Más estrellas que en el cielo

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El rodaje más espantoso de Audrey Hepburn: un amor prohibido, peleas y los escupitajos de Humphrey Bogart

En «Sabrina», la actriz tuvo que soportar el mal carácter del protagonista de «Casablanca», que bebía como un cosaco y torturó a Holden y Billy Wilder, al que llamó de forma cruel «ese hijo de p*ta nazi», sabiendo que era judío y que su familia había muerto en Auschwitz

Lucía M. Cabanelas
MADRID
Actualizado:25/09/2020 10:50h

 

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El cruel drama familiar que marcó a Marlon Brando, un galán atormentado y obsesionado con el s*x*
El actor, mito del cine, ganó dos Oscar y desafió a Hollywood

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Marlon Brando

Lucía M. Cabanelas
MADRID Actualizado:26/09/2020 14:09h

Creció en un mundo hostil, se abrió camino y murió convertido casi en un ermitaño, como el escritor J. D. Salinger. Fue un rebelde años antes de que James Dean apareciese en escena con su bomber roja, y se fue mucho después de que el tímido de Hollywood estrellase su Porsche tras terminar el rodaje de «Gigante».

En su caso, la noble causa de su indómito temperamento venía de su familia, donde creció con una madre alcohólica y un padre cruel que nunca reconoció ningún mérito a ese chico «disléxico que robaba, mentía, tocaba la batería muy fuerte, era expulsado y abandonado». Pese a su difícil infancia, logró abrirse camino vomitando sus traumas en un mundo que lo convirtió en epítome del método Stanislavski y, para algunos, también en el mejor actor de la historia del cine, pese a su conflictivo carácter y su problemática conducta en cada rodaje.

A Marlon Brando (Nebraska, 1924 – California, 2004), le gustaba contar mentiras, por eso no es de extrañar que abonase su futuro a la verdad de la ficción y sus guiones, muchos de los cuales improvisaba o recitaba leyendo tarjetones pegados en la pared. «Si una mentira le es válida, Marlon no dirá la verdad», recoge su último biógrafo, William J. Mann, que dijo su secretaria. Pese a su escasa habilidad memorísticas, era un animal interpretativo que explotó sus fantasmas del pasado primero sobre las tablas, con la versión teatral de «Un tranvía llamado deseo», y después en la gran pantalla, donde se convirtió en una estrella que rechazaba tal aura.

Su Stanley Kowalski le robó el protagonismo a la Blanche DuBois de Jessica Tandy y, en la versión cinematográfica, también a la premiada Vivien Leigh, lo que le permitió encadenar la primera de sus cuatro nominaciones consecutivas al Oscar en una década gloriosa para su carrera artística, tan irregular como inolvidable, con películas como «Un tranvía llamado deseo» (1951), «¡Viva Zapata!» (1952), «Julio César» (1953) y «La ley del silencio» (1954), que le valdría la primera de sus dos estatuillas. «Actuar es algo muy tenue. Es algo frágil y tímido que un director sensible puede sacar de uno. En el rodaje de una película, el momento sensible llega con la tercera toma de la escena; entonces solo necesitas que el director te susurre algo para hacerlo cristalizar», le contó Marlon Brando a Truman Capote en una entrevista de siete horas, sin grabadora, que el escritor le hizo durante el rodaje de «Sayonara» (1957) en Kioto.

«Perseguí a mujeres para maquillar lo que mi madre nunca pudo darme y por hacer daño a mi padre. Necesitaba tener el control para no sufrir»
«Siempre me entusiasmo por alguna cosa, pero no me dura más de siete minutos. Exactamente siete minutos. Ése es el límite. Nunca sé ni siquiera por qué me levanto por la mañana», le reconoció a Capote en el reportaje de The New Yorker. Ni siquiera los caprichos de esa «bestia sexual», tanto con hombres como con mujeres, mantenían sus interés más del tiempo de rigor.

Cajón de sastre de inverosímiles anécdotas, borracheras y relaciones desastrosas, mantuvo a raya su insaciable apetito sexual con tres matrimonios fallidos —llegó a tener once hijos— e idilios con Marilyn Monroe o Rita Moreno, pero no dudó en rechazar a otros mitos eróticos de la época como Sophia Loren, con quien rodó «La condesa de Hong Kong» (1967), porque «su aliento era peor que el de un dinosaurio», o Elizabeth Taylor, con quien coincidió en «Reflejos de un ojo dorado» (1967), porque su trasero era «demasiado pequeño». «Perseguí a mujeres para maquillar lo que mi madre nunca pudo darme y por hacer daño a mi padre. Necesitaba tener el control para no sufrir», llegó a decir el actor, después de años de terapia. «Todos los rumores sobre la locura de Brando se quedan cortos», reconoció Harris Katleman, antiguo presidente de la Fox.

