Marcas pijas que se perdieron "como lágrimas en la lluvia"

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Liberto, Privata, Amarras...: ¿qué fue de las marcas pijas que arrasaban en los ochenta?
Fueron emblema de una juventud pudiente, pero desaparecieron de la noche a la mañana. Así son en la actualidad (las que quedan)



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Julio Iglesias con una camiseta Amarras (la marca de ropa que llevaban los que tenían yate -o lo deseaban-) en la portada de una revista de los ochenta. A la derecha, una imagen de la campaña publicitaria de vaqueros El Charro, con la mítica rosa en su logotipo.
Miguel Ángel Bargueño
21 FEB 2018 - 08:05 CET
Formó parte del paisaje universitario a finales de los ochenta y principios de los noventa tanto como las partidas de mus y los minis de cerveza (y, en algunos casos, los apuntes). Nos referimos a cierta estética, bastante convencional, que venía a poner las cosas en su sitio en lo que a moda se refiere tras los dislates de la nueva ola y la cutrez del heavy; o quizá era un punto intermedio, reivindicado por los hermanos menores que no habían vivido ni una cosa ni la otra.

El caso es que las aulas y los bares adyacentes se poblaron de pantalones vaqueros de tintadas claras, jerseys de ochos y zapatos náuticos, en una explosión de pijerío orgulloso construida sobre marcas que funcionaban como contraseñas: si no las conocías, no formabas parte del clan. Hasta que un buen día, aquellas apreciadas etiquetas dejaron de verse. Analizamos por qué decreció su popularidad y qué ha sido de ellas.


Un modelo de pantalones Liberto Buenos, con el indio en la etiqueta. Instagram

Liberto
Por qué gustaba tanto. Fue la primera firma nacional en introducir el “lavado a la piedra”. Los vaqueros Liberto Buenos empezaron a fabricarse en España en 1985, con licencia de la firma francesa Liberto. Lo de “Buenos” servía para distinguirlos del aluvión de imitaciones que llegaban del país vecino. De sus modelos más deseados, el Cody para chicos y el Sister Cody para chicas, llegaron a venderse en un año un millón de unidades.

Qué ha sido de ella. Perdió fuelle al quedar en tierra de nadie entre los vaqueros low cost y las marcas de lujo. “El mundo cambió y Liberto no”, resume Laurent Layani, director general de Ultra Cinco, empresa propietaria de la divisa actualmente. Liberto intenta hoy seducir a los nostálgicos con sus prendas de fabricación nacional y colaborando con diseñadores como Maya Hansen.

El Charro

Foto de la campaña publicitaria de los ochenta de El Charro. Sol, playa, alpargatas y vaqueros subidos hasta el ombligo.

Por qué gustaba tanto. El made in Italy en moda siempre tiene tirón. Fabricados desde 1974 en la localidad de Gallarate (Varese, Italia), desde allí la compañía CMF los distribuía a todo el mundo. La rosa que corona su logo e iba cosida en el quinto bolsillo delantero “habla de una actitud del Lejano Oeste, de pasión, escape y libertad”, dice Paolo Vessella, propietario de la marca.

Qué ha sido de ella. A mediados de los noventa CMF cerró, y la firma vagó sin rumbo compartida por múltiples e indecisos propietarios. Vessella, único dueño en el presente, comercializa ahora los modelos clásicos actualizados y otros nuevos (por 99 euros) solo a través de su tienda web.

Bonaventure

La etiqueta de la cinturilla era metálica, detalle que por alguna razón daba caché al pantalón Bonaventure.

Por qué gustaba tanto. Representaban el “toque francés” de la moda pija. La etiqueta de la cinturilla era metálica, detalle que por alguna razón daba caché al producto y hacía sentir especial a su comprador, que no cabía en sí de gozo cuando la chapa hacía saltar las alarmas de los arcos de seguridad.

Qué ha sido de ella. Como todo artículo aspiracional, dejó de serlo cuando las imitaciones inundaron los mercadillos (no solo porque se expedían allí sino porque los llevaban hasta los vendedores ambulantes). En 2015 renacieron de la mano del grupo textil vallisoletano Creaciones Nicolás, que lanzó una nueva colección y recuperó el mítico modelo Brutus.

Chevignon
Por qué gustaba tanto. Al contrario de otras marcas, se consolidó sin publicidad, solo mediante el boca a oreja. Los vaqueros, solo para chicos, eran de cintura alta (como marcaban los cánones ochenteros) y tenían patronajes muy masculinos y tejidos resistentes. También lo petaron con sus cazadoras de aviador, las beisboleras y las chupas de piel envejecida.


Los protagonistas de 'Sensación de vivir' y Hombres G: la prueba de que los vaqueros de cintura alta con patronajes muy masculinos y tejidos resistentes eran lo que había que llevar a finales de los ochenta y principio de los noventa. Getty

Qué ha sido de ella. Entró en declive por “la llegada al mercado textil masculino de muchas marcas de fast fashion que ofrecían productos de menor calidad a un precio muy atractivo”, explica Dorothée Charveriat, responsable de comunicación de Chevignon en Francia. Su propuesta actual se basa en apostar por la confección artesanal: cada chaqueta de cuero requiere dos horas de montaje y más de 152 pasos, aseguran desde la marca. Desde el pasado invierno diseñan también cazadoras para chicas.


Jersey ancho que en verano se llevaba anudado a la espalda, por si refrescaba. Y la popular etiquera de Privata en forma de triángulo.

