron los ingleses sus ataques con el convencimiento de una rápida victoria sobre tierra firme. Una vez violentada la primera muralla, media ciudad quedó sometida al pillaje y al saqueo pues al no poder reparar el muro las incursiones inglesas se cebaron con esos barrios y sus habitantes, que resistían con heroísmo los continuos ataques y vejaciones.

Tras largos días de lucha feroz y fuego intenso la población se refugia y ofrece resistencia tras los muros de la Ciudad Vieja. En la organizada defensa de la Ciudad las mujeres fueron, en principio, las encargadas de entregar agua y comida a todos los defensores a fin de que estos no abandonasen sus puestos ni un instante y puntualmente asistir a los heridos y trasladar a los muertos.

Días más tarde serían ellas las que suministrarían pólvora, cuerda y proyectiles. Los niños y los ancianos con movilidad estaban en permanente ayuda y realizaron trabajos tan relevantes, como acarrear desde las lonjas al interior de la muralla todo el bizcocho que allí se guardaba, destinado como alimento a la despensa de los buques que se hacían a la mar. Y cuando no pudieron acarrear más por ser sorprendidos por el enemigo incendiaron las lonjas con su contenido para no caer en manos de los ingleses.



El 4 de mayo de 1589 las tropas inglesas lograron abrir una brecha y comenzaron el asalto de la Ciudad Vieja, logrando subir a la parte más alta de la muralla y enfrentarse cuerpo a cuerpo con los defensores. Certeros disparos ingleses los barrieron, era el fin; los coruñeses ofrecían el triste momento de sucumbir ante el enemigo. En el encarnizado combate murió el segundo esposo de María Pita, Gregorio Rocamunde. ¡Ya son nuestros! Voceó un alférez inglés, con una bandera en la mano, estaba alcanzando lo más alto de la brecha seguido de sus soldados y con unos pasos más ya sólo tendría que descender para entrar en la Ciudad.
María Pita que se había arrodillado para atender vanamente a un tonelero se incorporó y clavó los ojos en aquella figura imponente que farfullaba cosas ininteligibles. Cogiendo una pica, fuera de sí, subió muy deprisa a la brecha y se abalanzó temerariamente contra el sorprendido alférez sin darle tiempo a reaccionar, hundió entonces la pica en su vientre. En los ojos del gigante, atravesado de parte a parte, se leyó la sorpresa más absoluta. María lo despeñó piedras abajo pero antes aferró el asta de su bandera y la exhibió mirando a sus conciudadanos.
- ¡ Ayudadme a echarlos de aquí ! ¡ Quien tenga honra que me siga ! gritó.

Y aquel grito inició una leyenda. Las mujeres, en ese momento, se encaramaron en masa a las murallas y a la brecha, produciendo una avalancha que hizo recular la ofensiva. En medio de ensordecedor griterío femenino lanzaron una lluvia de piedras que acabó de aturdir a las compañías inglesas que veían como su bandera se quedaba en manos enemigas. Después de dos largas horas de feroz batalla logran la retirada de los ingleses dejando cientos de muertos y heridos; el desgaste ha sido tan intenso para los sitiadores que ya no volverán a intentarlo y esta hazaña comentada entre los defensores de la muralla hizo que diversos capitanes utilizasen a las más aguerridas en mayores cometidos. Una vez acabada la batalla, María Pita ayudó a recoger los cadáveres y a curar a los heridos. La batalla ya de por sí dura se vio incrementada en los días 16 y 17 por las intentonas incendiarias que los ingleses lanzaron esas noches aprovechando la bajamar y que fueron cruentamente rechazadas.

Los ingleses, contenidos sus buques dentro de la bahía, mantenidos a raya por los cañones del castillo de San Antón e impedidos de saltar a campo abierto por las fuerzas estacionadas en el monte de Arcas, y que controlaban las operaciones inglesas de salida hacia nuevos y más fáciles frentes, no podían maniobrar a su antojo e incluso tenían enormes dificultades de suministros. Su moral de combate decaía en la casi totalidad de los sitiadores y lo que a los generales se les antojó como cosa de coser y cantar ahora con la triste realidad de los combates veían que se les estaba poniendo tan cuesta arriba que les resultaba imposible el creer en una victoria; las cifras de muertos y heridos eran muy elevadas y se ocultaban a la tropa. Finalmente, Francis Drake, humillado y desengañado de su tentativa de conquista y dadas las graves pérdidas, ordenó izar las velas de su galeón el Golden Hind y de los otros navíos para lanzarse sobre su objetivo principal: Lisboa, donde le esperaba otro sonado fracaso .
La Casa Museo de María Pita de La Coruña recuerda la vida de esta heroína que luchó contra una flota inglesa en el siglo XVI liderada por Francis Drake. En la Casa Museo se expone información sobre la heroína y el contexto de su época. La ciudad también tiene otros monumentos en honor a María Pita como es el caso de la plaza que lleva su nombre donde también se levantó un monumento en su honor. La obra, acabada en bronce, fue concebida por Xosé Castiñeiras y en ella se representa a la heroína alzando una lanza con el cuerpo sin vida del alférez inglés que atacó la ciudad en 1589 a sus pies.

Se le puso su nombre al navío que realizó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna para la vacunación de los territorios de ultramar en 1803. En agosto de 2008, Salvamento Marítimo bautizó al Buque de Salvamento BS-14 como el "María Pita", con su base actual en Galicia. Iberia tiene un Airbus A340 para rutas intercontinentales bautizado con su nombre. La empresa de transporte interurbano Castromil (Monbus) tiene un autobús bautizado "María Pita".
 
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FRANCESCA CACCINI, La primera compositora de ópera




Francesca Caccini fue una compositora, cantante, profesora de música y poeta italiana de los albores del Barroco. Nacida a mediados de septiembre de 1587, en la Florencia de los Médicis, era hija del compositor y cantante Giulio Caccini, quien la inició en estudios musicales de canto, laúd y composición. Su madre, Lucía Gagnolanti, eran también cantante. Con tan sólo trece años, Francesca realizó su primera actuación en público como cantante en la boda de Enrique IV de Francia y de María de Médicis, ya que su padre participó en la organización y composición de la música para la ceremonia. Giulio Caccini era uno de los músicos más notables y experimentados de la corte de los Médicis. Fallecida su esposa, en algún momento antes de 1604, Giulio Caccini se casó con otra cantante, Margherita di Agostino Benevoli della Scala.

A principios de su carrera, la joven Francesca actuaba con su padre, su madrastra y sus dos hermanos con el nombre de Concerto Caccini. En 1604 la familia Caccini al completo viajó a Francia, donde el rey Enrique IV quedó tan sorprendido con sus actuaciones que propuso a Francesca que se quedase a su servicio, pero los Médicis no estaban dispuestos a desprenderse de la joven y se opusieron a su marcha, por lo que tuvo que regresar a Florencia, donde su fama siguió creciendo. Se la conocía como la Cecchina.



Cristina de Lorena, Gran Duquesa de Toscana

Francesca forma junto a su hermana Settimia el dúo "Concerto delle donne", que interpretarán música para el Gran Duque Fernando I de Toscana y su consorte Cristina de Lorena. La Gran Duquesa, mujer atraída por los saberes científicos, se convierte en benefactora de la joven compositora. Inmediatamente promueve que Francesca reciba una instrucción adecuada en el arte del Contrapunto, al tiempo que garantiza su sustento propiciando un matrimonio con un miembro de la camerata florentina, el apuesto tenor Giovanni Battista Signorini, que tiene lugar en noviembre de 1607. El matrimonio tendrá una hija llamada Margherita.


Sobre las excepcionales cualidades humanísticas de Francesca tenemos el testimonio deCristofano Bronzini, compañero en la corte de los Médicis. Escribe de ella que no sólo es un enorme talento en la música, sino que además dispone de una excelente educación en idiomas, aritmética, astrología y alquimia. Es también una instrumentista de primera clase, ya que domina con igual soltura el arpa, el laúd, la tiorba y el clave.


Conjuntamente con el libretista Michelangelo Buonarrotti, Francesca escribió música para muchos intermedios en la Corte de los Médicis. También fue pionera al crear una escuela de canto tal como ahora las conocemos y en 1615 se representó en el palacio Pitti "Il ballo delle Zigane", una especie de ópera, forma musical que por entonces acababa de nacer, musicada por ella. Antes de 1618 era uno de los empleados mejor pagados de la corte y cobraba más que su padre. En 1619 puso música a "La fiera" con letra del propio Michelangelo.


Francesca fue la primera mujer en componer una ópera. La primera, estrenada el 2 de febrero de 1625, se llamaba "La liberazione di Ruggiero dal isola d'Alsina" compuesta para la visita del príncipe Ladislaus Sigismondo, y con la que obtuvo tal éxito, que llegó a interpretarse en Varsovia en 1628, y fue la primera ópera italiana representada fuera del país. En total escribió cinco óperas, cuatro de las cuales se han perdido.



Compuso también obras religiosas, seculares, vocales e instrumentales, pensadas para su voz y capacidad, pero la única colección que se conserva es una publicación de 1618, El musiche del delle del libro del primo de II. Con Francesca se produce una excepción, ya que fue bastante valorada en su época y gozaba de tal fama que la llamaban "la Monteverdi de Florencia".


