Festival Internacional de Cine de San Sebastián. 68º Edición. 18 al 26 septiembre 2020

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Un juez a lo Charles Laughton, y Colin Firth con Stanley Tucci
El documental del español Antonio Méndez Esparza «Sala de Juzgado 3H», un extraño e interesante competidor por la Concha de Oro

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El cineasta español Antonio Méndez Esparza, fotografiado en San Sebastián - EFE

Oti Rodríguez Marchante
SAN SEBASTIÁN Actualizado:23/09/2020 20:53h

La representación del cine español en la Sección Oficial a competición por la Concha de Oro no es caudalosa, como otros años, y se ha ceñido a dos títulos, «Akelarre», dirigido por el argentino Pablo Agüero, y el que se acaba de programar, «Sala del Juzgado 3H», de Antonio Méndez Esparza, madrileño que cinematográficamente opera en los Estados Unidos. Es un documental a cámara plantada en el Tribunal de Familia Unificado en Florida, en el que un salomónico juez va resolviendo casos de padres que están acusados de abuso, abandono o negligencia de sus hijos y se encuentran en el trance de perder la patria potestad frente a las familias de acogida.

La cámara de Esparza asiste como testigo a muchos de estos casos y observa y transmite los dramas y conflictos, circunstancias y hechos, sin apenas pestañeo, como el espectador. Los hay de todo tipo y condición, aunque generalmente unidos por la adversidad, la pobreza y los estragos de la droga. El montaje es ágil y, a pesar de que el muestrario es reiterativo, las historias que forman el argumento tienen la pegada emocional de lo auténtico.

Momentos duros y sentimentales, como algún traspaso de bebé de manos de su madre natural a su madre de acogida, o viceversa… Las interpretaciones, en realidad, no son tales, aunque algunos de los «personajes» reales, y especialmente el juez, que es un paladín de las buenas maneras y las buenas palabras, bien se merece un lugar entre los que optan al premio de interpretación, aunque dárselo sería un escándalo para la judicatura. Una interpretación de juez que no la mejora Charles Laughton.

Interpretación
Pero, la interpretación, tal y como la concebimos en las ficciones del cine, la trajeron al Festival dos actores como Colin Firth y Stanley Tucci, protagonistas de la otra película que compite por la Concha de Oro, «Supernova», de Harry Macqueen. Interpretan a una pareja de largo recorrido, uno músico y otro escritor, que hacen un crepuscular viaje con aromas de despedida porque a uno de ellos, Stanley Tucci, le diagnosticaron alzheimer hace tiempo y empieza ya a descender rápidamente los peldaños hacia la lejanía.

El director no se plantea tocar otras teclas que las de la melodía y conduce a sus personajes por territorios cálidos de amor y comprensión, los reúne con familiares y amigos, les permite transmitir nobleza, sentimientos y sabiduría, y colocar sentido del humor y alguna que otra frase que pide mármol… Lo espinoso de la trama se ve venir, pero apenas molesta porque son dos actores tan notables que en todo momento se sabe que están interpretando…, lo que no se sabe del todo es si eso es bueno o malo. «Supernova» es una película que rezuma sensibilidad y estilo, que toca incluso con descaro fibras emotivas, aunque uno tiene la impresión de que esa misma historia contada así, pero en vez de con una relación entre hombres que se quieren fuera entre un hombre y una mujer, probablemente se vería como algo blandito y cursilón.

 

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[San Sebastián 2020] ‘Miss Marx’ lleva a la revolución por el punk

'Miss Marx', de la italiana Susanna Nicchiarelli y con Romola Garai es una ruidosa reescritura del género biopic a través de la vida y luchas de la hija de Karl Marx.

Por Rubén Romero Santos
24 de septiembre de 2020

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Ya desde los títulos de crédito deja claro Miss Marx cuál es su intención. Tipografía y fondos fin de siècle con la música del combo de punk rock neoyorquino Downtown Boys. Mezcla como agua y aceite, y esa es su intención.

Siguiendo las enseñanzas de un iconoclasta como Todd Haynes y sus biografías musicales sobre Bob Dylan (I’m Not There) o Karen Carpenter (Superstar), o de Sofia Coppola y su diva pop María Antonieta, Susanna Nicchiarelli quiere darle un meneo al anquilosado género del biopic, tan en boga últimamente por esa maldición bíblica llamada Bohemian Rapsody.

El objeto de su homenaje es Eleanor “Tussy” Marx, interpretada por Romola Garai, benjamina de un señor barbudo llamado Karl Marx sin cuya obra teórica es probable que el común de los mortales no tuviera tiempo para ir al cine. La vida de Tussy ha sido a menudo eclipsada por la estatura intelectual y la mitificación de su padre. Nicchiarelli recupera su condición de pionera en la lucha de los derechos de los trabajadores y de la paridad en todos los aspectos de la vida.

Lo hace a través de constantes saltos en el tiempo y abruptas llamadas de atención al espectador, pues la ficción se mezcla una y otra y vez con imágenes documentales y con las canciones de los ruidosos Downtown Boys. Sus espídicas partituras acompañan el movimiento de los polisones (para algo se tienen que notar años de colaboraciones en revistas femeninas) y enaguas de la revolución industrial.


A diferencia de otra película estrenada en Perlas como Nomadland, más allá de la denuncia, Nicchiarelli sí que se preocupa de generar un conflicto dramático que angustia al espectador. Mientras Miss Marx goza de una brillante y admirada vida pública, es incapaz de enfrentarse a su desastrosa vida privada. Ella, la primera en denunciar la explotación femenina, la sufre en su propio dormitorio víctima de los caprichos de los hombres que la rodean y de un canallita aspirante a dramaturgo que le saca los cuartos mientras le da al opio (y desliza su mano bajo los polisones de otras mujeres).

