Luis I «El Breve», la desgracia del Rey borbón que reinó solo siete meses


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Luis I «El Breve», la desgracia del Rey borbón que reinó solo siete meses

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su extraña esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724

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Retrato de Luis I como rey de España, por Jean Ranc (1724)
CÉSAR CERVERA - C_Cervera_M 17/01/2017 01:47h - Actualizado: 17/01/2017 17:31h. Guardado en: Historia
La locura forzó a Felipe V a abdicar a favor de su hijo mayor, Luis, en 1724. El Rey tomó aquella decisión porque veía que los estragos de su enfermedad, probablemente un trastorno bipolar, no le permitían seguir en el trono más tiempo o porque, tal vez, el Monarca albergaba la ambición secreta de reinar en Francia si fallecía prematuramente Luis XV. La locura nunca estuvo reñida con la ambición. No obstante, la brevedad y las complicaciones del reinado de Luis echaron al traste los planes del Rey padre, cuya enfermedad entró en caída libre tras aquella abdicación en falso.

Luis I, llamado «el Bien Amado» o «el Breve», fue el primer Borbón nacido en España y uno de los frutos del primer matrimonio de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya. Huérfano de madre desde la tierna infancia, el Príncipe de Asturias creció bajo la rígida tutela de la princesa de Ursinos y la alargada sombra de su madrastra, Isabel de Farnesio. Y es que la segunda esposa del Rey era de carácter fuerte y nunca mantuvo buenas relaciones con Luis y Fernando, a la postre Reyes de España.

Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa
En 1709, Luis fue proclamado Príncipe de Asturias y en 1722 se casó con Luisa Isabel de Orleans, hija de Felipe de Orleans, regente de Francia. Y aquí aparece la primera pata de la desgracia del joven. La esposa de Luis apenas recibió educación, siendo el único interés de sus padres el que se casara lo más pronto posible. Como consecuencia del desapego paterno, su personalidad era la de una niña caprichosa y extravagante. Escribiría el embajador inglés Stanphone: «No hay nada que justifique la conducta inconveniente de Luisa Isabel. A sus extravagancias, como jugar desnuda en los jardines de palacio; a su pereza, desaseo y afición al mosto; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada vez más patente de Luis hacia ella».

Un reinado adolescente

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724. Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa. Así y todo, el 9 de febrero de 1724 Luis I fue proclamado Rey, cuatro semanas después de la renuncia de Felipe V a la Corona, dando pistoletazo de salida al reinado más corto en la historia del Reino de España.


Retrato de Luisa Isabel de Orleans
El pueblo, no en vano, dio la bienvenida con estusiasmo a este joven que las crónicas presentan como alguien «con cierta gracia y un donarie en sus modales y en su porte; siendo afectuoso y franco en su trato, sin amenguar por esto su continente grave y digno; y se le reconocía capacidad y aplicación en el estudio de las ciencias y las artes». Sus talentos y popularidad dieron lugar al apelativo del «Bien Amado».

En cualquier caso, el mayor obstáculo que se encontró Luis a su llegada al trono fue descubrir que, si bien Felipe V había abdicado de buena gana, no era de la misma opinión Isabel Farnesio (Felipe V tenía 40 años y la Reina 32), que mantuvo una oreja en el Palacio Real y la otra en el Palacio de la Granja de San Ildefonso, donde se había retirado el Rey padre buscando tranquilidad. Tampoco Felipe V terminó de soltar el cetro. Tras visitar al Monarca en San Ildefonso, el Mariscal Tesséalardeó de que «el Rey no ha muerto, ni yo tampoco», en referencia a que seguía siendo él el que realmente mandaba y sus hombres de confianza no estaban dispuestos a dar un paso atrás.

Buscando reivindicar su poder, Luis se rodeó de una serie de tutores alejados de la influencia de los anterior Reyes, dando un giro a la política exterior del reino, lo que se tradujo en más medios para América y el Atlántico y menos para la recuperación de las posesiones italianas perdidas en la Guerra de Sucesión. Además, se vivió un descenso en la influencia francesa en la Corte.

