Juicio al 'procés' - Referéndum en Cataluña — El conflicto catalán - Parte II

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Ondina, que se lo cuentes al Tribunal Supremo, lo de las penas desproporcionadas y todo eso. Seguramente estarán encantados de poder aprender algo de tì, y no dudo que les interesara muchísimo tu calificación jurídica de los hechos y tus explicaciones de por qué funcionan mas o menos las euro ordenes.

Posdata: cuando llegues a juez del tribunal de Estrasburgo, me avisas que vamos a tomarnos unas copichuelas !
ok Pato, ya te aviso , descuida, pero para tomarse unas copichuelas no hace falta llegar a Estrasburgo jajajaj.

el TS se ha encontrado con el marrón y ha hecho lo que ha podido. y es que no había solución buena.

el problema viene de más atrás y el principal responsable es asnar.
 
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ok Pato, ya te aviso , descuida, pero para tomarse unas copichuelas no hace falta llegar a Estrasburgo jajajaj.

el TS se ha encontrado con el marrón y ha hecho lo que ha podido. y es que no había solución buena.

el problema viene de más atrás y el principal responsable es asnar.
Menos mal que no se quedan sin votar por ir a proteger el día electoral de los terroristas callejeros de Cataluña
 
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El periodista Albert Soler ha publicado este artículo en el Diari de Girona, titulado “La opresión, para quien se la trabaja”.


«Ser un oprimido no está al alcance de cualquiera. Solo hay que abrir un poco los ojos cuando se visitan estas pequeñas poblaciones, cerca de las ciudades, que han pasado a convertirse en zonas residenciales, para comprobar que cuanto más grande y bonita es la casa, más grande es también el lazo amarillo que adorna la balconada. Y no faltará alguna estelada al viento.
Se trata de la vivienda de una familia oprimida, tal como indican las señales externas. Si ve un casoplón con piscina, una extensión de césped similar a la del Nou Camp y tres coches en el garaje, tenga por seguro que habrá también bonitos lazos amarillos, esteladas y quizás alguna pancarta anunciando al mundo que allí viven oprimidos, pidiendo auxilio, suplicando que alguien los saque de aquella situación insufrible.
Una cosa parecida pasa en la ciudad de Girona, donde la proliferación de pancartas en los balcones, y lazos en fachadas y en las solapas de los peatones, es especialmente notable en el centro, en los barrios de la burguesía. La Rambla misma, un domingo a mediodía, está llena de oprimidos haciendo el aperitivo.
A mí también me gustaría ser un oprimido, pero me tengo que conformar con el sueldo de periodista y a vivir en un pisito de la periferia. En mi barrio, como que es un barrio de trabajadores y de inmigrantes, apenas hay oprimidos, por carencia de tiempo esencialmente.
El domingo me gusta pasear por el centro de Girona y ver tantos oprimidos con lazo amarillo por la calle, viviendo en pisos que nunca podré comprar y conduciendo coches que nunca podré ni tocar.
Los trabajadores tenemos tantas preocupaciones que la de sentirnos oprimidos nos pasa por alto, ya querríamos, ya. Procuro que en estas excursiones me acompañe Ernest, que a sus nuevo años empieza a ver que hay gente diferente de la que ve habitualmente en casa y en el barrio.
Aprovecho para ejercer de padre, para educarlo.
-Ves, Ernest? Si estudias y te haces un hombre de provecho, cuando seas grande quizás podrás ser un oprimido– le digo con cariño mientras mira boquiabierto, diría que con envidia, gente elegante con lazo amarillo.
Cuando voy a Barcelona, como que me desplazo en metro, no veo lazos amarillos. En el metro no hay oprimidos, hay trabajadores. Los oprimidos viajan en taxi, en su propio coche o en vehículo oficial, como el President Torra, que gracias a cobrar 140.000 euros anuales, se puede sentir el príncipe de los oprimidos. O como Joana Ortega, que acaba de ser colocada a razón de 70.000 euros, y solo se nos ha comunicado que hará un trabajo «transversal».
Antes había señoritas que se ganaban la vida de manera horizontal, algunas incluso acababan poniendo una mercería, gracias a tantas horas de trabajo horizontal.
Cataluña, pionera en tantas cosas, ha inventado las que trabajan de manera transversal, Joana Ortega es el prototipo, pero vendrán más. Joana Ortega, no hay que decirlo, es también una oprimida. Transversal, pero oprimida. Con 70.000 euros el año, la opresión se empieza a hacer angustiosa.
No es extraño que la máxima aspiración de los pobres trabajadores catalanes -no digamos de los inmigrantes- sea llegar a estar oprimidos. Quizás nos tendríamos que manifestar, reclamando un poco de opresión, no puede ser que se lo lleven siempre los mismos. Mientras no mejoramos nuestra triste situación económica, nos tenemos que conformar a formar parte de los opresores, o de los colonos, o de cómo nos quieran denominar los pobres oprimidos.»
 
