La historia de un africano disecado y expuesto en un museo de España (1 Viewer)

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La increíble historia del africano que fue disecado y expuesto como un animal en un museo de España
RedacciónBBC Mundo
  • 16 septiembre 2016
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Image captionEl Negro fue un guerrero africano que después de su muerte en 1830 fue llevado por un comerciante francés a Europa donde se convirtió en una especie de trofeo de caza.
A principios del siglo XIX, era casi una moda recolectar animales salvajes alrededor del mundo, traerlos a casa, embalsamarlos y mostrarlos casi como un trofeo de caza. Pero un comerciante francés fue un poco más lejos: trajo el cuerpo de un guerrero africano, lo disecó y lo dejó disponible para ser exhibido en un museo.Cuando se lo topó en España, el escritor holandés Frank Westerman decidió investigar su historia.

ADVERTENCIA: en esta nota hay imágenes que pueden resultar hirientes.

Nos trasladamos a Botswana. Más exactamente, a la ciudad de Gaborone, donde se levanta uno de los monumentos más famosos del país: "El Negro".

En una de las placas del memorial se puede leer: "El Negro. Murió en 1830. Hijo de África. Su cuerpo fue llevado a Europa. Retornó a suelo africano en 2000".


Image captionEste es el lugar donde reposan los restos de "El Negro" en Botswana después de su peregrinaje por los museos de España y Francia.
La fama de "El Negro" proviene de los viajes que realizó después de muerto. Y que duraron unos 170 años, convertido en una atracción de museos en Francia y España.

Generaciones enteras de europeos se agolparon frente a su cuerpo medio desnudo, que había sido rellenado de algodón y preparado por un taxidermista.Permaneció allí, de pie, exhibido como un trofeo.

Mochilero
En 1983, cuando era estudiante universitario, accidentalmente lo hallé en un viaje de mochilero por España.

Había pasado la noche en Bañolas, una población en el norte de Cataluña, y resultó que el museo de historia natural de la ciudad estaba al lado del hotel. Decidí visitarlo.



Se me erizó la piel de la vergüenza. Era claro que el cuerpo de "El Negro" había sido tratado por algún taxidermista blanco europeo y la sola idea me producía escalofrío"


"Él es real", me dijo una estudiante. "¿Quién es real?", pregunté.

"¡El Negro!", explicó casi gritando y seguidamente se escuchó una larga carcajada de sus amigas que aguardaban en la entrada de aquel museo.

Lola me vendió una entrada y me señaló el lugar donde estaba ubicado el salón de reptiles.

"En esa dirección", señaló Lola. "Y después vaya a través de los salones siguiendo el orden de las manecillas del reloj".

Después de pasar por el salón de los "Humanos", continué al de los "Mamíferos" y allí lo encontré, junto a algunos primates y huesos de gorila.

Allí estaba el cuerpo relleno de "El Negro", que sostenía una lanza, estaba adornado por un tejido de rafia y apenas cubierto por una especie de toalla naranja





Image captionAsí fue presentado "El Negro" durante la exposición universal de 1888. Fue llamado "El Betchuanas".

Esto no era una muestra de los famosos museos de cera "Madame Tussaud" y no estaba, de ninguna manera, observando una ilusión o truco.

Este hombre negro no era una momia y no estaba hecho de yeso: este era un ser humano que estaba exhibido como si fuera algún espécimen salvaje.

Se me erizó la piel de la vergüenza. Era claro que el cuerpo de "El Negro" había sido tratado por algún taxidermista blanco europeo y la sola idea me producía escalofrío.

Cuando quise preguntar sobre el origen de este hombre, Lola, la mujer de la entrada, no pudo darme una explicación. No había un catálogo o folleto. Sólo tenía una especie de postal que me entregó y que decía escuetamente: "Museo Darder- Banyoles. Bechuana".

"¿Bechuana?", pregunté.

La mujer se encogió de hombros y antes de que me retirara me dijo: "Las postales cuestan 40 pesetas (20 centavos de dólar) cada una".

Compré dos.

El robo de un guerrero
20 años después decidí escribir un libro acerca del extraordinario viaje de regreso de "El Negro" desde Banyoles hasta Botswana (Bechuana, en la postal).

Y la historia comienza en 1831 cuando el comerciante de "especímenes naturales" francés Jules Verreaux observó el funeral de un guerrero Setsuana en el interior de África -cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica-.

Cuando anocheció, Verreaux fue hasta el mismo lugar, desenterró el cuerpo y se llevó para su casa la piel, el cráneo y algunos huesos.


Image caption"El Negro" en la postal del Museo Darder, en el norte de España.
Con la ayuda de alambres de metal actuando como espina dorsal, pedazos de madera ubicados como hombros y periódicos como relleno, Verreaux conservó las partes robadas.

Con esa y otras muestras, el francés viajó hasta París. Ese mismo año, el cuerpo del africano apareció exhibido en una galería en la Rue Saint-Fiacre.

Una reseña del periódico Le Constitutionnel destacó la temeridad de Jules Verreaux, quien "tuvo que sortear los peligros entre los nativos, que son tan salvajes como son negros".

El mismo artículo deja en claro las características de estos guerreros, que atraían más "atención que las jirafas, las hienas o las avestruces".

Medio siglo después, "El Negro" apareció en España. Durante la exhibición universal de Barcelona de 1888, el veterinario Francisco Darder lo presentó en un catálogo como "El Betchuanas" y lo representó con un dibujo, vestido con su rafia, un escudo, una lanza y el taparrabo.

Durante el siglo XX
Allí, en Bañolas, al pie de los Pirineos, los orígenes de "El Negro" comenzaron a olvidarse.

