Literatura, filosofía y espiritualidad


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Epícteto, un sabio de la antigüedad




Con esta simple pero certera frase Epícteto de Frigia, filósofo estoico del siglo I d.C, sembraba las raíces de la actual psicología contemporánea. Epícteto nació en el año 55 en Hierápolis de Frigia y llegó a Roma como esclavo de Epafrodito quien le daría educación hasta su exilio a Nicópolis en el año 93 donde fundaría una prestigiosa escuela a la que se dedicaría plenamente.

A pesar de haber sido esclavo y recibir duras palizas durante la mayor parte de su vida, Epícteto fue una persona feliz. Su filosofía se basaba en tener muy claro lo que era controlable y lo que no, para de esta forma modificar lo que era susceptible de modificación y aceptar lo que no lo era. De esta manera se evitaba a sí mismo el tormento y la infelicidad.

«No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nos decimos sobre estas cosas».

-Epícteto-

El control de la propia mente

Epícteto aceptó que sus circunstancias no eran controlables ni podían cambiarse directamente de ninguna manera, pero sin embargo su mente sí. En este sentido tenía todo el poder. Por lo tanto, decidió que las cosas le afectarían solo si dejaba que tuvieran influjo en él. Es decir, el hecho de tener emociones positivas o negativas no iba a depender de los hechos externos si no de su propio interior, de sus pensamientos acerca de esos hechos.

La mayoría de las personas cuando tienen un estado emocional negativo y disfuncional, como depresión, ansiedad, ira, culpa… tienden a creer que es provocado por las circunstancias o las situaciones que han acontecido en su vida, pero la verdad es que no es así la mayor parte de las veces.

Lo que realmente provoca nuestros estados emocionales son nuestra forma de interpretar el mundo, nuestra actitud, nuestras propias creencias y pensamientos. Una prueba la tenemos en que la misma situación suscita emociones diferentes en cada persona. Por lógica, si fuera la situación la responsable de las emociones, todas las personas deberían reaccionar de la misma manera y se demuestra que esto no es así. Entonces, debe de haber algún filtro que determine mi situación emocional.




Pongamos un ejemplo sobre esta idea. Imagina que vas en el autobús de pie sujeto a la barra de apoyo y de repente recibes un golpe fuerte por detrás. Te pones colérico y furioso porque algún maleducado no ha tenido nada de cuidado contigo así que te dispones a darte la vuelta para decirle cuatro cosas pero de repente te percatas de que es un invidente.

En ese instante los sentimientos de cólera, ira y enfado se modifican por sentimientos de compasión y piedad hacia el pobre ciego que no ha tenido intención ninguna de empujarte.


Somos responsables de lo que sentimos
El estímulo que supuestamente ha provocado tu enfado sigue siendo el golpe, pero ahora que sabes que es ciego, no te dices que es un maleducado, ni un grosero sin consideración ni miramiento, si no que te dices que es un pobre hombre que no pretendía ni quería hacer eso. Con lo cual, podemos concluir que el que te irritó no fue el golpe, si no tú a ti mismo con tu autodiálogo, con lo que te estabas diciendo acerca del bruto que te propinó el empujón.


Como podemos ver, el pensamiento siempre precede a la emoción y la buena noticia es que ¡podemos controlarlo! ¡Somos responsables del mismo!

Y digo buena noticia porque si no fuese así, nos tendríamos que resignar a ser esclavos de lo externo, a ser marionetas carentes de defensas que se mueven según las situaciones o las ideas de los demás.

Si por ejemplo, yo me deprimo porque los demás me critican, el responsable último de esa depresión soy yo que me estoy creyendo todas esas críticas y opiniones y las estoy haciendo mías. Si cambiase mis pensamientos sobre esas críticas y les diera la importancia justa, mi estado emocional sería muy diferente.

Quizás sería desagradable, pero no llegaría a deprimirme por las ideas que otras personas tengan, pues esas son sus ideas, no las mías y solo las haré mías si así lo decido yo. Si esto no fuese así, si mis pensamientos no pudieran intervenir, tendría que sentirme deprimido obligatoriamente siempre a no ser que consiga que los demás cambien su opinión sobre mí, algo que es casi imposible además de trabajoso.


En realidad, el ser humano tiene la maravillosa capacidad de ser feliz casi en cualquier circunstancia y situación. Si tienes los medios para sobrevivir ya lo tienes todo para estar muy bien, pero es necesario que estas ideas se interioricen en profundidad, que las adquieras como filosofía de vida.

