La barca de Caronte

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Como a Vila Matas, puede que ser prolífico (o puntual con la espera de su núcleo de incondicionales) le resulte a Paul Auster perjudicial en la apreciación de su obra. Será otra forma de esnobismo colectivo inconsciente, la de pensar que a mucha producción uno ha de recelar pues es imposible mantener cierto nivel por mucho tiempo y bla bla bla, esa vieja y funesta preconcepción de que el autor perfecto ha de tener una obra perfecta y todo lo demás han de ser aproximaciones que merodean pero no alcanzan la perfección.

Bueno: pues Mr. Vértigo puede ser otro de esos casos, pero desde luego no es de los que bajan el promedio, más bien todo lo contrario. Hablamos de una bildungsroman que se inicia con Walt a los nueve años y acaba con un "así"que podría tomarse de muchas maneras, pero que si Auster fuera un mito viviente como lo fue García Márquez, pudiera equipararse al "mierda" de ya sabéis qué novela.

Y en medio nos encontramos más de 200 páginas de stream of consciousness, de narración en estricta primera persona de las andanzas de Walt, concentrada especialmente en sus cinco primeros años, de los 9 a los 14, en los que es tomado a cargo por el Maestro Yehudi, poliédrico personaje con su parte de gurú, su parte de referente paterno, su parte de cruel introductor al mundo adulto, que se encargará de adiestrarlo para la finalidad que ha percibido en él: la levitación, el vuelo, el espectáculo.

Estamos en los años 20 en Estados Unidos, una sociedad que hoy nos parece extraña y extrema, la Gran Depresión aparece en el horizonte, el Ku Klux Klan campa a sus anchas y actúa con impunidad (uno de los flecos incómodos que deja la trama), todavía es posible que personajes errantes atraviesen el país ofreciendo espectáculos a las masas de los estados del interior, a los ciudadanos impresionables del cinturón del maíz, y también es posible que ese niño abandone a su familia adoptiva (sus padres han fallecido y convive con unos tíos entre miseria y malos tratos) sin que nadie se preocupe lo más mínimo.

Walt, todavía un niño, establece un acuerdo con el Maestro: si a los trece años este no le ha enseñado a levitar y a volar, Walt podrá seccionarle la cabeza.

Aquí irrumpe uno de los protagonistas del libro: la crueldad. Crueles son muchos de los treinta y tres pasos que el Maestro Yehudi establecerá para lograr sus fines, y cruel es que Walt deba aceptar ese plan de vida como única alternativa a una vida de incerteza y privaciones.

No pocas analogías podemos sacar de este planteamiento que roza lo fantástico o lo mágico. Walt convivirá con un adolescente negro, Aesop, brillante estudiante de prometedor futuro, y Madre Sioux, anciana india que se ocupa de la casa.

Vencerá su racismo inconsciente, apreciará a las personas que cuidan de él y se sacrificará por ellas si es necesario.

Mr. Vértigo recuerda en algunas partes a algunos personajes de la Trilogía de Deptford, difícil establecer una influencia, en todo caso hablamos de obras muy estimables por separado.

Auster me ha sorprendido fuera de los registros oscuros, urbanos y claustrofóbicos en que, por ejemplo, lo había hallado en otra trilogía, la de NY, y he de reconocer que, sin verla mencionada, a diferencia de Leviatán o El palacio de la Luna, entre sus obras más destacadas, el nivel en Mr. Vértigo, tanto de escritura como de penetración psicológica en los personajes (pongamos una cierta pega, vamos, en la maldad sin matices de figuras como el tío Slim) es magnífico, cercano a la genialidad que, a estas alturas, ya no esperaba descubrir de este autor.

Un más que convincente reencuentro.
 

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Policías y ladrones en el audiovisual del franquismo: entre la afirmación del sistema y la pincelada crítica

El libro 'La edad de oro del cine policíaco español (1950-1963)' explora imágenes condicionadas por la censura, que hacían propaganda del régimen pero también creaban fisuras en su autorretrato


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Un fotograma de "Brigada Criminal"

Ignasi Franch
18 de agosto de 2020 21:54h

¿Qué podemos rescatar y qué conclusiones podemos extraer del muy abundante crisol de películas diversas sobre policías, ladrones y detectives rodadas en el periodo central del franquismo? La edad de oro del cine policíaco español 1950-1963 (Calamar Ediciones), un volumen colectivo coordinado por los ensayistas Antonio José Navarro (El imperio del miedo: el cine de horror americano post 11-S) y Juan A. Pedrero Santos (Filmando la crisis), supone un acercamiento exhaustivo y también abierto a estos filmes.


A los artículos de ambos escritores, extensos y desbordantes de referencias, se les suman las aportaciones de habituales de la crítica y el análisis cinematográfico como Tonio L. Alarcón, Elisa McCausland, Diego Salgado, Jose Luis Salvador Estébanez y el académico Francesc Sánchez Barba (autor del libro Brumas del franquismo, el auge del cine negro español). Todos ellos abordan diversos temas, desde las bicapitalidad Madrid-Barcelona del género a las relaciones establecidas entre este audiovisual, la literatura, el teatro o los seriales. Según Navarro, “todos teníamos claro que teníamos que deshacernos de los clichés y prejuicios, y todos han hecho un trabajo extraordinario, pero quizá quienes aportan una mirada más nueva son McCausland y Salgado cuando hablan del tratamiento de las mujeres en estas películas”.

En el capítulo firmado por el mismo Navarro, este se cuestiona si los filmes que estudia son conductores de ideología hegemónica o un mecanismo transgresor. El debate no solo causa reacciones contrapuestas entre los organismos censores, la crítica o el público: también genera división en algunos de los mismos creadores. Algunos de ellos recuerdan esa etapa con bastante pesimismo. Navarro reproduce unas declaraciones del realizador Miguel Iglesias, autor de El cerco o El fugitivo de Amberes: “No podía emplear el género para hacer una crítica de la sociedad. Me hubiese apetecido hacerlo, pero en aquellos momentos todos sentíamos la pesada losa del franquismo”. Leon Klimovsky, director de Todos eran culpables, también declaró que “hacemos un cine rosado para niños tontos, que parece ser la tónica que aplauden nuestras autoridades”.