Su esposo fallece prematuramente en 1626 y pronto Francesca contrajo de nuevo matrimonio con el aristócrata Tomaso Raffaelli. La pareja se estableció en Lucca, y un año después de su matrimonio, tuvieron un hijo, también llamado Tomaso. El fallecimiento de su segundo marido en abril de 1630, deja a Francesca en una posición económica desahogada. En la misma época, se produjo un brote de peste en Lucca , no pudiendo salir de la ciudad hasta 1633. Una vez que la cuarentena fue levantada, Francesca decidió regresar al servicio de los Médicis con sus hijos. La compositora abandonó de nuevo Florencia en 1641 y ya no se conocen más detalles sobre su vida.

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Eloisa (1101-1163)

El amor de Abelardo,



Tu sabes amado mío lo mucho que he perdido al perderte a ti. Y cómo la mala fortuna – valiéndose de la mayor y por todos conocida traición – me robó mi mismo ser al hurtarte a ti.


Con estas palabras Eloisa llora la pérdida de su amor, Abelardo, en una de las muchísimas cartas que se escribieron a lo largo de su desdichada existencia. Porque conocer a Eloisa es conocer uno de los amores más puros, sinceros y conocidos de la Edad Media. Y para hablar de Eloisa hemos de hablar ineludiblemente de su amor, Abelardo.



Eloísa
Ella fue un dama francesa culta e inteligente que un día tuvo la suerte o la desdicha de recibir clases de filosofía de unos de los mejores maestros del París de su tiempo. El canónigo Fulberto tenía a su cargo a su sobrina Eloisa. En aquel tiempo Abelardo ya se había ganado una fama importante como maestro en la colina de Santa Genoveva y en la escuela catedralicia de Notre Dame. Con su elocuencia, oratoria, lógica e inteligencia consiguió derrotar intelectualmente a los antiguos maestros quedándose con todos los alumnos que se apiñaban diariamente en sus clases.


Abelardo se instaló en casa de su pupila y pronto el amor surgió entre ellos. La diferencia de edad, más de veinte años, no fue un obstáculo para que el maestro sedujera a la alumna y la alumna cayera rendida en sus brazos. Nacido el amor entre ellos, todo fueron desdichas. No fue extraño que Eloisa se quedara embarazada. Conocedores de la difícil situación, huyeron a Bretaña donde una hermana de Abelardo les dio cobijo y se hizo cargo del niño, al que pusieron de nombre Astrolabio.


De vuelta a París, Eloisa tomó los hábitos en el convento de Argenteuil y Abelardo en Saint-Denis. Pero mientras Eloisa terminó su vida en la clausura, Abelardo volvió a su mundo educativo, filosófico e intelectual.


A partir de aquel momento su relación se tornaría platónica a la fuerza.



Abelardo
Él era el primogénito de una familia importante de Palais, en la Alta Bretaña, por lo que estaba destinado a la carrera militar. Sin embargo, su pasión por el estudio le hizo abandonar su herencia y su destino inicial. Poco a poco fue escalando en el mundo intelectual hasta llegar a ser el maestro más codiciado de París. Pero su éxito y sus ideas le reportaron la envidia y el odio de muchos. Reconocido posteriormente como uno de los padres de la lógica, defensor de la búsqueda de Dios a través de la razón, llegó a enfrentarse al mismísimo San Bernardo de Claraval.


En el ámbito personal, su temeraria huida con Eloisa no dejó impasible a su tío quien planeó a su vuelta la más cruel de las venganzas. Abelardo fue castrado por los hombres de Fulberto.


A pesar de la humillación personal y de los enfrentamientos públicos, Abelardo no se rindió nunca y continuó amando a su compañera Eloisa y defendiendo sus ideas filosóficas.


Abelardo y Eloisa
El amor de Abelardo y Eloisa quedó gravado para siempre en la memoria de la historia gracias a las cartas que se escribieron a lo largo de su desdichada relación.


Sólo la muerte los reunió de nuevo. Cuando Abelardo murió en 1142, Eloísa hizo traer su cuerpo a el Paráclito, monasterio del que era abadesa. Veintiún años después se reunía definitivamente con su marido, compañero, amante y amigo. En el siglo XIX sus restos eran trasladados a París.


in Mujeres en la Historia

 
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María Malibran

No sólo su maravillosa voz, sus excelentes dotes escénicas y su rigurosa formación musical convirtieron a María Felicia García, la Malibrán, en la más famosa, admirada y amada diva del bel canto en el siglo XIX. Su belleza, personalidad y su apasionada y desgraciada existencia fueron factores que, sin duda, influyeron en hacer de ella un mito viviente, igual que le sucedería un siglo más tarde a María Callas. La vida de María Felicia bien podría haber sido el argumento de cualquiera de las óperas que en aquel tiempo triunfaban en Europa.

Nació en París en el seno de una familia española dedicada a la música. Fue hija del gran tenor Manuel García y de la no menos maravillosa soprano Joaquina Sitjes; hermana del barítono Manuel García y de la soprano y compositora Paulina Viardot. Pero María Felicia fue la indiscutible y fulgurante estrella de la familia. Cuando en 1825 la familia al completo -a excepción de Paulina que aún era muy pequeña- representó en Nueva York El barbero de Sevilla, la prensa tuvo elogios para todos, pero de María Felicia dirían: «Era el imán que atraía todos los ojos y que ganaba todos los corazones».

Tenía entonces diecisiete años. Resulta sorprendente su éxito si tenemos en cuenta que aquella era una de sus primeras representaciones. Hacía sólo unos meses que había debutado en Londres en el Teatro del Rey, precisamente con El barbero de Sevilla, y aunque conociese muy bien el papel de Rosina por haberlo interpretado con anterioridad, su experiencia en el escenario era mínima, pero también es cierto que ella estaba acostumbrada a él, ya que desde muy niña acompañaba a sus padres en todas las representaciones.




Manuel García se dio cuenta muy pronto del talento de su hija y se dedicó a educarle la voz y a darle clases de canto. María estudió piano con el compositor Herold y solfeo con Auguste-Mathieu Panseron. Con el deseo de que su formación fuese más completa su padre la envió a un colegio inglés. Después de un tiempo en Inglaterra regresó al hogar paterno convertida en una hermosa mujer, con una acusada personalidad y un carácter muy independiente que provocará continuos enfrentamientos con su dominante padre.

En Nueva York, María Felicia se enamora de un poeta al que su padre rechaza. María aceptó la decisión paterna, pero sabe que en la siguiente ocasión que se le presente se casará sin decírselo a nadie. Lo hizo con un banquero llamado Malibrán. El matrimonio resultó un desastre. Él deseaba el dinero que ella ganaba y María probablemente quería liberarse de la dictadura paterna. Al poco de casarse, su marido sucumbió a los celos prohibiéndole cantar. A pesar de ello, María siguió a su lado esperando el momento oportuno para dejarlo. La solución se presentó cuando su esposo fue encarcelado por estafa y bancarrota. Entonces María volvió a cantar por pura necesidad, pues debía pagar las deudas. Consiguió actuaciones en algunos conciertos y recitales. Sólo después de arreglar las cuentas se embarcó para Europa.

En 1828 está de nuevo en París. Regresa a los escenarios con el papel de reina en la óperaSemiramide. Pronto consigue la portada de los diarios y revistas especializadas, que empiezan a referirse a ella como la Malibrán. A pesar de su triunfo, el enfrentamiento con Henriette Sontag fue inevitable desde un comienzo y si bien la Malibrán poseía claras ventajas sobre la soprano, tanto público como críticos se dividieron en opiniones. Cuentan la anécdota que a la Malibrán le desesperaba la hermosura de la voz más convencional y menos extensa de la Sontag, tanto que entre lágrimas se preguntaba: "¿ Por qué tiene que cantar tan bien?". La rivalidad entre ambas terminó una noche en que se presentaban en Semiramide de Rossini, tras finalizar el dúo "Alle più care immagini" ambas cantantes se abrazaron fraternalmente extasiadas la una de la otra por la manera suprema de cantar y ornamentar. Gracias a esta amistad el público parisino pudo disfrutar de ambas cantantes combinadas en la misma ópera.




El éxito en París no fue solamente como cantante. La Malibrán se convirtió en el símbolo de una nueva generación de artistas románticos y juventud progresista. A su situación de mujer separada y autosuficiente, se sumaba su calidad como artista que reunía una figura bellísima, morena y símbolo absoluto de lo hispánico, una cantante extraordinaria con una músico consumada y además un talento dramático fuera de lo común en las cantantes de la época. En resumen se convirtió en el símbolo máximo del romanticismo.

Dicen que Rossini, muy amigo de la familia García Sitjes, le ofreció 100.000 francos anuales por un contrato de cuatro años en la ópera de París. María Felicia lo rechazó. Estaba segura de su éxito en cualquier escenario y no deseaba sujetarse a un solo público. La Malibrán era una auténtica diva. Y como tal se permitía elegir la ópera que iba a representar. Sus biógrafos cuentan que en una ocasión la contrataron para cantar en la Scala de Milán y cuando el director le consultó qué obra deseaba interpretar, ella, que era especialista en Rossini, eligió Norma.Aquella decisión no tendría mayor importancia si Norma no fuese la ópera que siempre había interpretado en la Scala, Giuditta Pasta, diva italiana contemporánea en quien Bellini había pensado al crear aquella obra. Parece ser que el director se negó ante lo que sin duda era un desafío por parte de María, pero al final, aunque con miedo, aceptó el reto.

