Grietas en el Gobierno de coalición PSOE-PODEMOS; estalla el pacto de no agresión un mes después de acordado (1 Viewer)


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Totalmente de acuerdo, ¿acaso los militares tienen carta blanca para comprar sin justificar que es necesario?????
Otros como los reyes, que no dan cuentas del dinero que gastan de los sufridos contribuyentes.

 

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Pedro Sánchez, su equipo y Podemos han demostrado (con sus hechos e inutiliad) ser solo bufones aspirantes a más que no dan la talla.

 

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Un Gobierno roto: los 'políticos' Sánchez, Iglesias y Redondo contra los 'técnicos' Escrivá, Calviño y Yolanda Díaz
La batalla en la coalición trasciende de las facciones partidistas PSOE/Podemos. Malestar porque el "núcleo duro" puentea al Consejo de Ministros.


 
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La gran torpeza
«A Sánchez le crecen los enanos mientras Iglesias teje el discurso que le permitirá reivindicarse como el escudo de los débiles»
Luis Herrero
Luis HerreroSEGUIRMADRID Actualizado:24/05/2020 03:34hGUARDAR
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Oun tipo muy tonto del PSOE o uno muy listo de Podemos la ha liado parda. El pacto suscrito con Bildu ha conseguido dividir al Consejo de Ministros, irritar a los barones del partido, soliviantar a los empresarios, espantar a los socios parlamentarios, darle munición a la derecha, alarmar a la Comisión Europea y enfurecer al editorialista de El País. Todo de una sola tacada. A Sánchez le crecen los enanos mientras Iglesias teje el discurso que le permitirá reivindicarse como el escudo de los débiles cuando la coalición gubernamental, dinamitada por la política de ajustes que impondrá la gravedad de la crisis, salte por los aires. Alguien debería decirle al presidente del Gobierno que está durmiendo con su enemigo.
Si torpe, nocturna y alevosa ha sido la jugada, más torpe ha sido el argumento utilizado para disculparla. Faltaban horas para la votación de la quinta prórroga del estado de alarma y en el grupo parlamentario socialista no estaban seguros de contar con los apoyos necesarios para sacarla adelante. ERC exigía ponerle una fecha concreta a la mesa de diálogo para no votar en contra y Ciudadanos, escaldado por la reciente falta de lealtad de Sánchez con Arrimadas, tardaba demasiado en deshojar la margarita. Sin el apoyo de los centristas el Gobierno solo podía garantizar 164 votos. A todo trapo, con canarios, cántabros y turolenses en el mismo zurrón, 167. En contra, 168.




Casi sobre la bocina, Moncloa ordenó negociar la abstención de Bildu. Sánchez se comió con patatas, una vez más, la palabra que solemnizó en el mes de junio: «Si quiere se lo digo cinco veces o veinte: con Bildu no vamos a pactar. Con Bildu, se lo repito, no vamos a pactar». El vértigo de perder la votación, y en consecuencia el control del mando único durante el proceso de atenuación del estado de alarma, hizo que el presidente aceptara el consejo de Iglesias, avalado por Iván Redondo, de pedirle auxilio a Arnaldo Otegui. La única cautela fue que el contenido del acuerdo no se diera a conocer hasta después de la votación para no espantar al PNV ni malograr el acercamiento a Ciudadanos.

