John Fitzgerald Kennedy (29-5-1917 - 22-11-1963)

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Conexiones con la mafia, infidelidades, invención de su pasado: la cara oscura de JFK
Hoy es el aniversario del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el presidente número 35 de Estados Unidos. Un mito de la cultura popular que se ha ido resquebrajando según se conocían sus secretos




El presidente John F. Kennedy fuma un cigarro durante una cena de recaudación de fondos demócrata en la Universidad de Boston. En vídeo, José María Mulet explica el asesinato de Kennedy en un vídeo de EL PAÍS SEMANAL publicado el 8 de julio de 2019. FOTO: GETTY / VÍDEO: EPS
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22 NOV 2019 - 07:23 ART

John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) ha pasado a la historia popular como el presidente que encarna el ideal americano. Joven, guapo, encantador, enérgico, firme en sus convicciones, pero dialogante y progresista. El primer católico que llegó al Despacho Oval, el líder que plantó cara a la URSS en la crisis de los misiles y cuya determinación llevó al hombre a la Luna. El hombre empeñado en renovar y rejuvenecer la democracia de su país que con su mujer, la bella e inteligente Jackie Kennedy, convirtió la Casa Blanca en un nuevo Camelot. Su asesinato, el 22 de noviembre de 1963, hace ahora 56 años en Dallas, por el disparo de Lee Harvey Oswald le ha convertido en un mártir de la cultura popular como el Che, Marilyn Monroe o James Dean.

Garry Wills sostiene que JFK no fue el auténtico autor del libro por el que se llevó un Pulitzer, sino que lo fueron Theodore Sorenson y Jules Davids (profesor de historia de Jackie Kennedy en Georgetown) y que el libro fue pagado por Joe Kennedy, obsesionado en aumentar el prestigio intelectual de su vástago


Más aún, después de que las tesis conspirativas sobre su muerte, convertidas casi en certezas por Oliver Stone en la película JFK (1992), hicieran que todo el mundo conociera la teoría de la bala mágica. Aquel filme convirtió al fiscal Jim Garrison, interpretado por Kevin Costner, en el paradigma del incorruptible buscador de la verdad frente a un aparato del Estado corrupto. Kennedy era un rey bueno asesinado por las cloacas del Estado y la mafia, a la que, decían, se había enfrentado.


Pero con los años, el mito JFK ha mostrado sus debilidades y contradicciones. Un buen puñado de obras, desde memorias de colaboradores a sesudas investigaciones históricas han revelado esa cara oscura. Estos son algunos de esos descubrimientos.

Fue un producto de 'marketing'

JFK no salió de la nada. Para muchos era un producto creado por su padre, Joseph P. Kennedy, un magnate que desempeñó importantes cargos en la Administración estadounidense. El fundador del clan tiene una biografía llena de puntos oscuros, como reveló The Patriach, una monumental obra biográfica de 800 páginas firmada por David Nasaw y publicada en 2012.
Nacido en 1888 en una familia de inmigrantes católicos irlandeses, Joseph P. Kennedy fue, escribe Nasaw, "un hombre de talentos ilimitados, encanto magnético, energía implacable y ambición desenfrenada". Educado en Harvard, "luchó para abrir puertas que estaban cerradas para él [como católico irlandés] y después de forzar su entrada se negó a cumplir las reglas". Por ejemplo en Wall Street, donde ganó una fortuna antes de cumplir los 40, fortuna que allanó el camino de su hijo a la Casa Blanca.

¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963.

¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963. Getty Images

Como primer presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Roosevelt, se esforzó por regular el mercado para que otros no pudieran hacer uso de los mismos trucos y agujeros que él había aprovechado para enriquecerse. Cometió grandes errores de cálculo. Por ejemplo, estaba convencido de que la victoria nazi era inevitable, que la democracia en las islas británicas estaba acabada y que era necesario pactar con Hitler. Tras la muerte del primogénito en la Segunda Guerra Mundial, su obsesión fue llevar a su segundo hijo, John Fitzgerald, a la presidencia.

Compra de primarias e invitación a una menor a su habitación

En An unfinished life: John F. Kennedy, 1917-1963, publicado en 2001, el autor, Robert Dallek, reveló de forma detallada cómo John Fitzgerald Kennedy compró las primarias de West Virginia en 1960. Dallek presenta a un JFK que durante esa misma campaña de 1960 en la que su padre gastó millones, parecía no darle importancia al resultado. El autor subraya que se lo jugó todo invitando a una animadora menor de edad a su habitación de su hotel.

Ganó un Pulitzer por un libro que no escribió

En 1956, siendo senador por Massachusetts, Kennedy publicó Profiles in courage, un libro de perfiles de ocho senadores estadounidenses que ganó el Pulitzer a mejor biografía. En The Kennedy Imprisonment: A Meditation on Power (1982), Garry Wills sostiene que JFK no fue el auténtico autor y lo atribuye a Theodore Sorenson y Jules Davids (profesor de historia de Jackie Kennedy en Georgetown). También defiende que el libro fue pagado por Joe Kennedy, obsesionado en aumentar el prestigio intelectual de su vástago.

