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Tu ensalada te está haciendo engordar y no lo sabes: los errores que cometes
Crees que estás comiendo o cenando sano y en realidad te estás cargando tu dieta por completo y sin darte cuenta


Tu ensalada te está haciendo engordar y no lo sabes: los errores que cometes Gtres
MARÍA PALMERO
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PUBLICADO 4.6.2019 - 18:20

Estás tratando de adelgazar y crees que lo mejor es comer o cenar ensaladas. Y estás en lo cierto: son sanas, nutritivas y bajas en calorías y grasa.

No obstante, es posible que estés cometiendo errores al prepararla y/o consumirla que te están impidiendo perder peso o, lo que es peor, te está haciendo engordar.

A continuación, te decimos los errores más comunes que comete la gente cuando quiere perder peso y se alimenta a base de ensaladas:

1) Echas demasiados ingredientes
Una ensalada común es sana, y si no estás a dieta no tienes por qué cortarte a la hora de añadir ingredientes a tu plato. No obstante, debes ser consciente de que cada caloría cuenta, y de que si estás tratando deadelgazar deberías cuidar cada mínimo alimento que te metes a la boca.

Si a tu ensalada le echas tres tomates, dos pepinos, dos latas de atún, pavo, alcaparras, aceitunas, espárragos... al final estás consumiendo calorías de más. No te pases pero tampoco te quedes corto.


No te pases con los ingredientes Unplash

2) Te olvidas de las proteínas
Si te haces una ensalada solo a base de verduras y hortalizas está bien y es sano, pero si no le añades proteína tendrás hambre a la hora de haber acabado de comer.

Para que tu ensalada sea completa, y si es plato único, debes añadirle siempre alimentos con alta carga proteínica, como una pechuga de pollotroceada, huevo, atún (mejor el claro que el que contiene aceite) o bonito.


No te olvides de las proteínas Pexels

3) Añades picatostes
Los aderezos crujientes, como los picatostes o la cebolla frita, echan por tierra tu ensalada sana en un segundo. Aunque parezcan inofensivos siendo tan pequeños, lo cierto es que son bombas calóricas, ya que son hidratos de carbono fritos.


Nada de picatostes Unplash

4) Frutos secos
Las nueces son buenísimas y muy sanas, pero si estás a dieta consumirlas no es una opción inteligente, ya que tienen muchas calorías y grasa.

Con la ensalada casan muy bien, pero debes vigilar su consumo. Un puñado de 30 gramos (unas 4-6 nueces), tiene 180 calorías, y la 3/5 parte son provenientes de grasa (buena, sí, pero grasa al fin y al cabo).


Nueces Gtres

5) La comes preparada
Tanto si las consumes de supermercado o en restaurante, debes vigilar qué ingredientes contienen y, sobre todo, qué tipo de aliño llevan. Las que vienen envasadas suelen tener más grasa, azúcar y sal del que creemos, sobre todo porque contienen salsas de dudosa salubridad e ingredientes procesados. Mejor que las hagas tú en casa, lector.


Mejor que las hagas tu mismo Unplash

6) Metes pasta
Igual que ocurre con los picatostes, hay mucha gente que cree que cenar "ensalada de pasta" es sano y light. No, amigo, si quieres perder peso debes prescindir de la pasta, ya que está cargada de hidratos de carbono que en este momento no te vienen bien. Mejor que la base de tu plato sea de verduras de hoja verde, como espinacas o lechuga.


La pasta no es buena idea si quieres perder peso Pexels

7) Demasiado aceite de oliva
Añadir demasiado aceite de oliva a tu ensalada es un error, ya que la estarás convirtiendo en una bomba calórica de grasa buena, pero grasa al fin y al cabo.

Las grasas monoinsaturadas, como la del oro verde español, pueden ayudar a reducir el colesterol en sangre y protegernos de enfermedades cardíacas, pero no hay que olvidar que también agregan calorías a nuestra comida.

Una sola cucharada de aceite de oliva contiene 120 calorías y 14 gramos de grasa. Y si inundas tu ensalada de este líquido, o añades unas tres al filete de pollo, ya estás sumando, mínimo, 400 calorías.

Lo suyo es que si estás a dieta y quieres adelgazar, añadas una cucharada, como mucho, y lo complementes con condimentos como pimienta negra, orégano y ajo.


Aceite de oliva Pixabay

8) Aderezo equivocado
Si vas a elegir un aderezo, sin duda opta por el aceite de oliva, el vinagre o el zumo de limón. Bajo ningún concepto utilices salsas o aliños preparados, pues suelen contener demasiadas calorías y grasa. Además, no son nada sanas, pues están cargadas de procesados, azúcar y sal. Así que, lector, olvídate de la famosa 'ensalada césar'.

Otro error clásico es añadirle demasiada sal a la ensalada (lo que hará que te hinches y retengas líquidos) y ponerle queso en diferentes versiones (cargado de calorías y grasa).


Debes elegir el aderezo adecuado Pexels

https://www.vozpopuli.com/bienestar/ensalada-engordar-errores-cometes-adelgazar_0_1251475825.html
 
Última edición:

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Yo no entiendo esta moda de ensaladas "tutti frutti", platos a los que les echa de todo y que son tan laboriosas de digerir por el estómago. Una ensalada es una verdura cruda y sus aliños, punto. Luego te tomas la proteína en forma de pollo a la plancha o similar y de postre, si quieres queso, yogur o fruta. ¿Que te apetece también verdura hervida? Pues la añades como acompañamiento al plato de proteínas en vez de patatas fritas. Eso es comer sano.
 
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PREPARA UNA TRADICIONAL ENSALADA MEDITERRÁNEA



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INGREDIENTES
  • Rábanos al gusto
  • 1/2 Jitomates cherry rojo y amarillo
  • 1 pepino
  • Mix de hojas verdes
  • Jugo de 1 limón

INSTRUCCIONES
  1. Mezcla los alimentos comenzando con las hojas verdes y los rábanos. Agrega, posteriormente, los rábanos y al final los jitomates.
  2. Para finalizar, baña con jugo de limón.


Una clásica guarnición que no puede faltar en tu mesa. Prepara esta deliciosa y tradicional ensalada mediterránea.

Las ensaladas son las guarniciones ideales, debido a que son ligeras, contienen una diversidad de sabores y también son muy saludables. Y esta tradicional ensalada mediterránea no es la excepción. Te decimos cómo prepararla.


LO QUE NO SABÍAS DE LA ENSALADA MEDITERRÁNEA

La ensalada mediterránea también es conocida como ensalada griega pero, aunque no lo creas, los griegos son los únicos que no la llaman así. Esta se compone de alimentos característicos de la zona del mediterráneo, tal y como las hojas verdes y los rábanos. El jitomate formó parte de esta receta hasta 1818, año en el que este alimento se hizo popular en este territorio.

Te compartimos un par de videos de recetas de ensaladas para que te inspires en la cocina. ¡Elige tu favorita y prepárala!






https://www.cocinafacil.com.mx/recetas-de-comida/receta/ensalada-mediterranea/
 
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ENSALADAS

Ensalada de patatas cántabra o piriñaca, receta fácil, barata y muy completa
Esta periñaca, priñaca o ensalada de patatas cántabra es una ensalada contundente que admite todo tipo de combinaciones de ingredientes



4 junio, 2019
Joaquín Palazuelos



Con la primavera y los primeros días de calor llega la temporada en la que apetece comer platos frescos como todo tipo de ensaladas. Esta ensalada de patatas cántabra que os presentamos a continuación en una ensalada a base de patata muy sencilla de elaborar pero a la vez muy versátil y muy refrescante además de completa.




