El silencio es oro. Pueblos abandonados. (2 Visitantes)

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El Cañigral ( Teruel)








Agradecimiento a María Isabel Gómez Jiménez, cañigralera de nacimiento, donde residió hasta los catorce años. Agradabilísima y cordial informante sobre todo lo relativo a su pueblo.

Pedanía de Albarracin situada en las estribaciones de la sierra de Javalón. Formando parte de la comarca de la sierra de Albarracin, un kilómetro es lo que separa de ser aragonés a ser castellano-manchego, pues esa es la distancia que hay desde El Cañigral al límite con la provincia de Cuenca.
Trece viviendas llegó a contar en sus buenos tiempos El Cañigral ubicadas junto al barranco del mismo nombre.
Cada casa tenía su horno para hacer el pan.
Nunca llegó el agua corriente ni la luz eléctrica a las viviendas cañigraleras. Los candiles y la luz de camping gas en los últimos tiempos fueron su fuente de iluminación.
Por estar aquí situado el frente de Teruel durante la pasada guerra civil quedó en muy mal estado al terminar la contienda. Tanto que algunas viviendas quedaron reducidas a escombros y varías familias ya no volvieron al pueblo.
Enclavado a 1425 metros de altitud, su considerable altura da una idea de los inviernos tan rigurosos que soportaban. Hasta un metro de nieve se amontonaban durante varios días en sus calles. Bajas temperaturas que combatían con la leña de pino y aliagas que se utilizaban en la lumbre de las cocinas.

Pueblo de vocación ganadera, eran las ovejas su punto fuerte. Hasta en numero de 3000 llegó a haber en sus mejores tiempos en El Cañigral. Tres familias que eran las que más ganado tenían, hacían la trashumancia en los meses de invierno hasta la zona del campo de Cartagena en Murcia.
El resto de casas al tener menos rebaño mantenían las ovejas todo el año en el pueblo.
Trigo, cebada, centeno, yeros y alfalfa eran los productos que sembraban principalmente en sus tierras de cultivo.
Iban a moler el grano al molino de La Herrería situado en termino del pueblo conquense de Salvacañete.
Abundaban en el monte las setas, rebollones, espliego, gayubas, ontinas y piñones de pino entre otras plantas silvestres. Recolección que efectuaban las gentes de El Cañigral y una vez seleccionadas se vendían a compradores que acudían expresamente al pueblo para ello.

Varios vendedores ambulantes aparecían por el pueblo como eran los de Salinas del Manzano que con una furgoneta vendían ropa, zapatos, telas, agujas, etc.
Como también lo hacía Antón el Campillero, proveniente de El Campillo que con un carro vendía todo tipo de productos, desde albarcas hasta aceitunas. Practicaba el trueque con algunos vecinos ofreciendo diez kilos de tocino a cambio de un kilo de jamón.
Desde el pueblo valenciano de Cheste venía un vendedor con un camión ofreciendo vino, anís, moscatel y otros tipos de bebidas.
En ocasiones se dejaban ver arrieros de Vallanca y Ademuz vendiendo botijos, cantaros, pucheros y diferentes tipos de objetos de cerámica.

El cura venía a oficiar misa desde Terriente. Mosén Félix de Gracia fue uno de los últimos que se recuerda, se desplazaba en coche.
En los últimos años de vida de El Cañigral cuando ya apenas quedaban dos o tres casas abiertas ya no se celebraba misa y el que quería asistir a este oficio religioso acudía a la de Arroyofrio, adonde tuvieron que ir los últimos niños cañigraleros a tomar la comunión.
El médico también acudía desde Terriente.
El cartero (David Murciano), lo hacía desde Toril montado en bicicleta, aunque en los siguientes años fijó su residencia en El Cañigral al casarse con una nativa del pueblo.
El herrero se encontraba en el pueblo de Terriente.

Celebraban sus fiestas patronales para San Antonio, el 13 de junio. Duraban dos días y a ella acudía la gente joven de El Masegarejo, de la Fuente de la Sabina, de Alobras y de Arroyofrío.
Como actos principales realizaban una misa, una procesión con el santo y el baile en el interior de la escuela amenizado por un acordeonista.
El 17 de enero tenían otro día festivo cuyo acto principal era la quema de una enorme pila de aliagas, en torno a dicha hoguera se juntaban todos los concurrentes y degustaban tortas dormidas y patatas asadas. Los jóvenes se ponían esquilas al cuello e iban formando buen alboroto y ruido por las calles del pueblo y por los cerros aledaños.

Entre las curiosidades de la vida cotidiana se encontraban los preparativos y realización del matacerdo. Días de gran armonía y ayuda entre familiares y allegados.
No faltaba tampoco el trasnocho en las largas noches de invierno. Se juntaban varias personas en una casa y al calor de la lumbre salían a relucir historias y leyendas de tiempos pasados.
En tiempos más recientes y como quiera que la luz eléctrica no apareció nunca por El Cañigral no pudieron disfrutar de la llegada de las primeras televisiones que si supuso una pequeña revolución en otros pueblos.

"Cuando en Arroyofrio pusieron la primera televisión en el tele-club fue todo un acontecimiento. Los domingos solíamos recorrer andando los cinco kilómetros que separan ambos pueblos para ver la programación que daban. A mi me gustaba mucho ver las corridas de toros, me llamaban mucho la atención, sin embargo ahora no me gustan, pero de niña si". MARÍA ISABEL GÓMEZ.

En la segunda mitad de los años 50 y primeros de los 60 se produjo la marcha masiva de los cañigraleros. Solo quedaron tres casas abiertas a partir de entonces.
La dureza de la vida en el lugar, la falta de servicios básicos y el efecto dominó en que unas familias iban arrastrando a otras camino de la emigración hizo que El Cañigral terminara por formar parte de la larga nómina de pueblos deshabitados que se daba en aquellos años en toda España.
Barcelona en su mayoría fue el lugar elegido para iniciar una nueva vida. Algunas familias se quedaron en el cercano pueblo de Toril y otras pusieron rumbo a Novelda (Alicante).
Aproximadamente en el año 1977 se cerró la última casa que quedaba abierta en el pueblo.
El matrimonio formado por Doroteo Gómez Jiménez y Cecilia Jiménez Sanchez, con dos hijos que vivían con ellos (Valentín y Teodoro) fueron los últimos de El Cañigral. Se marcharon al cercano pueblo de Valdecuenca.

"Mis padres se querían marchar del pueblo porque ya se habían ido todos. No había luz en las casas ni teléfono para llamar por si había cualquier emergencia y ya no estaban cómodos. Vendieron el ganado y se vinieron a vivir a Valdecuenca. Aquí mi padre pudo seguir ejerciendo el trabajo que más le gustaba: arrastrador de pinos". MARÍA ISABEL GÓMEZ.


Visitas realizadas en marzo de 1993, marzo de 1999 y mayo de 2009.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Ermita de San Antonio. De planta rectangular y tejado a dos vertientes. Portada de arco de medio punto. Está fechada en 1768 según reza una inscripción en la dovela central. Sendos ventanucos enrejados en los laterales con poyos bajo ellas. Espadaña coronada por cruz de hierro. Tenía un campanillo bien sonoro.



Fachada trasera de la ermita y de la vivienda de Teodoro y María.



Entrada a la escuela.



La casa de la maestra. Contaba ya con algunos adelantos propios de la época como era cocina, estufa, depósito de agua caliente o retrete que desaguaba a un pozo ciego.
Algunas docentes utilizaban esta vivienda y otras preferían estar de patrona en alguna casa.




Vista de la ermita a través de los ventanales de la escuela.



Vivienda situada sobre un minúsculo cantil rocoso. Construida en mampostería irregular de las piedras excepto la esquina que se utiliza piedra escuadrada en sillarejo para reforzar la unión de los muros. Horno incrustado en el lateral de la casa. Vivió en ella el matrimonio formado por David y Joaquina. Él era natural de Toril donde ejercía de cartero y se trasladó aquí a vivir al contraer matrimonio con la heredera de la casa. Estuvieron aquí durante un tiempo y más tarde se trasladaron a vivir a El Toril. Desde entonces la casa permaneció cerrada.



Calle situada entre la escuela y la casa de David y Joaquina. De aquí salía el camino que llevaba hasta el cementerio.



La última casa que se cerró en El Cañigral. Era la más grande del pueblo. Vivía en ella el matrimonio formado por Doroteo Gómez Jiménez y Cecilia Gómez Sánchez. Tuvieron tres hijos. Se marcharon a Valdecuenca.



Vivienda situada a un centenar de metros del núcleo urbano junto a una pintoresca cascada que forma el arroyo. Tejado a una sola vertiente y vanos simétricos de las ventanas flanqueando la puerta. Vivían en ella el matrimonio formado por Jerónimo Pérez y Juana Jiménez. Tuvieron siete hijos. La emigración los llevó a Teruel.


 

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Las Casillas de Bezas ( Teruel)







Agradecimiento a Ramiro de la pagina web http://www.bezas.org , por su desinteresada colaboración y por ponerme en contacto con las personas adecuadas y a Marcial Martinez del pueblo de El Campillo por ejercer de informante con tan buena predisposición.

Las Casillas de Bezas es una aldea turolense enclavada en el término municipal de Albarracin.
A 1180 metros de altitud, se sitúa en un montículo sobre la rambla del Cabello.
Nueve viviendas conformaban la población, dedicadas a la ganadería, con ganado de ovejas y cabras y al cultivo de trigo y cebada.
Nunca tuvieron agua en las casas, la cogían de un pequeño manantial que había por debajo de la masada, ni tampoco tuvieron luz eléctrica, por lo que los candiles fueron su única fuente de iluminación.

Había una pequeña ermita junto a las eras para los oficios religiosos.
No había escuela por lo que los niños se desplazaban a la de El Campillo recorriendo diariamente cinco kilómetros.
El cura venía del pueblo de Bezas.

Del mismo pueblo venía el médico cuando la situación lo requería.
De El Campillo acudían vendedores ambulantes ofreciendo productos de cacharrería y comestibles.
Algunos jóvenes iban a Bezas los domingos a disfrutar del cine y del baile que allí se celebraba.
En el año 1984 aproximadamente el señor Apolinar con su mujer y su hijo cerraron la única casa que permanecía abierta con lo que se apagó para siempre el último rayo de luz que mantenía con vida la masada.

Una de las causas principales de la marcha de la gente fue la repoblación forestal de pinos que prohibió el pastoreo de las cabras, con lo que se acabó con uno de los principales recursos de Las Casillas. A ello se le añade la falta de infraestructuras que había en la aldea y la llamada de las grandes ciudades por los alicientes que allí se daban en cuanto a trabajo y mejora de calidad de vida. La gente emigró a Teruel, a Barcelona y alguna familia a Francia.