'El cerco', una de las obras del realizador Miguel Iglesias
Navarro opina que, considerado globalmente, el cine policíaco español de los años cincuenta y los primeros años sesenta tiende más a la proyección de los discursos que interesaban al régimen, dado el marcaje que suponía la censura. Aún así, el ensayista afirma que ese género “molestaba intrínsecamente porque suponía aceptar que los traficantes y los mafiosos existían, porque rompía con la idea oficial de que en España nunca pasaba nada”.

El autor reivindica la vigencia de estas películas que “nos enseña mucho sobre quiénes éramos y también sobre quienes somos, dado que seguimos oyendo a nostálgicos que dicen que entonces se vivía mejor, cuando solo unos pocos lo hacían”. Y destaca que “aunque fuesen producciones controladas por los organismos oficiales, en algunos casos incorporaban elementos de transgresión y subversión que muchos espectadores agradecían muchísimo”. Aún así, en el laberinto de decisiones creativas, lógica censora e intereses políticos, la crudeza no necesariamente era (solo) transgresora: según el realizador de 091, policía al habla el mismísimo Arias Navarro defendió el mantenimiento de elgunas situaciones duras para evitar la inverosimilitud, el paraíso manufacturado en que a menudo se convertía el audiovisual nacional-católico.

Se pueden lanzar ejemplos y contraejemplos que posicionar en los mil espacios intermedios entre los extremos de la propaganda desaforada y la subversión más o menos posibilista. Navarro menciona dos títulos que le parecen especialmente reafirmadores del orden y los valores nacional-católicos: “Los agentes del quinto grupo, que me parece muy reaccionaria, o 091, policía al habla, que loa la entrega y la dedicación de los agentes cuando todos sabemos como se las gastaban. Aún así, entre los autores del libro tenemos algunas discrepancias sobre esta última”.

En cuanto a las películas que intentan incorporar una cierta crítica social dentro de los estrechos márgenes intrínsecos al totalitarismo, el ensayista destaca “Hay un camino a la derecha, de un cineasta tan interesante como Francisco Rovira Beleta, que incluye insinuaciones de maneras precarísimas de subsistir, como el contrabando o la prostit*ción, o Las manos sucias”. Para celebrar la publicación del volumen, rescatamos cinco películas de la época que resultan representativas de algunas de sus temáticas y tendencias, de sus inercias y fricciones.

Brigada criminal: hazte policía
Una intriga oficialista sobre un agente joven y arrojado
Ignacio Iquino, futuro magnate del destape cinematográfico, firmó esta narración sobre un joven agente que transciende un trabajo de infiltración aparentemente poco sustancial y se acerca a una banda de atracadores y asesinos. El habitual discurso de agradecimiento hacia los cuerpos de seguridad y represión, la escenificación de su papel crucial en el mantenimiento del orden nacional-católico, tiene un matiz añadido: el carácter ejemplar y atractivo del protagonista nos remite a ficciones orientadas al alistamiento, como si se tratase de un Top gun franquista donde lo militar es sustituido por lo policial.

La voz de narrador oficialista, los rótulos que rinden pleitesía a las autoridades, pueden recordarnos a las emanaciones más desatadamente propagandísticas, más marcadas por el macarthismo, del Hollywood censurado de la época. De manera previsible, abundan las casi inevitables escenas de eficacia institucional: en un sistema totalitario y refractario a la autocrítica, el cuestionamiento de cualquiera de sus patas puede socavar toda la estructura.

Otro de los filmes inaugurales del periodo, Apartado de correos 1001, resultaba más llevadero por rebajar el tono publicitario y por inocular componentes de pulp castizo (en forma de elementos de misterio clásico recorridos de picaresca, como una estafa alrededor de la consecución de trabajos que evidenciaba el triste panorama laboral del país) en su trama de delincuencia profesional organizada.

091, policía al habla: la ciudad no es para mí
Los policías como garantes del buen funcionamiento del peligroso tejido urbano
Era previsible que un sistema que anhelaba un control social máximo recelase del espacio urbano como realidad tendente a la diversidad, a un cierto descontrol. Esa fobia escenificaba involuntariamente el callejón sin salida de la autarquía nacional-católica y sus élites económicas: la metrópolis era un espacio cosmopolita a evitar, repleto de pobreza y de influencias pervertidoras de la moral, pero el caciquil mundo rural estaba recorrido por la explotación y el exilio económico forzoso. No es de extrañar que se concibiesen durante el franquismo películas policíacas que, dentro de los límites de representación marcados por una censura más deseosa de relatos enaltecedores del presente, rozasen lo paranoico en su retrato de la ciudad.

En 091, policía al habla, los agentes protagonistas evitan con su labor cotidiana que Madrid se convierta en una jungla del asfalto. Se enfrentan a diversas misiones, desde perseguir un intento de violación hasta entregar una bombona de oxígeno a un niño enfermo. La naturaleza itinerante y moderadamente coral de la narración tiene un potencial lastrado por el peaje del constante retorno al orden... y por unas infiltraciones cómicas algo desconcertantes.

El resultado parecía destinado a tranquilizar al ciudadano… o a inquietarle moderadamente, al presentarle diversas amenazas de la urbe y de la juventud que la puebla, siempre abortadas por las fuerzas del orden (totalitario). El carácter de los polícias (el héroe imperfecto se muestra más bien torturado y abatido, y su compañero comete algunas frivolidades) enrarecía lo ejemplarizante de la obra.

Distrito quinto: cuando los grillos se convierten en langostas



Julio Coll no disimuló en absoluto el origen teatral de este apreciable filme, basado en una obra del escritor catalán J. M. Espinàs. Se acercó al noir y dotó de un protagonismo nulo a la policía. Su narración está construida a golpe de flashbacks y se ubica en un espacio casi clustrofóbico: apenas se sale del espacio único de un piso muy compartido. Se relata la tensa espera de un grupo de atracadores que se han separado del compañero que portaba el botín. Todos ellos, delincuentes profesionales o recién llegados, habían pergeñado un plan en la academia de baile y pensión improvisada que regenta uno de ellos.