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a ver paqui, yo no defiendo la disolución de España ni su supervivencia, defiendo la democracia y la libertad.

la nacionalidad española --como la belga, la británica o la alemana-- sobrevivirá a los cambios históricos mientras sea una nacionalidad VIVA.

el que un papel ponga que lo es , no es garantía de nada. es solo un papel susceptible de ser superado por la realidad.
No es verdad, @Ondina no defiende la libertad ni la democracia. La democracia es el imperio de la ley. Sin eso no hay democracia no acuerdo ni libertades que valgan. Es lo que hay.
 

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El periodista Albert Soler ha publicado este artículo en el Diari de Girona, titulado “La opresión, para quien se la trabaja”.


«Ser un oprimido no está al alcance de cualquiera. Solo hay que abrir un poco los ojos cuando se visitan estas pequeñas poblaciones, cerca de las ciudades, que han pasado a convertirse en zonas residenciales, para comprobar que cuanto más grande y bonita es la casa, más grande es también el lazo amarillo que adorna la balconada. Y no faltará alguna estelada al viento.
Se trata de la vivienda de una familia oprimida, tal como indican las señales externas. Si ve un casoplón con piscina, una extensión de césped similar a la del Nou Camp y tres coches en el garaje, tenga por seguro que habrá también bonitos lazos amarillos, esteladas y quizás alguna pancarta anunciando al mundo que allí viven oprimidos, pidiendo auxilio, suplicando que alguien los saque de aquella situación insufrible.
Una cosa parecida pasa en la ciudad de Girona, donde la proliferación de pancartas en los balcones, y lazos en fachadas y en las solapas de los peatones, es especialmente notable en el centro, en los barrios de la burguesía. La Rambla misma, un domingo a mediodía, está llena de oprimidos haciendo el aperitivo.
A mí también me gustaría ser un oprimido, pero me tengo que conformar con el sueldo de periodista y a vivir en un pisito de la periferia. En mi barrio, como que es un barrio de trabajadores y de inmigrantes, apenas hay oprimidos, por carencia de tiempo esencialmente.
El domingo me gusta pasear por el centro de Girona y ver tantos oprimidos con lazo amarillo por la calle, viviendo en pisos que nunca podré comprar y conduciendo coches que nunca podré ni tocar.
Los trabajadores tenemos tantas preocupaciones que la de sentirnos oprimidos nos pasa por alto, ya querríamos, ya. Procuro que en estas excursiones me acompañe Ernest, que a sus nuevo años empieza a ver que hay gente diferente de la que ve habitualmente en casa y en el barrio.
Aprovecho para ejercer de padre, para educarlo.
-Ves, Ernest? Si estudias y te haces un hombre de provecho, cuando seas grande quizás podrás ser un oprimido– le digo con cariño mientras mira boquiabierto, diría que con envidia, gente elegante con lazo amarillo.
Cuando voy a Barcelona, como que me desplazo en metro, no veo lazos amarillos. En el metro no hay oprimidos, hay trabajadores. Los oprimidos viajan en taxi, en su propio coche o en vehículo oficial, como el President Torra, que gracias a cobrar 140.000 euros anuales, se puede sentir el príncipe de los oprimidos. O como Joana Ortega, que acaba de ser colocada a razón de 70.000 euros, y solo se nos ha comunicado que hará un trabajo «transversal».
Antes había señoritas que se ganaban la vida de manera horizontal, algunas incluso acababan poniendo una mercería, gracias a tantas horas de trabajo horizontal.
Cataluña, pionera en tantas cosas, ha inventado las que trabajan de manera transversal, Joana Ortega es el prototipo, pero vendrán más. Joana Ortega, no hay que decirlo, es también una oprimida. Transversal, pero oprimida. Con 70.000 euros el año, la opresión se empieza a hacer angustiosa.
No es extraño que la máxima aspiración de los pobres trabajadores catalanes -no digamos de los inmigrantes- sea llegar a estar oprimidos. Quizás nos tendríamos que manifestar, reclamando un poco de opresión, no puede ser que se lo lleven siempre los mismos. Mientras no mejoramos nuestra triste situación económica, nos tenemos que conformar a formar parte de los opresores, o de los colonos, o de cómo nos quieran denominar los pobres oprimidos.»
Brillante, bravo.
 

