Harrison Ford: "Tenemos que rebelarnos contra la mierda que nos rodea" (1 Viewer)

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Ford presenta en Madrid 'Blade Runner 2049', dirigida por Denis Villeneuve, 35 años después de que Ridley Scott pariese la distopía de culto. Ahora le acompañan Ryan Gosling, Jared Leto y Ana de Armas. Aquí le habla a EL ESPAÑOL sobre la misteriosa secuela, que se estrena el 6 de octubre.
20 septiembre, 2017 02:21
  1. HARRISON FORD
  2. DENIS VILLENEUVE
  3. RYAN GOSLING
  4. CINE
  5. CIENCIA FICCIÓN
  6. ESCLAVITUD
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  8. JARED LETO
Lorena G. Maldonado @lorenagm7

VIDEO:

https://www.elespanol.com/cultura/cine/20170919/247976109_0.html


Blade Runner 2049 es secreta. Secretísima. Quisiera la CIA que sus documentos se preservasen con tanta cautela como la joyita que trae entre manos el cineasta Denis Villeneuve (nominado al Oscar por la Llegada): nada menos que la secuela, 35 años después, de la mítica Blade Runner, ya saben, la de culto, el filme neo-noir de ciencia ficción de Ridley Scott que, a pesar del aplauso tardío de la taquilla y la crítica, tomó por los testículos a medio mundo hablándole de algo terrible: el futuro.

Un futuro en el que, mediante la ingeniería genética, se fabrican humanos artificiales -"replicantes"- para que se afanen en trabajos peligrosos en las colonias exteriores de la Tierra. Vaya: queríamos esclavos para no mancharnos las manos. El problema es que estos seres son "más humanos que los humanos" -más ágiles y fuertes, pero nulos empáticamente y con obsolescencia programada- y acaban rebelándose. Son declarados "ilegales" en nuestro planeta y se designa a un cuerpo especial de la Policía, los Blade Runners, que los cacen y los quiten de la circulación. ¿El mejor pistolero aquí? Rick Deckard, Harrison Ford para los amigos.

La distopía nos acaricia, cualquiera lo niega. Se acerca como animal de pisada grande. Blade Runner planteó en el 82 preguntas que aún hoy nos retumban: ¿vamos a morir de progreso?,¿es cierto que la inteligencia artificial es "estupenda", como dice Mark Zuckerberg, o más bien "una amenaza", como sostiene Elon Musk?, ¿qué nos convierte en seres humanos?, ¿qué hay de matar a Dios o de sobreponerse a él, como pretenden hacer los replicantes con sus creadores? Esperen, ¿Deckard era replicante o no?

Blade Runner planteó en el 82 preguntas que aún hoy nos retumban: ¿vamos a morir de progreso?, ¿es cierto que la inteligencia artificial es "estupenda", como dice Mark Zuckerberg, o más bien "una amenaza", como sostiene Elon Musk?

"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo", decía el replicante Roy Batt. Blade Runner habla de la ética, de la fe, de la memoria, de la identidad y del tiempo. De la producción, del utilitarismo, del s*x* como "modelo básico de placer". No más que los temas alrededor de los que orbita el ser humano, no más. Por eso aquí andamos muy crípticos -hasta tiernamente escépticos- con la secuela protagonizada por Ryan Gosling, Harrison Ford, Jared Leto y Ana de Armas. ¿Qué es respetar un clásico: saber continuarlo o volverlo intocable y empezar de cero con otro concepto?

El nuevo 'blade runner': Ryan Gosling
En esta entrega conocemos a un nuevo 'blade runner', el Agente K del Departamento de Policía de Los Ángeles (Ryan Gosling), que desentierra un antiguo secreto capaz de sumir lo que queda de la sociedad en el caos. Esta misión le lleva a buscar a Deckard, el viejo agente, que ha estado desaparecido durante tres décadas. Gosling, que le da carne al nuevo protagonista, se presenta en Madrid con la humildad de los buenos, sonrisa nerviosa y un jersey de renos. Mira constantemente a Harrison Ford como al maestro, le deja hablar y va a su sombra.


Ryan Gosling en la presentación de Blade Runner 2049. EFE.

