Farmacias Históricas

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Mercedes Ramos Cid es la actual propietaria titular de la emblemática farmacia - BELÉN RODRIGOFarmacia Reina Madre, el comercio más antiguo de Madrid

Creada en 1578 por un alquimista veneciano, abasteció a la Casa Real durante décadas. Felipe V concedió el escudo oficial y el nombre de Reina Madre en alusión a una de sus dos esposas
texto: belén rodrigo/vídeo: sonia sánchezActualizado:28/09/2015 16:58hGUARDAR


Al entrar en la farmacia del número 59 de la calle Mayor, entre el mercado de San Miguel y la Plaza de la Villa, un antiguo olor a madera nos recibe. Parece un local pequeño, nada que ver con la realidad porque en su interior esconde un antiguo laboratorio que hoy es testigo de una parte importante de la historia de Madrid. Mercedes Ramos Cid es, a sus 33 años, la propietaria titular de la farmacia que su abuelo José Cid Guerrero compró en 1931 y posteriormente dirigieron sus tías.
Hija de médicos, quiso estudiar Bellas Artes pero al decidirse por su futuro profesional pesó más el lado sentimental, además de gustarle mucho la Química, y compró la farmacia hace cuatro años. «Este local tiene para mí un gran valor sentimental, he estado en ella desde pequeñita y el olor a farmacia ha estado siempre en casa», relata a ABC. De todos los primos ha sido la única interesada en tomar las riendas del negocio y siente un gran orgullo en «poder seguir los pasos iniciados por mis abuelos».
La farmacia Reina Madre se fundó en 1578 por un conocido alquimista veneciano en la calle Sacramento. “Le debe su fama a Francisco I que estaba encerrado en la Torre de los Lujanes y le suministraba los medicamentos”, explica Mercedes Ramos. Después fue la farmacia referente de la época de Felipe V porque por entonces, por miedo a los envenenamientos, no se fiaban de los farmacéuticos del Alcázar de Madrid, y era en este local donde compraban todos los medicamentos.
Fue este monarca quien concedió el escudo oficial a la botica y el nombre de Reina Madre. A ella acudieron con frecuencia sus dos mujeres. La primera, María Luisa de Saboya, para quien fabricaban una pomada especial, y la segunda, Isabel de Farnesio, también clienta habitual siendo además italiana como el alquimista fundador. «Hay dos teorías sobre el origen del nombre, una que se debe a la primera mujer de Felipe V y otra a la segunda», aclara la propietaria.
El despacho al público está presidido por un mostrador de caoba labrada con adornos de ángeles y una serie de dibujos geométricos que limitan un relieve donde destaca el nombre «Reina Madre». En los laterales se aprecian dos panales de azulejos realizados por el ceramista Ruiz de Luna y en cada uno aparece una fecha. La de 1578, año de la fundación de la farmacia, y la de 1914,«fecha en la que se trasladó la farmacia desde la calle Sacramento hasta la calle Mayor. Se trajo toda la estructura y se mantiene intacta», explica la farmacéutica. El anterior edificio se derrumbó por razones socioeconómicas. Se encontraba en una zona de calles muy estrechas por las que no podían pasar las procesiones de las cofradías de la época.
Reliquias
Entre sus reliquias encontramos un frasco con polvo de extracto de momia que se usaba para la gangrena y en los otros frascos más antiguos se guardan sustancias de la época. Se conservan recetas antiguas, una de ellas de Miguel de Cervantes. «La farmacia está en el edificio en el que nació Calderón de la Barca y pasaran por aquí clientes muy famosos. En lo que antiguamente era la rebotica se hacía la vida de la farmacia», subraya Mercedes Ramos. «Había reuniones de políticos, literatos, farmacéuticos, gente de cultura y luego estaba también la parte de la atención al público», añade.
El interior de la farmacia conserva pequeños cajones de madera, «cada uno pertenecía a un cliente en los que se les guardaba su medicación hasta que venían a recogerla». También una mesa blanca y grande, «diseñada por mi abuelo», que imita a las mesas de la facultad de Farmacia. Si bajamos unas escaleras llegamos a otro espacio, que hoy sirve como almacén, pero que en su día fue un pequeño museo. Allí se encuentran grandes reliquias como antiguas básculas para pesar a los bebés, una caja registradora, recetas de las sustancias de opiáceos o fórmulas de pomadas.
Otro de los secretos del lugar es la existencia de un pasadizo subterráneo que conecta la farmacia con el Palacio Real. «Por este túnel se llevaban los medicamentos a la institución real pero además hubo una gran circulación de políticos y escritores liberales. Dicen que por aquí huyó el célebre bandido Luis Candelas», narra la propietaria. Hoy el túnel está tapiado a los 5 o 6 metros pero se puede ver la trampilla y el inicio del pasadizo. Y todavía hay más sorpresas, nada más y nada menos que una parte de la antigua muralla de Madrid, en la que se puede contemplar la forma de un arco, que hoy roza con el suelo del sótano «lo que nos hace pensar que estamos muy arriba del nivel de la ciudad hace siglos», reflexiona la dueña.
Clientela fiel
Mercedes Ramos Cid mantiene todavía muchos de los clientes de su abuelo. «Hay una clientela muy fiel, que sigue recordando a mi familia», afirma la joven. Tampoco le faltan turistas ya que al ser el local más antiguo de Madrid aparece en muchas guías. Espera poder dedicar más tiempo a elaborar una historia del lugar y poder distribuirla a los clientes así como abrir, algún día, el espacio inferior como un museo. Sabe que es parte de la historia de la ciudad y que vale la pena su divulgación. Ser propietaria de un local tan singular conlleva también una responsabilidad con la sociedad.