O sea, que todo fue fruto de una improvisación de última hora provocada por la incapacidad gubernamental para armar a tiempo una mayoría sólida. Está bien que se sepa. A ver si los finos analistas que hablan de los cabeza de huevo del poder como si fueran discípulos de Metternich se enteran de que en realidad no tienen ni idea de por dónde les viene el aire. Al cabrear a los socios que les sacaron las castañas del fuego hace quince días han convertido el pan para hoy en hambre para mañana. Con estos antecedentes, ¿quién será el pringado que apoye la sexta prórroga dentro de dos semanas? Ni PNV ni Ciudadanos salen de esta escaramuza trapacera demasiado motivados.
Que Sánchez le haya dado a Bildu la baza electoral de apuntarse el tanto del trato preferente a los ayuntamientos de Euskadi y Navarra en vísperas de las elecciones autonómicas del 12 de julio es algo que el lehendakari vasco ni entiende ni perdona. En el mejor de los supuestos Sánchez ha conseguido multiplicar por diez el precio del próximo trueque. A Ciudadanos también lo ha dejado con el culo al aire. Edmundo Bal nos dijo a todos que su apoyo apartaba al PSOE de la senda de las complicidades independentistas y, mira por dónde, si no quieres arroz, toma dos tazas: al separatismo catalán se le une el vasco. ¿Seguirá haciendo de tonto útil después de ese planchazo?
Los lectores de novela negra sabemos que para descubrir al autor de un crimen conviene buscar al más beneficiado. Y dado que a Sánchez esta chapuza no le beneficia en absoluto, antes al contrario, la nómina de sospechosos se reduce a un solo nombre: el de Pablo Iglesias. Él sabe que la coalición con el PSOE, antes o después, está abocada a la ruptura y que Bruselas ya 'ha puesto precio a su cabeza. Pincho de tortilla y caña a que su plan consiste en convertirse en el mártir de los poderosos. Con esta maniobra ha comenzado a preparar su coartada.

 
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Podemos prepara una ofensiva contra Felipe González para evitar injerencias en el Gobierno
Los morados creen que detrás de los cambios en Prisa se encuentra el expresidente y erigen una barrera para evitar que Sánchez plantee cambios estructurales en el Ejecutivo. La contraofensiva se realizará en el Congreso y en la prensa y algunos en Podemos apuntan a las propiedades del expresidente
Pablo Iglesias en el Congreso

Pablo Iglesias en el Congreso Europa Press
LUCA COSTANTINI
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PUBLICADO17.6.2020 - 4:45
El pasado 21 de mayo Podemos supo que algo estaba pasando. Un editorial de El País titulado 'A la intemperie' activó las alarmas. El artículo planteaba como única opción para la supervivencia de Sánchez la salida del Ejecutivo del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Los indicios de los morados apuntaban a Felipe González y a otros pesos pesados de la Transición del 78, que aspiran a tumbar la coalición y promover un Gobierno monocolor del PSOE. Ahora, con el sector empresarial en ebullición y las peores previsiones económicas, la cúpula del partido se prepara para activar una contraofensiva.
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Podemos está convencido de que el sistema mediático en España no le favorece. Con los cambios en el Grupo Prisa, que achacan a la vuelta de Juan Luis Cebrián a la primera línea, ven reducido su respaldo al nivel de un puñado de digitales. En la televisión reconocen el apoyo de La Sexta, pero son conscientes de su volatilidad. Y ahora atacan a RTVE, tras el cambio de dirección, que consideran muy dependiente de Sánchez y, por lo tanto, sujeta a giros políticos de Moncloa.
En definitiva, en Podemos se han activado las alarmas de una “restauración del bipartidismo” que se aproveche de la crisis del coronavirus y les arrase. Así que la contraofensiva morada pasará por iniciativas parlamentarias y ataques en los medios al expresidente socialista.
Las fuentes consultadas no desvelan los detalles de una operación todavía en construcción, pero no se descarta que se buscará el apoyo de los independentistas vascos y catalanes (ya se ha registrado convergencia en la comisión sobre el Rey emérito). Y, sobre todo, en mantener viva la estrategia de la tensión para evitar todo tipo de acercamiento del PSOE con el PP, tal y como ya desveló este diario. Los populares ya afirman que su mano "están tendida" para llegar a pactos de Estado.
Juan Luis Cebrián y Felipe González.

