Fotografía Humana (1 Viewer)


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La fascinante colección de retratos de mediados del siglo XX con personas vestidas de osos polares

Jochen Raiss lleva años siguiéndole el rastro al oso polar. Y es que hubo un tiempo, entre las décadas de 1920 y 1960, en que a la gente les dio por disfrazarse de oso polar.

El País Semanal
2 NOV 2019 - 20:00 ART




  • Jochen Raiss es un coleccionista de fotos que durante tres décadas se ha dedicado a buscar fotografías anónimas en mercadillos y tiendas de antigüedades.
  • 1 Jochen Raiss es un coleccionista de fotos que durante tres décadas se ha dedicado a buscar fotografías anónimas en mercadillos y tiendas de antigüedades. Archivo de Jochen Raiss
  • Una persona disfrazada de oso polar y unos espontáneos que posan con tan curioso personaje es el hilo conductor del libro 'Polar Bears'.
  • 2Una persona disfrazada de oso polar y unos espontáneos que posan con tan curioso personaje es el hilo conductor del libro 'Polar Bears'. Archivo de Jochen Raiss
  • En la playa, en los bares, en la feria... Cualquier lugar era buen escenario para posar con el oso polar de peluche.
  • 3En la playa, en los bares, en la feria... Cualquier lugar era buen escenario para posar con el oso polar de peluche. Archivo de Jochen Raiss

  • Una familia posa risueña con uno de estos curiosos personajes.
  • 4Una familia posa risueña con uno de estos curiosos personajes. Archivo de Jochen Raiss
  • Los que tenían la suerte de poseer una cámara inmortalizaban el momento.
  • 5Los que tenían la suerte de poseer una cámara inmortalizaban el momento. Archivo de Jochen Raiss
  • Modelo y fotógrafo esperan la llegada de clientes en un zoo.
    6Modelo y fotógrafo esperan la llegada de clientes en un zoo. Archivo de Jochen Raiss

  •   Querido amigo oso     Jochen Raiss lleva años siguiéndole el rastro al oso polar. A diferencia de un cazador al uso, este coleccionista alemán no recorre glaciares sino mercadillos, en los que revisa tacos de fotos antiguas en busca de la deseada bestia blanca. Y es que hubo un tiempo, entre las décadas de 1920 y 1960, en que a la gente les dio por disfrazarse de oso polar. En la playa, de paseo, para una fiesta o, como aquí, en la ciudad nevada. Los que tenían la suerte de poseer una cámara inmortalizaban el momento. Ahora, Raiss reúne algunas de estas fotografías, anónimas y en blanco y negro, en el libro  Polar Bears , publicado por Hatje Cantz. Una oportunidad única para ver a nuestros abuelos vestidos de peluche.
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    Querido amigo oso

    Jochen Raiss lleva años siguiéndole el rastro al oso polar. A diferencia de un cazador al uso, este coleccionista alemán no recorre glaciares sino mercadillos, en los que revisa tacos de fotos antiguas en busca de la deseada bestia blanca. Y es que hubo un tiempo, entre las décadas de 1920 y 1960, en que a la gente les dio por disfrazarse de oso polar. En la playa, de paseo, para una fiesta o, como aquí, en la ciudad nevada. Los que tenían la suerte de poseer una cámara inmortalizaban el momento. Ahora, Raiss reúne algunas de estas fotografías, anónimas y en blanco y negro, en el libro Polar Bears, publicado por Hatje Cantz. Una oportunidad única para ver a nuestros abuelos vestidos de peluche.
    Archivo de Jochen Raiss
 
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La historia detrás de las fotos más sensuales de Marilyn Monroe que nadie quiso comprar
Fueron tomadas por Douglas Kirkland en noviembre de 1961. El lote subastado por Christie’s no tuvo el éxito esperado


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El fotógrafo canadiense Douglas Kirkland, de 27 años por entonces, captura una de las imágenes más incónicas de Marilyn Monroe en noviembre de 1961 (Douglas Kirkland - Heritage Auctions - Christie's)



Una botella del mejor champagne francés, una cámara sueca, unos lentes alemanes, unas sábanas de seda india y un prometedor fotógrafo canadiense. También, un vinilo de Frank Sinatra a punto de largarse a encantar. La escena, en un pequeño apartamento rentado por un puñado de dólares, esperaba por una actriz norteamericana. Era noviembre de 1961, el invierno era incipiente y la oscuridad acechaba las tardes desde temprano en cualquier rincón de Hollywood, donde se haría la sesión de fotos para el 25 aniversario de la revista Look, con uno de los mayores íconos de la industria del espectáculo.