Si Epícteto fue feliz siendo esclavo gracias a esta manera de afrontar la vida, nosotros también podemos serlo en circunstancias que nada tienen que ver con la esclavitud. ¿Quizás estás quejándote mucho? ¿Es posible que estés exigiendo demasiado al mundo, a los demás y a ti mismo? ¿Te llenas de ansiedad tratando de controlar lo incontrolable?

Deja de abrirle la puerta al sufrimiento, deja de quejarte por lo que sucede ahí fuera. Soluciónalo si puedes y si no, déjalo estar. Cambia tu manera de ver las cosas y las cosas cambiarán.

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Tonino Guerra, biografía de un poeta profundamente humano

Tonino Guerra fue un destacado guionista con una habilidad excepcional para la poesía. Nadie creería que su amor por las letras había nacido en el lugar menos pertinente: un campo de concentración.




A Tonino Guerra se le conoce, fundamentalmente, como guionista. Detrás de varias películas de los grandes del cine italiano, como Fellini o Antonioni, se encontraban los guiones de este fabuloso poeta. Solo en las últimas décadas de su vida se decidió a publicar sus poemas y dar a conocer esa faceta suya en toda su plenitud. Dejó asombrado al mundo.

Se dice que fue precisamente la fuerza de sus imágenes poéticas lo que llamó la atención de los grandes directores italianos. En otras palabras, Tonino Guerra siempre fue un poeta. Lo que sucedió fue que primero se expresó a través de los guiones y, posteriormente, por medio de la poesía.

“Escribir es también parar el tiempo. Pero tengo la esperanza de que mis palabras ayuden a vivir de manera vertical, siempre en ascenso”.

-Tonino Guerra-


Tonino Guerra también fue novelista y dramaturgo. El amor por la palabra nació en el lugar menos pensado: un campo de concentración nazi al que fue confinado por algunos años. Fue allí y utilizando el romañolo, su lengua natal, donde descubrió que a través de las palabras y de la poesía era posible burlar la tragedia.



La primera vida de Tonino Guerra
Tonino Guerra nació el 16 de marzo de 1920 en un poblado llamado Santarcangelo, al noreste italiano. Toda la vida se sintió ligado a esa región, a pesar de que su familia se mudó de allí cuando él tenía apenas 3 años. Hasta los últimos días de su vida, recordó la quietud del ambiente a la hora de la siesta y el olor de las almendras tostándose al sol.

Este gran poeta provenía de una familia muy humilde. Aun así, pudo estudiar y se graduó como maestro de escuela. Él mismo le enseñó a leer y a escribir a su madre, que era analfabeta. También en ese oficio desarrolló una sensibilidad proverbial por el prójimo y la otredad. Con el ascenso del fascismo y del nazismo, vinieron días muy difíciles para él.

Su familia decidió esconderse de la persecución en un lugar discreto, junto al río Uso. El problema era que Tonino Guerra tenía un gato, que habían dejado atrás. Pensando en el animal y en el hambre que podría estar pasando, regresó a su casa para darle de comer. Por desgracia, los nazis lo encontraron y luego lo deportaron al campo de concentración de Troisdorf, en Alemania.

El infierno y la luz
Tonino Guerra permaneció entre dos y tres años en el campo de concentración. La soledad y el horror de aquel lugar lo llevaron a escribir poesía. Lo hacía en romañolo y se la leía a los compañeros de cautiverio que también hablaban esa lengua. Estos fueron los únicos momentos de libertad que tuvo durante su confinamiento.


Sobrevivió a la tragedia y volvió a su país en 1945. Todos sus parientes y amigos lo daban por muerto. Tras un breve lapso de reencuentro, se decidió a estudiar Pedagogía en la Universidad de Urbino. Obtuvo el doctorado con una tesis sobre poesía. De aquella época datan también sus primeras publicaciones de versos. En 1953, se adentra en la aventura de escribir guiones.

El ascenso en su nueva profesión fue muy veloz. A finales de los años cincuenta, comenzó a trabajar con Antonioni y desde entonces se convirtió en el guionista de todas sus películas. Los dos siempre se entendieron a la perfección.

Posteriormente, gracias a su reconocimiento, llegarían otros grandes directores como Fellini, De Sica, Tarkoski y Angeloupolus. Con este último obtuvo el premio al mejor guión en el Festival de Cannes.