Ingredientes para hacer piriñaca
  • Patatas medianas, 6
  • Cebolleta, 1
  • Pimiento rojo, 1
  • Pimiento verde, 1
  • Tomates, 2
  • Huevos cocidos, 2
  • Bonito del Norte, 200 g
  • Aceitunas verdes rellenas de anchoa
  • Vinagre de vino blanco, 50 ml
  • Aceite de oliva virgen extra, 150 ml
  • Mostaza de Dijon, 10 g
  • Zumo de limón
  • Sal
  • Pimienta negra

01: Preparamos la verdura para la vinagreta






Pelamos tanto el pimiento rojo como el verde y los cortamos en juliana, en tiras finas y alargadas. Cortamos también la cebolleta en juliana.


Por otro lado añadimos el vinagre al aceite de oliva virgen extra y agregamos un poco de sal, unas gotas de zumo de limón y la mostaza de Dijon.


Emulsionamos la vinagreta. La manera más fácil es introducirla en un bote o tupper hermético y agitarla con fuerza una vez perfectamente cerrada para que así se mezcle y emulsione perfectamente.


02: Cocemos la patata y preparamos los ingredientes






Escogemos unas patatas no muy grandes y del mismo tamaño aproximado para que no tarden mucho en cocerse y todas estén cocidas más o menos al tiempo. Limpiamos las patatas bajo el grifo con agua fría para retirar la mayoría de tierra de su superficie.

Introducimos las patatas limpias en una olla y las cubrimos de agua fría. Salamos generosamente y llevamos al fuego hasta que hierva evitando que el agua hierva a borbotón demasiado intenso. Cocemos las patatas durante 25-30 minutos dependiendo del tamaño, o hasta que al pinchar no presenten resistencia. Escurrimos las patatas y dejamos que se enfríen en la misma olla en la que las hemos cocido.


Preparamos el resto de ingredientes de la ensalada de patatas cántabra antes de proceder a montarla.


03: Montamos la ensalada de patatas cántabra y la aliñamos





Una vez las patatas cocidas estén ya frías las pelamos y las cortamos en trozos grandes. Colocamos la patata sobre la ensaladera para que hagan de base de la ensalada campera. Salpimentamos ligeramente.

A continuación colocamos sobre la patata cocida el tomate cortado al gusto. Añadimos también las aceitunas y el huevo cocido cortado en cuartos.

Proseguimos montando la ensalada de patatas cántabra colocando sobre la misma los pimientos y la cebolleta en juliana que habíamos preparado en el primer paso de la receta.

Terminamos de montar la ensalada colocando los trozos de bonito por la ensalada, repartidos sobre el resto de ingredientes.

Por último volvemos a agitar la vinagreta brevemente para que se vuelva a emulsionar y homogeneizar y la vertemos sobre la ensalada de patatas cántabra para que se impregne bien de ella.



04: Servimos la ensalada de patatas cántabra




Servimos nuestra ensalada de patatas una vez aliñada y bien fresquita.



Resultado final
Conocemos habitualmente como ensalada campera a una ensalada que tiene como base la patata cocida y que contiene diferentes verduras así como otro tipo de ingredientes, además de una vinagreta que la aderece.

En este caso os presentamos la ensalada de patatas cántabra o ensalada campera al estilo cántabro, también llamada periñaca o piriñaca. La particularidad más importante de la ensalada de patatas cántabra es que, aunque los ingredientes que se le añaden se asemejan mucho a los que podamos añadir a una simple ensalada mixta el ingrediente fundamental debe ser la patata cocida, además de que debe llevar también pimiento entre sus ingredientes y una rica vinagreta que ligue e impregne la ensalada.

Tal y como ocurre con cualquier ensalada, sea del tipo que sea, la vinagreta que preparemos resulta fundamental a la hora de rematar el plato. La vinagreta debe estar emulsionada para que así se ligue y cubra perfectamente la patata cocida y el resto de los ingredientes y, además, debe estar equilibrada.

La periñaca, piriñaca o ensalada de patatas cántabra es tan versátil que admite ingredientes de todo tipo. Así podemos personalizar nuestra ensalada campera con ingredientes como aguacate, langostinos, pulpo, anchoas, pimientos del piquillo, o el ingrediente que más os apetezca añadir a vuestra ensalada.

En todo caso una buena ensalada de patatas cántabra nunca debería prescindir de un buen bonito del norte, un buen tomate, unas ricas aceitunas y un poco de huevo cocido. Ingredientes sanos y muy frescos que le van genial a esta ensalada de patata.

Espero que os haya gustado la receta de esta periñaca o ensalada de patatas cántabra, una ensalada contundente que admite todo tipo de combinaciones de ingredientes y que es una alternativa maravillosa a la hora de preparar una ensalada más allá de la típica ensalada de lechuga, tomate y cebolla ahora que en breve comenzarán a azotarnos los días de calor y estaremos encantados de recurrir a este tipo de platos.

https://www.elespanol.com/cocinillas/recetas/ensaladas/20190604/ensalada-patatas-cantabra-pirinaca-receta-barata-completa/1001614888496_30.html
 

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CÓMO PERFECCIONAR TUS ENSALADAS DE PASTA



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¿Quieres que tu ensalada de pasta no parezca un triste táper de oficina gris? Pues sigue nuestros consejos, que el verano es la temporada alta de este plato fresco, rápido y sabroso.



ANA VEGA 'BISCAYENNE'




Verano, 35 grados a la sombra. Con los muslos pegados a la silla de tu cocina, en la playa o en la oficina delante del ordenador es probable que estés pensando en comer ensalada de pasta. Fresquita, sí. Y normalmente también blanducha, sosa y con liquidillo avinagrado en el fondo del plato.

La ensalada de pasta es uno de esos platos que todo el mundo cree saber hacer y que, consecuentemente, sufre vejaciones sin límite. Y aunque en El Comidista somos muy partidarios de que cada cual cocine como le salga del pie, nos parece importante pregonar la buena nueva culinaria. De modo que aquí va una receta y unos cuantos consejos útiles para que tu triste ensalada de táper alcance, casi casi, la perfección.

¿Qué pasta uso?

Deja la pasta fresca —más delicada— para otro tipo de elaboraciones y aprovecha la amplia gama de pastas secas que hay a la venta. Lo mejor para la ensalada de pasta es usar pasta corta (para que sea más fácil pincharla con el tenedor) y con estrías o recovecos para acoger y retener con alegría el aliño.

Traducido: aparca espaguetis y tallarines y opta por fusilli o gemelli (en forma de espiral), orecchiette, conchiglie (conchas o tiburones), macarrones tubulares, penne, gigli o campanelle, que son los que veis en la foto superior. La pasta coloreada con espinacas o tomate es un clásico de las ensaladas, pero realmente el tono aporta entre cero y nada, así que actúa en consecuencia.

Usar farfalle o pajaritas es uno de los grandes errores que puedes cometer a la hora de hacer una ensalada: por mucho que la publicidad nos las venda como típicas de esta preparación, su forma hace que la cocción sea desigual en puntas y centro, y su superficie plana permite que el aliño resbale sobre ella como un tobogán. Lo que buscamos es adherencia, así que fuera pajaritas.

¿Cuezo la pasta normal, no?

