Lo que las madres no pueden decir

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Igual no va en relación directa con el título del hilo, pero el artículo representa de forma muy clara el rol de la madre (sano/tóxico) en la familia, y lo que explica hace referencia a algunos comentarios que se han ido desgranando en el hilo...


http://www.recursosdeautoayuda.com/la-ovejita-negra-de-la-familia/

Ser la oveja negra de la familia
POR JASMINE MURGA


El termino “paciente identificado” hace referencia a un miembro de la familia que es señalado por los demás miembros como el causante o responsable de la mayoría de las desgracias familiares. Desde la Psicología Sistémica, se considera que el paciente identificado es la manifestación sintomática de una disfunción en toda la familia. Así, el paciente identificado, a través de su conducta problemática, da salida y hace visible problemas latentes y reprimidos en la familia. A menudo, lo que ocurre es que ese hijo actúa como distractor del verdadero problema familiar.

Algunos ejemplos de problemas que un paciente identificado está inconscientemente comunicando son: padres narcisistas con un “Yo” demasiado frágil para asumir sus propias responsabilidades; abuso físico, emocional o sexual; traumas no resueltos; problemas maritales en los padres o problemas entre otros adultos de la familia (el hijo es triangulizado).

El paciente identificado no solamente representa una metáfora de la atmósfera dañina que existe en la familia, sino que además está expresando a gritos la urgente necesidad de un cambio en la dinámica familiar. Sin embargo, el cambio resulta muy difícil sin ayuda profesional porque por lo general, los demás miembros encuentran esta situación muy cómoda, pues ellos salen exentos de cualquier responsabilidad y no tienen que replantearse nada. De hecho es común que los demás hermanos adopten una posición más periférica y sin darse cuenta, hacen lo posible para mantener el statu quo de esta distribución de roles, tratando de reforzar la etiqueta de “problemático” en el paciente identificado cada vez que se presenta la oportunidad. La situación se torna aún más grave cuando los padres buscan aliados en el subsistema de los hermanos, traspasando límites generacionales, con el fin de reconirmar el rol del paciente identificado y así evitar tener que confrontar su parte de responsabilidad en el problema. Esto desespera y aísla todavía más al paciente identificado, quien en el mejor de los casos tratará de buscar apoyo fuera del núcleo familiar. Esta tentativas de buscar ayuda en otro lugar, sin embargo, serán mal vistas por la familia ya que supone una amenaza a la homeostasis o equilibrio familiar, por más disfuncional que sea. Muchas personas prefieren permanecer en lo conocido porque cambiar significa lanzarse en lo desconocido, y eso asusta.

¿Cómo es elegido el chivo expiatorio?

Pensar que porque dos hijos han nacido y crecido en la misma familia, necesariamente han gozado de las mismas oportunidades y han debido de pasar por las mismas dificultades, es una afirmación totalmente ilusoria. Cada hijo ocupa un rol diferente en el sistema familiar y mantiene relaciones distintas con cada miembro. No es lo mismo ser el primer hijo que el segundo porque las circunstancias de una familia son cambiantes, no son estáticas. Generalmente el miembro elegido como chivo expiatorio es un hijo o hija sensible, empático, y con un gran sentido de honestidad y justicia ya que se niega a callarse y seguir perpetrando las incoherencias de su familia. Tiende a mostrarse más vulnerable o más rebelde que los demás hijos. En algunos casos la razón por la que la madre o el padre se ensaña especialmente con él o ella es porque ese hijo en particular le recuerda o bien aspectos de sí mismo que no le gustan o bien a otro familiar con el que existen conflictos no resueltos.

El tipo y alcance de los comportamientos exhibidos por el paciente identificado varía de una persona a otra. Puede ser visto como una persona difícil, con problemas de comportamiento o de manejo de las emociones. En otros casos, el paciente identificado desarrolla un trastorno depresivo, adicción a drogas u alcohol. Y la falta de validación incluso puede llegar a precipitar un trastorno de la personalidad.

Una vez convertido en adulto, el paciente identificado presenta una inseguridad crónica en sus relaciones debido a la sensación de traición que ha experimentado en sus familias. También tiene problemas para manejar sus emociones y tiende a mostrarse extremadamente crítico consigo mismo. Por otra parte, suele tener la idea de que no merece ser querido ya que los mensajes que ha recibido de su familia a lo largo de los años es que es sólo trae problemas, sólo hace daño, que sus reacciones son inadecuadas, que está exagerando, etc.
 

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Lo que nadie me dijo
¡HOLA a todos!