Un poeta a la luz
Sus poemas, sin embargo, tardaron mucho tiempo en ver la luz y se decidió a publicarlos en un poemario, bajo el título La miel, a la edad de 71 años. El mundo supo entonces que uno de los grandes poetas italianos había sido pasado por alto, sin explicación. Desde entonces despertó un gran interés en el mundo literario de todo el planeta, llegando a ser reconocido por otros grandes literatos del momento como Gabriel García Márquez, uno de sus grandes amigos y admiradores.

Trabajó con Antonioni incluso después de que este tuviera un derrame cerebral que lo dejó sin habla. Se entendían tan bien, que bastaba una mirada o el movimiento de una mano para que Guerra entendiera lo que el director quería transmitir. Con él hizo varios filmes de corte erótico y llegó a afirmar que «cuando se llega a la ancianidad el erotismo es un horizonte maravilloso, el amor en la mente de dos ancianos es una boutade, una provocación, una cruel ilusión.

Sus últimos años los pasó en su pueblo natal, al que siempre extrañó. Murió el 21 de marzo de 2012, apenas cinco días después de haber cumplido 92 años. Alguna vez dijo que en sus poemas quedaba aquello que se había perdido para siempre. Eso mismo que también queda para siempre dentro de cada uno de nosotros.

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Michael Ende, biografía del escritor que nos hizo creer en la fantasía

Michael Ende escribía con un solo propósito: para llevar a los niños hacia nuevos mundos donde encontrarse con situaciones mágicas y divertidas. También para lograr que los adultos reflexionaran sobre las metáforas sociales que transmitía en sus páginas.




Existe una frase de Michael Ende que define, sin duda, el propósito que siempre buscó en quehacer literario: «Si las personas olvidan que tienen un mundo interior, entonces olvidan sus propios valores». Así, en libros inolvidables como Momo o la historia interminable, nos transmitió la metáfora que sin creatividad y fantasía, las personas derivamos en el vacío intelectual, en la Nada más absoluta.

A día de hoy, después de éxitos tan arrolladores como la saga Harry Potter de J.K. Rowling, nadie puede decir que la literatura juvenil sea un género menor. De hecho, si alguien lo ha pensado en alguna ocasión, se equivoca. Ahí tenemos antecedentes como las obras de Michael Ende, capaces de marcar generaciones enteras, de ser esos referentes que nunca pasan de moda y que siguen inspirándonos de diversas maneras.

Los especialistas y eruditos de la época no dudaron en llamar a Michael Ende «el último escritor romántico alemán». Gracias a él millones de personas aprendieron a ver el mundo de otro modo. Porque en sus obras se asentaba también una profunda crítica social, y el deseo expreso de invitar al lector a despertar hacia nuevas realidades. Unas más libres, respetuosas y ante todo, marcadas por la libertad de expresión y la creación.

Para ello, Ende conectó el escenario de la vida moderna con pequeños universos nutridos de evocadoras figuras mitológicas y poéticas. No obstante, hay algo que lo hace aún más interesante. Uno puede leer sus libros con doce años y con treinta y cinco y hallar nuevos conceptos, nuevas ideas en la que reflexionar.


La literatura fue para él un portal hacia la magia. Para nosotros, su obra es esa llave perfecta con la que cruzar a otros universos llenos de posibilidades. Esos en los que el propio Ende soñó un día.

“Cada libro es una nueva aventura en la que me abandono y de la que no sé a dónde me llevará. Al escribir siempre entro en una grave crisis en la que, de repente, tengo que movilizar todas las energías”.

-M. Ende-



Biografía de Michael Ende
Michael Ender nació el 12 de noviembre de 1929 en Alemania, en la ciudad bávara de Garmisch Partenkirschen. Cabe destacar ante todo la figura de su padre: Edgar Ende. Era un notable pintor surrealista que marcó buena parte de su vida. Ese mundo onírico y singular contenido en los lienzos con los que creció desde niño, inspiraron posteriormente muchos de sus libros.