 

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Medicamenta non mella: ‘los medicamentos no son miel’. Esta sencilla frase, atribuida a Plinio el Viejo y convertida posteriormente en lema de la Real Academia de Farmacia, define el trabajo y pasión de los farmacéuticos desde su origen: conocer en profundidad los medicamentos para garantizar su correcta fabricación, almacenamiento y dispensación.

Con motivo del Día Mundial del Farmacéutico, queremos hacer un pequeño guiño a los más de 70.000 farmacéuticos colegiados que hay en nuestro país y, en especial, a los más de 60 que trabajan en Kern Pharma.



Un poco de historia: la farmacia desde sus inicios hasta hoy

Los orígenes de la farmacia se mezclan de forma inseparable con los de la medicina y otras ciencias como la química o la biología. Por ello, no es posible determinar quién fue el primer farmacéutico de la historia, ya que cada cultura antigua tuvo sus diferentes tipos de sanadores. De esta forma, grandes personajes como Hipócrates, Dioscórides o Galeno se consideran médicos-farmacéuticos.

Durante la Edad Media destaca la aportación de los musulmanes, que introducen en España conceptos ya puramente farmacéuticos, como la destilación o los albarelos: los típicos recipientes utilizados en farmacia para guardar cualquier extracto, tanto vegetal como animal, usado para preparar medicamentos. En la fotografía que encabeza este post se pueden ver los albarelos colocados en la fila superior.

Es en los siglos XVII y XVIII cuando el farmacéutico se diferencia más claramente de otros profesionales y se dedica casi en exclusiva a descubrir y estudiar, desde un aspecto químico, nuevos fármacos. Prueba de esta diferenciación es que en la España de Felipe V, en 1737, se aprueban los estatutos del Real Colegio de Boticarios de Madrid para que se dedicase al “cultivo y adelantamiento de la Farmacia, Química, Botánica e Historia Natural”.

En el siglo XIX se vuelve obligatoria la colegiación de los farmacéuticos en España. La universidad española en ese momento se estructuraba en cinco facultades entre las que estaba la de Farmacia, a pesar de que sólo existían cuatro centros: Madrid, Barcelona, Granada y Santiago de Compostela. En esa época apenas se licenciaban 300 personas. Por esos años se hacen grandes avances en medicina que permitieron también evolucionar a la farmacia: aparecen infinidad de fármacos (como los derivados del ácido acetilsalicílico) y tecnologías que permiten preparar los medicamentos con nuevas formas farmacéuticas, como cápsulas o inyectables.