Espero estéis disfrutando de las ultimas semanas de verano ☺

Por mi parte, quisiera utilizar el post de hoy para revelar todos mis sorprendentes descubrimientos durante este primer mes como mamá. Utilizo la palabra descubrimientos ya que nadie me las dijo, nadie me advirtió de cada uno de estos “peculiares escenarios”. Por ello, estoy segura que servirá para que muchas mujeres se sientan identificadas a la hora de enfrentar estas situaciones

¡Espero os guste!



Cada 3 horas…

Cualquier mujer embarazada ha escuchado que el recién nacido debe comer cada 3 horas. Por ello, yo pensaba “!Ohhh pero en 3 horas se pueden hacer muchas cosas!”. Lo que nadie me dijo fue que de esas 3 horas se va media hora dando el pecho, media hora sacando gases, 15 minutos cambiando pañal (y posiblemente la ropa), media hora despierto y otra media hora que no se como, pero también desaparece. Al hacer esta cuenta, el resultado es el siguiente: El bebé come, se le saca gases, se cambia, se le entretiene, se le intenta dormir y cuando finalmente se duerme, ya prácticamente se han cumplido las 3 horas y ¡¡¡¡tiene que volver a comer!!!!. Este ciclo es repetitivo como una lista musical de Spotify con apenas 3 canciones :O En resumidas cuentas, ¡¡¡Aprovechad esos minutos que duerme porque pasan volaaaaaaaaaaando!!!

Susceptibilidad

Al tercer día de dar a luz, cuando aún estaba en el hospital, comencé a llorar desesperadamente. Pero no era un llanto de tristeza, sino de sentimientos. Veía sus manitos, lloraba… Veía su carita, lloraba… Veía su ropita, lloraba… Entraba el pediatra a la habitación, lloraba… Me sentía ridícula, pero simplemente no lo podía contener. De pronto entró la doctora a la habitación y me dijo que no me preocupara, que al tercer día cuando el cuerpo empieza a entender lo que ha sucedido, tenemos unos brotes emocionales que afortunadamente para mí fueron positivos (no os preocupéis si os sentís tristes ya que también puede suceder de esa manera). Pero tranquilas, después de un par de semanas comenzamos a volver a la normalidad ☺

Todo lo que juraste no hacer, es exactamente lo que estás haciendo

Juramos no dormir con nuestros bebés para que se acostumbren a su cunita… Juramos imponerles un horario para que sean disciplinados… Juramos no cargarlos todo el tiempo para que no sean dependientes de nuestros brazos… Juramos dárselo a todo el mundo para que se acostumbren a los demás… Juramos, juramos, juramos… Todos y cada uno de esos juramentos se rompen en el primer segundo de vida de nuestros bebés. ¡Recordar mis palabras!

Es más fácil diseñar un cohete de la NASA que dar el pecho

¡Ohhhhh síiiiiiiiii! Nadie me advirtió de lo sumamente complejo que era el tema de la lactancia. Yo siempre pensé que lógicamente sería más sacrificado que dar el biberón, pero nunca que fuese un tema como para escribir un libro de 500 páginas. En efecto, la lactancia es lo más bonito y también lo más complicado de este proceso. Cuando me refiero a complicado, no lo digo de manera negativa, lo digo para que leáis muy bien de que se trata ya que hay que ser conscientes de lo que comemos, de sus beneficios y sacrificios, de cómo preparar los pechos durante el embarazo, los ejercicios que nos ayudan a contrarrestar su peso, los brotes de crecimiento (¡muy importante!), las subidas de temperatura, etc. Eso sí, no dudaría en hacerlo mil y una vez si fuese necesario, es el momento más íntimo y especial entre madre e hijo…

Del estrellato al olvido

¿Recordáis cuando estabais embarazadas? ¿Y todo el mundo se levantaba de su silla para que os sentarais? ¿o que el plan del día fuese “lo que la embarazada quisiera”? Pues disfrutarlo mucho porque lo que nadie me dijo fue que desaparece por completo en el momento que el bebé nace. Ahora estamos a la entera disposición del nuevo príncipe o princesa de la casa ☺

Una noche loca…

Desde que nació Markuss me he despertado en repetidas ocasiones pidiéndole desesperadamente a mi marido que me pase la almohada para darle pecho al bebé. Pero mientras el me escucha y se comienza a despertar para hacerlo, yo grito a todo pulmón “¡¡¡no veo al bebé, se me ha caído!!!” y es ahí cuando mi marido da un salto para entender la situación y terminar explicándome que el bebé está durmiendo en su moisés y que sólo ha sido un sueño/alucinación. No os preocupéis ya que esa nueva “alarma de madre” se activa también en momentos innecesarios…

Otra noche loca…

El otro aspecto de la noche que nadie me contó es la repentina subida de temperatura que podemos padecer si estamos dando el pecho. Al parecer, la subida de leche puede aumentar nuestra temperatura de tal manera que en varias ocasiones me he tenido que cambiar el pijama ¡¡¡hasta 3 veces en una noche!!! Es impresionante y es algo que jamás me había ocurrido tan exageradamente, ¡ni con fiebre!