Pero tuviera o no grandes planes para el Imperio español, las políticas de Luis I quedaron inéditas. Su reinado estuvo marcado, casi exclusivamente, por la creciente locura de Luisa Isabel. La actitud de su esposa llevó a Luis I a buscar consuelo en numerosas correrías nocturnas por Madrid y en la caza. De hecho, la imagen que ha trascendido hoy es la de un Rey juerguista de vida relajada. «En cuanto ha almorzado se va a jugar a la pelota; el resto del día, bajo un gran calor, se va de caza y camina como un montero; por la noche, sin trabajar eficazmente, creemos que se excede y, sin embargo, no le gusta su mujer ni a su mujer él», escribía en esas fechasel Mariscal Tessé sobre las rutinas y aventuras de Luis I.

Finalmente, el Rey ordenó el encierro de su esposa en el Palacio Real. Como relata Alejandra Vallejo-Nágera en «Locos de la Historia» (La Esfera de los Libros, 2006), el hartazgo tuvo lugar tras una recepción pública en la que la soberana se desnudó y empleó su vestido para limpiar los cristales del salón. «No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento», escribió el joven Rey a su padre.

La viruela termina con el joven Rey
El encierro de casi dos semanas hizo recapacitar a la joven, que envió varias cartas a Luis pidiéndole perdón. Su arrepentimiento quedó patente cuando la pareja real enfermó de viruela, a mediados de agosto. Luisa Isabel de Orleans sobrevivió a la enfermedad y permaneció al lado de su marido hasta su último suspiro. Siete meses después, con su repentina muerte el 31 de agosto, terminó el reinado de Luis I.

A pesar de que parecía haber corregido su comportamiento, la Coronareservaba pocas expectativas para las reinas viudas. Felipe V devolvió a Francia a la joven, como quien descambia un aparato defectuoso en la tienda de electrodomésticos.


La familia de Felipe V de Van Loo (1743), en el que aparece de pie el Príncipe de Asturias Fernando, junto a su padre el Rey Felipe V y a su madrastra
El punto más polémico del testamento de Luis fue el nombramiento de su padre como heredero universal, lo cual contravenía los términos de la abdicación de Felipe V, que especificaba que de morir sin herederos la Corona pasaría a su siguiente hijo, Fernando, de once años. Frente a aquella incertidumbre legal, la rápida actuación de Isabel de Farnesiodevolvió las riendas del reino a Felipe V. La Reina convenció a su marido de que siguiera el criterio del Papa, quien respaldaba que el juramento de abdicación no le obligaba a renunciar a la Corona ahora. Todo ello haciendo frente a las críticas de ciertos sectores de la nobleza castellana, que argumentaba que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un Rey.

Si bien su locura iría en aumento en los siguientes años, fue Isabel de Farnesio quien se hizo realmente cargo de las responsabilidades de la Corona.

En cuanto a reyes breves. Luis I es superado por Felipe I de Castilla, conocido popularmente como «el Hermoso», que estuvo en el trono apenas dos meses antes de sufrir una enfermedad súbita. Por su parte, Amadeo de Saboya reinó tres años, siendo que su suerte estaba sellada incluso antes de desembarcar en España en 1870.
 
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Pienso que si es cierto esto no sirve para nada, demasiado sutil y además ¿de qué sirve?. Hacer pensar a cuatro porque la masa está aborregada con los programas de Telecinco y la prensa cortesana. Pero personalmente creo que queremos ver lo que queremos ver y me temo, que tenemos Letizia para rato, aunque pronto las nenas serán mayores y acapararán los titulares y se subirá a las arañas de los palacios.
 
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1 ESCENA.-UN REY NACIDO EN ESPAÑA
2 ESCENA.- EL REY PADRE ENTREGA EL REINADO AL HIJO SIN ESTE ESTAR PREPARADO PARA DESEMPEÑAR SU TRABAJO.
3 ESCENA.- UNA MADRE (LA FARNESIO) ES LA QUE TRAMA EN LA SOMBRA.
4 ESCENA.- UN REY VIEJO Y ENFERMO SE ARREPIENTE E INTENTA QUE LE DEVUELVAN EL REINO.
5 ESCENA .- UNA JOVEN REINA VIUDA A LA QUE TIRAN COMO SI FUERA UN ELECTRODOMESTICO INSERVIBLE.
 

