Historia. La Guerra Alemana. (1 Viewer)

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Un siglo de la teoría económica en la que se apoyó Hitler para destruir Europa


Las ideas del economista nazi Gottfired Feder, contenidas en su Manifiesto por la ruptura con la esclavitud de Intereses del dinero, cumplen 100 años

Se convirtió en el texto que inspiró a Hitler para fundar su funesto proyecto político

Aldo Mas
23/03/2019 - 21:26h

Portada del 'Manifiesto por la ruptura con la esclavitud de Intereses del dinero’, del economista nazi Gottfired Feder. ELDIARIO.ES

La ultraderecha irrumpe en las empresas alemanas
El día en que Adolf Hitler convirtió, en marzo de 1920, el Partido Obrero Alemán (DAP) en el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), aquel exsoldado superviviente de la Primera Guerra Mundial y antes frustrado pintor presentaba en una célebre cervecería de Múnich los 25 puntos que constituían el programa de su rebautizada formación. Entre esos 25 puntos, inspirados en buena medida de antisemitismo, racismo y otras ideas liberticidas, figuraba, en lo económico, "la ruptura de la esclavitud de los intereses".

Esa expresión, al igual que la fórmula de los 25 puntos, salió de la cabeza del ingeniero y economista Gottfired Feder, un nazi de la primera hora y autor precisamente de Das Manifest zur Brechung der Zinsknechtschaft des Geldes (Ed. Jos. C. Huber, 1919), título traducible como "Manifiesto por la ruptura con la esclavitud de los intereses del dinero". De la publicación de ese volumen, que muestra en su portada una mano gigante de afilados dedos y uñas arrebatar monedas a un grupo de pequeños personajes que levantan con esfuerzo parte de ese dinero, se cumple ahora un siglo.

En la historia del nazismo, las 62 páginas de ese libro tienen su importancia. Debido a ese volumen, a Feder se le considera un "pionero del nazismo" e incluso uno de los "padres del nacionalsocialismo". "En la historia del movimiento nacionalsocialista, a él nunca se le olvidará", se escribía sobre Feder en el obituario con fecha de octubre 1941 en la revista económica Der Deutsche Volkswirtschaft, una de las muchas publicaciones "nazificadas" en tiempos del nacionalsocialismo.

El propio Hitler escribiría en su célebre y plagado de mentiras y medias verdades Mein Kampf: "Después de haber escuchado el primer discurso de Feder, tuve el destello inmediato en mi cabeza de que había encontrado en el camino el más básico de los prerrequisistos para la fundación de un nuevo partido". El texto de Feder representa, según lo apuntaba recientemente el diario muniqués Süddeutsche Zeitung, el lugar "donde Hitler aprendió sobre economía".


Gottfried Feder, ingeniero y economista nazi autor del 'Manifiesto por la ruptura con la esclavitud de los intereses del dinero' BUNDESARCHIV

Feder construyó sus tesis a base de "antisemitismo con notas socialistas", según el Süddeutsche Zeitung. Feder también era profundamente anticomunista. "La idea del estado socialista conduce en consecuencia al comunismo, es decir, al declive", escribe Feder en su centenario libro.

Muchas de las propuestas de Feder buscaban desconectar la economía germana de "los poderes del dinero", representada por una supuesta "internacional dorada" dominada por el "imperialismo anglo-americano" donde ocupaban un lugar prominente familias judías como los Rothschild, que cuenta entre sus miembros con conocidos banqueros.

A esta estirpe financiera, Feder les reprochaba enriquecerse de modo exorbitante gracias a los intereses. Por eso, Feder, que denunciaba en su día la "tiranía de los intereses", aspiraba a eliminar los intereses en productos bancarios como hipotecas y préstamos. También anheló la "nacionalización de todos los bancos".

Ataque a los Rothschild
Según las previsiones que hacía Feder en 1919, los Rothschild acabarían teniendo, en 1965, cerca de 320.000 millones de marcos. Así, esta familia judía germano-francesa acumularía riqueza por un valor superior "al de todo el PIB alemán". La historia no dio, en modo alguno, la razón a Feder. El PIB alemán en 1965 rondaba en 1,5 billones de dólares, mucho más de lo imaginado por Feder.

Hoy día, la fortuna de la familia estadounidense Walton, propietaria de la cadena de grandes almacenes Walmart, está estimada en 151.000 millones de dólares. Los Walton figuran en lo más alto de la lista de mayores fortunas familiares elaborada el año pasado por la agencia Bloomberg. Los Rothschild no están representados en esa lista, dado el carácter "difuso" de su fortuna.

"La naturaleza de muchas fortunas dinásticas – apoyadas en décadas y en ocasiones siglos de activos y dividendos – puede confundir sobre la verdadera extensión de sus propiedades", señalaban al respecto en la prestigiosa agencia estadounidense. Ese carácter difuso lleva décadas alimentando teorías conspirativas sobre el poder de los Rothschild. En el caso de las que inventó Feder, ahora se cumplen un siglo.

En años de antisemitismo extremo, como la década de los treinta del siglo pasado, esas ideas llevaron a Feder muy lejos en política. Tanto es así que entre 1924 y 1936 fue diputado en el Reichstag. Consiguió hacer carrera política pese a los problemas con la justicia que pudo experimentar el partido nazi en tiempos de la República de Weimar. Así, cuando en 1933 Hitler se hizo finalmente con el poder, Feder fue nombrado secretario de estado en el Ministerio de Economía que dirigiera Kurt Schmitt.

Feder y sus 25 puntos, herramientas de Hitler
Desde allí, Feder siguió escribiendo contra "las grandes finanzas" y los judíos, que acabarían siendo perseguidos hasta el funesto exterminio cometido por el III Reich. Posiblemente en las instancias gubernamentales Feder aspiró a ver promocionar ideas suyas como la de "abolir toda remuneración que no surja del trabajo" o una "reforma agraria" de acuerdo con lo que los nazis entendían como "requerimientos nacionales" y "sin compensaciones".

Pero en vista, según convienen los historiadores, del "general acomodamiento de las políticas nazis" al capitalismo alemán de su época, Feder fracasó. Así, en 1936, "en vista de la orientación en las políticas financieras y económicas de Hitler, Feder perdió influencia y se le confió un puesto de profesor en la Universidad Técnica de Berlín", recoge en la abreviada biografía de este nazi que presenta el Museo Histórico de Berlín. Antes de salir del Ministerio de Economía, Feder tuvo sus diferencias con Schmitt.

A Feder, fallecido en 1941, le dio tiempo a ver que sus ideas económicas no eran, al final, idénticas a las de Hitler. De hecho, el Führer quien en su día parecía "poco interesado en la economía" se pronunciaba "a menudo a favor del laisser-faire" en lo económico, según explicó en 1935 la corresponsal estadounidense Dorothy Thompson. Feder y sus "inalterables 25 puntos" del programa de gobierno de 1920 fueron un instrumento más entre los muchos utilizados por Hitler en un ascenso político de trágicas consecuencias para Europa.

23/03/2019 - 21:26h
https://www.eldiario.es/economia/teoria-economica-Hitler-destruir-Europa_0_880512195.html
 

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La historia de Stella Goldschlag es fascinante.
Googleé y me salió una pelicula / documental dramatizado donde aparece dos veces.
Me ha gustado las historias de supervivencia de esos berlineses "submarinos" como se les llamaba.
Encontré subtitulos en español para verla.



Hay un libro sobre el chico de los documentos El falsificador de pasaportes, que debía de ser guapo, y el actor que le interpreta es feo feo feo. Yo me hubiese quejado


El titulo del hilo, hilo que me encanta, lo encuentro confuso y malo. ¿Por qué no IIGM y nazis?
 
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La olvidada supertecnología de Hitler que aterrorizaba a los aliados: «Caían 25 aviones por uno nazi»
Adolf Hitler consiguió adelantarse 40 años a su época y construyó todo tipo de aeronaves. Sus diseños sentarían las bases de la aeronáutica moderna

Manuel P. Villatoro@ABC_Historia
Actualizado:25/03/2019 08:39h
0La huida del «hijo adoptivo de Hitler» que se estrelló en la playa de La Concha en 1945

La Alemania nazi siempre será recordada como una potencia a nivel tecnológico gracias a la gran cantidad de novedosos proyectos militares que consiguió crear en apenas diez años. Sin embargo, en el campo que más destacó fue en el de la aeronáutica. Desde la construcción de la primera nave espacial de la historia hasta la realización de unos pioneros diseños de aviones invisibles al radar,Adolf Hitler logró que la aviación alemana se adelantase casi medio siglo a su tiempo sentando las bases de la tecnología aérea moderna

Los nazis, en definitiva, lograran dar unos pasos agigantados en la tecnología de la aviación. Ejemplo de ello es que los seguidores de Hitler consiguieron fabricar desde las primeras aeronaves a reacción, hasta unos gigantescos bombarderos que podían recorrer miles de kilómetros sin repostar.

De hecho, la evolución era tan abismal que, según afirma el escritor José Lesta en su libro « El enigma nazi» (editado por «Edaf»), si los proyectos se hubieran finalizado sólo unos pocos meses antes, los alemanes hubieran dado un giro abismal a la guerra en el aire. «La potencia destructiva y las técnicas usadas eran tan avanzadas que hasta el último momento Hitler mantenía aún esperanzas de poder dar un golpe sorpresa a los aliados», determina el experto en armamento alemán.

Chernobyl). «Una vez detonada en Nueva York caería sobre la ciudad una nube radioactiva que sería mortal para la mayoría de sus habitantes», sentencia Lesta.


Para hacer funcionar esta máquina se requería una plataforma de raíl casi horizontal de varios kilómetros de largo. Y es que, en contra de lo que pueda parecer, esta nave no despegaba igual que los actuales transbordadores espaciales.

Sin embargo, y en palabras del experto, la llegada del final de la contienda impidió que el proyecto se finalizara. A pesar de todo, el inventor de esta nave espacial nazi consiguió escapar de los aliados: «Eugene Sänger logró huir a Australia sin ser capturado. Ni que decir tiene que durante la guerra fría su proyecto fue uno de los más codiciados por ambas superpotencias. De hecho, Stalin intentó secuestrarle en los años 50 y 60 para que construyera una nave parecida que le ayudara a bombardear a los norteamericanos», determina el escritor.

Al parecer, y según explica Lesta, las investigaciones de este científico fueron usadas finalmente por la agencia espacial norteamericana: «De su trabajo salieron las ideas que llevarían a la NASA a construir el transbordador espacial. Aún así, su invento no llegó a igualarse. Por eso actualmente esta Agencia tiene en experimentación el avión espacial X-33, muy superior al actual transbordador», añade el experto.

El caza que abrió el camino
Otro de los grandes proyectos de la Alemania nazi fue el avión «Messerschmitt Me 262», el primer caza a reacción operativo del mundo. Este avión fue precedido por varias versiones similares de la empresa aeronáutica alemana Heinkel, las cuales no convencieron a los oficiales de la fuerza aérea nazis por sus múltiples fallos.

El uso de este tipo de aviones significaba un cambio radical en la forma de entender los combates aéreos. Y es que, durante los años 40 el principal sistema de propulsión que se utilizaba en los aviones era el de hélice. Por el contrario, este nuevo motor a reacción otorgaba una mayor velocidad a los aeroplanos, que además podían adquirir más altura y permitirse el lujo de no tener que repostar con tanta asiduidad como sus competidores.

«Por cada Messerschmitt derribado, caían 25 aviones aliados»
El Me 262 fue un auténtico quebradero de cabeza para los pilotos aliados gracias a su velocidad y su capacidad de destrucción. «Los aliados no daban crédito a lo que veían. Mientras ellos se movían lentamente con sus viejas hélices, los Messerschmitt alemanes surcaban los cielos a 850 Km./h, una velocidad nunca vista», sentencia Lesta en su libro.

De hecho, desde que comenzó el uso de este tipo de aeroplanos por parte de la fuerza aérea nazi, decenas de experimentados pilotos aliados cayeron impotentes ante ellos. «La ventaja era tal que normalmente caían veinticinco aparatos aliados antes de que un avión a reacción fuera abatido», determina el escritor con asombro.

Sin embargo, como sucedió con la mayoría del armamento que podría haber dado la victoria a los nazis, este aeroplano llegó demasiado tarde y era muy inferior en número a los aviones aliados. «La unidad de Me 262 era muy reducida, además, el primer caza de estas características entró en combate en mayo de 1944, un año antes de acabar la guerra. Para entonces el número de aviones aliados en vuelo era muy superior», apunta Lesta. Con todo, y a pesar de no llevar a la victoria al régimen nazi, la tecnología de los Me 262 y la de los aviones precursores supuso un gran avance para la aeronáutica.

Un bombardero invisible al radar
Finalmente, uno de los últimos proyectos aéreos revolucionarios de los nazis corrió a cargo de Reimar y Walter Horten. Estos hermanos crearían los primeros aviones en forma de ala delta de la historia haciendo uso de un diseño que en la actualidad poseen un gran número de cazas y bombarderos militares.

Concretamente, los Horten idearon este tipo de avión debido a que, tras varias pruebas, descubrieron que ofrecía menos resistencia al viento que el resto de aeroplanos. De esta forma, se obtenían una serie de ventajas en vuelo como la capacidad de recorrer una mayor distancia sin la necesidad de repostar o la posibilidad de viajar a una velocidad mucho mayor que el resto de aparatos.

Así, Hitler requirió a los Horten para llevar a cabo su viejo sueño: bombardear Estados Unidos con un avión que partiera desde Alemania. «Únicamente el bombardero en forma de “Ala volante” (Ho 18) propuesto por los Hermanos Horten era lo suficientemente avanzado como para cumplir los requisitos de una travesía tan larga», determina Lesta.