Cuenta el hombre de City of the Stars que él tenía dos años cuando se estrenó la película y que la vio por primera vez a los doce, solo en su casa, con su cinta de VHS. "En ese momento no era consciente de la importancia que había tenido en el cine ni en la cultura. Eso llegó con el tiempo. Recuerdo ese primer visionado como algo muy puro... me hizo plantearme muchas preguntas, dudas existenciales que no sabía que eran existenciales: quién es el héroe, quien es el villano, qué hace que uno sea bueno o malo... temas de envergadura que un chaval no sabía cómo interpretar".

Ahora los blade runner son personajes más marginados, viven vidas muy aisladas, poco agradables. De hecho, cuando conocemos a mi personaje nos damos cuenta de que necesita una identidad más allá de su trabajo

Gosling dice que "la película se quedó conmigo con el paso del tiempo; me ha marcado a lo largo de los años y ha afectado a mi identidad y a mi forma de abordar temas como la memoria". Pero ¿qué tienen en común Deckard y el Agente K? "Tenemos el mismo trabajo", sonríe Gosling. "Y, como dice en la peli, 'se me da bien'. Han pasado treinta y tantos años, el mundo ha evolucionado y el oficio de blade runner también ha cambiado: ahora los blade runner son personajes más marginales y marginados, viven vidas muy aisladas, poco agradables. De hecho, cuando conocemos a mi personaje nos damos cuenta de que está perdido, de que tiene conflictos y de que necesita una identidad más allá de su trabajo. Necesita una conexión humana y emocional", revela.

Se instala en el misterio. "Parte de todo este silencio es... porque queremos que la gente pueda experimentar lo que es la película y las sensaciones que transmite de una manera nueva, sin ideas preconcebidas", alega. Harrison Ford -impenetrable pero extrañamente afable, faltando a su leyenda- dice que esta secuela merece la pena "porque está Ryan Gosling en cartel y porque yo he estado 35 años mejorando mi trabajo, creciendo como actor".

"Sobre todo, por la obra de Denis Villeneuve, que, a pesar de ser canadiense el hombre, ha sido capaz de ofrecernos cintas enormemente interesantes", bromea. "Ninguno de nosotros ha tirado su ambición por la borda. Estamos ante una película que no es una repetición, no es una imitación barata. Nos hemos esforzado mucho en darle al espectador una experiencia emocional pero meditada. Blade Runner 2049 no es sólo tiros, disparos, saltos y demás. No".

Rebelarse contra la opresión y la desinformación
Elogios y felaciones profesionales aparte -"Ridley Scott y Denis Villeneuve tienen en común el ojo crítico y la imaginación desbordante" o "Agradezco la mirada y la sensibilidad de Gosling porque es nueva, fresca y se ha criado en otra época y otro contexto", lo de siempre-, huelga recordar que Blade Runner es, sobre todo, una película que nos señala, una distopía que nos atañe hondamente, que nos apela, que habla de nuestros límites, y es complicado girarle la mirada.


Harrison Ford, Ana de Armas y Ryan Gosling. EFE.

Los replicantes se rebelaban en la primera contra el tiempo que les ha sido otorgado, contra su propia fecha de caducidad, contra lo impuesto desde arriba. ¿Contra qué deberíamos rebelarnos nosotros, como ciudadanos? Harrison apunta, primero, que los replicantes de Blade Runner 2049 son "distintos" y que el concepto de "caducidad" pertenece a la primera película.

"¿Rebelarnos?", repone, con firmeza. "Tenemos que rebelarnos contra lo de siempre: las malas películas (ríe), la insistencia en dividirnos en grupos comerciales... hay que rebelarse contra el hacer lo que nos digan, contra el dejar de comprar lo que piensan que tenemos que comprar cada uno, contra el maltrato al medio ambiente, contra la opresión y la desinformación. Tenemos que rebelarnos contra toda la mierda que nos rodea". Se queda nuevo. Gosling asiente.
 

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La película de la semana | Blade Runner 2049
Prescindible continuación de un clásico
El nuevo, existencialista, triste y desamparado perseguidor de replicantes, todos los personajes, me parecen desprovistos de nervio



Carlos Boyero
6 OCT 2017 - 09:42 CEST

Ryan Gosling y Harrison Ford, en 'Blade Runner 2049'.
BLADE RUNNER 2049

Dirección: Denis Villeneuve.

Intérpretes: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Sylvia Hoeks.

Género: thriller. EE UU, 2017.

Duración: 163 minutos.

