Exhumación de Francisco Franco e inhumación en el panteón de Mingorrubio, El Pardo

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Para casi todos los creyentes, y no solo católicos, en los próximos días se violará una Basílica pontificia (lugar de culto) y se profanará una tumba religiosa (res sacra).

Esta atrocidad es el resultado de tres factores concurrentes:

En primer lugar, una norma singular (Decreto-ley) que se promulgó para dar cobertura a un acuerdo cruel, vengativo y cobarde, dejando indefensos a los afectados y sin calibrar las consecuencias y daños colaterales que pudieran provocarse.

En segundo lugar, una sentencia del Tribunal Supremo que ha dado una artificiosa pátina de legitimidad jurídica a una actuación a todas luces inconstitucional y contraria a los Acuerdos entre España y la Santa Sede. En esta sentencia se defendía -por parte de la Abadía benedictina-, esencialmente, el principio de inviolabilidad de los lugares de culto que no puede interpretarse sino como la absoluta imposibilidad de injerencia alguna del poder civil en el interior de los templos (muy parecido a la inmunidad de ejecución de la que gozan los bienes de legaciones diplomáticas y organismos internacionales) ya que la competencia es exclusiva de la Iglesia.

Sin inviolabilidad no hay libertad de culto porque el poder civil puede hacer lo que quiera y cuando quiera con solo promulgar una norma con rango de ley.

El art. I.5 del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede para asuntos jurídicos dispone:

“Los lugares de culto tienen garantizada su inviolabilidad con arreglo a las leyes”

Esto es interpretado por el Gobierno en el sentido de que son las leyes nacionales las que determinan el concepto de inviolabilidad, interpretación que, sorprendentemente, acoge la sentencia del Tribunal Supremo, lo que significa que la inviolabilidad de los lugares de culto existirá o no, será mayor o menor, dependiendo de lo que decida la ley de una de las partes, en este caso, la ley española.

La interpretación es absurda, tanto desde el punto de vista jurídico como desde el punto de vista gramatical. Jurídicamente no tiene sentido que un acuerdo internacional pueda ser modificado por una de las partes, lo que contraviene los más elementales principios de Derecho internacional público. Pero, incluso, gramaticalmente, la expresión “con arreglo a las leyes” no se refiere a si existe o no inviolabilidad (que existe en todo caso) sino “cómo se garantiza”. En definitiva, el precepto podría haber dicho: “Los lugares de culto tienen garantizada, con arreglo a las leyes, su inviolabilidad”.

Si a esto añadimos que la propia Ley de Memoria Histórica (art. 16.1) señala que el Valle de los Caídos se regirá estrictamente por las normas aplicadas, con carácter general, a los lugares de culto, llegamos a la conclusión de que, se interprete como se interprete, la inviolabilidad significa absoluta inacción de los poderes civiles en el interior de los templos, sin autorización eclesiástica, lo que se deduce claramente del Derecho canónico (Cánones 1205 y siguientes), al que se remite la Ley de Memoria Histórica.

Es incomprensible que el Tribunal Supremo haya dictado una sentencia tan errada e injusta y, sobre todo, haya dado cobertura a un acto atentatorio a un elemental principio de libertad religiosa.

Pero el tercer factor, y quizás el más sorprendente, ha sido la pasividad (cuando no calculada ambigüedad), el silencio y la cobardía de la jerarquía eclesiástica, que debería haber defendido dicha inviolabilidad como valor esencial, que es, de su libertad de culto.

Lo más doloroso de este episodio ha sido la absoluta soledad en la que se han encontrado los miembros de la Comunidad benedictina del Valle de los Caídos atacados por la tergiversación de su postura efectuada por algunos medios de comunicación, por la incomprensión (a veces miserable) de quienes debían solidarizarse con ellos y apoyarles y la tibieza de quienes tenían la obligación de defenderles y han demostrados ser incapaces de luchar por unos valores en los que -como ha señalado, recientemente, un magnífico artículo en este periódico- posiblemente no crean.

Como señala el Cardenal Sarah, la Iglesia no está para ser popular ni para ser sumisa a unas directrices arbitrarias e indignas.

¿Dónde está la jerarquía eclesiástica representante de la Iglesia valiente, comprometida y libre? ¿Puede ser verdad que el silencio eclesiástico se debe a amenazas económicas por parte del Estado?

Frente a este ignominioso silencio se alza la postura digna, generosa, legítima y llena de paz de los componentes de la Abadía Benedictina defendiendo, solos, aquello que debería ser defendido por multitudes pero, recordemos que “si estos callan, gritarán las piedras” (Lucas 19.40).
 