Visita realizada en mayo de 2009.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Entrada a Las Casillas de Bezas.



Delimitación de esquinas conformando la calle. Vivienda de tres pisos. Escasez de ventanas. No había que dejar pasar el frío.



Portalón de acceso al patio de la vivienda que protegía de la intimidad de la calle.



Viviendas en buen estado. Son mantenidas por sus dueños para evitar el derrumbe



Vivienda sin cubierta. El final parece próximo. Puerta de madera de doble hoja, dintel hecho de viga de madera. Minúsculos vanos en las ventanas, para proteger la entrada de frío al interior.



¡Cuántas tardes [email protected] a la sombra de la sabina!



Camino de la ruina definitiva



Saliendo de Las Casillas por el camino de Bezas.


 
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Valdemoro de San Pedro ( Soria)








En las estribaciones de la sierra de la Alcarama, a 1150 metros de altitud se sitúa el pueblo de Valdemoro.
Al pie del barranco de la Media Aldea y recostado en la ladera de la Peña el Contrero, unas treinta casas componían la población (a principios de siglo XX casi duplicaba el número de viviendas). A mediados de los años 40 eran diecinueve las casas habitadas, quedando reducidas a ocho en 1960.

Como correspondía a la zona el invierno era duradero y frío en extremo.
Abundantes nevadas con las consiguientes heladas paralizaban la vida cotidiana del pueblo.
La leña de estepa y los troncos de roble era lo más utilizado en la combustión de la lumbre en las cocinas valdemoreñas para combatir los rigores invernales.

El mes de febrero del año 1956 pasará a la historia como el más frío que se recuerda en Valdemoro. Las temperaturas nocturnas llegaron a situarse entre 25º y 30º bajo cero. Se heló toda la cosecha de cereal.
El agua para consumo y aseo personal se traía desde el cercano riachuelo que pasaba por el barranco de La Media Aldea. Se transportaba en cántaros y pozales y una vez en casa se metía en tinajas de las que se iba sacando según las necesidades.
La luz eléctrica llegó a Valdemoro en el año 1954.
Tierra de secano mayormente por lo que sus campos estaban cultivados de trigo, cebada, avena y centeno, no faltaban tampoco las lentejas, los yeros y los cucos.

El trigo se empleaba para hacer el pan y se llevaba a los molinos del río Linares, entre San Pedro Manrique y Vea. Se llevaba a lomos de caballería por caminos de herradura. El resto del cereal se utilizaba como pienso para los animales.
Las ovejas y las cabras conformaban la ganadería en Valdemoro. Los cabritos y los corderos venían a comprarlos tratantes de Arnedo y de Enciso.
Las cabras se ordeñaban para consumir la leche y para hacer quesos, las ovejas no eran ordeñadas pues de ellas se amamantaban los corderos. Las cabras se llevaban a pastar todas juntas, en lo que se denominaba la "cabrada" las sacaban por turnos rotatorios entre los vecinos según las que tuviera cada uno mientras que las ovejas era cada familia la que se ocupaba de sacar a pastar las suyas, generalmente iban de pastores los más jóvenes de cada casa a partir de los doce o trece años.

"Mi hermana Esperanza y yo fuimos de pastoras con nueve y once años respectivamente. Con días de frio y de ventiscas. ¡¡Las ovejas eran más grandes que mi hermana!! Llevábamos una taleguilla con un trozo de pan, una tortillita y algo de labor para pasar el día. En días de lluvia y tormenta no se oían los cencerros ni se veían las ovejas pero al caer la tarde todas regresaban a los corrales".
IGNACIA JIMÉNEZ.


"Cierto día las ovejas llegaron solas a los corrales al atardecer pero yo no regresé con ellas. Avisaron a mi padre y en compañía de algunos vecinos con candiles y luces empezaron a buscarme porque ya había anochecido. Al llegar ellos a Los Abriguillos empiezo a oír voces que me llamaban: ¡Esperanza...! ¡Esperanza....! A lo cual contesté: ¡Aquí estoy! y es que..... ¡me había quedado dormida! ¡Menudo susto les hice pasar a todos! ESPERANZA JIMÉNEZ.

La matanza era un ritual muy celebrado. Se hacía en familia y se decía "estar de cachuela" o "moraga". Días de mucho ajetreo en el cual participaban todos, con muy buena armonía. A los vecinos de más confianza se les obsequiaba con una morcilla y un trozo de tocino.

Todos preparados
para la matanza
con alegría y contento
y los chicos en algarabía
y amigos venidos de lejos.

Toda la familia reunida
hermanos, tíos y abuelos
para atacar por sorpresa
a este animal indefenso.

La dueña... delantal blanco,
peinada con buen pañuelo,
lo guardaba muy planchado
para el último adiós al puerco.
BASILIO JIMÉNEZ.


Para hacer compras hacían los desplazamientos a San Pedro y a Enciso. Al primero iban los lunes que era día de mercado, donde se juntaban gentes de toda la comarca en una jornada plena de ebullición de personas y animales. Se compraba y vendía de todo.
También se acudía a las ferias que se celebraban el catorce de junio (la de San Antonio) y el primer domingo de octubre (la del Rosario).
Todo lo que se llevaba a vender y posteriormente las compras se realizaban a lomos de los machos. Unas tres horas suponía el trayecto a San Pedro.
Los domingos pero con menos asiduidad se acercaban hasta el mercado del pueblo riojano de Enciso, distante otras tres horas de recorrido.
Los cochinos de siete semanas llamados tetones se llevaban a vender al mercado de San Pedro Manrique, en menor medida al de Enciso.
Vendedores ambulantes aparecían también con cierta frecuencia por Valdemoro a vender su mercancía. Tal era el caso del ¨Puay¨ que venía desde Enciso a vender baratijas y poco más.

De Valdeprado llegaba otro vendiendo cosas de quincalla.
De San Pedro venía Mario que vendía telas, géneros de punto, agujas, alfileres, carretes y bobinas de hilo. En casa de Arcadio Jiménez dejaba para vender cervezas, galletas o chocolate entre otros productos. En ocasiones traía sardinas frescas. Venía a caballo y llevaba dos burros para el transporte de la mercancía. Acostumbraba a pernoctar en casa de Arcadio, con el cual mantenía una buena amistad.
Del pueblo riojano de Igea venía Leandro " el Sastre", compraba huevos y pieles de oveja, cabra o conejo.
Todos estos vendedores estaban obligados a pagar un impuesto llamado la "Alcabala".

Cada mes un vecino estaba obligado a tener vino a disposición de quien lo solicitara. Apenas se hacía uso de esta norma porque en cada casa solía haber vino para consumo, solamente los mozos en alguna ocasión especial utilizaban esta taberna rotatoria para alguna celebración.
Para comprar el vino se desplazaban al pueblo riojano de Prejano.

Las fiestas patronales se celebraban en honor a San Juan Bautista. En principio eran el 29 de agosto pero debido a que en esas fechas los vecinos estaban en plena faena de la trilla se trasladaron al veintisiete de septiembre con una duración de dos días.
El primer día la música la pagaba el ayuntamiento y el segundo los mozos, hubo algún año en que se alargó un día más por deseo de los jóvenes que sufragaban los gastos de los músicos.

Las mozas solían ir a esperar a los músicos a la entrada del pueblo, los cuales llegaban la víspera por la tarde y nada más hacer su aparición daban una vuelta por las calles tocando. Después de cenar se hacía baile en la plaza Vieja.
Al día siguiente, 27, fiesta mayor. Primeramente se hacía la procesión por las calles con los estandartes, pendones y cruces correspondientes, además del volteo de campanas. Finalizado este acto se realizaba una misa solemne cantada por Valentin y Salustiano (hijos del pueblo).
El baile se hacía indistintamente en las dos plazas, la Nueva y la Vieja, o en el frontón, en alguna ocasión también en una era (la de Arcadio Jiménez). Si el tiempo no acompañaba se celebraba el baile en el salón del ayuntamiento.
Era costumbre en las fiestas hacer alguna rifa como podían ser rosquillas o alguna prenda. Se preparaban unos boletos numerados que compraban los forasteros y la gente del pueblo.

Los músicos que venían eran el Santos del pueblo riojano de Garranzo que tocaba el clarinete y el Indalecio del pueblo de Leria que tocaba el tambor.
Años más tarde venían músicos de San Pedro Manrique: Juan José al violín y Beni con la trompeta. Otros años venían tres hermanos del pueblo riojano de Muro de Aguas: Pepe que tocaba el violín, Guillermo que tocaba la guitarra y otro más tocando la trompeta.
Los músicos se alojaban un año en cada casa por orden correlativo entre el vecindario.

Venía la juventud de Buimanco, Vea, Armejún, Peñazcurna, Valdeperillo....
A todos se les invitaba a comer y a cenar. Se mataba una oveja vieja para la ocasión, se hacían rosquillas, magdalenas y dulces en el horno comunal, se compraban botellas de licor para la ocasión y los jóvenes hacían el zurracapote.
En primavera, los domingos por la noche los mozos hacían rondas por el pueblo tocando la guitarra y cantando canciones a las puertas de las casas donde había mozas.
Los domingos y días de fiesta los jóvenes acostumbraban a jugar a la pelota en el frontón, se jugaba al mus o se hacía baile en el salón del ayuntamiento con música de guitarra. Las mujeres se reunían a contar historias y jugar a la brisca.

Cada domingo se celebraba misa en la iglesia parroquial de Valdemoro. El cura primeramente venía de Vea en la persona de don José. Posteriormente el cura venía desde Buimanco, don Pedro Nolasco, don José Luis Eguizabal (natural de Prejano en La Rioja) o don José Soto (natural de Albelda en La Rioja) eran algunos de los que acudían a oficiar los actos religiosos. Siempre solían hacer el trayecto entre Buimanco y Valdemoro andando.
El médico residía en San Pedro Manrique. Don Epifanio primero y luego don Manuel (era dentista también) fueron algunos de los que se desplazaban a visitar a los enfermos por los pueblos de la comarca. Iba montado a caballo aunque en ocasiones había que ir a buscarlo con un macho.

"En una ocasión que contaba yo con unos cuatro años de edad me caí desde el balcón situado en la primera planta hasta el suelo y a pesar de que el vestido que llevaba puesto hizo de "paracaídas" y amortiguó la caída, mi padre se asustó por las consecuencias que pudieran derivarse del golpe e hizo llamar al médico de San Pedro.
Una vez que llegó don Manuel y en vista de que el golpe no era mayor cosa refunfuñó malhumorado dirigiéndose a mi madre: ¡¡Y para esto me han hecho venir!! ARACELI JIMÉNEZ.