Pues no, Pequeño Saltamontes. La pasta que se ha de consumir fría requiere una cocción determinada y ciertos cuidados especiales.

¿No has notado nunca que la pasta, una vez fría, está más dura de lo normal? También queda un poco chiclosa y eso ocurre porque al enfriarse, el almidón que contiene forma estructuras sólidas. Para evitarlo, lo mejor es cocer la pasta entre uno y dos minutos más del tiempo indicado para su elaboración al dente. De este modo, al perder temperatura, se endurecerá lo justo como para volver a tener una textura perfecta. Cocer la pasta de más va completamente en contra de los santos sacramentos de su cocción, pero es que no tiene nada que ver la pasta que se termina en sartén, bañada en salsa caliente, con una destinada a aguantar hasta dos días en el frigorífico.

La comida fría (ni os cuento si es recién sacada de la nevera) tiene menos sabor que la caliente, de manera que la condimentación debe ir con las tintas cargadas. Usa más sal de la normal al hervirla, al menos cucharada y media por litro de agua.

Para enfriar la pasta una vez esté cocida hay dos métodos. El primero, aunque está vetado para los platos calientes, tiene un pase ensaladero: refrescarla con agua fría del grifo en un colador. El segundo pasa por repartirla sobre una fuente y dejar que se atempere tranquilamente. En el segundo caso, retendrá más el sabor y se podrá acortar un poco el tiempo de cocción -para que no se pase-, pero hace falta una paciencia que no todo el mundo tiene. En cualquiera de las dos versiones es recomendable echar un hilito de aceite de oliva y remover, evitando así que se apelotone en formación.

Cuando esté a temperatura ambiente se puede guardar en un recipiente hermético dentro de la nevera para usarla en las siguientes 48 horas.

¿Le puedo echar de todo?

No deberías. Una ensalada de pasta no es un contenedor en el que meter todo aquello que tienes a medio usar en la nevera. Primero porque los sabores pueden matarse entre sí, y segundo porque juntar diferentes texturas puede pasar de ser interesante a horrible.

Por mucho que la llamemos ensalada, la ídem de pasta no es una ensalada al uso. No la trates igual que a una mixta ni amontones en ella verduras sin ton ni son, por más sanas que sean. Mejor verduras y hortalizas cocidas, asadas o a la plancha en vez de crudas: berenjenas, calabacines, espárragos, zanahoria, brócoli o calabaza quedan genial una vez blanqueados o pasados dos minutos por la sartén. Usa tomates cherry o de otro tipo, siempre que no tengan demasiado líquido, o úsalos secos y confitados en aceite. El pimiento rojo asado, casero o de bote es otra buena opción.

La lechuga u otras verduras de hoja deslucen el resultado, pero, si te empeñas, agrégalas en el último momento después de aliñar la ensalada. Corta los ingredientes a un tamaño similar al de la pasta y ten en cuenta que los que sean más pequeños (como maíz, guisantes o pasas) dificultarán la labor del tenedor o se quedarán para el final.

Debido a la sosez inherente a la comida fría, es recomendable usar ingredientes con un sabor destacado. No seas tímido con los encurtidos y atrévete a ir más allá del atún desmigado o el desgraciado surimi: echa mano de conservas y escabeches como sardinas, mejillones o pulpo. Si eres más de proteína carnívora puedes usar jamón, bacon o pollo cocido, pero también fuet, salami, rosbif o pollo especiado. El huevo cocido también puede ayudar, y en la receta de hoy además presta su yema para espesar el aliño.

En cuanto al queso, nada de términos medios. O fresco tipo mozarella, burrata, feta, ricotta o Burgos, o directamente curado rallado, como un parmesano. Los quesos sí-es-no-es formarán con el tiempo un pastiche pegajoso nada recomendable.

El aliño, con bien de mahonesa


Otro craso error ensalada-pastero. La pasta embadurnada en mahonesa o salsa rosa pierde toda su gracia y se acerca más a una ensaladilla bastarda que a otra cosa. El intríngulis está en que la ensalada de pasta no es una ensalada normal y necesita de un aliño acorde a su especificidad: espeso pero no vacaburro.

Olvídate del 3:1 de oliva-vinagre porque la pasta absorbe el ácido, mucho menos denso, antes que el aceite y es altamente probable que si usas un aliño normal, acabes con una ensalada avinagrada. Mal. Reduce el vinagre al mínimo (por ejemplo, en una proporción de 5:1) y, en todo caso, usa una vinagreta emulsionada con los trucos que enseñamos en este post. Una sospecha de mostaza, miel o mahonesa ayudará a conseguir un aliño ligado y espeso sin necesidad de ponerse vacaburro. El tahini disuelto con zumo de limón y un poco de agua también es una buena opción, igual que un par de cucharadas de yogur o una yema de huevo cocida.

Usa hierbas sin miedo. Frescas finamente picadas (en un pesto de albahaca, perejil o menta) o secas en abundancia alegrarán cualquier ensalada. Agrégalas al aliño y atrévete también con ralladura de limón o especias como pimentón, comino y curry.

Aliñada de víspera, para que vaya cogiendo mojo


Nuevo error. La pasta, aunque esté cocida, sigue absorbiendo líquido si está en contacto con él, y la mejor manera de acabar con una ensalada aguachinada e incomible es aliñándola con antelación. Una hora es aceptable, dos a duras penas, más no.

Mezcla la pasta con el resto de ingredientes (siempre que no sean propensos a soltar liquidurrios) y deja el aliño para el final o llévatelo en un recipiente aparte a la playa o la oficina. Mezcla todo con cuidado y siempre, siempre, deja que la pasta se atempere ligeramente antes de comerla: no hay nada peor que una ensalada de pasta sacada directamente de la nevera.

Dificultad


Cero ensaladero.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 240 g de pasta seca
  • Media pechuga de pollo
  • Especias para el pollo: orégano, tomillo, pimentón dulce, pimienta negra
  • 2 huevos
  • 50 g de aceitunas negras aliñadas
  • 2 tomates confitados en aceite
  • 1 diente de ajo
  • 1 cucharada de albahaca picada
  • Sal
  • 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharada de vinagre
  • 2 tomates
Preparación

  1. Cocer la pasta en abundante agua con sal un minuto más del tiempo indicado en el paquete. Colar, regar con un poco de aceite de oliva, remover y dejar enfriar.
  2. Cocer dos huevos durante 12 minutos en agua hirviendo.
  3. Espolvorear la pechuga de pollo con sal, pimienta negra molida, un poco de pimentón, orégano y tomillo.
  4. Cocinar el pollo a la plancha en una sartén con una cucharada de aceite. A fuego medio-bajo y dejando que se haga lentamente por todos lados. Envolver la carne en papel de aluminio haciendo un paquete cerrado y dejar que se enfríe entre 10 y 15 minutos.
  5. Cortar los huevos cocidos, sacar las yemas y cortar las claras en láminas o dados.
  6. Machacar el diente de ajo en un mortero con una pizca de sal y las yemas cocidas. Una vez obtenida una pasta, se agrega la albahaca, los tomates confitados y la mitad de las aceitunas (ya deshuesadas) y se sigue triturando.
  7. Añadir el vinagre, mezclar y añadir el aceite, emulsionando bien.
  8. Cortar la pechuga en trozos o filetes finos.
  9. Mezclar la pasta, la carne, el resto de las aceitunas, la clara de huevo y el tomate fresco.
  10. Echar el aliño, revolver y servir.
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2017/07/18/receta/1500369558_219176.html
 
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LA ENSALADA CÉSAR ORIGINAL



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Que no te vendan imitaciones: la auténtica ensalada César no es yanqui ni italiana, sino mexicana. Tampoco lleva pollo ni anchoas, tan sólo unos cuantos ingredientes con los que marcarte un primer plato espectacular.