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Pienso que si es cierto esto no sirve para nada, demasiado sutil y además ¿de qué sirve?. Hacer pensar a cuatro porque la masa está aborregada con los programas de Telecinco y la prensa cortesana. Pero personalmente creo que queremos ver lo que queremos ver y me temo, que tenemos Letizia para rato, aunque pronto las nenas serán mayores y acapararán los titulares y se subirá a las arañas de los palacios.

¡Toma! ¿Interés puede tener un joven que pudo tener más influencia que Leticia y sus nenas? Pero mejor hablar de Letizia hasta en la sopa
 
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1 ESCENA.-UN REY NACIDO EN ESPAÑA
2 ESCENA.- EL REY PADRE ENTREGA EL REINADO AL HIJO SIN ESTE ESTAR PREPARADO PARA DESEMPEÑAR SU TRABAJO.
3 ESCENA.- UNA MADRE (LA FARNESIO) ES LA QUE TRAMA EN LA SOMBRA.
4 ESCENA.- UN REY VIEJO Y ENFERMO SE ARREPIENTE E INTENTA QUE LE DEVUELVAN EL REINO.
5 ESCENA .- UNA JOVEN REINA VIUDA A LA QUE TIRAN COMO SI FUERA UN ELECTRODOMESTICO INSERVIBLE.


La desgracia de este joven, además de su poca salud, estuvo en la madrastra que les tocó, a él y su hermano. A ojos de ésta los obstaculos para su prole encabezada por Carlos, Felipe y compañia- para los que habia que conseguir reinos en Italia por culpa de Luis y Fernando. El pueblo les adoraba porque la anterior reina los habia mostrado de una forma muy natural clamando con niño al aire: "¡He aqui vuestro Luisico!" La muerte de Maria Luisa Gabriela dejó a los niños en manos de un padre medio loco e indolente y una madrastra muy ambiciosa, que no les podia ni ver.

No puede decirse que la primera camada Borbón española brillase por su educación, ni siquiera el alabado Carlos III. Una vez, durante el reinado de éste, el preceptor del infante Antonio Pascual se presentó ante el rey, Carlos III, quejándose de la poca atención y nulidad en los estudios del niño. El rey le contó al preceptor que cuando él era niño le sucedió mismo y al final se tuvo que presentar temblando ante su padre, el rey Felipe V. Este le miró al principio severamente y dijo: "Con que el infante no quiere estudiar" "No, Sire", contestó el preceptor. A lo que el rey respondió: ¡Pues si no quiere estudiar que no estudie!". Y contaba Carlos III que al oirlo dio unas zapatetas en el aire ante su atónito preceptor y presumia de no haber tocado un libro en su vida. Naturalmente, esto explica la estulticia extrema que mostraria porteriormente el infante Antonio Pascual.

Sin embargo, el joven Luis, el primer principe de Asturias en décadas, parecia ser un chico inteligente de mente preclara, como muestra que se avergonzase de su joven esposa y era aficionado al saber. Por eso su muerte puede considerarse un episodio de mala suerte en la Corona española.
 

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Luis I «El Breve», la desgracia del Rey borbón que reinó solo siete meses

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su extraña esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724

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Retrato de Luis I como rey de España, por Jean Ranc (1724)
CÉSAR CERVERA - C_Cervera_M 17/01/2017 01:47h - Actualizado: 17/01/2017 17:31h. Guardado en: Historia
La locura forzó a Felipe V a abdicar a favor de su hijo mayor, Luis, en 1724. El Rey tomó aquella decisión porque veía que los estragos de su enfermedad, probablemente un trastorno bipolar, no le permitían seguir en el trono más tiempo o porque, tal vez, el Monarca albergaba la ambición secreta de reinar en Francia si fallecía prematuramente Luis XV. La locura nunca estuvo reñida con la ambición. No obstante, la brevedad y las complicaciones del reinado de Luis echaron al traste los planes del Rey padre, cuya enfermedad entró en caída libre tras aquella abdicación en falso.

Luis I, llamado «el Bien Amado» o «el Breve», fue el primer Borbón nacido en España y uno de los frutos del primer matrimonio de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya. Huérfano de madre desde la tierna infancia, el Príncipe de Asturias creció bajo la rígida tutela de la princesa de Ursinos y la alargada sombra de su madrastra, Isabel de Farnesio. Y es que la segunda esposa del Rey era de carácter fuerte y nunca mantuvo buenas relaciones con Luis y Fernando, a la postre Reyes de España.

Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa
En 1709, Luis fue proclamado Príncipe de Asturias y en 1722 se casó con Luisa Isabel de Orleans, hija de Felipe de Orleans, regente de Francia. Y aquí aparece la primera pata de la desgracia del joven. La esposa de Luis apenas recibió educación, siendo el único interés de sus padres el que se casara lo más pronto posible. Como consecuencia del desapego paterno, su personalidad era la de una niña caprichosa y extravagante. Escribiría el embajador inglés Stanphone: «No hay nada que justifique la conducta inconveniente de Luisa Isabel. A sus extravagancias, como jugar desnuda en los jardines de palacio; a su pereza, desaseo y afición al mosto; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada vez más patente de Luis hacia ella».

Un reinado adolescente

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724. Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa. Así y todo, el 9 de febrero de 1724 Luis I fue proclamado Rey, cuatro semanas después de la renuncia de Felipe V a la Corona, dando pistoletazo de salida al reinado más corto en la historia del Reino de España.


Retrato de Luisa Isabel de Orleans
El pueblo, no en vano, dio la bienvenida con estusiasmo a este joven que las crónicas presentan como alguien «con cierta gracia y un donarie en sus modales y en su porte; siendo afectuoso y franco en su trato, sin amenguar por esto su continente grave y digno; y se le reconocía capacidad y aplicación en el estudio de las ciencias y las artes». Sus talentos y popularidad dieron lugar al apelativo del «Bien Amado».

En cualquier caso, el mayor obstáculo que se encontró Luis a su llegada al trono fue descubrir que, si bien Felipe V había abdicado de buena gana, no era de la misma opinión Isabel Farnesio (Felipe V tenía 40 años y la Reina 32), que mantuvo una oreja en el Palacio Real y la otra en el Palacio de la Granja de San Ildefonso, donde se había retirado el Rey padre buscando tranquilidad. Tampoco Felipe V terminó de soltar el cetro. Tras visitar al Monarca en San Ildefonso, el Mariscal Tesséalardeó de que «el Rey no ha muerto, ni yo tampoco», en referencia a que seguía siendo él el que realmente mandaba y sus hombres de confianza no estaban dispuestos a dar un paso atrás.

Buscando reivindicar su poder, Luis se rodeó de una serie de tutores alejados de la influencia de los anterior Reyes, dando un giro a la política exterior del reino, lo que se tradujo en más medios para América y el Atlántico y menos para la recuperación de las posesiones italianas perdidas en la Guerra de Sucesión. Además, se vivió un descenso en la influencia francesa en la Corte.

Pero tuviera o no grandes planes para el Imperio español, las políticas de Luis I quedaron inéditas. Su reinado estuvo marcado, casi exclusivamente, por la creciente locura de Luisa Isabel. La actitud de su esposa llevó a Luis I a buscar consuelo en numerosas correrías nocturnas por Madrid y en la caza. De hecho, la imagen que ha trascendido hoy es la de un Rey juerguista de vida relajada. «En cuanto ha almorzado se va a jugar a la pelota; el resto del día, bajo un gran calor, se va de caza y camina como un montero; por la noche, sin trabajar eficazmente, creemos que se excede y, sin embargo, no le gusta su mujer ni a su mujer él», escribía en esas fechasel Mariscal Tessé sobre las rutinas y aventuras de Luis I.

Finalmente, el Rey ordenó el encierro de su esposa en el Palacio Real. Como relata Alejandra Vallejo-Nágera en «Locos de la Historia» (La Esfera de los Libros, 2006), el hartazgo tuvo lugar tras una recepción pública en la que la soberana se desnudó y empleó su vestido para limpiar los cristales del salón. «No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento», escribió el joven Rey a su padre.

La viruela termina con el joven Rey
El encierro de casi dos semanas hizo recapacitar a la joven, que envió varias cartas a Luis pidiéndole perdón. Su arrepentimiento quedó patente cuando la pareja real enfermó de viruela, a mediados de agosto. Luisa Isabel de Orleans sobrevivió a la enfermedad y permaneció al lado de su marido hasta su último suspiro. Siete meses después, con su repentina muerte el 31 de agosto, terminó el reinado de Luis I.