En el pedestal donde estaba se escribió "Hombre de los arbustos del desierto del Kalahari". En las décadas que siguieron a 1888 los vestigios que lo relacionaban con sus ancestros en Setsuana se desvanecieron hasta que pasó a ser conocido como "El Negro", sin más.


Image captionFrank Westerman fue el hombre que conoció de cerca la historia de "El Negro" después de que lo viera exhibido en un museo de historia natural.
En algún punto del siglo XX, el revelador taparrabo fue cambiado por curadores católicos por la especie de toallón naranja que le vi aquella mañana de 1983.

Pero eso no era lo peor: alguien le había puesto una capa de barniz para oscurecer más su piel.

De pie en su vitrina, ligeramente inclinado y con su mirada penetrante, "El Negro" personificaba de una manera conmovedora y desgarradora a la vez los aspectos más oscuros del pasado colonial europeo.

De alguna manera, confrontaba a los visitantes con las teorías de lo que se llamó "el racismo científico", la clasificación de las personas en superiores o inferiores de acuerdo al tamaño de su cerebro.

El retorno
Pero las cosas comenzaron a cambiar en 1992, cuando el doctor español de origen haitiano Alfonso Arcelin sugirió al diario El Paísque "El Negro" debería ser retirado del museo.

Los Juegos Olímpicos aterrizarían ese año en Barcelona y el lago de Bañolas iba a ser la sede de las competencias de remo. Seguramente, escribió Arcelin con ironía, ninguno de las decenas de atletas de alrededor del planeta que visitarían el museo se ofenderían al ver aquel hombre negro disecado.

La carta de Arcelin fue apoyada por nombres prominentes como el líder religioso afroestadounidense Jesse Jackson o el basquetbolista "Magic" Johnson. Kofi Annan, que en ese entonces era un alto funcionario de la ONU, condenó la exhibición llamándola "repulsiva" e "insensible".

Image copyrightGOOGLE
Image captionEste es el Museo Darder de historia natural en la ciudad de Banyoles, en el norte de Cataluña, España.
Pero los catalanes se resistían, porque consideraban a "El Negro" una de sus joyas culturales. Sin embargo, en 1997, el hombre desapareció de la muestra y fue almacenado en los depósitos del museo como el "objeto 1004".

Hasta que en el año 2000 inició su regreso a casa.

El gobierno español decidió repatriar el cuerpo de "El Negro" para ser enterrado de nuevo en suelo africano. En la primera estación de ese viaje, en Madrid, a su cuerpo se le sacó el relleno de algodón y se le quitaron las partes no humanas -incluidos los ojos de vidrio.

Sin embargo su piel se había endurecido y se rompió. Debido a esto la piel debió permanecer en Madrid.

El ataúd donde fue enterrado en Botswana solo contenía el cráneo, un brazo y los huesos de los pies.

Image copyrightREUTERS
Image captionLíderes religiosos acompañaron el ataúd de "El Negro" durante su ceremonia fúnebre el 4 de octubre de 2000.
En suelo africano
El entierro del guerrero Setsuana ocurrió el 4 de octubre de 2000, en Gaborone, la capital de Botswana. Ese día estuvo acompañado de líderes religiosos que hicieron un homenaje a su figura.

"Estamos listos para perdonar", dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Mompati Merafhe, durante la ceremonia. "Pero no debemos olvidar los crímenes del pasado, y de esa forma no repetirlos".

Por años, el lugar donde fue enterrado "El Negro" fue olvidado y se convirtió en un campo de fútbol. Pero el gobierno de Botswana decidió recuperarlo y se convirtió en un lugar para que sea visitado por los turistas.

Pero casi un siglo y medio después, se desconoce cuál es el nombre de este "hijo de África" y exactamente de dónde proviene.

Sin embargo hay una pista: durante un examen forense realizado en 1995, reveló que había vivido unos 27 años, que había tenido una altura de 1,40 metros. Y que habría, probablemente, muerto de neumonía
 

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Esta historia es muy lamentable , demuestra la falta de sensibilidad del hombre blanco , hacia otras razas del planeta . Además es una muestra del colonialismo y de la supuesta superioridad blanca sobre otras (errónea suposición ) , estoy en contra de estas prácticas , que en el pasado hicieron mucho daño a pueblos y culturas .
El hombre de Bamyoles como fue conocido , fue un hecho muy lamentable . Y creo que ninguna raza tiene que estar en un Museo , como si fuera una cosa rara o curiosa . Espero que no se repita más .
Que opinariamos si en un museo de Zaire , hubiese un hombre blanco disecado . Creo que nos indignariamos .
 
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Pues a mi no me parece tan mal en aquellos tiempos era de las pocas maneras en ver uno... mirad como han aprovechado los líderes políticos africanos para usar la carta victimista, claro a lo mejor pueden pedir un aumento de los muchos millones que se les dan para "el desarrollo"...
 

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La increíble historia del africano que fue disecado y expuesto como un animal en un museo de España
RedacciónBBC Mundo
  • 16 septiembre 2016
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Image captionEl Negro fue un guerrero africano que después de su muerte en 1830 fue llevado por un comerciante francés a Europa donde se convirtió en una especie de trofeo de caza.
A principios del siglo XIX, era casi una moda recolectar animales salvajes alrededor del mundo, traerlos a casa, embalsamarlos y mostrarlos casi como un trofeo de caza. Pero un comerciante francés fue un poco más lejos: trajo el cuerpo de un guerrero africano, lo disecó y lo dejó disponible para ser exhibido en un museo.Cuando se lo topó en España, el escritor holandés Frank Westerman decidió investigar su historia.

ADVERTENCIA: en esta nota hay imágenes que pueden resultar hirientes.

Nos trasladamos a Botswana. Más exactamente, a la ciudad de Gaborone, donde se levanta uno de los monumentos más famosos del país: "El Negro".