Como recalcaba un personaje de Juventud a la intemperie, las viviendas precarias tienen efectos en los estados de ánimo y las decisiones de las personas. En Distrito quinto se nos muestra a unos frustrados grillos que, sin espacio vital y sometidos a roces constantes, se han convertido en langostas. El centro dramático recae en los miedos de un protagonista ausente y en las desilusiones de unos cómplices que anhelan demasiado, más de lo que el sistema puede o quiere ofrecer a personas como ellos.

No es de extrañar que el resultado despertase muchas dudas en las autoridades por su atmósfera asfixiante y sudorosa. O por las malsanas relaciones establecidas entre los personajes, algunos de los cuales se alejan del arquetipo de villanísimo para encarnar flaquezas muy humanas y peligrosamente comprensibles.

El expreso de Andalucía: la miseria produce monstruos


Uno de los grandes realizadores del cine negro español, Francisco Rovira Beleta, firmó esta obra inspirada en el robo de un tren perpetrado en 1924. Dos hombres y un joven se alían inesperadamente cuando ven la oportunidad de apropiarse de unas joyas robadas. "Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón", parece pensar el joven hijo de un funcionario de correos, que aprovecha sus contactos para facilitar un atraco donde se termina vertiendo sangre. Un antiguo jugador de pelota vasca, frustrado por la caída social derivada de su retiro prematuro por lesión, se muestra dispuesto a todo para conseguir el dinero que le proporcionaría un cambio de vida… y el amor de una mujer fatal tamizada de sexismo nacional-católico, más bien dócil y movida por el amor al hombre.

El expreso de Andalucía es otro filme donde lo noir domina a lo policial, donde los delincuentes tienen mucho más protagonismo que sus perseguidores. Puede considerarse una de las propuestas creativamente más sólidas de todo el ciclo, aunque no se trate de la cinta con más potencial corrosivo de su realizador. Rovira Beleta parte de paisajes urbanos de pobreza y subsistencia. Nos recuerda la existencia de bolsas de pobreza que empujan a la desesperación y, quizá, a la delincuencia.

Los ecos posibles del neorrealismo italiano de posguerra, o del realismo poético francés de preguerra sobre perdedores en lucha, se combinan con alguna bella solución visual, como un asesinato castamente ocultado precisamente por un ferrocarril. Con todo, el camino desatadamente homicida del personaje principal imposibilita una posible (y transgresora) identificación con el ladrón y, por extensión, dificulta sentir una mayor empatía por las circunstancias de los excluidos por el régimen.

Juventud a la intemperie: envilecidos por la modernidad extranjera

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Un joven que prácticamente prostituye a su hermana destaca entre un nutrido grupo de jóvenes terribles
El fenómeno estaba extendido internacionalmente, pero el cine de la desconfianza e incluso el miedo hacia los jóvenes tuvo un notable peso en el audiovisual franquista, con exponentes como El juego de la verdad o Almas en peligro. En Juventud a la intemperie, una obra de Ignacio Iquino que se abre con una cita de José Antonio Primo de Rivera, los conciertos de lo que los personajes denominan música moderna son puertas abiertas al infierno de la delincuencia organizada en forma de timbas ilegales y s*x* por dinero. La satanización de la música trasciende lo argumental: cuando un personaje agrede a su novia, un golpe de jazz orquestal simultáneo a la bofetada subraya la identificación entre estos sonidos y la violencia.

En el filme, una chica enamorada está dispuesta a confesar a su amado que participa en un círculo criminal que le ha estado estafando. Un miembro de la banda la apuñala, pero el primer sospechoso es el celoso hijo de un comisario. Como Apartado de correos 1001 y tantos otros títulos, la obra podía resultar incómoda para el establishment porque asumía la existencia de realidades delictivas.

Antes del consabido final tranquilizador, los paisajes humanos son inusualmente tremendistas: domina un machismo muy agresivo, de proxenetas y asesinos, y también aparece una mujer fatal despiadada en la persecución de su amor romántico (con posibilidad de arribismo social incorporada). En esta ocasión, ni siquiera se jugaba la baza absurdamente nacionalista de utilizar a antagonistas claramente extranjeros, aunque se recalque la perniciosidad de las influencias foráneas de una manera tan pueril que puede resultar taimadamente autoparódica: “Cuando me lleves tabaco, yo fumo americano”, dice el asesino a su pareja cuando le detienen.

 
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Baby Blues - Pascal Basset-Chercot - Laia (Alfa 7) - 1989 - 180 págs.

En medio del calor de un verano agobiante, el cadáver de un recién nacido aparece durante las excavaciones para la construcción de una cava.

La pequeña ciudad imaginaria Saint Paray en Francia es la sede del hallazgo. El inspector Jacques Devaure conduce la investigación arrastrando su pierna coja gracias a la ráfaga de metralleta recibida hace algunos años.

Es un policía minucioso y probado.

Desde los primeros instantes asoman en el panorama de la trama personajes extraños: una joven de nervios demasiado frágiles ocupante del chalet donde se construía la cava, su marido siempre ausente, una enfermera ninfómana.

El desenlace de la intriga pone en carne viva las tensiones y conflictos ocultos de una ciudad.

Baby Blues ganó el premio 'Patricia Highsmith' en lengua francesa, otorgado por un jurado presidido por la célebre novelista que lleva su nombre.
 
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Saluda al asesino / Jay Bennet / Júcar (Etiqueta Negra) / 1987

"La novela ganadora del Edgar 1974 (el premio al mejor libro otorgado por los escritores de Misterio de los Estados Unidos)"

"Una historia sólida con caracteres increibles y una trama bien argumentada. No sólo entretenimiento, también una lección de moral" Publishers Weekly.

"Era una tarde lluviosa cuando Matt vio al hombre por primera vez. Aún en la sombra del teatro de Brooklyn, Matt podía ver el brillo que el miedo producía en los ojos del hombre. Minutos más tarde estaba muerto"
 

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El Secreto de Christine

Autor:
Benjamín Black
Editorial: Alfaguara
Fecha de edición: 2007

ISBN/ASIN: 9788420471907

Sinopsis:

Entre tabernas, humo, whisky, poderosas congregaciones religiosas y dudosas obras de caridad, el Dublín de los años 50 esconde terribles secretos.

