La vida al otro lado del alzhéimer.

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pilou12

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«La vida al otro lado del alzhéimer es una manera de estar en el mundo radicalmente diferente al nuestro»

Susana García, autora de «La luz de tu silencio», explica cómo tras el alzhéimer existe la confusión, pero también un ser humano, y cómo esta enfermedad pone patas arriba las reglas del juego familiar


La autora, Susana García, en una bonita imagen en la que sonríe a su padre hoy fallecido por alzhéimer

LAURA PERAITA - LauraPeraita 18/07/2017 21:42h - Actualizado: 19/07/2017 01:08h. Guardado en: Familia Mayores

«La luz de tu silencio» es un intenso testimonio sobre lo que supone que el alzhéimer se instale en la vida de una familia. En este libro (Editorial Meridiano), Susana García abre a destajo sus sentimientos y emociones para mostrar cómo le cambió la vida que su padre fuera prisionero de las garras de esta terrible enfermerdad. No ajena a la dureza del día a día con un paciente de estas características, la autora transmite, página a página, una historia sincera y entrañable que abre de par en par una ventana para a percibir el alzhéimer desde otra perspectiva. Asegura que su padre, Facundo, como el resto de pacientes, ven sus facultades mermadas poco a poco, pero en ellos siempre existe su esencia como persona. Persona que aunque no hable y viva en un mundo ausente, «sigue necesitado, igual más que nunca, cariño y reconocimiento».


Susana García apunta que estos pacientes necesitan sentirse amados hasta el fnal- Maya Balanza

—¿De qué manera debe afrontarse la noticia de que un familiar tiene la enfermedad del olvido?

—Con tanta naturalidad y transparencia como sea posible. Además, si la persona que la padece está en la fase inicial, todavía debemos incluirla en todas las conversaciones. Al inicio son muchas las posibilidades que pueden aprovecharse para que siga manteniendo su vida social, relaciones interpersonales y actividades gratificantes durante el máximo periodo de tiempo posible.

En mi opinión, lo peor que podemos hacer como si ya no estuviera, como si por el hecho de haber recibido un diagnóstico oficial de un neurólogo ya no fuera capaz de opinar sobre cómo le gustaría que fueran sus rutinas, su día a día, ni cómo desearía que le cuidaran.


Por otro lado, me consta que aunque hay aún mucho que mejorar, son cada vez más los neurólogos y médicos de cabecera los que están entrenándose para usar su empatía de una forma más eficaz a la hora de comunicar el diagnóstico, tanto al paciente como a sus acompañantes.

—¿Cuál es la mejor forma de prepararse para afrontar juntos esta nueva etapa de la vida?


Es vital que los familiares se apoyen mutuamente a la hora de cuidarse los unos a otros, creando y proporcionando espacios de respiro Me encanta que la pregunta mencione la palabra «juntos», pues mi visión es que es en colaboración y unidos como mejor se avanza por el viaje que supone esta enfermedad. Y cuando digo «juntos» me refiero a todo el entorno familiar y más cercano a la persona que padece demencia o alzhéimer, pero también, por supuesto, a ésta. No excluirla de las conversaciones y hacerla sentir que sigue formando parte del núcleo familiar le aportará mucho bienestar. Por otro lado, y como el viaje del alzhéimer es una carrera de fondo, es vital que los familiares se apoyen mutuamente a la hora de cuidarse los unos a otros, creando y proporcionando espacios de respiro y desconexión donde poder recargar las pilas, para ofrecer después un cuidado de calidad a su ser querido, sobre todo en las etapas más avanzadas donde requerirán una atención continua por nuestra parte.


Hablar, poner en común miedos, emociones, expresar dudas aportará mucho bienestar a los familiares, y les facilitará la constante toma de decisiones que supone tener un ser querido con alzhéimer.

Buscar ayuda en los momentos más oscuros es importante, así como permitirnos parar de vez en cuando para tomar perspectiva y pensar con claridad son, en mi opinión, algunas de las claves para prepararse y poder ir avanzando de manera saludable por el viaje del alzhéimer.

—¿Cómo es la vida al otro lado del alzhéimer?