Con el avión de los Horten, Hitler pretendía bombardear EE.UU.
De esta forma, su objetivo quedó claro: «El Ho 18 debería despegar de una base secreta alemana realizando un viaje de ida y vuelta a la costa este norteamericana. En un único intento y sin escalas, tendría que cruzar el Atlántico hasta llegar a Nueva York. Una vez allí dejaría caer una única bomba de 4 toneladas y regresaría inmediatamente a Alemania sin repostar. La velocidad del avión debería ser muy alta, de al menos 1000 Km./h», añade el experto.

A su vez, la revolución de este avión no venía únicamente por su diseño, sino que, además, fue el primer aeroplano que era invisible a los radares norteamericanos. «La superficie del bombardero tendría una capa de pegamento especial a base de carbono, con lo cual sería indetectable a los radares americanos de la época. Los Horten habían construido los primeros aviones invisibles al radar casi medio siglo antes que los americanos».

Sin embargo, finalmente el proyecto fue detenido por las fuerzas aliadas. «Los americanos llegaron a las fábricas de “Alas Volantes” y el taller de los Horten descubriendo el extraño caza a reacción. Inmediatamente lo transportaron a EE.UU. donde sería estudiado por la casa aeronáutica Northrop», explica Lesta.


La creación de los hermanos Horten
Al parecer, posteriormente Walter Horten trataría de contactar con los norteamericanos para unirse al proyecto. «Cuando un año después escribió una carta a Jack Northrop para seguir en los EE.UU. su carrera como diseñador de “Alas Volantes” no recibió respuesta. No se trataba de falta de talento, más bien era lo contrario, Northrop se había hecho con todas sus ideas y comenzó a construir ese tipo de aviones para la industria militar norteamericana», añade el escritor.

Casi 50 años después, los sueños de los Horten se hicieron añicos cuando los estadounidenses presentaron dos de sus nuevos aviones: un caza invisible en forma de ala delta (F117) y un bombardero que no captaba el radar (B2), ambos basados en sus diseños.

Cuatro preguntas a José Lesta
-¿Cómo es posible que países como Estados Unidos tardaran casi medio siglo en copiar los diseños nazis?

Más bien tardaron ese tiempo en completar los proyectos nazis. No sólo los copiaron rudimentariamente, sino que alcanzaron un desarrollo superior. El ejemplo es la tecnología aeronáutica Stealth, que si bien provenía de las ideas que los hermanos Horten desarrollaron para la Luftwaffe en los años cuarenta (con sus alas volantes triangulares de perfiles nulos al radar y recubrimientos de carbono en las estructuras exteriores de los cazas), costó al gobierno americano varias décadas de investigación para finalmente desarrollar los F-117 y B-2. Estos aviones técnicamente tenían una firma casi nula a los radares de los años ochenta.

-¿Qué países fueron los que se apropiaron de esta tecnología?

Todos lo intentaron. No sólo me refiero al bando aliado (Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros), sino también el bloque soviético, e incluso países «neutrales» como España. A su vez, lo intentó Otto Hanh, premio Nobel de física que trabajo en la formación de la J.E.N. -Junta de Energia Nuclear-, o países que ni siquiera formaron parte del conflicto bélico, como Argentina, que desarrollo cazas innovadores y muy desarrollados para la época cuando el gobierno de Perón acogió a uno de los hermanos Horten. De hecho, también tuvo un programa para el desarrollo de la fusión nuclear en una isla de Bariloche, en la Patagonia.

-¿Algún científico alemán fue «fichado» por los aliados tras la guerra?

En la operación «Paperclip», Estados Unidos reclutó a unos 140 de ellos semanas después de finalizar la guerra. Todos fueron trasladados a Fort Bliss -Texas-, para posteriormente ser diseminados por todo Nuevo México en las zonas de desarrollo tecnológico más punteras como Roswell -aeronaútica-, Alamogordo -Energía nuclear-, y otros sitios aledaños. Con el paso de los meses, la lista se engrosaría de manera alarmante. Algunos tenían comprometido su pasado por su relación con los campos de concentración, y sus expedientes fueron limpiados convenientemente.

-Mientras los alemanes contaban con esta tecnología ¿Con qué tipo de aviones combatían los aliados en la misma época?

En aquellos años estas dos potencias ya comenzaban a experimentar con tecnologías de propulsión parecidas a las nazis, pero era algo casi puramente teórico. Su retraso en la materia era brutal en áreas como los misiles teledirigidos, tecnología que si portaban algunos novedosos modelos nazis. Realmente no existía retraso, simplemente no habían siquiera comenzado a desarrollar o intuir la tecnología. Sirva de ejemplo el hecho de que todos los modelos de aviones aliados lanzaban sus bombas por el antiguo método del tiro parabólico y la caída libre. Entretanto, los nazis, a partir del 45, tenían el Fritz-X y muchos otros misiles teleguiados a distancia con palancas y joysticks. Es más, el modelo apodado «Blancanieves», que era un misil aire-agua, tenía sensores para planear sobre la superficie del agua e impactar en la línea de flotación de los barcos enemigos. El BV-143, por su parte, era un misil aire-aire que poseía una cámara de televisión con la que los controladores en tierra podían ver aviones enemigos en el interior de las nubes.
https://www.abc.es/historia/abci-ol...viones-aliados-nazi-201903250128_noticia.html
 
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En serio lo de "la guerra alemana" es confuso. ¿Se habla de Federico el Grande, de la 1ra guerra mundial, de la franco-prusinana, de la de los cien años? ¿También se hablará de ellas?
 

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La venganza judía contra Eichmann, el mayor asesino de masas del nazismo
Tras la muerte de Rafi Eitan, el hombre que orquestó la captura de uno de los «Arquitectos del Holocausto» de Hitler, repasamos cómo fue la Operación Garibaldi

SeguirManuel P. Villatoro@ABC_Historia
Actualizado:26/03/2019 09:36h
12La supertecnología de Hitler que aterraba a los cazas aliados: «Caían 25 por cada uno nazi»

«El Primer Ministro ha dicho que los servicios israelíes de seguridad han encontrado y detenido a Adolf Eichmann, “el mayor criminal de guerra nazi”». Con estas escuetas palabras desvelaba el ABC, en su edición del 24 de mayo de 1960, la captura en Argentina del que fuera uno de los artífices de la temida Solución Final (la aniquilación sistemática de millones de judíos por parte del Tercer Reich). Poco más señalaba este diario. Tan solo que el reo se encontraba «en una prisión de Israel» y que sería «sometido a juicio próximamente». Lo que se generó a la postre fue una controversia internacional en la que, tras negarse a extraditar a su presa, el país enjuició al teutón y acabó enviándole a la horca. El condenado se mantuvo desafiante hasta el final y se marchó al otro mundo tras proferir un grito ensordecedor: «¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! ¡Nunca las olvidaré!».

Pero el proceso y la muerte de Eichmann no provocaron ni una décima parte de la tensión que generó su captura. O rapto, como prefieren denominar algunos historiadores a su cacería en territorio argentino sin el permiso del gobierno local. La misión se sucedió el 11 de mayo. Esa jornada, tras meses siguiendo los pasos del criminal nazi y estudiando sus hábitos, un equipo especial del Mossad (el servicio secreto israelí) interceptó al germano, le drogó, y le metió en un avión con dirección al país hebreo. Aquel operativo (llamado Operación Garibaldi) estaba dirigido por el agente Rafi Eitan, el mismo hombre que falleció el pasado 23 de marzo a los 92 años de edad y que, como bien ha señalado el primer ministro Benjamin Netanyahu, fue considerado un ídolo nacional.

«Mi esposa Sarah y yo, junto con todo el pueblo judío, lamentamos el fallecimiento de nuestro querido Eitan, uno de los héroes del servicio de Inteligencia del Estado de Israel en innumerables actos para la seguridad», señaló el político. Netanyahu también hizo referencia a que el espía era amigo personal de su familia y a que fue uno de los pilares sobre los que se asentó la guerra contra los oficiales nazis que se exiliaron para eludir a la justicia. «Participó en la vida pública, fue ministro en el gobierno israelí y trabajó para restaurar las propiedades judías robadas durante el Holocausto», explicó. Por último, se deshizo en elogios ante el fallecido y le calificó como un hombre «lleno de sabiduría, ingenio y compromiso infinito con el pueblo de Israel».

Adolf Eichmann se merecía pasar por el banquillo tras haber perpetrado todo tipo de barbaridades contra el pueblo judío. Así lo cree el periodista argentino Jorge Camarasa, autor de «Odessa al Sur, La Argentina como refugio de nazis y criminales de guerra» y uno de los grandes estudiosos de los oficiales germanos que, tras la Segunda Guerra Mundial, huyeron de Alemania y atravesaron el charco para ponerse a salvo.

Camarasa recuerda en su obra que Eichmann vino al mundo el 19 de julio de 1906 en Solingen (Alemnia) y que, durante su infancia, la casualidad le hizo tener como maestro al mismo profesor de historia de Adolf Hitler. Su carrera en el Partido Nazi comenzó en 1931 y, apenas un año después, ya se había afiliado a las temibles SS. Lo más llamativo es que este cruel personaje decidió dedicar sus esfuerzos a los llamados «asuntos judíos». «Se especializó en judaísmo, y al cabo de cuatro años leía y traducía el hebreo y podía hablar y entender el ídish», añade. Por desgracia, dentro de su campo de actuación también entraba el exterminio masivo del pueblo semita, su verdadera obsesión durante toda la Segunda Guerra Mundial.


El alemán, durante el juicio
Su cénit como asesino de masas llegó entre 1941 y 1942, los mismos en los que el nazismo se encontraba todavía en auge y los aliados todavía no habían movido ficha para acabar con el Tercer Reich. Ya como coronel, Eichamann organizó las detenciones de judíos, su deportación y su confinamiento en los temibles campos de concentración. «También había prohibido los nacimientos en los campos y había ordenado interrumpir los embarazos mediante abortos provocados. Los ejecutores de sus mandatos eran los llamados Grupos de Operaciones organizados por la Oficina Central de Seguridad del Reich, que actuaban en todo el territorio europeo y en las zonas ocupadas de la Unión Soviética», añade Camarasa en su obra.

Sin embargo, por lo que será tristemente recordado Eichmann fue por ser uno de los principales organizadores de la Solución Final. Es decir, el asesinato en masa de más de seis millones de judíos en los cámaras de gas. El historiador español Álvaro Lozano así lo afirma en su magna «La Alemania nazi (1933-1945)». En sus palabras, la decisión de aniquilar a este pueblo se produjo debido a una «conjunción de factores». A saber: «el fanatismo ideológico extremo» o «las pujanzas radicales». Todo ello, mezclado con una gran dosis de antisemitismo fomentado desde el final de la Primera Guerra Mundial, provocó que en 1942 se apostara por acabar con los hebreos en la Conferencia de Wannsee. La medida enorgulleció a personajes como Heinrich Himmler, quien señaló que el exterminio era «una gloriosa página de la historia que nunca había sido escrita y que nunca lo sería».

Huida y captura
Pero la historia de este curioso personaje no se redujo a la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda, comenzó un periplo por media Europa para escapar de las autoridades aliadas. Según narró el diario ABC en un artículo publicado poco después de su captura, Eichmann fue atrapado «por las fuerzas norteamericanas en Austria el 8 de mayo de 1945». Sin embargo, «el mismo día consiguió despistar a sus captores y escapar». Asustado, «permaneció escondido en la Alemania Occidental hasta 1950». Poco después logró marcharse a Génova por la «ruta de las ratas». Allí obtuvo un pasaporte falso y fue bautizado con un nombre falso que usaría hasta el mismo día de su rapto: Ricardo Klement. El 15 de julio de ese mismo año arribó hasta Buenos Aires, donde esperaba poder descansar.

Hasta Argentina llegaron, a finales de los 50, los espías del Mossad tras averiguar la verdadera identidad de Klement. El cómo arribaron hasta él merecería un estudio exhaustivo. Basta decir que existen decenas de versiones para explicar la forma en la que encontraron la pista. La primera, la más extendida y oficial, es la que afirma que el rastreador que encontró su paradero fue el archiconocido (y controvertido) cazador de nazis Simon Wiesenthal. El gobierno de Israel ofreció poco después la suya, en la que atribuyó toda el mérito a sus agentes secretos. La última fue desvelada en su obra por el propio Camarasa, quien es partidario de que el nazi fue delatado por Wilhelm Sassen, un periodista que escribió las memorias del propio Eichmann después de haberle entrevistado en varias ocasiones.


Eichmann
Fuera como fuese, y obviando la infinidad de saltos que Eichmann dio por Latinoamérica antes de asentarse de forma definitiva en Buenos Aires, en febrero de 1960 una avanzadilla del Mossad pisó Argentina con órdenes de encontrar al nazi y estudiar su posible captura. «El primer grupo llegó a principios de febrero de 1960. Eran tres hombres, a quienes en Buenos Aires se les unieron otros dos y una mujer. Su misión era verificar los pocos datos concretos que tenían y, si era posible, hacer una identificación indudable de Eichmann-Klement», explica Camarasa. No les fue sencillo descubrir dónde residía, pues se había mudado hacía poco. Sin embargo, tras tender una sencilla trampa a su hermano Klaus (le hicieron llegar un paquete dirigido al asesino nazi y le siguieron cuando fue a entregárselo) descubrieron que se hospedaba en la calle Garibaldi. Poco después pudieron corroborar que era él y se inició el operativo para raptarle... sin permiso de Argentina.

El miércoles 11 de mayo de 1960 el equipo (dirigido por Eitan) estaba preparado para capturar a Eichmann. En la operación participarían, según Camarasa, un total de 64 personas. Algunas como agentes de campo (8, en concreto) y otras como meros arrendadores de automóviles y viviendas para evitar que sus compañeros levantasen sospechas. Los agentes decidieron que el mejor momento para detenerle sería el instante en que el antiguo oficial nazi bajaba del autobús comunal que le traía de la fábrica en la que trabajaba. En su edición del jueves 8 de junio de 1961, el diario ABC corroboró este hecho: «Se dice que Eichmann trabajaba en una fábrica de la casa Mercedes Benz, de automóviles, en las afueras de Buenos Aires. En la fábrica se ha indicado que se desconocía la verdadera identidad de Eichmann, ya que había facilitado un nombre supuesto».