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El Coronel del que nunca se olvidó Franco, por Francisco Bendala
14 de octubre de 2019 por

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Francisco Bendala



La Granja está, como cada año, de fiesta, pero este si cabe aún más. Su palacio viste sus mejores galas y no es para menos porque de nuevo va a celebrarse por todo lo alto, como corresponde, el 18 de Julio, sólo que, en esta ocasión, además, que España lleva veinticinco años de paz, de concordia, de hermandad, de perdón y, mejor aún, de olvido.

Poco a poco van llegando los invitados que forman un heterogéneo, vistoso y rimbombante elenco de personalidades de toda clase y condición. Hay diplomáticos de todos los países, prelados y purpurados, civiles, militares y caídes moros.

Saludos exagerados, palmadas en los hombros, sentidos abrazos, risas. Los chaqués se mezclan con uniformes de todo tipo y… condecoraciones, muchas, todo lo cual pone color y brillo a lo que sin duda va a ser, como cada año, una gran fiesta, sólo que este mucho más.

Y es que no es para menos, porque además de los años de paz, España bate cada día nuevos records de desarrollo y bienestar, y es la niña bonita y mimada de todos los países libres del mundo… y la envidia, aunque sorda, de los que disfrutan del “paraíso socialista” del que ella escapó por arte de Franco y de todos aquellos que dieron su vida y hacienda por esta España que ahora da sus frutos en todos los aspectos.

Entre tanta felicidad, al buen observador no se le pasa por alto la presencia de un Coronel que se muestra huidizo, nervioso, poco expresivo en sus saludos, que parece querer pasar desapercibido. Entre tanto bullicio permanece silencioso, se diría que incluso apesadumbrado.

De pronto, el anuncio de que el Generalísimo está al llegar, por lo que todos deben colocarse de forma que, como de costumbre, puedan saludarle y, al tiempo, ser saludado por él.

El llamamiento provoca que los corrillos se dispersen, las conversaciones se interrumpan y, en una especie de “sálvese quien pueda”, cada cual busque tomar, casi por asalto, el mejor lugar donde poder cumplimentar al indiscutible protagonista de tan magno evento. Bueno, todos no, porque hay un Coronel que no lucha por un puesto de primera fila.

Por fin aparece Franco. Silencio. Himno nacional. Emoción a flor de piel. Rostros curtidos que casi se deshacen. Recuerdos imborrables embotan la cabezas y algún ojo se humedece, mientras todos miran, de soslayo, al Caudillo.

Llega el momento. Cada cual adopta la postura más digna y estirada que puede para esperar a que el Jefe del Estado se pare ante él unos segundos y le salude.

Poco a poco la ceremonia transcurre con naturalidad, sin alharacas, sencilla, llena de normalidad y cercanía, porque eso es lo que trasmite siempre Franco. A cada cual dedica unos segundos, pues son muchos y hay que abreviar. Apenas un estrechar la mano tras oír su nombre, la mayoría de los cuales conoce de sobra, y siempre una sonrisa elegante, amable, confiada, bajo una mirada que lo dice todo.

Y le toca el turno al Coronel. Se estira en demasía, mira a Franco, quien, en contra de lo que viene haciendo, se detiene ante él, se recrea, contempla como su interlocutor se sonroja, embaraza y, finalmente, agacha la vista resignado. Franco, entonces, ensancha la sonrisa, su rostro adquiere una expresión entre paternal y de niño malo y, mientras le estrecha la mano con las dos suyas, más cariñoso que a nadie, le dice socarrón con su peculiar voz: “Vaya ojo clínico que tuvo usted, doctor, vaya ojo clínico”. Los más cercanos no pueden, aunque lo intentan, aguantar la carcajada; y es que el ritual se ha cumplido, y, no por esperado, pues se viene repitiendo cada año desde hace más de una década, no deja de causar alborozo.

Termina la ceremonia, se disuelve la formación, los corrillos entran en ebullición cual volcán reprimido durante siglos; todo es alegría, satisfacción y felicidad.

El Coronel, por su parte, se ve golpeado por una avalancha de manos que le palmean los hombros, y alguna el pescuezo. Sonrisas por doquier más que expresivas y muecas maliciosas y condescendientes a las que el Coronel contesta o mejor se defiende repitiendo resignado: “Siempre igual. No me lo perdonará nunca. Todos los años lo mismo. Nunca me lo perdonará”.