«Al otro lado del alzhéimer hay más emoción que razón y lógica y por ello muchas veces nos cuesta trabajo ver al ser humano»No puedo asegurarlo a ciencia cierta. Lo que sí he tenido es la oportunidad de asomarme en numerosas ocasiones a ese otro lado de la mano de mi padre y de la de otras muchas personas con alzhéimer en tantos momentos de conexión con ellos. Creo que la vida al otro lado del alzhéimer es una manera de estar en este mundo radicalmente diferente a la nuestra —la de los que nos denominamos sanos— en cuanto a que el «hacer» frenético, el planificar y organizar que rigen nuestro día a día ya no es posible y va dando paso al «estar», sin más.


Al otro lado del alzhéimer existe la confusión, pero también un ser humano que, aun con algunas o muchas de sus capacidades mermadas, necesita sentirse visto, escuchado y, por supuesto, amado. Ni más ni menos que como nosotros. Al otro lado del alzhéimer hay más emoción que razón y lógica y creo que es por ello que muchas veces nos cuesta trabajo ver al ser humano que se encuentra detrás de los síntomas y que anhela seguir siendo parte de esta sociedad.

Al otro lado del alzhéimer hay también muchas posibilidades y mucho espacio para el disfrute, la risa, y el amor.

—¿Cómo afecta a las relaciones familiares?

Creo que la demencia en cualquiera de sus variantes pone patas arriba las reglas del juego familiar y por ello toca y trastoca todas y cada una de las relaciones familiares.

Por ejemplo, mi padre siempre había sido el que tomaba las decisiones en casa, y a raíz del alzhéimer tuvimos que adaptarnos y crear juntos (mi madre, mi hermano y yo) nuevas reglas, pues él ya no tenía la capacidad de planificar ni tomar decisiones como antes. Fue doloroso e incómodo al principio pero, según avanzábamos, pude asomarme a facetas de mi padre desconocidas para mí, y cuanto más me iba abriendo, con nuevas formas de comunicarnos —como el tacto y los besos, la música y la risa— nos conectábamos de una forma mucho más sólida y enriquecedora que antes de la enfermedad. Puedo decir que mi relación con mi padre se hizo mucho más sólida y gratificante gracias al alzhéimer.


«Hay que estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort para explorar nuevas formas de comunicarnos con nuestro familiar»He visto a lo largo de los años relaciones entre padres e hijos que se han transformado para bien a raíz del alzhéimer. Donde antes había existido una comunicación basada en «la razón», más bien aséptica y pragmática, han ido surgiendo vías de conexión mucho más «emocionales» que han transformado desde lo más profundo tanto la relación en sí como al familiar para siempre. Cuando esto sucede, la alegría es indescriptible. Lo sé por experiencia propia y porque he conocido de forma directa el testimonio de muchas personas.


Para poder descubrir y forjar una nueva forma de relacionarnos con nuestro ser querido es necesario que dejemos ir, que nos despeguemos de la dinámica y los roles que hemos desempeñado hasta ahora. Esto implica, sin duda, hacer un trabajo personal y estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort o de comodidad para explorar nuevas formas de comunicarnos con nuestro familiar. Si nos abrimos y nos atrevemos, los regalos y frutos que recogeremos serán increíbles.

—¿Qué argumentos pueden hacer cambiar de idea a aquellos que dan por hecho que la persona que padece esta enfermedad ya no está?

Cuando una persona da por hecho que su ser querido ya no está, es porque aún no ha experimentado esa conexión profunda con este, es decir, aún no ha cruzado o creado un puente entre ambos lados y, por lo tanto, piensa que no es posible. Solemos entonces proyectar nuestra propia frustración de no ser capaces de comunicarnos con la persona con alzhéimer, auto convenciéndonos de que «ya no está», y que no es posible acceder a ella. Es lo más «cómodo».

Yo sé que la persona con demencia siempre está ahí. Y lo sé porque lo he comprobado mil veces con mi padre y también porque han sido cientos de personas las que en los talleres grupales así lo han expresado y compartido. Al otro lado del alzhéimer hay un ser humano con su esencia intacta y con las mismas necesidades que nosotros de sentirse vistos, escuchados, valiosos y amados. Lo que ocurre es que su forma de expresar estas necesidades es muy diferente a la nuestra y, en muchos casos, es difícil detectarlas debido a la falta de coherencia en sus mensajes verbales para expresarlas.

Mi principal argumento es que se lancen a descubrir, a probar y a explorar nuevas formas de conectar con ellos, nada más y nada menos. Que se atrevan a utilizar el tacto, el afecto, la música, el «simplemente estar», u otras vías para acceder al otro lado. Entonces, solo entonces, podrá ocurrirá «la magia».