El día del rapto
La misión comenzó poco después de las ocho de la tarde. Y lo cierto es que era compleja para los agentes ya que, como el mismo Eitan explicó en una entrevista a la CNN, no contaban con armas para enfrentarse al germano. «Éramos un equipo de operación sin armas, sin comunicación y lo hicimos… y probablemente hoy, con la tecnología, lo haríamos de forma bastante similar». Aquel 11 de mayo el autobús se retrasó. Cuando llegó, los agentes que esperaban en dos coches ubicados cerca de la casa de la calle Garibaldi ya casi habían perdido la esperanza. «Alguien se acerca, pero no puedo ver quién es...», dijo uno de ellos. Acto seguido, el júbilo se hizo con ellos. «¡Es él!».


Eichmann
Con su objetivo en el lugar deseado, uno de los agentes (el más corpulento) se abalanzó sobre él. En principio había pensado agarrar a su presa por detrás. Sin embargo, la posibilidad de que llevara un arma hizo que prefiriera derribarle de un golpe. El impacto fue tan fuerte que el alemán soltó un terrible grito al caer al suelo. Todo sucedió en segundos. A continuación, otro de los espías cogió del brazo al asustando Eichmann y le arrastró hasta meterle en el coche. Le ayudaron dos compañeros más, nerviosos porque alguien pudiera escuchar los alaridos. Poco después, y al más puro estilo de Hollywood, arrancaron y se marcharon a toda prisa de allí. Su siguiente parada fue la sala de interrogatorios, donde le obligaron a desvelar su verdadero nombre.

- ¿Cuál es su tamaño de sobrero?

-Seis y siete octavos.

-¿Y su talla de vestir?

-Cuarenta y cuatro.

-¿Qué número de zapatos calza?

-Nueve.

-¿Y cuál era el número de su tarjeta de afiliación al Partido Nacionalsocialista?

-El 889.995.

-¿Cuándo llegó usted a Argentina?

-En 1950.


Extracto del diario ABC en el que se narra la partida de Eichmann
-¿Cómo se llama?

-Ricardo Klement.

-¿Se deben las cicatrices de su torso a un accidente que ocurrió durante la guerra?

-Sí.

-¿Cuál es su verdadero nombre?

-Otto Heninger.

-¿Eran sus números en las SS 45.326 y 63.752?

-Sí.

-¡Entonces dígame cómo se llama!

-Me llamo Adolf Eichmann.

Ejecutado
En palabras de Eitan, todo terminó con aquella declaración. Poco después Eichmann fue trasladado en secreto hasta Israel. Una vez más, sin el permiso de Argentina. Según explicó el agente del Mossad a la CNN, lograron engañar a las autoridades robando la identificación de vuelo del trabajador de una aerolínea. «En esos momento no había Internet, así que nadie pudo comprobar si era él o no», añadió. Según su relato, vistieron al reo con el «uniforme de vuelo» y le pusieron una inyección con droga para que se mareara y no desvelara quién era en realidad. «Estuvo acompañado por un médico que dijo que estaba un poco enfermo. Entregamos los documentos adecuados y nos dejaron pasar», añadió.

El resto es historia. El 23 de mayo el antiguo nazi llegó a su destino. El gobierno de Israel se negó a extraditar a su presa para que fuera juzgada por un tribunal internacional. Tampoco quiso dar ninguna explicación a una Argentina frustrada porque se hubieran saltado a la torera su jurisdicción. Tan solo emitieron un comunicado en el que se señalaba que Eichmann había decidido marcharse por su propia voluntad del país. El 1 de junio de 1962 fue ahorcado tras un juicio que mostró al mundo las escalofriantes prácticas nazis. Jamás se arrepintió. Este diablo tan solo se limitó a repetir, una y otra vez, que se había limitado a obedecer órdenes
Reportaje original, incluyendo video, en:
https://www.abc.es/historia/abci-ve...esino-masas-nazismo-201903260219_noticia.html
 

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A las órdenes de Hitler: el turbio pasado nazi de algunas famosas empresas actuales
Al igual que otras tantas, estas compañías estuvieron a las órdenes del Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Algunas cedieron sus instalaciones para fabricar lanzacohetes; otras, tejieron los uniformes de los germanos

SeguirManuel P. Villatoro@ABC_Historia
Actualizado:01/04/2019 08:53h
9 La visita de ABC al infierno nazi de Dachau: «El niño me señaló, riéndose, un cadáver reciente»

En la actualidad es imposible no haber visto un anuncio de Adidas en la televisión. Otro tanto sucede con Hugo Boss, una marca conocida en toda el mundo por la calidad y el diseño que ofrecen sus prendas. No obstante, tan cierto como esto es que estas dos empresas trabajaron, entre 1939 y 1945, para el régimen nazi de Adolf Hitler. La primera (conocida entonces como Geda) tuvo que ceder sus instalaciones al Tercer Reich para la fabricación de «Panzerschrecks» (lanzacohetes). La segunda, por su parte, tejió los uniformes de las tropas germanas.

Adidas y Puma
El caso de Adidas es uno de los más llamativos de toda la Segunda Guerra Mundial. A nivel oficial, la empresa nació en 1949. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes. Más concretamente en los años 20, época en la que dos hermanos -Adolf Adi») y Rudolf Dassler- empezaron a fabricar calzado en su pueblo natal: Herzogenaurach. Debían ser buenos ya que, al poco tiempo, la marca Geda (que bebía de «Gebrüder Schuhfabrik» -el nombre original- y «Dassler») ya era utilizada por los atletas de élite germanos. En la década de los 30 su fama ya era internacional y sus zapatillas (especiales para deportistas) las calzaban hasta en los Estados Unidos.

«En los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados en Berlín, las zapatillas Geda adquirieron un protagonismo insospechado. Un atleta norteamericano de raza negra rompería el mito de la superioridad de la raza blanca, promovido por los nazis. Era Jesse Owens, quien calzaba unas zapatillas de clavos obra de Adi Dassler cuando consiguió sus cuatro medallas de oro. Paradójicamente, la técnica alemana había servido precisamente para dejar en evidencia a los dirigentes nazis», explica el historiador y periodista Jesús Hernández (autor del blog « ¡Es la guerra!» y de dos decenas de obras sobre la contienda como «Grandes atrocidades de la Segunda Guerra Mundial»).

100 Historias secretas de la Segunda Guerra Mundial», «el sastre se dio cuenta de que el negocio era vestir a las tropas hitlerianas».

Corría el año 1931 y Alemania vivía asolada por las duras condiciones que le habían impuesto los aliados por ser la nación que, de forma «oficial», había iniciado la Primera Guerra Mundial. Concretamente, este país se veía ahora en la ruina ya que estaba obligado a pagar grandes impuestos al bando vencedor (denominados como «reparaciones de guerra»). Esto, unido a la gran crisis económica de 1929, había dejado a Alemania en el ostracismo.


Soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial
En esa época, un joven Adolf Hitler había tomado ya las riendas del Partido Nazi y su discurso comenzaba a convencer a muchos alemanes. Y, al parecer, uno a los que persuadió fue Hugo Boss. «En abril de 1931, cuando aún Hitler no había llegado al poder, Boss, que entonces tenía 46 años, decidió alistarse en el Partido Nazi. Su número de afiliado sería el 508.889» afirma Hernández.

En 1933, dos años después de comenzar su aventura textil, y tras pasar multitud de calamidades económicas, Hugo Boss ya había decidido que su futuro sería proporcionar la indumentaria a las «Waffen SS», las SA (una organización paramilitar del partido nacionalsocialista), y las Juventudes Hitlerianas, según explica el historiador.

Ese mismo año, las ventas comenzaron a incrementarse, y, en términos del historiador, Hugo Boss incluyó un anuncio en un diario local afirmando lo siguiente: «Uniformes de las SS, las SA y las HJ. Ropa de trabajo, de deporte y de lluvia. La hacemos nosotros mismos, con calidad buena y reconocida y a buenos precios. Boss. Ropa mecánica y de trabajo, en Metzingen. Firma homologada por las SA y las SS. Uniformes con la licencia del Reich». Su futuro acababa de quedar sellado.

«En abril de 1931, cuando aún Hitler no había llegado al poder, Hugo Boss, que entonces tenía 46 años, decidió alistarse en el Partido Nazi»
Desde ese momento los pedidos del ínfimo taller se multiplicaron. «Años más tarde, en 1935, Boss decidió abandonar la fabricación de ropa civil y dedicarse exclusivamente a la confección de uniformes. Seguramente, a Boss no le pasó desapercibido el dato de que entre miembros de las SS, SA y Juventudes Hitlerianas sumaban un total de tres millones y medio de uniformes, y que alguien debía de fabricarlos» sentencia Hernández.

Hugo Boss acertó de lleno, como explica el historiador: «La diversidad del vestuario del Tercer Reich debía ser atendida. Por ejemplo, el vestuario tipo del militar alemán podía tener hasta ocho uniformes distintos: el de campaña, el de servicio o diario, el de guardia, el de parada, el de presentación, el de paseo, el de trabajo, el deportivo y el de sociedad, este último solo para los oficiales».

El negocio progresa
Los pedidos llegaron a cientos hasta Metzingen, lo que provocó que Boss se planteara comprar en 1939 una fábrica de telas para ahorrar costes en el proceso de creación de las prendas. El mercado era sin duda favorable para la marca.

Ese año sucedió además un hecho que convertiría a Hugo Boss en una de las marcas con más beneficios en Alemania: la invasión de Polonia por parte de las tropas nazis el 1 de septiembre de 1939. La maquinaria militar de Hitler se puso en marcha y alguien tenía que proporcionar la vestimenta a todos aquellos soldados que recorrerían medio mundo. El elegido, como no podía ser de otra forma, fue aquel sastre que trabajaba en Metzingen.


Además, y según explica Hernández, la guerra amplió el mercado del modista, que ahora recibía multitud de nuevos pedidos, algunos incluso de la Wehrmacht (el grueso de las fuerzas de tierra, mar y aire del ejército alemán). «En el taller de Metzingen llegaron también pedidos de la Sección de Vestuario (Bekleidung) y del Estado Mayor (Stab), perteneciente a la Oficina de Asuntos Generales del Ejército (Allgemeines Heeresamt)» determina.

Boss era en ese momento un empresario acaudalado cuyo producto era conocido en toda Alemania. «El pequeño taller de Metzingen se convertía así en la segunda compañía textil más importante de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial» sentencia el historiador.

Escasez de materiales
Aunque la guerra significó el aumento de los pedidos para Boss, le provocó también una serie de problemas. El primero de ellos tuvo que ver con la disminución de la entrada de productos a través del comercio, lo que provocó la escasez de materias primas para confeccionar los trajes. A esta dificultad se unió además el recorte en el presupuesto destinado a los uniformes que hizo el Gobierno Alemán, ya que necesitaba el dinero para la investigación armamentística.

Sin embargo, Boss ideó una solución sencilla. «Si en los años treinta los uniformes de las SS, la SA, las HJ y la Wehrmacht estaban fabricados con una mezcla de fibras y lana, durante la guerra la lana reciclada pasaría a ser el elemento básico de los uniformes» afirma Hernández.

«Hugo Boss no dudó en utilizar mano de obra de trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados»
A su vez, los alemanes discurrieron otras formas de conseguir materias primas, requisárselas a sus enemigos. «Las necesidades de vestuario del Ejército alemán nunca se pudieron cubrir completamente debido a la escasez de materias primas. Por tanto, las tropas germanas se vieron forzadas a requisar toneladas de ropa en los países ocupados» destaca el historiador.

Otro problema que se le planteó a Boss fue la falta de trabajadores. Sin embargo, en su ayuda acudieron de nuevo las tropas de Hitler: «Hugo Boss no dudó en utilizar mano de obra de trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados, sobre todo mujeres polacas. Entre 1940 y 1941, trabajaron treinta prisioneros franceses. Además las SS facilitaron a Boss la incorporación de una veintena de trabajadores polacos procedentes de campos de concentración», informa Hernández.

Después de la guerra
Después de la guerra, aproximadamente en 1945, las cosas cambiarían radicalmente para Hugo Boss, que pasó de ser un empresario reconocido a ser acusado por el nuevo Gobierno de colaborar con el nazismo. «Hugo Boss fue declarado por las autoridades aliadas ‘beneficiario’ del régimen nazi y su empresa fue calificada de ‘importante’ en el entramado económico del régimen de Hitler, dos condiciones que comportaron que Boss perdiera el derecho al voto y una multa de 80.000 marcos» destaca en su libro el periodista.

A pesar de la gran cantidad de la multa, en un principio el dinero no era un problema para el sastre. «Este importe lo pagó con el dinero obtenido gracias a la venta de grandes cantidades de seda de la que utilizaba para confeccionar paracaídas que Boss había comprado en el mercado negro durante la contienda» explica Hernández.

Después de ser multado, Hugo Boss decidió cambiar los trajes militares que confeccionaba por uniformes de trabajo. «A la vez, presentó un recurso ante los tribunales de justicia para limpiar su nombre. Sin embargo, Hugo Boss nunca obtuvo el perdón del Gobierno de la nueva República Federal de Alemania. Murió en 1948» sentencia el experto. Hace poco, la empresa ha pedido disculpas por su pasado.
https://www.abc.es/historia/abci-tu...esas-ordenes-hitler-201904010103_noticia.html
 
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HOLOCAUSTO
Annette Cabelli: “A las jovencitas les quitaban todos los órganos que podían en el campo de concentración”
Una superviviente del holocausto de origen sefardí relata las atrocidades que vivió bajo el horror nazi
Annette Cabelli bajó del tren y vio cómo unos soldados cogieron del brazo a unos niños gemelos y los apartaron del resto del grupo. "Se los llevan para hacer experimentos", le dijeron. Cabelli tenía 17 años y acababa de llegaral campo de concentración nazi de Auschwitz (Polonia), en 1942. Unas semanas antes, en Salónica, la ciudad griega donde nació, las SS se llevaron a uno de sus hermanos. “Vinieron los alemanes al gueto con perros y vestidos de negro a por todos. No supimos más de él”, narra la nonagenaria pausadamente en español ladino, su lengua materna. Ahora, a punto de cumplir 94 años, recuerda en el Centro Sefarad-Israel de Madrid la barbarie de Auschwitz, las atrocidades que soportó en tres campos de concentración y el antisemitismo que atravesó toda su vida.