El cartero recogía la correspondencia en San Pedro Manrique y posteriormente la repartía en los pueblos que tuviera asignados. Primeramente venía de Vea, posteriormente lo hacía Florentino de Villarijo, a este le sucedió Isidro que era de Buimanco, siendo el último Vicente Pastor, residía en Valdemoro y todos los días se hacía el trayecto de seis horas entre ida y vuelta a San Pedro a por la correspondencia y la repartía en su pueblo y en Buimanco.

En septiembre se cortaban lotes de robles en la dehesa y se sorteaban. El ayuntamiento daba un litro de vino por vecino y día para la ocasión.
Se arreglaban los caminos una vez al año y se decía "ir de vereda".
Tanto para las juntas de ayuntamiento como cuando venía el tío Joaquin, el herrero de Ambasaguas se acudía al toque de campana.
En septiembre una vez recogida la cosecha, los mozos celebraban "las machorras". Se compraba una oveja gorda y a ser posible machorra. Se mataba para consumirla, a lo cual se invitaba a las mozas, mientras que duraba la fiesta se bailaba al son de guitarras. Unos días de mucho alborozo entre la juventud.
El día de Todos los Santos, por la noche y después de cenar los mozos rezaban y cantaban el rosario por la calle. Iban a la iglesia, cogían dos farolas que se encendían y con una cruz y una campanilla una comitiva de jóvenes iba por el pueblo entonando una tonada un poco quejumbrosa durante el rosario. Al mismo tiempo dos mozos subían al campanario y en cada vano de las campanas ponían una luz y tocaban a muerto. Como todo el pueblo estaba a oscuras (aún no había llegado la luz eléctrica), el conjunto de la iluminación y el sonido recreaba en el ambiente una atmósfera patética y lúgubre.

"En invierno las mujeres se juntaban a pasar la velada nocturna en algún lugar que no hiciera mucho frío y se hacía el "trasnocho". Cosían, jugaban a cartas o se contaban historias. También los mozos acudíamos, se hacían bromas y chistes y se pasaba bien. Una de las bromas consistía en poner en un recipiente lumbre y guindilla picada, se llamaba "pimentonada". Irritaba los ojos y la garganta y no se podía estar allí, había que salirse. Cosas de entonces". PABLO JIMÉNEZ.

Las Pozas, el Arenal, el Pozo Mingarro, la Redondilla, la Peña Belio, las Arrañes, el Huerto de las Tronzas, la era de Las Campanas o el Chorrón entre otros nombres quedaran para siempre como parte de la toponimia local en el recuerdo de las gentes que habitaron Valdemoro.

En los años 50 y 60 la gente se iba marchando de Valdemoro debido a que el progreso no aparecía por el pueblo. La productividad de la tierra era escasa, el pueblo tenía malos accesos, solo deficientes caminos de caballería. Los jóvenes no querían seguir viviendo en el campo y la gente mayor iba falleciendo.
Fueron buscando acomodo en pueblos industriales de La Rioja como Calahorra, Arnedo, Alfaro o en la propia capital riojana. Otras familias buscaron empezar una nueva vida en Zaragoza, en Soria o en Sevilla, y los más atrevidos dieron el salto cruzando "el charco" y se fueron hasta Argentina.
Patrimonio Forestal del Estado expropió todas las tierras para la repoblación forestal de pinos.

Qué me has dado Valdemoro?
pueblo siempre recordado
que aunque solitario estás
para mi serás siempre amado.

Qué me has dado Valdemoro?
que recordando el pasado
tanta nostalgia sentimos
y hoy solitario has quedado.

Que me has dado Valdemoro?
qué las gentes que tú has dado
a pesar de amarte tanto
te han entregado al Estado.
JOSÉ MARÍA JIMÉNEZ


Hacía el año 1962 se acabó para siempre el ciclo de vida en Valdemoro cuando cerraron la puerta de su casa Basilio Jiménez y Basilia Hernández (natural de Vea). Vivían también con ellos sus hijos: Manuel, Antonio, Nilda, Emilio, Juan Jesús y la abuela Francisca. Se marcharon a Logroño.

De los hombres que un día habitaron este pueblo
quiero rendir homenaje
a un hombre puro y sincero,
pequeño en estatura
y agudo en el ingenio
que supo sacarle a la tierra
el fruto con esmero.
Él se llamaba Basilio
y nos espera en el cielo,
él descansa en Logroño
ya muy lejos de su pueblo.
CÉSAR JIMÉNEZ


Visitas realizadas en junio de 1997 y diciembre de 2018.

Agradecimiento a Araceli Jiménez por su entusiasta colaboración para dar forma a este reportaje sobre su querido y añorado pueblo.

Han colaborado:
Pablo Jiménez
Aracelí Jiménez
Esperanza Jiménez
Ignacia Jiménez.
Otra fuente de información:
-Libro: Este es mi pueblo "Valdemoro" de Araceli Jiménez.


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.



A punto de llegar a Valdemoro



Aparecen las primeras edificaciones junto al camino que lleva a Armejún. El transformador de la luz a la derecha.



Entrando a la plaza


La casa de "Los Manolones" a la derecha y la casa de Nicomedes a la izquierda. Entre medias se divisa el transformador de la luz. La vegetación a sus anchas.


Portada de acceso al templo en arco de medio punto. Cruz latina tallada en la clave, la cual corre serio peligro de desprenderse.



Interior del templo.



La iglesia y el pueblo contemplándose mutuamente. Si los edificios tuvieran expresiones llevarían una profunda carga de tristeza en sus piedras viéndose lo que fueron y lo que son ahora.



Casas del barrio Bajero y transformador de la luz. El camino lleva hasta Buimanco y posteriormente a Taniñe.




Torreta del transformador de la luz. La energía eléctrica llegó a Valdemoro en 1954 por medio de un tendido eléctrico proveniente de San Pedro Manrique.


Qué lindas historias! Todas.y cuántas añoranzas. Me encanta este hilo🙂
 
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Pilou12, a medida que voy leyendo las historias voy anotando palabras que jamás escuché y después.... al diccionario ! Me encanta y :happy: qué graciosa " la pimentonada " durante " el trasnocho" ☺ en los inviernos de Valdemoro de San Pedro . Saludos!
 

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Caudilla ( Toledo)







Caudilla junto con el pueblo de Val de Santo Domingo conforman el municipio de Santo Domingo-Caudilla.
Situado en terreno llano, quince viviendas se agruparon en torno a la iglesia parroquial y al castillo, símbolos históricos de esta población.
El pueblo en su casi entera totalidad pertenecía a un hacendado: Don Claudio Ruiz Bajo, muerto por represalia durante la guerra civil española junto con sus tres hijos varones (José, Alejandro y Jesús). Sus dos hijas (Dolores y Cándida Ruiz del Álamo), se hicieron cargo de las posesiones al finalizar la contienda, dividiendo las fincas de labor en dos partes.
Los habitantes de Caudilla por tanto eran jornaleros que trabajaban a sueldo para estas familias.

"Muy buena gente eran los amos con nosotros, siempre nos trataron con respeto, no se ganaba mucho pero tenias el jornal seguro, nos cedían la casa (solo pagábamos la luz), nos dejaban tener animales de granja como gallinas y algún cerdo, ellos amasaban el pan y nos daban a todas las familias, así como alguna arroba de garbanzos o judías de cuando en cuando. Así que el pueblo era como una pequeña familia, había muy buena armonía, en las noches de verano era costumbre que nos juntáramos mucha gente a sentarnos a la fresca en la puerta de cualquier vecino". (Antiguo vecino de Caudilla).

Tenían buenas fincas de cultivo dedicadas principalmente al trigo, cebada y a viñedos, en época de mucho trabajo en la vendimia venían bastantes vecinos de Santo Domingo a trabajar a jornal.
La ganadería estaba conformada principalmente por la oveja y no faltaban tampoco buena cantidad de mulas para las labores del campo.
Celebraban sus fiestas patronales el 16 de abril, en honor al Cristo de Caudilla. Después de la guerra civil ya no se celebró baile alguno el día de la fiesta, que quedó reducida a una misa y una procesión.
Don Mateo, el cura de Val de Santo Domingo era el que venía a Caudilla a dar misa.

"Llevaba los dos pueblos, primero daba misa allí, había que ir a buscarle con una tartana, oficiaba la misa en el pueblo y se le volvía a llevar en el mismo carruaje a Santo Domingo".
(Antiguo vecino de Caudilla).



También el secretario del ayuntamiento y el cartero llegaban desde el vecino pueblo.
El camino inverso lo hacían muy frecuentemente los vecinos de Caudilla hacia Santo Domingo dado que allí había más servicios e infraestructuras y la cercanía que existía entre ambos pueblos.
Así acudían a Val de Santo Domingo a consulta médica, a hacer compras, los domingos al baile y a la taberna entre otros motivos.
La mecanización del campo supuso el ocaso de Caudilla, la maquinaria sustituyó a la mano de obra y los jornales fueron disminuyendo drásticamente, así en la década de los 70 ya solo permanecían en Caudilla dos tractoristas y un pastor. Sus vecinos se fueron marchando hacia Val de Santo Domingo, Novés, Torrijos y Madrid entre otros lugares.
En la actualidad algunos descendientes de los antiguos propietarios de Caudilla han arreglado alguna casa para estancias esporádicas y las tierras están todas cultivadas al estar arrendadas a agricultores de Santo Domingo, por lo que en Caudilla raro es el día que no haya presencia humana.

Visita realizada en septiembre de 2012.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Escuela, iglesia y abrevadero.



Calle del Castillo.



La misma calle vista desde la otra esquina.



Soberbia fabrica de la iglesia parroquial de Santa María de los Reyes en Caudilla, Se tapiaron todos sus accesos para evitar que los vándalos siguieran graffiteando y destrozando su interior. El retablo de la Adoración de los Reyes que presidia el altar mayor se llevó a la iglesia de Menasalbas, los demás objetos de valor se trasladaron a la iglesia de Val de Santo Domingo.



Escuela de Caudilla, estaba en la planta baja, quedando la planta de arriba para el ayuntamiento.



Castillo de Caudilla, construido por el señor de Ribadeneira, mariscal de Castilla, en el siglo XV. En el año 1999 se desmoronó gran parte del muro de su fachada debido a los fuertes vientos que azotaron durante unos días la zona.