Hasta la primera mitad del siglo XX, la producción industrial de medicamentos era muy limitada. Los farmacéuticos se dedican principalmente a elaborar fórmulas magistrales a medida que los médicos prescriben. Hacia la segunda mitad, la producción industrial despega y el sector farmacéutico experimenta un gran desarrollo, asemejándose más a lo que conocemos hoy en día: aparecen muchos medicamentos de uso común, como los antibióticos de uso oral, los antihistamínicos o los anestésicos.



El farmacéutico, un actor crucial en la salud de la sociedad

El farmacéutico es el verdadero especialista del medicamento y desarrolla su labor en muchos ámbitos de actuación. Quizás el más conocido es el de las farmacias, en las que trabajan casi 50.000 de los 70.000 colegiados que hay en España. En este sentido la farmacia se ha convertido en un centro asistencial de primera necesidad al que las personas acuden para hacer consultas de salud. El farmacéutico se complementa así con otros profesionales, como médicos y enfermeros, para brindar a las personas una atención sanitaria integral. Por su formación, en las farmacias se suelen llevar a cabo labores tales como:

  • Atender, informar y hacer seguimiento de tratamiento y enfermedades. También vigila los posibles efectos adversos de los medicamentos.
  • Fabricar medicamentos, como fórmulas magistrales o preparados oficinales, adaptados a las necesidades de cada paciente.
  • Promocionar hábitos de vida saludable y participar en campañas sanitarias.
  • Realizar análisis clínicos: como el nivel de colesterol y glucosa, o toma de la tensión arterial.
Pero su labor no acaba aquí, sino que se desarrolla en muchos otros ámbitos asistenciales, tal y como explica el Consejo General de Farmacéuticos en este vídeo. Por ejemplo, en la investigación y la docencia, en el cuidado de la salud pública y las alertas sanitarias, en la dispensación de medicamentos en los hospitales –farmacia hospitalaria-, en la distribución de los medicamentos o en la realización de pruebas analíticas.

Desde Kern Pharma queremos felicitar a toda la profesión farmacéutica por el conocimiento, dedicación y pasión mostrados en la gran labor de atender la salud de la población. ¡Feliz día, farmacéuticos!

 

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Historia de la Farmacia



La palabra "farmacia" deriva del vocablo griego pharmakon(remedio). Sin embargo, el deseo de curar la enfermedad ha existido desde los orígenes de la humanidad, antes incluso de la aparición de un término para la designación de la farmacia como tal. La utilización de sustancias medicamentosas ha sido una herramienta esencial en el progreso y desarrollo de las civilizaciones en la medida que permite combatir la enfermedad, mejorando la calidad de vida de las personas, su bienestar y su salud.

Los ejes principales de la Historia de la Farmacia son, por un lado los medicamentos, y por otro, los profesionales que se han encargado de que los primeros se utilicen adecuadamente. El farmacéutico es el especialista del medicamento en todas sus vertientes.

Antes del desarrollo de medicamentos como tales, la búsqueda de soluciones para paliar los problemas de salud se centró en la utilización de lo que la naturaleza ofrecía, mezclando conocimiento con superchería y haciendo de los magos o hechiceros los precursores de los farmacéuticos.

Los pueblos prehistóricos tenían un conocimiento considerable de las plantas medicinales, desarrollando sistemas terapéuticos que combinaban elementos empíricos, racionales, religiosos y mágicos.

Pese al gran desarrollo que se dio en las civilizaciones antiguas, las nociones animistas, religiosas y mágicas sobre la enfermedad y su tratamiento perduraron aunque la actividad farmacéutica era importante. Como ejemplo, durante el periodo babilónico hubo una calle en Nippur dedicada exclusivamente al comercio de los vendedores de fármacos. En Egipto, se efectuaban tareas como medir, pulverizar, mezclar, filtrar y hervir para preparar diferentes formas de administración: gargarismos, inhalatorios, fumigantes, cataplasmas, enemas, supositorios, vinos, pomadas, decocciones, infusiones o colirios.