Post escriptum.- Coronel médico D. Enrique Blasco Salas (15.07.1889). En 1916, siendo Capitán, fue quien atendió a Franco en El Biutz cuando el Caudillo resultó gravemente herido, dándole por desahuciado. Principal impulsor de que la Virgen del Perpetuo Socorro fuera declarada patrona de la Sanidad Militar en 1926. En 1936 era uno de los cuatro médicos militares destinados en el Ministerio de la Guerra. Logró pasarse al bando nacional donde sirvió toda la guerra. En 1964 era Coronel. In memoriam.






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Comunicado de la FNFF del 17 de Octubre
17 de octubre de 2019 por Redacción FNFF

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Como venimos comunicando, la Fundación Nacional FRANCISCO FRANCO agotará todas sus armas legales para evitar la profanación de quien dijo el Mariscal Petain ser “la espada más limpia de Europa”. Lo tenemos todo en contra, menos la razón, aunque ésta no nos la amparen tribunales formados. Allá cada uno con su conciencia. Lo malo es lo que la exhumación del Generalísimo -que es “la excusa”-va a suponer de ataque y daño para la Iglesia, para los sentimientos religiosos de los españoles y para la propia España, empezando por la Monarquía. No se dirá que no lo venimos denunciando.

Hoy mismo hemos recurrido una resolución de la Sección 4 de la Sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Supremo que “revocaba”, según pedía el gobierno, la suspensión cautelar que teníamos concedida a nuestro favor en el recurso que tiene interpuesto la FNFF y que todavía está sub judice, pendiente de sentencia.

Es asombroso que el gobierno Sanchez tenga el Valle de los Caídos tomado por decenas de patrulleras de la Benemérita y lleno de guardias civiles y policías, para que nadie entre en el Templo -en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos- a rezar, mientras se están produciendo los gravísimos actos de violencia y sabotajes en la querida región catalana, donde el Estado no está ni se le espera. Y es también muy asombroso que con la que está cayendo, lo que mas parece preocuparle al Doctor Sanchez y a la Sra. Calvo es “sacar a Franco cuanto antes”, incluso sin esperar a que se resuelva nuestro recurso y el de la comunidad benedictina, el de la Asociación para la defensa del Valle de los Caídos.

Por esta razón nuestros servicios jurídicos han interpuesto un recurso contra la resolución del TS y han solicitado que mientras se tramita y resuelve se deje en suspenso la revocación de la suspensión cautelar, en la esperanza de que la cordura, al menos la jurídica, ilumine a los magistrados que han de resolver.

La FNFF seguirá siempre luchando dentro de la legalidad contra todo atropello o acto que trate de cambiar la historia de España y de mancillar la memoria de quien levantó e hizo próspera a España, hasta cotas inimaginables que la hicieron ser la 8ª potencia mundial, con el esfuerzo de todos los españoles, los mismos que previamente se enfrentaron en ambos bandos durante la guerra civil, esa que los socialistas provocaron y alentaron para hacer de España un país comunista a las ordenes de Stalin, que es a donde nos llevaba el Frente Popular del que el Generalísimo nos salvó.

Sí, son muchas las dificultades, pero daremos la batalla hasta el final, por el estado de derecho, por la razón y por la justicia.

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A mi la fundación esta me da un poco de mal rollo... qué quieres que te diga...
Viendo algunos elementos que forman parte de ella...mejor pasar página.
 
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Para casi todos los creyentes, y no solo católicos, en los próximos días se violará una Basílica pontificia (lugar de culto) y se profanará una tumba religiosa (res sacra).

Esta atrocidad es el resultado de tres factores concurrentes:

En primer lugar, una norma singular (Decreto-ley) que se promulgó para dar cobertura a un acuerdo cruel, vengativo y cobarde, dejando indefensos a los afectados y sin calibrar las consecuencias y daños colaterales que pudieran provocarse.

En segundo lugar, una sentencia del Tribunal Supremo que ha dado una artificiosa pátina de legitimidad jurídica a una actuación a todas luces inconstitucional y contraria a los Acuerdos entre España y la Santa Sede. En esta sentencia se defendía -por parte de la Abadía benedictina-, esencialmente, el principio de inviolabilidad de los lugares de culto que no puede interpretarse sino como la absoluta imposibilidad de injerencia alguna del poder civil en el interior de los templos (muy parecido a la inmunidad de ejecución de la que gozan los bienes de legaciones diplomáticas y organismos internacionales) ya que la competencia es exclusiva de la Iglesia.

Sin inviolabilidad no hay libertad de culto porque el poder civil puede hacer lo que quiera y cuando quiera con solo promulgar una norma con rango de ley.