Foto cedida por Pablo Lucero
Curiosa imagen de un Cristo en una de las almenas desafiando a las inclemencias meteorológicas.



Amplio corral para el ganado, la torre de la parroquial sobresaliendo por detrás.



Fuente y lavadero de Caudilla.


 

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Oreja ( Toledo)








Situado sobre unos riscos en la margen izquierda del río Tajo se encuentra este histórico pueblo de Oreja (sobre su actual emplazamiento se asentó la villa romana de Aureliae), excelente mirador de toda la vega del río.
El castillo de Oreja situado a escasos 300 metros del pueblo y visible desde muchos kilómetros a la redonda es lo que ha salvado de caer en el olvido a esta población compuesta por unas catorce viviendas en forma de U con dos calles exteriores y una central sin salida.
Al tener el Tajo cerca tenían agricultura de regadío (remolacha, maíz, coliflor, repollo, viñedos) y de secano en la parte de arriba del pueblo (trigo, cebada, centeno) quedando las ovejas y en menor medida las cabras en lo relativo a la ganadería.
Varios orejanos trabajaban a jornal en la poderosa finca agrícola de Soto de Oreja propiedad de la familia Monegre, situada por debajo del pueblo junto a la ribera del Tajo.

Celebraban su fiesta patronal el día 15 de agosto en honor a su patrona la virgen de la Asunción.
Ese día se celebraba una misa y una procesión por las calles del pueblo y por la tarde se hacia el baile que ya había dado comienzo la noche del día anterior. El ¨Galguete¨ de Aranjuez con un organillo era el encargado de hacer bailar a los presentes en una explanada junto a la ermita, fiesta muy concurrida por ser en época veraniega y donde no faltaban los turroneros y almendreros de Aranjuez que instalaban allí sus tenderetes.

Tenían maestra y cartero residentes (iba hasta Noblejas a recoger la correspondencia), pero carecían de médico que fuera a hacerles una visita debido a las distancias que había para llegar a Oreja y a los nulos caminos que había entonces, teniendo que ir el enfermo de la manera que pudiera a consulta bien a Aranjuez o bien a Ontigola.

Algunos domingos subía el cura desde Aranjuez a oficiar misa y otras veces era algún fraile de la residencia El Deleite de Aranjuez el que se pasaba por Oreja a tal menester.
Tampoco aparecían apenas vendedores ambulantes por allí por lo que eran los orejanos los que tenían que acercarse hasta Aranjuez o hasta Ontigola a suministrarse.

Hubo un proyecto frustrado de haber subido la luz desde la finca de Soto de Oreja por medio de un transformador pero los vecinos no quisieron acometer el gasto que ello suponía, por lo que hasta el final de sus días Oreja no conoció más luz que la de los candiles y quinqués.
Algo parecido ocurrió con el agua, no se llevo a buen término el proyecto de canalizar una fuente cercana hasta Oreja por lo que siguieron suministrándose para consumo directamente del río Tajo adonde bajaban con cantaros en caballerías.
Esto unido a los malos caminos que había y al envejecimiento de la población llevó al declive a Oreja. Los más ancianos murieron en el pueblo y los hijos fueron marchando en busca de mejor futuro y más comodidades. Para 1959 se había quedado vacío el pueblo aunque muchos vecinos que habían emigrado a Aranjuez, Noblejas y Ontigola siguieron yendo al pueblo a trabajar las tierras.
Actualmente los antiguos vecinos y sus descendientes se siguen reuniendo el 15 de agosto para celebrar el día festivo del pueblo y colaborar para que no se apague la llama de la memoria de Oreja.

Visita realizada en febrero de 2012.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.


El pueblo y el castillo en su elevada posición vistos desde la finca de Soto de Oreja.



Llegada a Oreja.



La ermita de la Asunción de Nuestra Señora.



El castillo de Oreja, construido por los musulmanes hacia el siglo X para proteger y dominar el paso del río en su defensa del reino de Toledo, por delante los escasos restos que quedan de la parte antigua del pueblo.



El pueblo visto desde el castillo.



La calle de Enmedio, las viviendas daban a esta calle y también tenían salida por detrás a través de un patio.



La casa de la maestra y la casa de la tía Cipriana.



Muchas de las casas eran dos viviendas independientes, una en la planta baja y otra en la planta de arriba a la cual accedían por las escaleras situadas en el patio.




Poco queda en pie de la escuela de Oreja.


 
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Vizcota ( Valencia)







Agradecimiento muy cordial para Arturo Cortés Collado, ameno y agradable informante, antiguo vecino de Vizcota del que se marchó siendo un niño al pueblo de El Collado, por lo que nunca le ha perdido la pista a su pueblo.


Vizcota es una de las numerosas aldeas que pertenecen al ayuntamiento de Alpuente. Situado en la solana de un cerro denominado la Muela Catalana.
Poco va quedando de los tiempos en que esta bonita población llegó a contar con casi una treintena de viviendas. Muchas de ellas ya dieron con sus piedras en el suelo y actualmente unas siete u ocho son las que se mantienen en pie dando fisonomía a Vizcota.
Duras condiciones de vida en este pueblo donde nunca llegaron a conocer la luz eléctrica y padecían unos inviernos muy rigurosos con malas comunicaciones pues solo había caminos de caballerías.

Dedicados desde siempre al cultivo de cereal (trigo, avena y cebada) y algunos viñedos complementándose con pequeños rebaños de ovejas en cada casa.
Había escuela en la aldea, pero carecían de los demás servicios básicos y así tenían que desplazarse hasta el pueblo de El Collado para asistir a los oficios religiosos y para el servicio sanitario acudían hasta Alpuente, en casos muy graves iban a buscar al médico con un burro para que viniera a visitar al enfermo.

Marcelino Pérez se encargaba de traer la correspondencia montado en un burro y años más tarde haría esa función su hija caminando.
A moler el grano se desplazaban hasta el molino de La Jarra en Titaguas y otras veces iban al pueblo turolense de Arcos de las Salinas. Las compras en general acudían a realizarlas a Alpuente, aunque algún vendedor ambulante se dejaba ver por Vizcota.

"Me acuerdo especialmente de un señor que le llamaban el manco de Hontanar, no tenia brazos y llevaba un cajón en la parte delantera sujeto a los hombros con unas correas. Vendía cerillas, hilos, agujas, chocolate, etc. Las propias mujeres que le compraban le cogían la mercancía y le pagaban el dinero y recogían las vueltas si se daba el caso. También aparecían comerciantes de Arcos de las Salinas que venían a comprar huevos, pollos y conejos, se vendían muy bien pues Arcos en esa época tenía mucha vida". ARTURO CORTÉS.

Había mucha armonía entre el vecindario y en las noches veraniegas la gente acudía a la plaza a sentarse a la fresca donde había un olmo muy grande.
Pero Vizcota no se libró de la emigración que tanto azotó esta comarca de los Serranos y así sus vecinos se fueron marchando en busca de mejores condiciones de vida hacia las capitales (Valencia y Barcelona) y pueblos dispersos de la provincia. En el año 1965-1966 quedaban cuatro familias en el pueblo y decidieron irse prácticamente a la vez viendo ya que Vizcota estaba sentenciada y había que buscar otros lugares con mejores infraestructuras y calidad de vida. Así las familias de Agustín Collado y Rafael Rubio se fueron ambas al pueblo de Burjassot, la familia de Ramón Herrero se marchó para Barcelona y Adelaida Sanmiguel que estaba viuda se quedó en el cercano pueblo de El Collado.
Posteriormente en los años 90 se instalaron allí unos campamentos de verano que venían desde el pueblo de Torrent, se edificaron unas duchas y letrinas, unas bancas de piedra y en tiendas de campaña hacían la vida. Estuvieron acudiendo varios veranos hasta que dejaron de aparecer por allí.

Visitas realizadas en mayo de 1996 y julio de 2011.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




La casa del tío Montes en la parte más baja del pueblo y junto al camino que lleva a El Hontanar.



La casa de la tía Adelaida y la del tío Simeón.



La casa del tío Simeón vista desde la escuela.



Esta era la primitiva calle que subía hacia la parte alta del pueblo.



La casa del tío Antonio a la izquierda en ruina total y la casa del tío Agustín a la derecha que a duras penas se sostiene en pie.




La casa del tío Antonio y la del tío Vicente en la parte más alta del pueblo.



Bajando hacia la plaza y la parte baja del pueblo.



La fuente a la izquierda y el lavadero a la derecha.



Capelleta dedicada a los santos Abdón y Senén en las afueras del pueblo. Cada semana un vecino se encargaba de poner y mantener una vela encendida


 
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Otero de Sarasiegos ( Zamora)







Agradecimiento a los hermanos Montero (Francisco y Jacobo). Excelentes y entusiastas informantes de su pueblo, del que no quieren que caiga en el olvido su historia.


Como su nombre indica, población situada sobre un otero o altozano desde donde se divisan excelentes vistas de las lagunas de Villafáfila así como la llanura donde se asientan los pueblos de Villarrin de Campos y Villafáfila.

"Cuando estábamos esperando algún familiar y se retrasaba un poco nos íbamos al lateral de la iglesia, desde allí se divisaba todo el camino y veíamos por donde venia". JACOBO MONTERO.

Bonito pueblo ya venido a menos que llegó a contar con unas dieciocho viviendas. Las casas eran construidas de barro y adobe y como este material lleva muy mal el paso del tiempo, muchos de los edificios están en el suelo.
El trigo y la cebada eran los productos principales que sembraban en sus campos, mientras que las mulas, vacas y ovejas eran los animales más representativos en la ganadería.

Sus vecinos estaban asociados en la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos para gestionar y defender sus intereses. Tenían la figura del guarda rural que era el encargado de vigilar los posibles hurtos así como cuidar que el ganado no se metiera en las tierras de cultivo además de otros asuntos.
Contaban con una finca excelente para pastos: la pradera de Valdecasas, donde llevaban a pastar el ganado vacuno y mular que no se utilizara en tareas del campo. De ello se encargaban los vaqueros que tocaban un cencerro por la mañana por el pueblo para que los vecinos fueran sacando sus animales.
Miguel de Villarrin de Campos y Julio de Villafáfila ejercieron este oficio de vaqueros durante años en Otero de Sariegos.

Celebraban sus fiestas patronales el día 25 de abril (San Marcos). El lanzamiento de cohetes y petardos anunciaba el comienzo de la fiesta donde tenía gran protagonismo la misa, espectacular con unos cánticos que ponían la piel de gallina. Se sacaba en procesión a la virgen por las calles del pueblo, siendo las mujeres las encargadas de llevar las andas. El baile se realizaba por la tarde y la noche, siempre en el interior de algún edificio como era la planta baja de la casa de los Ojero, en alguna panera o en algún corral bien acondicionado. La música corría a cargo de un organillo que traían los hermanos Santacirila de Villafáfila, en años más recientes se sustituyó por un tocadiscos.