Contemos obviedades incontestables sobre una antigua película, obra de arte, experiencia maravillosa destinada a perdurar en la retina, el oído y el corazón de múltiples receptores, titulada Blade Runner. Por ejemplo: que desde la primera secuencia, en la que hacen un test con resultado mortífero a un individuo torvo para comprobar su verdadera identidad, a la última, que ofrece variantes desenlaces en función del que impuso la productora o el que pretendía el director Ridley Scott, el espectador va a gozar de las mejores esencias del cine negro, el suspense, la ciencia-ficción, el lirismo. Le impactarán todos sus personajes, protagonistas y secundarios(cómo es ese tío con el rostro prematuramente envejecido y expresión desolada, conviviendo en su expresionista casa con los muñecos parlantes y andantes que ha creado para aliviar su terrible y resignada soledad), le envolverá el amenazante y angustioso clima que empapa a esa ciudad oscura, lluviosa, mestiza, contaminada, bulliciosa y siniestra, se conmoverá con la tragedia de esos brutales y revolucionarios replicantes que se niegan a que les impongan plazo fijo de extinción y anhelan poseer algo tan humano como los recuerdos, es probable que se les humedezcan los ojos ante la poética y legendaria despedida de ese enamorado y agonizante robot (“He visto cosas que jamás creeríais…”), se renovará su emoción cada vez que escuchen la música de Vangelis y el precioso sonido del saxo de Dick Morrissey ambientando la complicada historia de amor entre el cazador y la presa. Aunque la haya disfrutado infinitas veces la hipnosis y el sentimiento que me provoca no se alteran. Es una película en estado de gracia.

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Siempre me preocupa la continuación de un clásico, de algo presuntamente inmejorable, aunque Coppola demostró en la prodigiosa segunda parte de El Padrino que se podía conseguir el milagro de superar lo modélico. Y consecuentemente, mi mosqueo es permanente ante la continuación real o posible de películas hacia las que siento amor. Y no sé si responde a la fervorosa vocación o exclusivamente a las posibilidades de gran negocio que el cine retorne al universo de Blade Runner 35 años después. Pero existe un aval poderoso, algo que inspira notable curiosidad y cierta confianza. Y es que la firma Denis Villeneuve, uno de los creadores con más personalidad del cine actual, autor de películas tan inquietantes como Incendies, Prisioneros, Sicario y La llegada. El padre de la vieja e inolvidable criatura, Ridley Scott, figura como productor y esta coescrita por Hampton Fancher, que fue el guionista de la primera.



Con esos atractivos elementos, mantengo la razonable ilusión de que Blade Runner 2049 no agravie a su gloriosa antecesora, que incluso sea algo más que digna. En el pase de prensa un aparatoso cartel que inunda la pantalla nos pide que no contemos absolutamente nada sobre la trama de lo que vamos a ver, que los futuros espectadores se mantengan ante ella en el mismo estado virginal que nosotros, adelantados y privilegiados testigos de su presuntamente enigmática criatura. Se está abusando hasta la demencia de esa estupidez tan moderna del spoiler. Y firma la misiva con desbordante familiaridad y colegueo el tal Denis. Y espero lógicamente ante esa delirante petición que esa trama sea apasionante, llena de misterio, con giros que te dejan perturbado, la experiencia cinéfila más fascinante del año. Y espero y espero, pero en vano. Lo que observo y escucho es plano y monótono. El nuevo, existencialista, triste y desamparado perseguidor de replicantes, sus ya muy cansadas víctimas, el perverso continuador de la ingeniería genética y su implacable lacaya, todos los personajes, me parecen desprovistos de nervio y de aura, fabricados por computadora, cansinamente descritos, no me importa lo más mínimo ni lo que hacen ni lo que dicen. Se supone que la soledad es cósmica en un mundo que parece haberse tornado desértico, que la incomunicación ya es absoluta y gélida la violencia, que el tono de lo que está contando sería bendecido por Kafka, pero solo percibo una sucesión tediosa de personajes y situaciones sin alma ni magnetismo, incapaces de engancharme, de crearme sentimiento, ni una pizca de identificación emocional.

Con la aparición de Harrison Ford noto que el mediocre listón se eleva un poco. Pero llega muy tarde en una película cuyos 163 minutos de metraje se me hacen eternos. La decepción es notable. Qué manía tan incansable y lamentable la de buscar negocio a costa de profanar a los clásicos.

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Harrison Ford y Sean Young, en el primer 'Blade Runner'.
 

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