Su padre fue también una figura perseguida y sancionada por los nazis. Su madre, Luise Bartholomä, era fisioterapeuta, una mujer muy cultivada que le transmitió también la pasión por el arte, y sobre todo, por la escritura. Ahora bien, esa calma idílica y bohemia se fragmentó con la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

Ende formaba parte de una agrupación antinazi llamada «Frente Libre Bávaro». Asimismo, cuando el ejército alemán lo reclutó a la fuerza, no dudó en negarse, para más tarde, huir con su familia a una zona más segura de Múnich junto a otros artistas. Terminada la guerra, concluyó su educación en las Escuelas Waldorf fundada por Rudolf Steiner. Este educador también dejaría una gran impronta en él por enfatizar el lado más espiritual del ser humano.

Éxitos literarios y exilios
La vida de Michael Ende cambiaría por completo en 1960 con la publicación de su libro Jim Knopf y Lukas, el ingeniero locomotor. Tuvo tanto éxito que llegó a escribir incluso una secuela. Ahora bien, cabe señalar que si hubo algo a lo que se enfrentó durante toda su vida, fue a las críticas. Decían de él que fomentaba el escapismo, la irresponsabilidad y la evasión mental. Le acusaban de no demostrar compromiso político.

Esas voces adquirieron cada vez mayor fuerza y relevancia; hasta que finalmente, decidió dejar Alemania e instalarse en el sur de Roma. Su país no era un escenario amigable, ni receptivo ni aún menos cómodo para alimentar su inspiración. Roma, en cambio, estaba llena de estímulos, de nuevos rostros, tradiciones, rincones excepcionales para la mente de un escritor.

Momo se publicaría en 1973 y más tarde, llegó La historia Interminable (1979). Ambas serían llevadas al cine, algo que no gustó demasiado al propio Michael Ende. Así, The neverending story, la definió como melodrama excesivo, demasiado kitsch, lujosa y llena de plásticos.



En 1985, y tras la pérdida de su mujer, Ende decide volver a Alemania. Una vez en su país conoce a una traductora y contrae de nuevo matrimonio, iniciando también una nueva etapa a nivel literario. Escribe cuentos y los ilustra, como Lirum Larum. En esta época su figura es todo un fenómeno social, acude a congresos, da conferencias y sus obras están en las estanterías de todo el mundo.


Michael Ende murió a los 65 años de un cáncer de estómago, en Stuttgard. A día de hoy, sigue ocupando uno de los puestos más destacados dentro de la literatura infantil y juvenil.

Las dos obras más importantes de Michael Ende
Michael Ende escribió cinco libros y dieciséis cuentos. También cuenta con diversos ensayos, obras de teatro, poesía y otras creaciones de no ficción. Como vemos, no es un legado muy extenso, pero sí relevante, sobre todo en lo que se refiere a esos dos libros que le dieron fama mundial.

Momo y los hombres grises
Para muchos, Momo es sin duda su mejor libro. Es una obra en la que se aprecia más que nunca la crítica social y el carácter filosófico. En ella tenemos como protagonista a una niña huérfana, Momo. Su virtudes son escuchar muy bien, tener muchos amigos y ser una amenaza para unas figuras muy singulares, los hombres grises.

Estas entidades son los representantes del Banco del Tiempo, quienes convencen a las personas para ahorrar e invertir su tiempo de vida hasta que, poco a poco, se quedan sin ella al pasar a ser propiedad de la banca. El ser humano pierde entonces aspectos tan importantes como sus relaciones, su capacidad para crear, pensar, ser felices…

Momo no deja de ser una crítica evidente al consumismo y al poder de las grandes empresas.



La Historia Interminable y la Fantasía
En La Historia Interminable tenemos como protagonista a Bastian. Su vida no es fácil, sufre bullying en el colegio y siempre busca a la desesperada un modo de escapar, de huir de su realidad. Es entonces cuando cae en sus manos un libro, una obra que le permite llegar al mundo de Fantasía.

Es un escenario en decadencia, un país atacado por una entidad que la devora y acaba con ella: es la Nada. Finalmente, Bastian acaba siendo ese elemento imprescindible para el resurgimiento de Fantasía gracias a un descubrimiento: al reconocer su poder creativo, su capacidad de creer en lo imposible, ese valor interno donde impulsar una vez más los sueños, la imaginación, la magia de la creación.

Por otro lado, es interesante saber que Michael Ende se inspiró en la Divina Comedia de Dante para dar forma a muchos de los personajes en esta novela. Podemos ver por ejemplo al joven Atreyu, buscando siempre ser ese perfecto ideal, ese guerrero en el que se depositan las esperanzas. Bastian, por su parte, es ese niño que conecta más con el mundo de Fantasía que con el suyo propio, el real.