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Llarena fracasó con su relato rebelión, también con el de sedición, pues lo intentamos con desobediencia oigan

acabaramos


 
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ya ves @pato laqueado

en las democracias avanzadas , lo de "sedición" no cuela.

como tampoco va a colar lo de diez años de carcel por lo que al final va a ser "desobediencia ".

las copichuelas cuando quieras jeje que tanto jamón no puede ser bueno.
 
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Brillante, bravo.
Albert tiene artículos muy buenos en el Diari de Girona. Te pego uno sobre la comedia que liaron el otro día auto inculpándose en los juzgados.

La protesta milagrosa

Ayer vi dos docenas de jubilados, en el juzgado, autoinculpándose de no recuerdo qué, no recuerdo qué pero sé que no era ningún delito, así que no sé si se acusaban de haber votado, de no haberse tomado la pastilla de la hora del desayuno o de haberse saltado la dieta anticolesterol, yo qué sé. Algo sin sentido, pero debe entenderse que gente que se encuentra en el otoño de la vida sin haber hecho nada políticamente significante tenga ganas de acusarse de lo que sea, que aspire incluso a que los cierren unos días en la cárcel, y así abandonar con un poco de honor este valle de lágrimas. Probablemente ver hace pocos días a Franco saliendo de su panteón les recordó que nunca han conseguido nada, y eso duele. Bienvenidas sean las autoinculpaciones, si son en bien de la autoestima, pero estaría bien un poco de dignidad: si de verdad quieren ser encarcelados, que se acusen, no diré de violaciones, que a ciertas edades el juez lo sobreseería, pero por menos de haber defraudado a Hacienda.

Si tantos catalanes aseguraban hace un par de años que las urnas son más importantes que la ley, si el hecho de manifestarse un millón de personas daba a luz una entelequia llamada «mandato del pueblo», y si todavía no hace tres días estaban convencidos de que ir 300.000 personas a pasar el día en Barcelona convertiría unos culpables en inocentes, es normal que ahora crean que reuniéndose a las puertas de un juzgado abrirán milagrosamente las puertas de las celdas y todos los reclusos saldrán .

O quizás tienen razón, y la cosa funciona así. Quizá basta que alguien concentre gente enfrente de un juzgado -o dentro, autoinculpándose - para ese alguien sea considerado automáticamente inocente. Tiene lógica. Si, según ellos, una multitud en la calle está por encima de la ley, con unos cuantos protestantes tiene que haber suficiente para invertir la justicia, que es un simple instrumento de aquella. Y quién sabe si no sólo el derecho, sino otras especialidades, como la medicina, van con el mismo sistema. Al igual que estamos descubriendo el valor jurídico de la protesta, resultará que basta reunir un poco de gente a las puertas del hospital, gritando que el paciente está completamente sano y autoinculpándose de estar resfriados, para conseguir la curación de un moribundo. Y si no se recupera, reventamos las calles.
 