A pesar de que parecía haber corregido su comportamiento, la Coronareservaba pocas expectativas para las reinas viudas. Felipe V devolvió a Francia a la joven, como quien descambia un aparato defectuoso en la tienda de electrodomésticos.


La familia de Felipe V de Van Loo (1743), en el que aparece de pie el Príncipe de Asturias Fernando, junto a su padre el Rey Felipe V y a su madrastra
El punto más polémico del testamento de Luis fue el nombramiento de su padre como heredero universal, lo cual contravenía los términos de la abdicación de Felipe V, que especificaba que de morir sin herederos la Corona pasaría a su siguiente hijo, Fernando, de once años. Frente a aquella incertidumbre legal, la rápida actuación de Isabel de Farnesiodevolvió las riendas del reino a Felipe V. La Reina convenció a su marido de que siguiera el criterio del Papa, quien respaldaba que el juramento de abdicación no le obligaba a renunciar a la Corona ahora. Todo ello haciendo frente a las críticas de ciertos sectores de la nobleza castellana, que argumentaba que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un Rey.

Si bien su locura iría en aumento en los siguientes años, fue Isabel de Farnesio quien se hizo realmente cargo de las responsabilidades de la Corona.

En cuanto a reyes breves. Luis I es superado por Felipe I de Castilla, conocido popularmente como «el Hermoso», que estuvo en el trono apenas dos meses antes de sufrir una enfermedad súbita. Por su parte, Amadeo de Saboya reinó tres años, siendo que su suerte estaba sellada incluso antes de desembarcar en España en 1870.
Me ha gustado.. Yo he tenido en mis manos unos pergaminos que estaban en nuestro Archivo Familiar firmados por este rey, dicho documento está referenciado en la relación que dos inspectores de la antigua BIC, en tiempos de Franco hicieron para investigar si el Jefe de Nuestra Familia - la Dinastía más antigua de Occidente, perteneciente a la nobleza hispano-árabe - S.A.R. el Príncipe de Almuzara Beni-Casi, era realmente quien decía ser -concluyeron que sí- y por si quería reclamar, como pretendiente que era, el Reino de Granada. Esa inspección se llevó a cabo en los años 50. Tengo una copia que me entregó S.A.R. El motivo dedujimos y concluimos fue que Franco quería asegurarse de que podría realizar su intención de "endilgarnos" al emérito.
 
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Me ha gustado.. Yo he tenido en mis manos unos pergaminos que estaban en nuestro Archivo Familiar firmados por este rey, dicho documento está referenciado en la relación que dos inspectores de la antigua BIC, en tiempos de Franco hicieron para investigar si el Jefe de Nuestra Familia - la Dinastía más antigua de Occidente, perteneciente a la nobleza hispano-árabe - S.A.R. el Príncipe de Almuzara Beni-Casi, era realmente quien decía ser -concluyeron que sí- y por si quería reclamar, como pretendiente que era, el Reino de Granada. Esa inspección se llevó a cabo en los años 50. Tengo una copia que me entregó S.A.R. El motivo dedujimos y concluimos fue que Franco quería asegurarse de que podría realizar su intención de "endilgarnos" al emérito.
UNA ACOTACIÓN : la BIC era la Brigada de Investigación Criminal.
SALVANDO UNA OMISIÓN : S.A.R. el Príncipe Yusseff de Almuzara Beni-Casi . En árabe : Muza Banû-Qâsi..
Libros en los que se habla de mi Familia : la Historia de España de D. Ramón Menéndez-Pidal y Eneko Aritza, Rey de los Vascones, de Estornés Lasa, donde aparece la relación de todos los Muza Beni-Casi además de su árbol genealógico.
 
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Luis I «El Breve», la desgracia del Rey borbón que reinó solo siete meses

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su extraña esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724

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Retrato de Luis I como rey de España, por Jean Ranc (1724)
CÉSAR CERVERA - C_Cervera_M 17/01/2017 01:47h - Actualizado: 17/01/2017 17:31h. Guardado en: Historia
La locura forzó a Felipe V a abdicar a favor de su hijo mayor, Luis, en 1724. El Rey tomó aquella decisión porque veía que los estragos de su enfermedad, probablemente un trastorno bipolar, no le permitían seguir en el trono más tiempo o porque, tal vez, el Monarca albergaba la ambición secreta de reinar en Francia si fallecía prematuramente Luis XV. La locura nunca estuvo reñida con la ambición. No obstante, la brevedad y las complicaciones del reinado de Luis echaron al traste los planes del Rey padre, cuya enfermedad entró en caída libre tras aquella abdicación en falso.