—Cuando el paciente no habla ni gesticula, ¿por qué hay personas, incluso hijos, que manifiestan un mayor alejamiento hacia él, quizá por temor a la nueva situación, y no intentan comunicarse con él? ¿Por qué asusta tanto el alzhéimer?

Si se piensa con atención, desde nuestra más tierna infancia, y a lo largo de los años, vamos tejiendo la forma de relacionarnos con los demás y, en concreto, con nuestros padres, cónyuges, hermanos. Este tejido se ha ido creando y conformando en torno a las palabras, al uso del lenguaje verbal, cada uno adoptando unos roles muy definidos –padre, hijo, hija, esposa, madre, hermano, hermana, etc.—. Con sus puntos álgidos y sus deficiencias nos hemos «acostumbrado», nos sentimos «cómodos» utilizando este código. Para nosotros es lo «normal».


«En nuestra mano está hacerles saber, ya sea mediante un sencillo gesto, o simplemente sentándonos a su lado en silencio, que ellos siguen siendo importantes para nosotros»Cuando el alzhéimer irrumpe en la vida familiar, se va progresivamente llevando las palabras, la capacidad de la persona afectada para expresar sus necesidades, sus emociones, por medio de la palabra desde los roles preestablecidos. Y entonces, es a los familiares a quienes se les presenta la opción de aprender y explorar otras formas de comunicarse y conectar con su ser querido. Pero como he dicho antes, para descubrir vías nuevas hay que atreverse a salir a lo desconocido, y esto inevitablemente nos llevará a descubrir aspectos de nosotros de los que no éramos conscientes. Esta idea asusta a muchos, les incomoda, y prefieren quedarse en ese territorio conocido que les proporciona una falsa sensación de seguridad.

A veces en talleres he escuchado a personas decir «se me haría muy raro decirle a mi madre que la quiero, o acariciarla, nunca hemos expresado nuestro cariño así». Querer explorar códigos nuevos es, por tanto, una elección personal.

El alzhéimer nos asusta porque nos confronta con nuestro propio miedo a la muerte, y muy en concreto con la temida sensación de pérdida de control, nos lleva a tener que desempolvar y sacar a la luz nuestra vulnerabilidad que tanto nos hemos esforzado en disimular a lo largo de los años. Cuando estamos frente a una persona en un estado avanzado de la enfermedad proyectamos en ellos nuestro miedo a «perder la cabeza», a «borrar nuestra identidad» y a tener que confiar nuestras necesidades más básicas a los que nos rodean.

—¿En qué momento hay que dejar de luchar contra la enfermedad y aprender a vivir con ella?

Como bien dice el dicho popular «lo que resistes, persiste». Dejar de luchar no significa tirar la toalla ni resignarse, sino más bien todo lo contrario: aceptar las circunstancias que no podemos cambiar para así abrirnos a experimentarlas. Solo así estaremos en disposición de aprender de ellas porque, sin duda, son numerosos los aprendizajes y regalos que el alzhéimer trae consigo. Esto no es solo aplicable a esta enfermedad, sino a cualquier otra circunstancia de nuestra vida que no podemos cambiar, como un despido, cualquier otra enfermedad o un revés económico. Tal vez no esté en nuestras manos cambiarlas pero lo que sí está en nuestro control es el cómo respondemos a ellas, nuestra actitud. Y esta actitud marcará nuestra experiencia.

Luchar nos lleva a sufrir, aceptar nos lleva a integrar la experiencia y a aprender de ella. Cuando miro hacia atrás, mi largo viaje por alzhéimer de la mano de padre Facundo, veo no solo los momentos difíciles o tristes, que por supuesto los hubo, sino también los innumerables regalos y momentos maravillosos con mi padre que al abrirme a la enfermedad me proporcionó, así como conocer facetas de él que si no hubiera sido por la demencia muy probablemente no habría descubierto nunca.

—¿Qué recursos son los más acertados para comunicarse con estos enfermos?

La paciencia es clave. A mí me costó mucho tiempo desarrollarla, estaba acostumbrada a ir corriendo a todas partes. Hasta que me di cuenta de que la única forma de conectar y comunicarme con mi padre era estando verdaderamente presente, sin móvil, sin prisas. Solo estando. El cambio fue increíble. Él se iba calmando en mi presencia y, poco a poco, íbamos sincronizando los movimientos, el ritmo y, entonces, casi sin darnos cuenta, nos poníamos a hacer ritmos con las palmas, otras a cantar o simplemente nos cogíamos la mano tranquilos, él me sonreía y a mí se me caía la baba.