En el mundo clásico se empezó a tener una visión más racional del mundo. Galeno se puede considerar el padre de la Farmacia. Ya en el siglo II postuló que

"para comprender la acción terapéutica de los medicamentos es necesario estudiar no sólo la cualidad de los mismos, sino que también es necesario conocer la cantidad necesaria que debe administrarse, el modo correcto de preparación y administración de las formas de dosificación y la adecuada duración de la aplicación".
En la Edad Media había preocupación por aspectos como la relación existente entre la forma de administración y el modo de acción de los medicamentos. En algunos tratados se puede leer que:

"los fármacos pueden ser de uso externo o interno; es decir, pueden actuar por dentro, como ocurre con aquellos que introducimos por la boca o por la nariz, por los oídos, o bien por el ano, o bien por la vulva; por fuera, como ocurre en el epítema, la cataplasma, los emplastos y los remedios parecidos que actúan por fuera".
En el Renacimiento aparecieron los primeros herbarios impresos. En 1498 se publicó el "Recetario florentino", que es considerado la primera farmacopea del mundo y que contiene las fórmulas medicamentosas que se utilizaban entonces, con su "modus faciendi". La obra de mayor impacto de la época pudo ser De materia medica de Dioscórides "sobre la preparación, propiedades y pruebas de drogas".

Durante el siglo XVII comenzó una revolución intelectual que culminó en el siglo XVIII. En el ámbito de la farmacia surgió un primer texto denominado ya como "farmacopea", la Pharmacopea Catalana, dirigida a profesionales farmacéuticos. Las farmacopeas se convirtieron en esta época en un símbolo de la intervención de los gobiernos para la protección de la salud pública. Supuso también un avance importante que Felipe IV otorgara una Real Cédula en la que declaraba la farmacia como "arte científica"; los boticarios dejaron de ser artesanos. Se les consideraba claves para la salud pública y el medicamento dejó de ser un producto de consumo. Sin embargo, las bases científicas de la Farmacia como la entendemos hoy, tienen sus orígenes en el siglo XVIII. En este periodo adquirió especial interés el estudio de la botánica y la historia natural, bases de la Farmacopea.

El siglo XIX fue una época de gran desarrollo tecnológico y científico, que tuvo su impacto en el campo farmacéutico. Se dieron grandes avances en química y se profundizó en el análisis y conocimiento de los principios activos procedentes principalmente de plantas. Posteriormente se comenzaron a producir fármacos de origen sintético, lo que derivó en la irrupción del medicamento fabricado industrialmente durante los años de cambio de siglo XIX al XX. Esto obligó a un cambio radical en la actividad del farmacéutico.

La industrialización del sector farmacéutico durante el siglo XX promovió la división entre la fabricación de medicamentos, la distribución y la dispensación. Esto condujo a que la elaboración de fórmulas magistrales y preparados oficinales en las farmacias pasara a tener una representación pequeña en el conjunto de su práctica. No fue éste sin embargo el único cambio importante durante el siglo pasado; otras de las transformaciones han sido debidas a la incorporación a la Unión Europea.

En definitiva, la profesión farmacéutica ha evolucionado constantemente a medida que ha ido cambiando la medicina, el conocimiento, la ciencia y el comercio. En el siglo XXI son numerosas las facetas en las que un farmacéutico contribuye a la protección de la salud y la lucha contra la enfermedad: además de la actuación a nivel asistencial que corresponde a farmacéuticos comunitarios, farmacéuticos de atención primaria y de servicios de farmacia hospitalaria, también es necesaria su implicación en la distribución de medicamentos y productos sanitarios, en la industria farmacéutica, y en la docencia e investigación.