La noche del estreno de Norma en la Scala, la Pasta acudió al teatro en un intento de poner nerviosa a la Malibrán. La Pasta sabía que aquel era su público y buscaba su reacción. Deseaba que la viesen y que rechazasen a aquella intrusa que se atrevía a interpretar un papel que era suyo. En cierta medida, la Pasta consiguió su objetivo. Al comienzo de la representación los espectadores se encontraban totalmente fríos. La Malibrán estuvo magistral, a ella no le afectó en absoluto la presencia de la Pasta. Al final de la representación la actitud del público era totalmente distinta, y aunque se escuchaba algún que otro abucheo la mayoría aplaudía entusiasmada.




Al día siguiente la Pasta volvió a la Scala, pero todos se olvidaron de su presencia. La Malibrán los había conquistado. Fue tal el éxito y el calor de los asistentes a la segunda representación deNorma, que a la salida de la Scala, los espectadores, emocionados, desengancharon los caballos del carruaje que debía llevar a la Malibrán al hotel y ellos mismos los sustituyeron. La Malibrán había vencido a la Pasta, ella era la auténtica diva.

Además de su belleza, de su voz, de sus dotes escénicas, se preocupaba de la escenografía y del vestuario de las óperas que interpretaba. Ella misma diseñaba algunas veces los trajes que utilizaría en escena y encargaba siempre un estudio del ambiente y costumbres de la época en que se desarrollaba la historia para poder contar con una decoración adecuada. La Malibrán amaba su trabajo y el público lo notaba, y se lo agradecía considerándola la mejor.

Desde su regreso de Nueva York, la Malibrán es la diva indiscutible. Año tras año se suceden los éxitos. Su presencia en el escenario despierta pasiones y son muchos los hombres que darían todo lo que tienen por conseguir su favor. Se dijo que el marqués de Lafayette sucumbió a sus encantos. Lo cierto es que llegará un momento en que el marqués consiga para María Felicia algo impensable en aquel tiempo.
Corría el año 1830 cuando la princesa de Chimay, la española Teresa Cabarrús, invitó a María Felicia a pasar unos días en su palacio de Chimay en Bélgica. Después de su azarosa vida, Teresa se convirtió en una madre y esposa ejemplar dedicada a conseguir la felicidad de su familia. Era consciente del vacío que se le hacía en las cortes europeas pues no le perdonaban su pasado. Ella hubiese superado aquella situación, pero sabía el dolor que estos desplantes producían a su marido. Por ello, en un intento de animarlo, y conociendo su gran afición a la música, organizaba con relativa frecuencia reuniones musicales en su palacio de Chimay.

En aquella ocasión, Teresa había conseguido que el famoso violinista belga Charles de Bériotaceptase pasar unos días con ellos. También invitó a la Malibrán. Teresa y María Felicia se conocían de París. No era aquella la primera vez que la Cabarrús le comunicaba sus deseos de contar con su presencia en Chimay, pero nunca había podido acudir. En esta ocasión María Felicia aceptó, sin imaginar que allí encontraría a su verdadero amor. María Felicia y Charles de Bériot se enamoraron nada más verse y ya no quisieron separarse nunca. De Chimay se fueron a vivir juntos a Bruselas. Cuando el padre de la Malibrán conoció la decisión de su hija de irse a vivir con De Bériot, se enfadó muchísimo e intentó impedirlo, pero de nada sirvió. Ni la noticia del nacimiento de un niño que le convertiría en abuelo le hizo olvidarse de la situación de su hija, algo que Manuel García no podía aceptar.




María quiso anular su matrimonio con Malibrán para casarse con Charles de Bériot, pero el banquero se negaba. Pasaba el tiempo y no existía ninguna posibilidad de convencerle, entre otras razones porque Malibrán, consciente del buen momento que atravesaba María Felicia, deseaba obtener de ella una importante suma de dinero a cambio de facilitarle la libertad. Fue entonces cuando el general Lafayette le ofreció su ayuda a María Felicia. A comienzos de 1836 el marqués de Lafayette dio por terminada su gestión. El Vaticano había anulado el matrimonio religioso y el civil siguió el mismo camino. Ese mismo año María Felicia se casó con Charles de Bériot. Su padre no pudo alegrarse con la buena noticia, Manuel García había muerto en 1832.

La Malibrán siguió triunfando por los escenarios europeos. Fueron años felices. María se preocupó de que su hermana Paulina, que también poseía una hermosa voz, adquiriera una formación adecuada. Desgraciadamente, María no presenciaría el debut de su hermana en 1837 cuando compartió programa con Charles de Bériot en un concierto celebrado en Bruselas. Paulina había estudiado piano con Franz Liszt y estaba llamada a desempeñar un papel importantísimo en el mundo de la música, en el que sería conocida con el nombre de Paulina Viardot por su matrimonio con el director del Teatro Italiano de París, Louis Viardot. Paulina fue primera figura del bel canto, profesora del Conservatorio de París y se dedicó, además, a la composición, a escribir poesía y comedias para el teatro. María también compuso música. Escribió nocturnos, arietas y romanzas, aunque su faceta de diva haya eclipsado a la de compositora.




No sabemos si a lo largo de la historia habrá existido una familia musical más completa que la de García Sitjes. Todos fueron excelentes profesionales, pero ninguno brilló con la intensidad de María Felicia. Cuentan que despertaba tal entusiasmo que a finales de 1835 comenzaron a circular sellos que servían para cerrar las cartas y que llevaban su efigie como ilustración. Tal vez ese carácter indómito, esa fuerza apasionada que impulsaba todas sus acciones y que encandilaba al público, fuera la causa de que María Felicia tomara aquella decisión que habría de costarle la vida.

A comienzos del mes de septiembre de 1836 María Felicia se encontraba en Manchester, donde tenía programadas diversas actuaciones. Una mañana, cuando paseaba a caballo, como tantas veces había hecho, se cayó y fue arrastrada por el asustado animal. Al recobrar el conocimiento en vez de acudir a un hospital o a un médico para que la reconociera, como no se sentía mal y además tenía actuación, no le dio mayor importancia y no suspendió la representación. Tampoco los días siguientes se preocupó de lo que le había sucedido. La única secuela que parecía haberle quedado de la caída era un fuerte dolor de cabeza, que controlaba en los momentos de salir a escena. La Malibrán no quería privar al público del placer de escucharla.




El 11 de septiembre María Felicia cayó desmayada en el escenario. Podría haber sido el final de alguna de las óperas que representaba, pero no, era el final de su vida. No volvió a recuperarse y permaneció en estado de coma hasta el 26 de septiembre en que murió a los veintiocho años de edad. A su funeral en la catedral de Manchester asistieron más de 50 mil personas. Su cuerpo, por expreso deseo de su marido, fue trasladado a Bélgica, a la ciudad de Laeken, donde recibió sepultura.

María Malibrán se fue de este mundo envuelta en el aplauso y el calor del público. Tanto en su vida como en su muerte concurrieron las circunstancias propias de los seres destinados a convertirse en mitos. Pero además, fue una mujer que sabía lo que quería y luchó por ello. Era valiente y también generosa. En su corta biografía han quedado muestras de su ayuda a compañeros y empresarios necesitados. También se preocupó de los niños desvalidos. Por expreso deseo de la Malibrán los derechos de venta de su música se entregaban a una escuela de huérfanos de París.



 

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La dama de la lámpara, Florence Nightingale (1820-1910).


En la tradicional Inglaterra Victoriana, donde no se concebía el papel de la mujer más allá de los muros de su hogar, una joven emprendedora renunció a una vida tranquila para sumergirse en el estudio y la práctica de la enfermería. El importantísimo papel que jugó Florence Nightingale en la Guerra de Crimea le dieron la fama y el reconocimiento como una de las pioneras de la enfermería moderna.


El nombre de su ciudad natal
Florence Nightingale nació en Villa Colombaia, en la ciudad italiana de Florencia el 12 de mayo de 1820. Sus padres, William Edward Nightingale y Frances Smith, pertenecientes a la clase alta inglesa, habían viajado por Europa los primeros años de su matrimonio. Establecidos temporalmente en Italia, pusieron a su segunda hija el nombre de su ciudad natal. Así habían hecho también con su hermana mayor, Parthenope, a quien le pusieron el nombre griego de la ciudad de Parthenapoles.


La infancia de Florence trancurrió tranquila en la campiña inglesa. Una institutriz se hizo cargo de la educación de las niñas Nightingale hasta que su padre asumió personalmente su formación. Florence mostró pronto un especial interés por las matemáticas y, aunque sus padres intentaron que siguiera una educación más acorde con su condición de mujer, la tenacidad e insistencia de la pequeña hicieron que sus padres le permitieran continuar con sus estudios.


Una llamada de Dios

De profunda fe en la religión anglicana, Florence experimentó una inusual experiencia religiosa. El 7 de febrero de 1837, mientras paseaba por el jardín de Embley, donde pasaba largas temporadas, creyó escuchar una llamada de Dios. Aunque en un primer momento no entendió el significado de aquella visión, con el tiempo se dio cuenta que su pasión por la enfermería había sido una manera de ayudar a los demás tal y como Dios le había pedido.