ANA VEGA 'BISCAYENNE'




Allá donde vayas, en cualquier país, en cualquier hotel y en cualquier bar de aeropuerto; allí está ella. La ensalada César —junto a su inseparable amigo el sándwich Club— reina en los servicios de habitaciones y en la pitanza viajera, seguramente porque casi todo el mundo sabe qué puede esperar al pedirla: una mezcla de lechuga, pan tostado, anchoas, pollo y queso bañados en un aliño espeso tirando a mitificado. Víctima inocente de la cocina internacional a medianoche, la ensalada César globalizada tiene poco que ver con la receta original, nacida en Tijuana (México) en 1924.

Sobre el origen de este plato existen diversas teorías —algunas al borde de la conspiranoia—, pero todas tienen en común situar su invención en la ciudad fronteriza y más concretamente, en el Hotel Caesar’s. Dirigido por los hermanos italianos Cesare (Caesar) y Alessandro (Alex) Cardini, el Ceasar’s recibía con los brazos abiertos a los a turistas californianos que buscaban alcohol y diversión a pocos kilómetros de Estados Unidos. Según una versión, la madre de los Cardini ya hacía una ensalada con queso y pan en su pueblo natal, cerca del lago Maggiore; según otra, fue Cesare el que inventó la ensalada el 4 de julio de 1924 -día festivo en EEUU-, apurado por la afluencia de clientes y con la despensa casi vacía.

Los descendientes del otro hermano, que siguen dedicándose a la hostelería en México, cuentan otra versión: de acuerdo a ella el ilustre inventor sería Alex Cardini. Antiguo piloto del ejército italiano, ese 4 de julio habría hecho la ensalada con lo poco que tenía a mano para agasajar a unos amigos, aviadores americanos de la cercana base militar de Rockwell (San Diego, California). Según esta teoría, la ensalada se llamó inicialmente aviator's salad (ensalada del aviador) y después -gracias a su éxito entre la jet set hollywoodiense de visita en Tijuana-, se empezó a conocer como ensalada Caesar por el nombre del hotel. En México se sigue llamando ensalada Alex-César Cardini y así es como aparece en el libro Cocina esencial de México de Diana Kennedy, donde viene la receta de la rama mexicana de los Cardini.

¿Lleva pollo? ¿Y anchoa? Pues ni una cosa ni la otra: la pechuga de pollo es un añadido posterior, de cuando la receta comenzó a popularizarse en los años 40, y el sabor a anchoa viene de serie en la salsa Worcestershire o Perrins del aliño original. Cuando la receta traspasó fronteras Cesare Cardini se afincó en EEUU y patentó el aliño, reconvertido en salsa industrial, en 1948. Hasta entonces se había hecho a mano y delante del cliente, mezclando los ingredientes en la misma ensaladera. También se comía con la mano, razón por la cual se usaba lechuga romana o endivia, con hojas largas y consistentes. Se dice que fue Wallis Simpson, esposa del duque de Windsor, quien puso de moda la ensalada César en Europa y quien decidió que comerla con las manos era cosa de salvajes.

Como aquí somos muy silvestres he hecho la ensalada para comerla al estilo rústico según una receta de 1945, la más antigua que he encontrado. Si tú eres más de usar cubiertos, puedes trocear la lechuga cuanto gustes y comerla con tenedor, añadiendo a la ecuación anchoas, pollo y lo que más rabia te dé. El aliño se hace sin batidora y resulta más una vinagreta ligeramente ligada que una salsa espesa, y ahí está la gracia. Tan sólo con huevo, queso, aceite, limón y salsa Worcestershire conseguimos un moje untuoso y cochinero, más parecido a una carbonara (auténtica o 'cesarizada') que a una mahonesa y que permite untar sin parar una vez comidos los tropezones.

Los picatostes o costrones de pan -croutons para los cursis y franceses- se hacen en casa en un momentito y se pueden personalizar con diferentes hierbas y especias o untar con mantequilla de anchoas, así que no tienes excusa. Lo de hervir el huevo un minuto sirve para esterilizar la cáscara del ídem, tal y como explica Alex Cardini, nieto del Cardini original, en este vídeo que recomiendo encarecidamente ver y en el que cuenta toda la historia del plato.


Dificultad


La de hacer los picatostes.

Ingredientes

Para 2 personas

Para la ensalada y el aliño

  • 10 hojas de lechuga romana
  • 60 ml (4 cucharadas) de aceite de oliva virgen extra
  • 50 g de queso parmesano
  • 1 huevo grande
  • 1 cucharada de zumo de lima o limón
  • 1 cucharada de salsa Worcestershire
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • 1 diente de ajo
Para los picatostes

  • 100 g de pan duro en rebanadas
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Tomillo
  • Pimentón dulce

Preparación

  1. Preparar primero los picatostes de pan, calentando el horno a 180 grados con calor arriba y abajo. Rascar ligeramente el pan con un diente de ajo pelado y cortar las rebanadas en dados pequeños.
  2. Mezclar en un bol un par de cucharadas de aceite con sal, pimienta, tomillo y una pizca de pimentón. Meter dentro los trozos de pan y mezclar uniformemente. Colocar los picatostes sobre una bandeja de horno, cubierta con papel vegetal o de aluminio, y hornear a media altura unos 5 minutos, hasta que se doren. Sacar y reservar.
  3. Lavar y secar bien las hojas de lechuga.
  4. Cocer en agua hirviendo el huevo durante 1 minuto y pasarlo inmediatamente después a un recipiente con agua fría.
  5. Frotar el fondo de la ensaladera con un diente de ajo pelado -o el que ha sobrado de preparar el pan- y meter dentro la lechuga, salpimentándola al gusto.
  6. Añadir el zumo de lima o limón, la salsa Worcestershire y revolver suavemente. Cascar el huevo y echar en la ensaladera su interior (que estará líquido).
  7. Agregar el queso parmesano rallado, el aceite de oliva y revolver con un par de cucharas, haciendo movimientos envolventes para repartir el aliño por la lechuga y conseguir una vinagreta emulsionada. Añadir los picatostes y servir con un poco de queso rallado al momento por encima.

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2017/11/06/articulo/1510004409_507978.html
 

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ENSALADA DE ALCACHOFA, MANZANA Y CEREALES INTEGRALES



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Sanas, saciantes, frescas y llenas de sabor: las ensaladas que harán del invierno un oasis vegetariano existen. El truco está en combinar verduras cocidas y vegetales crudos para conseguir contrastes.



El cereal que escogí en este caso fue el mijo –me gusta bastante su sabor y textura, cuando está bien cocido–, pero se podría utilizar quinoa, trigo sarraceno o arroz integral en su lugar. También puede ser que no tengáis zatar –una mezcla de hierbas y especias habitual en la cocina de Oriente Medio– a mano. En ese caso hacedle un favor a vuestra cocina y preparadlo en casa con esta receta de Gastronomía&Cía para poder tenerlo siempre a mano: os alegrará desde una ensalada hasta un estofado, pasando por panes planos o purés de verduras.

La técnica de marinar la cebolla con limón o vinagre para que no pierda algo de fuerza y sea más suave tanto al paladar como al estómago la hemos usado cienes de veces, y recientemente descubrí que el hinojo también gana bastante con este sistema (aunque en menos tiempo).