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ya ves @pato laqueado

en las democracias avanzadas , lo de "sedición" no cuela.

como tampoco va a colar lo de diez años de carcel por lo que al final va a ser "desobediencia ".

las copichuelas cuando quieras jeje que tanto jamón no puede ser bueno.
. En las “democracias avanzadas” (Alemania, EEUU, Francia), estarian todos en la carcel desde hace mucho, y con condenas mas largas. Y la autonomia, mas que intervenida.
 
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. En las “democracias avanzadas” (Alemania, EEUU, Francia), estarian todos en la carcel desde hace mucho, y con condenas mas largas. Y la autonomia, mas que intervenida.
porque tu lo digas LOL

en Alemania , EEUU, Francia, los partidos independentistas no ganan las elecciones. y de hacerlo, las diferencias se resolverían en una mesa de diálogo, no a golpe de togas y tricornios.

aquí la democracia danesa (en la linea de las democracias británica y canadiense):

 
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porque tu lo digas LOL

en Alemania , EEUU, Francia, los partidos independentistas no ganan las elecciones. y de hacerlo, las diferencias se resolverían en una mesa de diálogo, no a golpe de togas y tricornios.

aquí la democracia danesa (en la linea de las democracias británica y canadiense):

Amos Ondina qué mal informada estas, o que maniquea eres. Jajajaja, han decidido que “ el pueblo de Groenlandia tiene derecho a decidir”. Jajajaja.... pero alma de cantaro, no sabes que los EEUU estan detrás de comprarle Groenlandia a Dinamarca? Bueno....En fin...
 
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Albert tiene artículos muy buenos en el Diari de Girona. Te pego uno sobre la comedia que liaron el otro día auto inculpándose en los juzgados.

La protesta milagrosa

Ayer vi dos docenas de jubilados, en el juzgado, autoinculpándose de no recuerdo qué, no recuerdo qué pero sé que no era ningún delito, así que no sé si se acusaban de haber votado, de no haberse tomado la pastilla de la hora del desayuno o de haberse saltado la dieta anticolesterol, yo qué sé. Algo sin sentido, pero debe entenderse que gente que se encuentra en el otoño de la vida sin haber hecho nada políticamente significante tenga ganas de acusarse de lo que sea, que aspire incluso a que los cierren unos días en la cárcel, y así abandonar con un poco de honor este valle de lágrimas. Probablemente ver hace pocos días a Franco saliendo de su panteón les recordó que nunca han conseguido nada, y eso duele. Bienvenidas sean las autoinculpaciones, si son en bien de la autoestima, pero estaría bien un poco de dignidad: si de verdad quieren ser encarcelados, que se acusen, no diré de violaciones, que a ciertas edades el juez lo sobreseería, pero por menos de haber defraudado a Hacienda.

Si tantos catalanes aseguraban hace un par de años que las urnas son más importantes que la ley, si el hecho de manifestarse un millón de personas daba a luz una entelequia llamada «mandato del pueblo», y si todavía no hace tres días estaban convencidos de que ir 300.000 personas a pasar el día en Barcelona convertiría unos culpables en inocentes, es normal que ahora crean que reuniéndose a las puertas de un juzgado abrirán milagrosamente las puertas de las celdas y todos los reclusos saldrán .

O quizás tienen razón, y la cosa funciona así. Quizá basta que alguien concentre gente enfrente de un juzgado -o dentro, autoinculpándose - para ese alguien sea considerado automáticamente inocente. Tiene lógica. Si, según ellos, una multitud en la calle está por encima de la ley, con unos cuantos protestantes tiene que haber suficiente para invertir la justicia, que es un simple instrumento de aquella. Y quién sabe si no sólo el derecho, sino otras especialidades, como la medicina, van con el mismo sistema. Al igual que estamos descubriendo el valor jurídico de la protesta, resultará que basta reunir un poco de gente a las puertas del hospital, gritando que el paciente está completamente sano y autoinculpándose de estar resfriados, para conseguir la curación de un moribundo. Y si no se recupera, reventamos las calles.
Gracias, @Luna . Ya había tenido ocasión de leer algún otro artículo de Albert Soler, pero no este. Muy fino, muy irónico, muy certero. Eso no lo hace cualquiera.
 