Su conocimiento de la enfermería por aquel entonces se reducía al cuidado de familiares enfermos. Además de no ser una profesión conveniente para una mujer de la alta sociedad, las personas que se dedicaban no eran consideradas personas educadas ni bien formadas. Además, a la joven le deparaba un futuro muy distinto, debería casarse y tener hijos y convertirse en una gran dama inglesa. Aun así, Florence se enfrentó a su familia cuando pidió incorporarse a trabajar en un hospital y renunció a una proposición de matrimonio.


Formación práctica
En su empeño por convertirse en una enfermera profesional, Florence inició en 1849 un largo viaje por Europa y Egipto en el que conoció a varias personas de renombre y visitó diferentes hospitales en los que aprendió distintas metodologías y procedimientos.


En 1850 ingresó como enfermera en el Instituto de San Vicente de Paul en Alejandría, una institución católica; posteriormente visitaría el hospital del Pastor Theodor Fliedner en Kaiserwerth y el Instituto alemán para Diaconisas Protestantes, ambos en Dusseldorf. En París también estuvo en el hospital Saint Germain.


Toda esta experiencia le valió tres años después conseguir el puesto de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas de Londres, cargo que ocuparía hasta su marcha a Crimea.


Su papel en la Guerra de Crimea.


En marzo de 1854, tras un año de clonflictos entre Rusia y la alianza formada por Francia, Gran Bretaña y Turquía, estos declaraban formalmente la guerra al imperio de los Romanov. Se iniciaba la Guerra de Crimea. Durante el conflicto fueron muchas las bajas producidas por la falta y deficiencia de contingentes sanitarios en la zona. El entonces Secretario de Guerra británico, Sidney Herbert, a quien Florence había conocido en Roma unos años antes, le pidió que supervisara el papel de las enfermeras en los hospitales de la zona.


Nightingale recibiendo a los heridos en Scutari | Jerry Barrett
Nightingale no se lo pensó dos veces. Con el cargo de Superintendente del Sistema de Enfermeras de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía arribó a Constantinopla junto con 38 enfermeras el 21 de octubre de 1854.


Su labor en Crimea le supuso el reconocimiento mundial como enfermera. Trabajadora incansable, Florence no dejaba a sus enfermos ni durante la noche, cuando realizaba rondas a la luz de un candil. Aquella anécdota le valió el sobrenombre de “La Dama de la lámpara”.


La Fundación Nightingale

La estancia de Florence en Crimea no sólo le reportó fama personal. Consiguió un reconocimiento público de la profesión y ayudas económicas para crear una escuela de enfermeras. En 1860 se inauguraba la Nightingale Training School en el Hospital Saint Thomas de Londres. Se creaba la primera escuela de enfermería laica del mundo. En 1893, el juramento Nigthingale que realizaban todas las estudiantes graduadas se creó en su honor.


Florence continuó recaudando fondos a través de la Fundación Nightingale para la formación de sus estudiantes y para la mejora de las condiciones sanitarias de los hospitales de la zona.


Con su defensa de la profesionalización de la profesión, Florence consiguió que en pocos años las enfermeras fueran consideradas como parte importante de los hospitales. Su fama se extendió a otros paises como Australia o Estados Unidos. Linda Richards, conocida como la primera enfermera entrenada de América, fue apadrinada por la propia Florence.


Notas sobre enfermería
En su incansable devoción por la profesión, Florence quiso poner por escrito todos sus conocimientos. Su primera obra fue Notas sobre Enfermería: Qué es y qué no es, un libro que sirvió como base para la educación de sus alumnas a la vez que tuvo una buena aceptación por parte del público en general. Florence publicó otros títulos como Notas sobre Hospitales o Notas en cuestiones que afectan la Salud, la Eficiencia y la Administración Hospitalaria del Ejército


Reconocimiento público
Además de la satisfacción personal, Florence recibió importantes premios como la Real Cruz Roja otorgada por la Reina Victoria o la Orden del Mérido del Reino Unido.


Su interés por otros campos como la estadística también le valieron grandes honores como ser admitida en la Royal Statistical Society británica y miembro honorario de la American Statistical Association.


Lento declive
Florence pasó muchos años postrada en una cama a causa de una enfermedad contraída en Crimea. A esto se sumó una depresión que fue apagando la vida de esta gran mujer. El 13 de agosto de 1910, con 90 años, moría en su cama en su casa de Londres.


Cinco años después se erigía en Waterloo Place el Monumento de Crimea, en honor a su importantísima contribución en aquel conflicto.

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Hatshepsut, la faraona


nuevatribuna.es | Edmundo Fayanás Escuer | 14 Enero 2012 - 10:45 h.



Hatshepsut fue la primera mujer que desafío el orden establecido en su época, para convertirse en el faraón más poderoso de Egipto. Nace sobre el año 1500 a.C. y se hizo pintar con vestimenta masculina, con barba y sin pechos.
Hatshepsut fue faraona de la dinastía XVIII de Egipto, quinta faraona de dicha dinastía y su reinado va del año 1479 al 1457 a. C. Gobernó con el nombre de Harshupsut que significa “la primera de las nobles damas”.
Era hija del faraón Tutmosis I y de Almose. Egipto estaba en esa época en un momento de máximo esplendor, llegando su dominio hasta el río Éufrates y la ciudad de Babilonia. El ejército del faraón era en aquel período el más fuerte del mundo y su momento económico era de gran prosperidad. Debido a todos estos factores, los faraones tenían un poder absoluto.
Hatshepsut tuvo una infancia apacible, donde no le faltó de nada y estaba unida a la vida de la corte del faraón. Tuvo dos hermanos y una hermana menor Neferubity. Sus hermanos murieron muy jóvenes, hecho que la colocaba en la línea sucesoria al trono, sin embargo era muy difícil que una mujer pudiera acceder al poder en Egipto.
Parece ser que el propio faraón Tutmosis I, trató en su reinado de asociar a su hija al trono, como así lo demuestra que le nombrase la heredera.
Cuando Tutmosis I, después de trece años de reinado, fallece, le sucede un hijo que había tenido con una concubina con el título de Tutmosis II. Este llega al poder por la existencia de una conjura palaciega dirigida por el Chaty y arquitecto real, el poderoso Ineni, debido a que éste tenía una gran ascendencia sobre Tutmosis II.Para Hatshepsut fue un duro golpe a su orgullo. Tuvo que convertirse en la Gran Esposa Real y casarse con su hermanastro.
En el Antiguo Egipto, el matrimonio entre hermanos se daba frecuentemente, sobre todo en la realeza esto no se consideraba incesto. Es una forma de preservar la sangre real y asegurar la sucesión dinástica dentro de la misma familia.
Turmosis II sólo gobernó tres años y medio y tuvo dos hijos. A su muerte éstos todavía estaban en edad muy temprana. Este faraón era de carácter débil y muy dubitativo. Su reinado pasa sin más pena ni gloria, estando muy lejos del esplendoroso reinado de su padre. Seguía siendo dirigido su reino por el visir Inani.
Hatshepsut durante el reinado de su marido Tutmosis II, hizo su propio círculo de adeptos, los cuales cada vez tenían más poder e influencia. Entre estos destacan dos personajes que tendrían posteriormente gran poder, Hapuseneb y Senenmut.
Además hizo hincapié en que era descendente directa de los grandes faraones, libertadores de los hicsos. Ostentaba el título de Esposa de Dios, lo que significaba que era portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose-Nefertari. Todo esto hizo ser a Hatshepsut opositora del visir Ineni.
Del matrimonio entre Tutmosis II y Hatshepsut tuvieron una hija llamada Neferure, pero no tuvieron varón. Como consecuencia de ello, Tutmosis II bajo el consejo del visir Ineni, nombra heredero a un hijo suyo que tuvo con una esposa menor llamada Aser, que llegó con el título de Tutmosis III, solo contaba con doce años de edadHatshepsut exigió, que al ser la primera esposa del faraón se convirtiera en Regente de Tutmosis III, esto sucedía en el año 1473 a. C.
Pospuso sine die el matrimonio de Tutmosis III y su hija Neferura, que era la única persona que podía legitimar el ascenso al poder real. Esto ya había sucedido en otros casos de regencia en la historia egipcia, la diferencia se basa en que estos casos no eran mujer.
En sus primeros años de regencia planificó los pasos que debían darse para cambiar a la tradicional sociedad egipcia. Se deshizo del poderoso visir Ineni y ascendió al poder político a sus fieles seguidores Hapuseneb y Senenmut. Unificó los cargos de Visir y de Sumo Sacerdote de Amón. Senenmut era un oficial de origen plebeyo que siempre estuvo con ella y algunos historiadores hablan de que ambos fueron amantes y que incluso su hija Neferure fue fruto de esta relación.
Senenmut fue nombrado Arquitecto Real. Fue también tutor de su hija. Éste se mantuvo soltero hecho que en el antiguo Egipto era algo inusual. Fue el único plebeyo que fue enterrado en sarcófago real. Su templo fue ubicado en medio de las montañas y es el más hermoso arquitectónicamente hablando de Egipto. Posteriormente, fue convertido en monasterio. Este templo está excavado en parte dentro de la roca.
Momia de Hatshepsut
Cuando vió que ya ostentaba el poder absoluto, se hizo autoproclamarse delante de Tutmosis III también faraón de las Dos Tierras y primogénito del Dios Amón y con el total apoyo de la clase sacerdotal, encabezados por su fiel seguidor Hapuseneb. De esta forma se había convertido en la tercera reina faraona en la historia egipcia.
Hashepsut exigió los atributos masculinos de su cargo, haciéndose representar como un hombre y apareciendo con barba postiza. En la corregencia siempre fue ella la que decidía, colocando a su hijastro en un segundo lugar, ante el poderío y personalidad de esta faraona.
Se adaptó rápidamente al poder y lo disfrutaba. Era una magnifica regente, debido a su inteligencia, gran gestión administrativa a pesar de que tuvo que sortear numerosos problemas.
Supo ganarse el apoyo de todos los que le rodeaban, comenzando por los sacerdotes d Karnak, para ello daba grandes donaciones económicas y los privilegios que les fue otorgando.
En su momento, declara al pueblo egipcio que su verdadero padre no era Tutmosis I, sino el dios Amón. De esta forma, la faraona se declaraba primogénita del dios Amón y su papel era la de ser su delegada en la tierra, con lo que alcanza un papel sagrado. Este título le daba poder preponderante como sacerdotisa en el santuario nacional del culto al dios Amón. Esto le proporcionaba muchas propiedades legales documentales, e infinitas ventajas de todo tipo.
Una monumental estela de esta reina se encuentra en el templo de Amón, en Karnak. La heredó de su abuela que fue la primera esposa divina. Esto se conoce como la Teogamia, que permite validar su derecho al trono al ser considerad como un Dios vivo. Esto hizo que el poder de los sacerdotes de Amón fuera muy grande.
Hatshepsut usó cinco nombres, el de Horus, el de Nebty, el de Horus de Oro y los dos conocidos como nombre de nacimiento Hatshepsut y elnombre de coronación que era Maat-Ka-Ra, que quiere decir “el espíritu de Ra es justo”, utilizó siempre conjuntamente con su nombre de nacimiento