Por los pasillos de los orfanatos y tras los pasos de silenciosas monjas de centros que acogen a mujeres embarazadas de las clases más desfavorecidas de la ciudad, crece una tenebrosa red de tráfico de niños.

Solo un patólogo, perdido entre sus propios sentimientos de culpa, será capaz de enfrentarse a los oscuros planes que está maquinando algunos miembros de las más poderosas familias junto a las más altas esferas de la iglesia católica.

Todo va ser cuestión de fe.
 
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En el taller del poeta

¿Qué es la poesía?
A esta compleja pregunta responde Mariano Peyrou en este libro mezcla de ensayo y de manual y cuya lectura será provechosa tanto para estudiantes como para eruditos.

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El poeta, músico y antropólogo argentino afincado en España Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971). / M. G.


GONZALO GRAGERA
06 Septiembre, 2020 - 06:00h

Un ensayo que nos descubre los recursos del poema, las posibles definiciones de lo poético y las ideas que sobre la poesía otros poetas y críticos han escrito (Schlegel, Wilde, Johnson). En Tensión y sentido. Una introducción a la poesía contemporánea, Mariano Peyrou camina a hombros de gigantes para ofrecernos lúcidas reflexiones e inteligentes respuestas sobre ese enigma de siglos que es la poesía, su escritura.

Comienza este ensayo con un discurrir en torno al concepto de poesía. ¿Qué es la poesía?, se pregunta Mariano Peyrou. Con erudición y dominio verbal a la hora de expresar ideas nada simples, el autor de este ensayo propone un itinerario de tesis, corrientes estéticas y autores con los que acercarse a esa noción de poesía. Por ejemplo, John Keats, cuenta Peyrou, "nos hablaba de la capacidad negativa: la capacidad de asumir las incertidumbres, los misterios y las dudas, sin irritarse ni tener que recurrir a los hechos y a la razón"; Wordsworth considera la poesía una "emoción recordada desde la tranquilidad"; Heidegger, por su parte, afirma que es "la fundación del ser por la palabra".

Tomando estas citas como referencia, se trazan diversos ejes que convergen y divergen entre sí. Generando un mapa de definiciones con el que Peyrou delimita los contornos del género, procurando hallar unos horizontes hacia los que partir. Se agradece la variedad de estéticas y de ideas que se plantean sobre estas páginas, sin incurrir en ese error de creer que poesía es aquello que como creador me identifica. En un intento sesgado, y a veces tan habitual, de entender el poema.

Pero Tensión y sentido no es un catálogo de tesis acertadas y de interés. Es más. Peyrou también nos propone sus ideas sobre la poesía. Lo que contribuye a despertar el interés del lector, que no sólo conoce lo que otros ya dijeron, sino que descubre el oficio de un poeta que recibe atención de los lectores y de la crítica (Posibilidades en la sombra, El año del cangrejo, publicados en la editorial Pre-textos). Entre divagaciones y teorías, el autor relata uno de los propósitos de este libro; e intuimos que también de su propia obra: "No me parece que haya que tratar de acercar la poesía al público haciéndola más simple y degustable, sino acercar el público a la poesía, con toda su complejidad".

La tensión y el sentido: las dos categorías que construyen el poema. Según el autor de este ensayo, consustanciales e inherentes al lenguaje poético. Considera Peyrou que la tensión siempre cohabita con otros elementos formales del poema, siendo así una especie de propiedad y principio de la poesía. Para él, la tensión estará presente en todo momento, pues es inevitable esa fuerza del lenguaje poético, enigmático e "incomprensible", que tantas veces nos encontramos entre los buenos poemas. El poema es, o puede ser, aquello que a primera vista no sabemos nombrar, pero que convive con nosotros. Esa característica de la poesía, de nombrar aquello desconocido y a su vez reconocible, es, para Peyrou, un constante ejemplo de tensión.

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Sobre el sentido reflexiona en el segundo capítulo del libro, con esa combinación suya –que tanto se agradece– de exquisita erudición y trabajado didactismo. A través de poemas, en traducción propia, de Mark Strand, de Wallace Stevens o de Shakespeare, el autor consigue hilvanar un discurso sobre ese sentido del poema. Es decir, sobre las posibilidades de un texto. A propósito de este recorrido por autores diversos, Peyrou redacta una resumida y parcial forma de entender los numerosos sentidos de un poema: "A) Nombrar algo ya nombrado empleando términos convencionales. B) Nombrar algo ya nombrado con una voz nueva. C) Nombrar algo preexistente pero aún no nombrado. D) Nombrar algo que no existía antes de ser nombrado". Para cerrar el capítulo, una frase del autor sobre la que conviene reflexionar, tanto para poetas actuales como para lectores de la poesía que hoy se publica: "En vez de pensar en un significado, habría que pensar en un campo de sentido".

Junto con el sentido, se dedica otro capítulo a la imagen y al símbolo. Los otros pilares esenciales en la elaboración de la poesía. Aunque ya se haya indicado y escrito mucho sobre ello, son oportunas las definiciones que leemos sobre la imagen y sobre el símbolo, este último tan relevante en el origen y desarrollo de la poesía moderna.

Pero entre todos los temas que se tratan en Tensión y sentido, acaso destacan tres: la ironía, lo prosaico y el capítulo denominado La debilidad temática. Destacan por el enfoque, sobre todo respecto de la ironía y del concepto de la prosaico (en ocasiones tan mal interpretados entre poetas). Hay mucho debate –de mayor o menor interés– sobre los límites entre lo prosaico y la poesía, y también sobre el pertinente uso de la ironía. Peyrou, en unas cuidadas y elegantes aportaciones finales, casi a modo de aforismos, indica: "La tensión entre lo prosaico y lo poético genera sentido y abre el sentido de un texto. Nos plantea preguntas. A veces genera una fuerte sensación de irrealidad. No se conforma al mundo como esperamos, no nos ofrece una imagen familiar del mundo, con sus límites precisos. Lo irónico, por su parte, es una apertura al sentido".