Falseó sus orígenes

Kennedy nació en una ciudad del Gran Boston, Brookline, Massachusets, en 1917 y fue senador por ese Estado desde 1952 hasta que fue elegido presidente en 1961. Los Kennedy siempre se vendieron como católicos irlandeses de Boston. Algo irreal, según el libro de Willis: “Los padres de Kennedy se mudaron de Brookline a Nueva York en 1926, cuando él tenía nueve años y creció y fue a la escuela allí. Cuando decidió presentarse para el Congreso en 1946, no había vivido en Boston en 20 años; tuvo que alquilar habitaciones en el Hotel Bellevue, que fue durante un tiempo su residencia oficial. Un amigo de Kennedy lo expresó de forma clara: 'Jack Kennedy era un extraño en Boston, había vivido de joven en Nueva York y en Hyannis Port, en Cape Cod”.

Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953.

Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953. Getty Images

Era un mujeriego y organizaba fiestas con prost*tutas

Uno de los libros más polémicos sobre JFK es La cara oscura de Camelot, del periodista de investigación Seymour M. Hersh. En él cuatro agentes retirados del servicio secreto hablan de ligues presidenciales que se producían, dicen, casi a diario. Según el libro, prost*tutas y amigas de JFK se divertían en fiestas en la piscina de la Casa Blanca mientras los agentes cuidaban de que Jacqueline Kennedy no estuviera cerca. Esa libido desaforada de JFK, asegura Hersh, le hizo víctima de enfermedades venéreas y ser blanco fácil de chantajes. Sin embargo, y a pesar de la creencia popular, no se ha podido demostrar que JFK o su hermano Robert tuvieran una relación con Marilyn Monroe.

Conexiones con la mafia

Seymour M. Hersh, que ganó el Pulitzer por un libro sobre la matanza de My Lai, asegura en el texto que en 1960, para empujar a su hijo hacia la Presidencia, Joseph P. Kennedy (el padre de JFK) celebró una reunión secreta con el mafioso de Chicago Sam Giancana. El patriarca de la familia presuntamente prometió una Casa Blanca que haría la vista gorda a sus actividades si los sindicatos dirigidos por la mafia proporcionaban fuerza y dinero para conseguir la candidatura de Kennedy. Ese acuerdo, afirma Hersh, inclinó la balanza por los decisivos votos electorales de Illinois.

Su papel en bahía de Cochinos

Kennedy presuntamente apoyó un plan de la CIA para matar a Fidel Castro justo antes de la invasión de Cuba en 1961 por una brigada de exiliados cubanos en bahía de Cochinos. Cuando el intento de asesinato fracasó, JFK decidió bloquear el apoyo aéreo que le había prometido a los exiliados cubanos y que era crucial para el éxito del desembarco. Ellos, sin saberlo, continuaron con su objetivo. Hersh asegura que la decisión de JFK fue para ellos "una sentencia de muerte".

Estaba obsesionado con matar a Fidel Castro

Una última afirmación de Hersh. Kennedy y su hermano Robert, el fiscal general estadounidense, pidieron constantemente a la CIA que asesinara a Fidel Castro. Hersh cita a Samuel Halpern, un antiguo miembro de la CIA especializado en operaciones clandestinas: "No sabes lo que es la presión hasta que tienes a esos dos hijos de p*ta sobre ti. Sentíamos que estábamos haciendo cosas en Cuba debido a una vendetta familiar y no por el bien de los Estados Unidos”.

 


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Conexiones con la mafia, infidelidades, invención de su pasado: la cara oscura de JFK
Hoy es el aniversario del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el presidente número 35 de Estados Unidos. Un mito de la cultura popular que se ha ido resquebrajando según se conocían sus secretos




El presidente John F. Kennedy fuma un cigarro durante una cena de recaudación de fondos demócrata en la Universidad de Boston. En vídeo, José María Mulet explica el asesinato de Kennedy en un vídeo de EL PAÍS SEMANAL publicado el 8 de julio de 2019. FOTO: GETTY / VÍDEO: EPS
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22 NOV 2019 - 07:23 ART

John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) ha pasado a la historia popular como el presidente que encarna el ideal americano. Joven, guapo, encantador, enérgico, firme en sus convicciones, pero dialogante y progresista. El primer católico que llegó al Despacho Oval, el líder que plantó cara a la URSS en la crisis de los misiles y cuya determinación llevó al hombre a la Luna. El hombre empeñado en renovar y rejuvenecer la democracia de su país que con su mujer, la bella e inteligente Jackie Kennedy, convirtió la Casa Blanca en un nuevo Camelot. Su asesinato, el 22 de noviembre de 1963, hace ahora 56 años en Dallas, por el disparo de Lee Harvey Oswald le ha convertido en un mártir de la cultura popular como el Che, Marilyn Monroe o James Dean.

Garry Wills sostiene que JFK no fue el auténtico autor del libro por el que se llevó un Pulitzer, sino que lo fueron Theodore Sorenson y Jules Davids (profesor de historia de Jackie Kennedy en Georgetown) y que el libro fue pagado por Joe Kennedy, obsesionado en aumentar el prestigio intelectual de su vástago


Más aún, después de que las tesis conspirativas sobre su muerte, convertidas casi en certezas por Oliver Stone en la película JFK (1992), hicieran que todo el mundo conociera la teoría de la bala mágica. Aquel filme convirtió al fiscal Jim Garrison, interpretado por Kevin Costner, en el paradigma del incorruptible buscador de la verdad frente a un aparato del Estado corrupto. Kennedy era un rey bueno asesinado por las cloacas del Estado y la mafia, a la que, decían, se había enfrentado.


Pero con los años, el mito JFK ha mostrado sus debilidades y contradicciones. Un buen puñado de obras, desde memorias de colaboradores a sesudas investigaciones históricas han revelado esa cara oscura. Estos son algunos de esos descubrimientos.