Momia completa de la faraona

Esta faraona nunca tuvo una preparación militar. En sus 22 años de gobierno tuvo seis conflictos militares, tres con la región de Nubia y otras tres con las tribus de Siria y Palestina.
Fue una gobernante pacifica y que prefirió gastar los presupuestos del Estado en construir y embellecer edificios y las ciudades, en vez de conquistar territorios.
En aquella época los faraones se hacían construir su tumba y un templo mortuorio algo alejado de ésta, cuya finalidad era proteger a la misma, que sirviera como recordatorio de su labor en su reinado.


Plano de Deir el – Bahari
En Deir el- Hahari mandó construir un monumento mortuorio (conocido como el sublime de los sublimes), que sería el símbolo de su reinado. Se trata de uno de los templos más hermosos de Egipto. En sus paredes, están pintados todos sus logros políticos y económicos como faraona. Siendo uno de los más visitados actualmente por los turistas.
Fue construido al lado del templo de Mentuhotep II. Dicho monumento mortuorio tiene una estructura formada por largas terrazas con rampas alargadas de poca inclinación, que le hacen acoplarse perfectamente a la roca y su entorno. En dicho monumento hay un sector que no se puede ver, en él está la faraona Hatshesut y al arquitecto real Senenmut en actitud de amantes, de lo que se deduce, como ya hemos comentado anteriormente que debían ser amantes, pero esto estaba prohibido debido a la diferencia de linaje de ambos.
Debe resaltarse durante su gobierno, los dos viajes que hospició al territorio de Punt, región actual de Somalia, de donde se obtienen los mejores árboles de incienso y mirra. También trajo marfil, ébano, pieles de pantera y oro. Estas expediciones fueron dirigidas por Nehesi, que era como el portador del sello real,. En estos viajes no sólo se comerciaba, sino que se realizaban estudios minuciosos de la flora y fauna de estos territorios, así como de su organización política y social. La expedición se conmemoró con relieves en el templo de Hatsepsut en Tebas.
El monumento de Deir el–Bahari se terminó en el dieciseisavo año de gobierno y cuando Tutmosis III ya deseaba adquirir protagonismo. El faraón ansiaba más poder que Hatshepsut, pero ésta no se lo permitía. En el año XVII murieron en extrañas circunstancias los dos grandes apoyos de la faraona, Hapuseneb y Senenmut
La faraona deseaba que siguiera una dinastía femenina de faraones y para ello contaba con su hija Neferura, pero también falleció, lo que consiguió derrumbarla.
De pronto Hatshepsut desaparece de la vida política y pública sin que se sepa si fue derrocada. Parece ser que murió en el palacio de Tebas después de veintidós años de gobierno, calculándose que vivió unos cincuenta años.
Fue eliminada de todos los registros y de la lista de reyes. Sus estatuas fueron destruidas y enterradas en la arena del desierto. Su imagen fue borrada de todos los templos. Las estatuas que presiden su templo están todas decapitadas. Posiblemente sea el deseo de rescribir la historia, prescindiendo de la figura de Hatshepsut, primera mujer faraón de Egipto.
Su tumba fue descubierta por el arqueólogo Howard Carter en la primavera de 1903. En la tumba de Hatshepsut aparece también su nodriza Sita. Su cadáver tenía el brazo izquierdo doblado en posición típica de las reinas fallecidas. Su momia se encontraba rodeada de una gran cantidad de lienzos. Los recientes análisis de su momia han permitido saber que padecía una avanzada osteoporosis en las caderas, diabetes, artritis, sobre peso, cáncer y tenía absceso séptico en su boca lo que puede estar en el origen de su fallecimiento.
Podemos decir que, Hatshepsut fue una gran gobernanta durante su reinado. Egipto alcanzó su máximo esplendor poniendo las bases para el gran reinado de Tutmosis III.
 
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[h=3]LOU ANDREAS-SALOMÉ[/h]




Lou Andreas-Salomé (nacida Luíza Gustavovna Salomé, 12 de febrero de 1861, en San Petersburgo, Rusia – 5 de febrero de 1937, en Gotinga, Alemania). Filósofa, escritora y psicoanalista rusa, con inclinaciones liberales.

Compartió los secretos más íntimos de filosofía con Friedrich Wilhelm Nietzsche, pero luego gracias a su magnetismo y belleza encontró su camino junto a Paul Rée (amigo de Friedrich Wilhelm Nietzsche). Fue una intelectual, autora de muchos libros, psicoanalista y compañía espiritual de artistas y escritores (hombres y algunas mujeres) de finales del s. XIX y principios del s. XX.




Nació en San Petersburgo, hija de un general del Ejército Ruso y su esposa. Lou Andreas-Salomé fue la única mujer, junto con 5 hermanos. En busca de una educación más allá de la típica para una mujer en ese lugar y época, a sus 17 años, convenció al predicador alemán Hendrik Gillot, 25 años mayor que ella, de enseñarle teología, filosofía, religión y literatura francesa y alemana. Cuando Gillot se enamoró tanto de Lou Andreas-Salomé que planeó en divorciarse de su esposa y casarse con ella, Lou Andreas-Salomé y su madre viajaron a Zúrich para que ella pudiera ingresar en la universidad. El viaje también lo hicieron para beneficiar la salud física de Lou Andreas-Salomé; a ese tiempo, ella tosía sangre.




Su madre la llevó a Roma, Italia, cuando ella tenía 21 años. En un salón literario de la ciudad, Salomé conoció a Paul Rée, un escritor y jugador compulsivo, a quien le propuso vivir en una comuna estudiantil. Después de dos meses, Lou Andreas-Salomé lo persuadió de aceptarla como compañera. El 13 de mayo de 1882, Lou Andreas-Salomé había hecho lo mismo con el amigo de Paúl Rée, Friedrich Wilhelm Nietzsche (Lou Andreas-Salomé escribió un controvertido estudio en 1894, Friedrich Nietzsche in seinen Werke, "Acerca de la personalidad y filosofía de Nietzsche"). Los 3 viajaron con la madre de Lou Andreas-Salomé a través de Italia, y decidieron que debían establecer su comuna “Winterplan”. Cuando llegaron a Leipzig, Alemania, en octubre, Lou Andreas-Salomé y Paúl Rée se separaron de Friedrich Wilhelm Nietzsche, después de un problema entre Friedrich Wilhelm Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, en el cual Friedrich Wilhelm Nietzsche, sorprendentemente, le propuso matrimonio a pesar de haberse configurado como un misógino redomado que odiaba al s*x* femenino en general, nota creyó haber encontrado en Lou Andreas-Salomé a la única mujer que sería capaz de entenderlo. Ella no lo aceptó y a cambio propuso a ambos hombres enamorados unirse en una triada de producción y trabajo intelectual. Una foto en la que aparecen los 3, con Lou Andreas-Salomé conduciendo el carro quiso ser una alegoría de este pacto. Según investigaciones de la historia del psicoanálisis, Friedrich Wilhelm Nietzsche habría incluido en Zaratustra a propósito de este asunto (y precisamente de esta foto que causó gran escándalo) la frase "¿Vas a ver mujeres? No olvides el látigo".