Palabras que desaparecen de nuestro diccionario

Nadie me dijo que la palabra “horarios” y “dormir” desaparecerían de mi diccionario… “Nos vemos a las 14h”… Mmmm… Lo siento, pero ¿cómo? En definitiva estos primeros meses es sumamente difícil utilizar palabras como puntualidad, dormir, descanso, hora… No os quiero asustar, pero si es una realidad: ¡¡¡¡olvidaros de esas noches en la cama hasta las 11AM!!!!

Creemos que todos nos ven con los mismos ojos que nuestros bebés

Cuando estamos dando el pecho, pasamos mucho tiempo descubiertas. Por ello, es fácil que a momento lo olvidemos y nos demos un paseo por la casa en paños menores. Es una tendencia a creer que todos nos miran de la misma manera que nuestros bebés, pero ¡cuidado! Hay que seguir preservando el pudor…

El instinto lo es todo

Durante el embarazo nos topamos con los mil y uno artículos (y opiniones) sobre la llegada del bebé… Hay que darle de comer cada 3 horas, hay que darle de comer cada vez que quiera… Hay que dejarlo dormir, hay que levantarlo si ya pasaron las 3 horas… Hay que darle agua, ni se te ocurra darle agua… Es porque tiene frío, es porque tiene calor… En fin… Cada artículo, opinión y consejo es completamente diferente al otro. Lo que nadie me dijo fue que simplemente siguiera mi propio instinto, ya que será seguramente lo mejor para el bebé ☺

Para finalizar este post, os dejo una breve lista de cosas que “sí me dijeron” y que son ciertas, ¡muy ciertas!

- La vida te cambia para siempre

- Tu tranquilidad desaparece

- Aprovecha a dormir bien

- No habías conocido un amor tan grande

- De pronto las cacas y los mocos se convierten en algo bonito

- Comenzarás a hablar como si tuvieses 5 años

- El cochecito para el bebé es el producto más importante (el mío es de la marca Stokke)

Y muchas másssss…

Esta faceta es sin duda la más bonita de mi vida y no cambiaría ni un solo sacrificio, ni una sola noche en vela… Ya Markuss tiene un mes y comienza a perder parte de su ropita. Lo que antes no llenaba, ahora le queda pequeño. Por ello, hay que vivirlo, sentirlo, sudarlo y disfrutarlo. Así que no os asustéis porque con el nacimiento de un bebé, nace una parte de nosotros que no conocíamos… ☺

¡¡¡Nos vemos de nuevo la semana que viene!!!

Os adorooooooooooooooo

MUAHHHHHHHHHHHHHHH

Tags: Astrid Klisans, blog, Embarazo, horarios, lactancia, Markuss Baute Kilsans, nacimiento, parto
 
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Ser madre, arrepentirse y contarlo
La presión social persuade e incluso obliga a muchas mujeres a tener hijos
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ANA CARBAJOSA
14 SEP 2016 - 17:00 COT
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GETTY IMAGES


Tener hijos es una bendición, fruto de una decisión libre y feliz. O no. Al menos no lo fue para las 23 mujeres que han prestado su testimonio a la socióloga israelí Orna Donath y que han generado un revuelo sensacional. Con Madres arrepentidas (Penguin Random House) Donath ha tocado nervio. Se ha atrevido con un tema muy peliagudo y a la vez relevante, a juzgar por la encendida reacción que ha provocado su trabajo en varios países europeos.

La tesis del estudio es la siguiente: La presión social persuade e incluso obliga a muchas mujeres a tener hijos. Las que consiguen sincerarse consigo mismas, se dan cuenta pasado el tiempo de que la experiencia maternal no es el cuento de hadas que les habían contado. Que no todo es felicidad y que albergan sentimientos contradictorios. Algunas incluso se arrepienten de haber sido madres. Las mujeres entrevistadas por Donath airean sus sentimientos más subterráneos y dicen que sí, que adoran a sus hijos, pero que si pudieran dar marcha atrás, igual lo harían.