Cobra sentido entonces la sorprendente selección musical, vaso audiocomunicante que conecta los problemas de principios de siglo con los actuales. Una canción como A Wall (El muro), dedicada a esa infame idea de Donald Trump, es el símbolo de la división entre las explotadas y los explotadores; ante la precarización general y del periodismo en particular, escuchar la versión punk de La Internacional te hace salir con ganas de asaltar el Palacio de Invierno, los cielos, el Congreso de los Diputados y la sede del Banco de España. Miss Marx es sorprendente, brillante y pertinente.

Una mujer también es la protagonista de Dasatskisi / Beginning, de Dea Kulumbegashvili, que ha venido a revolucionar la Sección Oficial, aunque en un sentido bastante diferente al propuesto por Eleanor Marx. Consiguió batir el récord de deserciones de la sala que hasta ahora tenía la lituana In the Dusk, de Sarunas Bartas. Y eso solo fue el principio.

Parte de la crítica se ha tomado su defensa como una cuestión personal. No cabe duda que Kulumbegashvili sabe filmar, especialmente de noche, y también que la intensidad del drama de su protagonista, la mujer de un testigo de Jehová acosada por su comunidad sita en la Georgia europea, a ratos puede exasperar a más de uno por la lentitud de su exposición.

La mezcla de miseria humana y fuerzas telúricas representadas por el fuego, el agua, y los bosques, tan conectadas con el cristianismo primitivo del movimiento religioso que procesa la protagonista, es tan plástica como excesiva.

 
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El Festival de cine de San Sebastián 2020, en imágenes

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Con una programación reducida en proyecciones y con aforos al 50%, el Zinemaldia cuenta en su 68ª edición con la compañía de Johnny Depp, Matt Dillon, Viggo Mortensen, Gina Gershon, el estreno de 'Patria’ y un desembarco de estrellas española
EL PAÍS
20 SEP 2020 - 18:20 CEST

 
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UN DIENTE ROTO, UN VIAJE EN CANOA Y UNA ESPADA: ASÍ ES COMO VIGGO MORTENSEN FORJÓ SU LEYENDA

Viggo Mortensen presenta su debut como director ('Falling', un guion que escribió en los noventa) y recibe el premio Donostia en el festival de San Sebastián en honor a toda su carrera. Y en este caso, el término “honor” resulta más apropiado que nunca.


POR JUAN SANGUINO
24 DE SEPTIEMBRE DE 2020 ·



En 2005 una mujer llamada Cindy Sheehan aparcó su caravana en las proximidades de la casa de campo de George Bush. Ella había perdido a su hijo en la guerra de Irak y quería contarle su historia al entonces presidente de Estados Unidos, una iniciativa que muchos consideraron inapropiada, delirante y hasta antipatriótica. Pero Viggo Mortensen no. Él cogió un avión de Los Ángeles a Dallas, se acercó a saludar a la mujer y charló con ella un rato. Al despedirse, el actor le dio agua, verduras frescas y un ejemplar de 1984 de George Orwell no con ninguna intención de hacer un gesto político sino, tal y como él explicaría después, porque sospechaba que Cindy iba a pasarse mucho tiempo esperando en esa caravana. Y no se quedó más rato porque tenía que volver a Los Ángeles para recoger a su hijo en el colegio. Este arrebato resultaría excéntrico o incluso performativo si se tratase de cualquier otra estrella (y desde luego es imposible imaginarse a Clooney, Cruise o Gibson haciéndolo), pero en el caso de Viggo Mortensen la anécdota suena honesta. Porque él es la estrella menos artificial de Hollywood, el lugar más artificial del planeta.

Viggo Mortensen es el tipo de hombre que se define a sí mismo, de forma no irónica, como “ciudadano del mundo”. Una expresión tan abusada en las bios de Twitter, Instagram o Tinder que ya suena cómica pero que en su caso es literal. Nació en Nueva York, creció en Chaco (al norte de Argentina) y, tras pasar su adolescencia en un pueblo de la frontera con Canadá, se mudó a Dinamarca. Allí trabajó como repartidor de harina, vendedor de flores, camionero o descargando mercancía en el puerto. Y cuando decidió regresar a Estados Unidos para hacer carrera como actor, su envergadura física le aseguró una ristra de papeles de reparto: la sabandija traidora de Atrapado por su pasado, el teniente con valores de Marea roja, el chulito irritante de Daylight, pánico en el túnel. Era lo suficientemente guapo como para conseguir trabajo, pero su presencia (más de animal que de galán) empezó a encasillarlo en el rol de “tipo duro que le da la réplica a la actriz de moda”: La teniente O'Neill, Un crimen perfecto, 28 días, Retrato de una dama o Psicosis explotaban la contundencia de Mortensen y una cara que las crónicas de la época solían describir como “dos ojos penetrantes y una mandíbula cincelada”.

Pero sus compañeros de reparto aseguraban que Viggo Mortensen era además un artista sensible. En Un crimen perfecto su personaje era artista y los cuadros que aparecían en la película los había pintado el propio Mortensen. En La teniente O'Neill convenció al director Ridley Scott para evitar el cliché del militar misógino y para aportar profundidad a su personaje recitando versos de D. H. Lawrence durante los entrenamientos (“Nunca he visto una criatura salvaje autocompadeciéndose”). Él mismo había publicado sus poemas, en uno de los cuales expresaba su frustración con Hollywood: “Un trabajo completado por otros en salas sin ventanas, el hombre que fuiste durante un corto periodo ha sido reducido, eliminado, para un cementerio elegante que huele a palomitas”. Y cuando había cumplido 40 años y parecía asentado en el perfil de “tío cuya cara te suena pero cuyo nombre no recuerdas”, Viggo Mortensen se convirtió en uno de los hombres más famosos del planeta.