 
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La farmacia en el País Vasco y Navarra. Farmacia comunitaria
Dentro de la historia vasca, las primeras referencias a remedios vienen dadas por estudios etnológicos y antropológicos. En las sociedades primitivas los remedios curativos estaban vinculados a la magia, superchería y religión. Había rituales frente a procesos sobrenaturales o aideko o para expulsar a los espíritus malignos. Para ganar protección frente al Begizko o mal de ojo se tomaban medidas preventivas como amuletos, kutunak o saquitos portadores de ciertos elementos, o escapularios bendecidos por los ministros del culto oficial.
No es hasta los siglos XVII-XVIII cuando empieza a cambiar la visión que se tiene de la farmacia, con un interés creciente por la botánica y la historia natural. Ello tiene su reflejo en la farmacia vasco/navarra y hay que dar un salto hasta el siglo XVII para encontrar a uno de los más importantes farmacéuticos en nuestra historia. Miguel Martínez de Leache (1615-1673) nació en Sádaba (Zaragoza), aunque pronto se trasladó a Tudela. Destaca su segunda obra, las Controversias pharmacolopales donde se explican las preparaciones y elecciones de Mesue (1650), que fue utilizada un siglo después para el examen de boticarios. En 1652 se publicó el Discurso farmacéutico sobre los cánones de Mesue, y en 1662 el Tratado de las condiciones que ha de tener un boticario para ser docto en su arte. Este último es un libro de deontología en el que se indica la necesidad de saber latín y de estudiar, no ser soberbio ni dado a vanidades mundanas, huir de los juegos de azar, de los convites y evitar beber vino inmoderadamente. Transmite asimismo impresiones sobre el mal uso de los medicamentos, explica que los boticarios no han de entregar medicinas sin receta y no deben sustituir medicamentos sin consejo médico.
En el siglo XVIII, se publicaron varios trabajos de interés farmacéutico. En 1729 se publicó Cartilla Pharmaceutico Chimico Galenica, obra de Pedro de Viñaburu destinada a su uso por los aprendices de boticario. En 1752 se publicó en Madrid la obra del farmacéutico de origen vasco José Zabaleta Disertación botánica del cardamomo y sus especies, y cual sea el que debemos usar en medicina. Años más tarde se publicaron varios trabajos del alavés Xavier de Ariza y Sáez de Langarica relacionados con la botánica. Ejercieron su actividad lejos de su lugar de origen farmacéuticos como Pedro Gregorio Echeandía o Juan José Tafalla Navasqués. El primero realizó el primer estudio sobre las plantas de la zona aragonesa, incluyendo no solo su descripción sino sus usos medicinales y aplicaciones industriales. Juan José Tafalla fue un ilustre naturalista que realizó importante trabajo de campo y herborizaciones en América. En la actualidad, varias especies de plantas llevan su apellido.
En cuanto a la actividad de los boticarios, en el siglo XVIII hubo algunos problemas en relación con las competencias sobre las visitas de boticas. Ejemplo de ello es el incidente entre el visitador de boticas del obispado de Calahorra y el Diputado General de la Provincia de Álava, quien no autorizó en 1791 las visitas del primero por estimar que era competencia suya el nombramiento de visitadores en función de los privilegios de los que gozaba Álava. El Protomedicato se pronunció a favor del visitador. Tras un largo proceso de réplica y contrarréplica, en 1819 el Rey Fernando VII concedió la gracia del nombramiento de visitadores de botica a Álava.
En el siglo XIX se reguló el ejercicio de la profesión. La primera autorización para la apertura de una farmacia (tal y como hoy se entiende) en San Sebastián es de 1864. En 1874 había en Bilbao 9 farmacéuticos para una población de 18500 habitantes. Entre los farmacéuticos nacidos en ese siglo destaca Telesforo Aranzadi(1860-1945). Se formó en farmacia en Madrid, donde se doctoró 1882. En 1889 se doctoró en Ciencias Naturales. Fue un antropólogo, etnólogo y naturalista que se encuentra entre los que más contribuyeron al desarrollo de la antropología vasca.
Aranzadi se encontraba entre los participantes de las tertulias de rebotica de la Farmacia en Bizkaia. Eran tertulias literarias, científicas o políticas. Por la rebotica de Ramiro Pinedo en Bilbao, pasaron además de Aranzadi, el Dr Areilza, Miguel de Unamuno o Pedro Mourlane Michelena, entre otros. También eran muy conocidas las tertulias de la farmacia Aramburu de Plencia o las de Manuel Unceta.