Si os da pereza poneros a pelar alcachofas o esta receta cae en vuestras manos fuera de temporada, podéis usar corazones de alcachofa congelados: si son de una calidad decente, el resultado también lo será. Por muy vagonetas que seáis, no os recomiendo usar las de bote: a no ser que encontréis algunas sin ácido cítrico, el regusto metelizado del mismo se comerá al resto de ingredientes y os perseguirá el resto del día.


Dificultad

Para gente que vive a este lado del Muro.


Ingredientes


Para 4 personas



    • 1 taza (unos 250 g) de mijo crudo
    • 1 bulbo de hinojo
    • 1 cebolla roja (o del tipo que sea)
    • 1 manzana verde tipo Granny Smith
    • 2 tazas de rúcula
    • 8 alcachofas
    • 1 cucharadita de semillas de sésamo
    • 1 cucharadita de zatar
    • Vinagre de manzana o zumo de limón
    • Aceite de oliva virgen extra
    • Sal
    • Pimienta
Preparación




    • Hervir el mijo unos 20-25 minutos en un cazo con 2,5 tazas de agua con sal. Escurrir y dejar enfriar.
    • Pelar las alcachofas, abrirlas por la mitad y hacerlas al vapor durante unos 15 minutos (o un poco más, si se quieren más blandas).
    • Pelar la cebolla, cortarla en juliana y ponerla en un bol con 5 cucharadas de vinagre o zumo de limón y un poco de sal. Pasados 10 minutos, añadir el bulbo de hinojo también cortado en juliana –reservando los tallos y las hojas– y dejar marinar 10 minutos más.
    • Cortar la manzana con piel en gajos finos y preparar una vinagreta con tres cucharadas del vinagre o limón del macerado, un poco de sal, pimienta, el zatar y cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
    • Montar la ensalada poniendo una base de mijo, manzana, rúcula y la mezcla de cebolla e hinojo. Regar con la vinagreta, añadir láminas muy finas del tallo del hinojo y las hojas reservadas, también –si se quiere– el extra de sésamo y servir.
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/01/15/receta/1452876222_642741.html
 
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ENSALADA CÉSAR DE COLES DE BRUSELAS Y POLLO



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RAQUEL BERNÁCER



Si César Cardini levantase la cabeza y viese lo que he hecho con su famosa ensalada, seguro que me pone a fregar platos durante toda la eternidad. O tal vez no, a lo mejor le gusta la idea de utilizar coles de Bruselas en lugar de lechuga, o quizás se la traiga al pairo porque en realidad no fue él quien inventó la famosa ensalada.

El origen de la ensalada César está envuelto en misterio y leyendas, pero sea quien sea su creador, lo que es bien cierto es que, en 1953, la Sociedad Internacional de Epicúreos la proclamó como la mejor receta creada en América en 50 años. No sólo su origen es un misterio, sino que la composición de los ingredientes también se viste de polémica. Si bien muchos dirían que la anchoa forma parte de los ingredientes, parece que la receta original no llevaba anchoas, pero sí salsa Worcestershire -también conocida como Perrins, el nombre de la marca comercial más popular-, que las incluye en su composición.

Sea como sea, la ensalada César es absolutamente deliciosa y me he tomado la libertad de hacer mi interpretación con coles de Bruselas, que estamos en plena temporada y son más nutritivas que la lechuga. Además, como fan de las anchoas me he decantado por una buena cantidad bien picadita y una puntita de mostaza, en lugar de salsa worcestershire. Que no te de miedo eso de comer coles de Bruselas crudas: te aseguro que su sabor es muy suave y la salsa César te ayudará a convencerte de que sí, se puede.


Dificultad

Si superas la parte del huevo, lo tienes hecho.

Ingredientes

Para cuatro personas

  • 200 g de pechuga de pollo de corral
  • 250 g de coles de Bruselas
  • 2 rebanadas de pan del día anterior
  • 40 g de queso parmesano rallado
  • 6 anchoas
  • 1 huevo a temperatura ambiente
  • 6 cucharadas soperas de aceite de oliva
  • 1 cucharada sopera de zumo de limón
  • 1 diente de ajo
  • ½ cucharada de postre de mostaza tipo Dijon
  • Sal
  • Pimienta

Preparación

  1. Cortar el pollo a tiras alargadas, salpimentarlo y reservar en la nevera unos 15 minutos o el tiempo que se tarde en preparar el resto de los ingredientes.
  2. Lavar bien las coles de Bruselas. Secarlas con ayuda de un paño limpio o papel de cocina. Cortar la base y picarlas en juliana con un cuchillo bien afilado o una mandolina. Reservar.
  3. Para hacer los croutons de pan, pelar y picar el ajo. Tostar el pan en la tostadora hasta que quede ligeramente dorado. Posteriormente, cortarlo en dados. Calentar dos cucharadas soperas de aceite de oliva en una sartén mediana y añadir el ajo. Cuando empiece a oler ligeramente, añadir el pan y terminar de dorar por todos los lados a fuego medio, para que no se queme el ajo. Retirar de la sartén y reservar.
  4. Limpiar la sartén con papel de cocina, con cuidado de no quemarse. Añadir una cucharada sopera de aceite de oliva y calentar a fuego alto. Incorporar el pollo y cocinar unos 2-3 minutos por cada lado, según el grosor, o hasta que adquiera un tono dorado por fuera. Recuerda que siempre puedes comprobar si está hecho cortándolo por el centro con un cuchillo. Retirar de la sartén y reservar.
  5. Atención: los siguientes pasos son críticos para que la receta triunfe. Poner el huevo en un cazo con agua y llevarlo a ebullición. Mientras tanto, picar las anchoas hasta que queden casi hechas una pasta y añadirlas a una ensaladera junto a las coles de Bruselas en juliana, 3 cucharadas soperas de aceite de oliva, el zumo de limón, la mostaza, el parmesano, sal y pimienta al gusto. No mezclar aún.
  6. Cuando el huevo lleve 2 minutos exactos hirviendo, apagar el fuego y refrescar ligeramente el huevo con agua corriente. Inmediatamente y con cuidado de no quemarse, partir el huevo directamente en la ensalada: la yema estará líquida y la clara semicoagulada. Recoger con ayuda de una cuchara los restos de clara que queden en la cáscara y verterla en la ensalada.
  7. Mezclar ahora todos los ingredientes con brío para que queden bien integrados y las hojas estén bien cubiertas por el aliño. Probar y terminar de ajustar de sal, pimienta, limón o mostaza, si fuese necesario. En el momento de servir, añadir el pollo y los croutons de pan. Si sobra, guardar en la nevera y consumir dentro de las 24 horas siguientes.

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/10/02/receta/1538477070_455840.html
 
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ENSALADA DE CUSCÚS Y TEMPEH CON TAPENADE CASERO


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Preparamos un cuscús frio con tempeh, un derivado de la soja con bastante más sabor que el tofu. Y la rematamos con una tapenade de aceitunas negras sencillísima y tan sabrosa como versátil.


