Gabriel Cruz, asesinado por Ana Julia Quezada, la pareja del padre.

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Bueno pero te operaras en algun piso o local o en el extranjeeo, no creo que estén en un hospital al uso...

Descarto el extranjero por una razón obvia de que sería muy difícil por no decir imposible pasar un organo por cualquier aduana (ya no digo nada de pasar al niño) . También descarto un piso, casa o cualquier edificio clandestino, ya que para realizar un transplante son necesarias unas instalaciones y unos medios adecuados para el éxito de dicha operación.

Por eso menciono clinicas u hospitales privados que tengan dichos medios y preferiblemente cercanos a la zona en un radio no mayor de 200 km por razones obvias de seguridad.

Por otro lado, estoy convencido que el depositar la camiseta del niño, recientemente encontrada en esa zona , no es mera casualidad, creo que es un elemento de distracción para ganar tiempo por parte de los secuestradores.
Como todos sabeis, son muchos los voluntarios que están buscando a Gabriel y no me estrañaria que entre ellos estuviera o estuvieran los que depositaron esa camiseta, por lo tanto, no es descabellado pensar que el o los posibles secuestradores de Gabriel hayan estado más cerca de lo que imaginamos.

Alguien sabria decirme si la GC tiene controlados a cada uno de los voluntarios que están ayudando a peinar la zona?
 
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No mezclemos teorías, es sencillo:
1. Runner: Si fuera él, como esta en el talego la camiseta no la habría puesto nadie.
2. Si es la novia, Ana, si pudo haberla puesto ella
3. Los tios también podían haberla puesto después
4. Criminal por la zona, lo mas normal es que se deshizo de ella el mismo día y no la vieron hasta después.
5. El niño se perdió solo: Pudo quitársela el mismo.
 
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Pego:
A ver...otra de mis teorias...es que lo deno verle pies ni cabeza hace que se me pasen mil cosas....
Y si el niño al llegar a casa de Rosa se encuentra con alguién que está intentando entrar? Robando u oteando, vamos!!
Y ese alguién que es un chungo de cuidado porrazo al canto y pal coche? Y si, como nadie lo ha visto vuelve de voluntario a dejar la falsa pista de la camiseta?
Como lo veis?

También podría ser... nada más empezar este caso, leí que hacía algún tiempo ya en el año 2010, precisamente allí asesinaron al dueño de una finca que estaba protegiendola de una banda de ladrones que había por la zona.
 
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Un secuestro se puede dar por muchas razones, por deudas, por negocios.....
Ya pero no creo que tengan cosas gordas en ese sentido y de ser así secuestrar a un niño es algo tan chungo que solo lo hacen los muy bestias, pero ojala fuera dinero en principio no tendría interés en el niño....seria lo " menos" malo a mi lo que me pone enferma son los depravados....y que no aparezca, soy una cansina pero preferiría un hijo muerto a un hijo desaparecido mas de un mes creo que es el dolor mas atroz del mundo , tambien hablo de cualquier ser querido
 
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En tu mente!
Son los alquilados en la casa del periodista de Tras la Pista. Habló de ellos ,que les agradecía su colaboración en los rastreos y que habían inspeccionado la casa 2 veces incluso la fosa séptica
Sí eso sí, pero ellos? Los habrán investigado? Hay muchas redes de pederastia en Europa y Holanda no se queda atrás.
 
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Yo soy Juanjo

Pensaba, como hago siempre que me pongo ante el desafiante folio en blanco virtual en el ordenador, qué escribir que, en realidad, me haga sentir bien con esta oportunidad que me ofrecen los medios donde colaboro. Próximo el ocho de marzo, quizás sobre las reivindicaciones más hembristas que feministas; viviendo ya la Cuaresma, quizás alguno de aquellos artículos de buenismo o –haciendo uso del término de don Eusebio León– de malajismo cofrade. Me acordé de Tabarnia, y su befa al independentismo. Pensé también en la afrenta de un Gobierno –el español– al castellano; al propio idioma de un país que, con tanto ahogamiento –inmersión le dicen, para dejarlo como si fuese una inocente aguadilla– en favor de otros que, en lugar de crear cultura, fomentan la ignorancia y el odio.