En La debilidad temática, Peyrou cierra el volumen con una exposición de ideas sobre música, pintura y poesía, atendiendo a sus significados y sus relaciones. Un capítulo que se distancia un poco de lo hasta entonces ofrecido, pero que sugiere una serie de consideraciones propias, de pertinentes consideraciones propias, que casi forman un ensayo dentro del mismo ensayo.

Mariano Peyrou ha publicado un libro que puede ser manual para poetas principiantes y ensayo de altura e interés para los ya iniciados en la poesía. Un libro cuyo registro se dirige hacia el estudiante y hacia el erudito, midiendo cada una de sus partes y de sus intenciones. Con algo de introducción y algo de especialización. Siempre con lucidez, inteligencia y respuestas.

 

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Señoras que dan miedo: la literatura de terror escrita por mujeres triunfa en tiempos convulsos
Mariana Enríquez, Shirley Jackson o Sarah Moss son algunos de los nombres propios que están marcando un buen año para la literatura de género, a pesar de las circunstancias pandémicas

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De arriba abajo: Mariana Enríquez, Shirley Jackson, Sarah Moss y Mary Shelley

Carmen López
6 de septiembre de 2020 22:03h

No es tan fácil despertar el sentimiento de terror en los lectores. Hacer que miren de reojo para comprobar que no hay una presencia extraña alrededor, que tengan pesadillas con la historia, que necesiten cerrar el libro para darse un respiro. O que quieran meterlo en el congelador como hacía Joey con El resplandor en la serie Friends. Parece exagerado, pero Mariana Enríquez lo consigue en su novela Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019). Y se ha corrido la voz.


Las listas de libros más vendidos dan una idea de lo que se está moviendo en las librerías, pero quizás no tanto de lo que se está leyendo en realidad (existen las bibliotecas, las librerías de viejo, los mercados de domingo, el préstamo entre conocidos) y este verano, Enríquez ha tenido muchos, muchos lectores. Con un vistazo rápido a las redes sociales se comprueba un boom al que también ha contribuído el clásico boca-oreja.

Es curioso, porque no se trata de una novedad. La escritora ganó el Premio Herralde 2019, que se falla en el mes de noviembre y en diciembre ya había aparecido en la sección de cultura de casi todos los medios. Que aún se hable del libro casi un año después de su lanzamiento es casi un milagro. Hoy en día se publican tantos títulos nuevos en tan poco espacio de tiempo que su ‘vida’ es corta: enseguida quedan sepultados por otros recién llegados a los que les pasará lo mismo.

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Todos los libros que ha publicado Mariana Enríquez en Anagrama

La historia de Nuestra parte de la noche, que ocupa casi 700 páginas, empieza con el viaje en carretera de un padre y su hijo. La normalidad dura apenas dos parpadeos porque la cosa no tarda en ponerse rara y comienza el desasosiego. No sería justo desvelar mucho más para quienes no la hayan leído aún, así que aquí van solo unos ingredientes: ritos, presencias inexplicables, oscuridad, diferencia de clases, una dictadura brutal y relaciones familiares espinosas.

El éxito de la novela ha hecho que el público rescate obras anteriores de la autora como los libros de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016) o Los peligros de fumar en la cama (Anagrama, 2017). Sorprende que el género de terror resulte atractivo en medio de una pandemia mundial ya bastante terrorífica de por sí, pero parece que entretenerse con otros miedos ha sido un buen bálsamo para muchas personas.

Este verano se ha publicado otro libro que pone la carne de gallina: Muro fantasma, de Sarah Moss. La novela cuenta la historia de Silvie, una adolescente que participa junto a su familia en una simulación de cómo vivían los británicos en la Edad de Hierro. Acompañan a un profesor de arqueología y a sus tres alumnos, pero la experiencia cada vez tiene menos de teatro y más de realidad por culpa del fanático de su padre, que termina por poner en marcha junto al profesor un ritual en el que se sacrifica a una mujer de la tribu.

Si bien no tiene tantos elementos propios del terror gótico (fantasmas, esoterismo, ocultismo), sí comparte con la novela de Enríquez el simbolismo de los rituales, el ofrecimiento de un ser a otro poder superior e incluso una manera de morir: el engullimiento de la tierra, la misma tortura natural que sufrió la niña colombiana Omaira. Observada por un público masivo atraído por el morbo de la muerte y el miedo.

Las aterradoras de siempre siguen ahí
Este 2020 tendría que haber sido de Shirley Jackson, la reina de la literatura de terror. Se cumple el 55 aniversario de su muerte y además llegaba a la gran pantalla la película Shirley. Protagonizada por la omnipresente Elizabeth Moss y producida por Martin Scorsese, estaba destinada a ser uno de los grandes estrenos del verano pero el coronavirus trastocó los planes y finalmente vio la luz en la plataforma Hulu. Un debut más mustio de lo que se tenía previsto y que hizo que el filme pasase bastante desapercibido.

No se trata de un biopic en sí mismo, sino de una adaptación de la novela homónima de Susan Scarf Merrell (2014), que tiene a Jackson como protagonista, junto a su marido y a una pareja joven que va a vivir a su casa durante una temporada. La directora es Josephine Decker y la encargada de convertir el texto en un guión Sarah Gubbins.



Un proyecto comandado por mujeres y que hace especial hincapié en la relación de la escritora y la chica, que se acabará convirtiendo en uno de sus libros. La vida de las amas de casa de mitad del siglo XX, las relaciones de pareja y la vida social de una pequeña ciudad de Estados Unidos son temas propios de la literatura de Jackson y claves de la película.

Aunque el filme omite algunos aspectos de su vida, como la maternidad (tuvo cuatro hijos) sí permite imaginarse cómo fue la existencia de la escritora, que murió a los 48 años. Incómoda con su cuerpo y un marido infiel que no escondía sus escarceos, fumaba sin parar, tenía interés por el ocultismo pero ninguno en las tareas del hogar y sufría de agorafobia. Su salud mental era bastante precaria y su manera de trabajar obsesiva y dolorosa.