RAQUEL BERNÁCER

No hay recetas fresquitas suficientes para tanto día caluroso. O sí, porque no es mala idea la de preparar versiones frías de algunos platos que tomamos durante los meses de frío. Parte de la receta que traigo hoy la preparo bastante en invierno: estoy abonada al cuscús con tempeh y la verdura de temporada que toque. Ahora en verano son las judías verdes, pero en invierno con berza, coles de Bruselas, zanahorias o brócoli está de vicio. Esta vez, unas sobras en la nevera me dieron la idea de ponerlas sobre unas hojas de lechuga, aliñarlo con un tapenade casero de aceitunas negras y tomarlo frío. Puedes hacer cantidad y guardarlo en la nevera dentro de un recipiente hermético, que aguanta tres o cuatro días a la perfección.

Para los que no estéis familizarizados con el tempeh, os contaré que es un derivado de la soja que procede de Indonesia y se come mucho en Asia, sobre todo en la zona sureste del continente. Se elabora inoculando las semillas de soja, las cuales han sido cocidas previamente, con un hongo llamado Rhizopus oligosporus o Rhyzopus oryzae. El proceso de fermentación tiene lugar durante 24 horas y a una temperatura de entre 30 y 33 grados centígrados. Durante el proceso, el hongo va creciendo y produciendo hifas, unos filamentos que al penetrar en las semillas de soja hace que estas se mantengan unidas. Este hongo se alimenta de parte de la proteína y grasa de las semillas de soja, por lo que aparecen otros compuestos que dan lugar al característico sabor final de este alimento. El aroma del tempeh fresco recuerda al de la levadura de panadería y cuando se cocina -sobre todo si se fríe-, toma un sabor muy peculiar que recuerda a frutos secos tostados.

A mí particularmente me gusta mucho más que el tofu y me parece una alternativa estupenda para variar el aporte proteico de la dieta. Porque, dicho sea de paso, el tempeh tiene un contenido proteico bastante interesante, por eso se utiliza como fuente proteica en pautas vegetarianas. Pero que se consuma en dietas vegetarianas no significa que no se pueda consumir en dietas omnívoras: yo no soy vegetariana y como tempeh cada semana. Los que penséis que por tomar algún alimento vinculado a la dieta vegetariana os van a salir ramas de las orejas y raíces en los pies -o no tengáis este alimento a mano-, podéis sustituir el tempeh por tacos de pollo, aunque desde aquí os animo a que abráis vuestra mente, que igual os lleváis una rica sorpresa.

Dificultad

La de juntar los ingredientes.

Ingredientes

Para cuatro personas

  • 200 g de judía verde
  • 200 g de cuscús integral
  • 120 g de tempeh
  • 100 g de mezcla de hojas verdes
  • 3 tomates de pera
  • Una cebolla blanca, mediana
  • Un diente de ajo
  • Una hoja de laurel
  • 3 cucharadas soperas de aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Tomillo seco

Para el tapenade

  • 3-4 cucharadas soperas de aceitunas negras sin hueso
  • 1 cucharada sopera de aceite de oliva

Preparación

  1. Lavar bien las judías, cortarles los rabitos y retirar las hebras, si las tuvieran. Ahora, que estamos en temporada no deberían de tener muchas hebras, pero, por si acaso: observar si donde se cierra la vaina, a lo largo, aparece un hilito. Si es así, tirar de él con la ayuda de un cuchillo pequeño, tipo puntilla.
  2. Cortar las judías en tres partes y reservar. Poner a hervir un cazo con agua con sal y cuando hierva, añadir las judías. Cocinar entre 3 y 6 minutos, dependiendo del grosor (las de la foto, que son muy finitas, han estado 3 minutos hirviendo). Colar, enfriar con agua fría.
  3. Pelar la cebolla y el ajo y picarlos pequeños. Reservar.
  4. Escaldar los tomates durante 1 minuto en agua hirviendo para quitarles la piel. Una vez escaldados, enfriarlos rápidamente en un bol con agua fría y retirar la piel (saldrá prácticamente sola). Cortarlos a cubos de un centímetro por un centímetro, más o menos. Reservar
  5. Calentar el aceite de oliva en una sartén a fuego medio. Añadir la cebolla, una pizca de sal y el laurel. Cuando empiece a dorarse, añadir el ajo. Cocinar un minuto e incorporar el tempeh. Dejar que se dore y poner el tomate a dados con una pizca de sal y de tomillo seco. Añadir las judías verdes. Mientras tanto, medir un poquito menos del mismo volumen que hay de cuscús de agua, y calentarla hasta que hierva. Apagar el fuego y reservar.
  6. Cuando el tomate haya reducido y espesado un poco, incorporar el cuscús y mezclar todo bien. Añadir el agua caliente, mezclar bien, tapar y apagar el fuego de la sartén. Dejar que repose unos 2-3 minutos, destapar y remover bien con una espátula de madera. Probar el sabor y añadir sal y pimienta si es necesario, y un chorrito de aceite de oliva virgen extra para que el cuscús quede más suelto. Dejar que se enfríe.
  7. Mezclar los ingredientes del tapenade y triturar con una picadora pequeña o una batidora de vaso.
  8. Poner en un bol unas hojas variadas de lechugas, el cuscús con el tempeh y una cucharadita de tapenade de aceitunas negras y servir.
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/07/16/receta/1531740536_794210.html
 
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La prueba para saber si la ensalada que te has preparado es buena para ti
Algunos alimentos extra que se utilizan para completar la receta de una ensalada pueden convertirla en un plato poco recomendable, según los nutricionistas

@abc_familia
Actualizado:13/06/2019 01:42h
Ensaladas verticales: nunca comerse el tarro fue tan saludable

Las ensaladas son, generalmente, platos bajos en calorías, fáciles de preparar y recomendables para potenciar el consumo de verduras y hortalizas. Además, poseen una gran capacidad saciante, por su alto contenido en fibra, que ayudará a regular el tránsito intestinal y controlar la glucemia en sangre. Sin olvidarnos de su alto contenido en antioxidantes, que contribuyen a combatir los radicales libres. Se trata de un plato también nutritivo, ya que nos aporta vitaminas y minerales, fundamentales para regular cualquier proceso metabólico, tal como explica Yolanda Masa, nutricionista de Blua de Sanitas.

Sin embargo, muchas veces recurrimos a alimentos extra para completar la receta, que pueden llegar a revertir todas estas propiedades positivas, convirtiendo un plato saludable y equilibrado en uno que no resulta tan saludable. Para descubrir si la ensalada que hemos preparado es sana y equilibrada, es importante que cumplan estos 10 requisitos:

Evita las salsas industriales
Los nutricionistas aconsejan sustituir las salsas industriales por aliños más sencillos como vinagre de manzana o vino, aceite de oliva virgen extra, mostaza dijon o salsa de soja baja en sal, para «reducir significativamente las calorías y el aporte, sobre todo, de grasas», comenta Masa.

Ni fritos ni rebozados

Deben sustituirse los fritos, rebozados o empanados por atún natural, gambas o pollo a la plancha, que contribuyen a enriquecer la ensalada y mejoran el aporte calórico del plato.

Con grasas cardiosaludables

Para acertar con una combinación buena de nutrientes, Yolanda Masa propone incrementar el aporte extra de grasas cardiosaludablesa través de semillas, aguacate o frutos secos. Eso sí, «siempre en cantidades moderadas porque no hay que olvidar que son alimentos hipercalóricos».

Nuevos ingredientes
En cuanto al consumo de antioxidantes y micronutrientes, como el hierro, una opción interesante pueden ser las algas, siendo una de las más populares la japonesa wakame. El consumo de estas verduras del mar todavía es muy limitado en España y se centra en las zonas costeras, principalmente en Galicia y algunas áreas de Andalucía.