Fue un producto de 'marketing'

JFK no salió de la nada. Para muchos era un producto creado por su padre, Joseph P. Kennedy, un magnate que desempeñó importantes cargos en la Administración estadounidense. El fundador del clan tiene una biografía llena de puntos oscuros, como reveló The Patriach, una monumental obra biográfica de 800 páginas firmada por David Nasaw y publicada en 2012.
Nacido en 1888 en una familia de inmigrantes católicos irlandeses, Joseph P. Kennedy fue, escribe Nasaw, "un hombre de talentos ilimitados, encanto magnético, energía implacable y ambición desenfrenada". Educado en Harvard, "luchó para abrir puertas que estaban cerradas para él [como católico irlandés] y después de forzar su entrada se negó a cumplir las reglas". Por ejemplo en Wall Street, donde ganó una fortuna antes de cumplir los 40, fortuna que allanó el camino de su hijo a la Casa Blanca.

¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963.

¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963. Getty Images

Como primer presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Roosevelt, se esforzó por regular el mercado para que otros no pudieran hacer uso de los mismos trucos y agujeros que él había aprovechado para enriquecerse. Cometió grandes errores de cálculo. Por ejemplo, estaba convencido de que la victoria nazi era inevitable, que la democracia en las islas británicas estaba acabada y que era necesario pactar con Hitler. Tras la muerte del primogénito en la Segunda Guerra Mundial, su obsesión fue llevar a su segundo hijo, John Fitzgerald, a la presidencia.

Compra de primarias e invitación a una menor a su habitación

En An unfinished life: John F. Kennedy, 1917-1963, publicado en 2001, el autor, Robert Dallek, reveló de forma detallada cómo John Fitzgerald Kennedy compró las primarias de West Virginia en 1960. Dallek presenta a un JFK que durante esa misma campaña de 1960 en la que su padre gastó millones, parecía no darle importancia al resultado. El autor subraya que se lo jugó todo invitando a una animadora menor de edad a su habitación de su hotel.

Ganó un Pulitzer por un libro que no escribió

En 1956, siendo senador por Massachusetts, Kennedy publicó Profiles in courage, un libro de perfiles de ocho senadores estadounidenses que ganó el Pulitzer a mejor biografía. En The Kennedy Imprisonment: A Meditation on Power (1982), Garry Wills sostiene que JFK no fue el auténtico autor y lo atribuye a Theodore Sorenson y Jules Davids (profesor de historia de Jackie Kennedy en Georgetown). También defiende que el libro fue pagado por Joe Kennedy, obsesionado en aumentar el prestigio intelectual de su vástago.

Falseó sus orígenes

Kennedy nació en una ciudad del Gran Boston, Brookline, Massachusets, en 1917 y fue senador por ese Estado desde 1952 hasta que fue elegido presidente en 1961. Los Kennedy siempre se vendieron como católicos irlandeses de Boston. Algo irreal, según el libro de Willis: “Los padres de Kennedy se mudaron de Brookline a Nueva York en 1926, cuando él tenía nueve años y creció y fue a la escuela allí. Cuando decidió presentarse para el Congreso en 1946, no había vivido en Boston en 20 años; tuvo que alquilar habitaciones en el Hotel Bellevue, que fue durante un tiempo su residencia oficial. Un amigo de Kennedy lo expresó de forma clara: 'Jack Kennedy era un extraño en Boston, había vivido de joven en Nueva York y en Hyannis Port, en Cape Cod”.

Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953.

Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953. Getty Images

Era un mujeriego y organizaba fiestas con prost*tutas

Uno de los libros más polémicos sobre JFK es La cara oscura de Camelot, del periodista de investigación Seymour M. Hersh. En él cuatro agentes retirados del servicio secreto hablan de ligues presidenciales que se producían, dicen, casi a diario. Según el libro, prost*tutas y amigas de JFK se divertían en fiestas en la piscina de la Casa Blanca mientras los agentes cuidaban de que Jacqueline Kennedy no estuviera cerca. Esa libido desaforada de JFK, asegura Hersh, le hizo víctima de enfermedades venéreas y ser blanco fácil de chantajes. Sin embargo, y a pesar de la creencia popular, no se ha podido demostrar que JFK o su hermano Robert tuvieran una relación con Marilyn Monroe.

Conexiones con la mafia

Seymour M. Hersh, que ganó el Pulitzer por un libro sobre la matanza de My Lai, asegura en el texto que en 1960, para empujar a su hijo hacia la Presidencia, Joseph P. Kennedy (el padre de JFK) celebró una reunión secreta con el mafioso de Chicago Sam Giancana. El patriarca de la familia presuntamente prometió una Casa Blanca que haría la vista gorda a sus actividades si los sindicatos dirigidos por la mafia proporcionaban fuerza y dinero para conseguir la candidatura de Kennedy. Ese acuerdo, afirma Hersh, inclinó la balanza por los decisivos votos electorales de Illinois.

Su papel en bahía de Cochinos

Kennedy presuntamente apoyó un plan de la CIA para matar a Fidel Castro justo antes de la invasión de Cuba en 1961 por una brigada de exiliados cubanos en bahía de Cochinos. Cuando el intento de asesinato fracasó, JFK decidió bloquear el apoyo aéreo que le había prometido a los exiliados cubanos y que era crucial para el éxito del desembarco. Ellos, sin saberlo, continuaron con su objetivo. Hersh asegura que la decisión de JFK fue para ellos "una sentencia de muerte".