Jackson no disfrutó de la fama sino que más bien la padeció. Cuando en 1948 publicó su relato La lotería en la revista New Yorker, muchos suscriptores se dieron de baja escandalizados (y posiblemente aterrorizados). Pero pese al rechazo escribió varias novelas, numerosos relatos y ensayos que la convirtieron en un referente. Algunos de sus títulos se han adaptado al cine, al teatro o a la televisión: en 2018 Netflix convirtió su novela La maldición de Hill House en una serie de diez capítulos.

Su obra la ha ido rescatando de un tiempo a esta parte Editorial Minúscula. Hasta hoy han publicado Siempre hemos vivido en un castillo, Cuentos escogidos y Deja que te cuente: cuentos inéditos, ensayos y otros escritos, traducidos los tres por Paula Kuffer, así como La maldición de Hil House traducida por Carles Andreu.

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Tres de los libros de Shirley Jackson publicados por Editorial Minúscula

Otra clásica que tiene su hueco en la actualidad es la autora de uno de los grandes títulos del terror: Frankenstein o el eterno prometeo. La editorial Akal ha recuperado la novela El último hombre de Mary Shelley: una distopía en la que imagina cómo será la sociedad del siglo XXI después de haber sido arrasada por una plaga. El libro se publicó originalmente en 1826, así que a la habilidad de Shelley para causar miedo también se le podrían añadir ciertas dotes de videncia.

La presencia del terror firmado por mujeres en las listas de novedades seguirá en otoño. La editorial Impedimenta tiene previsto lanzar en noviembre el libro Reinas, una compilación de relatos de miedo de autoras de principios del siglo XX como Marie Corelli, Lady Eleanor Smith, Leonora Carrington o Edith Nesbit. Una dosis más de inquietud para unos tiempos inciertos en los que el miedo no solo está en las páginas. Quizás sea el año para que Joyce Carol Oates, otra genio del terror, se lleve el Nobel de Literatura de una vez.

 
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Carlos del Amor, Premio Espasa con «Emocionarte. La doble vida de los cuadros»

El jurado ha considerado que la obra del presentador de TVE es un ensayo «original y novedoso» que provoca «reflexión y diálogo»

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EP

Actualizado: 11/09/2020 10:34h

 
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La Virgen de los sicarios es una novela extremadamente dura que nos relata sin piedad ni concesiones la violencia existente en las calles de la ciudad de Medellín, en Colombia.

Fernando Vallejo nos describe un paisaje urbano verdaderamente desgarrador donde jóvenes adolescentes, en ocasiones niños, se pasean con un arma en el cinto dispuestos a disparar sin ningún tipo de escrúpulo contra cualquier persona que se les cruce en el camino por el simple motivo de haber estado en el momento más inoportuno en el lugar inadecuado.

Estos adolescentes -niños de entre 12 y 17 años- son auténticos ángeles exterminadores que ofrecen sus servicios a cualquier desaprensivo que esté dispuesto a pagar por ello. Y la ciudad, o todo el país, a juzgar por los comentarios del narrador, se han convertido en un lugar inhabitable donde la vida carece de valor, donde para sobrevivir a la miseria social y a la corrupción política los jóvenes se desempeñan como matarifes, traficantes, o asesinos a sueldo.

La religión juega un papel de contrapunto en toda esta historia, primero por la visión escéptica por parte de su narrador, que la desprecia, y además, porque los jóvenes sicarios se acercan a la iglesia a rezar antes de realizar uno de sus encargos, para que de este modo la Virgen a la que se encomiendan les proteja y los mantenga con vida hasta que hayan concluido sus trabajos.

Con ese punto de partida, la historia de esta novela se encuentra narrada en primera persona por Fernando, un hombre adulto, ya envejecido, que regresa a la ciudad que dejó treinta años atrás cansado de la vida y con el único deseo de morir: “La vida es muy corta y cuando menos lo pensamos este negocio se acabó. Estoy viviendo horas extras, vine a morir aquí”. A su vuelta rememora a uno de estos jóvenes sicarios, un joven de dieciséis años llamado Alexis, que trabajó para él y a quien también convirtió en su amante.

La primera sorpresa del libro es la forma sincera en que Alexis se entrega a su protector, no sólo en el plano sexual, sino que llega a convertirse en su amigo, en su guardaespaldas y protector incondicional. Fernando se sorprende a veces de las reacciones impulsivas de su joven protegido, cuando un simple comentario negativo hacia una persona con la que se han cruzado por la calle es suficiente para que Alexis reaccione sacando su pistola y disparando sobre la persona señalada sin planteárselo siquiera y sin preguntar por la necesidad de su acción.

Esta serie de crímenes en plena calle, a plena luz del día, rodeados de testigos, no perturba en absoluto al joven Alexis y, la sensación que nos produce es que la muerte violenta, el asesinato, se han convertido en un elemento cotidiano que ya a nadie importa ni afecta lo suficiente.

Se ha perdido el asombro por la violencia, se ha perdido la capacidad de sentir dolor, compasión o empatía por las víctimas. Cuando un vecino presencia uno de esos crímenes continúa su camino ignorando haberlo visto por temor a ser él el siguiente en caer muerto de un balazo en la frente o de un machetazo en el cuello. A lo sumo, el crimen callejero, si es capaz de generar algo es pura curiosidad, como si se tratase de un entretenimiento o un espectáculo morboso. En uno de los momentos de la novela, un grupo de chiquillos gritan alrededor de un muerto: “¡Corran, vengan a ver al muñeco!”

El joven Alexis es también asesinado en un momento dado de la novela y Fernando, sin su compañía, se queda con una sensación profunda de desamparo y abatimiento. Sin embargo, al poco tiempo conoce a otro muchacho, Wilmar, que también le ofrece sus servicios. Con Wilmar la esperanza de reencontrar la ternura del amor renace en Fernando. Pero Wilmar es un sicario igual de implacable que lo era Alexis y Fernando se queda en estado de shock cuando descubre que Wilmar fue el asesino de su querido Alexis. La venganza planea entonces por la mente de Fernando, pero finalmente se da cuenta de que dejarse llevar por el la ira y el rencor para cobrarse su venganza es completamente inútil. Cuando le pregunta abiertamente a Wilmar por qué mató a Alexis, éste no muestra sorpresa, sino que asume que Fernando ya conocía su autoría y simplemente le responde: “Porque él mató a mi hermano”.