Frutas como toque de color
Algunas frutas también pueden aportar buenas dosis de antioxidantes: fresas, mango y manzana serían la alternativa más completa.

Proteínas como complemento
Combinar estos nutrientes con proteínas e hidratos de carbono puede potenciar el plato. Por ejemplo, en el caso de las proteínas, se puede recurrir a opciones vegetales como las legumbres, la soja o el edamame, además de las proteínas animales como la pechuga de pavo, pollo, gambas, atún, salmón o huevo.


Hidratos de carbono complejos
En el caso de los hidratos de carbono, la nutricionista prefiere arroz integral, quinoa, cous cous, bulgur, pasta o picatostes integrales, siempre en raciones moderadas.

Evitan la retención de líquidos
De cara a llegada de la nueva estación, Sanitas recomienda incluir alimentos que eviten la retención de líquidos como espárragos blancos, piña y alcachofa, ya que durante al verano es frecuente padecer este trastorno, así como problemas circulatorios. Para este último aspecto, la cúrcuma, los frutos rojos o el limón pueden ser buenos aliados.

Antioxidantes y vitaminas
Otro ingrediente como la zanahoria, por su contenido en betacarotenos y vitamina A, contribuye a proteger la piel frente a los daños del sol, por lo que es un alimento bienvenido en esta época. Y frutas como las ciruelas, paraguayas, melocotones o cerezas pueden dar un toque de sabor lleno de antioxidantes y vitaminas. Sin olvidar su elevado contenido en agua, el cual, potenciará una correcta hidratación proporcionando esa sensación de frescor que tanto buscamos en verano, según explica Yolanda Masa.

Ensalada en la comida; puré en la cena
Las ensaladas o verduras crudas pueden tomarse en cualquier momento del día, aunque son más difíciles de digerir que las verduras cocinadas. Por lo que, si existe alguna afección digestiva, la nutricionista propone consumir las ensaladas a primeras horas del día y optar por caldos o purés en la cena. Otro aspecto para tener en cuenta si se recurre a las ensaladas en la cena, es evitar los hidratos de carbono, «ya que está demostrado que nuestro sistema hormonal es menos eficiente a la hora de metabolizarlos por la noche», recuerda Masa.

https://www.abc.es/familia/vida-sana/abci-prueba-para-saber-si-ensalada-preparado-buena-para-201906130142_noticia.html
 
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ENSALADA DE VERDURAS ASADAS CON ALIÑO CÉSAR




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Tres ingredientes verduleros -patata, berenjena y pimiento- cocinados en el horno que se vienen arriba gracias a un aliño inspirado en la clásica salsa César. Puedes adaptar las verduras a lo que tengas por la nevera.


CARLOS ROMÁN



Me flipa el horno. No por el buen sabor que le da a los ingredientes (que también). Ni porque pueda hacer que cualquier persona, repito, cualquier persona sea capaz de parecer Paul Bocuse con un simple asado de verduras. Me flipa el horno porque es la ley del mínimo esfuerzo hecha gourmet.

Esta es un poco mi máxima para el día a día: cosas que puedes dejar haciéndose con toda la calma del mundo y que luego estarán buenas. Al final no se trata de cocinar mucho, sino de cocinar con cabeza. De ahí que los potajes, los asados y preparaciones similares hayan perdurado tanto tiempo en nuestro recetario. Y de ahí que yo los haga semana sí, semana también.

Una receta -y esta es un buena ejemplo- mejora cuando sabes que puedes ponerle casi cualquier ingrediente: chirivías, calabaza, cebollas, boniatos, puerros, etc. En cuanto al aliño, yo me voy a algo salvaje para darle un poco de chicha a la patata. Si no te tira, un poco de aceite con zumo de limón -y su ralladura- va más que de sobra. Pero si te va esto de los sabores potentes y lo único que buscas es alargar un poco más el plato, siempre puedes añadirle lechuga romana y rallarle un pelín de parmesano por encima para honrar un poco más la César original.

Dificultad

Minima

Ingredientes


Para 4 personas

Para la ensalada


  • 2 berenjenas
  • 2 pimientos morrones
  • 4 patatas medianas

Para el aliño


  • 65 g de anchoas en aceite escurridas
  • El zumo de un limón (o al gusto)
  • 1 cucharada de salsa Worcestershire
  • 1 cucharada de mostaza de Dijon
  • 100-120 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra recién molida
  • 2 cucharaditas de alcaparras (opcional)
Preparación

  1. Calentar el horno a 160 ºC con calor arriba y abajo.

  2. Lavar las verduras bajo el grifo y colocarlas en una bandeja de horno. Asar suavemente durante, aproximadamente, una hora y media. Cada 20 minutos, comprobar que las verduras no se están quemando y darles la vuelta con cuidado (sobre todo los pimientos, para que no se rompan).

  3. Sacar las verduras del horno y dejarlas atemperarse. En el caso de los pimientos, colocarlos en un bol y taparlo con film. Pasado un rato, pelar las berenjenas y deshacer la carne con las manos. Hacer lo mismo con el pimiento y las patatas (que se pueden pelar o no).

  4. En un vaso de batidora, poner las anchoas, la mostaza, la salsa Worcestershire y el zumo de los limones. Triturar bien y luego ir añadiendo poco a poco el aceite hasta emulsionar la salsa.

  5. Servir las verduras (templadas o frías, a gusto de cada persona) en cuatro platos y aliñar con la salsa. Si se quiere, añadir unas pocas alcaparras en vinagre como toque final.

    https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/12/04/receta/1543958576_489666.html



 
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ENSALADA VERDE CON TRUCHA AHUMADA Y VINAGRETA DE CEREZAS


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El verano es tiempo de ensaladas, y algunas frutas de temporada encajan a a la perfección en ellas. Las cerezas son un buen ejemplo: combinadas con trucha ahumada están de muerte lenta.



Ya tenemos los calores estivales instaurados, y lo de meterse en la cocina a encender fogones apetece poco o nada. Es momento de tirar de recetas facilonas y fresquitas, de esas con las que no tienes que calentarte la cabeza ni la sartén. Además del calorcete, también ha llegado la temporada de cerezas y truchas, dos productos que combinan la mar de bien en la mesa. Yo soy muy fan de utilizar frutas como ingrediente en recetas, me parece una manera excelente de aumentar el consumo de estos alimentos y en ensaladas quedan de maravilla.

Aunque este plato podría prepararse con unas sobras de trucha al horno, he optado por la trucha ahumada por la rapidez y practicidad. La trucha ahumada suele hacerse con trucha asalmonada, de ahí que se parezca mucho al salmón visualmente, así que fíjate bien en la etiqueta cuando la compres. Utilizar trucha ahumada está bien para variar y salirse del omnipresente salmón, pero no es tan habitual encontrarla en los supermercados, así que puedes utilizar salmón si no la encuentras.

La verdad es que la gracia de esta receta está en el aliño, pues no deja de ser una simple ensalada. Para hacer este aliño de cerezas asegúrate de que utilizas frutos bien dulces, pues a veces pueden tirar a un sabor ácido en lugar de dulzón. Cuando lo tengas hecho, pruébalo para terminar de ajustar el sabor. El dulzor de las cerezas se puede potenciar añadiendo un poco de miel aumentar el contraste con el ahumado y salado de la trucha. Aún así, si ves que te han salido cerezas muy dulces, puedes prescindir de la miel, o poner un poquito más si son ácidas.



Dificultad

Has de ser muy trucho para hacer mal esta receta.