"Cuando vivía en Grecia, los judíos éramos como de segunda clase. No podíamos ir a la escuela con el resto de niños. Eso sí, cuando estalló la guerra en 1940 contra Italia nos llamaron para ir luchar", relata. Creció en una comunidad sefardí con su madre y dos hermanos mayores. Su padre murió cuando ella tenía cinco años. Cuando Italia pidió ayuda a Alemania, el ejército de Adolf Hitler ocupó el país. "Vinieron las SS con perros, empezaron a pegar a todos y nos pidieron el nombre", dice. Tiempo después, fue trasladada forzosamente junto con su madre a Polonia.


Como a tantos miles, la marcaron cuando llegó al campo: un tatuaje en el antebrazo con el número 4065 con un triángulo debajo. Su madre fue asesinada al poco de llegar. "¿Ves el humo de aquella chimenea?, pues allí está tu mamá", cuenta que le dijo un guardia al que le preguntó. De sus padres solo conserva una fotografía, una medalla que una vecina le entregó cuando regresó tras la guerra y la promesa de visitar algún día España. "Éramos sefardíes. Para mi familia, era la tierra de la que fuimos expulsados hacía siglos", explica.

En Auschwitz, su primer trabajo fue limpiar las cubas de excrementos del hospital para presos políticos polacos. "Las polacas que estaban allí me daban patatas y me querían mucho. No me llamaban judía, sino La griega, narra. Allí pasó varios meses hasta que se contagió de tifus y la trasladaron a un "bloque" para enfermos. Recuerda ver cómo se llevaban a la gente a las cámaras de gas y a los hornos. Según cuenta, la capo (mujer que trabajaba para los nazis como guardiana) le confesó: "Como te vas a morir de tifus, no te voy a dejar ir para que te maten". Pero sobrevivió.

Josef Mengele, el médico y oficial de las SS conocido como el ángel de la muerte, también forma parte de los recuerdos de la protagonista. Mengele se paseaba, relata, junto con otros doctores "sin diploma" y seleccionaba a pacientes entre los prisioneros para experimentar con ellos. "A las jovencitas se las llevaban y les quitaban todos los órganos que podían. Luego las enviaban a trabajar. Pero no podían y una semana después se morían", asegura. Los prisioneros de los campos nazis vestían uniformes de rayas haraposos con los que difícilmente podían combatir el frío. Desayunaban café aguado y se alimentaban a base de sopa y pan. "Nos sacaban de la cama a las 7 de la mañana y a las ocho venían para contarnos. Eso era la muerte. Cuando hay menos 13 grados no puedes más".

La marcha de la muerte

Auschwitz fue liberado por el ejército soviético el 27 de enero de 1945. No obstante, días antes y ante el miedo de ser capturados, los nazis trasladaron forzosamente a unos 60.000 prisioneros a otros campos de concentración. A esta huida, se le conocen como "las marchas de la muerte". Cabelli caminó sin descanso hasta la frontera Alemana. Durante el viaje a pie vio como miles de compañeros perecieron a su lado. Tuvo que pasar por dos campos más: Ravensbrück y Malchow (a 90 y 70 kilómetros de Berlín, Alemania, respectivamente), antes de ser liberada el 2 de mayo de 1945. "Andamos por la nieve. Sin pan. Pasamos la frontera sin dormir. Si no caminabas venía la SS, te tiraba al suelo y te disparaba. Más del 50% de deportados murieron", asevera.

Cabelli decidió trasladarse a París para comenzar a vivir el resto de una vida que, hacía poco más de dos años, pensaba que había perdido. Aunque el holocausto le ha marcado cada día, no pierde la sonrisa. Ahora, dedica parte de su tiempo a contar su historia por los colegios y universidades. Hace dos años recibió la nacionalidad española, aunque para ella no deja de ser un reconocimiento simbólico. "Soy sefardí y, por lo tanto, nací española antes que todos vosotros", dice entre risas mientras apunta con su bastón a los periodistas


https://elpais.com/sociedad/2019/03/21/actualidad/1553189586_236325.html
 
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El juicio olvidado contra los nazis de Auschwitz
Una nueva novela indaga en este proceso penal, hito clave en la historia reciente de Alemania


SeguirBruno Pardo Porto@brunopardoo
Frankfurt
Actualizado:07/04/2019 01:07h

El horror puede caber en diez metros. En diez metros de estantería ocupados por 456 carpetas y miles de papeles desvencijados por el tiempo, que se deshacen al tacto. En más de un centenar de cintas de audio todavía peor conservadas, con sus reproductores ya obsoletos. Da igual el soporte: importan las voces, los testimonios de la barbarie, esos que nos recuerdan que, al cabo, somos capaces de construir infiernos en la tierra. Ya saben: «El trabajo te hace libre». Ya saben: Auschwitz.

El archivo histórico de Wiesbaden, en Alemania, es un desconocido y retirado baluarte de esa trágica memoria. Allí se guardan las actas y las grabaciones de los juicios de Frankfurt, donde se juzgó a una veintena de oficiales de las SS que participaron en las masacres del tristemente célebre campo de concentración y exterminio, algo solo posible gracias al empeño de los fiscales y la participación de los supervivientes. Se celebraron entre 1963 y 1965, y sus registros solo se hicieron públicos en 1989, tal y como explica el responsable de la institución, Johann Zilien. «Fue entonces cuando los rescataron de los sótanos del Tribunal de Frankfurt, donde habían permanecido en el olvido», relata.


Los documentos de los juicios de Frankfurt, guardados en el archivo histórico de Wiesbaden - ABC
Hoy, por fortuna, todos esos documentos están digitalizados, a salvo de la degradación y disponibles en la página web de la Unesco. Ahí acudió, precisamente, Annette Hess (Hannover, 1967), una reputada guionista alemana a la que siempre le habían interesado las derivadas judiciales de los crímenes nazis. Las grabaciones se le metieron en la cabeza, después de escucharlas una y otra vez. En el escritorio, mientras paseaba, descubría los devenires de esas familias que quedaron rajadas de arriba abajo nada más cruzar la alambrada. «Recuerdo que una mujer cuenta que estaba trabajando en el campo con la esperanza de ver a su familia hasta que un hombre le dice: “Ves esa columna de humo? Son tus hijos, que van por los aires”».



Con esos mimbres, dolorosamente reales, Hess se lanzó a escribir su primera novela. Pero «La casa alemana» (Planeta), que acaba de llegar a España, no se centra tanto en el Holocausto como en lo que vino después Nüremberg, una historia mucho menos conocida. A través de la narración de los juicios, desconocidos para el grueso del público, tal y como reconoce la autora, retrata un país dividido entre la comodidad y la justicia, al borde del precipicio del olvido. «En Nüremberg los que acusaron fueron los aliados. Es una cosa muy distinta en este juicio, porque fueron alemanes acusados por alemanes. Y se produjo en el momento justo en la historia de Alemania, porque habían pasado casi veinte años y la gente estaba a punto de olvidar. Quería plasmar esa atmósfera de no querer saber. Pero sobre todo el papel de la gente normal y corriente en el Holocausto. Eso es lo incómodo», asevera Hess.

En aquella época, en esos efervescentes sesenta del «milagro económico», lo normal en las familias alemanas era el silencio, que se extendía como un gran manto sobre todo el territorio, en el que las clases de historia terminaban con Bismarck. «Deja el pasado en el pasado», le espetan en un momento dado a la protagonista del libro, que trabaja como traductora en los juicios. En los setenta ese ambiente enrarecido todavía no se había esfumado. «Mi abuelo era policía durante el nacionalsocialismo y nunca hablaba del tema, aunque seguramente hubiese hecho cosas terribles. Y si en algún momento hablaba, era para decir no todo había sido malo. Es una frase recurrente: “al menos Hitler hacía autopistas”. Como los pantanos en España», afirma.

Ahora la visita a Auschwitz es una actividad habitual en los colegios alemanes, y el Holocausto parte indispensable del currículum escolar, aunque la conciencia de lo ocurrido ha perdido fuelle. «Es que la conciencia cíclica. Después del juicio hubo un auge de hablar del tema, la gente lo tenía muy presente. Después, en el 80, emitieron la serie “Holocausto” con Meryl Streep, y fue otra etapa de auge. Ahora estamos en la época baja. La gente ya no quiere saber nada del tema», lamenta Hess. Y ahí está, por cierto, el drama y la respuesta a esa incómoda pregunta de por qué otra novela del Holocausto. Por qué otra más. «Porque actualmente, en muchas sociedades europeas –en Escandinavia, en Suecia, en Alemania– hay un 20% de la población que vota a partidos que se están volviendo fascistas. Y cuando Hitler obtuvo el 20% faltaba muy poco para Auschwitz», remata.
https://www.abc.es/cultura/libros/a...tra-nazis-auschwitz-201904070107_noticia.html
 
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TAL DÍA COMO HOY... 19/04/1943
El gueto de Varsovia en armas, símbolo de la lucha por la dignidad humana
Viernes, 19 abril 2019 - 01:47
El levantamiento de la resistencia judía, que se negó a terminar su vida en la maquinaria de muerte de Hitler, cumple 76 años en pleno auge del antisemitismo "incurable" de Europa


Soldados alemanes encañonan a un grupo de judíos tras el levantamiento.HULTON ARCHIVE
"En enero, habrán pasado seis meses desde que comenzaran las deportaciones desde Varsovia. Todos recordamos cómo 300.000 de nuestros hermanos y hermanas fueron llevados a morir al campo de Treblinka. Hemos recibido información de la destrucción de los judíos en los territorios ocupados. Los nazis sólo nos han dejado vivir para usarnos como mano de obra hasta nuestra última gota de sangre y sudor. Somos esclavos y cuando los esclavos dejan de ser rentables se les mata. (...) ¡Que la gente se levante y luche por su vida! ¡Que toda madre sea una leona defendiendo a sus pequeños! ¡Que ningún padre tenga que ver en silencio derramar la sangre de sus hijos!".

Hacía tiempo que Mordechai Anielewicz y los casi 60.000 judíos que subsistían en el gueto de la capital polaca en 1943sabían que el destino de aquellos a los que los nazis obligaban a subir a los vagones de tren no eran los campos de trabajo, sino el exterminio en masa. La Organización de Combate Judía que comandaba Anielewicz llamaba en enero a las armas a sus compatriotas hacinados tras los muros que cercaban el gueto desde 1940, ante la inminencia de nuevas deportaciones a Treblinka. Sería un acto de resistencia desesperada, casi suicida, para defender lo único que aún no les había sido arrebatado. Y con un único objetivo: el de vender su vida a los nazis al precio más alto posible.

Las organizaciones de resistencia judías repelieron en enero sorpresivamente a las tropas alemanas en su nuevo intento por 'vaciar' el perímetro y retomaron el control del gueto. Menos de un millar de partisanos con experiencia en combate -armados con pistolas, revólveres, una docena de fusiles viejos, cócteles molotov, una sola ametralladora y granadas suministradas de contrabando por la Armia Krajowa, el Ejército Nacional Polaco- obligaron a los alemanes a retirarse y solicitar refuerzos. Más de 2.000 soldados, 36 oficiales, tanques, lanzallamas, armas químicas y artillería para preparar el asedio a 3,4 kilómetros cuadrados.

RESISTENCIA ESPIRITUAL
La noche del 19 de abril las tropas nazis avanzaron. La resistencia del gueto logró destruir dos tanques y agoniza durante cuatro días. Anielewicz escribía el día 23 en su última carta antes de morir: "Es imposible describir las condiciones bajo las que están viviendo los judíos del gueto. Sólo unos pocos podrán resistir. En todos los lugares en los que están escondidos no hay apenas aire para encender una vela. Sin embargo, el sueño de mi vida se ha hecho realidad. La autodefensa del gueto, la resistencia armada judía y la venganza son un hecho. He sido testigo de la magnífica y heroica lucha de los judíos en combate".

Durante un mes, la destrucción y la muerte se sucedieron a diario con la quema de edificios, los asesinatos y las deportaciones. La resistencia pasó a emplear tácticas de guerrilla escondidos en los sótanos o las alcantarillas, conviviendo con cadáveres y alimentándose de ratas. El 16 de mayo el general Jürgen Stroop dio por concluido el alzamiento con la destrucción de la Gran Sinagoga de la calle Tlomacka. El total de bajas es incierto, pero se calcula que los alemanes perdieron centenares de soldados mientras 'desmantelaban' el gueto.

La resistencia judía fue armada y espiritual. Durante los tres años de hacinamiento la comunidad creó instituciones culturales, continuó con sus prácticas religiosas y siguió editando su propio periódico. Sin embargo, el intento en un principio del Judenrat (Consejo Judío) de mantener cierta rutina, -puso en marcha una orquesta sinfónica y organizó un teatro que representó obras clásicas- chocaba sobremanera con la realidad diaria -cadáveres de niños y ancianos muertos de hambre y frío en las calles-. Las raciones de comida de apenas 200 calorías por día, la pobreza, las condiciones insalubres y las epidemias de fiebre tifoidea, mataron al 10% de la población del gueto antes de que comenzaran las deportaciones en masa.