Donath realizó su estudio en Israel, un país en el que la natalidad ocupa un lugar privilegiado. En la sociedad israelí,“la obligación de ser madre está presente en los preceptos religiosos”, escribe la autora que sostiene que a la maternidad se le ha dado también “una validez ideológica secular que impregna los decretos ideológicos militaristas, nacionalistas y sionistas”. Es importante tener también en cuenta que el testimonio de una veintena de personas dista de ser una muestra representativa de nada. Pero incluso teniendo en cuenta las particularidades de la investigación, algunos de los asuntos que plantea Donath son probablemente universales.

Entre ellos, la idealización de la experiencia maternal y la distancia que separa el discurso rosáceo y de plenitud que rodea la maternidad y la vida real, con muchos más matices y tensiones. Die Mutterglück-Lüge (La mentira de la felicidad materna, subtitulada Por qué hubiera preferido ser padre), de Sarah Fischer es el título de uno de los textos surgidos al calor de las Madres arrepentidas y que da una idea de por dónde van los tiros de esta nueva conversación global. Es evidente que de las frustraciones del día a día de una madre al arrepentimiento hay un trecho abismal, pero de entrada, la bomba que ha lanzado Donath ha abierto la veda a sincerar una narrativa maternal envuelta a menudo en excesivo celofán.

En Alemania el debate sobre el arrepentimiento maternal ha prendido y se ha propagado con especial intensidad. Ha provocado indignación y ríos de tinta de reflexión en un país que venera la figura maternal y donde el Gobierno de la canciller Angela Merkel –apodada por cierto mutti, mami- se esmera en incentivar los nacimientos para combatir el envejecimiento nacional. Un país, en el que a las mujeres que no dedican suficiente atención y tiempo a sus hijos -incluido un prolongadísimo permiso maternal- se las considera Rabenmutter,algo así como madres-cuervo que descuidan a sus hijos y en el que según Eurostat, el 72% de madres con dos hijos trabaja a tiempo parcial frente al 38% de media de la UE. El hastagh #regrettingmotherhood (#madresarrepentidas en castellano) viral a estas alturas, está plagado de tuits en alemán.

Más allá de las subculturas nacionales, el debate de las madres arrepentidas ha contribuido a replantear asuntos probablemente más interesantes que el de si una se arrepiente de una decisión a todas luces irreversible. Como qué hace que para muchas mujeres la maternidad acabe siendo una empinada cuesta arriba. Repleta de amor y ternura, sí, pero extenuante y en ocasiones asfixiante. Ha ayudado a que hablemos del amor incondicional y la madre abnegada como mitos, los horarios laborales chiclosos, el grado de implicación de los padres (hombres), las políticas públicas o el respeto y aceptación de las infinitas formas de ser madre que cada mujer elija… en definitiva, qué significa hablar de ser madre y mujer hoy, cómo nos organizamos como sociedad y qué espacios reservamos para la crianza.
 
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Hablé con mi tía recientemente.
Mi tía vivió toda su vida en un pueblo de visilleras a muerte, y mis primos nacieron porque "tuvieron que nacer".
Bien, me volvió a preguntar si tengo intención de aunque ya sabe que yo, nones.

Y una vez más me dijo "si yo tuviera tu edad ahora que vives muy bien iba a quedarme embarazada, ¡¡¡y una mierda!!!"

Cuando mis amigos casados me dicen "no tengas hijos"; que queréis que os diga.
 
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Igual no va en relación directa con el título del hilo, pero el artículo representa de forma muy clara el rol de la madre (sano/tóxico) en la familia, y lo que explica hace referencia a algunos comentarios que se han ido desgranando en el hilo...


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Ser la oveja negra de la familia
POR JASMINE MURGA


El termino “paciente identificado” hace referencia a un miembro de la familia que es señalado por los demás miembros como el causante o responsable de la mayoría de las desgracias familiares. Desde la Psicología Sistémica, se considera que el paciente identificado es la manifestación sintomática de una disfunción en toda la familia. Así, el paciente identificado, a través de su conducta problemática, da salida y hace visible problemas latentes y reprimidos en la familia. A menudo, lo que ocurre es que ese hijo actúa como distractor del verdadero problema familiar.

Algunos ejemplos de problemas que un paciente identificado está inconscientemente comunicando son: padres narcisistas con un “Yo” demasiado frágil para asumir sus propias responsabilidades; abuso físico, emocional o sexual; traumas no resueltos; problemas maritales en los padres o problemas entre otros adultos de la familia (el hijo es triangulizado).