La escucha y la empatía, como cuento con detalle en el libro, son esenciales para poder comunicarnos con nuestro ser querido. Tratar de ponernos en su lugar, de entender qué nos están queriendo decir con determinados gestos y comportamientos es el secreto para la comunicación eficaz.

Otra de las claves es enfocarnos en lo que queda, en lo que aún está en la persona en lugar de aquello que ya no está. Y entonces, como he indicado en las líneas anteriores, explorar, probar, e ir viendo qué resultados obtenemos. Pero sin prisas.

El tacto, el baile, los besos, las bromas, un masaje, aprovechar alguna de las que ha sido una de las pasiones de la persona, escuchar música..., todo puede valer, pero hasta que no lo probemos no lo sabremos. El silencio puede ser también un canal de comunicación muy potente.

—¿Qué es lo que nunca hay que hacer con estos pacientes?

Tener prisa va a frustrarles siempre y a generarles ansiedad. Muchas veces veo a hijos ir a ver a sus padres sin dejar de estar pendientes del móvil. Esto no funciona, ellos necesitan toda nuestra atención y, sobre todo, nuestra calma y presencia.

Tampoco funciona el hacerles preguntas que impliquen que ellos tengan que recordar nombres o fechas, pues van a dejar en evidencia su falta de capacidad para ello. ¿Y a quién le gusta eso? Esto les genera muchísima frustración.

Y por último hablar de ellos en su presencia con otras personas como si ya no estuvieran. Ellos lo intuyen, por muy distraídos que parezcan y, por supuesto, les genera un sentimiento de tristeza muy profundo.

Hay muchas cosas más que evitar a la hora de comunicarnos con una persona con demencia, pero estas tres que he nombrado son muy comunes y generan un impacto en la persona con alzhéimer muy negativo.

—¿Es posible conectar con una persona con alzhéimer hasta el final de sus días?

Por supuesto que siempre es posible. Nunca me canso de repetir este mensaje. El alzhéimer nunca se lleva la esencia del ser humano que lo padece, y más allá de un conjunto de síntomas —por duros y brutales que nos parezcan— se halla un ser humano con las mismas necesidades de comunicarse y ser amado que nosotros —los llamados sanos—. Precisamente en nuestra mano está el querer reconocérselas y hacerles saber, ya sea mediante un sencillo gesto, o simplemente sentándonos a su lado en silencio, que ellos siguen siendo importantes para nosotros.

http://www.abc.es/familia/mayores/a...e-diferente-nuestro-201707182142_noticia.html
 

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Gracias @pilou12 por traer este tema,te confieso que no lo he leído entero,no puedo.Mi padre lo padece,está en una residencia,lleva dos años internado,3 diagnosticado,pero este dificil y duro camino empezó mucho antes.Mi madre hace años que le llevó a la seguridad social,fue la primera en notar algo raro,le dijeron que no tenía nada,que estaba perfectamente.Su evolución fue muy rápida,fuimos a un neurólogo de pago y con unas simples preguntas dió en el clavo,pero para ello tuvimos que gastarnos un piquito,que bien gastado estaba pero que con un poquito de interés se le hubiese diganosticado antes.
Sería muy largo explicar lo duro que se nos hace a los familiares,que tu marido,en el caso de mi madre o tu padre,en el caso de mis hermanos y yo,no te reconozca,durísimo,yo no se lo deseo a nadie.No me da miedo enfrentarme a cuaquier enfermedad,pero perder todos los recuerdos me parece una crueldad terrible de la naturaleza,no puedes tomar decisiones,no estás presente.
Después de estos años sigo saliendo bastante afectada cada vez que voy a verlo y no puedo evitar llorar cada vez que me acuerdo de él.Es una enfermedad devastadora,no para el enfermo en sí,sobre todo para la familia.
 