En una de las placas del memorial se puede leer: "El Negro. Murió en 1830. Hijo de África. Su cuerpo fue llevado a Europa. Retornó a suelo africano en 2000".


Image captionEste es el lugar donde reposan los restos de "El Negro" en Botswana después de su peregrinaje por los museos de España y Francia.
La fama de "El Negro" proviene de los viajes que realizó después de muerto. Y que duraron unos 170 años, convertido en una atracción de museos en Francia y España.

Generaciones enteras de europeos se agolparon frente a su cuerpo medio desnudo, que había sido rellenado de algodón y preparado por un taxidermista.Permaneció allí, de pie, exhibido como un trofeo.

Mochilero
En 1983, cuando era estudiante universitario, accidentalmente lo hallé en un viaje de mochilero por España.

Había pasado la noche en Bañolas, una población en el norte de Cataluña, y resultó que el museo de historia natural de la ciudad estaba al lado del hotel. Decidí visitarlo.



Se me erizó la piel de la vergüenza. Era claro que el cuerpo de "El Negro" había sido tratado por algún taxidermista blanco europeo y la sola idea me producía escalofrío"


"Él es real", me dijo una estudiante. "¿Quién es real?", pregunté.

"¡El Negro!", explicó casi gritando y seguidamente se escuchó una larga carcajada de sus amigas que aguardaban en la entrada de aquel museo.

Lola me vendió una entrada y me señaló el lugar donde estaba ubicado el salón de reptiles.

"En esa dirección", señaló Lola. "Y después vaya a través de los salones siguiendo el orden de las manecillas del reloj".

Después de pasar por el salón de los "Humanos", continué al de los "Mamíferos" y allí lo encontré, junto a algunos primates y huesos de gorila.

Allí estaba el cuerpo relleno de "El Negro", que sostenía una lanza, estaba adornado por un tejido de rafia y apenas cubierto por una especie de toalla naranja





Image captionAsí fue presentado "El Negro" durante la exposición universal de 1888. Fue llamado "El Betchuanas".

Esto no era una muestra de los famosos museos de cera "Madame Tussaud" y no estaba, de ninguna manera, observando una ilusión o truco.

Este hombre negro no era una momia y no estaba hecho de yeso: este era un ser humano que estaba exhibido como si fuera algún espécimen salvaje.

Se me erizó la piel de la vergüenza. Era claro que el cuerpo de "El Negro" había sido tratado por algún taxidermista blanco europeo y la sola idea me producía escalofrío.

Cuando quise preguntar sobre el origen de este hombre, Lola, la mujer de la entrada, no pudo darme una explicación. No había un catálogo o folleto. Sólo tenía una especie de postal que me entregó y que decía escuetamente: "Museo Darder- Banyoles. Bechuana".

"¿Bechuana?", pregunté.

La mujer se encogió de hombros y antes de que me retirara me dijo: "Las postales cuestan 40 pesetas (20 centavos de dólar) cada una".

Compré dos.

El robo de un guerrero
20 años después decidí escribir un libro acerca del extraordinario viaje de regreso de "El Negro" desde Banyoles hasta Botswana (Bechuana, en la postal).

Y la historia comienza en 1831 cuando el comerciante de "especímenes naturales" francés Jules Verreaux observó el funeral de un guerrero Setsuana en el interior de África -cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica-.

Cuando anocheció, Verreaux fue hasta el mismo lugar, desenterró el cuerpo y se llevó para su casa la piel, el cráneo y algunos huesos.


Image caption"El Negro" en la postal del Museo Darder, en el norte de España.
Con la ayuda de alambres de metal actuando como espina dorsal, pedazos de madera ubicados como hombros y periódicos como relleno, Verreaux conservó las partes robadas.

Con esa y otras muestras, el francés viajó hasta París. Ese mismo año, el cuerpo del africano apareció exhibido en una galería en la Rue Saint-Fiacre.

Una reseña del periódico Le Constitutionnel destacó la temeridad de Jules Verreaux, quien "tuvo que sortear los peligros entre los nativos, que son tan salvajes como son negros".

El mismo artículo deja en claro las características de estos guerreros, que atraían más "atención que las jirafas, las hienas o las avestruces".

Medio siglo después, "El Negro" apareció en España. Durante la exhibición universal de Barcelona de 1888, el veterinario Francisco Darder lo presentó en un catálogo como "El Betchuanas" y lo representó con un dibujo, vestido con su rafia, un escudo, una lanza y el taparrabo.

Durante el siglo XX
Allí, en Bañolas, al pie de los Pirineos, los orígenes de "El Negro" comenzaron a olvidarse.

En el pedestal donde estaba se escribió "Hombre de los arbustos del desierto del Kalahari". En las décadas que siguieron a 1888 los vestigios que lo relacionaban con sus ancestros en Setsuana se desvanecieron hasta que pasó a ser conocido como "El Negro", sin más.


Image captionFrank Westerman fue el hombre que conoció de cerca la historia de "El Negro" después de que lo viera exhibido en un museo de historia natural.
En algún punto del siglo XX, el revelador taparrabo fue cambiado por curadores católicos por la especie de toallón naranja que le vi aquella mañana de 1983.

Pero eso no era lo peor: alguien le había puesto una capa de barniz para oscurecer más su piel.

De pie en su vitrina, ligeramente inclinado y con su mirada penetrante, "El Negro" personificaba de una manera conmovedora y desgarradora a la vez los aspectos más oscuros del pasado colonial europeo.

De alguna manera, confrontaba a los visitantes con las teorías de lo que se llamó "el racismo científico", la clasificación de las personas en superiores o inferiores de acuerdo al tamaño de su cerebro.

El retorno
Pero las cosas comenzaron a cambiar en 1992, cuando el doctor español de origen haitiano Alfonso Arcelin sugirió al diario El Paísque "El Negro" debería ser retirado del museo.