El paciente identificado no solamente representa una metáfora de la atmósfera dañina que existe en la familia, sino que además está expresando a gritos la urgente necesidad de un cambio en la dinámica familiar. Sin embargo, el cambio resulta muy difícil sin ayuda profesional porque por lo general, los demás miembros encuentran esta situación muy cómoda, pues ellos salen exentos de cualquier responsabilidad y no tienen que replantearse nada. De hecho es común que los demás hermanos adopten una posición más periférica y sin darse cuenta, hacen lo posible para mantener el statu quo de esta distribución de roles, tratando de reforzar la etiqueta de “problemático” en el paciente identificado cada vez que se presenta la oportunidad. La situación se torna aún más grave cuando los padres buscan aliados en el subsistema de los hermanos, traspasando límites generacionales, con el fin de reconirmar el rol del paciente identificado y así evitar tener que confrontar su parte de responsabilidad en el problema. Esto desespera y aísla todavía más al paciente identificado, quien en el mejor de los casos tratará de buscar apoyo fuera del núcleo familiar. Esta tentativas de buscar ayuda en otro lugar, sin embargo, serán mal vistas por la familia ya que supone una amenaza a la homeostasis o equilibrio familiar, por más disfuncional que sea. Muchas personas prefieren permanecer en lo conocido porque cambiar significa lanzarse en lo desconocido, y eso asusta.

¿Cómo es elegido el chivo expiatorio?

Pensar que porque dos hijos han nacido y crecido en la misma familia, necesariamente han gozado de las mismas oportunidades y han debido de pasar por las mismas dificultades, es una afirmación totalmente ilusoria. Cada hijo ocupa un rol diferente en el sistema familiar y mantiene relaciones distintas con cada miembro. No es lo mismo ser el primer hijo que el segundo porque las circunstancias de una familia son cambiantes, no son estáticas. Generalmente el miembro elegido como chivo expiatorio es un hijo o hija sensible, empático, y con un gran sentido de honestidad y justicia ya que se niega a callarse y seguir perpetrando las incoherencias de su familia. Tiende a mostrarse más vulnerable o más rebelde que los demás hijos. En algunos casos la razón por la que la madre o el padre se ensaña especialmente con él o ella es porque ese hijo en particular le recuerda o bien aspectos de sí mismo que no le gustan o bien a otro familiar con el que existen conflictos no resueltos.

El tipo y alcance de los comportamientos exhibidos por el paciente identificado varía de una persona a otra. Puede ser visto como una persona difícil, con problemas de comportamiento o de manejo de las emociones. En otros casos, el paciente identificado desarrolla un trastorno depresivo, adicción a drogas u alcohol. Y la falta de validación incluso puede llegar a precipitar un trastorno de la personalidad.

Muy interesante, Asten, estoy completamente de acuerdo con lo que dice el artículo.

Una vez convertido en adulto, el paciente identificado presenta una inseguridad crónica en sus relaciones debido a la sensación de traición que ha experimentado en sus familias. También tiene problemas para manejar sus emociones y tiende a mostrarse extremadamente crítico consigo mismo. Por otra parte, suele tener la idea de que no merece ser querido ya que los mensajes que ha recibido de su familia a lo largo de los años es que es sólo trae problemas, sólo hace daño, que sus reacciones son inadecuadas, que está exagerando, etc.
 
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Hay de todo, pero la mayoría de las madres que conozco (incluida yo misma) no se arrepienten en absoluto de su maternidad, a mí misma me habría gustado tener más, aunque no he podido. Pero todo depende de las circunstancias de cada persona y de como sean los hijos, no es lo mismo tener un hijo sano que uno enfermo, ni es lo mismo tener uno que no da problemas que un toxicómano, delincuente, etc, pero yo creo que la gran mayoría siente que la maternidad vale la pena.
 
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¿Puede alguien arrepentirse de ser madre?
Es un tabú, pero existe: mujeres que aseguran haber errado en su decisión de tener hijos. Sin embargo, los aman... ¿o no? Claves para lidiar con un sentimiento complejo.
Eva Carnero
10 SEPT 2016 - El País
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¿Antes muerta que reconocer en público y sin tapujos que la maternidad no es el sumun de la autorrealización, que tener descendencia lejos de ser el estado ideal con el que toda mujer sueña (y debe soñar), se le ha revelado como algo odioso y frustrante? Si es así, no crea que es la única "manzana podrida" del cesto. Sepa que ese sentimiento, tabú donde los haya, lo comparte con muchas otras mujeres que solo se atreven a mencionarlo con la boca pequeña y en petit comité.