Estaba obsesionado con matar a Fidel Castro

Una última afirmación de Hersh. Kennedy y su hermano Robert, el fiscal general estadounidense, pidieron constantemente a la CIA que asesinara a Fidel Castro. Hersh cita a Samuel Halpern, un antiguo miembro de la CIA especializado en operaciones clandestinas: "No sabes lo que es la presión hasta que tienes a esos dos hijos de p*ta sobre ti. Sentíamos que estábamos haciendo cosas en Cuba debido a una vendetta familiar y no por el bien de los Estados Unidos”.


Gracias @Coti7495 , muy interesante :)
 
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El más cruel, oscuro y mejor guardado de los secretos de la familia Kennedy
El despiadado castigo impuesto a la hija “imperfecta” por el temor de su padre a que eclipsara el brillo de la dorada familia


Por Alfredo Serra
5 de enero de 2020

Especial para Infobae

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Rosemary (centro) fue la primera de las hijas del matrimonio de Joseph y Rose Kennedy. La ocultaron casi toda su vida. Fue el secreto mejor guardado del clan, en tiempos que la familia brillaba y uno de sus miembros era presidente de los Estados Unidos


El séptimo día de enero de 2005, a sus 87 años, encogida en la silla de ruedas de la que salió, desde 1985 y llevada por la enfermeras sólo para acostarse y levantarse, la encontraron muerta.


En las últimas dos décadas nadie la visitó, excepto su hermana Eunice Kennedy Shriver.

A pesar de ser la primera hija del clan Kennedy, ni Joseph su padre, ni Rose su madre, que decidieron someterla a una lobotomía frontal y la recluyeron en un asilo de Wisconsin, pensaron siquiera en ella. En Rosemary, la “idiota” de la familia, como se decía entonces. La niña con daño cerebral irreversible por un error en las maniobras de parto.

La nube negra del dorado Clan Kennedy.



El cordero del sacrificio.

En la Edad Media hubiera muerto en la hoguera por endemoniada. Pero lo que le sucedió a partir de 1941 no fue demasiado diferente…

Cómo matar el alma

A mediados de los 60, el escritor norteamericano Irving Wallace (1916–1990) publicó en su recopilación de artículos de prensa El caballero de los domingos, un relato estremecedor: "Le quitaron el cerebro".

Describía allí, milímetro a milímetro, una lobotomía cerebral: corte de uno o más lóbulos, en uno o ambos hemisferios, según una bestial corriente de moda que circuló en Hollywood¡cuándo no!–a principios de los 40.

En ese trabajo, Wallace no dudó en comparar esa mutilación con la muerte del alma.

En 1928, John Fulton, profesor de Sociología y Criminología de la Pennsylvania University, jugó a ser Dios en una partida a todo o nada: ensayó lobotomías en dos chimpancés… que murieron muy poco después. Pero el fracaso del pequeño aprendiz de Frankestein no arredró, en 1935, al neurólogo Antonio Egas Moniz ni al cirujano Almeida Lima –ambos de la Universidad de Lisboa–: siguieron adelante mutilando lóbulos (temporal, parietal, frontal, prefrontal, en los dos hemisferios), sin que nadie detuviera ese crimen.

Tan impune que en 1949, sin más pergaminos que una presunta mejora en casos de depresión, a pesar de cambios sombríos en la personalidad de varios pacientes, sin presentar siquiera un caso clínico humano, y sólo evaluado por los colegas que lo ayudaron… ¡Egas Moniz ganó el Premio Nobel de Medicina!

Cadena de errores. Ese antecedente creció como hongos después del diluvio. Y según los mentores que se treparon al carro del éxito, "la lobotomía, en cualquiera de sus formas, es infalible contra la ansiedad crónica severa, la depresión con riesgo de suicidio, y el desorden obsesivo–compulsivo". La panacea universal. Como aquellas pócimas tan inofensivas como inútiles que los buhoneros, desde sus carromatos, vendían como mágico elixir a los ingenuos colonos lanzados a la conquista del Far West…

A sus 63 años, Egas Moniz no necesitó una lobotomía para (casi) despedirse del mundo: un paciente psiquiátrico le clavó ocho balas "porque no me está dando los remedios correctos". Resultado: paraplejia irreversible. Pero la lobotomía no perdió su estrellato.

La hora del picahielo

El guante lo recogió el médico Made in USA Walter Jackson Freeman II (1895–1972). Lejos de dar marcha atrás o al menos meditar acerca de esa técnica absurda –diabólica según algunos credos-, y desmintiendo sus altos títulos académicos, reinventó el método y lo llamó "lobotomía transorbital", popularmente "técnica del picahielo". Sin subterfugios ni atenuantes… un retorno a los tormentos de la Edad Media.

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Walter Freeman, el padre de la lobotomía

La simple descripción espanta. El estilete o picahielo entra por el ojo del paciente, y un maza de goma corta las conexiones nerviosas del lóbulo frontal. Sólo faltaban los aullidos de los torturados por la Santa Inquisición en el potro de tormento o máquinas similares…

Freeman II dijo que esa técnica estaba destinada a esquizofrénicos sin otra chance terapéutica, pero mintió. Hizo construir un carricoche especial –lo llamó "lobotomóvil"–, viajó por todo el país, concretó más de ¡3.500 lobotomías!… aun en casos leves y sin fundamento, y hasta el instrumento (el picahielo) fue un siniestro reflejo de muerte: fue una de las armas predilectas de los asesinos del género policial negro.