De las cerca de 450.000 personas que llegó a contener, sólo quedaron unos pocos supervivientes. Muchos de ellos participaron un año y medio después en el levantamiento de toda la capital polaca, inspirado por el del gueto y con similar resultado: la ciudad quedó totalmente arrasada desde el aire.

ANTISEMITISMO, UNA "ENFERMEDAD INCURABLE"
Antes de la guerra, tres millones y medio de judíos representaban el 10% de la población polaca, y en Varsovia la tercera parte era judía. Hoy, en el país residen 30.000 o 40.000 y en la capital entre 5.000 y 7.000. "Nunca recuperaremos la comunidad judía que había en Polonia antes de la ocupación", se resigna Leslaw Piszewski, presidente de la Comunidad Judía en Varsovia, en una conversación con este diario. "Hace 25 años, en la sinagoga sólo había 10 viejitos que no hablaban más que 'yiddish', la gente seguía teniendo miedo al mencionar sus raíces. Todo ha cambiado, ahora somos una sociedad abierta que cuenta con toda la infraestructura para que funcione una comunidad, y con muchos jóvenes", explica.

Sin embargo, reconoce que en su país "a veces se nos hace recordar que somos diferentes" y denuncia que Polonia no tiene una política hacia las minorías étnicas y que es un asunto de poca relevancia para el Gobierno. "En mi opinión, el antisemitismo persiste en la sociedad polaca. Quizá muchos no se reconozcan abiertamente como antisemitas, pero no reaccionan de forma adecuada contra los delitos de odio y tampoco lo hace el Gobierno".

Este aumento de comportamientos antisemitas en Europa también ha sido advertido por la Comisión Europea. "El siglo XX conoció muchas enfermedades. La única que sigue incurable es el antisemitismo", declaró en diciembre de 2018 el vicepresidente Frans Timmermans, a raíz de un estudio que aseguraba, según nueve de cada 10 judíos, que en los últimos cinco años esta tendencia ha progresado.

Piszewski advierte de la necesidad de mantener y fomentar las visitas a los testigos del horror imperecederos como Auschwitz o Treblinka. "Como mucho en una generación, quienes sobrevivieron a esa máquina de matar nunca antes vista en el mundo no van a existir, no vamos a tener testigos. Es nuestro deber como sociedad global preservar en la memoria colectiva hasta dónde llegamos por culpa del odio humano, del totalitarismo, de los sistemas que se tomaron el permiso de decidir quién puede vivir y quién no. Si no lo hacemos, será un crimen más que cometeremos en la memoria humana".
https://www.elmundo.es/internacional/2019/04/19/5cb75167fc6c836c388b45c6.html
 
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El minucioso plan de Hitler para invadir Gibraltar: «Es absolutamente necesario atacarlo. Lo tengo decidido»
El líder nazi llegó a presentar una minuciosa operación para conquistar el Peñón. Los nazis, incluso, comenzó un riguroso entrenamiento en una zona de Francia cargada de montañas idénticas a la colonia, para hacerse una idea de dónde iban a combatir


Gibraltar lleva siendo noticia y punto fricción entre España y el Reino Unido desde que, al finalizar la Guerra de Sucesión española, en 1713, se firmara el polémico Tratado de Utrecht por el que el Rey Felipe V cedía el peñón a los ingleses «para siempre». Lo fue durante los siglos XVIII, XIX y a lo largo del XX, donde el tema estuvo en la agenda de todos los gobiernos ingleses y españoles. En la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y también con Franco.

«He decidido atacar Gibraltar. Tengo la operación minuciosamente preparada. No falta más que empezar y hay que empezar». Estas fueron las apremiantes palabras de Hitler al entonces ministro de Asuntos Exteriores español, Ramón Serrano Suñer, en un encuentro urgente que el «Führer» organizó apenas tres semanas después de la entrevista en Hendaya. Hitler tenía prisa. La Alemania nazi dominaba ya toda la Europa centro-oriental y avanzaba inexorablemente por el continente, convencida de que el Peñón, además de la puerta del Estrecho, se había convertido en la llave que le daría la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

[ Los puntos vulnerados del Tratado de Utrecht por los que Gibraltar ya tendría que haber vuelto a España]



La última vez que el tema de la colonía estuvo en la agenda pública fue en noviembre y lo desveló en exclusiva ABC, después de que el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, asegurara que había llegado a un acuerdo con la primera ministra británica, Theresa May, por el que esta se comprometía a abordar la soberanía de Gibraltar. Sánchez, incluso, prometió que una vez se produzca la retirada del Reino Unido de la Unión Europea con el Brexit, «la relación política, jurídica e incluso geográfica de Gibraltar pasarán por España». Este periódico, sin embargo, tuvo acceso a una carta del Gobierno de May en la que desmentía tales afirmaciones.

«Hablar de cosas importantes»
El presidente del Gobierno lo intentó, de la misma forma que en ese encuentro de Serrano Suñer organizado con cierta precipitación. Cuatro días antes, el 14 de diciembre de 1940, el embajador alemán en Madrid, Eberhard Von Stohrer, se presentó por sorpresa en el despacho de este para comunicarle que Hitler deseaba reunirse con él inmediatamente «para hablar de cosas importantes». Tras consultar con Franco y varios ministros militares sobre la convenienciade acudir a aquella llamada, el ministro partía sin más dilación hacia Berchtesgaden, el refugio del «Führer» en los Alpes suizos.

Poco después de llegar la tarde del martes 18 de diciembre, Hitler le dijo que le había convocado para que, «según lo convenido en Hendaya», fijaran la fecha de su entrada en la guerra invadiendo Gibraltar, que luego pasaría a manos de España: «Es absolutamente necesario atacarlo. Lo tengo decidido. Se trata ahora de fijar el día», manifestó el «führer», según el relato hecho en 1976 por Serrano Suñer en su obra «Escrito en España», donde aseguraba que tuvo que aclarar que «lo convenido en Hendaya no había sido que entrarían en la guerra cuando ellos decidieran, sino cuando nosotros estuviéramos en condiciones de hacerlo». «En cualquier caso –insistió Hitler, siempre según el relato de Suñer–, la operación mixta sobre Gibraltar es necesaria. Es la hora de que España tome su parte».


La colonia por la que hoy el gobierno británico y el español andan a la gresca era para Franco, tras la Guerra Civil, la tierra aún irredenta por la que pasaba la unidad nacional. Pero la realidad es que España no estaba en condiciones de participar, ni psicológica ni materialmente, en ningún conflicto. No debemos olvidar, además, que la dictadura dependía del permiso del Gobierno británico para que pudieran llegar a sus puertos los cargamentos de trigo procedentes de países como Canadá o Argentina. Y para Franco y su Gobierno, igualmente, tomar Gibraltar no significaba necesariamente que el Mediterráneo quedara cerrado, pues aún seguiría abierto por el Canal de Suez.


británicos posados junto a Gibraltar en el año que los nazis planearon invador el peñón
Hitler insistió en lo que ya había apuntado en Hendaya: que la oportunidad de recuperar el Peñón no se le volvería a presentar nunca más. Argumentó que era una cuestión de honor para el pueblo español reintegrar ese pedazo de tierra y que, siendo el Estrecho el mejor enclave que tienen los aliados para navegar por el Mediterráneo, era muy importante cerrarlo.

Alemania quería acelerar la guerra, lo que pasaba por controlar la colonia. Serrano Suñer, sin mebargo, se escudaba en el hecho de que él no podía tomar esas decisiones sin consultar al Caudillo y fue bastante ambiguo en sus respuestas. En «Entre Hendaya a Gibraltar» (1949), contaba este que Hitler había escuchado sus opiniones con «cierto malhumor y un gesto de decepción, cansancio y tristeza». Y después añadía: «De las siete u ocho veces que tuve que hablar con él, fue esta la ocasión en la que le encontré más parecido a un ser humano».

En ese momento, el mandatario nazi le pidió a su invitado que pasara a otra habitación próxima en la que había un enorme tablero central lleno de planos, con las paredes repletas de banderas indicando la posición de sus tropas. Fue allí donde el general Alfred Jodl –el hombre que primero se había dado cuenta de que Gibraltar era la llave para ganar la guerra, y uno de los asesores militares más importantes del «Führer»– explicó minuciosamente la famosa «Operación Félix», como la había bautizado.

El plan
Siguiendo sus órdenes, los más importantes organismos de planificación militar de las fuerzas armadas nazis dieron forma a un plan que debía cambiar el resultado de la guerra. Su diseño se levantó sobre múltiples estudios, observaciones y reconocimientos sobre el terreno realizados en secreto por un gran número de espías y expertos en artillería, estableciendo también una serie de operaciones de asalto, armas químicas, logística y transporte.

Los preparativos iban tan en serio que, a finales de 1940, la Primera División de Montaña del general Ludwig Kuebler comenzó un riguroso entrenamiento en la provincia de Besançon (Francia), en una zona cargada de montañas idénticas al Peñón. Allí los soldados podrían hacerse una idea de dónde iban a combatir.

Según lo trazado, la operación se llevaría a cabo bajo el mando del mariscal de campo Walter von Reichenau, que requería que dos cuerpos de su ejército ingresaran en España a mediados de enero de 1941 con el consentimiento de Franco. El mismo Kuebler se haría cargo de uno de ellos, para liderar la conquista, atacando con dos regimientos de Infantería y 26 batallones de artillería mediana y pesada, a los que sumaría tres batallones de observación, tres de ingenieros, dos de humo, un destacamento de 150 brandenburgueses y 150 tanques enanos a control remoto cargados de explosivos. A cargo del segundo cuerpo, el general Rudolph Schmidt cubriría los flancos del asalto a Gibraltar contra cualquier intervención británica. Contaría para ello con la 16 División Motorizada, concentrada en Valladolid; la 16 División Panzer, en Cáceres, y la División SS Totenkopf, en Sevilla.

Y por si no fuera suficiente, las fuerzas aéreas alemanas –la Luftwaffe– proporcionarían grupos de aviones JU-88, Stukas y Messerschmitts, además de seis batallones de antiaéreos. Mientras, la armada nazi realizaría el hostigamiento marítimo por medio del submarino U-boots, con el que interferiría la evacuación de los ingleses de Gibraltar y transportaría las baterías costeras para impedir el acercamiento de unidades navales británicas.

Desde el punto de vista militar, la «Operación Félix» debería haber sido un éxito para los alemanes y significar la recuperación de Gibraltar para España más de dos siglos después, pero Franco, movido por los reveses sufridos por Hitler, ni tan siquiera autorizó el tránsito del ejército nazi por suelo español. La posición del Caudillo no cambió con los meses y la operación fue postergada. Hasta que finalmente se canceló.

Original incluyendo video inicio reportaje:
https://www.abc.es/historia/abci-mi...arlo-tengo-decidido-201904242113_noticia.html
 
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Skorzeny, las confesiones del héroe nazi protegido por Franco: «Vivo bien en España»
El 1 de noviembre de 1970 Otto Skorzeny, famoso por haber orquestado la liberación de Mussolini, concedió una entrevista a este diario en la que negó ser un refugiado político. «Estoy aquí porque me gusta»


SeguirManuel P. Villatoro@ABC_Historia
Actualizado:30/04/2019 11:01h

Otto Skorzeny fue calificado como «El hombre más peligroso de Europa» por los aliados tras hacerse famoso por orquestar la operación secreta que liberó a Benito Mussolini de su cautiverio en 1943. Aunque su participación en esa misión sigue siendo cuestionable, la realidad es que este militar fue idolatrado por grandes figuras de las unidades especiales en la Segunda Guerra Mundial como David Stirling, uno de los artífices del SAS británico, o Peter Young, líder en su momento de la 1ª Brigada de Comandos Británicos. «Fue un jefe enérgico, inteligente e imaginativo», afirmó este último.

Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, esa estela de genio de las unidades de comandos en la Alemania nazi no solo no le granjeó el respeto internacional, sino que le marcó como uno de los enemigos públicos de los aliados. Tras pasar por varias prisiones y campos de concentración, Skorzeny acabó sus días en nuestro país. «Después de estar dos años en Alemania, encontré en España, país caballeroso, la posibilidad de ejercer mi carrera de ingeniero», escribió el mismo militar en sus memorias. Aquí pasó más de dos décadas protegido por el régimen de Francisco Franco hasta que, el 5 de julio de 1975, falleció por un cáncer de pulmón.


El retiro español de Skorzeny no pasó desapercibido para los ciudadanos de medio mundo. El corpulento personaje (medía, atendiendo a las fuentes, entre 1.90 y 195 metros y pesaba unos cien kilos) se vanaglorió de él en otras tantas declaraciones que concedió a varios medios nacionales como ABC. Este periódico, de hecho, publicó una concienzuda entrevista el 1 de noviembre de 1970 en la que el jerarca explicaba que no era un refugiado político y que, para él, este país era como una segunda patria. «Estoy en España simplemente porque me gusta, no por obligación», explicaba.

El 26 de abril de 1975 el diario ABC intentó contactar con Skorzeny. Un reportero trató de hacer llegar varias preguntas a su habitación (la 338) de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, donde luchaba contra la afección pulmonar que le costaría la vida. Pero no tuvo suerte alguna. «He enviado al coronel, el hombre de la cara marcada, de recuerdos de aquel lance a espada de juventud, una breve nota con unas preguntas. No han llegado hasta ahora sus respuestas […] La última noticia dice que mejora», desvelaba el artículo. El periodista no acertó ya que, apenas tres meses después, el que fue uno de los hombres de confianza de Adolf Hitler expiró su último aliento.

Sueño dorado
El Skorzeny que llegó a Madrid en los años cincuenta era un soldado olvidado y en horas bajas. Tras la caída del Tercer Reich, fue hecho prisionero e inició un periplo entre diferentes centros de reclusión aliados. «Fui enviado de una prisión a otra», afirmó en sus memorias. Así, hasta que dio con sus huesos en un campo de concentración reutilizado por los aliados: Dachau. Allí, el jefe de comandos alemán decidió hacer «una huelga de hambre como protesta por mi detención en una celda solitaria y por el trato a los prisioneros alemanes en general». Al final, y después de que le ayudaran a fugarse, puso rumbo a España.