Lou Andreas-Salomé y Paúl Rée viajaron a Berlín y vivieron juntos hasta unos años antes de su matrimonio célibe con el profesor de lingüística Carl Friedrich Andreas. A pesar de su oposición al matrimonio y de sus relaciones abiertas con muchos otros hombres, Lou Andreas-Salomé y Carl Friedrich Andreas permanecieron casados desde 1887 hasta la muerte de Carl Friedrich Andreas en 1930. Los problemas causados por la convivencia de Lou Andreas-Salomé con Carl Friedrich Andreas, hicieron que el endeudado Paúl Rée desapareciera de su vida, a pesar de la seguridad que ella le brindaba.




Lou Andreas-Salomé fue una escritora prolífica, y escribió varias poco conocidas novelas, obras y ensayos; fue también una creativa feminista. A través de su vida de casada, se comprometió en romances y/o intercambio de correspondencias con el periodista alemán Georg Lebedour, el escritor y poeta austro-húngaro Rainer Maria Rilke, y los psicoanalistas Sigmund Freud y Viktor Tausk, entre otros. Da cuenta de muchos de ellos en su libro "Lebensrückblick". "Era de una modestia y una discreción poco comunes. Nunca hablaba de sus propias producciones poéticas y literarias. Era evidente que sabía dónde es preciso buscar los reales valores de la vida. Quien se le acercaba recibía la más intensa impresión de la autenticidad y la armonía de su ser, y también podía comprobar, para su asombro, que todas las debilidades femeninas y quizá la mayoría de las debilidades humanas le eran ajenas, o las había vencido en el curso de su vida". ("Sigmund Freud", Lou Andreas-Salomé (1937). Febrero de 1937).

Su relación con Rainer María Rilke fue particularmente cercana. Lou Andreas-Salomé era 15 años mayor. Se conocieron cuando él tenía 21. Fueron amantes durante varios años y se escribieron hasta la muerte de Rainer María Rilke; fue ella quien comenzó a llamarle Rainer, en lugar de René; le enseñó ruso, a leer a Lev Tolstói (a quien él conocería más tarde) y a Aleksandr Pushkin. Ella le presentó a importantes hombres y a muchas otras personas en el campo de las artes, y se mantuvo como su consejera, confidente y musa a través de toda su vida adulta.




Los estudios analíticos y literarios de Lou Andreas-Salomé se volvieron muy de moda en Göttingen, el pueblo alemán en el cual vivió sus últimos años, el cual la GESTAPO esperó hasta poco después de su muerte por uremia en 1937 para quemar su biblioteca. Se dice que Lou Andreas-Salomé resaltaba en sus últimos días “Realmente no he hecho más que trabajar durante toda mi vida, trabajar… por qué?”. Y en sus últimas horas, como si estuviera hablando con ella misma, se ha reportado que ella dijo “Si dejara que mis pensamientos vagaran, no encontraría ninguno. Lo mejor, después de todo, es la muerte”. (Peters, ‘My Sister, My Spouse’, p. 300). Escribió 15 novelas y otros documentales, como “Henrik Ibsens Frauengestalten” (1982), un estudio de las personalidades de las mujeres de Henry Ibsen.
Publicado por El_homo_sapiens en 11:13
 
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Anna Leonowens
fue una institutriz británica que se hizo famosa por sus publicaciones sobre los cinco años que había pasado en Siam para poder dar clase de inglés a los niños del rey Mongkut. Su biografía ha sido llevada al cine en dos ocasiones. En la primera Deborah Kerr interpretó su papel en “ El rey y yo “ y más recientemente Jodie Foster, en la película “ Anna y el rey”, se metió en la piel de esta extraordinaria mujer.


A pesar de que afirmaba haber nacido en Caernarfon, País de Gales, como Anna Harriette Crawford, recientes investigaciones han descubierto que no hay ningún registro de su nacimiento allí, noticia que fue un duro golpe para la ciudad, que hacía tiempo que la reclamaba como uno de sus nativos más famosos. La versión oficial de su historia dice que a la edad de quince años viajó a la India para vivir con su madre, que había vuelto a casarse después de la muerte del padre de Anna, un capitán del ejército, en acción. Había pasado los años en el internado y en casa de familiares. Pero ahora se cree que pudo haber nacido en la India en 1831, de familia deraza mixta, y que su nombre de soltera era Anna Edwards. Posiblemente quiso ocultar sus orígenes humildes al escribir que ella había nacido una Crawford en Caernarfon y al otorgarle a su padre rango de capitán. De esta manera no sólo se protegía a sí misma, sino también a sus hijos, que habrían tenido mayores oportunidades si se desconocía sus orígenes mixtos.


La relación de Anna con su padrastro no era feliz, y más tarde lo acusó de ejercer presión sobreella, como su hermana, para casarse con un hombre mucho mayor. La joven vivió en el lejano Oriente y aprendió hablar con fluidez sánscrito, hindi, persa y árabe. De regreso con su familia a la India, se casó, a la edad de diecisiete años, con su novio de la infancia, Thomas LouisLeonowens. En 1852, Anna sufriría la pérdida de su primer hijo y comenzó a sentirse enferma. Se le prescribió un cambio de clima y el matrimonio viajó hacia Australia. El viaje desde Singapur fue largo y la joven dio a luz un hijo, Thomas, a bordo. Sobrevivieron a un naufragio en el Cabo de Buena Esperanza y días más tarde, llegaron a Perth, donde su esposo encontró rápidamente trabajo como empleado en la administración colonial.





En Perth, Anna, intentó poner en marcha una escuela para señoritas. En marzo de 1854, su hijo murió y, en ese año, vino al mundo su hija Avis Annie. En 1855, la familia se trasladó a Lynton, en donde Anna dio a luz a su hijo Louis. Dos años después, la familia se trasladó a Singapur. En 1859, Anna se quedó viuda y pobre. Para mantener a sus dos hijos retomó la docencia y abrió una escuela donde estudiaban los hijos de los oficiales británicos. En enero de 1862, el cónsul de Siam en Singapur fue a visitarla. La dama escuchó con atención su propuesta. Al parecer, el reyMaha Mongkut de Siam estaba buscando una institutriz inglesa que se encargara de la educación de su hijos y querían saber si ella estaría interesada en aceptar el cargo.


La señora Leonowens era una viuda de treinta y un años, con dos hijos pequeños a los que mantener, y los oficiales con frecuencia se olvidaban de pagar las cuentas. Su precaria situación económica la animó a aceptar la insólita oferta, y tres semanas después, en compañía de su hijo pequeño Louis, abandonó Singapur en un barco de vapor rumbo a Bangkok. Durante cinco años trabajaría como institutriz de los sesenta y siete hijos y de las muchas esposas y concubinas del rey de Siam.


El monarca tenía un carácter complejo. Culto e inteligente, estaba, sin embargo, limitado por su propia educación y tradiciones. Éste debía tener un cierto grado de respeto por la mujer europea, de otro modo no la hubiera empleado como uno de los maestros a quienes confió la educación de sus muy amados hijos. La vida en palacio no fue fácil para esta mujer independiente y de estricta moral victoriana, que detestaba la esclavitud y los harenes. Gracias a su tenacidad, consiguió tener su propio hogar fuera de los muros de palacio y gozar de cierta libertad. Esta dama se ganó el respeto del rey y sus opiniones sobre la dignidad del ser humano calaron hondo en Mongkut y su hijo el príncipe heredero. Siempre tuvo el valor de decir lo que pensaba y de interceder ante el rey por alguna de sus esposas o esclavas.



Anna no fue sólo institutriz en la corte sino que se convirtió en la secretaria privada y traductora del rey Mongkut. Su trabajo era de máxima responsabilidad, ya que llevar la correspondencia del rey era un asunto serio y de vital importancia para impulsar las relaciones entre Siam y las grandes potencias como Inglaterra. Y agotador, porque como cuenta la propia Anna, el rey requería de sus servicios a cualquier hora del día. A pesar de todo aceptó el encargo pero con una sola condición: ya que tenía que trabajar en la misma habitación que el rey debía permitírsele estar derecha en su presencia y no postrada como sus súbditos. La institutriz también le fue muy útil al rey de Siam para organizar recepciones a importantes autoridades inglesas.


La marcha de Anna de Siam no tuvo, como popularmente se cree, nada que ver con la muerte del rey, y él no le suplicó que permaneciera. Además, ella estaba en el proceso de negociar el regreso a su corte cuando éste se puso enfermo y murió. El príncipe Chulalongkorn, con quince años, le escribió una cálida carta de agradecimiento por sus servicios, pero no la invitaba a volver a Siam. Que el rey tuvo a Anna en alguna estima se manifiesta por el hecho de que, tanto ella como su hijo, fueron mencionados ambos en su testamento, aunque nunca recibirían su legado. Anna no regresó a Siam desde su partida en 1867, pero siguió de cerca los avances y reformas que introdujo su pupilo el príncipe Chulalongkorn, entre otras, algunas por las que ella tanto había luchado, la abolición de la esclavitud, la libertad religiosa, la creación de escuelas y hospitales.