Hasta muy entrados los años 50 y ya con la lobotomía muy cuestionada y con sus banderas bajas, Freeman II no se rindió… hasta que un paciente se le murió en plena operación.

Su historia la cerró un cáncer en 1972.

Pero entre esos miles de casos, desde la alquimia de los chimpancés hasta los delirios del Premio Nobel portugués y su ayudante, más Freeman II y etcétera, en noviembre de 1941 empezó a urdirse una trama secreta en el corazón de la familia dorada: los Kennedy y su loco del altillo. Los blancos, rubios, triunfales, millonarios y poderosos… y su secreto mejor guardado: su esqueleto en el armario. Lo inconfesable…

Todo se perdona, pero…

Porque frente a ese arcano, todo lo demás era nada o casi nada. Se sabía –y se toleraba– el pasado del viejo Joseph Kennedy, contrabandista de alcohol y socio de mafiosos. Se sabía (y se celebraba) que el capomafia Sam Giancana fuera clave en las elecciones que llevaron a JFK al Salón Oval. Poco y nada pagó Ted Kennedy por su amorío con Mary Jo Kopechne, su borrachera de esa noche, el “incidente Chappaquiddick”, la caída al lago, la muerte de ella, el escándalo. Marilyn Monroe amante de JFK y de su hermano Bob, y su extraña muerte (¿la CIA, el FBI, quién manejando los hilos?). El alcoholismo de Ethel, la mujer de Bob. ¡Dos hermanos asesinados en apenas cinco años! Las mentiras del Informe Warren. El eterno fantasma de la venganza, de la conspiración…

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Los Kennedy a pleno. Era el verano de 1931 y tiempos de felicidad. Las desgracias vendrían después

Los Kennedy. Y Camelot. Y su inconmovible felicidad, siempre más fuerte que el escándalo y la sangre…

Y nadie contaba con la pequeña Rosemary Kennedy. La relegada. La innombrable. La invisible. La loca del altillo. La demente que en las novelas decimonónicas vive encerrada y encadenada, y nadie oye sus aterradores gritos.

"Bella como una manzana"

Rosemary Kennedy era la hija mayor de Joseph y Rose. Nació el 13 de septiembre de 1918. Los médicos y la familia no tardaron en advertir lo evidente: la niña, "bella como una manzana recién cortada y en sazón", según un biógrafo de los Kennedy, apenas hablaba y caminaba, y tenía súbitos y a veces violentos cambios de humor.

Hubo, al parecer, más que un problema genético: una imperdonable impericia durante el trabajo de parto…

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Rosemary Kennedy sufrió complicaciones en el parto que fueron fatales para su desarrollo


Para muchos, Rosemary era la más linda de todos los Kennedy

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Rosemary con John F. Kennedy, en épocas de juventud

Según Kate Clifford en su libro The Hidden Kennedy Daughter (La hija Kennedy oculta), la enfermera intentó detener el proceso porque el médico estaba con otros pacientes, y ella creyó que no era la indicada para entregar a la beba –¡una idiotez social!–, de modo que la obligó a cerrar las rodillas… Esa demora pudo causar una importante pérdida de oxígeno, y acaso la desdicha de toda una vida.

Otro brujo lobotomista, el doctor James Watts, en noviembre de 1941, en secreto ("en una instalación del Estado de Nueva York", se informó vagamente), y por imposición de Joseph, el patriarca, le clavó el irreversible estilete…

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Los cuatro hermanos mayores. De izquierda a derecha: Joseph (muerto en la Segunda Guerra Mundial), Kathleen, Rosemary y John F. Kennedy (Getty)

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Los ocho hermanos Kennedy de menor a mayor. Tercera desde la derecha, Rosemary (Getty)

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(Getty)

Rosemary tenía 23 años. Desde sus 20, los cronistas de Sociales la definían como "una joven bellísima, con los más refinados rasgos de los Kennedy, pintoresca (…) Una princesa de la nieve con las mejillas sonrosadas, sonrisa reluciente, dientes como diamantes, algo regordeta, y dulce con cuantos conoció".

Pero un baldón para la carrera política que el tirano Joseph había trazado para los varones de la familia: John, Bob, Teddy

Porque, aunque perfecta como una muñeca de juguete…, en la escuela la llamaban "la retardada". Nunca superó su coeficiente intelectual más allá del tercer o cuarto grado primarios, y la confinaron a una escuela de "inadaptados", como se llamaban: adjetivo que el correr de las décadas lograría su versión más piadosa…

Para colmo, cuando el cuerpo de Rosemary empezó a pasar de niña a mujer, sus terribles padres decidieron que su sexualidad era peligrosa… y decidieron someterla a una lobotomía.

Mientras el estilete del doctor Watts raspaba la corteza frontal, la niña debía responder preguntas: a más errores, mayor éxito… Como la supercomputadora Hal 9000 del film 2001, Odisea del Espacio, del genial Stanley Kubrick –estreno: 1968–, derrotada lentamente por los astronautas cuando advierten que la máquina se adueñará de la nave y de la misión. A medida en que le quitan sus paneles y baterías, su súper mente va decayendo, balbucea, y acaba cantando tontamente una vieja melodía: "Daisy… Daisy…", hasta que muere…

Desaparición con vida

Pero… ¿cómo explicar la desaparición de Rosemary, recluida después de la operación en un hogar de Wisconsin, con una mente no superior a los dos años y atada a una silla de ruedas? Nada era imposible para sus padres.