Peter Jackson despidió a Stuart Townsend tras dos semanas de rodaje de El señor de los anillos (dependiendo de las fuentes, por resultar demasiado joven para el papel de Aragorn o por resultar imposible trabajar con él), así que llamó a Mortensen para ofrecerle el papel. Jackson le dio al actor 24 horas para decidir si quería volar a Nueva Zelanda el día siguiente y pasar allí 18 meses rodando tres películas consecutivas. Fue su hijo Henry (fruto de su relación con la cantante de punk Exene Cervenka), que entonces tenía 11 años, quien lo animó a lanzarse a la aventura. En cuanto se estrenó La comunidad del anillo, Aragorn se erigió como el héroe que el mundo post-11S necesitaba: llevaba la responsabilidad sobre sus hombros (y se notaba cuánto pesaba), sabía que no podía ganar sin la ayuda de los demás y se esforzaba por ejercer su poder con integridad. Pero sobre todo, Aragorn era un líder asediado por las dudas. Sabía que sus antepasados se habían dejado corromper y no daba por hecho, como hacían los héroes de Hollywood en los ochenta y los noventa, que su honor era inquebrantable. Aragorn era consciente de su debilidad humana.



Viggo Mortensen en 'El señor de los anillos'


D.R.


Viggo Mortensen supo conectar con estos miedos, porque él mismo dudaba de su capacidad para liderar aquella producción de una escala entonces inédita (la distribuidora había planificado lanzamientos directos en DVD de Las dos torres y El retorno del rey por si la primera entrega fracasaba y se quedaban sin dinero para estrenar las secuelas en cines). “Como actor, yo tenía ese mismo sentimiento de duda al llegar a Nueva Zelanda. Me había dado tiempo a leer el libro en el avión como para comprender que el personaje tenía temores en torno al peso de su destino. Él siente las expectativas de los demás porque una cosa es que alguien te diga que eres capaz de hacer algo pero otra muy distinta es que tú te convenzas. Lo sentí en Aragorn y también lo sentí como actor: me habían contratado porque pensaban que podía hacerlo pero dentro de mí no estaba tan seguro”, explicaba. Durante el rodaje, Mortensen dormía a la intemperie en los bosques neozelandeses, iba a todos lados con su espada y rodó casi todas sus escenas de acción hasta el punto de que cuando le rompieron un diente pidió pegamento para colocárselo y poder seguir rodando. Esta actitud estableció un vínculo entre el actor y el personaje que al público no le costó asimilar: Aragorn era así de noble porque Viggo era así de noble.
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El fenómeno de la trilogía convirtió a Mortensen en un improbable ídolo fan y en un aún más improbable sex symbol, protagonista de webs como Viggophile (que se definía como “el hogar de todas las cosas viggoliciosas, con secciones dedicadas a galerías de fotos de su trasero). “Para muchas personas [ser una fantasía erótica] es genial, es la mitad de las razones por las que se meten en este trabajo. Pero para mí no es excitante, porque al gente te mira pero no ve lo que eres. Te conviertes en una posesión”, lamentaba el actor en Esquire. Esta imagen pública era terreno fértil para embarcarse en una carrera en las grandes ligas de Hollywood (como hizo su compañero Orlando Bloom), pero Mortensen se retiró a un lado y aprovechó su popularidad para sacar adelante proyectos minoritarios que consiguieron su financiación gracias a que él los protagonizaba. Una historia de violencia, La carretera o Promesas del este eran películas siniestras, complejas e incómodas que sabían explotar aquella envergadura física que tantos secundarios le había dado al actor durante los noventa pero ahora servía para remover las entrañas del espectador. En Promesas del esteaparecía desnudo mientras mataba a un hombre, en La carretera sufría malnutrición, en Una historia de violencia tenía una escena sexual con Maria Bello que bordeaba la sordidez. En Good, la novia de su personaje se excitaba tanto al verlo por primera vez con el uniforme de la Gestapo que le hacía una felación. Resulta difícil imaginarse a Orlando Bloom rodando esas escenas.

Con el dinero que ganó con la trilogía, Mortensen fundó una editorial (Perceval) para publicar libros sobre política internacional, antropología, arte o etnografía. Mortensen incluso trabajó en Argentina (Ana Pierbarg, la directora de Todos tenemos un plan, le dio el guión de la película cuando coincidió con él recogiendo a sus hijos de la piscina) y en España, donde protagonizó Alatriste y se enamoró de su compañera de reparto Ariadna Gil. En una entrevista para Esquire, el actor explicó que decidió mudarse a Madrid en 2009 “porque me enamoré de una mujer y ella vivía allí”. Una aclaración que exuda por igual un romanticismo exacerbado y una lógica aplastante. “Ha habido momentos complicados” reconocería Gil, “ha habido paparazzis durmiendo en el portal de mi casa. Y al final, ¿qué? A Viggo y a mí nos pueden hacer una foto paseando al perro y ya está, porque no damos más de sí. No hay noticia. No hay nada más que enseñar”. Residir a 9.357 kilómetros de Los Ángeles podría parecer una declaración de intenciones de una estrella que nunca se ha dejado embaucar por Hollywood, excepto porque da la sensación de que Viggo Mortensen nunca hace las cosas para demostrar nada. Simplemente las hace porque quiere.



Viggo Mortensen y Ariadna Gil en Madrid.


Viggo Mortensen y Ariadna Gil en Madrid.© GTRES



“[Las estrellas] se dejan infantilizar. Los actores jóvenes ven a los veteranos comportándose de forma infantil. 'Quiero el tráiler más grande. Quiero llevarme a mi familia a este evento en el extranjero a pesar de que la distribuidora tendrá que pagarlo y eso hará más complicado que haga más películas'. Les piden a sus agentes que incluyan privilegios en sus contratos y luego dicen 'oye, es que está en mi contrato', como si ellos no tuvieran nada que ver. Muchos actores con experiencia no te dan la réplica fuera de cámara, o lo hacen con tanta desgana que es obvio que no les importa una mierda. Una vez le pedí a un actor que se fuera a casa porque para eso ya me daría la réplica cualquier operario. Y luego está ese sentimiento competitivo, alimentado por las galas de premios. Aceptar un papel para que te nominen. Intentar conseguir más escenas. Llorar en una escena para conseguir la nominación. Y también ocurre en el cine independiente, no solo en las películas de estudio. Ni siquiera es cosa del cine americano, me ha pasado trabajando en London” criticaba Mortensen en The Guardian. El actor no ha tenido reparos en criticar que New Line photoshopease su cara en el póster de Una historia de violencia, eliminando su cicatriz del labio y sus arrugas.