La hija de Anna se casó con Thomas Fyshe, un banquero escocés que puso fin a las preocupaciones monetarias de la familia. Su hijo Louis regresó a Siam en 1882, tenía el mismo espíritu inquieto y aventurero que su madre y el nuevo rey le nombró en su recuerdo oficial de su caballería. Anna vivió sus últimos años escribiendo artículos sobre sus experiencias en la corte del rey Mongkut, dando conferencias y codeándose con los más importantes intelectuales de Nueva York. Llegó incluso a trabajar como enviada especial, cuando en 1881, y tras el asesinato del zar Alejandro II, una publicación la contrató para viajar a Rusia y escribir varios artículos. No aceptó un puesto fijo en la redacción porque por aquel entonces esta incansable viajera deseaba pasar más tiempo con sus nietos y dedicarse a su familia. Anna Leonowens murió el 19 de enero de 1915, a los 83 años de edad. Fue enterrada en el cementerio de Mount Royal en Montreal.
 
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Mil gracias a todos.:a04:
No solo se trata de cotillear este foro, aquí esta la prueba.
 
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Anita Delgado fue una bailarina y cantante de cuplés que llegó a convertirse en princesa de Kapurthala. Nació en Málaga el 8 de febrero de 189O. Era hija de Angel Delgado y Candelaria Briones que regentaban un pequeño café "La Castaña", en el que la niña muy pronto mostró sus inquietudes artísticas. Junto a su hermana Victoria ingresó en la Academia de Declamación malagueña, recomendadas por el escritor Arturo Reyes, que era amigo de su padre y profesor de dicha institución. Hasta que la mala situación familiar les obligó a traspasar el local y marchar a Madrid donde concentraron sus ilusiones.



En Madrid, ella y su hermana fueron contratadas para hacer de teloneras y bailar entre pase y pase de las artistas del café-concierto Central-Kursaal donde los intelectuales y artistas solían acudir. Las dos hermanas actuaban todas las noches con el nombre de Las Hermanas Camelias.Entre los intelectuales y artistas que admiraron la belleza de las dos hermanas estaban Ramón María del Valle-Inclán, Pío Baroja y Julio Romero de Torres. En este escenario del Kursaal un notable espectador quedó prendado de ella, se trató del Maharajá de Kapurthala, Jegait Singh,príncipe indio que acudió a Madrid con motivo de la boda del joven rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg. El Maharajá tenía treinta y cuatro años y contaba con cuatro esposas en su palacio de Kapurthala. Le envió joyas y dinero que la muchacha rechazó indignada.


Tras el atentado de Mateo Morral a los Reyes de España, los invitados se apresuraron a regresar a sus países. Desde Francia, el Maharajá insistía y pedía a Anita que se casara con él. En un principio no aceptó, pero en una de las cartas que le envía le comunica que se casará con él. Anita había enseñado esta carta a sus amigos Romero de Torres y Valle-Inclán para que le corrigieran la ortografía antes de ser enviada a Francia. Valle-Inclán redactó una nueva misiva que convertía la aceptación de matrimonio de Anita en una poética declaración de amor hacia el Maharajá. Con dinero y promesas de una vida mejor, el Maharajá convenció a los padres de Anita para que dejaran que se trasladara a París, donde durante el siguiente año recibiría la educación necesaria que una princesa debía tener.



Después viajó a la India donde se casó el 28 de enero de 1908 a la edad de dieciocho años. La ceremonia será recordada por su fastuosidad pues la novia llegó montada en elefante, adornada de mirra y sedas. Anita se encontró con un país completamente distinto al suyo, con gentes distintas, con tradiciones distintas y con una gran boda. Lujo, joyas, criados... Las esposas anteriores de su ya marido nunca la acogieron bien y los británicos tampoco, a pesar de la gran curiosidad que sentían por ella. El Maharajá estuvo muy pendiente de Anita y se desvivió para que ella estuviera bien. Tuvieron un hijo, Ajit, al que enseñó el idioma español. Durante años fueron una pareja de moda, viajaron mucho a Europa, Estados Unidos y Sudamérica generando siempre una gran expectación, nubes de paparazzi les perseguían allá donde iban. Rápidamente Anita se adaptó a la vida que le ofrecía su marido y a las normas que su nueva situación le exigía.



En 1914 debido al comienzo de la Primera Guerra Mundial, su marido viaja a Europa para ponerse al servicio del ejército británico, Anita le acompaña haciendo importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Las relaciones en el matrimonio comenzaron a enfriarse. El Maharajá, poco a poco, fue prestando menos atención a Anita y volvió a tener nuevas amantes. Ella se enamoró de un hijo de él, Karan. Como consecuencia de esta relación, Anita se quedó embarazada siendo obligada a abortar por su marido. En cuanto ella se repuso de la grave anemia causada por el aborto, el Maharajá se divorció de ella prohibiéndole volver a la India pero siempre le pasó una cuantiosa pensión para que pudiera seguir viviendo en Europa con el lujo al que se había acostumbrado. Anita se instala en París con su hijo nacido unos años antes. Una vez en París asiste a bailes y fiestas, donde lleva una vida disipada y bastante díscola.



Tras la guerra civil española Anita se trasladó a vivir a Madrid donde vivió muy holgadamente gracias a la pensión que recibía puntual y generosamente de su ex esposo, que quería que esta siguiera viviendo como una princesa. Karan, el hijo del Maharajá, siempre que viajaba a Europa solía visitarla viviendo un gran idilio que jamás pudo llegar más allá de los encuentros esporádicos y secretos, hasta que él se casó con una inglesa. La muerte de su ex marido en 1949 la afectó profundamente. Vivió un amor secreto y tranquilo con su secretario, Ginés Rodríguez, hasta su muerte en 1962 debida a sus dolencias coronarias. Anita escribió un libro de sus impresiones en la India. Su biógrafa oficial Elisa Vázquez de Gey escribió tres libros sobreAnita Delgado, la Princesa de Kapurthala.






 
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Estas són algunas de las joyas que pertenecerón a Anita. La primera era su preferida y está en la fotografia del hilo, la otra pertenecia al elefante preferido del Marája, usada durante los cerimonilaes (ver fotografia) y fué muy dificil para Anita que el Marajá le regalara. Salieron a subasta hace unos años.




 

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Con permiso os dejo la biografía de esta mujer.
Era prima de mi abuela y en casa se guardaban infinidad de fotos de ella.
Saltó muchas normas de la época por sus escándalos.


Manuela Tejedor Clemente, La Preciosilla


Y de entre todas las estrellas y divas del cuplé de primeros de siglo, destacó una figura, la de Preciosilla, y no por su voz precisamente, si no por su alocada forma de vida y su carrera llena de críticas y escándalos.

Manuela Tejedor Clemente nace en 1893 en Calatayud, en la provincia de Zaragoza, al igual que Raquel Meller. Siendo niña se trasladó con su familia a Madrid, dónde una tía suya paterna regentaba una pensión que frecuentaban artistas de la época, entre otras, Pastora Imperio. Y siendo muy joven, fallece su padre, y su madre no tiene más remedio que poner a sus dos hijas a trabajar. Manuela llevaba tiempo preparándose en clases de canto y baile, solamente llegó a destacar en el baile. Debutó a los 15 años en el Petit Palais de Madrid teniendo un éxito clamoroso. Aún así nunca llegó a ser la primera estrella. De su debut saldrían nuevos contratos, nuevas actuaciones por distintos teatros de la capital, entre ellos el Royal Kursaal o el Teatro Nuevo.

En 1911 fue denuncia por movimientos obscenos por representar estos un atentado a la moral. Fue absuelta de esto. Quién se fijó en sus movimientos, en su potencial, no como cantante si no general, fue el compositor Quinito Valverde que acompañó a la cupletista en su carrera hasta su pronto fallecimiento en 1918. De mano del joven compositor debutó en París, donde obtuvo un discreto reconocimiento, y a su vuelta, más actuaciones en Madrid, San Sebastián, Barcelona o Valencia. Después vendría una gira por Cuba de cinco meses de duración, volviendo ya como una gran artista consolidada. Y sin embargo, pese a ser una artista tan reconocida, la polémica no dejó de acompañarla y las malas críticas a sus actuaciones tampoco. Relanzó un poco más su carrera compartiendo escenario con La Chelito, sin lugar a dudas una cumbre de divas. Su hermana, Mercedes, que fue conocida como Mussetta tuvo una carrera siempre a la sombra de su hermana.

Acusada de vividora, amante de los trajes carísimos para sus actuaciones, del champán, de los cangrejos, de las joyas, y de la fama, nunca tuvo una seria relación sentimental, solamente se le conocen breves romances con hombres adinerados, diputados, políticos en general, militares y gente en general pudiente. Sus actuaciones dónde mostraba esa voz tan poco modulada y su escaso talento, tenía sin embargo el respado del público que la aclamaban en cada actuación. Su repertorio destacaba por las rumbas eróticas. Grabó decenas de discos en la segunda y tercera quincena del S. XX destacando su larga carrera sobre los escenarios.

En sus años de mayores éxitos, rivalizó y polemizó con la bailarina Pastora Imperio, a la que había conocido en la pensión de su tía Enriqueta Tejedor, sobre Preciosilla, la Imperio dijo en cierta ocasión "Preciosilla... ¿Qué furcia será?" Y ya con unos años encima, sus apariciones sobre los escenarios fueron disminuyendo en número, su cuerpo otrora admirado representaba ya la edad que tenía y el público, que cambiaba de gustos pronto dejó de verla como una diva. Como casi toda diva del cuplé, esta fue muy de derechas, y el estallido de la Guerra Civil le sorprendió de lleno en Madrid, de dónde no pudo salir, actuó para las tropas republicanas e incluso llegó a ser denunciada y amenazada por alguna loca anarquista marxista y sus bienes fueron confiscados en aras de la causa republicana. Sin embargo, finalizada la contienda, Preciosilla dejó de actuar, decidió vivir del dinero que había conseguido (y recuperado) a lo largo de su carrera, y dedicó parte de su fortuna a actividades piadosas.