Ingredientes


Para cuatro personas

  • 150 g de mezcla de hojas verdes
  • 4-6 lonchas de trucha ahumada
  • 2 puñados generosos de almendras laminadas
  • Cebollino fresco picado al gusto
  • Cerezas deshuesadas para decorar
  • Para la vinagreta de cerezas
  • 10 cerezas deshuesadas
  • 80 ml de aceite de oliva
  • 2 cucharadas soperas de zumo de limón
  • 1 cucharada sopera rasa de miel
  • Un poco de ralladura de limón
  • Una pizca de sal

Preparación

  1. Poner todos los ingredientes de la vinagreta en el vaso de la batidora y triturar hasta obtener una mezcla homogénea. Probar y ajustar el sabor si es necesario. Reservar (puede aguantar hasta una semana bien cerrada en la nevera).
  2. Disponer las hojas verdes en un plato grande o fuente para ensalada. Cortar las láminas de trucha ahumada en tiras y enrollarlas sobre si mismas. Añadirlas a la fuente con la ensalada, junto con las almendras laminadas y aliña con la vinagreta
  3. Termina de decorar la ensalada con cebollino recién picado y unas cerezas partidas por la mitad, deshuesadas.
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/06/20/receta/1529513019_701914.html


 
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ENSALADA DE ALGA WAKAME CON ALIÑO DE SÉSAMO


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El alga wakame es fresca, carnosa y de sabor suave; se encuentra fácilmente en las tiendas de alimentación asiática y es perfecta para hacer ensaladas con aliños potentes.



La ensalada de algas es uno de mis precocinados favoritos: pocas cosas hay que puedas sacar de un envase y sean tan sabrosas como poco guarrindongas. Se encuentran fácilmente en las tiendas de alimentación oriental, físicas u online y últimamente también en algunas pescaderías y tiendas de sushi. Normalmente llevan algas wakame, semillas de sésamo y algún aliño, pero también hay versiones que añaden otras algas como la kombu o el agar agar, y otras que lo mezclan con un poco de seta shiitake.

Hay paquetes de 120 g, de 250 y de kilo, un formato que no recomiendo para consumir en casa porque hay que descongelarla entera, y a no ser que vivas con 12 personas puedes pasarte cuatro días comiendo algas de primero, segundo y postre. Están muy buenas de cualquier manera: tal cual, rematando una sopa fría, unos fideos de arroz o en una ensalada de pasta.

El aliño de la ensalada es adictivo, cremoso y con un sabor a sésamo potente, pero nada molesto. Se lo he robado vilmente a Li Wan Li, que prepara cantidades industriales para uno de los platos que más sale en verano en el menú de su restaurante Lee Barcelona, especializado en cocina del Sudeste Asiático. Os recomiendo preparar por lo menos el doble y guardarlo en la nevera: dura tranquilamente una semana o más, y podéis usarlo tanto para dar enjundia a una ensalada de tomates como para unos tallarines fríos con cacahuete y cilantro.

Si no tenéis aceite de sésamo a mano, podéis usar aceite de oliva o girasol: quedará un poco más suave de sabor, pero no es dramático. Aunque las algas que se usan para envolver el sushi -diría que ahora mismo son las más conocidas- no os gusten, os animo a que probéis esta ensalada. El wakame tiene un sabor mucho más fresco y delicado, una textura más carnosa y un sabor menos marino que el alga nori: son como el día y la noche de las algas.


Dificultad

Si usas sésamo en lugar de tahina, hay que tener un poco de paciencia para triturarlo.


Ingredientes

Para 4 personas

Para el aliño

  • 3 cucharadas de tahina o sésamo tostado
  • 4 cucharadas de salsa de soja
  • 3 cucharadas de vinagre de vino blanco
  • Una cucharada de aceite de sésamo o de oliva
  • Una cucharada de azúcar
Además

  • 120 g de ensalada de wakame y sésamo, descongelados
  • 120 g de hojas de lechugas variadas
  • 2 zanahorias pequeñas y tiernas
  • 80 g de soja germinada
  • 1 cucharada de sésamo tostado
Preparación


  1. Preparar la vinagreta mezclando bien todos los ingredientes hasta conseguir una consistencia cremosa. Si usamos tahina, solo necesitaremos ponerla en un tarro y agitarla bien durante un rato (a no ser que esté muy denso). Si usamos sésamo tostado, tendremos que triturarlo bien hasta que el sésamo se desintegre.
  2. Rallar las zanahorias bien lavadas. Montar la ensalada con las hojas verdes en la base, encima la zanahoria y la soja, el wakame. Aliñar, rematar con un poco de sésamo y servir.

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/07/19/receta/1531997897_413701.html
 
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ENSALADA DE MELÓN, ARROZ BASMATI Y CURRY


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Esta receta es muy fácil de hacer, está riquísima y lo mismo te soluciona un pícnic, que una comida o una cena a la fresca. Todo lo que se le puede pedir a un plato veraniego, vamos.




"Qué poco se lo ha currado hoy", habrás pensado. Y no seré yo quien te quite la razón. Sin embargo, si funciona la mezcla de tomate bueno, atún en conserva también bueno, aceite de oliva -virgen extra y del bueno, por favor- y comino, ¿por qué esta debería ser menos?

Esta es una ensalada que se cruzó en mi camino hace años, cuando fui a uno de estos eventos de música electrónica en los que invitan a llevarte el pícnic (o a comprarlo in situpor un no tan módico precio). Desde el principio me pareció una combinación ganadora, uno de estos platos que hacen verano y lo mismo te solucionan una cena tonta que un domingo de resaca.

La técnica de cocción del arroz la he sacado de Gordon Ramsay, que se me hace muy cuesta arriba y a quien soy incapaz de ver durante más de cinco minutos seguidos. Eso sí, tiene unos cuantos tutoriales de básicos en YouTube que vienen de perlas para aprender a preparar unas cuantas cosas. Este de arroz basmati al vapor es uno de ellos.

Dificultad

Muy baja, y menos todavía si te va la flojera y compras el arroz en vasitos.

Ingredientes

Para cuatro raciones

  • 400 g de arroz basmati
  • 300 g de melón pelado
  • Un anís estrellado
  • 2 vainas de cardamomo
  • 80 g de pistachos tostados (a ser posible, sin sal)
  • 2 cucharadas de curry en polvo
  • La ralladura de un limón (solo la parte amarilla)
  • 250 g de yogur griego
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta

Preparación

  1. Colocar el arroz basmati en un colador y lavarlo bajo el grifo para retirar el exceso de almidón.
  2. Echar en una olla el arroz junto con 1.5 veces el mismo volumen en agua, las vainas de cardamomo abiertas, el anís estrellado, un golpe de pimienta molida y un poco de sal. Tapar, encender el fuego y esperar a que levante el hervor. Bajar el calor al mínimo y dejar cocer entre 8 y 10 minutos, sin destapar en ningún momento.
  3. Apagar el fuego, destapar y quitar el anís y el cardamomo. Separar los granos de arroz con un tenedor, pasar a una fuente amplia y esperar a que se enfríe.
  4. Añadir el curry, la ralladura de limón y el aceite de oliva. Remover y meter en la nevera.
  5. A la hora de servirlo, colocar una base de arroz, poner el melón cortado por encima y, por último, el yogur (mezclado con una pizca de sal) y los pistachos (pelados y machacados en el mortero).
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/07/16/receta/1531740262_468723.html
 

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