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pilou12

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@Calma,lo siento mucho por tu Papà,tiene que ser durisimo lo que estais viviendo tu y tu familia.
Te envio un fuerte fuerte abrazo y muchos Animos querida coticompi,cuídate :kiss::kiss::kiss:
 
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Mi abuela sufrió de esta enfermedad. Vi como cambió de una mujer con mucho carácter a una niña asustada que necesitaba cuidado las 24 horas del día. De noche lloraba todo el rato y nada parecía aliviarla. Llevaba años sin reconocernos y sin decir palabras con sentido. Un día se puso enferma y el médico dijo que había que ingresarla. Le dije que se pondría bien y volvería a casa. Pero ella me miro y me dijo que no, que no iba a volver del hospital, que la esperaban. Fueron las únicas palabras con sentido que habia dicho en años. Y efectivamente la llevaron al hospital y murió. Siempre me impacto el hecho de que supo que habia llegado su final.
También tuvo un impacto enorme en como veo la enfermedad. Se que en parte es hereditario y yo tengo claro que si alguna vez me diagnosticaran me gustaría acabar con mi vida de una forma digna. No me gustaría pasar por lo que ella pasó.
 

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Gracias @pilou12 ,un besito.
@Persefone ,a mí me dolería más que me pasase no por mí,sino por mis hijos,mi marido,mis hermanos.....en nuestro caso lo de mi padre fue devastador,y gracias a Dios que tenemos medios para poder tenerle en una residencia,de no haber sido así,la situación hubiese acabado con mi madre y dejado muy mal a mi hermana y a mí.No le deseo a nadie de los míos eso.Mi padre está en su mundo,no se da cuenta,lo pasamos mucho peor nosotros.
Yo he leido que es genético,es decir,que mi madre tenía impreso en su adn que iba a padecerlo,no sé si es lo mismo eso que hereditario.
Yo la verdad,es que si os soy sincera estoy acojonadisima.
Es una pena ver degradarse a alguien que ha sido tan inteligente,trabajador,divertido.....y encima justo cuando se jubila,cuando puede empezar a disfrutar.No solo eso,ver como tu madre sufre por no ser capaz de cuidarle y por tener que dejarle en una residencia,no poder empezar a disfrutar de un periodo tranquilo,con tu vida resuelta con quien llevas 40 años de tu vida.
A veces también te sientes culpable,por no haber sabido darte cuenta antes,piensas que en parte es tu culpa que la enfermedad hubiese avanzado tan rápido.
Besos coticompis.
 

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lamentablemente hoy por hoy no tiene ningún remedio o medicina ni tratamiento...

se Es tan estudiando tratamientos que atrás en la enfermedad .

lo terrible es que cuando aparecen los síntomas hace años que la enfermedad se desarrolla y ya no se sabe que hacer...

lo ideal debería ser poderla detectar en sus inicios y entonces poder actuar...evidentemente cuando en una familia existen diversos casos en diferentes generaciones asusta mucho...

no se trata de olvidar donde dejaste las llaves sino de perderte en tu hogar no reconocer tu familia o no reconocerse a ti mismo..
perder la capacidad de hablar,de andar,de comer....

en mi familia paterna lo padeció mi abuela entonces era demencia senil...mi tía con un síndrome llamado cuerpos de Lewis...(lo tenía por ejemplo robin williams)y también mi padre diagnosticado de Alzheimer y ya fallecido....
es devastador para el paciente

muy doloroso para la familia y con pocas ayudas o niñas.. .una buena residencia o cuidadores sale carísimo.. .
 

Zoe

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Creo que se estan invirtiendo pocos recursos económicos y de investigación en estas enfermedades tan invalidantes. Tampoco se sabe si tienen relación con estilos de vida o consumos cotidianos, por ejemplo de alcohol.
 
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Gracias @pilou12 por traer este tema,te confieso que no lo he leído entero,no puedo.Mi padre lo padece,está en una residencia,lleva dos años internado,3 diagnosticado,pero este dificil y duro camino empezó mucho antes.Mi madre hace años que le llevó a la seguridad social,fue la primera en notar algo raro,le dijeron que no tenía nada,que estaba perfectamente.Su evolución fue muy rápida,fuimos a un neurólogo de pago y con unas simples preguntas dió en el clavo,pero para ello tuvimos que gastarnos un piquito,que bien gastado estaba pero que con un poquito de interés se le hubiese diganosticado antes.
Sería muy largo explicar lo duro que se nos hace a los familiares,que tu marido,en el caso de mi madre o tu padre,en el caso de mis hermanos y yo,no te reconozca,durísimo,yo no se lo deseo a nadie.No me da miedo enfrentarme a cuaquier enfermedad,pero perder todos los recuerdos me parece una crueldad terrible de la naturaleza,no puedes tomar decisiones,no estás presente.
Después de estos años sigo saliendo bastante afectada cada vez que voy a verlo y no puedo evitar llorar cada vez que me acuerdo de él.Es una enfermedad devastadora,no para el enfermo en sí,sobre todo para la familia.