Ese día se hacia una comida especial en las casas pero el plato estrella era el arroz con leche preparado para la ocasión que tenía mucha fama en todos los pueblos del contorno.
De Villafáfila y Villarrin de Campos eran los pueblos de donde acudía más gente a participar de la fiesta.
El día 11 de noviembre para San Martin había fiesta de nuevo, pero en esta ocasión no había procesión.

El cura venía siempre de Villarrin de Campos. Todos los domingos se oficiaba misa. Don Julián, don Abdón, don Arcadio o don Agustín fueron algunos de los párrocos que acudieron a realizar tal acto.
El médico (don Daniel), llegaba desde Villafáfila, había que ir a buscarle con una caballería para que se desplazara a Otero a visitar al enfermo.
Agustin Miñambres el cartero venia dos veces a la semana desde Villarrin de Campos a traer todo tipo de correspondencia e incluso la pensión que cobraban las personas mayores también las llevaba.

Teófilo el barbero acudía desde Villafáfila a cortar el pelo en las casas que se le solicitaba.
Iban a moler el grano a la fábrica de harinas de La Tabla, donde entregaban el trigo y les devolvían el equivalente en harina.
El día de más movimiento en Otero de Sariegos era los jueves que era día de mercado en Benavente (los jueves de Benavente), era costumbre de los oteranos y de todos los pueblos de la comarca ir ese día a Benavente, a vender algún animal, a comprar productos o simplemente a pasar el día aunque no se hiciera nada en especial. Para ello se levantaban a las dos de la mañana para recorrer los doce kilómetros que les separaban de la estación ferroviaria de La Tabla y coger el tren hasta Benavente. Años más tarde había coche de línea que salía de Villanueva del Campo y recogía las gentes de todos los pueblos de la comarca para trasladarlos a Benavente. Los oteranos tenían que madrugar también porque tenían que estar en el cruce de la carretera a las ocho de la mañana que es cuando pasaba el transporte.

En menor medida se acudía también a los mercados de Zamora (los doce de Zamora) por los mismos medios de transporte.
Siempre se compraban productos y enseres de todo tipo el día que se iba a Benavente pero también se desplazaban a Villarrin de Campos y a Villafáfila donde había comercio a realizar compras más simples.

Y además los vendedores ambulantes se encargaban de traer a Otero productos que no había en el pueblo, como eran los Toresanos que con un carro de mulas en reata (una mula delante de la otra) llevaban pimientos, tomates, cebollas, etc. Con un carro aparecía otro vendedor ambulante de Villalba de la Lampreana que iba vendiendo arroz, aceite, azúcar...
Ya cuando había carretera acudía un vendedor de Villafáfila con vehículos de la época vendiendo utensilios y menajes como los famosos platos Duralex tan de moda aquellos años.

Por lo general cada casa solía tener su horno, donde aparte del pan se elaboraban unas deliciosas pastas y magdalenas. Años más tarde ya se dejó de cocer el pan y lo traía el panadero de Villafáfila.
La juventud se desplazaba los domingos a Villarrin de Campos o a Villafáfila donde había baile y cine en ambos pueblos.

"Íbamos a uno o a otro según los intereses amorosos o de amistad que tuviéramos en el momento". FRANCISCO MONTERO.


A principios de los 60 hubo un resurgir en la vida del pueblo con dos hechos que hicieron la vida más fácil a los oteranos: la llegada de la carretera y de la luz eléctrica.
Estas comodidades llegaron siendo alcalde de Otero de Sariegos don Ignacio Montero.
La luz fue una gran novedad y sustituyó a los candiles de carburo con el que se alumbraban los oteranos por las noches.

"Se trajo desde una central eléctrica que había en Aspariegos propiedad de Aquilino Gato, costó 25 mil pesetas la traída, fue en octubre del 61".
FRANCISCO MONTERO.


El otro gran adelanto como era la carretera, era algo muy necesario porque antes era un sendero y en invierno se ponía impracticable de barro y agua debido a que había muchos humedales, a veces ni se podía pasar.

"Sobre el año 60 se inició la construcción de la carretera por medio de un contratista de Salamanca, Ramiro Gullón, era de una longitud de un kilómetro setecientos metros y se hizo a golpe de pico y pala. Costó 63.000 pesetas. La obra estuvo parada durante dos años. Ya se había construido más de un kilómetro, pero unos cuatrocientos metros antes de llegar al pueblo la carretera iba a ocupar parte de una finca próxima, a lo que la propietaria se opuso. La carretera quedó estancada aquí. Hubo un juicio y el ayuntamiento lo perdió, por lo que para pagar las costas y demoras hubo que parcelar en partes la pradera Valdecasas y que cada vecino arrendara una parcela para llevar allí el ganado y así poder sufragar los gastos del juicio.
Al cabo de un tiempo la buena señora, posiblemente con remordimiento de conciencia del perjuicio que causaba al pueblo con su negativa, dio autorización para que la carretera pudiera pasar por sus tierras y se diera por finalizada la obra". FRANCISCO MONTERO.


Aunque los primeros años 60 fueron buenos años para el pueblo, que incluso llegaron a conocer el teléfono cuando ya solo quedaban dos casas abiertas, no ocurrió lo mismo con los 70, en esta década se produjo una salida importante de vecinos buscando una mejor calidad de vida.
Villarrin de Campos y Villafáfila absorbieron casi a partes iguales a los oteranos que salieron del pueblo.

La disolución del ayuntamiento de Otero de Sariegos debido a que el pueblo fue mermando mucho de población fue el principio del fin para Otero. Los vecinos que quedaban optaron por votación incorporarse al municipio de Villafáfila. La Hermandad de Labradores se integró en la de Villafáfila, se hizo la concentración parcelaria, así que los vecinos que quedaron optaron por marcharse a los dos pueblos cercanos, donde había más comodidades y mejores servicios y desde allí podían seguir acudiendo a trabajar las tierras a Otero. Si a esto se le añade la falta de agua en las casas y el cierre de la escuela se comprenderá el ocaso de Otero de Sariegos.
Aun así dos personas mantuvieron un soplo de vida en el pueblo hasta no hace muchos años.

"Cuando ya nos marchamos todos se quedaron por un lado María Ares que era viuda y por otro Porfirio Alonso que estaba soltero. Si bien María en los últimos años pasaba un tiempo en Villafáfila y otro en Otero, no estaba de continuo allí y sin embargo Porfirio si vivía todo el año en el pueblo, por lo que se puede decir que Porfirio fue el último de Otero de Sariegos. Era un hombre de más de ochenta años que vivía sin agua en casa y un poco en precario. Se fue de Otero el día 21 de noviembre de 2003. La tarde anterior estuve yo en Otero, hablé un poco con él y ya me lo comunicó- ¨Al día siguiente por la mañana me marcho, no he salido nunca de Otero más que para ir al servicio militar pero con gran pesar me voy y ya no vuelvo nunca más-¨. Palabra que ha cumplido porque Porfirio con casi 95 años vive en la residencia de Benavente". FRANCISCO MONTERO.

Con su marcha dejó de salir humo en las chimeneas oteranas y el pueblo quedó sumido en el silencio.
Aun así los hijos de Otero y sus descendientes siguen acudiendo al pueblo el día 25 de abril para conmemorar la fiesta de San Marcos y que no se apague del todo la llama de Otero de Sariegos.
Las tierras siguen cultivadas por agricultores de Villarrin y Villafáfila y el pueblo aunque sea de refilón es muy frecuentado porque está en la zona de paso hacia los observatorios de aves que hay en las lagunas de Villafáfila. De hecho un palomar se ha rehabilitado como observatorio.


Visita realizada en abril de 2014 en compañía de Francisco Montero.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.



Llegando a Otero de Sariegos.



Entrando por el camino de Toro.



Calle de Otero de Sariegos. Llegando a la plaza.



La iglesia parroquial de San Martín de Tours. A la derecha pared que era utilizada por los jóvenes para jugar al frontón y rincón que también utilizaban las mujeres para sentarse a coser.



La escuela.

"Unos veinte niños llegó a haber en sus buenos tiempos. Cada niño nos teníamos que llevar algo para calentarnos en el interior en los días más fríos del invierno porque no había estufa. Solíamos llevar una especie de lata con brasas. El interior era simple: la mesa de la maestra, una pizarra, dos mapas en las paredes laterales, un armario y los pupitres en el centro.
Doña Demetria fue la maestra que estuvo más años. Era de las de antes, más exigente y estricta. Me acuerdo una vez que en el recreo un niño le trajo unas ramas de mimbreras muy bonitas como obsequio. La maestra tan contenta por el regalo y el niño también por haber agradado. Pero todo se fue al limbo enseguida, a los quince minutos de dar clase le sacudió una buena somanta de cachetes por una trastada que había cometido.
Después ya venían maestras más jóvenes recién terminada la carrera, apenas estaban un año y se iban a otro destino. Guardo muy buen recuerdo de doña Bernarda, tenía 23 años, solo estuvo un año aquí, pero aprendí mucho con ella". FRANCISCO MONTERO.





El teleclub. Primero fue sede de la Hermandad Sindical de Labradores y ganaderos. La llegada de la televisión supuso una pequeña revolución por la novedad. Las mujeres se venían por la tarde a ver los programas de entretenimientos de la época. También los jóvenes echaban partidas de cartas.



La fuente y pilón. Sufrió una transformación porque era cuadrado.



Pozo de agua y pila. Hasta aquí venían a lavar la ropa las mujeres oteranas. Había cinco o seis pilas. Ponían a secar la ropa en la pradera. Este agua era buena para poner en remojo los garbanzos, los ablandaba mejor que el agua de la fuente que era un poco más dura.



Palomar circular con patio interior ya en ruinas. Los palomares eran muy característicos de la Tierra de Campos, se dedicaban a la cría del pichón.

 
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Aldehuela de Santa Cruz ( Zaragoza)







También llamado Aldehuela de Grio. Es una pedanía de Santa Cruz de Grio, del que se encuentra a unos tres kilómetros. Situado en las alturas del valle que forma el río Grio en su margen izquierda.