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Leyendo un guíon


Desairó a Hollywood enviando a una actriz nativa americana a por el Oscar con el que premiaron su papel de Vito Corleone en «El padrino» (1971), tramó con Bernardo Bertolucci la macabra «violación» con mantequilla de «El último tango en París» (1972), ganó catorce millones de dólares por un papel de menos de diez minutos en «Superman» (1978) y apareció rapado y con exceso de peso en el caótico rodaje de «Apocalypse Now» (1979), forzando a Francis Ford Coppola a grabar sus escenas en medio de sombras.

Sus polémicas y excentricidades le mantuvieron en el candelero en el crepúsculo de su batalla con la vida. Con su bajón profesional, que dio la puntilla a una irregular carrera repleta de títulos tan emblemáticos como variopintos, llegó también la decadencia física, sumido en una obesidad decisiva en el paro definitivo de su corazón, en 2004.

Rozó la cumbre del éxito, pero su final fue agridulce. Ahogado en el alcohol y arruinado tras costear la defensa legal de su hijo Christian, condenado por el asesinato del novio de su hermanastra Cheyenne, se vio obligado entonces a vender todo menos Tetiaroa, el atolón situado en la Polinesia Francesa donde se enamoró de Tarita, su tercera esposa, pero también donde se suicidó su hija. Conservó, además, sus dos premios Oscar, incluido el que rechazó por «El padrino», la última contradicción de una leyenda indomable que despreció a Hollywood tanto como necesitó su atención.

 
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Ritos sexuales y adicción a las drogas: la terrible infancia de River Phoenix

Perdió la virginidad con cuatro años, alentado por la secta a la que pertenecía su familia, y murió a los 23, por sobredosis de un cóctel de todas las drogas posibles mientras su hermano Joaquin Phoenix gritaba pidiendo ayuda

Lucía M. Cabanelas
MADRID
Actualizado:10/02/2020 09:50h

 
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Gene Tierney: el triste final en Hollywood de 'la mujer más bella del mundo'
A pesar de su indudable éxito en la meca del cine, la actriz jamás superó un hecho que marcó su vida para siempre

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Gene Tierney y Clark Gable, en el rodaje de 'Nunca me abandones'. (Getty)

ALEXANDRA BENITO
28/09/2020 05:00

 

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Rock Hudson: leyenda de Hollywood, valentía frente al sida y un polémico último beso
En el aniversario de su muerte recordamos su carrera, cómo afrontó su enfermedad y la historia del beso que tuvo que darle, por exigencias del guion, a Linda Evans en 'Dinastía'

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El actor, en una foto publicitaria de los años 50. (CP)

JOSÉ MADRID
02/10/2020 05:00

Para muchos, un mártir gay. Para otros tantos, un héroe del colectivo debido a su forzosa salida del armario tras confesar que padecía sida. Nadie pone en duda la aureola de leyenda y de símbolo de Rock Hudson desde el mismo día de su muerte, con 59 años y a causa de una enfermedad entonces mortal y desconocida. Aquello ocurrió un 2 de octubre de 1985, hace ahora 35 años. El actor había sido el típico macho americano en la década de los 50 gracias a epopeyas como 'Gigante', melodramas dirigidos por Douglas Sirk como 'Solo el cielo lo sabe' o comedias románticas junto a Doris Day. En los 80, de repente, pasó a ser la cara visible de una epidemia que aterrorizó al mundo.

El 5 de junio del 85 fue diagnosticado con el virus y apenas un mes después lo confesó públicamente. Valiente y comprometido, destinó 250.000 dólares para la creación de la Fundación Nacional de Investigación contra el Sida. Pero Hudson fue mucho más que esa enfermedad, ya que era un actor dotado para la comedia y el drama al que la crítica no siempre valoró con justicia. Tampoco el público, que no tuvo en cuenta unos orígenes pesadillescos de los que tuvo que huir.


Hudson creció en Winnetka, una localidad diminuta de Illinois, cercana a Chicago, que hoy día es más conocida por albergar el famosísimo hogar de 'Solo en casa' que por ser el lugar en el que el actor vino al mundo. Aquel niño llamado Roy Harold Scherer creció pobre y abandonado por su padre entre sus vecindarios y espesos bosques. La suerte no le acompañó en los primeros años de su vida: su padrastro, un alcohólico de tomo y lomo, no tuvo piedad a la hora de abusar de él, tal y como refleja una reciente biografía llamada como una de sus grandes películas: 'All that heaven allows (Solo el cielo lo sabe)'. Su madre también era para echarle de comer aparte. Dominante y manipuladora, ella fue la causante de un sinfín de inseguridades que le acompañarían el resto de su vida.