Luis I, llamado «el Bien Amado» o «el Breve», fue el primer Borbón nacido en España y uno de los frutos del primer matrimonio de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya. Huérfano de madre desde la tierna infancia, el Príncipe de Asturias creció bajo la rígida tutela de la princesa de Ursinos y la alargada sombra de su madrastra, Isabel de Farnesio. Y es que la segunda esposa del Rey era de carácter fuerte y nunca mantuvo buenas relaciones con Luis y Fernando, a la postre Reyes de España.

Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa
En 1709, Luis fue proclamado Príncipe de Asturias y en 1722 se casó con Luisa Isabel de Orleans, hija de Felipe de Orleans, regente de Francia. Y aquí aparece la primera pata de la desgracia del joven. La esposa de Luis apenas recibió educación, siendo el único interés de sus padres el que se casara lo más pronto posible. Como consecuencia del desapego paterno, su personalidad era la de una niña caprichosa y extravagante. Escribiría el embajador inglés Stanphone: «No hay nada que justifique la conducta inconveniente de Luisa Isabel. A sus extravagancias, como jugar desnuda en los jardines de palacio; a su pereza, desaseo y afición al mosto; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada vez más patente de Luis hacia ella».

Un reinado adolescente

Mientras Luis se afanaba en comprender qué ocurría en la cabeza de su esposa; otro loco, su padre, arrojó inesperadamente su Corona sobre él en enero de 1724. Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa. Así y todo, el 9 de febrero de 1724 Luis I fue proclamado Rey, cuatro semanas después de la renuncia de Felipe V a la Corona, dando pistoletazo de salida al reinado más corto en la historia del Reino de España.


Retrato de Luisa Isabel de Orleans
El pueblo, no en vano, dio la bienvenida con estusiasmo a este joven que las crónicas presentan como alguien «con cierta gracia y un donarie en sus modales y en su porte; siendo afectuoso y franco en su trato, sin amenguar por esto su continente grave y digno; y se le reconocía capacidad y aplicación en el estudio de las ciencias y las artes». Sus talentos y popularidad dieron lugar al apelativo del «Bien Amado».

En cualquier caso, el mayor obstáculo que se encontró Luis a su llegada al trono fue descubrir que, si bien Felipe V había abdicado de buena gana, no era de la misma opinión Isabel Farnesio (Felipe V tenía 40 años y la Reina 32), que mantuvo una oreja en el Palacio Real y la otra en el Palacio de la Granja de San Ildefonso, donde se había retirado el Rey padre buscando tranquilidad. Tampoco Felipe V terminó de soltar el cetro. Tras visitar al Monarca en San Ildefonso, el Mariscal Tesséalardeó de que «el Rey no ha muerto, ni yo tampoco», en referencia a que seguía siendo él el que realmente mandaba y sus hombres de confianza no estaban dispuestos a dar un paso atrás.

Buscando reivindicar su poder, Luis se rodeó de una serie de tutores alejados de la influencia de los anterior Reyes, dando un giro a la política exterior del reino, lo que se tradujo en más medios para América y el Atlántico y menos para la recuperación de las posesiones italianas perdidas en la Guerra de Sucesión. Además, se vivió un descenso en la influencia francesa en la Corte.

Pero tuviera o no grandes planes para el Imperio español, las políticas de Luis I quedaron inéditas. Su reinado estuvo marcado, casi exclusivamente, por la creciente locura de Luisa Isabel. La actitud de su esposa llevó a Luis I a buscar consuelo en numerosas correrías nocturnas por Madrid y en la caza. De hecho, la imagen que ha trascendido hoy es la de un Rey juerguista de vida relajada. «En cuanto ha almorzado se va a jugar a la pelota; el resto del día, bajo un gran calor, se va de caza y camina como un montero; por la noche, sin trabajar eficazmente, creemos que se excede y, sin embargo, no le gusta su mujer ni a su mujer él», escribía en esas fechasel Mariscal Tessé sobre las rutinas y aventuras de Luis I.