Privata
Por qué gustaba tanto. Eran aquellos jerseys sencillos, de rombos, con el triángulo en el brazo: con tal de fardar, nunca se hizo tan necesario como en los ochenta llevar jersey en verano por si refrescaba. La marca (originalmente Privat) había nacido en Cataluña en 1925, reciclando ropa de trabajo.

Qué ha sido de ella. Los herederos del fundador siguen insuflando oxígeno a la firma: distribuyen los jerseys por diferentes puntos de venta de toda España y los ponen a la venta en su web a un precio medio de 70 euros. Atentos a la sensibilidad del momento, subrayan el carácter ecológico de sus prendas.

Amarras

En los desfiles de Pitti Uomo (Florencia), el pasado enero, se reivindicó la moda de los ochenta y noventa. Lo hizo la firma M1992: el modelo viste con una camiseta de El Charro.

Por qué gustaba tanto. Los deportes náuticos siempre han sido sinónimo de buena posición económica y, por asociación, también su estética. Las sudaderas y camisetas de Amarras, que empezaron a venderse en 1979, triunfaban por su enorme logo (un nudo marinero) estampado en el pecho, lo que indicaba que su portador podía tener un yate anclado en el puerto deportivo. Hasta Julio Iglesias las usaba.

Qué ha sido de ella. Tras varios años desaparecida del mapa, en 2012 abrió una tienda en Madrid, que cerró no mucho después. Los que se anuncian en portales de venta de segunda mano entre particulares vuelan.

Pedro Gómez
Por qué gustaba tanto. Eran plumíferos pensados para la montaña que de pronto empezaron a verse en las discotecas, prueba irrefutable de que quien los lucía era asiduo de las pistas de esquí de Baqueira. Se convirtieron en piezas muy codiciadas para los amigos de lo ajeno. Se despachaban en la tienda El Igloó, muy cerca de la madrileña glorieta de Cuatro Caminos, fundada por el ínclito Pedro Gómez, campeón de esquí de fondo.

Qué ha sido de ella. Ponerse un plumas para salir dejó de molar, entre otras cosas porque la temperatura media en invierno ha ascendido un par de grados desde los ochenta. En la actualidad se valoran casi como artículos de coleccionismo, llegándose a pedir por ellos en tiendas de segunda mano hasta 300 euros.
 

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Las John Smith blancas...

qué perra tenían los jóvenes en los años 80 con estas botas

Algunos les daban Kamfort blanco y se les quedaban como si llevasen un bacalao tieso en cada pie.
 
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Las botas camperas de Valverde del Camino, junto con la pelliza, no me las quitaba ni para mear. Pellizas aún llevo, me gustarán siempre, pero las camperas no las encuentro ya para comprar.
 

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Amarras a mi me encantaba, aquí en Madrid quedaba hasta hace poco una tienda en Jorge Juan (no se si sigue). Por la calle es raro ver sus prendas, precisamente vi yo hace unos días a una chica con la mítica sudadera en verde... que recuerdos!
 

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yo tenìa pantalones y una cazadora vaquera liberto. también unos verde botella que me quedaban de pena y eran un sin sentido
un jersey privata con un cuello absolutamente inexplicable que me quedaba como un tiro
el rollo ese de amarras. rosa.
unos naúticos panama jack muy monos que destrocé xq me hice encima de ellos unas chuletas con boli. espero que al menos aprobara.
ufffff
tb unos charros que regalé xq los detestaba. y el logo me irritaba
los bonaventure que tuve son los vaqueros que mejor me han sentado en la vida
los 501 no era el modelo que mejor me quedaba aunque tuve un par de ellos
las valverde del camino nunca me las quitaba. lo de nunca es casi literal.
de don algodón acumulé algunas cosas horrorosas, menos un vestido verde manzana vaporoso de verano que era supper. y me ponía los lazos aunque de uno en uno.
 
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Don Algodón, Chipie y amarras me encantaban.
También llegué a tener un jersey de privata y luego sacaron una línea de calzado preciosa.
También por aquella época tenía mucho éxito benetton, que sigue al pie del cañón, pero con diseños menos bonitos (para mi gusto) que en los 80
Jamás he tenido unos vaqueros que sentaran mejor que los Bonaventure y Cimarrón
 
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Añado los polos Lacoste, imprescindible que se viera bien el cocodrilo. El polo Lacoste puro de oliva tenía que ser rojo oscuro y el dueño te explicaba que era "fucsia". Después de sudar demasiado con los "plumas" a finales de los 80, a comienzos de los 90 se pusieron de moda las "chupas" vaqueras. Eran demasiado leves y todo el mundo se resfrió.

En la moda adulta, para ejecutivos cuarentones y cincuentones, el abrigo tenía que ser un Loden, a ser posible de un verde oscuro en plan abeto navideño. Philippe Junot puso de moda las camisas rosas llamadas en Madrid "color salmón" porque los pobres no habían probado el salmón por aquella época. Las ventas de gomina Patrico se triplicaron cuando se puso de moda Mario Conde.

En ropa deportiva el pijo de gama media llevaba chandal y zapatillas Nike o Le coq sportif. Pero los pijos de primera división llevaban zapatas New Balance nunca blancas y chandal Kappa.

Y las señoras ricas olían a Opium.

El pijo que iba de enteradillo era siempre muy fan de The Smiths o Depeche mode. A los plebeyos nos dejaban Simply Red o Deacon Blue.
 
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Una pregunta por pura curiosidad, si estas marcas volvieran ¿volveríais a consumirlas?
Yo creo que seguiría comprando los tejanos bonaventure y la ropa de don algodón (me encantaban sus jerseys y los lazos de lana). Y también las sudaderas de amarras.
Creo que en general, eran de buena calidad (cosa que hoy en día hecho de menos en muchas marcas).
 
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