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Rock Hudson, en 1962. (Cordon Press)

Tras su paso por los Marines, decidió dedicarse a la interpretación. Al fin y al cabo, ese era el único pasaporte para escapar de la mediocridad de su pueblo y de lo que sentía. Al llegar a la Costa Oeste, dio tumbos de casting en casting hasta que fue captado por Henry Wilson. El orondo agente (al que la serie 'Hollywood' reflejó sin piedad hace apenas unos meses) era todo un experto en captar jóvenes adonis. Se rumorea, además, que también se aprovechaba de ellos entre las sábanas. Así lo dijo, por ejemplo, Tab Hunter, que recordó en un documental cómo Wilson trataba de acariciarle la rodilla de manera lasciva e insistente. Si bien convirtió a Hudson en el principal reclamo de su agencia, lo cierto es que le costó conseguirlo. Antes de exitazos como 'Obsesión' o 'Gigante', el joven Rock, hercúleo, alto, guapo y con una planta espectacular, pasó por mil películas de segunda en la Universal. Nadie parecía tomar en serio ni su gesticulación ni su aspecto de chico del medio Oeste americano.

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Hudson, junto a su compañera y amiga Elizabeth Taylor, dejando sus huellas en el cemento del Teatro Chino de Hollywood. (CP)

A medida que el actor se convirtió en una estrella, crecieron las sospechas en torno a su vida sexual. Revistas como 'Confidential' siempre estuvieron dispuestas a pagar (y muy bien) a todo chico que hubiese pasado por la cama del bueno de Rock. Y fue el propio Wilson, harto de sobornar a jóvenes imberbes para que no abriesen la boca y hablasen de más, el que obligó a Rock a casarse con su secretaria, Phyllis Gates. Por decirlo suavemente, la chica fue engañada de la manera más vil. Solo pasado el tiempo llegó a descubrir que su marido era gay. Las visitas a casa o las llamadas misteriosas de chicos guapos eran el pan de cada día en el hogar de los Hudson. Cuando Phyllis los descubría, su marido siempre daba la misma explicación: solo se trataba de 'fans'. En 1959, harta de fingir sin recibir nada a cambio, acabó solicitando el divorcio.


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El actor, en una imagen publicitaria de los años 50. (CP)

Años después de aquel paripé, el sida haría mella en la vida de Rock, destapando la hipocresía de la historia que Hollywood había construido en torno a él para enmascarar la realidad. Cuando la estrella enfermó, recibió el apoyo del entonces presidente Reagan, que ni siquiera había hablado del virus públicamente pese a que el número de afectados aumentaba día tras día. La otra cara, la menos enternecedora de aquellos meses, fue la de su último novio, Marc Christian. El joven recibió una suculenta indemnización tras su muerte porque el actor le ocultó que padecía la enfermedad mientras estuvieron juntos.

Ya enfermo, Hudson tuvo que fletar un avión privado desde París hasta Los Ángeles por miedo a que lo descubriesen. Fue a su llegada a California cuando el médico le recomendó hablar de la enfermedad públicamente. “Lo haré si tu crees que eso ayudará en algo”, le contestó él. "No estoy feliz por tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo", dijo días después mientras se iba apagando poco a poco. El que había sido uno de los rostros más perfectos de la historia del cine acabó convertido en un hombre que apenas pesaba 50 kilos y tenía aspecto cadavérico. Amigas de siempre como Elizabeth Taylor jamás lo dejaron en la estacada y quisieron hacerle menos duro el infierno. Otras compañeras, como Linda Evans, que lo había besado en una escena de 'Dinastía' antes de que se hiciera pública su enfermedad, comprendieron la enorme generosidad de Hudson pese al terror que le generaba el virus. "Vino el director y nos dijo que quería volver a rodar la escena, pero que necesitaba más pasión. Yo le dije que no podía ponerle pasión porque estaba tirada en el suelo, mi personaje se acababa de caer y el personaje de Rock se acercaba a consolarla. Volvimos a grabarla y él hizo exactamente lo mismo, porque sabía que tenía sida y estaba tratando de protegerme a su modo", recordó Evans años más tarde. Aquel fue, por cierto, el último (y polémico) beso del actor en pantalla. Por entonces, se desconocía si besar a alguien podía ser una forma de contagiarle el temido virus.