Los Juegos Olímpicos aterrizarían ese año en Barcelona y el lago de Bañolas iba a ser la sede de las competencias de remo. Seguramente, escribió Arcelin con ironía, ninguno de las decenas de atletas de alrededor del planeta que visitarían el museo se ofenderían al ver aquel hombre negro disecado.

La carta de Arcelin fue apoyada por nombres prominentes como el líder religioso afroestadounidense Jesse Jackson o el basquetbolista "Magic" Johnson. Kofi Annan, que en ese entonces era un alto funcionario de la ONU, condenó la exhibición llamándola "repulsiva" e "insensible".

Image copyrightGOOGLE
Image captionEste es el Museo Darder de historia natural en la ciudad de Banyoles, en el norte de Cataluña, España.
Pero los catalanes se resistían, porque consideraban a "El Negro" una de sus joyas culturales. Sin embargo, en 1997, el hombre desapareció de la muestra y fue almacenado en los depósitos del museo como el "objeto 1004".

Hasta que en el año 2000 inició su regreso a casa.

El gobierno español decidió repatriar el cuerpo de "El Negro" para ser enterrado de nuevo en suelo africano. En la primera estación de ese viaje, en Madrid, a su cuerpo se le sacó el relleno de algodón y se le quitaron las partes no humanas -incluidos los ojos de vidrio.

Sin embargo su piel se había endurecido y se rompió. Debido a esto la piel debió permanecer en Madrid.

El ataúd donde fue enterrado en Botswana solo contenía el cráneo, un brazo y los huesos de los pies.

Image copyrightREUTERS
Image captionLíderes religiosos acompañaron el ataúd de "El Negro" durante su ceremonia fúnebre el 4 de octubre de 2000.
En suelo africano
El entierro del guerrero Setsuana ocurrió el 4 de octubre de 2000, en Gaborone, la capital de Botswana. Ese día estuvo acompañado de líderes religiosos que hicieron un homenaje a su figura.

"Estamos listos para perdonar", dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Mompati Merafhe, durante la ceremonia. "Pero no debemos olvidar los crímenes del pasado, y de esa forma no repetirlos".

Por años, el lugar donde fue enterrado "El Negro" fue olvidado y se convirtió en un campo de fútbol. Pero el gobierno de Botswana decidió recuperarlo y se convirtió en un lugar para que sea visitado por los turistas.

Pero casi un siglo y medio después, se desconoce cuál es el nombre de este "hijo de África" y exactamente de dónde proviene.

Sin embargo hay una pista: durante un examen forense realizado en 1995, reveló que había vivido unos 27 años, que había tenido una altura de 1,40 metros. Y que habría, probablemente, muerto de neumonía

Con ésto hubo mucha polémica en Cataluña, durante años.

El nivel de desarrollo de otras culturas lleva a hacer este tipo de cosas, incluso se llega al canibalismo.

La nuestra, más desarrollada, en apariencia, no sólo se rebajó en este caso en la disecación de un ser humano, sino que desde hace dédadas y más décadas, fabrica armas de destrucción masiva, tanto en cuanto a armamento militar, como en tecnología y psicología social...
 
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Pues a mi no me parece tan mal en aquellos tiempos era de las pocas maneras en ver uno...
Pues saliendo a la calle se podían ver otros seres humanos, que es de lo que se habla aquí, no es un animal de zoológico pero por lo visto algunos aun tienen una mentalidad colonialista y de superioridad :mad::mad::mad:
 

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Pues saliendo a la calle se podían ver otros seres humanos, que es de lo que se habla aquí, no es un animal de zoológico pero por lo visto algunos aun tienen una mentalidad colonialista y de superioridad :mad::mad::mad:
Lo mas desagradable fue donde lo colocaron.

".....después de pasar por el salón de los "Humanos", continué al de los "Mamíferos" y allí lo encontré, junto a algunos primates y huesos de gorila...

Entre los mamiferos
 
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Que diferencia tiene exhibir el cuerpo de este infeliz asi, o como una momia? si lo hubieran momificado entonces pasa? los museos del mundo estan repletos de momias .. la realidad es un astuto familiar de este hombre , en Africa, se lo vendio al coleccionista, igual que vendian a sus compatriotas como esclavos para el nuevo mundo ... si es de mal gusto.. no, no me gustaria tener a un familiar disecado expuesto en un museo, pero tampoco venderia a ese familiar .. me cuesta solidarizarme con el ultraje de un continente al que se le han donado billones y billones de euros en ayuda de todo tipo y aun siguen creyendo que tener s*x* con una virgen cura el sida,
 
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En el siglo XIX, los blancos apenas empezaban a legislar contra la trata de essclavos y la propia esclavitud, pero eso no significa que considerasen a las demás razas iguales, el darwinismo fué la gran excusa científica para justificar el dominio de la raza blanca y el tema de la evolución hizo creer a los europeos y blancos que eran una raza más evolucionada y superior, por eso se creian con derecho a dominar el mundo y someter a otros pueblos más "primitivos". Vale, que eran hombres y ya no estaba aceptado esclavizarles, pero la mentalidad blanca los consideraba hombres inferiores, de segunda.

Por eso hacian estas cosas, este negro al menos estaba muerto, pero en las Exposiciones Universales solian exponer a familias indigenas de los diferentes rincones del mundo, vivas, como puedas ver a los elefantes o jirafas en un zoo. Recordad que también se exhibian en las ferias a los deformes, como le pasó al pobre "Hombre elefante", o exhibian a los siameses, o a la mujer barbuda. Lo chocante es que en este museo se hayan olvidado de este pobre hombre disecado, aunque, pensándolo bien, solo verloe s una denuncia de la época y los hombres que lo disecaron.


