Las intrigas de la Tía Antoinette; Princesa de Mónaco

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Antoinette Grimaldi fue una de las más enamoradizas, intrigantes, divertidas y arribistas princesas de Mónaco. Nacida en París, en 1920, y fallecida en el reino de su familia en la noche del 17 al 18 de marzo, resultaba menos cosmopolita que la Princesa Gracia, pero tan desgraciada en amores como Carolina y tan casquivana como Estefanía. Su vocación por la intriga de capa y espada recuerda a las grandes espías, al estilo de Mata Hari. Sin embargo, sus gracias personales no le acompañaron en la hora fatal de las complots cortesanos contra su propio hermano, Rainiero III.
Hijos de un padre militar y mujeriego de la vieja escuela, Louis II, Antoinette y Rainiero se sabían llamados a asumir las máximas responsabilidades familiares cuando Mónaco fue ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Louis II intentaba preservar la amenazada libertad del viejo feudo de los Grimaldi, pero no era fácil con una Francia ocupada y con Italia aspirando a anexionarse la vieja ciudad. Menos escrupulosa, Antoinette se buscó como novio a un oficial alemán. Estaba dispuesta a contraer matrimonio para sustituir a su padre en el trono, «bendecida» la unión por Hitler. Temiendo la «aventura» de su hija, Louis II se apresuró a prohibir los matrimonios principescos mientras durasen las hostilidades. Terminada la guerra, su hermano accedió al trono con el nombre de Rainiero III.
Peleada con su padre, Antoinette comenzó a intrigar contra su hermano. Sucesivos amantes compartieron sus enredos. Uno de ellos, su primer esposo, Alexandre Nobhés, afamado tenista, incluso colaboró con ella propagando infundios sobre la «esterilidad» presumida a Rainiero III cuando este tenía por novia a una afamada actriz francesa, pronto caída en el olvido. Éste descubrió el complot de su hermana y decidió comenzar una nueva vida con Grace Kelly, quien, ya convertida en Princesa de Mónaco, chocó de manera brutal con su cuñada y terminó por echarla del palacio familiar.
Amantes y esposos


Antoinette, entonces, se instaló en Eze, a dos pasos de Mónaco. Y allí prosiguió su alegre vida con varios amantes y dos esposos: un notario, Jean-Charles Rey, y un bailarín llamado John Gilpin. Del primero se divorció pronto. El segundo se le murió antes de poder conspirar contra nadie.
Sola y alejada sin remedio de su familia, la Princesa Antoinette terminó sustituyendo esposos y amantes por una espléndida colección de perros y gatos. Murió en días pasados mal que bien reconciliada con sus sobrinos, quienes le han rendido los últimos honores mortuorios.
 

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Antoinette Grimaldi fue una de las más enamoradizas, intrigantes, divertidas y arribistas princesas de Mónaco. Nacida en París, en 1920, y fallecida en el reino de su familia en la noche del 17 al 18 de marzo, resultaba menos cosmopolita que la Princesa Gracia, pero tan desgraciada en amores como Carolina y tan casquivana como Estefanía. Su vocación por la intriga de capa y espada recuerda a las grandes espías, al estilo de Mata Hari. Sin embargo, sus gracias personales no le acompañaron en la hora fatal de las complots cortesanos contra su propio hermano, Rainiero III.
Hijos de un padre militar y mujeriego de la vieja escuela, Louis II, Antoinette y Rainiero se sabían llamados a asumir las máximas responsabilidades familiares cuando Mónaco fue ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Louis II intentaba preservar la amenazada libertad del viejo feudo de los Grimaldi, pero no era fácil con una Francia ocupada y con Italia aspirando a anexionarse la vieja ciudad. Menos escrupulosa, Antoinette se buscó como novio a un oficial alemán. Estaba dispuesta a contraer matrimonio para sustituir a su padre en el trono, «bendecida» la unión por Hitler. Temiendo la «aventura» de su hija, Louis II se apresuró a prohibir los matrimonios principescos mientras durasen las hostilidades. Terminada la guerra, su hermano accedió al trono con el nombre de Rainiero III.
Peleada con su padre, Antoinette comenzó a intrigar contra su hermano. Sucesivos amantes compartieron sus enredos. Uno de ellos, su primer esposo, Alexandre Nobhés, afamado tenista, incluso colaboró con ella propagando infundios sobre la «esterilidad» presumida a Rainiero III cuando este tenía por novia a una afamada actriz francesa, pronto caída en el olvido. Éste descubrió el complot de su hermana y decidió comenzar una nueva vida con Grace Kelly, quien, ya convertida en Princesa de Mónaco, chocó de manera brutal con su cuñada y terminó por echarla del palacio familiar.
Amantes y esposos


Antoinette, entonces, se instaló en Eze, a dos pasos de Mónaco. Y allí prosiguió su alegre vida con varios amantes y dos esposos: un notario, Jean-Charles Rey, y un bailarín llamado John Gilpin. Del primero se divorció pronto. El segundo se le murió antes de poder conspirar contra nadie.
Sola y alejada sin remedio de su familia, la Princesa Antoinette terminó sustituyendo esposos y amantes por una espléndida colección de perros y gatos. Murió en días pasados mal que bien reconciliada con sus sobrinos, quienes le han rendido los últimos honores mortuorios.
Luis ii de Monaco era abuelo ,no padre de la princesa Antoinette.