Vemos por tanto un deseo siempre continuado por alcanzar un ideal, por encontrar un paraíso a medida que se van cruzando círculos, sorteando dificultades y obstáculos para poder saltar desde el infierno o la Nada, hasta la perfección que se contiene en el propio mundo de la Emperatriz infantil, la de los ojos dorados.

Un libro sin duda único a la vez que singular que viene a representar también, ese deseo que a veces nos atenaza a nosotros mismos por escapar, por encontrar un lugar similar al de Fantasía.

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Michel Foucault: biografía y obra

Michel Foucault es uno de los filósofos y psicólogos franceses del siglo XX más influyentes a nivel mundial. Acompáñanos a conocer su vida y obra y cómo su pensamiento contribuyó, en cierta medida, a movilizar a la sociedad.




Michel Foucault ha sido considerado como uno de los grandes pensadores del siglo XX. Este filósofo, psicólogo, teórico social e historiador desarrolló diferentes ideas que marcaron la cultura francesa. Aunque sus aportaciones van más allá de sus fronteras y de los límites entre las diversas áreas en las que destacó.

Muy prolífico, alcanzó la fama y la notoriedad mundial gracias a sus investigaciones sobre numerosas materias como la psiquiatría. Destacan también sus estudios sobre sexualidad humana, el sistema de salud e incluso respecto a las instituciones sociales, con especial incidencia en las prisiones. Y es que este pensador, además de activista, fue una persona muy inquieta y activa en sus investigaciones y estudios. Todo esto quedó reflejado en su su obra y en la intensidad que caracterizó su vida.

Foucault es un autor multidisciplinar cuyas aportaciones siguen siendo de gran utilidad en campos muy distintos.

Michel Foucault, primeros pasos
Michel Foucault nació en Poitiers, Francia, el 15 de octubre de 1926. Al ser el hijo de un prestigioso cirujano francés, su familia esperaba de él que siguiera los pasos de su padre. Se crió en una familia daba un gran valor a los estudios, considerando que el conocimiento era esencial para la persona. Este ambiente le llevaría a asistir a colegios muy importantes, aunque no siempre fue un gran alumno. Obtuvo éxitos y reconocimientos en lo académico, pero también acumuló fracasos.


Foucault estudió en la prestigiosa École Normande Supérieure, escuela en la cual se formaron los mejores pensadores de humanidades y especialistas de Francia. Aunque, para Michel Foucault,su paso por ella fue trágico, ya que sufrió depresión e incluso diversos intentos de suicidio. Por este motivo, recibió tratamiento psiquiátrico ya en su juventud.


Michel Foucault y la psicología
A raíz de su contacto con la psiquiatría como paciente, surgió su otra gran pasión: la psicología. Su prematuro contacto con esta disciplina, llevó a Foucault a estudiarla dentro del ámbito académico. Obtuvo su licenciatura en Psicología, además de su formación en Filosofía. Fue tal su prestigio que permaneció como docente en el mismo centro al que había acudido.

Aunque, al poco tiempo, obtuvo una plaza como profesor de psicología en la conocida Universidad de Lille. Más adelante, se incorporó al departamento de Filosofía de la Universidad Clermont-Ferrand, con el fin de finalizar su doctorado. Fue durante este período cuando escribió la mayoría de sus obras de psiquiatría, psicología y salud mental. Siendo las de sexualidad, política y temas sociales posteriores a esta etapa.

Posteriormente, las famosas revueltas de los estudiantes de mayo de 1968 dejaron una importante huella en Michel Foucault, desarrollando un gran activismo político y provocando que se incorporara al departamento de Filosofía de la Universidad Experimental París VIII, una universidad que se había fundado en esos años.

Por último, resultó elegido integrante del cuerpo académico del Colegio de Francia, un puesto de reconocido prestigio que le permitió viajar por todo el mundo impartiendo clases y conferencias, lo que aumentó su participación en la vida política.

Fueron estos años en los que fue acusado de cambiar de opinión y de ideas. Algo que él defendió y consideró un hecho normal al adquirir conocimientos y experiencia. No obstante, esto le llevó a destruir gran parte de su obra y a prohibir la publicación de los escritos que quedaron. Finalmente, tras una vida de vaivenes emocionales y una gran dedicación al estudio y la investigación, Michel Foucault falleció por complicaciones derivadas del sida en el año 1984.