12.5. Los zoos humanos



Junto a las “piezas” que aparecían disecadas en los museos de historia natural, empezaron a ser habituales una serie de espectáculos llamados “exposiciones etnográficas”o “aldeas negras”. Estas aldeas reunían a grupos de aborígenes africanos en una serie de escenarios en los que se eran exhibidos en su “estado natural” desnudos o semidesnudos, en un clima que no les era propio, y donde realizaban para el deleite del público, danzas y enfrentamientos tribales, como si de auténticos zoos humanos se tratase.
Estas exhibiciones empezaron a ser muy populares en Europa y EE.UU. a partir de la década de 1870, justamente en la época de máximo apogeo imperialista. París, Hamburgo, Londres, Barcelona, Nueva York, Ginebra,… son algunas de las ciudades en las que estas exposiciones llegaron a concurrir de entre 200.000 y 300.000 espectadores.

El pionero en esta actividad fue el alemán Karl Hagenbeck (1844-1913), que como cazador de animales dotaba de ejemplares a muchos zoológicos europeos. A partir de 1870 el tráfico de animales sufrió una grave crisis que obligó a Hagenbeck a inventar nuevas atracciones para el público. Fue entonces cuando pensó crear zoos humanos que mostraran a poblaciones humanas exóticas junto con animales salvajes propios de su hábitat natural. En 1874 montó una exhibición itinerante en la que mostraba a grupos de hombres, mujeres y niños samoanos y lapones, con sus vestidos tradicionales y cierta escenografía que pretendía repesentar su forma de vida original.

Hacia 1876 capturó en una expedición al Sudán a un grupo de nativos nubios, con la que montó otra atracción que llevó por diferentes capitales europeas como París, Berlín o Londres. En 1881 raptó docenas de hombres, mujeres y niños de tribus de Tierra del Fuego. Para ello contó con la aprobación de los gobiernos chileno y alemán, y con el apoyo científico del profesor Virchow de Berlín. Los indígenas fueguinos fueron transportados a la capital alemana y, tras ser expuestos en diversas ciudades, utilizados para la experimentación en diversos laboratorios y hospitales. En 1883-1884 Hagenbeck exhibió en Berlín a un grupo de catorce mapuches (indígenas araucanos), con los que recorrió diversas ciudades de Alemania. Asimismo, en 1884-1885 realizó una gira mostrando a más de sesenta hombres, mujeres y niños cingaleses junto con un espectáculo de elefantes amaestrados. Mal nutridos, tratados cruelmente, expuestos a climas difíciles a los que no están adaptados, considerados como mercancía y forzados a aparecer y actuar ante el público, el viaje europeo es para muchas de estas personas una pesadilla a la que pocos sobrevivirán.
Ante el éxito de esta iniciativa, el director del Jardín zoologique d´acclimatation parisino, Geoffroy de Saint Hilaire, organizó en 1877 dos “espectáculos etnológicos” centrados en la exposición de indígenas africanos. La concurrencia al Jardín fue un éxito pues más de un millón de personas lo visitaron, así que la dirección continuó el espectáculo hasta 1912 con unas treinta “exhibiciones etnológicas”.
Pero las mejores oportunidades de exhibir a los indígenas fueron las grandes exposiciones internacionales de París de 1878 y 1889. En ellas se presentaron reconstrucciones de “aldeas negras”, con más de 400 africanos secuestrados de sus tierras para este fin. También las Exposiciones Coloniales de Marsella (1906 y 1922) y París (1907 y 1931) mostraron a indígenas desnudos o semidesnudos ante un público que les tiraba comida como si fueran animales en un zoo. Estas exposiciones tuvieron una concurrencia masiva: 28 millones en 1889 y 34 millones en 1931. Algunos autores han señalado que detrás de este interés también había un cierto voyeurismo, pues en aquella época no había muchas otras oportunidades de ver a un ser humano desnudo. En ellas el salvajismo de los espectadores era notorio:

“La actitud del público era uno de los temas más sorprendentes: muchos visitantes arrojaban alimentos o chucherías a los grupos que se exhibían, comentaban las fisonomías comparándolas con los primates (retomando con ello uno de los tópicos de la antropología física, ávida de sacar a la luz los "caracteres simiescos" de los indígenas) o riéndose abiertamente viendo a una africana enferma temblequeando en su choza”. (Bancel, 2000)

En 1897, el rey de Bélgica Leopoldo II mandó traer para la Exposición Universal de Bruselas, 267 hombres, mujeres y niños para representar una escenografía pintoresca del Congo. Los africanos vivían y danzaban delante de sus chozas de bambú con tejados de paja, pero al llegar la noche eran recluidos en establos junto con otros animales. Por el día los visitantes les lanzaban comida, lo que produjo indigestiones entre los indígenas. Para evitarlo el propio rey Leopoldo ordenó colocar un cartel que decía: “los negros son alimentados por el comité organizador”.

Después de la conquista francesa de Tombuctú, un grupo de tuaregs fueron exhibidos en estas exposiciones; los malgache después de la ocupación de Madagascar; las mujeres amazonas de Abomey después de la derrota mediática de Behanzin contra los franceses en 1894. Muchos de los indígenas exhibidos en estas condiciones murieron, no soportaban el cambio de clima y enfermaban ¿o enfermarían de la humillación?. Así pasó con un grupo de galibis en París en 1892. De todos modos esto no suposo ningún remordimiento ya que la propia humanidad de estos seres era discutible.