Aquí, de la mano del gobierno de Franco (que permitió que se asentaran en España multitud de nazis renegados tras la Segunda Guerra Mundial), Skorzeny se asentó en la calle Montera bajo una identidad falsa. Además, hizo válido aquello que había dicho en los juicios de Núremberg («Soy ingeniero y no militar de carrera») y decidió recuperar su antiguo trabajo. Y lo cierto es que su estancia le sentó bien. «El Skorzeny más mayor, aquel hombre de mediana edad que apuró su felicidad en la España de los años cincuenta y sesenta, seguía conservando un aspecto juvenil. Su rizado pelo entrecano y castaño no había retrocedido ni un milímetro en la línea adelantada de su frente», explica Blanco Corredoira en la introducción de «Objetivo Skorzeny».

«Skorzeny vivía en España bajo la protección de Franco desde 1948»
Sin embargo, tanto su corpachón como sus dos grandes cicatrices en la cara (resultado estas de duelos de esgrima en la juventud) le impidieron esconder su verdadera identidad durante mucho tiempo. Desde tierras hispanas, a su vez, viajó en repetidas ocasiones hasta Argentina y Egipto para hacer las veces de asesor y guardaespaldas de grandes personalidades de la época. En estos trayectos entabló una estrecha amistad con Juan Domingo Perón de quien, según afirmaJorge Camarasa en « Odessa al Sur, La Argentina como refugio de nazis y criminales de guerra», guardaba una fotografía firmada en su escritorio de Madrid.

Aún así, la capital española no dejó jamás de ser su centro neurálgico. Un lugar desde el que ayudó a huir a otros antiguos nazis durante el Tercer Reich. Así lo afirma el autor Michael Aaron Rockland, adjunto cultural de la embajada norteamericana en los años cincuenta, en « Un diplomático americano en la España de Franco»: «Skorzeny vivía en España bajo la protección de Franco desde 1948. Los historiadores han descubierto que también participó en la organización ODESSA, código de un grupo creado por antiguos miembros de las SS que ayudó a otros criminales nazis a escapar de Alemania».

Siguente parada
De esta guisa le entrevistó el periodista de ABC Antonio Alférez para elaborar un artículo que fue publicado el 1 de noviembre de 1970, cuando el antiguo líder de los comandos germanos sumaba ya más de seis primaveras a sus espaldas. En los primeros párrafos de la información quedaba meridiano que la identidad de este controvertido personaje ya era más que popular en España: «Terminada la guerra, el coronel Skorzeny fue acusado, y absuelto el 8 de septiembre de 1947. Meses después, Skorzeny se escapó del campo de concentración, donde aguardaba para comparecer ante un tribunal alemán».

La última frase antes de comenzar a narrar sus respuestas era lapidaria: «España es la siguiente y última etapa del coronel. A partir de 1951, el guerrero descansará y orientará su vida por otros derroteros». Por entonces poco quedaba del Skorzeny original, aquel estratega acusado de perpetrar mil tropelías contra los presos. Aunque, a la postre, se descubrió que bajo esa fachada de militar talludito y desgastado por el tiempo se escondía un veterano que llegó a colaborar durante su exilio con el mítico Mossad de Israel.


Otto Skorzeny - ABC ARCHIVO
Antes siquiera de poder comenzar a hacer preguntas, Alférez recibió del propio Skorzeny una curiosa advertencia: «Tenga en cuenta, y quiero que así lo haga constar, que yo no soy refugiado político; estoy en España simplemente porque me gusta y no por obligación. Con mi pasaporte puedo desplazarme prácticamente a dónde desee». A continuación, el periodista le dio un apretón de manos a uno de los héroes más reconocidos del nazismo. «Una mano que es casi como una maza», según sus propias palabras. «Mi interlocutor mide 1,95 metros y debe pesar el centenar de kilos, aunque posiblemente sea difícil encontrar algo de grasa en el cuerpo de este atleta», añadía el reportero.

A lo largo del encuentro con el reportero de ABC, Skorzeny -que había citado a su interlocutor en un despacho de pocas habitaciones ubicado cerca de la Puerta del Sol lleno hasta arriba de archivadores y papeles de toda clase- dejó claro su obsesión por ejercitarse y mantener su cuerpo esbelto. «Mi primera afición ahora es el deporte; en realidad los practico todos, especialmente la natación, el submarinismo, atletismo y esquí. Por supuesto que me dedico a ello de forma especial durante mis viajes a estaciones veraniegas, pero tampoco en Madrid descuido la práctica del deporte», añadía.


Un joevn Skorzeny junto a Adolf Hitler
Tampoco tardó en hacer alusión a su gran interés en la escritura. «Edité mis memorias, que fueron traducidas a numerosos idiomas; después me he animado a seguir escribiendo». Entre otras tantas cosas, remarcó que se había especializado en el periodismo internacional.

«Sepa que mis artículos y reportajes son disputados por grandes periódicos de países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, por citarle unos ejemplos. Escribo de temas paramilitares: Vietnam, Oriente Medio, OTAN, etc. Mis artículos ofrecen una información de primera mano, ya que cuento con amigos en todo el mundo y ellos me comunican todas las novedades importantes que acontecen en el escenario donde ellos actúan».

Pero, mientras que la escritura y el deporte le encantaban, no sucedía lo mismo con el mundo de la cultura.

«Prácticamente no voy al cine ni al teatro. Ya le he dicho cual es la gran pasión de mi vida: el deporte. Le añadiré ahora una segunda: la lectura. De todos los rincones del mundo me envían libros, muchas veces los propios autores, y con su lectura estoy informado de las principales corrientes de la vida intelectual».

Alférez describió a Skorzeny como un hombre que entendía y hablaba rápido el español, aunque con algunos problemas de dicción. También resaltó que contaba en su despacho con un «rabo de animal» (desconocemos cual) colgado de la pared. ¿La razón? Al parecer, que era «uno de sus amuletos». A su vez, el periodista de ABC dejó patente que «El hombre más peligroso de Europa» era sumamente temperamental, que pasaba «de la cólera a la sonrisa con celeridad» y que solía interrumpirle y adelantar sus respuestas. Aunque también atendía «a cualquier observación», a pesar de esa aparente falta de interés en el interlocutor.

Israel y España
Pero, de entre todas las respuestas de Skorzeny, la que más asombro provoca hoy en día es aquella en la que negó de forma tajante haber trabajado para el Mossad, el servicio secreto israelí. Información que confirmó el periódico «Haaretz» en 2016.

Gracias a las investigaciones de este diario se pudo corroborar que el oficial, apodado también «Caracortada», colaboró tras la Segunda Guerra Mundial en la captura de antiguos nazis a cambio de obtener la inmunidad y no ser condenado a muerte. Antes, en 1995, la noticia ya había saltado a los informativos, aunque había pasado desapercibida. A día de hoy, sorprende que negara esta máxima cuando vivía en nuestro país exiliado.


Skorzeny, durante la liberación del Duce
«La única verdad existente sobre esto es que mi nombre es fuente de ingresos para los periodistas de corte sensacionalista, o tendencioso. El noventa por ciento de las cosas que se publican sobre mí son completamente falsas. Mire, amigo, la guerra es algo que para mí acabó en 1945; ahora sólo me ocupo de ella para escribir. Le voy a dar una prueba de las fantasías que se publican sobre mi persona: cuando la guerra “de los seis días” un periódico de Moscú afirmó que yo había sido el consejero militar de Israel, y ahondando en este mismo absurdo, un diario polaco señaló que yo había suplantado al al general Dayany me hacía pasar por él acompañando a todo el mundo».

«Tanto mi mujer como yo nos encontramos estupendamente en España, cuyos rincones ya conocemos de forma extraordinaria. España es mi segunda patria y terminaré mi vida aquí»
Antes de abandonar el despacho, el periodista de ABC le hizo la pregunta obliga: su opinión sobre España y los españoles.

«Tanto mi mujer como yo nos encontramos estupendamente en España, cuyos rincones ya conocemos de forma extraordinaria. España es mi segunda patria y terminaré mi vida aquí. Conozco españoles de todas las clases y esferas. Me gusta el carácter español».

«Herr Skorzeny, ingeniero, hombre de acción, coronel y turista afincado en España, ¿vive usted bien o muy bien?».

«Digamos que vivo bastante bien».

https://www.abc.es/historia/abci-se...co-vivo-bien-espana-201812030250_noticia.html
 
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Eva Heyman, la Ana Frank húngara, revive en Instagram
Con motivo de la conmemoración del Día del Recuerdo del Holocausto en Israel, el magnate Mati Kochavi y su hija Maya lanzaron una «película» para narrar la historia de la niña


@abc_conocer
Actualizado:11/05/2019 01:53h
Si durante el Holocausto hubiera existido Instagram habríamos conocido la historia de Eva Heyman a través de las «stories» de la red social. Ella, una adolescente judía nacida en Hungría en 1931, es conocida como la Ana Frank húngara, ya que escribió un diario antes de ser deportada a Auschwitz, uno de los campos de concentración creados por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial donde murió en una cámara de gas en 1944.

El pasado 2 de mayo, coincidiendo con la conmemoración del Día del Recuerdo del Holocausto en Israel, el magnate Mati Kochavi y su hija Maya lanzaron en Instagram una «película» dividida en pequeñas publicaciones para narrar la historia de Eva Heyman.

«Cada vez quedan menos supervivientes, es imprescindible encontrar nuevos modelos para salvaguardar su testimonio», declaró el empresario, que pertenece a una familia en la cual hay sobrevivientes del Holocausto, al diario «The Times of Israel». Los Kochavi han cumplido su objetivo: más de tres millones de personas han visto las historias y la cuenta @eva.stories ya cuenta con más de 1,7 millones de seguidores en Instagram.

La voluntad de mantener vivo el recuerdo del Holocausto entre los jóvenes estaba más que justificada. Según una encuesta elaborada año pasado en Estados Unidos, dos tercios de estadounidenses millenials -aquellos que nacieron entre 1983 y 1995- no sabían qué era Auschwitz. Por ello ha elegido la plataforma Instagram, red social en la que la mayoría de usuarios son jóvenes.

Una publicación «de mal gusto»
Aunque Mia Quiney, la actriz que interpreta a Eva Heyman, habla en inglés, todas las historias están subtituladas en hebreo, un idioma utilizado por seis millones de personas en Israel y por las comunidades judías.

En total se han publicado unos 70 episodios basados en el diario de la niña. En ellos se narran los tres últimos meses de su vida. Las historias comienzan mostrando el día a día de una familia poco habitual en aquella época, ya que cuando sus padres se separaron ella fue a vivir con sus abuelos.

Con la llegada del nazismo comienzan las escenas más duras en las que los judíos son recluidos en guetos y se ven obligados a llevar estrellas amarillas en su ropa. Todo termina cuando son deportados a Auschwitz. Fue entonces cuando dejó de relatar su historia. Las últimas palabras que escribió fueron: «Querido diario, no quiero morir. Quiero vivir, aunque sea la única persona que pueda quedar. Querido diario, ya no puedo escribir más. Se me saltan las lágrimas».

Esta «película» ha indignado a algunos intelectuales. Yuval Mendelson, músico y profesor de Educación Cívica israelí, señaló que le parecía una publicación «de mal gusto». Además, no considera «legítimo» que exista una cuenta ficticia de una niña asesinada en el Holocausto.

No es el único que no aprueba el proyecto. Otro usuario de Instagram criticaba que este tipo de contenido se difunda en las redes sociales: «Parece una broma y es extremadamente ofensivo. No sé cuál es el objetivo. Hace falta más sentido de la dignidad humana, hay una gran diferencia entre Instagram y el Holocausto».

No obstante, no todos son detractores. Una chica cuya abuela sobrevivió a Auschwitz ha aplaudido esta innovadora manera de difundir la historia. «Mi abuela sobrevivió a Auschwitz y al Holocausto, perdió a toda su familia excepto a su hermana, y ver su reacción ante aquellos que niegan lo que le sucedió es la cosa más desgarradora que he visto. Gracias por educar a una generaciónpara que el futuro pueda aprender del pasado, nunca más», comentó.

Además, personalidades internacionales como Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, también han mostrado su apoyo al proyecto en Twitter.

En el rodaje de la «película» se ha cuidado hasta el último detalle. La familia Kochavi no ha reparado en gastos para su producción. Desde una cámara adaptada para poderla manejarla como un smartphone hasta un equipo de más de 400 personas. En total, han invertido más de cuatro millones de euros para que saliera a la luz.

Original y completo aquí:
https://www.abc.es/sociedad/abci-cu...ra-revive-instagram-201905110153_noticia.html
 
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La lista de Varian Fry
Publicado por Javier Bilbao

Una francesa cose la insignia obligatoria para los judíos en la Francia ocupada desde mayo de 1942. Fotografía: Cordon Press.
Decía Lenin que hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas. Algo parecido podría decirse de muchas biografías. Acostumbramos a leer en torno a la infancia y juventud de alguien, ya sea músico, líder político o explorador, buscando con atención un equivalente a eso que en la narrativa se llama «arma de Chéjov», un detalle premonitorio o explicativo de su conducta posterior como si fuera una naturaleza latente del sujeto y este tuviera un destino manifiesto: bien sea una desgracia familiar, un incidente o logro fuera de lo común en la escuela o universidad, quizá un primer amor… Recopilamos anécdotas sobre su figura de las que extraer enseñanzas, sin percatarnos de que cualquier vida las tiene y solo depende de la lupa con que se mire. Lo vemos cambiar de una ciudad, empleo o relación a otra, mientras algo a menudo invisible crece dentro de su espíritu, se alinean las circunstancias a su alrededor, la ventana de lanzamiento alcanza su punto óptimo y… ahí lo tenemos: esa proeza que sacudirá la historia, que será recordada por las generaciones venideras y, sobre todo, por él mismo. Pues no pocas veces llega el posterior declive y la conversión del protagonista en apenas una sombra de lo que fue.