Sabemos, por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que el año pasado nacieron en España 419.109 niños, llegando con ello la maternidad al hogar de algo más de 400.000 mujeres. Sin embargo, lo que desconocemos es si todas ellas son más felices desde entonces. Y si no lo son, si reniegan del papel de madre. ¿Cómo saber y entender lo que sienten? La socióloga israelí Orna Donath ha tratado de averiguarlo sacando a la luz esta controvertida realidad protagonizada por aquellas mujeres que si pudieran dar marcha atrás, en lo que a la maternidad se refiere, no lo dudarían. Y para hacerlo, la experta no hizo otra cosa que darles voz.

Así, Donath entrevistó a 23 mujeres que aseguraban haberse arrepentido de ser madres y recopiló sus testimonios en el estudio Regretting Motherhood: A Sociopolitical Analysis, publicado en Signs Journal of Women in Culture and Society (diciembre, 2015). Son 23 historias en las que sus narradoras hicieron especial hincapié en que a pesar de que odiaban la experiencia de la maternidad, eso no les impedía amar profundamente a sus hijos.

Miedo al rechazo social
Una de las conclusiones que se desprenden de la lectura de este estudio es que existe un sentimiento que la sociedad castiga todavía con más dureza que el deseo de no ser madre, y este es el de arrepentirse de serlo. Así lo experimentó Sky, madre de tres hijos y uno de los testimonios que recoge Donath en su recién publicado libro, Madres Arrepentidas (Reservoir Books, 2016): "Me resultaba duro decir que tener hijos había sido un error. Tardé mucho tiempo en poder pronunciar esas palabras. Pensaba, 'uy', si digo algo así, la gente pensará que estoy loca. El caso es que, si hoy pudiera volver atrás, estoy segura de que no traería niños a este mundo. Lo tengo clarísimo".

Reconocer que su vida sería mejor sin hijos no es un drama. No hay marcha atrás, pero ayuda romper el silencio: "Amo a mis hijos, pero no los tendría que haber tenido". ¿Qué problema hay? El silencio y la culpa enquistada conducen al odio a los menores y a su propia enfermedad

Lo cierto es que, al margen de si comparte la visión de estas mujeres sobre la maternidad o si cree que es una posición aberrante, lo que parece es que se trata de una reflexión profunda y valiente, aunque no novedosa. La psicóloga clínica Laura García Agustín, directora del Grupo Clavesalud, asegura que a lo largo de sus veinte años de ejercicio profesional ha recibido en su consulta a muchas féminas con este tipo de sentimiento que jamás habían compartido con nadie. "Ellas mismas se consideran un monstruo por sentir ese arrepentimiento aun adorando a sus hijos y siendo madres excelentes y abnegadas. Así que callan por miedo al rechazo social, a ser juzgadas y a no ser entendidas", sostiene la experta.

Sacrificios, renuncias, preocupaciones...
El único pecado de estas madres arrepentidas fue tomar la decisión equivocada. Así lo ve la psicóloga sanitaria Carlota Boyer, especialista en Psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Psicología: "Siempre que escogemos un camino dejamos otro sin recorrer y podemos pasarnos la vida arrepintiéndonos de no haber tomado ese otro". Cuando no hay marcha atrás, toca lidiar con tus decisiones.

Nadie habla de los padres
Aunque parece estar de moda hablar de lo femenino, también hay hombres que también se arrepienten de su paternidad. Sin embargo, su calvario no es, ni mucho menos, tan penoso como el de las mujeres. "A un hombre no se le juzga de la misma manera por replantearse la paternidad. No se considera tan reprobable, ni tan aberrante, ni tan antinatura como en el caso de una mujer. Además, si un hombre lo comparte en su entorno, suele ser entendido y raramente es criticado", sostiene Laura García Agustín, directora del Grupo Clavesalud.

En general, "para las mujeres, tener hijos significa un gran trabajo, muchas renuncias, sacrificios, preocupaciones, cambios de prioridades e incontables horas dedicadas a ellos, y esto no es fácil. El problema es que no siempre se piensa en todas estas cosas antes de tenerlos y esto hace que a veces en esta ardua tarea pueda aparecer el arrepentimiento", asevera Boyer. En otros casos, es la presión social la que empuja a un camino que uno ya sabe que no es el suyo.

Pero por si el peso de la culpa no fuera suficiente, el rechazo social se suma a la batalla. Para la psicóloga Carla Boyer, la penalización social es un hecho irrefutable que explica señalando, por un lado, "el disfrute de muchas personas cuando castigan al 'pecador' y, por otro, el hecho de que mucha gente calla o critica ante el temor que les produce ser objeto del qué dirán de los demás si consienten y aprueban en público ese sentimiento".