El actor, sin embargo, no mira por encima del hombro a sus compañeros que sí apuestan por el cine comercial. “Hay gente que es muy hábil alternando [películas de estudio y películas de autor], pero no ha sido mi destino. Me habría gustado hacerlo en principio, pero el caso es que cuando me comprometo con un proyecto pequeño y tarda años en encontrar financiación sigo comprometido. Y entonces me ofrecen un gran cheque para empezar a rodar al mes siguiente y, sintiéndolo mucho, no puedo aceptarlo porque me había comprometido con la otra película” explicaba. Mortensen asegura que se le da fatal recorrer alfombras rojas, porque no sabe expresarse en frases cortas y los reporteros siempre le cortan a los seis segundos de empezar a contestar. “Creo que tengo una actitud sana hacia Hollywood. Pero por otra parte, si tuviera una actitud sana de verdad no trabajaría en esa industria en absoluto. Así que supongo que estoy un poco contaminado” reflexionaba en The Guardian. Esta actitud no le ha impedido conseguir tres nominaciones al Oscar, por Promesas del este, Capitán fantástico y Green Book. (Cuando logró esta última celebración, en la gala de 2019, hizo su primera aparición en una alfombra roja con Ariadna Gil). Viggo Mortensen no es una estrella a pesar de su integridad artística, sino gracias a ella.



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© GTRES


El actor considera que cada película es un curso universitario (Mortensen, por cierto, se licenció en políticas y en español, pero boicoteó las togas de la graduación como protesta por la precariedad de las costureras que las fabricaban). Su trayectoria está plagada de exploraciones, porque para él el rodaje es una experiencia valiosa en sí misma. Él mismo supervisó los subtítulos en inglés de Todos tenemos un plan. Antes de empezar Promesas del este se fue de mochilero por Moscú, San Petersburgo y los montes Urales para comprobar la autenticidad de sus diálogos en ruso. Llegó al set de Capitán fantástico en su canoa y con una pila de libros para decorar la vivienda de su personaje. Para prepararse para Jauja, viajó a Dinamarca y encontró el uniforme que su personaje habría llevado: uno que solo llevaron los soldados que combatieron contra Prusia en la década de 1850. Para sentir la incomodidad de La carretera, empapaba sus zapatos en agua antes de cada toma. Cuando atropelló a un conejo en Nueva Zelanda, lo desolló, lo cocinó y se lo comió. Cuando interpretó a un mudo en La pasión de Darkly Noon, pasó semanas sin hablar e incluso cuando hablaba con su hijo por teléfono solo respiraba al auricular.

Tiene sentido, entonces, que cuando llevó a Henry a ver Bailando con lobos(con tres años) este sintiese compasión por los indios de Pawnee y no por Kevin Costner. Y cuando vieron Titanic, el niño señaló que la película debía haberse centrado en el hundimiento porque los personajes le parecieron “estúpidos”. En aquella época, Viggo se llevó a su hijo en un viaje por carretera de Nueva York a Los Ángeles y le pidió que eligiera él la ruta. Henry le hizo un mapa en zig zag. “En vez de conducir 4.000 kilómetros, recorrimos 2.000. Me quedé mirando al mapa y pensé 'joder, vamos'. ¿Cuándo íbamos a tener otra oportunidad así?”, recordaba el actor en Esquire. Los periodistas estadounidenses que entrevistan a Viggo Mortensen siempre lo estudian como si fuera un animal exótico. Describen cómo suele caminar descalzo, que durante años no tuvo teléfono móvil o que siempre lleva una libreta “por si algún momento se presenta para ser robado”. Mortensen va a recoger a los periodistas al aeropuerto, les lleva regalos (libros de poemas, chocolate de Venezuela o Indonesia, tortitas) y conduce durante horas haciendo paradas en restaurantes de carretera, cataratas o la tumba de su madre.

Y es capaz de hablar durante varios minutos sobre su obsesión con la muerte. Para muestra de su coherencia, Mortensen ha criticado tanto las políticas de Bush como las de Obama, Trump o Hillary Clinton. Según él todos promocionan un militarismo agresivo, lo cual es “una larga tradición en este país”. Para Mortensen los republicanos y los demócratas tienen una actitud similar en política exterior, por lo que decidió apoyar la candidatura del Partido Verde en 2016 (Jill Sanders) ante las críticas de varios periodistas que lamentaron que ese apoyo beneficiaba a Trump. Pero no esperen concesiones de Mortensen, un tipo que promocionando Las dos torres apareció en televisión junto a Elijah Wood y Peter Jackson llevando una camiseta contra la guerra de Irak (con el eslogan “No más sangre por petróleo”). Incluso en mayo de 2019 respondió en El País al uso por parte de Vox de una imagen de Aragorn en sus cuentas de redes sociales. “Es ridículo que se utilice a Aragorn un estadista políglota que aboga por el conocimiento y la inclusión de las diversas razas, costumbres y lenguas de la Tierra Media, para legitimar a un grupo político antiinmigrante, antifeminista e islamófobo” escribía.

Hoy Viggo Mortensen presenta su debut como director (Falling, un guion que escribió en los noventa) y recibe el premio Donostia en el festival de San Sebastián en honor a toda su carrera. Y en este caso, el término “honor” resulta más apropiado que nunca.



 

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Eugenia Martínez de Irujo, colorida y con un look familiar en San Sebastián
La duquesa de Montoro ha llegado con un estilismo único al festival para apoyar a los Tous

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Eugenia Martínez de Irujo. (Cordon Press)

C.C.
ACTUALIZADO: 25/09/2020 09:27

 
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Tamara Falcó, una marquesa de rompe y rasga en el Festival de San Sebastián

Tamara se ha superado a sí misma con este imponente look de Carolina Herrera con el que ha asistido al estreno del documental de Tous.