«Las experiencias de diez, quince o veinte años las tuve en uno solo», dijo Varian Fry, para añadir, cuando apenas contaba con treinta y ocho primaveras, «a veces siento como si ya hubiera vivido toda mi vida». Él lo sabría mejor que nadie, pero visto desde fuera eso parece. Después de aquel momento cumbre se divorció, se convirtió en un convencional profesor de escuela, le salió una úlcera, tuvo que ir al psicoanalista y se quejó de sentirse ignorado por todos, llegando incluso a pasar ciertos apuros económicos, hasta que murió a la edad relativamente temprana de sesenta años. Pero esos trece meses que este americano vivió en Francia, entre agosto de 1940 y septiembre de 1941, fueron los que permitieron escapar con vida del nazismo a Hannah Arendt, Arthur Koestler, Marc Chagall, Max Ernst, André Breton, Max Ophüls, Marcel Duchamp…y así más de dos mil judíos y activistas políticos contrarios al Tercer Reich, buena parte de ellos entre lo más granado de las artes y las letras europeas de su tiempo. Todos ellos le debieron la vida a Fry, veamos cómo.

Nuestro protagonista nació en Nueva York en 1907. Era un buen estudiante, pero su carácter propenso a hacer gamberradas le costó varias suspensiones durante su educación secundaria y universitaria, en Harvard concretamente, lo que visto en retrospectiva —que es como siempre se analizan las biografías— nos permitiría aventurar ahí cierto indicio de su capacidad posterior para ir a contracorriente y operar fuera de la ley cuando era necesario. No obstante, hay otra experiencia de sus años de juventud que más allá de la conjetura resultó crucial para lo que luego hizo, y esta vez es algo que él mismo explicó: se trata de su estancia como corresponsal en Berlín durante 1935. Ahí vio con sus propios ojos la naturaleza del nazismo, presenció toda clase de abusos contra la población judía, lo que le hizo temer, con buen juicio, que acabaría en desastre. Al regresar a Estados Unidos se dedicó a advertir sobre la alarmante situación europea a unos conciudadanos que se desentendían de tales problemas. Finalmente, la guerra estalló y, paradójicamente, ese aislacionismo que tanto le sacaba de quicio fue el que le permitió realizar su heroica misión.

Tras la fulminante invasión de Francia por las tropas alemanas, el régimen de Vichy del sudeste del país —en particular el puerto de Marsella— se convirtió en la ruta de huida de decenas de miles de judíos y activistas antinazis, parte de ellos franceses y muchos también de otros lugares de Europa, que habían acabado allí pensando ingenuamente que Francia sería un destino seguro. Pero Marsella amenazaba con convertirse en una trampa sin escapatoria, había pasado en un suspiro del medio millón a los seiscientos cincuenta mil habitantes y, tras el caos y el vacío legal inicial, el régimen colaboracionista podía comenzar a deportar sospechosos a los campos de concentración. Al ser Estados Unidos un país por entonces neutral su consulado sería una tabla de salvación para muchos desesperados. Era el momento para que interviniese sin dilación una asociación denominada Comité de Rescate de Emergencia, que contaba con la colaboración de personalidades ilustres como el escritor Thomas Mann o la primera dama Eleanor Roosevelt. Alguien debía llegar a Francia en representación de este comité para organizar el reparto de visados, el transporte, los sobornos… Una tarea que requería un hombre resolutivo, con grandes dotes diplomáticas, corajudo, alguien hecho de una pasta especial. Pero solo se presentó un voluntario, nuestro Varian Fry, y los dioses quisieron que reuniera en grado excepcional todas esas cualidades, además de una entusiasta motivación por su tarea: «Sabía que entre las personas atrapadas en Francia había muchos escritores, artistas y músicos cuyo trabajo me había proporcionado gran placer. No los conocía personalmente, pero sentía un gran amor por todos ellos y tenía una deuda de gratitud por todas las horas de felicidad que me habían dado sus libros, sus cuadros y su música. Ahora corrían peligro y mi obligación era ayudarlos, del mismo modo que ellos, sin saberlo, me habían ayudado a mí en el pasado».


El ejército nazi desfila por la Avenida Foch de París, cerca del Arco de Triunfo, en junio de 1940. Fotografía: Cordon Press.
Inconsciente de lo que tenía por delante, cogió unas vacaciones de cuatro semanas de su trabajo en una editorial, tomó la lista de doscientos nombres de personalidades por rescatar y tres mil dólares, y comenzó su aventura en un hidroavión que lo llevó a Lisboa. Según llegó, escribió a su mujer sobre su siguiente vuelo: «Deséame buena suerte, ¡es un avión español!», y, pese a sus suspicacias por la tecnología patria, este lo dejó sano y salvo en Barcelona, desde donde tomó un tren hasta Marsella. Apenas llegó, comenzó a percatarse de las dificultades que tenía por delante. Solo contaba con un contacto local, pero ese hilo le bastó para tirar de él e ir tejiendo la red que necesitaba. Se trataba de Frank Bohn, otro americano que estaba allí con una misión parecida a la suya, centrada en salvar a dirigentes sindicales europeos. Ya en su tercer día, cuando Fry había empezado a escribir a la gente de la lista, llamó a la puerta de su dormitorio Hans Sahl. Era un escritor judío nacido en Alemania, de la que salió apenas Hitler llegó al poder, aunque su destino fue Checoslovaquia, poco después anexionada por el régimen alemán, así que de nuevo tuvo que huir, esta vez a Francia. Calamitosa suerte la suya, una vez más se veía forzado a escapar. Para ello Sahl recurrió a este extraño americano nuevo en el lugar, y así describió su primer encuentro con él: «Imagina la situación: las fronteras están cerradas; estás atrapado en una trampa, serás arrestado en cualquier momento; la vida está cerca de terminar para ti, y repentinamente un joven americano en manga corta te llena de dinero los bolsillos y te susurra en el tono conspirativo de un actor primerizo: “Oh, hay manera de escapar de aquí”, mientras, diablos, las lágrimas surcan tu rostro. Y este tipo tan amable te pasa un pañuelo y te dice: “Disculpa que no esté limpio”». La química entre ambos fue tan buena que Sahl colaboró durante una temporada con él para poner en pie esa red de escape, hasta que finalmente él mismo tomó ese camino.

Fry comprendió enseguida que aquella lista con la que llegó era incompleta, la voz se había empezado a correr por la ciudad y había otros muchos que necesitaban su ayuda. Así que organizó un equipo para afrontar las numerosas entrevistas a los candidatos a obtener un visado y una ruta de salida. Fue un grupo tan excéntrico como él mismo, en el que cada uno recibió un mote humorístico; procedían de diversas partes de Europa, eran cultivados, políglotas, con una gran capacidad de trabajo y, al mismo tiempo, cierto sentido lúdico que les hacía terminar muchas noches con fiestas que alteraron la tranquilidad del hotel en el que Fry se alojaba, pues nuestro protagonista tenía una notable afición a la vida bohemia y al alcohol. Como dijo Miriam Davenport, una pintora y escultora americana que se convirtió en una de sus más estrechas colaboradoras: «Al terminar el día Varian solía estar bien lubricado con una o varias copas de vino de Borgoña, Burdeos y Armañac». Era parte de su carácter y también una forma de aliviar la tensión tras jornadas iniciadas a las ocho de la mañana y que concluían a las once de la noche o incluso más tarde, en las que entrevistaban de media a un centenar de candidatos y recibían decenas de llamadas por hora. En total llegaron a tratar con unas quince mil personas.

Tal volumen de trabajo era inasumible para la habitación de hotel en la que Fry comenzó, así que muy pronto alquiló una oficina en una calle céntrica, junto a la ópera. Era también una manera de dar formalidad a su red, pues de cara a las instituciones debía operar dentro de la legalidad, guardando las apariencias en lo posible. Así que organizó un centro de ayuda como coartada, que supuestamente solo proporcionaba alimentos, ropa y dinero. Entre la policía local, dividida en su apoyo al régimen nazi, encontró un capitán que siempre le proporcionó ayuda, su particular Renault, en este caso llamado Dubois. A su pesar, las relaciones con el consulado estadounidense fueron más dificultosas, pues eran perfectamente conscientes de sus actividades y no las aprobaban. Naturalmente, en ese contexto Fry sabía que debía jugar a dos barajas, y bajo cualquier simulada conformidad con la legalidad vigente en Vichy debía estar dispuesto a transgredirla. Para ello no dudo en colaborar con los servicios secretos británicos y con la mafia corsa, lo que le permitió proveer de documentación falsa a quien lo necesitaba, tanto para abandonar Francia como —en la ruta más frecuente— para cruzar España en dirección a Portugal, pues no pocos se habían posicionado en el lado republicano durante la recién concluida Guerra Civil. Por todo ello siempre iba armado, y procuraba mantener a salvo a su equipo guardándose la información relevante por si caían en manos de interrogadores.

Su transgresión de la ley, en una situación tan dramática como la que vivían, tenía a veces algo de burlesco, pues al fin y al cabo eran momentos en que nadie sabía bien a qué atenerse y qué podía ser cierto. En una ocasión dos miembros de su equipo, Charles Fawcett y William Holland, idearon un plan tan disparatado que estaba destinado a salir bien. Utilizaron una ambulancia del American Volunteer Ambulance Corps y uniformes para hacerse pasar agentes de la Gestapo, acudieron a varios hospitales parisinos y, puesto que sabían hablar alemán, entraron dando voces y exigiendo llevarse apresuradamente a algunos pacientes. Así rescataron de la capital a treinta y tres heridos —incluyendo a soldados británicos que no habían podido escapar en Dunquerque—. A continuación, los llevaron al tren y de allí rumbo a Marsella. El problema fue que en la estación de llegada la policía registraba a los pasajeros, pero dos hombres de recursos como ellos encontraron el método para burlar el registro: gracias a un camarero dispusieron de una puerta para el personal de servicio. Y de allí salieron en un camión de repartir fruta hacia una casa en la que estar a salvo hasta salir del país.

Fueron tiempos enloquecidos en los que Fry se sintió como pez en el agua. Las circunstancias requerían a alguien como él y él parecía haber nacido para ello: «Hubo una cantidad endiablada de diversión, aunque no creo que esa sea la palabra que debería usar, en el trabajo de rescate… era estimulante estar fuera de la ley. Y respecto a la depresión o ansiedad, simplemente desapareció». Pero todo acaba tarde o temprano. Tras el caos posterior a la ocupación de Francia, las aguas volvieron a su cauce y las actividades de este efervescente americano llamaban demasiado la atención. La Gestapo estaba al tanto de la ruta de fuga a través de España y trabajó para erradicarla, mientras un valioso contacto que Fry tenía en el consulado fue destituido a comienzos de 1941 y, finalmente, el nuevo jefe de policía de Marsella le cortó el paso. Tras reunirse con él en julio, exigió a Fry que abandonara el país o sería arrestado. Nuestro protagonista se comprometió a irse un 15 de agosto, pero incumplió su palabra y pocos días después fue detenido y trasladado a la ciudad fronteriza de Cerbère. Hasta allí acudió su equipo para despedirlo; se había formado un estrecho vínculo de amistad entre todos ellos, tal como tiempo después recordarían, así que le dedicaron una última comida improvisada en la estación del tren, comprometiéndose a continuar ese trabajo hasta que fueran también a por ellos. Varian Fry tomó el tren y regresó a Estados Unidos, donde recordaría hasta el fin de sus días aquellos vibrantes trece meses en Francia. Sus años siguientes no fueron felices y llevó una existencia bastante solitaria, hasta que poco antes de su muerte fue distinguido como Caballero de la Legión de Honor francesa y, ya a título póstumo, resultó intitulado como Justo entre las Naciones.

https://www.jotdown.es/2019/05/la-lista-de-varian-fry/
 
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Sujétame el cubata: el mito de la máquina militar nazi.
Publicado por Alejandro García.



A casi ochenta años del inicio de la guerra más mortífera que el mundo ha conocido, sigue siendo el conflicto de referencia en el ámbito político, social, militar o cultural: la Segunda Guerra Mundial cambió el mundo para siempre, no solo tecnológicamente sino incluso la mentalidad de los humanos. No es casual que el interés por analizar este periodo siga gozando de una salud inmejorable, con miles de ensayos, novelas o películas a cuestas.

Parecería por tanto que está ya todo dicho y estamos ante un camino trillado, asumiendo que existe un relato bastante consensuado sobre el desarrollo de la guerra. Sin embargo, aún estamos lejos de una buena comprensión de su verdadera dimensión, debido por descontado al enorme peso de la propaganda vertida sobre ella. No solo por parte de Alemania y sus justificaciones postconflicto, sino de los países aliados —especialmente los ocupados por los nazis— necesitados de recuperar el orgullo nacional perdido y a la vez ocultar algunos asuntillos oscuros, y las distorsiones añadidas a causa de la posterior guerra fría, donde ambas superpotencias se lanzaron a crear sus propias versiones interesadas para consumo de sus esferas de influencia respectivas.

Los que hemos crecido inmersos en la explicación anglosajona de la Segunda Guerra Mundial, además de tragarnos la grosera relativización de la contribución soviética a la derrota nazi y su correspondiente sobrevaloración de la importancia angloestadounidense, o de leer mucho sobre la Resistencia y muy poco del colaboracionismo —la primera en mayúsculas y lo segundo en minúsculas y para de contar—, hemos comulgado con un mito muy poderoso: la supuesta superioridad de la terrorífica máquina de guerra nazi. ¿Quién podría discutirlo viendo las fotografías de los pavorosos Panzer-VI Tiger y sus elegantes líneas rectas? ¿O los impactantes uniformes de las unidades de asalto de las SS? Los feroces paracaidistas Fallschirmjäger, los experimentados pilotos de la Luftwaffe y sus montones de victorias en los cielos de la URSS o las tripulaciones panzer y los incontables carros soviéticos destruidos parecen incontestables pruebas de la magnitud de la amenaza nazi.