Pueblo escalonado en una ladera a resguardo de los vientos. Estaba compuesto de unas quince viviendas orientadas hacía el sur.
Sembraban trigo, cebada y judías en sus campos, pero la base principal de la agricultura eran los olivos y las viñas. Para la elaboración del aceite acudían a los molinos de Santa Cruz de Grio (hasta cuatro molinos de aceite llegó a haber en este pueblo). En ocasiones hacían intercambio de aceite por harina con algunos pueblos del valle del río Perejil (Villalba, Belmonte, Mara).

Las viñas eran la otra fuente principal de producción. Gentes de Santa Cruz venían a comprar las uvas para elaborar el vino o también compraban el vino ya hecho como era el caso de la familia Torcal de Morata de Jalón.
A moler el grano se desplazaban indistintamente a los molinos de Tobed y Santa Cruz de Grio.
La ganadería tenía en las ovejas su punto fuerte.

Celebraban sus fiestas el 24 de agosto dedicadas a su patrón San Bartolomé con una duración de tres días.
La misa y la posterior procesión eran los actos religiosos en dicha festividad. El baile se hacía en el interior del salón dedicado para tal uso que en muchas ocasiones se quedaba pequeño debido a la gran cantidad de gente que acudía.

Músicos de Paniza, Morata de Jalón o Almonacid de la Sierra eran los encargados de poner la nota musical.
Con el vecino Viver de Vicort tenían una sana rivalidad que se hacía patente en las fiestas, pues así cuando los mozos de Aldehuela acudían por abril a las fiestas de San Jorge en Viver tenían por costumbre apagar todos los candiles que ese día iluminaban el pueblo y en particular el baile. Los mozos de Viver les devolvían la "pelota" cuando venían a la fiesta de San Bartolomé a la Aldehuela para lo cual bajaban hasta la fuente y allí desplazaban de sitio la piedra movible que había para acceder al interior de la cámara donde se limpiaba la fuente. La piedra, de buen volumen caía al interior de la cámara, con lo cual posteriormente los mozos de la Aldehuela tenían que hacer esfuerzos ímprobos para rescatar la piedra en el interior de la cámara dentro de un espacio reducido y volverla a poner en su sitio.

Tuvieron cura residente hasta la guerra civil, el cual fue ejecutado en la contienda. Posteriormente subía el cura de Tobed y en los últimos años se acercaba por allí el cura de Santa Cruz de Grio pero ya solo a oficiar misa con ocasión de las fiestas patronales.
Hubo escuela en la Aldehuela pero ya los últimos tres o cuatro niños que quedaban en el pueblo iban a la de Santa Cruz, lo que ocasionó que alguna familia de estos niños se mudara a vivir a Santa Cruz para evitar a los hijos el traslado diario a la escuela y desde allí podían seguir atendiendo las faenas agrícolas.
El médico venía de Santa Cruz en casos muy extremos, había que ir a avisarle y llevar una caballería para que se desplazara a la Aldehuela a visitar al enfermo. Si el caso no revestía gravedad era el enfermo el que iba a consulta a Santa Cruz. Del mismo pueblo venía el cartero a traer la correspondencia.
Iban a hacer compras a Santa Cruz de Grio adonde acostumbraban a llevar huevos para su venta.
Uno de los mayores inconvenientes que tenían en la Aldehuela era el que tenían las mujeres para lavar la ropa. Las tocaba desplazarse una medía hora de trayecto hasta el Barranco del Val con lo cual empleaban prácticamente todo el día para realizar el lavado y el secado de la ropa. Este hecho se mantuvo hasta los años 60 en que hicieron el lavadero en la parte baja del pueblo.

El pueblo se fue quedando sin población en las décadas de los 60 y los 70. Santa Cruz de Grio absorbió gran parte de la población de la Aldehuela debido a su cercanía. Allí podían vivir en un pueblo con más servicios e infraestructuras a la vez que podían seguir acudiendo a trabajar las tierras a la Aldehuela. Algunos fijaron su residencia en Tobed y otros dieron el salto hasta Zaragoza buscando un acomodo en la ciudad y un trabajo alejado del mundo rural. Pero no fue hasta mediados de los 90 cuando dejo de haber población permanente en La Aldehuela debido al fallecimiento de Silvestre Castillo Salanova en su propia casa. Fue el último de Aldehuela de Santa Cruz.


Agradecimiento a José María Gimeno descendiente de Aldehuela de Santa Cruz por parte materna. Ameno y cordial informante de todo lo relativo al pueblo. Investigador y cronista de toda la historia de Santa Cruz de Grio en sus diversas variantes. Plasmadas en una magnifica pagina web:josemariagimeno.es

Otra fuente de información: Vecino de Santa Cruz de Grio.

Visita realizada en marzo de 2009 y en compañía de José María Gimeno en septiembre de 2015.


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Iglesia de San Bartolomé. Fachada oeste.Esta puerta no es la original, anteriormente tenía su acceso por el lado sur. Los objetos de culto fueron trasladados a la iglesia de Santa Cruz de Grio.



Calle de Aldehuela de Santa Cruz.



El salón de baile en la planta baja y la planta de arriba la vivienda de la maestra.



La última casa que se cerró en La Aldehuela. Casa de los Castillo-Salanova.



Vista parcial del pueblo (barrio de La Solana). Preciosa panorámica con la disposición de las casas en hilera. Las fachadas traseras de las viviendas formaban calle con las fachadas delanteras del nivel superior.



La plaza de La Aldehuela. Aquí se encontraba la casa más pudiente del pueblo. Vivía en ella el matrimonio formado por Antonio Lahoz y Beni Roy. Emigraron a Zaragoza.



La casa del tío Paco (Francisco Lahoz). Estaba casado con María Romea originaria del pueblo de Ruesca. Se marcharon para Santa Cruz. A la derecha estaba adosada la fragua, de la que apenas queda la fachada de acceso. Unas veces venía el herrero de Santa Cruz (Primitivo o Celestino) y otras veces lo hacía el de Tobed.



Barrio bajo. Subiendo desde la fuente, la parroquial en lo alto. La casa del tío Paco a la derecha. En esta parte del pueblo, a la izquierda de la calle, estaba la escuela de la que apenas queda nada en pie.



La fuente de La Aldehuela. Abrevadero a la izquierda.


 
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Barués ( Zaragoza)







Pardina de considerable tamaño perteneciente a Sos del Rey Católico. Situada en la confluencia de los barrancos de Barués y Vandunchil llegó a contar con un número cercano a las treinta viviendas, con algo más de cien habitantes.

Se vivía de la agricultura por medio del cultivo de cereal (trigo y cebada principalmente) y de la ganadería con las ovejas como animal referente. Los carniceros de Sos acudían periódicamente por Barués para abastecerse de corderos para la venta de carne.
Un buen complemento era la caza, donde el conejo, la liebre, la perdiz o el jabalí suponían un alimento extra en las despensas de las casas.
Para proveerse de los productos que no tenían en la pardina se desplazaban a Sos o a Castiliscar a realizar compras.
Realizaban intercambio con unos vendedores ambulantes que venían de Sangüesa, les daban huevos a cambio de pescado y fruta.
Llegó a haber tres hornos en la pardina, pero cuando ya se dejó de hacer pan lo traían una vez a la semana desde Castiliscar en un remolque tirado por un caballo.
A moler el grano iban a Castiliscar o a la harinera de
Sangüesa (Navarra).

No tuvieron electricidad en Barués, los carbureros (lámparas de carburo) y los candiles de aceite y petróleo eran su fuente de iluminación.
El agua para consumo tenían que desplazarse a la fuente que estaba en el río (a 10 min.), allí también iban las mujeres a lavar la ropa, donde utilizaban la técnica de usar la ceniza del fuego para blanquear la ropa.

Todos los domingos se oficiaba misa en la iglesia de Barués. Los curas venían desde Sos del Rey Católico. Don Amado, don Benito y don José fueron algunos de los sacerdotes que celebraban los actos religiosos. Unos iban montados a caballo y otros andando.
En tiempos más recientes fueron sacerdotes de Castiliscar los que venían a dar misa. Entre otros don Máximo, don José y don Longinos.
El médico venia en caballería desde Sos.
El cartero residía en la pardina. Todos los días iba andando hasta Sos a recoger la correspondencia y la repartía además de en Barués, en Novellaco y Castillo Barués.

En fechas más recientes ya no había que desplazarse hasta Sos a por la correspondencia, sino que se recogía en Novellaco junto a la carretera, realizando tal cometido José Fuertes, siendo ayudado en la época veraniega por su hija Conchita. A la jubilación de este fue una mujer de casa La Arcona de Novellaco la que desempeño tal función, siendo la última en ejercer dicha tarea.
Había fragua en Barués (ya totalmente caída), el herrero vivía en la pardina (Leandro Sanjuán). En los últimos años el herrero venía de Petilla de Aragón.

San Gregorio era el patrón de Barués al que celebraban fiesta el 9 de mayo. Tenían una duración de tres días. Se sacaba al santo en procesión y se realizaba la bendición de los campos.
Muy típicas esos días eran las tortas que se hacían en el horno de casa La Victorina.
Había costumbre de plantar el mayo (árbol) en la calle. Se untaba en su parte baja de jabón y en su cúspide se ponía un pollo para el que consiguiera trepar a lo alto. Había buenos piques entre los mozos para ver quien conseguía el trofeo. Un año mientras que estaban todos en misa llegó un mozo forastero, no esperó a que se realizara el concurso, trepó por el tronco del árbol y se llevó el premio. Cuando salió la gente de la iglesia ya no había pollo alguno en lo alto del mayo.

Los bailes se hacían en el interior de casa El Fraile donde estaba la taberna. Los músicos venían desde Sos (trompeta, saxofón y violín), en fechas más recientes era un acordeonista de Castiliscar el que acudía para animar el baile.
Las dos pardinas cercanas (Novellaco y Castillo Barués) acudían casi en su totalidad a participar de las fiestas. Con las dos había muy buena relación, pero eso no quitaba para que hubiera también una sana rivalidad dentro de la gran armonía reinante:

"Castillo Barués es triste
Novellaco no lo es tant
y la pardina Barués se lleva la flor del campo".


En épocas pasadas llegó a haber dos tabernas, en casa Restituto y en casa Jarano, en la primera hacían baile los domingos con gramola y en la segunda lo hacían con gramófono. Al cerrar estas dos tabernas se abrió una en casa El Fraile donde también hacían baile para la juventud los domingos con la música de un gramófono.

Al finalizar la guerra civil ya empezaron las primeras familias a marcharse. Un éxodo constante fue mermando la población. Muchas familias como tenían casa en Sos para allí emigraron y desde allí podían seguir acudiendo a realizar las tareas del campo. Otros se fueron a los pueblos de colonización como Campo Real y unos pocos a Zaragoza.