El fotógrafo era Douglas Kirkland, por entonces de jóvenes 27 años. Había pensado en todos los detalles. La modelo, nada menos que Marilyn Monroe, llegó (muy) impuntual a la cita, dos horas tarde, poniendo a prueba los nervios y el pulso del anfitrión. Ella contaba 35 años en su almanaque y estaba en lo más alto de su carrera. Era inalcanzable. La mujer aparecía en los sueños más eróticos de millones de hombres y mujeres, poderosos y mortales, alrededor de todo el planeta. Y Kirkland la eternizó en unas imágenes por demás sensuales.

Desnuda, tendida en una cama precaria, con apenas una almohada de la cual abrazarse y unas sábanas blancas que la cubrían en parte, Monroe se entregó por completo a las sucesivas lentes Carl Zeiss de 50 y 150 milímetros ensambladas a la carcasa eterna de su Hasselblad dependiendo del momentum de la escena. La luz que irradiaba Marilyn reflejaba su nueva vida tras otro fracaso amoroso: recientemente mudada a Los Ángeles y lejos del frenético movimiento incesante de Nueva York. Además, soltera.

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La sesión formó parte de la edición por el 25 aniversario de la revistsa Look de los Estados Unidos (Douglas Kirkland - Heritage Auctions - Christie's)




Nada más verme Marilyn me dio un abrazo y un beso en la mejilla y, sin perder un segundo, enfiló hacia el camerino. Una vez recostada en la cama, y tapándose los pechos con la manta, pidió a nuestros acompañantes que nos dejaran solos. Fue una decisión inesperada que cambió el curso de los acontecimientos", recordó Kirkland... ya menos nervioso a sus 85 años, a Fuera de Serie, de Expansión.

Pero nueve meses después, la bellísima mujer aparecería otra vez desnuda en una cama con sábanas blancas. Ahora en su domicilio de Brentwood Heights, en L.A. Sin embargo, esta vez, boca abajo y con los ojos cerrados para siempre. El mayor ícono femenino de la historia norteamericana daba lugar al mito, a la leyenda. La imagen de su cuerpo inerte también permaneció grabada en la retina de generaciones por siempre. Kirkland preferiría recordarla como él la había eternizado.

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La intimidad de Marilyn Monroe con el fotógrafo Douglas Kirkland en una tarde-noche de noviembre de 1961 (Douglas Kirkland - Heritage Auctions - Christie's)



El pasado 29 de octubre, 58 años después de esos disparos sin flash, la casa Christie’s en su sede de Nueva York ofreció en subasta el lote con las fotografías originales y la cámara del canadiense. También dos ejemplares de Look. “No se trata solo de imágenes extraordinariamente sensuales y originales del catálogo de Marilyn, sino, además, de dos de las últimas instantáneas que le tomaron en su vida”, indicó Becky MacGuire, la directora de ventas de la subasta.

Sin embargo, pese a las especulaciones sobre el tesoro fotográfico, nadie pujó por el lote. Nadie quiso el recuerdo de aquella mujer que mezclaba sensualidad e inocencia en mezclas venenosas.

Kirkland continúa su relato de aquella noche inolvidable. “Esto fue, por supuesto, muy emocionante para mí como joven. Quiero decir, estaba ahí con Marilyn Monroe frente a mí. Estaba al alcance de la mano, girando y girando debajo de esa sábana, que era semitransparente", se emociona en una nota dada al sitio de Christie’s.

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Marilyn Monroe tenía 35 años cuando se tomaron estas fotografías y estaba en lo más alto de su carrera profesional (Douglas Kirkland - Heritage Auctions - Christie's)



El fotógrafo rememora las diferentes Marilyn con las que se entrevistó por aquellas semanas, antes de las fotos y después. La primera, era inocente y entusiasta. Es la que aceptó y se entusiasmó con cada uno de las propuestas del artista. Otra, la de la noche mágica, aquella con “belleza sensual y sexy de la que estaba enamorado todo hombre de sangre roja". Por último "estaba la mujer más oscura y triste con la que me senté a revisar mis fotos una semana después. Nunca estuve con la misma persona dos veces”.

Contrariamente a lo que algunos pensaron de aquellas horas de sensualidad descarnada, Kirkland jura: “Me gustaría decirle que pasó algo entre nosotros, pero lo cierto es que no hay nada que contar: todo transcurrió con absoluta profesionalidad".

 


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