PATRICIA IZQUIERDO
ACTUALIZADO: 25/09/2020 19:58

Tamara Falcó se ha superado a sí misma esta tarde durante la alfombra roja previa al visionado del documental de Tous ('Oso') en el Festival de San Sebastián. Una participación que conocíamos desde hacía algunas semanas y que la marquesa de Griñón había preparado con ilusión. Quería grandes looks para sus dos apariciones y lo ha conseguido. Ambos firmados por Carolina Herrera, si el de por la mañana ha sido acertado (un traje de chaqueta rojo impecable), el de la noche ha sido mejor aún.

Tal y como ha podido saber Vanitatis, Tamara, con ayuda de su estilista Blanca Unzueta, se ha decantado por un look 'total black' de rompe y rasga compuesto por un pantalón pitillo negro y un top palabra de honor formado por dos grandes lazadas que estilizaban su figura y ponían de relieve su espectacular silueta. Atrevido y perfecto para una noche de viernes con red carpet incluida.

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Total look de Tamara. (LP)

Remató el look con un clutch insignia negro brillante de la misma firma y de nuevo unas sandalias minimal también negras, su nuevo tipo de calzado favorito. Como joyas, por supuesto, lució unos imponentes pendientes de oro y esmeraldas de la joyería catalana y una preciosa sortija en el dedo corazón de lo más vistosa que daba luz al look negro.

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Bolso y sortija de Tamara. (LP)

Mascarilla con mensaje

En cuanto a la mascarilla, lució la misma que Eugenia Martínez de Irujo por la mañana, una estampada con el mítico oso de Tous al que se le rendía homenaje esta noche.

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Detalle de la mascarilla. (LP)

El look beauty, firmado, cómo no, por Sisley, marca de la que también es embajadora, era más marcado que de costumbre. En lugar de lucir su bob suelto como hace siempre, lo recogió en una coleta baja peinada con raya al medio muy pulida y un make up que ponía énfasis en la potente mirada de Tamara. Estaba guapísima.

La noche prometía glamour y lujo, y sin duda la hija de Isabel Preysler ha estado a la altura de lo que esperaban las anfitrionas del evento, las herederas del imperio Tous Rosa, Alba, Laura y Marta Tous (los cuatro hilos conductores del documental), quienes también con sus mejores galas y una gran sonrisa han posado impecables en el photocall. "Estamos muy emocionadas con este proyecto. Es un homenaje a nuestra madre y a la empresa que creó junto a nuestro padre. Es un orgullo para nosotras, y para las más de cuatro mil personas que trabajan en la marca, poderse ver representadas en un proyecto tan especial y humano”, ha señalado Rosa Tous.

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Las herederas de Tous, junto a Eugenia y Tamara. (LP)

Una noche en la que, por supuesto, tampoco faltó Eugenia Martínez de Irujo, como Tamara, embajadora de la firma y además diseñadora de algunas de sus colecciones.

Golden girl

La hermana del duque de Alba volvió a acertar por la noche con este vestido largo de rayas negras y doradas con las que se convirtió en una auténtica golden girl. Con volantes en los hombros y falda en forma de A, el diseño tenía un toque rockero que nos encanta.

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Eugenia Martínez de Irujo. (LP)

Por supuesto, también lució joyas de Tous: un brazalete de gran tamaño en el brazo izquierdo dorado a juego con el vestido y pulseras más pequeñas en el derecho. Remató el outfit con un discreto clutch negro y un chal a juego para protegerse de las bajas temperaturas de esta tarde en San Sebastián.

Glam, rock, love

No obstante, el gran detalle del look fue sin duda la mascarilla. Aunque por la mañana lució la de la marca estampada con los osos, por la noche llevó una que nos ha dejado sin palabras.

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La mascarilla más original la tiene Eugenia. (LP)

El documental

‘Oso’ narra la historia de Tous desde sus inicios, cuando el padre de Salvador Tous se inició como aprendiz de relojero hasta la actualidad. Ahora que cumplen cien años de vida, han abierto las puertas de sus casas y talleres para dejarnos entrar en el universo de esta marca conocida mundialmente desde una perspectiva totalmente distinta.

El documental, tal y como han informado desde la marca, "recorre los logros, las controversias y el carácter visionario de la marca a través de los hitos que han definido el éxito de la compañía: su tradición joyera, el nacimiento de la 'joyería democrática', la gran explosión de la firma en los 90 -adelantándose a su tiempo y colaborando con las 'caras' más notorias del momento-, los cuatro relevos generacionales y su proyección internacional que se traduce en más de 700 tiendas repartidas en más de 50 países".



En definitiva, más de 75 minutos narrados por primera vez por sus protagonistas en los que el presente se intercala con el pasado en una narrativa cinematográfica que se apoya, sobre todo, en la familia.
 

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Nerea Barros nos muestra cómo lucir un mono corto de lujo en Donosti

Hay looks que merecen una atención especial, como el que ha llevado la intérprete este jueves

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Nerea Barros. (Limited Pictures)

C.C.
25/09/2020 13:58


La actriz Nerea Barros se ha convertido en una de las favoritas de las firmas de moda para lucir sus diseños. En 2015 cuando recogió su primer Goya la vistió Oscar de la Renta, en 2016 lució un Stella McCartney, y así un suma y sigue. Las firmas, año tras año, se han agolpado a sus puertas con la esperanza de que lleve uno de sus diseños.

Y este Festival de San Sebastián no podía ser menos, pero, en este caso, la firma que ha protagonizado tanto el maquillaje como los looks de la actriz ha sido la francesa Chanel.

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Nerea Barros. (Limited Pictures)

En la alfombra, el estilismo nos ha dejado con la boca abierta, una de las últimas propuestas de Virginie Viard, la nueva diseñadora de la maison, tras la irreparable pérdida del creador alemán Karl Lagerfeld, que estuvo manejando las riendas de la firma varias décadas. La diseñadora está rejuveneciendo la marca a pasos agigantados sin perder los valores esenciales, ni sus códigos fundamentales.