Sin embargo, todo esto es un mito interesado. Una imagen inflada que por una parte recicla la propaganda nacionalsocialista sobre la efectividad de sus fuerzas armadas, tan arias y eficientes ellas, y por otra le añade varias capas posteriores. No solo los occidentales hemos aceptado la versión alemana del frente ruso en aras del anticomunismo; sin un enemigo convenientemente magnificado, la victoria final luce mucho menos. Parece un contrasentido sostener este punto de vista, sobre todo teniendo en cuenta que la Blitzkrieg existió y arrolló a casi toda Europa occidental, pero parece que hoy en día va abriéndose espacio a interpretaciones menos partidistas o anecdóticas y más analíticas sobre la guerra. La apertura de archivos soviéticos, la aparición de investigadores menos influidos por la guerra fría y más interesados en aspectos dejados de lado hasta ahora, como pueda ser la logística de recursos, eficiencia y eficacia más allá de la estrategia, contribuyen a matizar este mito.


Fotograma de la película de propaganda nazi Sieg im Westen, 1941.
¿Por qué luchamos?

Prácticamente todos los países aliados tenían muy claro el objetivo estratégico de la guerra: destruir a la Alemania nazi. Por el contrario, el de estos nunca estuvo demasiado claro, y este es un factor esencial que va a lastrar todo lo demás. Aparte del deseo de venganza contra Reino Unido y Francia, o los dementes planes de rapiña y exterminio en el este, generalidades de tipo «ideológico-emocional», los nazis carecían de un plan estratégico meditado. Si bien las acciones militares comienzan como una serie de operaciones rápidas con costes relativamente modestos para las fuerzas alemanas, tampoco es cierto que se planificara un escenario de guerra rápida. La disponibilidad de recursos de todo tipo por parte de los anglofranceses —con Estados Unidos como proveedor— superaba a la germana, y tras el sorprendente derrumbe de Francia se hicieron planes económicos orientados a preparar una guerra defensiva de desgaste en el frente occidental (Scherner, 2010). La necesidad de al menos igualar la capacidad bélica de los aliados occidentales puede estar en la base de la campaña oriental, justificaciones ideológicas aparte. Parece por tanto que la estrategia alemana consistió en un continuo venirse arriba según iban desarrollándose los acontecimientos bélicos, a subir la apuesta más que en una preparación minuciosa para una guerra a escala mundial. Y aquí no fue Hitler el único megalómano, pues la clase militar alemana estaba encantada de ver correr tantos Reichsmarks hacia la industria bélica, además de las oportunidades de carrera, prestigio y saneadas cuentas corrientes.

La cuestionable eficacia de la industria alemana

No es de extrañar que, con semejante guía estratégica, la industria nazi fuera dando bandazos. La preparación de la agresión alemana se gestionó siguiendo el principio tan querido por Hitler de la duplicidad de organismos y funciones para evitar concentraciones de poder. Así, la economía en tiempos de preguerra fue dirigida por Hermann Göring al frente del plan cuatrienal en competición con el ministro del ramo Funk —en la práctica, uno de los pocos economistas nazis—. Las empresas privadas iban por libre, especialmente en industrias no militares, las SS se procuraron suministros por su cuenta y un largo etcétera de «centralización descentralizada redundante». Que en realidad sigue siendo una simplificación, porque es todo mucho más complicado, hasta la unificación de poderes en el Ministerio de Armamentos de Albert Speer en 1942.

El análisis de la economía nazi de guerra ha estado dominado por un mito según el cual Alemania no alcanzó su cénit productivo hasta 1943-44. Por tanto, si hubiera puesto su industria al servicio del esfuerzo bélico antes, habría ganado en la URSS y estaríamos viviendo en El hombre en el castillo. Esto es completamente falso, y se basa en la abundante propaganda que Speer y sus pelotaris hicieron de su gestión, y en los números incorrectos que extrapoló Wagenführ, el estadístico jefe del ministro nazi. Estos datos absurdos, que sostienen incoherencias como que en 1940-41 Alemania redujo su producción bélica, han dado pie a interpretaciones incorrectas, como la que atribuye a los jerarcas nazis una especie de «Blitzkrieg económica» para ahorrar en campañas limitadas, o una ineficiencia productiva a gran escala. Las investigaciones modernas desmontan estos mitos (Scherner 2010, Tooze 2016) y apuntan hacia un esfuerzo sostenido durante toda la guerra. Aparte del daño de los bombardeos a la industria, factores como la dispersión de objetivos industriales —el plan Z de 1938 comenzó la construcción de una poderosa flota, que se quedó en nada al estallar las operaciones terrestres un año después, con los barcos a medias y preciosos recursos invertidos en nada—, provocaron que los nazis empezaran la guerra a medio camino de ninguna parte. Es más, parece que el éxito productivo de Speer se debió a que infraestructuras construidas antes comenzaron a funcionar a pleno rendimiento en cuanto se incorporó masivamente la mano de obra esclava.

La falta de recursos y la inadecuada orientación de la planificación, tendente al derroche, fue lo que lastró la capacidad industrial nazi, que no podía aspirar a una guerra total a escala mundial porque no daba más de sí. Sus oponentes gestionaron mucho mejor este factor esencial; los anglosajones optaron por el ahorro y aprovechamiento de materiales, con una dirección más parecida a un comunismo de guerra y objetivos más claros. Los soviéticos salvaron su industria a pesar de la invasión y centraron sus esfuerzos en eficacia y eficiencia. La funcionalidad y la simplificación de la logística pasaron por encima de otras consideraciones; sus armas eran fáciles de fabricar, mantener, reparar y utilizar. La actuación tanto de las élites políticas como de las iniciativas populares soviéticas dio excelentes resultados (Harrison, 1988).


Propaganda nazi, 1942. Foto: Berliner Verlag / Cordon.
Por lo que respecta a la eficacia de la industria nazi, los historiadores modernos (Holland, 2018) prestan atención a la calidad e idoneidad del material bélico alemán, hinchada por la propaganda nazi y los espectaculares resultados de la Blitzkrieg, en su mayoría contra países manifiestamente más débiles. Realidades como que, de casi cincuenta mil carros de combate fabricados por Alemania, el 80 % eran modelos ya obsoletos en 1941, los más de cien modelos diferentes de camiones disponibles en 1939, el inadecuado diseño operativo de los uniformes alemanes —eso sí, estéticamente impactantes—, con más tela de la precisa y botas de caña alta. Podríamos seguir con los excesivos consumos de combustible, falta de repuestos, mecánica complicada —había que apartar totalmente la oruga de los Tiger para reparar el chasis, los primeros Panzer tendían a incendiarse solos— y por tanto inasequible para personal poco experimentado, pero baste indicar que la capacidad del armamento alemán para cumplir su cometido con un mínimo coste está hoy en entredicho. Sin duda el Tiger hacía sentir muy seguras a sus tripulaciones y era terrorífico en condiciones muy favorables, pero hechos puntuales como la hazaña deMichael Wittmann desvirtúan el cuadro completo.

La campaña de Rusia y el «General Prepotencia»

Parece un contrasentido afirmar que la Wehrmacht partía con escasas probabilidades de ganar una guerra a escala no ya mundial, sino europea, cuando cruzaron la frontera de Polonia, en vista del fulgurante éxito de los dos primeros años de combates. Pero las bases del desastre estaban sembradas ya. Dos tercios de los Panzer de la campaña polaca eran modelos ligeros obsoletos, y la infantería alemana usaba seiscientos mil caballos para compensar su falta de mecanización. Para las operaciones contra Francia, Bélgica y Holanda se requisaron tanques checos, y a menos de dos semanas del ataque la disponibilidad de armas y municiones era un 40 % menor que en octubre de 1939 (Frieser, 2013). Es más, el gobierno alemán había decretado una desmovilización parcial tras la victoria en Polonia.

La estrepitosa caída de Francia se atribuyó totalmente a la brillantez de la táctica germana, restándole el correspondiente mérito a la inoperancia gala y al efecto sorpresa —pues no era en absoluto predecible el ataque—. Cuando a finales de 1940 se empieza a perfilar la Operación Barbarroja, las armas alemanas se han creído su propia propaganda y están eufóricas. Prever una campaña de seis a ocho semanas para ocupar la URSS europea es una estupidez de un tamaño tan inmenso que no es de extrañar que pillara a los soviéticos desprevenidos; lo más probable es que Stalin esperase cierta competición sobre tamaño de miembros viriles alrededor de la frontera y poco más. La realidad es que, en enero de 1941, el general Halder escribía que el propósito de la operación aún no estaba claro. Ni se fijaron objetivos económicos; para qué, si en seis semanas estaría todo hecho. Los alemanes se inspiraban en los acontecimientos de la Gran Guerra, donde el estallido de la revolución dejó a Rusia fuera de la contienda. El alto mando alemán compartía la idea hitleriana de la «patada en la puerta» que derrumbara el edificio comunista, señal de que no se habían enterado de lo que había ocurrido por allí en veinticinco años.

El optimismo nazi, basado en sus ideas de superioridad racial, las victorias que enmascaraban graves problemas de base y una interpretación interesada del pasado, era injustificable. El ejército que atacó la URSS en junio de 1941 era en su mayor parte infantería de a pie auxiliada por tracción equina. Las unidades acorazadas y mecanizadas apenas suponían el 10 %; su uso excesivo provocó un rápido desgaste de material y personal experimentado. Las líneas de abastecimiento se estiraron, los rusos se empeñaron en resistir a ultranza, y aquí aparece otro mito recalcitrante, el General Invierno.


Propaganda nazi: un miembro de la Wehrmacht en el Frente Oriental, 1942. Foto: Berliner Verlag / Cordon.
Los oficiales nazis corrieron a echarle la culpa al frío de su derrota. ¿De verdad no sabían que en Rusia las temperaturas bajan mucho en invierno? Pues esta tontería se sigue sosteniendo en la actualidad, cuando el esfuerzo bélico alemán ya había sido detenido en julio-agosto de 1941 en Smolensk y Viazma. La superioridad del armamento soviético y cierta madurez táctica, una vez pasado el efecto sorpresa, frenaron el impulso invasor. La Blitzkrieg falleció a las puertas de Moscú antes de que cayera el primer copo de nieve y originó un vacío estratégico en el mando alemán, que no supo por dónde continuar. Para cuando se intentó el asalto a Moscú, los rusos habían dispuesto de dos meses para prepararse. Era cuestión de tiempo que ocurriesen cosas como Stalingrado o Kursk.

El supuesto elitismo de las SS

Uno de los ejemplos palmarios de sobrerrepresentación propagandística lo constituyen las supuestas tropas de élite de las SS. En su estreno en Polonia y Francia, esta pandilla de asesinos sufrió casi el doble de bajas que las unidades de la Wehrmacht, debido a su costumbre de ignorar el peligro y lanzarse al asalto todos juntos hombro con hombro. Tras las quejas de los militares y su pobre desempeño en los inicios de la campaña oriental, las SS se entrenaron para mejorar sus habilidades castrenses —copiando algunas de los rusos— y Himmler y sus comandantes intrigaron para proveerlas del más moderno material bélico. La intensa propaganda con que el SS-Reichsführer dio la brasa a Hitler, magnificando cualquier pequeño éxito tuvo sus frutos. Su intento de crear un Estado nazi dentro del Estado pasaba por atraer a lo mejor de los reclutas disponibles, por lo que este despliegue no solo estaba destinado a maravillar al Führer. Hasta la batalla de Jarkov en 1943 no se desplegó un cuerpo blindado de las SS, de las que la mayoría de unidades eran morralla criminal reclutada entre ultraderechistas de toda Europa. Eso sí, el miedo que inspiraban estaba más que justificado, aunque fuera solo por disponer de lo mejor del esfuerzo bélico alemán y la despiadada crueldad con la que actuaban, pero su efectividad es más que dudosa.

La guerra secreta

Por último, muchas de las películas de espías nos pintan a los servicios secretos alemanes como una red de implacables agentes cuya habilidad ponía en jaque a sus pares aliados. Las innumerables teorías de la conspiración alrededor de los nazis se nutren de este mito, al que se une el de los científicos nazis y las Wunderwaffen como la V-2. A pesar de su brutalidad, la hoja de servicios real de la Gestapo o la SD es bastante decepcionante: la famosa máquina de cifrado Enigma ya había sido descodificada por criptógrafos polacos en 1938. El espionaje alemán se tragó algunas bolas bochornosas como las del espía Joan Pujol, alias Garbo. La Orquesta Roja soviética engañó a los nazis en la batalla de Stalingrado, pero quizá una de las acciones más decisivas fue la semidesconocida operación Bagration, donde confundieron completamente al enemigo cruzando los pantanos del Pripyat por sorpresa. Es especialmente sangrante si se tiene en cuenta que el movimiento es similar al que los alemanes hicieron en las Ardenas en 1940. En cuanto a las armas milagrosas alemanas, lo único que consiguieron es dilapidar recursos inapreciables con escasos resultados a los que solo sacaron partido rusos y estadounidenses después de la guerra.

Lamentablemente, donde sí se destinó presupuesto, infraestructuras, investigación y capital fue en la aplicación del Generalplan Ost, la operación de asesinato o deportación de más de treinta millones de personas en Europa oriental pertenecientes a «razas inferiores» que solo el cambio de rumbo de la guerra en Rusia logró detener. Esta es una realidad que no deberíamos perder de vista, ni tampoco a quienes colaboraron en su realización.


Fotograma de la película de propaganda nazi Sieg im Westen, 1941

https://www.jotdown.es/2019/06/sujetame-el-cubata-el-mito-de-la-maquina-militar-nazi/
 

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