Comparte esta opinión Laura García Agustín, quien defiende la idea de que "vivimos en una sociedad que se mueve aplicando una doble moral: puedes sentir algo fuera de lo normal, pero mejor no lo digas. Esto es lo que nos enseñan desde la infancia".

Si me pasa a mí, ¿qué hago?
Romper el silencio es, según los expertos, el quid de la cuestión. "Los sentimientos no expresados, no compartidos, se enquistan y provocan serios trastornos emocionales y una gran insatisfacción personal. Es más, muchas mujeres somatizan esta culpa, esta vergüenza o frustración por sentirse arrepentidas y acaban enfermando físicamente", asegura.

También Boyer defiende la verbalización pública de este sentimiento, ya que "comprobar que no eres la única que manifiesta estas reflexiones que muchos califican de antinaturales y que son criticadas por la sociedad, no solo es reconfortante, también es la prueba de que se ha asumido ese sentimiento. Mientras una persona no verbaliza lo que siente, el proceso de admisión no se inicia".

Si la culpa y el sentimiento de ser juzgados se enquistan, las consecuencias pueden ser nefastas, para la madre y los menores. La psicóloga reconoce que no aceptar esa idea que le corroe, puede culminar en una reacción de odio hacia los más débiles, los pequeños. "La evolución de ese sentimiento puede tomar diferentes grados y trayectorias, apuntando normalmente altos y bajos. No se odia con la misma intensidad un año tras otro. Pero se puede llegar a casos extremos, como madres que se desentienden de sus hijos a medida que estos crecen, o al incluso infanticidio", advierte la experta. Para estos terribles casos en los que una madre mata a su descendiente, no existe un perfil psicológico fijo, pero se sabe que implican una complejidad tremenda, donde no solo basta "encontrarse perdida y al borde del precipicio".

Finalmente, reconocer que su vida podría ser mejor sin hijos no tiene por qué ser un drama. ¿Y si prueba a tomárselo con humor? Más allá de las razones que le empujaron a tomar una decisión que ahora considera errónea, queda claro que ya no hay marcha atrás. Y la mayoría de las madres lo aceptan: "No debería haber tenido hijos, pero ahora los amo con locura". No hay nada de malo en ello. "Identificar emociones, permitirse experimentarlas, sean las que sean, aun pareciendo incompatibles, ayuda a gestionar la realidad, sin coste emocional ni vergüenza", asegura Laura García Agustín, psicóloga clínica y directora del Grupo Clavesalud, quien, además, aporta claves para salir del armario. (...)
 
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Para mi madre solo han existidos sus hijos varones,a mi no se me dio oportunidad de nada,ni estudiar,ni trabajar fuera del negocio familiar,y ahora que ya es mayor,pues aqui esta la "niña" que es la que tiene la obligacion de cuidarla,y los varones, ni llaman para preguntar por ella.
No te dejes. Eres hija, no esclava. Vive tu vida. Y si no les gusta, que se apañen.
 
OP
M
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Para mi madre solo han existidos sus hijos varones,a mi no se me dio oportunidad de nada,ni estudiar,ni trabajar fuera del negocio familiar,y ahora que ya es mayor,pues aqui esta la "niña" que es la que tiene la obligacion de cuidarla,y los varones, ni llaman para preguntar por ella.

Pues si para tu madre sólo han existido sus hijos varones, que la cuiden ellos. Rebélate.
 

gg_

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Para mi madre solo han existidos sus hijos varones,a mi no se me dio oportunidad de nada,ni estudiar,ni trabajar fuera del negocio familiar,y ahora que ya es mayor,pues aqui esta la "niña" que es la que tiene la obligacion de cuidarla,y los varones, ni llaman para preguntar por ella.

Pues "los cojones", así de claro. No merece la pena que cargues con ese peso mientras tus hermanos no. Eso te puede amargar la vida hasta límites que no te imaginas.
 
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Evania Reichert La paz en el mundo empieza en el vientre de la madre

¿Qué es un niño?

Una persona con todas las posibilidades por desplegar, que podrá ser todo lo que quiera.

Fabuloso.
Si los adultos no lo impiden.

¿Boicoteamos a los hijos?
Los machacamos, les inyectamos complejos de inferioridad, les traspasamos neuras, les cortamos alas, segamos sus talentos, les impedimos desplegar todas sus posibilidades.

Quizá educar sea eso...
¡Discrepo! Educar es guiar, es formar sin castrar las potencias del niño.

¿Dejándole a su aire?
No. Contención, que no represión. Hay que fomentar en el niño su autorregulación: que aprenda a regular sus acciones en cada fase.