El art. I.5 del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede para asuntos jurídicos dispone:

“Los lugares de culto tienen garantizada su inviolabilidad con arreglo a las leyes”

Esto es interpretado por el Gobierno en el sentido de que son las leyes nacionales las que determinan el concepto de inviolabilidad, interpretación que, sorprendentemente, acoge la sentencia del Tribunal Supremo, lo que significa que la inviolabilidad de los lugares de culto existirá o no, será mayor o menor, dependiendo de lo que decida la ley de una de las partes, en este caso, la ley española.

La interpretación es absurda, tanto desde el punto de vista jurídico como desde el punto de vista gramatical. Jurídicamente no tiene sentido que un acuerdo internacional pueda ser modificado por una de las partes, lo que contraviene los más elementales principios de Derecho internacional público. Pero, incluso, gramaticalmente, la expresión “con arreglo a las leyes” no se refiere a si existe o no inviolabilidad (que existe en todo caso) sino “cómo se garantiza”. En definitiva, el precepto podría haber dicho: “Los lugares de culto tienen garantizada, con arreglo a las leyes, su inviolabilidad”.

Si a esto añadimos que la propia Ley de Memoria Histórica (art. 16.1) señala que el Valle de los Caídos se regirá estrictamente por las normas aplicadas, con carácter general, a los lugares de culto, llegamos a la conclusión de que, se interprete como se interprete, la inviolabilidad significa absoluta inacción de los poderes civiles en el interior de los templos, sin autorización eclesiástica, lo que se deduce claramente del Derecho canónico (Cánones 1205 y siguientes), al que se remite la Ley de Memoria Histórica.

Es incomprensible que el Tribunal Supremo haya dictado una sentencia tan errada e injusta y, sobre todo, haya dado cobertura a un acto atentatorio a un elemental principio de libertad religiosa.

Pero el tercer factor, y quizás el más sorprendente, ha sido la pasividad (cuando no calculada ambigüedad), el silencio y la cobardía de la jerarquía eclesiástica, que debería haber defendido dicha inviolabilidad como valor esencial, que es, de su libertad de culto.

Lo más doloroso de este episodio ha sido la absoluta soledad en la que se han encontrado los miembros de la Comunidad benedictina del Valle de los Caídos atacados por la tergiversación de su postura efectuada por algunos medios de comunicación, por la incomprensión (a veces miserable) de quienes debían solidarizarse con ellos y apoyarles y la tibieza de quienes tenían la obligación de defenderles y han demostrados ser incapaces de luchar por unos valores en los que -como ha señalado, recientemente, un magnífico artículo en este periódico- posiblemente no crean.

Como señala el Cardenal Sarah, la Iglesia no está para ser popular ni para ser sumisa a unas directrices arbitrarias e indignas.

¿Dónde está la jerarquía eclesiástica representante de la Iglesia valiente, comprometida y libre? ¿Puede ser verdad que el silencio eclesiástico se debe a amenazas económicas por parte del Estado?

Frente a este ignominioso silencio se alza la postura digna, generosa, legítima y llena de paz de los componentes de la Abadía Benedictina defendiendo, solos, aquello que debería ser defendido por multitudes pero, recordemos que “si estos callan, gritarán las piedras” (Lucas 19.40).

Perdona, para casi todos los creyentes? MENTIRA, como catolica, y rn mi comunidad, estamos encantados con lo que se va a hacer, por etica, mas que nada, y el maximo representante de Cristo en la tierra, o sea, el Papa Francisco tambien...que me digas que la indignacion llega de los catolicos franquistas extremistas, vale.
 
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Perdona, para casi todos los creyentes? MENTIRA, como catolica, y rn mi comunidad, estamos encantados con lo que se va a hacer, por etica, mas que nada, y el maximo representante de Cristo en la tierra, o sea, el Papa Francisco tambien...que me digas que la indignacion llega de los catolicos franquistas extremistas, vale.
estas miy equivocada, indigna a los católicos de verdad, no tiene nada que ver con franco
 
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Parece que a alguien....se le ha olvidado colgar esta noticia...;)

Portazo del Tribunal Constitucional a la familia Franco. La Sección Primera del tribunal de garantías ha decidido por unanimidad este jueves inadmitir el recurso de amparo interpuesto por los nietos del dictador Francisco Franco por manifiesta inexistencia de vulneración de los derechos fundamentales como a la libertad ideológica o la intimidad personal o familiar.

Según informan fuentes jurídicas, al haber inadmitido de plano el recurso de amparo de los Franco, el Constitucional no se pronunciará sobre la medida cautelarísima solicitada por la familia para que se suspendiese la ejecución de sentencia del Tribunal Supremo que avala la exhumación de los restos del caudillo de la Basílica del Valle de los Caídos.
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