En esta propuesta, la actriz ha lucido como prenda principal una levita larga de tweed beis sobre un mono corto del mismo tejido, el punto; un cinturón de cadenas, perlas y cuero negro; medias beis de plumeti y unas merceditas de piel con la tira negra en el mismo tono que el resto del look. Una apuesta diferente (apta para muy pocas) en este desfile de moda y cine que estamos viviendo estos días.

Este look valiente y atrevido empezó por un diseño de maquillaje y peluquería muy cuidados por David Bello, el maquillador oficial de Chanel: "Una belleza natural y luminosa, con moño de bailarina", ha contado el experto a Vanitatis. "He querido resaltar la belleza natural de Nerea para contrastar y acompañar el look sofisticado pero a la vez moderno de tweed blanco de Chanel.

Para esto me he centrado en la piel: la he trabajado mucho con un masaje con la mascarilla Hydrabeauty Water Camelia. Y luego he difuminado a toquecitos la base de Les Beiges, Teint Belle Mine Naturelle, desde el interior hacia fuera.

Luego, con el Baume Essentiel Sculpting he creado zonas de luz en el centro del rostro, frente, arco de Cupido, encima del pómulo y debajo de la ceja. Y con el Baume Essentiel Rosée, en la misma mejilla para este efecto luminoso pero buena cara. Luego con el tono rosado de la paleta de Les 4 Ombre Candeur et Provocation he creado un halo en el parpado móvil y un poco debajo de la pestaña inferior para enmarcar bien la mirada pero que pareciera que no llevara nada.

He rizado la pestaña con el rizador de Chanel y un toque de máscara Le Volumen Strech en las pestañas de arriba. En los labios, el bálsamo hidratante con color de Les Beiges termina este look".

 
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Eugenia Mtnez. de Irujo reinventa un vestido de Inés Domecq y triunfa en San Sebastián
La aristócrata ha vuelto a confiar en una firma familiar para acertar en su primer posado en el Festival de Cine de San Sebastián

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Eugenia Martínez de Irujo. (LP)

PATRICIA IZQUIERDO
ACTUALIZADO: 25/09/2020 14:43

Eugenia Martínez de Irujo ha conquistado esta mañana el Festival de San Sebastián con su sonrisa, su colorido look y su apoyo eterno a las marcas más aristocráticas del panorama patrio.

Si esta mañana llegaba del brazo de Narcís Rebollo al hotel María Cristina (base de operaciones del certamen) con un conjunto firmado por su prima Clea Stuart, horas más tarde y con nuevo look posaba ante las cámaras en la rueda de prensa del documental sobre la historia de Tous que se presentará esta tarde. Una participación que no se ha confirmado hasta última hora, cuando Eugenia ha llegado a la ciudad vasca.

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Eugenia Martínez de Irujo. (LP)

Aristocrática siempre

Acompañada por Rosa, Alba, Laura y Marta Tous, la duquesa de Montoro ha posado sonriente con un espectacular vestido de estampado étnico y mangas abullonadas de la última colección presentada este verano por la también aristócrata Inés Domecq, marquesa de Almenara y esposa de uno de sus sobrinos. Todo queda en casa.

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Vestido firmado por Inés Domecq. (LP)

Se trata del modelo Gabi, ahora rebajado a 119 euros, y uno de los grandes éxitos de esta línea que ha llenado Instagram de color durante los meses de verano. Eso sí, modificado para adaptarse a las inclemencias del clima de San Sebastián.


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PATRICIA IZQUIERDO
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ACTUALIZADO: 25/09/2020 14:43
Eugenia Martínez de Irujo ha conquistado esta mañana el Festival de San Sebastián con su sonrisa, su colorido look y su apoyo eterno a las marcas más aristocráticas del panorama patrio.
Si esta mañana llegaba del brazo de Narcís Rebollo al hotel María Cristina (base de operaciones del certamen) con un conjunto firmado por su prima Clea Stuart, horas más tarde y con nuevo look posaba ante las cámaras en la rueda de prensa del documental sobre la historia de Tous que se presentará esta tarde. Una participación que no se ha confirmado hasta última hora, cuando Eugenia ha llegado a la ciudad vasca.

Eugenia Martínez de Irujo. (LP)
Eugenia Martínez de Irujo. (LP)

Aristocrática siempre
Acompañada por Rosa, Alba, Laura y Marta Tous, la duquesa de Montoro ha posado sonriente con un espectacular vestido de estampado étnico y mangas abullonadas de la última colección presentada este verano por la también aristócrata Inés Domecq, marquesa de Almenara y esposa de uno de sus sobrinos. Todo queda en casa.

Vestido firmado por Inés Domecq. (LP)

Vestido firmado por Inés Domecq. (LP)

Se trata del modelo Gabi, ahora rebajado a 119 euros, y uno de los grandes éxitos de esta línea que ha llenado Instagram de color durante los meses de verano. Eso sí, modificado para adaptarse a las inclemencias del clima de San Sebastián.

Modificado con acierto

La hermana del duque de Alba lo combinó con un jersey de cuello alto y manga larga negro, transformando este vestido de verano en un look de entretiempo perfecto para arrasar en el festival de cine con más solera del panorama patrio.

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Eugenia y Narcís, a la salida. (LP)

Lo combinó con sus botines negros de plataforma con tacón ancho pero altísimo, un bolso pequeño de ante color gris marengo, mascarilla de rigor a juego y un toque de color en los pendientes dorados y amarillos

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Bolso y mascarilla de Eugenia. (LP)

Tamara, espectacular

Otra de las protagonistas de la jornada ha sido Tamara Falcó, quien esta tarde también presentará junto a Eugenia el documental de Tous, tal y como confirmaron hace unos días desde el equipo de la diseñadora a Vanitatis. Un debut en el Festival de San Sebastián que la hija de Isabel Preysler ha hecho por todo lo alto con un imponente traje de chaqueta rojo Valentino de CH.

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Total look de Tamara. (LP)

Un conjunto de dos piezas de chaqueta sastre de crepé con cuello con solapa y cierre con botón forrado (530 euros) y pantalón pitillo confeccionado en este mismo tejido con bolsillos laterales (270 euros).