Todo ello nos conduce, por parte del autor, a una visión desoladora y trágica de la vida, sin posibilidad de redención, en donde la religión no puede solucionar nada, la ética no existe, la vida no tiene un porqué, y la muerte tampoco. El protagonista lo explica de este modo tan rotundo: “Y qué más da que nos muramos de viejos en la cama o antes de los veinte años acuchillados o tiroteados en la calle. ¿No es igual? ¿No sigue al último instante de la vida el mismo derrumbadero de la muerte?”

La Virgen de los sicarios. Fernando Vallejo. Alfaguara.
 
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Mario Benedetti

100 años de Mario Benedetti: los 13 poemas imprescindibles del poeta del amor y la rebeldía

Poemas de la patria, de la ausencia, del exilio, de la casa inhabitable, del amor: un homenaje al poeta que fue llamado "menor" por "cursi" y "mainstream"... pero resultó que sólo era humilde.

14 septiembre, 2020 01:55
Lorena G. Maldonado

Benedetti nació hace cien años siendo un niño pobre y un lector voraz, un lector loco, ansioso, inteligente, un lector enano que chirriaba a sus propios padres, que llegaron a prohibirle leer más de veinte páginas al día. Él se escondía de los mayores para seguir clavándole el diente a Julio Verne y a Emilio Salgari. A los catorce tuvo que dejar la escuela y volverse autodidacta los problemas económicos familiares, y se hizo currante todoterreno mientras no paraba de observar el mundo para escribirlo a máquina: trabajó en una empresa de repuestos para coches, fue taquígrafo, recadero, crítico teatral y vendedor de casas.

Tardó bastante en que confiasen en él: tanto fue así que sus siete primeros libros fueron autopublicados, hasta que llegó Montevideanos, el primero lanzado por una editorial. Al final fueron más de ochenta obras las que escribió, algunas traducidas a más de veinte idiomas. Se integró en la generación del 45, codeándose con nombres tan potentes como el de Idea Vilariño u Onetti. Las instituciones le amaron poco y le premiaron menos. Los lectores, mucho, mucho, mucho, y hasta hoy.

Colaboró en revistas y publicaciones literarias. Fue periodista. Escribió teatro, cuentos, novelas, ensayos. Fue activista de izquierdas y defensor de los derechos humanos en su país, Uruguay, hasta que tuvo que exiliarse en el 73, por el golpe de Estado, y dejar su puesto en la universidad para pirarse a Buenos Aires. Y a Perú. Y a Cuba. Y a España. Diez largos y anchos años en los que vivió separado de su esposa, que tuvo que quedarse en su país natal para cuidar de los padres ancianos de ambos.

A su regreso, peleó contra la amnistía de los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Y por esclarecer el paradero de los detenidos desaparecidos durante el mismo oscuro periodo. Habló con y por el pueblo, fue un humanista incomparable, un poeta confundido por la patria, como una flor desubicada cuando le arrancan las raíces.

Su obra ha sido llamada menor por cursi y por mainstream: y que es cursi es cierto, o romántica, o tierna, bien, y que ha triunfado en el mundo entero es cierto, pero no por ello debemos caer en el error de considerarle un literato mediocre. Más bien era un hombre sencillo del traje a la palabra: no le interesaba aparentar ni sacar músculo literario. No gustaba de ponerse barroco. Desechó las grandilocuencias, los adornos.

Dijo lo que quiso y como quiso, encharcado en el lenguaje popular y repudiando a las élites y sus vocablos incomprensibles. Construyó versitos para el pueblo economizando el idioma, porque el tiempo nunca nos sobra. Para muestra, un botón. Aquí algunos de sus mejores poemas en el centenario de su nacimiento.

1. Táctica y estrategia

Mi táctica es
Mirarte
Aprender como sos
Quererte como sos

Mi táctica es
Hablarte
Y escucharte
Construir con palabras
Un puente indestructible

Mi táctica es
Quedarme en tu recuerdo
No sé cómo ni sé
Con qué pretexto
Pero quedarme en vos

Mi táctica es
Ser franco
Y saber que sos franca
Y que no nos vendamos
Simulacros
Para que entre los dos
No haya telón
Ni abismos

Mi estrategia es
En cambio
Más profunda y más
Simple
Mi estrategia es
Que un día cualquiera
No sé cómo ni sé
Con qué pretexto
Por fin me necesites

2. Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

3. Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

4. Ésta es mi casa

No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

5. Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

6. Todavía

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

7. Amor de tarde

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

8. Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores

buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda

casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros

es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos

de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

9. Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

10. Hombre que mira más allá de sus narices

Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud

sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
y que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mí

y lo que es mucho peor
que pensarán en mi los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas

menos mal
que me conozco

menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino también las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto

será buena
tan buena la jornada
que desde ya
mi soledad se espanta.

11. De qué se ríe

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

12. Hombre que mira su país desde el exilio

País verde y herido
comarquita de veras
patria pobre

país ronco y vacío
tumba muchacha
sangre sobre sangre

país lejos y cerca
ocasión del verdugo
los mejores al cepo

país violín en bolsa
o silencio hospital
o pobre artigas

país estremecido
puño y letra
calabozo y praderas

país ya te armarás
pedazo por pedazo
pueblo mi pueblo

13. Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante

quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

 
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«En este país»: El célebre artículo de Larra sigue vigente

Refugiarse en un pesimismo absoluto para no hacer nada resulta lamentable

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Mariano José de Larra

Andrés Amorós
Actualizado:15/09/2020 01:34h


El 30 de abril de 1833, La Revista Española publicó un artículo de un joven periodista, que contaba sólo 29 años, Mariano José de Larra (tres meses antes, había comenzado a firmar con el seudónimo «Fígaro»). Se ha hecho proverbial su título: «En este país». Presenta a un joven madrileño petulante, don Periquito, que censura todo lo que ve: la cocina, los libros, la suciedad de las calles, los periódicos, los teatros, los cafés... La culpa de todo, según él, la tiene «este país». Concluye Larra: «Hagamos más favor o justicia a nuestro país y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes... en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento».