Algunos de los testimonios (presentes y pasados) que reunía el libro 'All that heaven allows' reflejan los útimos días del actor. La declaración más conmovedora es la de Doris Day, compañera de profesión y amiga a la que nunca le llegó a decir que estaba enfermo: “Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi”.

 

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El indomable Matt Damon cumple 50: una comuna hippie, Harvard, #MeToo y pizza mística
El oscarizado actor cumple medio siglo de vida manteniendo uno de los perfiles más discretos de la meca del cine

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Matt Damon (Getty)


Jorge C. Parcero
08/10/2020 - 05:00


No es carne de meme como Leonardo DiCaprio, ni salta a los titulares por sus divorcios y nuevas novias como es el caso de Brad Pitt. Matt Damon, que cumple hoy 50 años, se mantiene rodeado de un discreto encanto desde que se hiciera mundialmente famoso en 1997 al interpretar a un joven genio junto a su buen amigo –y primo lejano– Ben Affleck en 'El indomable Will Hunting', por cuyo guion original ganaron un Oscar.

Nacido en Boston de un padre agente de bolsa y madre profesora, que se separaron cuando Matt tenía solo dos 2 años, acabó siendo criado por su madre en una comuna hippie, hasta que ocho años después volvieron a la capital de Massachusetts, donde se haría amigo de Affleck, que vivía solamente a dos manzanas de distancia.

El joven actor debutó en el cine con solo 16 años con un diminuto pequeño papel en la película de Julia Roberts 'Mystic Pizza', antes de estudiar Literatura Inglesa en Harvard. Cuando le quedaban solo 12 créditos para terminar la carrera se mudó a Hollywood, cómo no junto a Ben Affleck, y juntos escribieron allí el guion de la que sería su oscarizada película, con la idea de reservarse los papeles principales para ellos, ante la dificultad que tenían para conseguir trabajo en el cine.

En su camino al éxito se cruzaron con el polémico Harvey Weinstein, actualmente en la cárcel por abuso sexual, que fue el productor de aquel primer éxito de Damon, al que seguirían papeles como 'Salvar al soldado Ryan' o la saga de Bourne. En 2017, veinte años después de aquel estreno, Damon se mostraba demasiado tibio a la hora de condenar la 'cultura del escándalo' en una entrevista con el crítico de cine Peter Travers.


"Yo creo que hay un espectro de comportamientos, ¿verdad? […] Ya sabes, hay una diferencia entre, ya sabes, dar un azote en el culo a alguien y violar o abusar de niños, ¿verdad?", aseguró entonces, ganándose las críticas, entre otros, de Alyssa Milano, una de las principales impulsoras del movimiento #MeToo.


"He sido víctima de cada componente del espectro de agresión sexual del que hablas. Todos dañan. Y todos están conectados a un patriarcado entrelazado con una misoginia normalizada, aceptada e incluso bienvenida", afirmaba la actriz vía Twitter.


Pocos pasos en falso más como este tiene Damon a lo largo de su carrera, en la que mantiene uno de los perfiles más alejados de los focos de Hollywood. En 2003 conoció a la que se convirtió en su mujer dos años más tarde, la argentina Luciana Bozán Barroso, con la que tiene tres hijas: Isabella (2006), Gia (2008) y Stella (2010), a las que se une Alexia (1999), hija de una anterior relación de Luciana.



La suya fue y es una relación discreta, lejos de los devaneos y excentricidades de otras parejas de celebrities. Su mujer, de hecho, no tenía nada que ver con el cine ni la fama, ya que era camarera y se conocieron en un bar de Miami.


Como dijo Matt Damon –destacado filántropo que colabora con decenas de ONG y numerosos proyectos benéficos distintos– en una entrevista concedida a 'The Guardian', "mejor actor eres cuanto menos sepa la gente de ti".

 
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Carmen Sevilla, 90 años de una leyenda sumergida en el silencio y el olvido
  • LUIS FERNANDO ROMO
Viernes, 16 octubre 2020 - 09:28
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Su rostro fue uno de los más bellos de la historia del cine español y ante él cayeron rendidos Charlton Heston, Cantinflas, Frank Sinatra o Luis Mariano. Aquejada de Alzheimer, lleva cinco años en una residencia.