Respuesta:

–Rosemary está enseñando en una escuela del Medio Oeste especializada en discapacitados –una obra maestra del cinismo…

En adelante, sólo su hermana Eunice Kennedy Shriver la visitó, y en 1962 escribió un testimonio desgarrador: "Era hermosa, pero más lenta en gatear, caminar y hablar que sus brillantes hermanos. Amaba la música, y aprendió a bailar, pero preguntaba "¿Por qué los chicos no me invitan?" Cuando mi padre fue embajador en Londres, ella se presentó en Buckingham ante los reyes, y se comportó muy bien…".

Pero el secreto ya estaba decidido y encerrado en una caja fuerte de siete llaves.

Rosemary ya no saldría de allí. Nunca más.

 

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La maldición de los Kennedy: azar, temeridad, locura y mala suerte
De los asesinatos de John Fitzgerald en Dallas y Robert en Los Ángeles, las muertes y tragedias que marcaron a una de las familias más poderosas de los Estados Unidos


Por Alfredo Serra
6 de junio de 2020

Especial para Infobae







John John con solo tres años saluda el ataúd de su padre John F. Kennedy asesinado en Dallas. El dolor de Jackie, Caroline, Edward y Bobby Kennedy, el 25 de noviembre de 1963 (Shutterstock)

Maldición: imprecación que se dirige contra alguien o contra algo, manifestando aversión hacia él o hacia ello, y muy particularmente deseo del que le venga algún daño (Diccionario de la Real Academia Española)

La bala –las tres balas– que destrozaron la cabeza de John Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, muerte similar el 5 de junio de1968 que abatió a su hermano Bob –fuerte candidato a la Casa Blanca–,en el hotel Ambassador de Los Ángeles, fueron gruesos errores políticos.

Pasearse en un auto descapotado por una de las grandes avenidas de Texas, estado que lo odiaba, era convocar a la muerte.



John F. Kennedy y Jackie en el auto en Dallas antes del horror (AP)



En cuanto Bob, a pesar de no ignorar que su hermano había ganado las elecciones “con una ayudita de sus amigos”: el capo de tutti capo San Giancana, cuyos esbirros, matones a sueldo y personajes tan ricos como influyentes operaron a favor de John que entre otros estados arrasó en California, la perla de la corona.

Bob, la funesta noche en que Shiran Shiran lo mató de un tiro en la cabeza, cometió el peor de los errores políticos…: prometió antes damas y caballeros, limpiar la mugre y la corrupción. Su hermano John lo ungió nada menos que Fiscal General: vía libre para atacar a la mafia.

Era una muerte esperando ocurrir.

Pero no estaba escrito en el presunto Libro del Destino.



Bobby Kennedy fue asesinado el mismo día en que gana la decisiva contienda en el estado de California y en la cocina del hotel donde celebraba la victoria

Cinéfilos y hasta no cinéfilos pueden no recordar a memorable escena de Lawrence de Arabia en que dos niños, cola de la caravana, pierden a sus camellos. Uno de los niños muere. Wallace pone grupas para rescatarlo, y el jefe le dice:

–No vayas. Morirá igual. Todo está escrito.

Pero Wallace, luego de tres penosos días en el desierto, desfalleciente, lo salva, y le grita al jeque:

-¡Nada está escrito!

Una bofetada contra mil años de absurda credulidad. Contra un milenio del mal llamado Destino: en todo caso, una palabra cómoda ante las urgencias de prensa.

Hace cuatro mil años, los egipcios no hablaban de Destino inexorable: creían en la magia (la Heka), y escribían el nombre de sus enemigos en las vasijas (algunas se conservan en museos).



Carolyn Bessette y John John Kennedy murieron trágicamente en un vuelo cuando se dirigían a Martha’s Vineyard (Shutterstock)

Pero, en tibia defensa de la palabreja en cuestión, los Kennedy cargan con una pavorosa historia en la que sentados a una mesa de jugo harían saltar varias bancas.

Noviembre de 1941: Rose María Kennedy, ante sus violentos cambios de carácter, fue sometida a una lobotomía. Murió en un psiquiátrico en 2005.

12 de agosto de 1944: Joseph K., piloto de guerra y hermano mayor de JFK, es abatido por un Stuka nazi.

13 de mayo de 1948: Kathleen Agnes K. y su amante Peter mueren en un accidente aéreo.

23 de agosto de 1956: Arabella K, la primera hija de Jackie y JFK, nació muerta.

7 de agosto de 1963: Patrick K, tercer hijo de John y Jackie, murió dos días luego de nacer.

19 de junio de 1964: el senador Edward More K. : muerto en accidente aéreo.

25 de abril de 1984: David Anthony K, cuarto hijo de Bobby, muerto por sobredosis.

31 de diciembre de 1997: Michael K, sexto hijo de Bobby y Ethel, muere en accidente de esquí.



Saoirse Kennedy tenía solo 22 años cuando murió de sobredosis. Era una brillante estudiante en el Boston College (@kerrykennedyrfk)

Por caso-emblema. El 16 de julio de 1999, John John Kennedy, con media pierna enyesada, apenas tres clases de pilotaje y pronóstico de mal tiempo, insistió en llevar su Piper Saratoga hasta Martha’s Vineyard. La máquina cayó al Atlántico y murieron él, su mujer (Carolyn Bessette) y su cuñada (Lauren): un Kennedy de sangre intrépida y locura sin freno. Sello de familia.