Obra de Michel Foucault
“El saber es el único espacio de libertad del ser”.


-Michel Foucault-

Michel Foucault detectó insuficiencias existentes en las principales corrientes que trataban la psicopatología, en especial, el psicoanálisis, la fenomenología y el evolucionismo. Después, basó su teoría en la interpretación global de la enfermedad mental, desde dos puntos de vista novedosos hasta el momento: el cultural y el social.

Para Foucault, el poder parte de todos los ámbitos de la sociedad y, como consecuencia, propuso analizar las relaciones de poder existentes en el ambiente social, atendiendo a su criterio. Veía en la filosofía y en la investigación armas de análisis que podía construir cambios en la sociedad. Por esta razón, consideraba que el papel de los pensadores era contribuir a la sociedad.

Foucault analizó cómo se construía el sujeto psicológico a partir de los tres saberes fundamentales del hombre:

  • En primer lugar, la psicología y la psiquiatría.
  • En segundo término, los ejercicios de poder, tanto normalizador como institucional.
  • Por último, resaltó el poder de la subjetivación, integrado por el examen, la confesión y la culpabilización moral.
El pensador fue más allá en sus investigaciones, aportando un componente historiográfico que resultaba novedoso. Es decir, decidió dar cuenta de cómo se habían tratado determinadas cuestiones a lo largo de la historia y, de este modo, pudo comprobar y argumentar los cambios que suceden en los distintos periodos. Una visión diacrónica de un problema proporciona una visión objetiva del mismo hecho en el presente.

¿Cómo se ha tratado la locura a lo largo de la historia? ¿Y la sexualidad? ¿Qué conclusiones podemos extraer de ello? Todo esto lo plasmó en sus obras, entre las que destacan: Historia de la locura en la época clásica, Las palabras y las cosas, La arqueología del saber, Vigilar y castigar, Historia de la sexualidad, El nacimiento de la clínica, etc.

Michel Foucault ha sido considerado uno de los grandes pensadores de la Francia del pasado siglo. Su pensamiento influyó enormemente en la filosofía y la psicología del siglo XX. Además, hoy en día, muchas de sus obras siguen editándose y generando impacto en la sociedad.

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ean-Paul Sartre: biografía de un filósofo existencialista
Jean-Paul Sartre nos dejó una de las mejores obras de la literatura: La náusea. En ella nos invita a rebelarnos contra la tiranía, a hacer uso de nuestra libertad teniendo en cuenta que nada tiene sentido...



Filósofo, dramaturgo, activista, periodista político, escritor… Jean-Paul Sartre fue uno de los representantes más destacados del existencialismo y del marxismo humanista. Su obra contiene la esencia del pensamiento contemporáneo y esas valiosas reflexiones entre la compleja relación entre el yo y la sociedad. Sus ideas, su legado, han sido clave para la psicología.

Influenciado por otros grandes pensadores alemanes como Husser y Heidegger, Sartre fue ese hombre capaz de ganar el premio Nobel y declinarlo. Todo debido a la firme necesidad de ser coherente con sus principios ideológicos. Fue también esa figura capaz de tomar las armas para luchar por la liberación de un pueblo africano y de demostrarnos con ello que la libertad, como tal, exigía un compromiso auténtico.

Asimismo, y más allá de su faceta como filósofo, como activista y escritor, es interesante incidir en el impacto de su obra en el contexto psicológico. Jean-Paul Sartre asentó las bases de una nueva corriente, la humanista-existencial. Su postura basada en la responsabilidad del hombre sobre sus actos, en el autoconocimiento y su conocida premisa de “Pienso luego soy”, marcaron un antes y un después.

«Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace».


-Jean-Paul Sartre-


Jean-Paul Sartre, la biografía de un filósofo activista

Sartre nació en París el 21 de junio de 1905. Era hijo de un militar naval. Sin embargo, la pérdida temprana de su padre hizo que su educación fuera tan diferente como decisiva. Fue criado por su madre y su abuelo. Anne Marie Schweitzer, le transmitiría la pasión por la literatura, mientras que Albert Schweitzer lo iniciaría en la filosofía.

No dudó por tanto en seguir esa corriente intelectual. De manera que en 1929 obtuvo su doctorado en filosofía en un centro elitista como fue la École Normale Supérieure. Fue precisamente en esta época estudiantil donde conoció a Simone de Beauvoir, la que sería su compañera de por vida y esa aliada intelectual indispensable en su día a día.