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Carmen Sevilla en el Festival de Cine de San Sebastián en 2005. GTRES


Si no fuera por una visita inesperada de un señor alemán (Alzheimer) que se instaló definitivamente en el cerebro de Carmen Sevilla, la actriz y cantante repartiría un abanico de sonrisas, besos y aplausos para celebrar sus 90 años. María del Carmen García Galisteo nació en Sevilla el 16 de octubre de 1930. Su rostro fue, sino el que más, uno de los más bellos de la historia del cine español junto al de Sara Montiel.

Ante ella cayeron Charlton Heston (le tocó los pechos en Hollywood), Cantinflas (le regaló un enorme diamante para que se casara con él), Frank Sinatra (le tiraba los tejos a pesar de seguir enamorado de Ava Gardner), Luis Mariano (ella le rechazó varias veces sus propuestas de matrimonio) y otros tantos millonarios que no lograron su propósito, como Ricardo Fuster, Pancho Lococo, Carlos Eleta o Lucho del Villar.

Rechazó un contrato de cinco años en Hollywood
con los estudios Universal porque no quería estar alejada de sus seres queridos, pero probó en Cinecittà (Roma), que se convirtió en la otra meca del cine. En la ciudad eterna, Anthony Perkins -protagonista de Psicosis y fotógrafo excepcional- quedó fascinado con ella. A pesar de su homosexualidad, la estuvo persiguiendo por los estudios para retratarla durante el rodaje de Los amantes del desierto. En Italia, Mastroianni dijo en una ocasión que era la mujer más bella que había conocido, pero que no entendía por qué vestía siempre de negro.

Finalmente, el ladrón de sus emociones fue el compositor Augusto Algueró, con quien se casó el 23 de febrero de 1961 en la catedral-basílica del Pilar en Zaragoza. Un evento de tal magnitud que hasta el Papa Juan XXIII les envió una nota de felicitación. Tres años después nació su único hijo, Augustito. Posteriormente se quedó embarazada dos veces más, pero abortó porque antepuso su carrera profesional a la personal. Su talento arrasó en casi todo el mundo, acaparando portadas en países tan diferentes como Israel, Turquía, Grecia, Portugal, Francia o Alemania. Nuestra Carmen de España fue la mujer de las mil portadas.

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Con Paquita Rico y Lola Flores en 'El balcón de la luna'.



En los 60, Luis Mariano seguía queriéndola tanto que le regaló un chalé contiguo al suyo en San Pedro de Alcántara (Marbella) que a finales de los 80 se lo vendió a Beatriz de Borbón (fallecida hace siete meses), duquesa de Sevilla, que la reformó a su gusto debido a su pasión por las ranas.

Su matrimonio parecía un cuento de hadas, pero Algueró no paraba de ponerle los cuernos con mujeres muy hermosas de la talla de Ornella Muti (65), Mariví Dominguín o Bárbara Rey (70). Cansada de infidelidades y machismo, la protagonista de Violetas imperiales (1952) se separó definitivamente.

No tardó en enamorarse perdidamente del empresario cinematográfico Vicente Patuel, pero no pudieron casarse hasta que los dos pudieron divorciarse de sus respectivas parejas. El gran día llegó el 5 de septiembre de 1985 y La Revista mostró el exclusivón previo pago de una gran fortuna, 30 millones de pesetas de la época (180.000 euros). Patuel la obligó a retirarse en la finca Los Valles en Extremadura, donde empezó su célebre coletilla "¡ay mis ovejitassss!".


Las deudas empezaron a acuciar al matrimonio, por lo que trece años después, en 1991 aceptó la oferta de Valerio Lazarav para presentar el Telecupón -el "cuponsito", según Carmen- por 300.000 pesetas diarias. El dineral que ganó lo invirtió en un lujoso piso en la carísima Avenida del Pintor Rosales en Madrid, un apartamento en Marbella y liquidaron las deudas de la finca. Allí estuvo seis años. Con el tiempo alcanzó nuevamente la popularidad con Cine de Barrio.

En abril del año 2000 se quedó viuda tras la muerte de un ataque al corazón de Vicente. El trabajo y su hijo fueron su tabla de salvación. Pero el destino le tenía guardado un nuevo revés. En 2011 se anunció que tenía Alzheimer, dejó Cine de Barrio y los últimos cinco años está recluida en la residencia de mayores de Aravaca Orpea (Madrid) donde recibe cuidados específicos. Los únicos que la visitan son su hijo y su íntimo amigo Moncho Ferrer.

 
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Los 90 años de Carmen Sevilla, en imágenes
Su última aparición en público fue en el año 2012 en Madrid, donde ya se podía apreciar los claros síntomas de su deterioro. Actualmente permanece en una residencia aquejada de Alzheimer.