Laura Escanes (11 Visitantes)

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Me parto con las ofendidas por la foto de la peineta. Oh dios mío! Un pantalón desabrochado, qué fuerte!
Me imagino la escena:
Cari hazme una foto mística campera sobando barrigui
Pero antes voy a hacer pis que no puedo más (cuando estás embaraza meas como una jibia,os aviso)
Desabrocha pantalón
Evaristo te voy a hacer fotos haciendo pis muahahahhaha

Noo que haces ,mamonazo
Peineta
Chiking :foto
Me he acercado scanersss
 

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Aquí cuenta cómo se llevó a una chica a un hotel y no se le empalmó. La llama "niña". Creo que es del libro "El pensamiento negativo" y por fechas no cuadra, pero uno podría imaginarse fácilmente que una escenita así ocurrió igual en sus principios con Laura, ¿no os parece? (No por que se le pusiera floja, sino por la escena de seducción en un hotel, digo). Supongo que estuvo años entrenando con "diosas" en habitaciones de hoteles.



ES LA PRIMERA VEZ QUE ME PASA

Hay hombres que se van a la India, hombres que se apuntan a una secta, hombres que hacen meditación y hombres que leen a Jorge Bucay —alguno hay, yo lo he visto—. Pero si lo que quiere un hombre es conocerse a sí mismo en profundidad y de verdad, no hay nada, absolutamente nada, como fallar (con A de atontao) en la cama.

Créeme, sé lo que me digo. Me avala toda una noche intentando darle placer a una diosa con la que llevo soñando meses, y una titulación Fofo Cum Laude obtenida durante las últimas horas.

Ella encantadora, simpática, divertida, rubia pero inteligente, con un culito que quita el hipo y una disposición a ser satisfecha casi tan decidida como la mía. No es ciencia ficción. Ojalá lo fuese.

Yo, sereno y confiado, como decía la canción, armado con una suite de lujo en un hotel del centro de Madrid con terraza privada, jacuzzi, champán, música de Chet Baker y una calefacción muy pero que muy alta. Todas las armas listas y cargadas, menos la principal.

Sólo aparecer por la puerta, me regala una sonrisa y un libro, El búfalo de la noche de Guillermo Arriaga, valiente título, si es que lo tenía ahí delante y no lo vi, irónico presagio de una noche de promesas de todo menos cumplidas. Me subo a sus labios y le devuelvo el regalo. En cuanto nos separamos, me juraría a mí mismo que en pocos segundos su escote ha echado raíces. «Perdona, este botón, que se me desabrocha sin querer». La miro fijamente. «Nos quejamos del botón, cuando la culpa suele ser del ojal». Estoy sembrao. Esta noche se cae Madrid.

Champán, vamos a darle al champán. Cantidad justa, no vaya a ser que nos pasemos antes de pasarnos. Al terminar el segundo trago ya estamos abriendo la caja de los truenos. En este caso, va a ser más chirimiri. Como debe ocurrirle cada día, su piel acaba humillando al vestido más caro de las rebajas en cuanto lo deja a ras de suelo, arrugado y avergonzado de haber estado cubriendo y escondiendo tanta belleza.

Las emociones, y cuando digo emociones digo todas las emociones, se crecen a ritmo exponencial. A la mierda el cambio climático, entre estas cuatro paredes el hielo va a convertirse en vapor sin pasar por agua. Y nosotros a lo nuestro. Mis manos han entrado en un parque temático que lleva su nombre, y no saben a qué atracción subirse, por cuál empezar, porque no hay ni que hacer cola. Esta noche se cae Madrid, sí, pero la Comunidad entera.
Los astros parece que se alinean, el tipo de la tele me guiña el ojo, los músicos del CD suben de intensidad, y ahí vamos lanzados, sin red de ningún tipo, mis ganas por saciar, mi impotencia por descubrir y yo por gilipollas.

Te ahorro los detalles. Corte a diez minutos más tarde. Lo único que se ha caído de Madrid soy yo. Los dos yacemos semisentados, uno a cada orilla de la cama. Entre ella y yo, este mar de vapor que ahora vuelve a ser hielo. Es lo que dicen que tiene la energía, que ni se crea ni se destruye, sólo te transforma. Y a mí la primera crisis de impotencia de mi vida, y algo me dice que no la última, me ha transformado.

Yo, que siempre me había reído del Viagra y de todos los que recurren a él, en estos momentos daría mi reino por poder lamer ni que fuera la tinta del prospecto.

No es que me preocupe mucho estar sembrando una fama del tipo que va de duro pero que a la hora de la verdad se transforma en Marlon Blando. No me he preocupado por mi reputación cuando dejaba el pabellón bien alto, no me va a quitar ahora el sueño. Al revés, siempre me han parecido mucho más positivas e interesantes las tesituras en las que, cuando más confiado estás, cuando más te crees tú que tienes el control de las cosas, viene la vida y te pone en tu sitio con una soberana hostia bien dada.

Sin embargo, he de reconocer que esta situación tiene un punto que me desborda. No sé si es para que ella no se piense que no me atrae, o por un tema de sensibilidad a mi edad, o quizá por orgullo de ego machito, pero por más que lo pienso, lo único que atino a decir es precisamente lo que no debo decir bajo ningún concepto, ese clásico de «Cariño, te juro que es la primera vez que me pasa».

Enseguida echo de menos la existencia de un historial curricular sexual. Algo parecido a un papel que acreditase fehacientemente que la persona con la que te estás acostando no sólo reúne los estándares más elevados en cuanto a materia de sanidad europea se refiere (para eso ya están los análisis), sino que además diese fe de que esa misma persona ha salido airosa de las mayores gestas en las plazas más complicadas, cortando las dos orejas y el rabo, cuando correspondiese y siempre en un sentido figurado, ya me entiendes. Ese documento que yo pudiese ahora enseñarle diciéndole que me he acostado con chicas muchísimo menos atractivas que ella, con cero feeling en la cama, y que aun así mi nivel ha estado muy por encima de la triste performance que ha tenido que presenciar hoy. Dónde coxx está la burocracia cuando uno la necesita de verdad.

En fin, que nada de todo eso existe, y que de mi boca sique saliendo, balbuceante, un «Te juro que es la primera vez que me pasa». Ella, encantadora como siempre, va alternando complacientemente tres respuestas también de manual: «No te preocupes», «Es más frecuente de lo que parece» y «No tiene ninguna importancia».

Claro que la tiene, niña, faltaría más. No están las feromonas como para ir dejando mujeres como tú así de insatisfechas por ahí. No está la mas***bación como para ir desperdiciando ocasiones de futuros recuerdos como ésta. Y, sobre todo, no están nuestras vidas tan sobradas como para que algo tan nimio —aunque jodidamente molesto— enturbie el principio de lo que podría ser una relación sentimental plena y gratificante para los dos.

Como ya te he dicho hoy en un sms, esto de jugar en la Champions es lo que tiene. A veces sales en el primer partido, a campo contrario, y no hay manera de meterla. Aunque, al igual que ocurre en esa competición, nada está decidido hasta que no se haya jugado un partido de vuelta.

Recibo otro mensaje. Es ella. Viene a Barcelona. En diez días.

Pase lo que pase, de algo estoy muy seguro.

Que pase lo que pase, ya no será la primera vez que me pasa.
Puaj! Yendo hacia atrás acabo de ver que toda la historia de fotolog empieza para despistar el foro de esto y lo he leido(entero no, solo tengo una vida) y me ha dado bastante asquete.
 

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