Los empresarios al cargo de estos negocios provenían del ámbito circense, ya que proveían de fieras animales a los circos. No solían ser muy formales en sus acuerdos establecidos, y si veían decaer el negocio dejaban a su suerte a los pobres indígenas. En una población suiza se generó una gran alarma ante la posibilidad de que estos “seres salvajes” fueran liberados de sus jaulas…
Estas exhibiciones serán aplaudidas por los antropólogos que aprovechan la oportunidad que la llegada de este “circo” a su ciudad supone para examinarlos y establecer jerarquías raciales. Muchos alabarán la calidad de estas “muestras” y la posibilidad de estudiar “sujetos vivos”. Un documento de la Sociedad Antropológica de Paris da testimonio del interés científico que suponía el transporte de estos “especimenes” a París.

“Necesitamos enfatizar nuestro deseo de que el director de los jardines zoológicos persevere en su camino, tan útil para la antropología, para el transporte a París de especimenes de cada grupo humano” Bordier, documento de la Sociedad Antropológica de Paris, 1877

Así que con el apoyo de la ciencia, los zoos humanos refuerzan en toda Europa esta imagen de la barbarie de aquellas lejanas tierras, lo cual pretendía justificar la expansión colonial de la época. Y para elevar el espectáculo, las exhibiciones son activas. El “salvaje” es presentado en contextos “primitivos” jugando, bailando, haciendo música, etc.
 
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Personalmente, a mi me choca hasta que expongan la momia de Ramsés II en el Museo de El Cairo. Tendrá 3500 años ¡pero son los restos de uno de los más grandes reyes de la historia!




La historia del negro disecado ya la conocia, como veis, lo del enterramiento data del año 2000.

Nada, que abran un Museo con los Austrias y Borbones muertos de El Escorial.
 
D

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En el siglo XIX, los blancos apenas empezaban a legislar contra la trata de essclavos y la propia esclavitud, pero eso no significa que considerasen a las demás razas iguales, el darwinismo fué la gran excusa científica para justificar el dominio de la raza blanca y el tema de la evolución hizo creer a los europeos y blancos que eran una raza más evolucionada y superior, por eso se creian con derecho a dominar el mundo y someter a otros pueblos más "primitivos". Vale, que eran hombres y ya no estaba aceptado esclavizarles, pero la mentalidad blanca los consideraba hombres inferiores, de segunda.

Por eso hacian estas cosas, este negro al menos estaba muerto, pero en las Exposiciones Universales solian exponer a familias indigenas de los diferentes rincones del mundo, vivas, como puedas ver a los elefantes o jirafas en un zoo. Recordad que también se exhibian en las ferias a los deformes, como le pasó al pobre "Hombre elefante", o exhibian a los siameses, o a la mujer barbuda. Lo chocante es que en este museo se hayan olvidado de este pobre hombre disecado, aunque, pensándolo bien, solo verloe s una denuncia de la época y los hombres que lo disecaron.


12.5. Los zoos humanos



Junto a las “piezas” que aparecían disecadas en los museos de historia natural, empezaron a ser habituales una serie de espectáculos llamados “exposiciones etnográficas”o “aldeas negras”. Estas aldeas reunían a grupos de aborígenes africanos en una serie de escenarios en los que se eran exhibidos en su “estado natural” desnudos o semidesnudos, en un clima que no les era propio, y donde realizaban para el deleite del público, danzas y enfrentamientos tribales, como si de auténticos zoos humanos se tratase.
Estas exhibiciones empezaron a ser muy populares en Europa y EE.UU. a partir de la década de 1870, justamente en la época de máximo apogeo imperialista. París, Hamburgo, Londres, Barcelona, Nueva York, Ginebra,… son algunas de las ciudades en las que estas exposiciones llegaron a concurrir de entre 200.000 y 300.000 espectadores.

El pionero en esta actividad fue el alemán Karl Hagenbeck (1844-1913), que como cazador de animales dotaba de ejemplares a muchos zoológicos europeos. A partir de 1870 el tráfico de animales sufrió una grave crisis que obligó a Hagenbeck a inventar nuevas atracciones para el público. Fue entonces cuando pensó crear zoos humanos que mostraran a poblaciones humanas exóticas junto con animales salvajes propios de su hábitat natural. En 1874 montó una exhibición itinerante en la que mostraba a grupos de hombres, mujeres y niños samoanos y lapones, con sus vestidos tradicionales y cierta escenografía que pretendía repesentar su forma de vida original.

Hacia 1876 capturó en una expedición al Sudán a un grupo de nativos nubios, con la que montó otra atracción que llevó por diferentes capitales europeas como París, Berlín o Londres. En 1881 raptó docenas de hombres, mujeres y niños de tribus de Tierra del Fuego. Para ello contó con la aprobación de los gobiernos chileno y alemán, y con el apoyo científico del profesor Virchow de Berlín. Los indígenas fueguinos fueron transportados a la capital alemana y, tras ser expuestos en diversas ciudades, utilizados para la experimentación en diversos laboratorios y hospitales. En 1883-1884 Hagenbeck exhibió en Berlín a un grupo de catorce mapuches (indígenas araucanos), con los que recorrió diversas ciudades de Alemania. Asimismo, en 1884-1885 realizó una gira mostrando a más de sesenta hombres, mujeres y niños cingaleses junto con un espectáculo de elefantes amaestrados. Mal nutridos, tratados cruelmente, expuestos a climas difíciles a los que no están adaptados, considerados como mercancía y forzados a aparecer y actuar ante el público, el viaje europeo es para muchas de estas personas una pesadilla a la que pocos sobrevivirán.
Ante el éxito de esta iniciativa, el director del Jardín zoologique d´acclimatation parisino, Geoffroy de Saint Hilaire, organizó en 1877 dos “espectáculos etnológicos” centrados en la exposición de indígenas africanos. La concurrencia al Jardín fue un éxito pues más de un millón de personas lo visitaron, así que la dirección continuó el espectáculo hasta 1912 con unas treinta “exhibiciones etnológicas”.
Pero las mejores oportunidades de exhibir a los indígenas fueron las grandes exposiciones internacionales de París de 1878 y 1889. En ellas se presentaron reconstrucciones de “aldeas negras”, con más de 400 africanos secuestrados de sus tierras para este fin. También las Exposiciones Coloniales de Marsella (1906 y 1922) y París (1907 y 1931) mostraron a indígenas desnudos o semidesnudos ante un público que les tiraba comida como si fueran animales en un zoo. Estas exposiciones tuvieron una concurrencia masiva: 28 millones en 1889 y 34 millones en 1931. Algunos autores han señalado que detrás de este interés también había un cierto voyeurismo, pues en aquella época no había muchas otras oportunidades de ver a un ser humano desnudo. En ellas el salvajismo de los espectadores era notorio:

“La actitud del público era uno de los temas más sorprendentes: muchos visitantes arrojaban alimentos o chucherías a los grupos que se exhibían, comentaban las fisonomías comparándolas con los primates (retomando con ello uno de los tópicos de la antropología física, ávida de sacar a la luz los "caracteres simiescos" de los indígenas) o riéndose abiertamente viendo a una africana enferma temblequeando en su choza”. (Bancel, 2000)

En 1897, el rey de Bélgica Leopoldo II mandó traer para la Exposición Universal de Bruselas, 267 hombres, mujeres y niños para representar una escenografía pintoresca del Congo. Los africanos vivían y danzaban delante de sus chozas de bambú con tejados de paja, pero al llegar la noche eran recluidos en establos junto con otros animales. Por el día los visitantes les lanzaban comida, lo que produjo indigestiones entre los indígenas. Para evitarlo el propio rey Leopoldo ordenó colocar un cartel que decía: “los negros son alimentados por el comité organizador”.

Después de la conquista francesa de Tombuctú, un grupo de tuaregs fueron exhibidos en estas exposiciones; los malgache después de la ocupación de Madagascar; las mujeres amazonas de Abomey después de la derrota mediática de Behanzin contra los franceses en 1894. Muchos de los indígenas exhibidos en estas condiciones murieron, no soportaban el cambio de clima y enfermaban ¿o enfermarían de la humillación?. Así pasó con un grupo de galibis en París en 1892. De todos modos esto no suposo ningún remordimiento ya que la propia humanidad de estos seres era discutible.



Los empresarios al cargo de estos negocios provenían del ámbito circense, ya que proveían de fieras animales a los circos. No solían ser muy formales en sus acuerdos establecidos, y si veían decaer el negocio dejaban a su suerte a los pobres indígenas. En una población suiza se generó una gran alarma ante la posibilidad de que estos “seres salvajes” fueran liberados de sus jaulas…
Estas exhibiciones serán aplaudidas por los antropólogos que aprovechan la oportunidad que la llegada de este “circo” a su ciudad supone para examinarlos y establecer jerarquías raciales. Muchos alabarán la calidad de estas “muestras” y la posibilidad de estudiar “sujetos vivos”. Un documento de la Sociedad Antropológica de Paris da testimonio del interés científico que suponía el transporte de estos “especimenes” a París.

“Necesitamos enfatizar nuestro deseo de que el director de los jardines zoológicos persevere en su camino, tan útil para la antropología, para el transporte a París de especimenes de cada grupo humano” Bordier, documento de la Sociedad Antropológica de Paris, 1877

Así que con el apoyo de la ciencia, los zoos humanos refuerzan en toda Europa esta imagen de la barbarie de aquellas lejanas tierras, lo cual pretendía justificar la expansión colonial de la época. Y para elevar el espectáculo, las exhibiciones son activas. El “salvaje” es presentado en contextos “primitivos” jugando, bailando, haciendo música, etc.
Estas cosas me ponen mala, sacan lo peor de mi, como la historia de la famosa "hotentota" paseada y humillada por todo el mundo, enseñada al pùblico y manoseada...un horror.


http://lavozdelmuro.net/la-venus-de...-fue-esclavizada-por-el-tamano-de-sus-nalgas/
 
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Sara Baartman


Sarah Saartjie Baartman

Caricatura de Sara Baartman (de principios del siglo XIX).
Sara Baartman (en idioma afrikáans: Saartjie Baartmann (17891 - París, 29 de diciembre de 1815) fue tal vez la más famosa de por lo menos dos esclavas de laetnia khoikhoi, llevadas a Europa a principios del siglo XIX para ser exhibidas como atracción secundaria circense en casetas apartadas, al estilo de la «mujer barbuda», entre otras atracciones. Su nombre artístico era "la Venus Hotentote". En esa época, el término hottentot (que significaba ‘tartamudo’ en una variante delidioma afrikáans, que es una variante del idioma neerlandés) era peyorativo, y lo utilizaban los holandeses para referirse a los khoi khoi.

La de Baartman es una historia de humillación que refleja el morbo de los científicos coloniales y su racismo científico en el estudio de la anatomía humana.2





Primeros años[editar]
Nació en 1789 en una región cercana al río Gamtoos en Cabo Este. Hogar de los nativos Joi-Joi. Durante su adolescencia, Sara emigró a Cape Flats, cerca de Ciudad del Cabo donde terminó siendo esclava de unos granjeros y vivió en una pequeña cabaña hasta 1810. Ese año fue vendida al doctor británico William Dunlop, quien la persuadió para irse con él en barco hacia Inglaterra. Lo que Dunlop deseaba, era presentarla en su circo como una rareza, una curiosidad científica, y hacer dinero con ella a través de exhibiciones. La figura de Sara Baartman fue debida a una enfermedad o condición según la cual se acumulan excesivas cantidades de grasa en los glúteos (esteatopigia).