Juan Luis Cebrián y Felipe González. EFE
Propiedades y familiares
Miembros de Podemos se alegraron el pasado martes del intento de Bildu de registrar una comisión parlamentaria sobre los GAL para que acudiera González. El PSOE erigió un muro de contención, pero, según Podemos, la influencia de González entre los socialistas no es la de antaño, y quedan márgenes para seguir manteniendo aislado al socialista. “Sánchez es Sánchez porque cortó todos los puentes con el pasado. Todo lo contrario que hace Pablo Casado”, reflexionan.
Algunos dirigentes de Podemos consideran que González es menos fuerte de lo que se cree. Y que sus acciones dirigidas a tumbar el Ejecutivo son, en realidad, movimientos “defensivos” para evitar caer en el “desmontaje” de Juan Carlos I, también impulsado por Podemos.
En este sentido es plausible pensar que la maniobra de Podemos se fundamente más en la amenaza que en la intención de desarmar definitivamente a González. Pero en el partido morado circulan algunos detalles que apuntan a las “propiedades” del socialista y a “desvelar hasta el fondo su pasado y el presente de algunos de sus familiares”.
Su Majestad Pedro Sánchez

Su Majestad Pedro Sánchez
Septiembre y octubre
La contraofensiva de Podemos será como cruzar el río Rubicón. Fuentes del Ejecutivo repiten una y otra vez que el momento clave del Ejecutivo será septiembre u octubre, con la entrada de Ciudadanos como nuevo socio y la sustitución de ERC.
El peso político de Podemos se reduciría, pero Iglesias insistirá para permanecer en el Consejo de Ministros. De esto ni se debate en el círculo de Iglesias, aunque en la oposición algunos dudan de que pueda pasar por el aro de las medidas impopulares impuestas por Bruselas, y también algunos socialistas se preguntan: “¿Querrá Iglesias seguir en un Gobierno que adopte medidas impopulares?”.
En Podemos creen que el partido ha entrado en un sustancial giro moderado del que ya no se puede salir. La ecuación es sencilla: “Permanencia en el Gobierno equivale a resistencia”. Es por ello que a Iglesias no le queda otro remedio que aclarar quiénes son de verdad sus enemigos. E ir a por ellos. González ya está en su lista; el rey emérito Juan Carlos I, también, y pronto lo estarán miembros de Prisa. Y con la posibilidad cada día más real de incluir a la Monarquía en esta ofensiva.
“Pablo necesita a un enemigo que le ataca”, recuerdan personas que estuvieron vinculadas al partido morado desde los días fundacionales. La campaña electoral construida sobre las "cloacas del Estado" es ejemplo de ello. La última pieza de la estrategia pablista será explicar a Sánchez que, pase lo que pase, será mejor mantener vivo el vínculo con ERC. Sectores del PSOE siguen prefiriendo los republicanos a Ciudadanos. Aunque la sensación que se empieza a percibir es que los llamados poderes fácticos están moviendo ficha. Y que después del verano llegará un otoño muy caliente.
 
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Plan de contigencia
Algo de gran calado está empezando a cocerse en el horno de la política. El coronavirus ha cambiado el escenario y parece que urge un plan C.

2020-06-21
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Algo de gran calado está empezando a cocerse en el horno de la política. El coronavirus ha cambiado el escenario y parece que urge un plan C.

Arrimadas, Iglesias, Espinosa y Casado. | EFE
Una lectura detenida de la prensa de este fin de semana aporta pistas suficientes para sospechar que algo de gran calado está empezando a cocerse en el horno de la política. En dos días se han publicado cuatro noticias, en cuatro medios distintos —y distantes— que le dan demasiada sonoridad al agua del río.
Sánchez pide apoyo al PP para una salida de la crisis sin los sacrificios de 2008, destaca El País. No es muy distinto el reclamo informativo de Voz Pópuli: Sánchez ordena a Montero que intente negociar los Presupuestos con PP y CS. En el titular de El Confidencial la música de la noticia sigue siendo la misma: El Gobierno de Pedro Sánchez tiende puentes con el Ibex 35 tras la pandemia. Y todo eso después de haber sabido, gracias a la primicia que público el sábado El Mundo, que Zapatero se había reunido en secreto con García Egea para mediar entre el PP y el PSOE. Cuando el soporte testifical del rumor resulta tan abundante y variopinto no hay más remedio que convenir que no es fruto de una intoxicación interesada.
Algo está pasando entre bambalinas. Y si fuéramos capaces de ordenar las piezas del puzzle que han ido saliendo a relucir durante las últimas semanas, sabríamos más o menos de qué se trata. La profundidad de la crisis ocasionada por la pandemia lo ha cambiado todo en tres meses. El Gobierno había asumido que el apoyo parlamentario de Frankenstein bastaba y sobraba para darle suficiente recorrido a la legislatura. Tirando de aquí y jalando de allí, dándole alas a la mesa de diálogo con el independentismo catalán, dejando que el PNV sacara pingües beneficios de su soporte al Gobierno, permitiendo que Iglesias lustrara su vicepresidencia social y contentando con módicas cucamonas a los cómplices habituales del grupo mixto, la aritmética daba para aprobar unos Presupuestos manirrotos y aguantar en La Moncloa un par de años. Como mínimo. Ese era el plan A. Pero el virus cambió el escenario. Para salir de la sima necesitamos la ayuda de Europa, y Europa exige, a cambio de su dinero, unos Presupuestos muy distintos.