Pensé tanto, tanto pensé que, por una vez, y habida cuenta de tanta madeja desmadejada que volver a religar, nada me salía en mi particular versar.

Sin embargo, en este jaleo en el que de forma estúpida nos confinamos como sociedad, me detuve en una imagen que casi de largo mi vista pasaba; un guardia civil –que entonces este que les escribe desconocía que lo era– metido hasta las narices en aguas fecales –y esto es literal–, mascarilla en rostro y un casco que su nombre adivinaba: «Juanjo». Sin más.

Casi seguro que hubiese pasado la página si no llega a ser por el comentario que lo titulaba: «Juanjo, gracias». ¿Gracias? Solo leí ese final y, por inercia curiosidad, alcé mi mirada al inicio del texto y –por qué entonces no me sorprendería– del pequeño Gabriel hablaba. Es uno de esos niños que, por fortuna, dentro de la grandísima desgracia –paradoja tristísima–, su desaparición no ha caído en saco roto. Al menos nos queda ese hálito, ese suspiro contenido, ese clavo ardiendo que es la mediática publicidad.

Gabriel es uno de esos niños nuestros. Sí, nuestros; como el suyo o los míos, al que le han quitado el derecho a dormir cada noche, y van seis ya, con un beso de sus padres. A jugar con sus amigos, a reír con sus compañeros del colegio, a hacer feliz a sus abuelos, a enfadar con sus travesuras. Gabriel es uno de esos niños nuestros, sí. Aunque nos coja lejos. Aunque no sepamos cómo es su voz, ni si, a pesar de haber visto en apenas unos días mil veces sus ojos, son de tal o cual color. Aunque no sepamos de él más que lo brillante de su sonrisa y el dolor que causa a sus padres su amor, Gabriel es uno de esos niños nuestros, sin ser de nosotros nada más que consternación.

Recapacitaba en él mientras oía discutir a mis hijos, que tantísimas veces me sacan de quicio. Los escuchaba pelearse por unos cromos, por unas estampitas de futbolistas que, con sus propios argumentos, para mí sin fundamento, se reclamaban. Les iba a llamar la atención, pero me di cuenta de mi suerte. Ahí estaban. Debatiéndose. Crispándome los nervios, y a su madre la santa paciencia que solo ella tiene. ¡Dios mío, qué gran suerte! ¿Qué será sufrir lo que aquel matrimonio que a su pequeño reñir no puede? ¿Qué será no besarle, no escucharle, no verle? No, no quiero saber qué es ese puñal de la duda, que con su hoja de sierra desgarra de muerte.

Valiente mal parido. Valiente hijo de mala madre, aunque esta no tenga culpa, y siendo amable por no decirle hijo de p*ta, será el que ha sido capaz de robarle a un niño la vida.

La vida, sí. Porque capturar la libertad es, en sí mismo, matarla. Y a pesar de mi experiencia, aquella donde le dan palos a la esperanza, quiero creer. Quiero creer no, ¡creo!, que Gabriel está esperando en algún sitio que lo encuentren. Porque no tener fe es como dejar morir a la esperanza apaleada. Porque no tener fe es como dejar a Gabriel en la estacada.

Yo soy Juanjo, sin duda. Sin el menor atisbo de vacilación. Sin caber en mí incertidumbre alguna. Yo soy aquel hombre cubierto de mierda hasta la cara. Porque si por mi fuera, si alguna posibilidad tuviera de poder hacer algo más que escribir y describir el resentimiento de la impotencia, que son estas inútiles palabras, insisto: yo soy Juanjo. Por saber cómo ríe, cómo habla, cómo, de nuevo, Gabriel, a su familia abraza.

Mientras, en tanto el tiempo pasa, seguiré dando a Dios gracias por poder acostar a mis hijos, cada noche, en sus camas. Por oírlos decirme papá, y despertarlos con un beso cada mañana.

Desde aquí me hago eco por aquel y otros tantos Juanjos que se enfangan, ante la desesperación, hasta donde hacen falta. Sí, Juanjo, gracias.

Juan Antonio Carrasco Lobo


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