Fallecería repentinamente a los 59 años, sin tiempo para hacer un testamento. Dejaría a su hermana 5 millones de pesetas de la época, dinero con el cual su hermana Mercedes, al poco de su muerte mandó construir un impresionante mausoleo.

Preciosilla y Chelito, las provocadoras
 
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Enriqueta Faber.


No son pocos los casos de mujeres que en siglos pasados para poder ejercer la profesión escogida tuvieron que vestir ropas de hombre; pero ninguna ha sido objeto de tantas y tan diversas y controvertidas opiniones como es el caso de Enriqueta Faber. Mujer emancipada e intrépida, se hizo pasar por hombre para estudiar medicina en París, participó en las guerras napoleónicas, emigró a Cuba donde ejerció como médico ocultando su feminidad, y para no levantar sospechas, se casó con una mujer pobre y enferma, hasta que fue descubierta. No existe ni una sola imagen de esta mujer extraordinaria, pero han quedado un buen numero de novelas, obras de teatro, biografías y una película cubana que se presentó en el Festival de cine en el año 2000.


Enriqueta nació en Lausana, Suiza, en 1791. Sus abuelos fueron Juan Faber e Isabel Caven, quienes eran muy ricos y aficionados a las artes. La muchacha de finos modales, cuatro pies y diez pulgadas de estatura, piel blanca, mejillas rosadas, ojos azules, cabellos rubios, nariz abultada, boca y frentes chicas, quedó huérfana y arruinada a los 16 años de edad y pasó al amparo de su tío Enrique, Barón de Avivery y coronel del ejército francés. Desde entonces vivió en la casa del tío Barón, en Paris, hogar donde abundaban las fiestas y tertulias. Allí conoció al oficial de cazadores Juan Bautista Renaud, con quien se casó, matrimonio del que nació un niño. Algunas versiones dicen que el pequeño murió a los 8 días después del parto y otras que fue arrancado de los brazos de su madre para ser entregada a una baronesa incapaz de procrear.

En 1808, Juan Bautista, oficial del ejército napoleónico marchó a Austria. Como otras esposas de militares, Enriqueta lo acompañó. El militar murió en la batalla de Wagram y la joven quedó viuda con sólo 18 años, momento en que resuelve no depender más ni de su tío ni de ningún hombre. Tuvo incluso la idea de "hacer enterrar ocultamente a mi marido y declararme el sustituto de su persona". No pudo, contrajo viruelas y fue evacuada a Francia. Decidió vestir de hombre y estudiar medicina en la Universidad de París, bajo el nombre de Enrique Faber. Junto a otros graduados fue enviada a los ejércitos que trataban de conquistar Rusia. En los campos de batalla asistió a los heridos, pues su tío la incorporó a su regimiento como cirujano.



Después pasó al frente español, murió su tío y fue hecha prisionera, logrando escapar sin que se descubriera su s*x*. Cansada de guerras y cumpliendo el encargo de su tío de buscar a su esposa, Enriqueta abandonó Europa. En 1816 viaja a la isla de Guadalupe y ejerce su profesión en Fort Louis. No encuentra a la baronesa, quien entusiasmada por la prosperidad de los cafetales cubanos se había trasladado a Santiago de Cuba. Nueva travesía. El 19 de enero de 1819 Enriqueta llega a la ciudad de Santiago de Cuba, a bordo del velero La Helvetia. No demoró en la ciudad, ya que prefería un lugar recóndito donde despertara menos curiosidad su aspecto delicado, por lo que escogió a Baracoa. Muy valiente y segura de sí misma, Enriqueta siguió practicando la medicina, siempre vestida de hombre, logró mucha reputación por su alto nivel profesional y era muy querida, pues asistía a pacientes gratuitamente, de las zonas más pobres de la isla. Su filantropía también la llevó a impartir instrucción a un grupo de analfabetos, esclavos y libertos de raza negra.

Su soltería, aire de mundo y capacidad profesional debieron resultar muy atractivos a las casamenteras locales. Antes de rechazar a alguna señorita de sociedad, Enriqueta optó por lo que parecía la solución ideal, le propuso matrimonio a la veinteañera Juana de León, una muchacha huérfana y pobre que padecía de tuberculosis, a quien le pidió “vivir casados” pero como “buenos amigos”, pues al estar tan débil la enferma no podía dedicarse a cumplir con sus deberes como esposa.

El 11 de agosto de 1819 se efectuó la boda en la Iglesia Parroquial de Baracoa, quedando asentado en el libro de matrimonios de los residentes blancos. Poco tiempo después, su éxito como “médico” despertó la envidia de los colegas, quienes le prohibieron practicar la medicina hasta que pasara las pruebas de rigor, porque se decía que su título era falso y que pertenecía a un pariente fallecido en las batallas de Napoleón. Al mismo tiempo, la buena alimentación y los cuidados extremos reanimaron a Juana, quien ya no se conformaba con su pasivo papel de amiga.



Enriqueta viajó a La Habana a entrevistarse con el Gobernador, teniente general Juan Manuel Cagigal, quien el 22 de marzo de 1820 le otorgó la carta que le permitía residir y trabajar en cualquier lugar de la Isla. Un mes después, el Tribunal Protomedicato le dio el aval para ejercer su profesión, otorgándole además el cargo de Fiscal del Protomedicato en Baracoa, que lo facultaba para velar porque los médicos del territorio poseyeran las cualidades profesionales requeridas. Un nombramiento que no fue bien aceptado en la Villa, porque no entendían que un extranjero ostentará tal título. Todos los pasos de Enriqueta estuvieron acompañados de chismes e intrigas, situación que empeoró cuando Juana se enteró por fin de su condición de mujer y ella le confesó la verdad, rogándole guardar silencio y vivir como hermanas.

En mayo de 1822, Enriqueta partió sola y fijó su residencia en el pueblo de Tiguabos. Los rumores acerca de su feminidad la siguen. Unas palabras indiscretas de su lavandera revuelven los ánimos. Enriqueta desesperada comete grandes errores. Pretende demostrar virilidad buscando la compañía de gente soez amiga del alcohol y enzarzándose en disputas. En enero de 1823, Juana de León, verdaderamente ofendida o simplemente temiendo a la justicia, pidió la anulación del matrimonio y presentó querella criminal contra Enriqueta Faber, mediante el licenciado Garrido, que había sido el padrino de la boda. Enriqueta fue presa en febrero y se ordenó su reconocimiento por los facultativos, lo que ella trató de impedir confesando su verdadero s*x*, pero el examen se realizó. En la cárcel trató de envenenarse por haber llegado hasta ella el rumor de que se le iba a pasear desnuda por las calles. En junio de ese año un tribunal de Santiago de Cuba dictó sentencia, condenando a Enriqueta Faber a diez años de prisión en la Casa de Corrigendas situada en la Habana, y posteriormente ser deportada a cualquier punto en el extranjero.




Enriqueta apeló de esta sentencia a la Audiencia de Puerto Príncipe, escogiendo como defensor al licenciado Manuel Vidaurre, quien se interesó por ella. De su brillante informe son estos párrafos: “Enriqueta Faber no es una criminal. La sociedad es más culpable que ella, desde el momento en que ha negado a las mujeres los derechos civiles y políticos, convirtiéndolas en muebles para los placeres de los hombres. Mi patrocinada obró cuerdamente al vestirse con el traje masculino, no solo porque las leyes no lo prohíben, sino porque pareciendo hombre podía estudiar, trabajar y tener libertad de acción, en todos los sentidos, para la ejecución de las buenas obras. Qué criminal es ésta que ama y respeta a sus padres que sigue a su marido por entre los cañonazos de las grandes batallas, que cura a los heridos, recoge y educa a los negros desamparados y se casa nada más que para darle sosiego a una infeliz huérfana enferma? Ella, aunque mujer no quería aspirar al triste y cómodo recurso de la prostit*ción...” En este momento el fiscal interrumpió irónicamente y dijo, “debe ser una santa”, pero el defensor repuso rápidamente, “o mejor una víctima”.

La Audiencia le rebajó la condena de diez a cuatro años de servicio en el Hospital de Paula de la Habana, vistiendo traje de mujer, y que después saliera deportada del territorio español. Esta condena significó el desplome total de su vida, convirtiendo a la pacífica y bondadosa Enriqueta Faber en irascible y pendenciera. Por tratar de escaparse del hospital, se le envió a la casa de Recogidas San Juan Nepomuceno y posteriormente por intervención del Obispo de Espada, fue deportada a los Estados Unidos. Existen diferentes versiones de lo que pasó después con Enriqueta Faber, unos dicen que murió manteniendo el s*x* masculino y que fue conocido en Estados Unidos como el doctor suizo, pero la versión más aceptada es que en 1844 se dirigió a Veracruz vestida con el hábito de las Hermanas de la Caridad, respondiendo al nombre de Sor Magdalena, donde trabajó como portera. Después pasó a Nueva Orleáns, donde acabó sus días asistiendo a los enfermos. Se supone que falleció en 1856.
 

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