El Gobierno lo sabe. Por mucho que trate de huir de un ajuste excesivo y de reformas estructurales dolorosas tiene claro que las exigencias finales del Consejo Europeo irán bastante más lejos de lo que le gustaría. Sánchez no tiene más narices que asumirlo. Necesita presentar en Bruselas cuentas claras y creíbles. Y en la cuestión de la credibilidad, me temo, es donde está la madre del cordero. ¿Austeridad de la mano de Podemos y Esquerra? Aunque el papel lo aguanta todo, eso no hay quien se lo crea. Sánchez necesita el aval de otros compañeros de viaje y cualquiera de los que se sientan en el hemiciclo son incompatibles con ERC. Por eso iniciaron los socialistas el cortejo a Ciudadanos. Es es el plan B. Y un plan factible, por añadidura, siempre que Podemos se pliegue a rebajar significativamente su acuerdo programático con el PSOE. De otro modo, Arrimadas se apearía de carro y el plan B se iría al carajo. Así es como llegamos a la gran cuestión: ¿Está Iglesias dispuesto a hacer las renuncias necesarias para que Ciudadanos trague?
La respuesta natural debería ser que no. Pero si dijera que no el Gobierno de coalición saltaría por los aires y los ministros podemitas tendrían que volver a los escaños del común. Un precio demasiado caro. Las mieles del poder son adictivas. Ante semejante tesitura, Echenique dijo el jueves en TVE: "Estamos en medio de la peor pandemia en cien años. Para solucionar los problemas del país hay que mirar atentamente la realidad. Y si eso supone alguna modificación de lo que se había hablado, pues habrá que acometerla". Osea, que sí, que lo que haga falta con tal de seguir en el coche oficial y en la moqueta de los ministerios. Siempre que el partido resista, claro. Y eso es lo que está por ver. De momento, para calmar a sus confluencias, Iglesias ha tenido que virar de criterio en dos asuntos que comprometen su buena relación con el PSOE: finalmente apoyará la comisión para investigar a Felipe González, después de haber dicho que no, y explicitará su oposición a que Calviño presida el Eurogrupo. Son síntomas de que el plan B levanta en Podemos demasiadas ronchas.
Por eso urge poner en marcha el plan C. El plan de contingencia. Y de eso es de lo que hablan las noticias de este fin de semana. El Gobierno no descarta que tenga que intentar un acuerdo presupuestario con el PP si Podemos no aguanta la presión interna. En Génova —sé de lo que hablo— creen que el plan B saldrá adelante, pero no le hacen ascos a acometer el plan C. ¿Apoyar a un Gobierno socialista en solitario que se haya desvinculado del populismo comunista y del independentismo catalán? Naturalmente que sí. Eso es lo que Merkel quiere que ocurra. Y los socialistas del norte. Y los empresarios españoles. Y los socialistas moderados. Y tal vez la mayoría del país. Pero no es lo que Sánchez desea. Por eso luchará a brazo partido para defender su acuerdo con Iglesias, debidamente devaluado, todo lo que pueda. El plan de contingencia solo es una red de seguridad es por si sus deseos se tuercen.
 

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