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Traje de CH. (Cortesía)

Remató el look con un bolso negro sencillo, de piel, con cierre de solapa que llevaba cómodamente colgado al hombro y unas deportivas metalizadas de lo más llamativas, perfectas para un outfit de viaje. Sencilla y fabulosa. 100% Tamara.

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Deportivas de Tamara. (LP)

¿Qué nos deparará la noche?

 
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Viggo Mortensen, premio Donostia: coronavirus y un regalo muy futbolero
El actor recibió el galardón más prestigioso del Festival de Cine de San Sebastián... y una camiseta de la Real Sociedad

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Viggo Mortensen, premio Donostia. (EFE)

JOSÉ MADRID
ACTUALIZADO: 25/09/2020 14:35

El discurso al recibir el Premio Donostia 2020 de Viggo Mortensen será recordado durante mucho tiempo: "Les felicito por la suerte de seguir vivos y por el amor al cine que demuestran estando aquí. El covid-19 nos ha jodido a todos y seguirá haciéndolo. Pero, por otro lado, es un obstáculo más en nuestra existencia, siempre hemos vivido con incertidumbre".

"Puede que ahora seamos más conscientes, pero la incertidumbre es ley de vida y la vida es un regalo, tenemos que seguir adelante acompañando a los que están solos y honrando a los que no están, haciendo lo mejor posible con lo que podemos imaginar", añadía en el escenario del Festival de Cine de San Sebastián.

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El actor, con su premio y su camiseta. (EFE)

Al son de la música de 'El Señor de los Anillos', un invitado sorpresa, el capitán de la Real Sociedad, Asier Illarramendi, le obsequió con dos camisetas del equipo con su nombre estampado en la espalda, dada la conocida afición al fútbol de Mortensen.

El intérprete dio las gracias a los que siguen yendo al cine y a los cineastas que admira, mencionando expresamente a Agustín Díaz Yanes,–que le dirigió en 'El capitán Alatriste' y le hizo entrega del galardón–, David Cronenberg y Agnès Varda, y se declaró afortunado por formar parte de la historia del cine y de la lista de premios Donostia que le han antecedido.

[LEER MÁS: Viggo Mortensen se suma a la asociación independentista Ómnium Cultural]

Español de adopción, acaba de debutar como director con 'Falling', un drama padre-hijo que se presentó en el certamen, lleva una discreta vida en Madrid junto a su pareja, Ariadna Gil. Los vecinos de Chueca suelen estar habituados a ver a actores y actrices paseando por las calles de su barrio. Unos son más discretos que otros. Algunas tardes, pueden ver cómo Viggo y Ariadna salen de su domicilio, que reformaron hace apenas unos años.

Caminan en dirección al parque del Oeste, disfrutan de alguna sesión del séptimo arte en el cine Princesa de la plaza de los Cubos o rematan el día comprando algún ejemplar en una librería cercana. No cabe duda que ellos pertenecen al grupo de los famosos prudentes, esa estirpe de actores que no encajan en la estrecha y ansiada categoría de estrellas.

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Viggo Mortensen y Ariadna Gil, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

A veces incluso han salido en la prensa por razones bastante exatravagantes, como aquella ocasión en la que se supo que el intérprete estaba de acuerdo con su suegro, August Gil Matamala, un conocido abogado soberanista.

Unidos sentimentalmente desde 2009, se conocieron en 2006 cuando coincidieron en el rodaje de 'Alatriste'. Apenas han dado manifestaciones desde entonces públicas de su afecto, con excepciones como la pasada edición de los Premios Oscar de 2020 cuando acudieron juntos a Los Ángeles.

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David Trueba, en una imagen de archivo.(EFE)

Además, los paparazzi los han cazado en algún momento privado, como aquel viaje que hicieron a Nueva York en 2017. La pareja disfrutó de unos días de vacaciones en la ciudad de los rascacielos acompañados de Leo, uno de los dos hijos que la actriz tuvo con David Trueba. Ni estridencias ni peculiaridades. La normalidad era la tónica de las imágenes: una familia normal y corriente pasando unos días de ocio.

Respecto al anterior matrimonio de Ariadna Gil con Trueba, parece que se rompió precisamente con la llegada de Mortensen. Ni los propios protagonistas de la historia ni casi nadie de alrededor se ha atrevido a hablar demasiado del tema, de cómo sufrió David Trueba cuando vio que su esposa se iba a los brazos de una estrella (o antiestrella, a juzgar por su habilidad a la hora de construir una carrera profesional inteligente) de Hollywood. Javier Cercas sí hablo de ello a través de un libro.

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Ariadna Gil posa durante la presentación de una adaptación de la novela de Charlotte Brontë 'Jane Eyre'. (EFE)

Algunos espectadores que acuden regularmente a los cines Princesa también saben de la cinefilia de la pareja. Un cinéfilo cercano a este medio recuerda cómo los vio juntos en la sala que proyectaba, hace unos años, 'Puro vicio', la película de Paul Thomas Anderson: “Ariadna apoyaba su cabeza sobre el hombro de Viggo y parecían una pareja más de enamorados que disfrutan de su amor por el cine”. Una pareja con un nuevo éxito para celebrar gracias a este premio de San Sebastián que, como los define también una persona cercana a ellos, son “lo más opuesto a la fama”.

 
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Fernando Trueba y Javier Cámara, en San Sebastián.
JAVIER HERNÁNDEZ

El eterno amor de un hijo a su padre asesinado

GREGORIO BELINCHÓN|San Sebastián

 
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'Antidisturbios', la serie española del año: hostias, modo de empleo


LUIS MARTÍNEZ
San Sebastián
Actualizado Viernes, 25 septiembre 2020 - 14:29

Rodrigo Sorogoyen presenta en el Festival de San Sebastián una radiografía de la violencia, pública y privada, desde la vida cotidiana de siete policías

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Rodrigo Sorogoyen, en un momento del rodaje de la serie 'Antidisturbios'. MUNDO

 
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La última del Festival de San Sebastián: Naomi Kawase, obsesiva, lírica y confusa

LUIS MARTÍNEZ
San Sebastián
Viernes, 25 septiembre 2020 - 18:27

La directora japonesa propone en 'True mothers' un tan delicado como errático condensado de todas sus obsesiones.