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El periodista Albert Soler ha publicado este artículo en el Diari de Girona, titulado “La opresión, para quien se la trabaja”.


«Ser un oprimido no está al alcance de cualquiera. Solo hay que abrir un poco los ojos cuando se visitan estas pequeñas poblaciones, cerca de las ciudades, que han pasado a convertirse en zonas residenciales, para comprobar que cuanto más grande y bonita es la casa, más grande es también el lazo amarillo que adorna la balconada. Y no faltará alguna estelada al viento.
Se trata de la vivienda de una familia oprimida, tal como indican las señales externas. Si ve un casoplón con piscina, una extensión de césped similar a la del Nou Camp y tres coches en el garaje, tenga por seguro que habrá también bonitos lazos amarillos, esteladas y quizás alguna pancarta anunciando al mundo que allí viven oprimidos, pidiendo auxilio, suplicando que alguien los saque de aquella situación insufrible.
Una cosa parecida pasa en la ciudad de Girona, donde la proliferación de pancartas en los balcones, y lazos en fachadas y en las solapas de los peatones, es especialmente notable en el centro, en los barrios de la burguesía. La Rambla misma, un domingo a mediodía, está llena de oprimidos haciendo el aperitivo.
A mí también me gustaría ser un oprimido, pero me tengo que conformar con el sueldo de periodista y a vivir en un pisito de la periferia. En mi barrio, como que es un barrio de trabajadores y de inmigrantes, apenas hay oprimidos, por carencia de tiempo esencialmente.
El domingo me gusta pasear por el centro de Girona y ver tantos oprimidos con lazo amarillo por la calle, viviendo en pisos que nunca podré comprar y conduciendo coches que nunca podré ni tocar.
Los trabajadores tenemos tantas preocupaciones que la de sentirnos oprimidos nos pasa por alto, ya querríamos, ya. Procuro que en estas excursiones me acompañe Ernest, que a sus nuevo años empieza a ver que hay gente diferente de la que ve habitualmente en casa y en el barrio.
Aprovecho para ejercer de padre, para educarlo.
-Ves, Ernest? Si estudias y te haces un hombre de provecho, cuando seas grande quizás podrás ser un oprimido– le digo con cariño mientras mira boquiabierto, diría que con envidia, gente elegante con lazo amarillo.
Cuando voy a Barcelona, como que me desplazo en metro, no veo lazos amarillos. En el metro no hay oprimidos, hay trabajadores. Los oprimidos viajan en taxi, en su propio coche o en vehículo oficial, como el President Torra, que gracias a cobrar 140.000 euros anuales, se puede sentir el príncipe de los oprimidos. O como Joana Ortega, que acaba de ser colocada a razón de 70.000 euros, y solo se nos ha comunicado que hará un trabajo «transversal».
Antes había señoritas que se ganaban la vida de manera horizontal, algunas incluso acababan poniendo una mercería, gracias a tantas horas de trabajo horizontal.
Cataluña, pionera en tantas cosas, ha inventado las que trabajan de manera transversal, Joana Ortega es el prototipo, pero vendrán más. Joana Ortega, no hay que decirlo, es también una oprimida. Transversal, pero oprimida. Con 70.000 euros el año, la opresión se empieza a hacer angustiosa.
No es extraño que la máxima aspiración de los pobres trabajadores catalanes -no digamos de los inmigrantes- sea llegar a estar oprimidos. Quizás nos tendríamos que manifestar, reclamando un poco de opresión, no puede ser que se lo lleven siempre los mismos. Mientras no mejoramos nuestra triste situación económica, nos tenemos que conformar a formar parte de los opresores, o de los colonos, o de cómo nos quieran denominar los pobres oprimidos.»
Buenísimo!