La falta de perspectivas en el trabajo del campo, sobre todo para la gente joven y la ausencia de servicios básicos (luz, agua, carretera) fue lo que motivo a las gentes de Barués a empezar una nueva vida en otros lugares.
Aun así Barués se mantuvo con vida hasta los albores del año 2000 con la presencia allí permanente de los hermanos Gayarre (los Gayarricos), Marino y Jesús. Con el fallecimiento del primero que era soltero, Jesús optó por irse a vivir a Castiliscar por estar casado con una de allí, donde falleció hace unos años. Fueron los últimos de Barués, hablando de vivir allí de manera continuada, durante todo el año.
Los Gayarre contaron siempre con la vecindad de los dos hermanos Gale (Jesús y Magdalena) de casa El Aguau que aunque se trasladaron a vivir a Sos, todos los días acudían a la pardina donde pasaban gran parte del tiempo.

Ellos dos han sido los que han seguido manteniendo la presencia humana en Barués hasta la actualidad.
El día de San Gregorio no se dejó de celebrar nunca y actualmente se siguen reuniendo en Barués los antiguos vecinos de la pardina y sus descendientes para celebrar un día de convivencia y mantener viva la memoria de Barués. Se realiza una misa, un recuerdo a los fallecidos, la bendición de los campos y un convite todos juntos en los porches de la iglesia con productos alimenticios y bebidas aportados por las diferentes familias.

Visitas realizadas en marzo de 2009 y en mayo de 2015.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.



Barués visto desde arriba.



Calle de Barués. Centro neurálgico de la pardina. La taberna y la iglesia frente por frente.



La iglesia parroquial de Santa María, conocida popularmente como Santa Te. De planta rectangular y rodeada de un porche perimetral por su lados sur y oeste. Su elemento principal es su ábside de estilo románico. En 1954 adquirió categoría de parroquia. La pila bautismal fue donada por la familia Sánchez Remón de casa Isabelico. La imagen original de la Virgen se conserva en la iglesia de Sos.



Porche de la iglesia (el patín). Lugar de intensa vida social en la pardina. Sitio elegido para charlar entre la gente, para ponerse a resguardo en días de lluvia, para juegos de chapas (niños), juegos de barra, pelota y bolos (mayores).



Enfrente de la iglesia se sitúa casa El Fraile. Aquí estaba la taberna que había en la pardina. En la sala donde da el balcón era donde se realizaba el baile en las fiestas patronales, así como baile a nivel local los domingos por la tarde. Emigraron a Zaragoza.


Casa Isabelico. Nada queda de ella actualmente porque años atrás precisamente en la fiesta de San Gregorio vieron los vecinos como se venía abajo por completo. En una primera emigración se fueron a Sos para posteriormente trasladarse a Castiliscar.



Calle de Barués.



Muchas edificaciones agonizan lentamente. Se mantienen en frágil equilibrio por lo que se puede esperar lo peor en cualquier momento.



Casa El Santico.


 
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Castillo Barués ( Zaragoza)










Una de las pardinas más alejadas de Sos del Rey Católico es Castillo Barués. Situada sobre un meandro que forma el arroyo Valdunchil, de menor tamaño y entidad que la vecina Barués con la que tenían una estrecha relación.
Alrededor de quince viviendas llegaron a componer esta aldea en sus mejores tiempos.
Nunca llegó la electricidad hasta Castillo Barués. Los carbureros (lámparas de carburo) y los candiles de aceite y de petróleo les aportaban la iluminación.
Dedicados por entero a la labor agropecuaria, sus campos se sembraban principalmente de trigo y cebada. Para moler el grano se desplazaban hasta Castiliscar.

Cuadrillas de segadores murcianos aparecían en los meses de verano para trabajar en las duras labores de la siega.
La oveja era el animal mayoritario en la ganadería. Los carniceros de Sos eran los encargados de comprar los corderos resultantes en los rebaños.
Conejos, liebres o perdices que previamente se habían cazado suponían un añadido más en las cocinas de las casas.

La estrecha relación con Barués se debía a que para los oficios religiosos tenían que desplazarse hasta allí. Asimismo los niños en edad escolar tenían que recorrer diariamente los dos kilómetros y medio que había entre ambas poblaciones para asistir a la escuela de Barués.
Participaban de lleno en las fiestas de San Gregorio, patrón de Barués, el 9 de mayo.
A Casa El Fraile de Barués acudía la gente joven de Castillo los domingos por la tarde para participar de los bailes que allí se celebraban con música de gramófono.

De Barués acudía el cartero a repartir la correspondencia.
El médico lo hacía desde Sos del Rey Catolico.
Para realizar compras se desplazaban hasta Castiliscar que les pillaba más cerca que su cabecera municipal.

La cercanía (relativa) de Sos y Castiliscar desde donde podían seguir acudiendo a trabajar las tierras unido a la ausencia de servicios básicos (luz, agua, carretera, escuela, médico) propició que las gentes fueran marchando en busca de mejores comodidades. La mecanización del campo también supuso un hándicap para los más jóvenes, la tierra ya no daba trabajo para todos. Estos buscaron futuro en Zaragoza y Barcelona.
El matrimonio formado por José Vidagarin e Isabel Lejarre con sus tres hijos fueron los últimos de Castillo Barués. A principios de los años 80 cerraron la puerta de Casa Ripalda y marcharon para Sos.

Visitas realizadas en marzo de 2009 y septiembre de 2015.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Ya se avistan las primeras casas de la aldea. Camino delimitado por los muros de cultivo.



Entrando a Castillo Barués.



Otra visión de Casa Mínguez.



Casa Jovitos. Marcharon a Castiliscar.



Casa Mínguez y Casa Jovitos frente a frente formando una pequeña calle. Contrasta la magnitud y el volumen de una con otra.



Horno a la izquierda y paso cubierto sobre la calle, por donde se accedía a dos viviendas, en ruinas desde hace tiempo.



El sol de poniente refleja sus últimos rayos de luz sobre Casa Juan de Biel y sus construcciones auxiliares (corral, cuadra, pajar) dando una tonalidad en color oro a las piedras.



Entrando a la aldea por el camino de Barués.



Casa Ripalda, la última que se cerró en Castillo Barués. Portón de acceso al patio.


 
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Esco ( Zaragoza)






Agradecimiento extraordinario para José Luis Clemente, fundador de la Asociación pro reconstrucción de Esco, por su colaboración incondicional en la elaboración de este reportaje.



El tercero de los pueblos sacrificado por la construcción del pantano de Yesa fue el precioso pueblo de Esco (los otros dos son Tiermas y Ruesta), era el más pequeño de los tres pero fue el único que nunca ha llegado a quedarse completamente despoblado. De una casa siempre ha salido humo por la chimenea en los fríos días de invierno para enseñar a todos los que pasan a toda prisa por la carretera que Esco aunque ha estado agonizando durante muchos años no ha llegado a morir nunca, por lo menos en lo que se refiere a presencia humana.
Se presenta este pueblo de Esco en forma de media luna apoyado en un cerro denominado el Calvario. Formado por dos barrios (Alto y Bajo), se distribuyen sus 60 casas en tres calles (Baja, Media y Alta).

Buenas tierras de cultivo tuvieron a la vera del río Aragón (donde hoy se encuentran las aguas del embalse), dedicadas a cosechas de regadío como eran alubias, patatas, berzas, acelgas, tomates, etc. quedando las tierras más alejadas del río para el cultivo de secano (cebada, trigo y avena principalmente), mientras que los montes situados por encima del pueblo eran para el pastoreo de las ovejas, cabras y vacas.
Era un pueblo que gozaba de autosuficiencia, debido a los buenos productos que arrancaban a la tierra y a la calidad de la carne que criaban, donde no faltaba el cerdo, conejos, pollos y palomas, se consumía también carne de cordero que vendían las gentes que tenían ovejas y en menor medida carne de ternera que era más difícil de conseguir. Había una casa donde vendían pescado (casa Pellón) y otra donde estaba la tienda del pueblo (casa Tiopedro) y se podía adquirir un poco de todo en general, incluso hacían pan los de esta casa para la venta cuando la gente dejó de hacer su propio pan en los hornos que había en cada casa.

Además tenían dos bares, aunque en tiempos anteriores llegó a haber hasta cuatro.
A partir de los años 50, debido a la buena comunicación de autobuses que había en la carretera se desplazaban a Sangüesa a realizar las compras de más envergadura y a proveerse de plantas para los huertos.

Contaron con luz eléctrica en las casas desde antes de la guerra, proveniente de una pequeña central que había en Tiermas. A principio de los años 50 hubo una riada que se llevó la central por delante y tuvieron que volver a la luz de los carburos, hasta que sobre el año 57 se hizo un transformador para traer la luz desde Jaca.

No fue el mismo caso para el agua. Hubo un proyecto de llevar el agua hasta la entrada del pueblo, pero como quiera que el pueblo estaba sentenciado no se llevo adelante. El agua se traía en cántaros transportados en onganetas (cestos de mimbre), bien fuera en caballos o en burros. En las casas había tinajas de barro de unos ciento cincuenta litros y allí se almacenaba.

Hubo cura residente en Esco hasta el año 1950, a partir de entonces fue el de Sigüés el que venía a oficiar los oficios religiosos. También hubo siempre maestro y maestra residiendo en el pueblo, a partir del año 63 cuando ya había pocos niños en edad escolar, la escuela se hizo mixta y solo había maestra.
El cartero también residía en el pueblo, lo mismo que el herrero.
El médico venia desde Tiermas, lo mismo que el veterinario, en los últimos años ya el primero venia de Sigüés mientras que el segundo lo hacía desde Salvatierra de Esca.

Las fiestas patronales se celebraban el día de San Miguel (29 de septiembre), pero como era época de mucho trabajo con el ganado se cambiaron de fecha a principios del siglo XX, pasando a ser el día 30 de noviembre, para San Andrés.
Fiestas muy animadas, donde no faltaba el baile que se hacía en un salón de Casa Marcelo, amenizado bien por músicos del pueblo o bien por orquestas provenientes de otros pueblos, como eran los músicos de Lumbier.

No faltaban tampoco las rondas, donde los mozos tocando la guitarra y la bandurria cantaban jotas a las puertas de las casas y la comitiva recogía viandas que les ofrecían en cada casa (huevos, tocino, longaniza, etc.) con lo que realizaban una cena. Las mozas hacían chocolate para merendar y los más trasnochadores solían juntarse de madrugada, ya acabado el baile a comer unas migas hechas en el momento.
Cada 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen había costumbre de realizar una procesión a la ermita de la Virgen de las Viñas, distante unos 800 metros del pueblo, procesión que se repetía el último día de la Ascensión.