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Naomi Kawase en la presentación 'online' de 'True motehers'. EFE

 
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La película georgiana "Begining" logra la Concha de Oro

El drama de la debutante Kulumbegashvili también se llevó los premios a mejor dirección, actriz y guion. El danés Mads Mikkelsen logra el trofeo al mejor actor

Gregorio Belinchón - San Sebastián

 
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ESTRENOS DE CINE
'Rifkin's Festival': el crepúsculo donostiarra de Woody Allen
El director se refugia en San Sebastián en su última película, producida en España y en la que cuenta con Wallace Shawn, Gina Gershon y Elena Anaya en el reparto



Foto: Wallace Shawn y Louis Garrel en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)


Wallace Shawn y Louis Garrel en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)




AUTOR
MARTA MEDINA
Contacta al autor
@MartaMedinadelV
02/10/2020



Pocos cineastas autorales (y menos al otro lado del charco) han conseguido convertir sus estrenos en eventos como sigue haciéndolo Woody Allen a sus 84 años. Sobre todo en Europa. Desterrado (como mínimo emocionalmente) de Estados Unidos desde que Amazon vetara la distribución de ‘Día de lluvia en Nueva York’ (2019) debido a las acusaciones de abuso sexual por parte de su hija Dylan Farrow. Separar la última etapa de la carrera de Allen de su vida privada es negar la importancia de las condiciones materiales, puesto que la naturaleza de sus producciones se ha visto afectada, no en el fondo –al menos no de forma explícita–, pero sí en la ‘infraestructura’.

‘Rifkin’s Festival’ es la puerta trasera de un autor que fue dios e inspiración de varias generaciones, ya no sólo de cinéfilos, sino de cineastas. Si las primeras obras de Allen nacen de la absoluta libertad, de la osadía tanto temática como formal, la última película del neoyorquino nace lisiada por la necesidad encontrar financiación para un ritmo febril de producción en el que Allen no puede alejarse de un rodaje por más de dos años.








De esa necesidad nace ‘Rifkin’s Festival’, un filme crepuscular que lleva el estilo del último Allen hasta el paroxismo y que adolece de un temperamento plúmbeo que no tenían cintas como ‘Midnight in Paris’ (2011), ‘Wonder Wheel’ (2017) o la misma 'Día de lluvia en Nueva York’. Dice Allen que eligió San Sebastián como localización para su película porque Mediapro puso como condición para financiarle la película rodar en España. Madrid le parecía excesivamente caluroso y ya había rodado en Oviedo y Barcelona en ‘Vicky, Cristina, Barcelona’ (2008), por lo que optó por la capital donostiarra al haber ofrecido un concierto de jazz en 2008. Y el trasfondo vino dado por esa imposición. Pero, en sus palabras, podría haber ambientado su película en una "feria de alfarería" si esto hubiese sido lo más representativo de la ciudad.




Louis Garrel, Gina Gershon y Wallace Shawn en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)


Louis Garrel, Gina Gershon y Wallace Shawn en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)




‘Rifkin’s Festival’ es una película lánguida. Más allá de la nostalgia. Es una cinta en la que la frustración y el sentirse fuera de lugar impregnan cada uno de los fotogramas. Sus personajes anhelan –amar, escribir, triunfar– en un mundo que los mastica y escupe sin contemplaciones. Quizás, por ello, ha escogido como protagonista a Wallace Shawn, un actor secundario entrañable arrastrado por un físico y una locución poco dados al triunfo.

Rifkin (Shawn) es el marido de Sue (la siempre sensual Gina Gershon), una agente de prensa que debe acudir al Festival de San Sebastián para controlar la imagen de Philippe (Louis Garrel), un director joven y atractivo que ha descubierto el misterio de la piedra filosofal: la reputación de cineasta autora y, a su vez, el éxito comercial. Rifkin es todo aquello que la sociedad contemporánea desprecia: un escritor frustrado, un físico poco agraciado, un hombre demasiado preocupado por la trascendencia intemporal; mientras que Philippe es la juventud, la vanidad, el encanto de la ventura.



Elena Anaya y Wallace Shawn en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)


Elena Anaya y Wallace Shawn en 'Rifkin's Festival'. (TriPictures)




En Rifkin es imposible no ver al personaje que Allen creó de sí mismo: ese hombre acomplejado, pero ingenioso, analítico y apasionado. Pero aquí la cadencia es lúgubre, sin humor ni ironía. Es el reflejo del estado mental de alguien que ha dado por terminado su tiempo. Hasta la luz de Storaro, en ese atardecer perpetuo, infunde una profunda tristeza.



Cartel de 'Rifkin's Festival'


Cartel de 'Rifkin's Festival'




Por los aledaños del Festival van y vienen personajes trajeados, orgullosos de su pertenencia a un grupo exclusivo, que hablan en fiestas de lo ocupados que están y se intercambian tarjetas de visita, mientras Rifkin vaga ajeno, buscando algo del calor humanoque su mujer le niega. Mientras, San Sebastián de fondo, con sus casas de piedra pardusca, sus puentes modernistas y el mar.

Es cuando sale de ese ambiente, cuando Rifkin recolecta consigo mismo y con su fantasía. Lo hace a través de Jo (Elena Anaya), una médico a la que acude para tratar los derivados de su hipocondría, y que tampoco es feliz en su matrimonio con un pintor temperamental (Sergi López). El mundo de las ilusiones choca constantemente con el pragmatismo del mundo moderno.

Y entre medias, Allen recita sus filias y fobias cinematográficas. Y es cuando homenajea a Bergman cuando reaparece, como una estrella fugaz, el Woody cáustico y punzante de antaño. Mientras tanto, Allen se limita, como Rifkin, a vagar por un mundo que le repudia y a buscar la ilusión fuera de una industria que es como una picadura de carne.