Los principales problemas a principios del siglo XX eran la adaptación a la comercialización de los primeros medicamentos fabricados industrialmente, el intrusismo de los drogueros en la venta de productos farmacéuticos, las farmacias militares, la tarifación de los medicamentos, la colegiación obligatoria, la limitación de las oficinas de farmacia, los horarios de apertura de las farmacias, los acuerdos con los servicios de beneficencia municipales, la farmacia rural, la creación de inspectores farmacéuticos provinciales, la reglamentación de los laboratorios farmacéuticos y la modificación del plan de enseñanza.
Los farmacéuticos prestaban sus servicios de diferente forma. A modo de ejemplo, en Gipuzkoa se clasificaban del siguiente modo: (i) Partido cerrado, donde despachaban gratis las recetas de los médicos titulares, previa una cantidad abonada por el Ayuntamiento, cobrando únicamente la venta del menudeo; (ii) Partido abierto, donde despachan, a cambio de la asignación del Ayuntamiento, las recetas a nombre de los pobres, y con destino a la beneficiencia. Fuera de esto, podía o no ajustarse con los vecinos en la forma que le pareciera conveniente; (iii) Servicio de igualas, donde se ajustaban con las familias para servirles los medicamentos incluidos en el Petitorio por la cantidad anual convenida; (iv) Libres, donde se servían los medicamentos sin más limitación que la tarifa.
La Guerra Civil y la posguerra supusieron un cambio importante en el desarrollo de todo el país. La actividad de los colegios se vio ralentizada o paralizada por la guerra. Por requerimientos de la autoridad, el ejército se hizo con la mayoría de productos farmacéuticos y de cura (especialmente algodón), lo que provocó una escasez que se prolongaría durante años. Los farmacéuticos asumieron la distribución de algunos productos racionados tras la guerra, como aceite de oliva. En aquellos duros años se buscaron nuevos horizontes profesionales, procurando que el papel del farmacéutico fuera algo más que un simple dispensador de medicamentos.
En 1944 entró en vigor el Seguro Obligatorio de Enfermedades y se fijaron las normas de inspección sobre los servicios sanitarios, apareciendo la figura de los Inspectores Farmacéuticos. La prestación de la asistencia farmacéutica se reguló mediante conciertos por los que los farmacéuticos debían dispensar todas las recetas del Seguro. También se estableció el modo en que hace la dispensación, precios, descuentos y liquidación de facturas.
Durante los años 60 y 70, la principal preocupación fueron los márgenes profesionales escalonados. Un cambio importante fue la mecanización de las recetas, cuyo objetivo era explotar los datos recogidos con la informatización del proceso para establecer las políticas farmacéuticas.
En los años de transición política se debatía sobre la trascendencia que podía tener sobre el sector el Estado de las Autonomías. Así, el Estatuto de Autonomía del País Vasco, otorgaba la competencia exclusiva en materia de ordenación farmacéutica. Del mismo modo, la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra establecía que corresponde a Navarra la ejecución de la legislación en materia de establecimientos farmacéuticos.
Para adaptarse a los nuevos tiempos, los esfuerzos se centraron en potenciar el papel del farmacéutico como profesional sanitario al servicio de la sociedad. En los años 90 irrumpió el concepto de atención farmacéutica, que implicaba mayor responsabilidad del farmacéutico en los objetivos terapéuticos de los pacientes.
En la primera década del siglo XXI, entre los problemas a los que se han tenido que enfrentar los farmacéuticos cabe citar el desabastecimiento de algunos medicamentos o las medidas de contención del gasto farmacéutico que se han tomado y que han ido reduciendo paulatinamente el margen farmacéutico.
A partir del 2011 se advierten cambios, no solo a nivel local sino en la farmacia europea en general. La farmacia está expuesta a reformas, vinculadas al impacto de las nuevas tecnologías de la información y a las tendencias demográficas, que van a condicionar el ejercicio profesional. A la farmacia del siglo XXI se le exige mantener una posición dinámica, que le permita adaptarse a las nuevas demandas de la sociedad, actuar como elemento impulsor del uso racional de medicamentos y afrontar los mecanismos de control del gasto farmacéutico que se están implantando.

 

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Publicado el 3 ago. 2016
La Prof. Irma Pennacchiotti dirige el Museo de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile. Rodeada de historia, la Profesora es la encargada de resguardar la memoria de la Facultad, y de la Química y Farmacia en general.