Mucho ánimo.
 
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Mi padre falleció en el 2003 de Alzheimer
El proceso fue muy triste
Estuvo en una residencia dedicada a esta enfermedad y cada vez que iba a verlo, salía llorando
Me costó mucho admitir que mi padre iría de peor en peor
Era un hombre muy alto y muy atractivo y verlo como lo veía, me daba una inmensa tristeza
 
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Mi suegra tenía Alzheimer, lo que más pena me daba es que veía cosas que no había, sombras que entraban en su habitación y pasaba miedo pobrecita. También lloraba como una niña pequeña. ojalá encuentren pronto un remedio. Es una enfermedad muy triste.
 
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Mi padre falleció en el 2003 de Alzheimer
El proceso fue muy triste
Estuvo en una residencia dedicada a esta enfermedad y cada vez que iba a verlo, salía llorando
Me costó mucho admitir que mi padre iría de peor en peor
Era un hombre muy alto y muy atractivo y verlo como lo veía, me daba una inmensa tristeza



Como te comprendo @papaya parece que esto mismo lo hubiese escrito yo.Estoy en esa situación,sigo saliendo echa polvo de la residencia cuando voy a verlo,pienso que siemplemente vives con esa pena,no puede superarse.Que tu padre te olvide es algo tristísimo y,como tú dices,ver a lguien tan vital como era apargarse también lo es.
 
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La fase inicial es la peor; la persona enferma se da cuenta de sus lagunas mentales, cuando recupera la memoria sabe que le ha pasado algo, es como si volviera de una nube y se siente fatal. Empieza a olvidar cosas tan básicas que le paralizan en momentos cotidianos, por ejemplo, sentarse en la mesa y no reconocer lo que tiene en el plato y no saber cómo se come. La persona intenta seguir con su vida y los del entorno también, pero de repente un día te encuentras los platos sucios en el armario o que tu madre ha ido a comprar el pan y no ha sabido volver a casa. Llega el momento en que no puedes dejar que maneje dinero ni salir sola de casa.......
En fin, eso de que siga participando de las actividades y las conversaciones cotidianas me parece una risión.
Luego llegan las fases posteriores, las visitas al médico, los tratamientos con efectos secundarios como el imsomnio o el sueño permanente, la agresividad, las obsesiones, la repetición obsesiva de frases o palabras, la repetición de movimientos compulsivos. Ahí es cuando empiezan a desconocer a los miembros de la familia y a no recordar cuántos hijos tiene y preguntar una y otra vez "¿Estáis todos aquí? Por favor decidme la verdad ¿Estáis todos?". Los momentos de lucidez ya son esporádicos y dramáticos con llantos.
Más adelante empieza la desinhibición y parece como si los instintos se rebelaran contra quien está al lado.....la pérdida de facultades se acelera hasta llegar a la discapacidad absoluta y ya no saber si te reconoce o si siente algo.
Vaya, muy bonito el Alzheimer.
 
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El registro de voluntades anticipadas es muy fácil y algo que recomiendo a todo el mundo, igual que hacer testamento. Si se registra queda añadido a la historia cínica digital y es de obligado cumplimiento por los médicos, mientras no contravenga la legalidad.

En lo que a mí respecta, provengo de una familia sanísima de longevos en la que, quitando alguno que murió de niño a principio de siglo, no se muere nadie, hasta la fecha al menos, más que de senilidad. Así que he vivido de cerca un buen puñado de demencias en mis parientes, pasados los 85. Obviamente no sé qué será de mí, pero tengo clarísimo que no quiero vivir a ninguna edad sin reconocer a mis hijos, haciéndome mis necesidades encima, sin recuerdos, sin poder mantener una conversación y encima esclavizando a los míos. Sé que aún no es legal la eutanasia, por lo que no puedo pedirla. Pero sí puedo pedir que si llego a ese estado, ante una neumonía, una enfermedad cardíaca o cualquier cosa que amenace mi vida no se me aplique ningún tratamiento más que la hidratación, la analgesia y la sedación.

Tampoco quiero de ninguna manera que sean mis hijos los que tengan que tomar ese tipo de decisiones. Que se despidan del continente externo de la que yo fui, si se da el caso, sin atisbo de culpa. (No quiero ofender a nadie con esto último, es una opinión personal que sólo se aplica a mí misma)