Robert Kennedy y John F. Kennedy (John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston)

Hay más. El 16 de abril de 2011, Kara K, la tercer hija de Ted, cayó fulminada por un infarto luego de hacer gimnasia. Mary Richardson Kennedy, que se casó y divorció de Bobby Jr, apareció ahorcada en su casa en mayo de 2012. Christopher Kennedy Lawford, hijo Patricia K, murió en una práctica de yoga a alta temperatura en 2018. El 1 de agosto de 2019, una nueva tragedia: Saoirse K, de solo 22 años y nieta de Bobby, murió de sobreedosis.

Casi último momento. El 3 de abril de 2020, Maeve McKean, sobrina nieta del presidente asesinado en Dallas, con su hijo Gideon, salieron a pescar en canoa en un rio de Maryland. Sus cuerpos aparecieron cinco días después.



Maeve McKean y su pequeño hijo Gideon murieron ahogados cuando fueron a pasear en una canoa

La lista es tan vasta como la familia. Pero no por una maldición ancestral de los tiempos vikingos.

Con tino, un periodista americano escribió: “Muchas de esas tragedia fueron causadas por negligencias graves, como conducir borrachos o pilotear sin experiencia y con aviones deficientes, y otras fueron el resultado de calamidades naturales que bien pueden ocurrir en cualquier familia: cáncer, aborto espontáneo, accidentes, drogas, por lo que creo que la maldición es una creación de los medios”.

Pero en esto de cuestiones sobrenaturales, nadie como Jorge Luis Borges. En su magnífico poema Ajedrez, instala un enigma infinito:

“Dios mueve al jugador, y éste a la pieza / Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonía”.

Un dios detrás de Dios.

Sólo el ciego genial podía urdir esa jugada, ese enigma, ese misterio sin solución. Sólo él…

 
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Aquí se habla de todos los topicos sobre los Kennedy - además con enormes inexactitudes - en vez de sobre el propio presidente. Del que parece que hay un negocio a costa de su desprestigio. Su naturaleza mujeriega era un asunto de su mujer, y, por desgracia, en aquella época, todos los prohombres ricos y poderosos de los USA eran mujeriegos y adúlteros, aparte de machistas con las mujeres.

Durante la guerra, tras el naufragio de la lancha que comandaba, se ganó a pulso una medalla al valor al lograr salvar a todos sus hombres a su mando excepto a dos, nadando cargando con uno a la espalda, por lo que se la destrozó, hasta una isla donde se las ingenio para encontrar comida para todos durante los ocho días que estuvieron perdidos.

Tampoco es cierto que no fuese el autor de su libro Pulitzer: como lector voraz sobre historia norteamericana sabía Potosí sobre esos personajes.

En cuanto a la falta de apoyo en Bahía de Cochinos, no solo cometió la imprudencia del novato de fiarse de la CIA, que juraban que los cubanos se sublevarian, sino que cuando en plena invasión ordenó que los invasores se refugia en en los montes, los lumbreras de los militares le informaron que eso era imposible porque los montes estaban a 150 Km de la costa. Los propios militares la cag... al no tener en cuenta la diferencia horaria de Panamá, de donde iban a salir los aviones, y el presidente no pudo dar apoyo aéreo oficial porque hubiese supuesto la guerra con Cuba y la URSS.

Como tantos otros presidentes, podría haber cerrado los ojos al aparheit con los negros, pero se buscó problemas por darles la igualdad, que su sucesor cerro.

Claro que tuvo errores, Vietnam, por ejemplo, pero tenía unos ideales que quiso hacer realidad.

Y la envidia hacia su aura presidencial, joven y glamourosa, esta detrás de ese empeño en empañar su figura, cuando, en realidad, cuanto más se estudia su presidencia, más se admira su capacidad de liderazgo e idealismo, siendo considerado el mejor presidente del siglo XX, después de F.D. Roosevelt.

De hecho, todos los sucesores democratas, e incluso alguno republicano, aspiran a poseer su prestigio. Porque es un ejemplo de un hombre que, tal vez por medios sucios empleados por su padre, se elevó por encima de él y ejerció su cargo con independencia de su viejo y aplicando ideas propias acerca de la justicia social.
 
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Sabéis si hay algún hilo de política USA o de las elecciones abierto?
Es que a mi me interesa bastante y para comentar en el foro.
 
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La odisea que convirtió a John Fitzgerald Kennedy en héroe de la Segunda Guerra Mundial
La lancha torpedera que comandaba fue partida en dos por un destructor japonés en el Pacífico, pero logró salvarse junto con la mayor parte de su tripulación cubriendo a nado un largo rosario de millas mientras remolcaba a un compañero más herido que él con una correa sujeta entre sus dientes
Rendova (Islas Salomón), diciembre de 1943. Un vehículo anfibio del cuerpo de infantería de marina lleva a tierra las provisiones para las fuerzas americanas que ocuparon la isla de Rendova, base estadounidense de lanchas torpederas de motor


Rendova (Islas Salomón), diciembre de 1943. Un vehículo anfibio del cuerpo de infantería de marina lleva a tierra las provisiones para las fuerzas americanas que ocuparon la isla de Rendova, base estadounidense de lanchas torpederas de motor - PandoFederico Ayala SörenssenMónica ArrizabalagaActualizado: 03/09/2020 03:5

La angustia se apoderó del patriarca de los Kennedy en los primeros días de agosto de 1943. La información le llegó al antiguo embajador directamente del Ministerio de Marina. El alférez de navío de reserva John F. Kennedy era dado como desaparecido en el mar, en las islas Salomón. Como aún quedaba una esperanza, Joe se guardó para sí la noticia y no le dijo nada a su esposa. Cinco días más tarde, Rose recibía una llamada telefónica desde Washington en la que una voz alegre le comunicaba que su hijo estaba a salvo. «¿A salvo de qué?», preguntó ella.