Vida en Europa[editar]
Sara se convirtió en un objeto de deseo y fue víctima de continuos abusos. Las crónicas afirman que en sus presentaciones en Londres, era obligada a “desfilar” desnuda en una plataforma de dos pies de altura, así como a obedecer a su guardián cuando éste le ordenaba cómo “actuar en el escenario”. Por un pago extra, se le permitía a los espectadores que tocaran sus exuberantes glúteos, producto de la esteatopigia, que es la excesiva acumulación de grasa en esa área, característica común en algunas tríbus de África.

Hubo protestas en Londres debido a la manera en que Sara era tratada. Estas presentaciones se llevaron a cabo en una época en que se debatía la abolición de la esclavitud, y surgieron protestas en Londres cuestionando su explotación. Y el circo en el que la exhibían recibió presiones de ciertos sectores sociales y estuvo a punto de ser clausurado, ya que Sara Baartman no participaba voluntariamente en el, pero el doctor William Dunlop demostró que ella estaba de acuerdo, ya que presentó un contrato que ella había firmado. Hasta el día de hoy se duda que Sara realmente haya conocido o firmado aquel documento.

Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo y Sara fue llevada ante los tribunales. Luego de que esto provocara el fin de tan repudiable negocio en Inglaterra, fue trasladada a París, donde un domador de fieras la exhibió durante quince meses y así continuó su degradante exhibición. En París atrajo la atención de científicos franceses, en particular la de George Cuvier, quien la describió como una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el holandés.

Ya en el tiempo que los parisinos perdieron interés en el show de Sara, fue forzada a prostituirse. Ella no pudo resistir el frío clima, la cultura europea, ni el abuso de su cuerpo. Sola, enferma y alcohólica, falleció el 29 de diciembre de 1815 a la corta edad de 25 años. Cinco años después de haber salido de su natal África. A menos de 24 horas de su deceso la comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, luego de que Cuvier realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier. Su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el Museo del Hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante mucho tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer la característica llamada sinus pudoris, que es una elongación de los labios menores de la vagina, propia de las mujeres Joi-Joi.

Repatriación de sus restos[editar]

Tumba de Sara Baartmans, situada en
-33.8371, 24.8848
Sus restos fueron expuestos al público durante más de 160 años, muchísimo después, en 1994, el entonces presidente de Sudáfrica,Nelson Mandela, después de la victoria del Congreso Nacional Africano en las elecciones generales de Sudáfrica, en 1994 realizó una petición formal al presidente francés François Mitterrand para que sus restos sean devueltos a casa, recibiendo de éste la promesa que los restos de Sara Baartman volverían a su país de origen. Después de muchos problemas legales y debates en la Asamblea Nacional, Francia accedió al pedido el 6 de marzo de 2002.

Luego de 160 años de exhibición, los restos de Sara fueron retirados del museo en 1974. Finalmente fue devuelta y sepultada el 9 de agosto de 2002, Día de la Mujer en su país, en una región cercana al río Gamtoos en Cabo Este, donde actualmente existe el pueblo deHankey (localidad de unos 8000 habitantes, fundado en 1826), en la confluencia del arroyo Klein con el río Gamtoos, en la municipalidad de Kouga, a unos 20 km al oeste de Port Elizabeth (Sudáfrica), capital del distrito de Cacadu en la Provincia Oriental del Cabo,3 lugar donde nació. Ahora en Sudáfrica es considerada un símbolo nacional.

El caso se volvió importante recién cuando Stephen Jay Gould escribió la novela The Hottentot Venus en los años ochenta.
 
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Entresacado del artículo expuesto sobre los zoos humanos.

El pionero en esta actividad fue el alemán Karl Hagenbeck (1844-1913), que como cazador de animales dotaba de ejemplares a muchos zoológicos europeos.

En 1881 raptó docenas de hombres, mujeres y niños de tribus de Tierra del Fuego. Para ello contó con la aprobación de los gobiernos chileno y alemán, y con el apoyo científico del profesor Virchow de Berlín. Los indígenas fueguinos fueron transportados a la capital alemana y, tras ser expuestos en diversas ciudades, utilizados para la experimentación en diversos laboratorios y hospitales. En 1883-1884 Hagenbeck exhibió en Berlín a un grupo de catorce mapuches (indígenas araucanos), con los que recorrió diversas ciudades de Alemania. Asimismo, en 1884-1885 realizó una gira mostrando a más de sesenta hombres, mujeres y niños cingaleses junto con un espectáculo de elefantes amaestrados. Mal nutridos, tratados cruelmente, expuestos a climas difíciles a los que no están adaptados, considerados como mercancía y forzados a aparecer y actuar ante el público, el viaje europeo es para muchas de estas personas una pesadilla a la que pocos sobrevivirán.

O lo de la pobre hotentote Sara que nos muestra Annette:

Sara se convirtió en un objeto de deseo y fue víctima de continuos abusos. Las crónicas afirman que en sus presentaciones en Londres, era obligada a “desfilar” desnuda en una plataforma de dos pies de altura, así como a obedecer a su guardián cuando éste le ordenaba cómo “actuar en el escenario”. Por un pago extra, se le permitía a los espectadores que tocaran sus exuberantes glúteos, producto de la esteatopigia, que es la excesiva acumulación de grasa en esa área, característica común en algunas tríbus de África.

Ya en el tiempo que los parisinos perdieron interés en el show de Sara, fue forzada a prostituirse. Ella no pudo resistir el frío clima, la cultura europea, ni el abuso de su cuerpo. Sola, enferma y alcohólica, falleció el 29 de diciembre de 1815 a la corta edad de 25 años. Cinco años después de haber salido de su natal África. A menos de 24 horas de su deceso la comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, luego de que Cuvier realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier. Su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el Museo del Hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante mucho tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer la característica llamada sinus pudoris, que es una elongación de los labios menores de la vagina, propia de las mujeres Joi-Joi.
 
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