La buena literatura no pasa de moda. El panorama de la actual política española da motivos de sobra para el sonrojo y el desaliento, es verdad, pero nuestra sociedad y nuestra cultura también ofrecen logros de los que enorgullecernos. Refugiarse en un pesimismo total para no hacer nada es lamentable. Por desgracia, la frase de Larra sigue teniendo vigencia. También la tiene por otro motivo. Para evitar hablar de España, muchos políticos dicen «en este país» o usan otras perífrasis: «la administración» «el Estado», «la ciudadanía» o, simplemente, «Madrid» (que algunos pronuncian con -t final).

¿Conoce el lector algúna nación occidental donde muchos de sus ciudadanos consideren síntoma de rancio conservadurismo, si no de fascismo, mencionar su propio nombre? Evidentemente, la nuestra. ¿Se avergüenzan los italianos de decir «Italia», los franceses de decir «Francia», los norteamericanos de decir «Estados Unidos»? Esas «dos Españas» de las que tantas veces se ha hablado se concretan ahora en un nuevo dilema: la que menciona a España y la que se avergüenza de hacerlo. Larra sigue vivo.

 
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Pau Luque gana el premio Anagrama de Ensayo
El galardón se concede cada año y está dotado con 8.000 euros. El ensayo llegará a las librerías el próximo 23 de septiembre.

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Un detalle de su portada

KARINA SÁINZ BORGO
PUBLICADO15/09/2020 12:35

El 48.º Premio Anagrama de Ensayo, dotado con 8.000 euros y convocado por la editorial catalana, ha sido concedido a Pau Luque por su ensayo Las cosas como son y otras fantasías. Moral, imaginación y arte narrativo, profesor de Filosofía del Derecho en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y autor de La secesión, en los dominios del lobo (Catarata), un ensayo sobre el secesionismo catalán y la declaración de independencia en el Parlament del 27 de octubre de 2017.

Se recibieron un total de 166 ejemplares. De los manuscritos seleccionados para las últimas deliberaciones pasaron ocho a la final. El jurado, compuesto por Jordi Gracia, Chus Martínez, Joan Riambau, Daniel Rico y la editora Silvia Sesé, concedió el premio a Luque por considerar que se trataba de un libro inteligente, literario e indispensable. Esas fueron algunas de las palabras empleadas por algunos de los miembros del jurado.

“Frente al descrédito de la ficción y la demanda de realidad (de hechos y datos) que caracterizan nuestra época, Pau Luque erige con este libro inteligente y entretenido un alegato en favor de la imaginación y un elogio de la incertidumbre y la imperfección. A través de un itinerario literario muy personal, el filósofo nos muestra que nuestro universo moral solo puede ensancharse de la mano del diablo, bajando al reino de las virtudes imperfectas, abriendo la realidad a la imaginación incisiva y comprensiva. Que el juicio moral, en suma, no se forma con toga, mazo y peluca, sino con cuernos, tridente y llameante pelambrera”, aseguró Daniel Rico.

Jordi Gracia distinguió el texto con este comentario: “La inteligencia moral no es un don sino una conquista, y sus rutas de acceso son casi siempre inesperadas y vertiginosas: Pau Luque toma varias de esas rutas desde la música popular hasta Iris Murdoch para descartar el falsísimo camino recto porque es embustero», Jordi Gracia. El autor propone un ensayo moral sobre la creación artística y su capacidad para ensanchar nuestro entendimiento de la maldad y, en consecuencia, de la bondad. Luque asume el relevo del también filósofo catalán Daniel Gamper, quien se alzó en 2019 con el premio gracias con su libro Las mejores palabras.

El Premio Anagrama de Ensayo se concede cada año a una obra o trabajo de imaginación crítica. Las obras deben desarrollar un tema único o diversos temas agrupados de una forma orgánica. No hay limitación formal alguna, aunque se valora especialmente aquellos trabajos que representan una apertura en concepto literario de ensayo. Con este premio han sido distinguidos escritores como Luis Goytisolo, Pere Gimferrer, Jordi Gracia, Carme Riera, Rafael Rojas o Andrés Barba.

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‘Hasta aquí hemos llegado’, del malagueño Antonio Fontana, Premio Café Gijón


Pre1600336675773.pngmio Novela 'Café Gijón"

OKDIARIO
17/09/2020 10:43

 
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Thrillers psicológicos que te mantendrán en vilo
Librotea

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El thriller psicológico es uno de los géneros con más adeptos, nos resistimos a soltar una buena novela hasta que se desvela por completo la trama. Estas recomendaciones de hoy os tendrán en vilo a más de uno. Como última novela de Stephen King que vuelve en septiembre, en El instituto, un grupo de alumnos con ciertos poderes psíquicos son encerrados en un colegio donde los profesores se aprovechan de sus capacidades.

Un matrimonio en crisis, una cabaña en un lugar remoto y una desaparición son los ingredientes que hacen de Todo lo que sucedió con Miranda Huff de Javier Castillo una novela adictiva, como Vestido de novia de Pierre Lemaitre y Reina roja de Juan Gómez Jurado que han arrasado entre los más vendidos. El mejor Dennis Lehane se puede leer en Después de la caída, una protagonista con muchas aristas obligada a tomar decisiones decisivas cortará la respiración a cada página.

En Heridas abiertas, Gillian Flynn reproduce una trama asfixiante en torno a una familia del medio-oeste norteamericano, una reportera recién salida de un internamiento psiquiátrico decide volver a cubrir unos asesinatos en su localidad natal. No confíes en nadie y la serie de Los rostros de Victoria Bergman ahondan en la psique humana para crear unas intrigas difícil de olvidar.

 
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LECTURA | LOS LIBROS DE LA RENTRÉE


Por qué los humanos somos presa fácil de las pandemias
El físico Juan Botas y el biólogo Juan José Gómez Cadenas aportan perspectiva histórica a la crisis sanitaria en ‘Virus. La guerra de los mil millones de años’, donde relatan por qué la epidemia es solo un episodio más en esa contienda.
‘Babelia’ publica un adelanto.