La revista «Blanco y Negro» publicó en exclusiva para España en 1968 una serie de reportajes elaborados por «Paris-Match» en los que se narraban con todo detalle los hechos: «La noche tropical era opaca en el estrecho Blackett, entre Nueva Georgia y la isla Vella Lavella. El destructor "Amagiri" acababa de escoltar a los transportes que abastecían a la guarnición japonesa de Vila. Su comandante, el teniente de navío Kohei Hanami, no dudó en lanzar su potente buque contra una silueta vista en el último momento a ras del agua. El choque tuvo como consecuencia el comienzo de un incendio a bordo. Pero la lancha torpedera norteamericana P.T. 109 había sido partida en dos».




El "Amagiri" protegía al convoy de aprovisionamiento que la marina japonesa tenía para transportar tropas y suministros a sus fuerzas desplegadas en las Islas Salomón y Nueva Guinea durante la II Guerra Mundial y que recibía el nombre de «Tokio Express». Los buques navegaban durante la noche fuertemente protegidos, con destructores como el comandado por Kohei Hanami, que podían completar su misión en una sola noche, lo que hacía muy difícil su localización y ataque.

El servicio de inteligencia de la Marina de los Estados Unidos había interceptado unas comunicaciones que determinaban el paso del convoy cerca de la pequeña isla de Rendova, una de las integrantes de las Islas Salomón, la noche del 2 de agosto de 1943. Se preparó una operación de ataque con 15 lanchas torpederas. Una de ellas, la PT-109, tenía como comandante al futuro presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Su embarcación no disponía de radar, por lo que redujeron la velocidad para que el menor ruido de los motores les permitiera localizar algún buque del «Tokio Express».
Hacia las 2,30 h de la madrugada, uno de los vigías de la PT-109 advirtió sobre un buque que se dirigía a ellos con tal velocidad, que no pudieron esquivarlo. El impacto partió en dos la lancha. Dos de los tripulantes fallecieron por la explosión que destruyó la mitad de la embarcación, pero los otros once sobrevivieron de manera milagrosa. El buque japonés ni se detuvo, posiblemente creyendo que no sobrevivirían en aquellas aguas de haberlo hecho a la explosión.



Los once supervivientes se asieron en la parte de atrás, flotando en torno a Kennedy, que llevaba el timón en el momento del abordaje. «El choque le había arrojado sobre unas chapas de hierro y le dolía la espalda, ya lesionada tiempo atrás en un accidente de fútbol», contaba Blanco y Negro.
Ante la posibilidad de encontrarse con otro buque japonés, los once tripulantes, comandados por el que se convertiría años después en su presidente, abandonaron los restos de la embarcación y se dirigieron a nado hacia la isla de Plum Pudding, a 5 kilómetros de distancia. Kennedy, que había pertenecido al equipo de natación de Harvard, agarró con una cuerda entre sus dientes el arnés del marinero Patrick Mahon, que tenía quemaduras de tercer grado, y lo remolcó. Según el relato publicado por la revista, lo más duro fue atravesar entre los corales que cortaban como hojas de afeitar. El islote estaba alejado de la ruta de las patrullas, pero no disponía de agua potable ni de víveres de ningún tipo, por lo que Kennedy decidió nadar otros 5 kilómetros en busca de alguna embarcación. Fue en vano.



El 4 de agosto los supervivientes nadaron otros 2 km, hasta Olasana. Desde ahí Kennedy y el marinero George Ross partieron hasta Naru, a menos de un kilómetro, donde encontraron una caja de madera con algunos caramelos y un depósito de agua de lluvia. Esa misma tarde llegaron providencialmente a la isla dos nativos kanakas de las Islas Salomón, que trabajaban para la Armada australiana. Ellos llevaron a la base de Rendova el mensaje angustioso que Kennedy grabó en la nuez de un coco con una navaja.
Su S.O.S. llegó hasta las manos del teniente Arthur Reginald Evans, quien envió una canoa para recoger a Kennedy. Ya en Rendova, embarcó en una lancha torpedera para recoger a su tripulación. Tras el rescate tuvo que ser hospitalizado para tratar su lesión de espalda, agravada enormemente durante estos días de tremendo esfuerzo, y que acarrearía a lo largo de toda su vida.

«Ellos hundieron mi lancha»


Kennedy fue condecorado con la Medalla de la Armada y del Cuerpo de Marines, lo que le convirtió oficialmente en «héroe de guerra», lo que le ayudaría en su carrera política, a pesar de que él siempre declaró que la hazaña «fue involuntaria, ellos hundieron mi lancha».

En la foto aparecen Vidal y Kennedy en plena campaña electoral, en 1960

En la foto aparecen Vidal y Kennedy en plena campaña electoral, en 1960

Conservó siempre el coco sobre el que escribió su mensaje, como un talismán, y le acompañó en su escritorio de la Casa Blanca. En la actualidad se exhibe en una urna de cristal de la Biblioteca John F. Kennedy.