Ahora bien, todo cambiaría bastante con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.De hecho, llegó a ser prisionero de los alemanes. Episodio que marcaría sus posteriores trabajos, una vez recuperada la libertad en 1941. No tardó demasiado en volver a la vida activa colaborando con Albert Camus en Combat, el periódico de la Resistencia.


Un hombre comprometido con la libertad y el activismo social
En 1945 Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir iniciarían un proyecto en común de gran inspiración social. Se trataba de la revista política y literaria “Les temps modernes”. Sus ideales socialistas y sus contactos con el comunismo marcaban ya plenamente esta etapa tan decisiva en su biografía.

Fue un crítico feroz de la guerra de Vietnam. Se marcó como propósito mostrar al mundo los crímenes e injusticias llevadas a cabo por Estados Unidos. Más tarde, en 1964, Sartre recibiría el Premio Nobel por sus aportaciones al campo del pensamiento. No obstante, como ya hemos señalado, lo rechazó.

Según Sartre, aceptar el Nobel provocaba perder esa visión crítica como filósofo, como mente comprometida con el activismo social y la independencia intelectual. Pasó toda su vida solidarizándose con infinitas causas y vivía de manera humilde.

Falleció el 15 de abril de 1980. Tenía 74 años, y a su funeral acudieron miles de personas. Descansa en el cementerio de Montparnasse, en París.

La náusea, la mayor contribución literaria de Jean-Paul Sartre
Para comprender el legado de Jean-Paul Sartre y su contribución al existencialismo-humanista es necesario que nos acerquemos a su ópera prima: La náusea. Este libro, más allá de su indudable calidad literaria, instó a la sociedad de la época a entender el mundo de otro modo. A través de una visión más despierta, crítica y profunda.

Referentes de La náusea
Sartre escribió esta obra con poco más de 26 años y cuando estaba en Berlín, coincidiendo con la llegada de Hitler al poder. En esa época, lo único que hacía era leer a sus dos referentes teóricos: Husserl y Heidegger. Sentía una fascinación absoluta por el concepto de la fenomenología del primero y por ese modo de describir los acontecimientos a través de la percepción, de las impresiones que el exterior dejan en nuestra mente.

De ese modo, el libro más conocido de Sartre es un ejercicio fenomenológico donde describir su propia experiencia como profesor en un liceo de Le Havre. En ese contexto, lo único que sentía y percibía era oscuridad, vacío, falta de sentido ante todo lo que acontecía a su alrededor.



Antoine Roquentin el alter ego de Sartre
El protagonista de La náusea es Antoine Roquetin, el alter ego de Sartre. Estamos ante un joven que llega de Indochina para instalarse en una ciudad imaginaria con un fin muy concreto: realizar la biografía sobre un aristócrata del siglo XVIII. Lo único que hace nuestro protagonista es escribir, relacionarse con la dueña del hotel, escuchar jazz y hablar con Autodidacto, una criatura ávida de conocimientos que consume un libro tras otro.

En este singular escenario se desenvuelve la trama de La náusea. Una obra donde el lector «consume» también página tras página, la apatía profunda del protagonista. Su repugnancia, su incomprensión hacia todo lo que le envuelve. Todo está sometido al azar, todo gravita a su propio ritmo hasta el punto que lo cotidiano adquiere tintes terroríficos.

«Existir es estar ahí simplemente. Los seres existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Ningún ser necesario puede explicar la existencia, la contingencia no es una máscara, es lo absoluto».

-Roquentin, La náusea-

Algo que debemos tener en cuenta sobre esta obra para comprenderla es lo siguiente. Lo que nos describe Sartre, se desarrolla entre 1936 y 1938. En ese momento temporal acontece no solo la ascensión del nazismo en Alemania. También, se desprendía una profunda crisis moral de la sociedad francesa Crisis de la que él fue testigo y que reflejó magistralmente en La náusea.


Reflexiones finales
En esta obra nos dejó mensajes que pueden (y deben) ser aplicados a cualquier momento histórico:

El hombre puede rebelarse contra la tiranía y elegir su propio camino, una vez aceptado el hecho irremediable de que nada tiene sentido.

Pensemos en ello y no dudemos en volver, de vez en cuando, a este legado excepcional que nos dejó un gran filósofo existencialista: Jean-Paul Sartre.

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