Poniendo límites, ¿no?
Las paredes del vientre materno son un cálido límite para el embrión. Los brazos paternos que le mecen son para el bebé un amoroso límite... Por tanto, hay contenciones, ¡pero con afecto y calidez y ánimo formativo!

¿Maltratamos a nuestros hijos?
¿Quién no ha abroncado a su hijo sólo porque en ese momento se sentía irritado, malhumorado? Nos vengamos en ellos de nuestros malos rollos, los humillamos, ¡y hasta llegamos a insultarlos!

Mujer…
Sí, sí: ¡los adultos somos muy cobardes! Lo que no osaríamos decirle o hacerle a un adulto en la calle o en el trabajo, ¡se lo decimos o hacemos a nuestros niños!

¿Tanto?
Los hogares albergan las mayores violencias consentidas.

¿Con qué consecuencias?
Fraguamos niños más inseguros, que no se valorarán, que tenderán a maltratarse o maltratar, a ser agresivos...

¿Cómo evitar eso?
Con conciencia: ayudarlos a autorregularse, evitando fustigarlos con nuestros brotes de rabia y fragilidades. Todo lo que hagamos o digamos debe tener propósito educativo. Pero claro, como es más fácil conducir a un niño reprimido que a un niño sano y libre... ¡tendemos a modelar a niños reprimidos!

¿Y cómo modelar a un niño sano?
Con la vacuna que la neurociencia nos confirma: cariño, afecto, amor.

¿Qué dice la neurociencia al respecto?
Que el afecto estimula la sinapsis, las interconexiones entre neuronas.

¿Sí?
¡Sí! De 0 a 1 año se establece en el cerebro humano el mayor número de interconexiones neuronales de toda su vida. Y se ha constatado que el amor de los padres y cuidadores, el cariño, el afecto expresado en caricias, besos, cosquillas, abrazos, pedorretas, achuchones... ¡fomenta las sinapsis, multiplica las redes neuronales!

O sea, que ese cerebro será más rico.
Tendrá mejores cimientos sobre los que levantar ulteriores capacidades. Haber sido mecido, acunado, besado, acariciado, amado, respetado... ¡te hará más inteligente! A más amor recibido, más inteligencia futura.

¿Qué se entiende por respeto al niño?
Tratarlo según lo que pueda esperarse de él en cada franja de edad.

Ponga un ejemplo.
De los 1,5 a los tres años, el neocórtex infantil es incapaz de procesar más de dos o tres prohibiciones. Si dirigimos 30 ¡noes! al niño... nos parecerá que nos desobedece 27 veces. ¡Y no es eso!

¿Y qué es?
Que no es capaz de grabar las órdenes. Y que decirnos ellos no es un primer paso de su autonomía personal, de perfilar su identidad: es, pues, algo saludable.

¿Y cuándo estará el niño en condiciones de entender los “noes”?
A partir de los 3,5 o cuatro años graban bien cualquier orden. Entonces sí hay que estar vigilante para evitar filiarcados.

¿Qué es eso?
Hay patriarcado (hegemonía del padre), matriarcado (de la madre) y filiarcado (del hijo): ¡busquemos mejor la heterarquía, es decir, que cada cual tenga un lugar!

¿A qué edad aparece en el niño la conciencia de género?
De los tres a los seis años se desarrolla la pulsión sexual a la par que la epistemofílica.

¿Qué pulsión es esa?
Curiosidad de saber, de conocer, de explorar: si reprimes la pulsión sexual de un niño, ¡reprimes su impulso de saber!

¿Qué hicieron mal sus papás?
Vivíamos en el campo y, por ignorancia, me pusieron a trabajar de muy niña, cargaron sobre mí altas responsabilidades familiares... Eso me ha hecho emprendedora, pero también sentirme imprescindible para el bienestar de los demás, cosa muy dañina...

El Gobierno español propone escolarizar a los niños desde su nacimiento...
Eso puede comprometer esa primera fase de formación de la persona, en la que el principal alimento es el afecto. ¡Alerta: la OMS anticipa que en 20 años la primera dolencia de la humanidad será la depresión!

Dígame que es optimista y que pronto mejorará la educación de los niños.
Seremos cada día más conscientes de la importancia de las primeras edades de la vida... o estaremos jugándonos el futuro de la humanidad. Nunca antes supimos tanto sobre la infancia: ¡si lo aplicamos, daremos lugar a la única gran revolución de verdad!

¿Sí?
Sí, la paz sobre la Tierra empieza en el vientre de la madre.

Evânia Reichert, psicoterapeuta familiar. La Contra de La Vanguardia. Víctor Amela

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Categoría: La Contra
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