Finalmente, el Rey ordenó el encierro de su esposa en el Palacio Real. Como relata Alejandra Vallejo-Nágera en «Locos de la Historia» (La Esfera de los Libros, 2006), el hartazgo tuvo lugar tras una recepción pública en la que la soberana se desnudó y empleó su vestido para limpiar los cristales del salón. «No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento», escribió el joven Rey a su padre.

La viruela termina con el joven Rey
El encierro de casi dos semanas hizo recapacitar a la joven, que envió varias cartas a Luis pidiéndole perdón. Su arrepentimiento quedó patente cuando la pareja real enfermó de viruela, a mediados de agosto. Luisa Isabel de Orleans sobrevivió a la enfermedad y permaneció al lado de su marido hasta su último suspiro. Siete meses después, con su repentina muerte el 31 de agosto, terminó el reinado de Luis I.

A pesar de que parecía haber corregido su comportamiento, la Coronareservaba pocas expectativas para las reinas viudas. Felipe V devolvió a Francia a la joven, como quien descambia un aparato defectuoso en la tienda de electrodomésticos.


La familia de Felipe V de Van Loo (1743), en el que aparece de pie el Príncipe de Asturias Fernando, junto a su padre el Rey Felipe V y a su madrastra
El punto más polémico del testamento de Luis fue el nombramiento de su padre como heredero universal, lo cual contravenía los términos de la abdicación de Felipe V, que especificaba que de morir sin herederos la Corona pasaría a su siguiente hijo, Fernando, de once años. Frente a aquella incertidumbre legal, la rápida actuación de Isabel de Farnesiodevolvió las riendas del reino a Felipe V. La Reina convenció a su marido de que siguiera el criterio del Papa, quien respaldaba que el juramento de abdicación no le obligaba a renunciar a la Corona ahora. Todo ello haciendo frente a las críticas de ciertos sectores de la nobleza castellana, que argumentaba que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un Rey.

Si bien su locura iría en aumento en los siguientes años, fue Isabel de Farnesio quien se hizo realmente cargo de las responsabilidades de la Corona.

En cuanto a reyes breves. Luis I es superado por Felipe I de Castilla, conocido popularmente como «el Hermoso», que estuvo en el trono apenas dos meses antes de sufrir una enfermedad súbita. Por su parte, Amadeo de Saboya reinó tres años, siendo que su suerte estaba sellada incluso antes de desembarcar en España en 1870.
Mi testimonio de agradecimiento infinito por tu valiosísima publicación y aportación.
Te estoy muy reconocida.
 
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Me ha gustado.. Yo he tenido en mis manos unos pergaminos que estaban en nuestro Archivo Familiar firmados por este rey, dicho documento está referenciado en la relación que dos inspectores de la antigua BIC, en tiempos de Franco hicieron para investigar si el Jefe de Nuestra Familia - la Dinastía más antigua de Occidente, perteneciente a la nobleza hispano-árabe - S.A.R. el Príncipe de Almuzara Beni-Casi, era realmente quien decía ser -concluyeron que sí- y por si quería reclamar, como pretendiente que era, el Reino de Granada. Esa inspección se llevó a cabo en los años 50. Tengo una copia que me entregó S.A.R. El motivo dedujimos y concluimos fue que Franco quería asegurarse de que podría realizar su intención de "endilgarnos" al emérito.

Oiga, ¿De verdad que no es usted Peñafiel?
 
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http://www.abc.es/historia/abci-lui...no-solo-siete-meses-201701170147_noticia.html

A qué viene este artículo en ABC de ayer, martes 17 de enero de 2017? Pretenden que establezcamos ciertos paralelismos...????

Qué pensais?
Luis y Fernando reinaron poco y no tuvieron descendencia.........
A Isabel de Farnesio, le dio mucha pena........
Así pudo reinar su hijo Carlos.
Nada que ver con lo actual.
Lo único significativo es:
Primer Habsburgo, Carlos I
Último, Carlos II
Primer Borbón, Felipe V
Ültimo......... tatachinnnnnn:):):):):):)