Los entretenimientos eran los propios de esa época, en los pocos ratos libres que había, los hombres iban a echar un trago de vino y jugar a las cartas en los bares, los mozos y mozas organizaban baile los domingos, se recurría a Judas (Matías Figoli) que tocaba la bandurria y a Rebolé que tocaba el violín, junto con algún mozo que trasteaba un poco la guitarra y ya tenían la orquesta. Cada mozo aportaba lo que podía y con eso pagaban a los músicos y hacían una merienda.

A pesar de la apacible vida del pueblo, la espada de Damocles ya pendía sobre Esco, puesto que desde 1930 ya estaba en marcha el proyecto de realizar el pantano, se les advirtió a los vecinos que no realizaran mejoras en las viviendas que no se las iban a pagar. A primeros de los años 50 se expropiaron las tierras más fértiles, que estaban junto al río, con lo que quitaron a las gentes su principal medio de sustento. En la ley de expropiación forzosa de 1953, incluyeron una cláusula en la que permitían que los expropiados pudieran pedir que se les expropiara otros bienes para sacar algún dinero y poder empezar de nuevo en otro lugar, puesto que las tierras inundadas no se pagaron a precio de oro, con lo cual no solo se quedaban sin su medio de vida de siempre sino que además no conseguían suficiente dinero para empezar una nueva vida en otro lugar. Se les animó a que el ayuntamiento pidiera la expropiación del pueblo, diciendo que si alguno quería volver podía hacerlo cuando quisiera, pero la realidad fue otra.

"Ya en 1978 solicitamos la reversión de la casa con mi abuelo y la respuesta fue el NO rotundo porque dicen que la expropiación fue voluntaria. Con posterioridad en 1998 inicié un contencioso contra la CHE y en 2006 el Tribunal Superior de Justicia de Aragón me dio respuesta negativa y por consejo del abogado no recurrí al Tribunal Supremo (si me hubiera tocado la lotería, de verdad que aún estaría pleiteando).
De siempre nos han indicado la prohibición de entrar en las casas y de ahí la frustración de no haber podido hacer nada legal para mantenerlas".
JOSÉ LUIS CLEMENTE.


Una decisión traumática para los pelaos (apodo con el que se conocía a los habitantes de Esco), el tener que dejar atrás toda una vida y unas raíces que se quedarían para siempre enterradas con la marcha de los vecinos.

"Yo muchas veces le comentaba a mi padre el porqué de no haber plantado cara. Las respuestas estaban claras: Eran otros tiempos, si se hubieran opuesto habrían mandado a la guardia civil a desalojarlos, simplemente hicieron lo que les aconsejaron, además les inculcaron que tenían que salir del pueblo para darles una vida mejor a sus hijos, en lo tocante a este tema ¿qué padre no se sacrifica por sus hijos? Así que la inmensa mayoría hizo lo que les dijeron, obrando de buena fe, y optaron por la salida, la gente fue marchando escalonadamente en cuanto pudieron hacerse con otra propiedad, puesto que les habían animado a salir diciéndoles que si alguno se arrepentía podía volver cuando quisieran, cosa que los posteriores dirigentes de la CHE no tuvieron en cuenta".
JOSÉ LUIS CLEMENTE.


A mediados de los años 60 había mermado mucho la población, pero aún en 1965 hubo un nacimiento en Esco, como fue el de Marisa Sánchez de Casa Cantón, la cual fue la última nacida en el pueblo.
También en el año 1965 hubo un hecho anecdótico, como fue el del primer coche que hubo en Esco, un Seat 850 propiedad de Mario Sánchez y María Momó de Casa Tiopedro.

Así las cosas, siguió viviendo gente en Esco hasta la década de los 70. Los pelaos marcharon en su mayoría a Pamplona y Zaragoza, algunas familias a San Sebastián, y alguna otra a Barbastro, Reus y Madrid.
Solamente Félix Guallar con su familia optaron por quedarse en el pueblo. Como tenían ovejas que era su medio de vida no quisieron marchar, Félix era originario de Casa Buyero pero al quedarse solos en el pueblo optaron por trasladarse a vivir a Casa Guallar, que reunía mejores condiciones. Félix falleció en 2010 pero tres de sus hijos (Félix, Baltasar y Evaristo) han continuado con el ganado y siguen dando presencia humana diariamente por las calles de Esco.
Los antiguos vecinos y sus descendientes solicitaron en algunos casos la reversión de las casas, a lo que no se les ha hecho ningún caso, lo que unido al deterioro acelerado que estaban llevando las casas y el patrimonio del pueblo, hizo que se organizaran y en 1999 crearon la Asociación pro reconstrucción de Esco, consiguiendo rehabilitar la ermita de la Virgen de las Viñas que se encontraba en ruinas, así como el cementerio y velar por los intereses del pueblo, como pudiera ser una recuperación y reconstrucción de los edificios, además de rescatar e impulsar las costumbres y tradiciones que había en el pueblo.

Para todo ello han creado una página web con toda la historia del pueblo, un blog, unos cuadernos con toda la toponimia de Esco y publican periódicamente el Heraldo de Esco (muy interesante esta publicación) donde dan cuenta de todas las actividades de la asociación, retazos de la historia del pueblo y todo tipo de noticias que están relacionadas con el pueblo.
Los escotanos que se fueron y sus descendientes se reúnen cada año el día 1 de mayo, donde celebran un día de confraternización, hacen una misa en la ermita, una comida campestre y otras actividades culturales y de entretenimiento, todo ello para que no se pierda la memoria y las raíces de Esco.

Para saber más sobre Esco, imprescindible visita a la página: http://www.deesco.org/

Visitas realizadas en diciembre de 1989, mayo de 2009, octubre de 2011, mayo de 2014 y mayo de 2017.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Vista de Esco desde el camino.



Calle Baja. Casa Lobera. En la década de los 40 la compró Dª Ramona Mayayo (antigua maestra de Esco) junto con su esposo. En los últimos años se trasladaron a ella los de Casa Orduna.



Escuela de Esco. La planta baja era la de niños y la planta de arriba la de niñas. En los años 60 cuando ya quedaban una docena de alumnos se hizo mixta.



Calle Media. Casa Momó. Era una de las casas fuertes del pueblo. Era una casa enorme, con muchas dependencias. Vivían tres hermanos en ella (Leopoldo, Alejandro y Rufina Odériz). Preciosa portalada con un rosal en el escudo situado en la clave del dintel, apenas visible ya. Esta inscripción unida a que había un rosal al lado de la puerta motivó que los mozos cuando iban de ronda cantaran esta jota cuando llegaban a la puerta de esta casa:
"En la puerta de Momó,
hay una rosera fina,
no puedes coger la rosa,
sin permiso de Rufina".




Iglesia parroquial de San Miguel.



Barrio Bajo. En primer lugar Casa Torrea, marcharon a Pamplona, al fondo Casa Ventura.



Barrio Alto. Precioso zigzagueo de la calle. Casa Buyero a izquierda y Casa la Escuela a derecha.



Barrio Alto. Casa la Escuela. Llamada así porque aquí estaba la antigua escuela de Esco. Al fondo el pantano de Yesa.



El pocete. Una de las numerosas fuentes que había en el término municipal de Esco. El abrevadero es de construcción anterior a la fuente.


 
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Junez ( Zaragoza)








A 550 metros de altitud, se sitúa este bonito despoblado de las Cinco Villas sobre una repisa rocosa unos metros por encima del barranco de Junez.
Se componía este barrio de Luna de catorce viviendas, iglesia, escuela y dos hornos para hacer el pan, uno comunal y otro en el interior de Casa El Rey.
Había tres trujales para hacer el vino. Eran de Casa El Rey, Casa Marco y Casa Laguarta.
Vivían básicamente de la ganadería (ovejas y cabras) y la agricultura (trigo y cebada principalmente).
A moler el grano iban al molino del pueblo de El Frago.
Nunca tuvieron luz eléctrica en las casas, ni tampoco agua, para lo cual iban a cogerla directamente del río Junez (a 200 metros), río al que acudían las mujeres a lavar.

Hubo cura residente en Junez hasta los años 40. Vivía en una dependencia de Casa El Rey llamada el Cuarto del cura. A partir de esos años venía de Luna, aunque solo lo hacía para celebraciones especiales como eran las fiestas, bodas o bautizos.
El médico también venía desde Luna cuando la ocasión lo requería.
El cartero, Matías, residía en Luna y llevaba la correspondencia a Junez y a Lacasta.

San Lorenzo era el patrón de Junez, pero al pillarles las fechas en plena temporada de trabajo en el campo, pasaron la fiesta grande al 13 de junio (San Antonio).
Tenían una duración de tres días. La misa era el principal acto religioso y el baile lo era en lo festivo. Se realizaba en la plaza amenizado por los músicos de Luna.
De Lacasta, Lacorvilla y El Frago era de donde acostumbraba a venir más juventud a participar de las fiestas juneras.
Ternasco, cabrito o pollo eran los platos principales esos días en la gastronomía para compartir con familiares y allegados.
Fiel a su cita de todos los años acudía Paulino desde Luna para poner un chiringuito con bebidas.
Algunos domingos por la tarde y festivos solían hacer baile a nivel local en el interior de Casa El Rey con una gramola propiedad de esta casa.

A Luna se desplazaban para realizar compras en los comercios que allí había.
Algún vendedor ambulante se dejaba ver por allí, como era uno que venía desde Erla vendiendo productos de menaje y de cacharrería.

La vida era bastante dura en Junez debido a la falta de servicios básicos, a los precarios accesos y a la lejanía del médico. Por ello el pueblo iba perdiendo población paulatinamente debido a que sus habitantes fueron tomando el camino de la emigración. A ello se le unió el cierre de la escuela cuando quedaban pocas familias, lo que obligó a tener que desplazarse a la de Luna a los pocos niños que quedaban.
Luna y Zaragoza fueron los destinos principales de los juneros para empezar una nueva vida.
Pascual Pérez de Casa El Pollo fue el último de Junez. Estuvo viviendo unos años en solitario hasta el año 1973 aproximadamente en que decidió trasladarse a vivir a Luna y desde allí seguía acudiendo diariamente a su pueblo a trabajar las tierras.

Agradecimiento a Conrado Alegre Gay, descendiente de la familia de Casa El Rey

Visitas realizadas en enero de 2001 y marzo de 2013.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.



Llegando a Junez. Amplios volúmenes de Casa Marco por su parte trasera. Profusión de vanos para recibir la luz solar. Tiene un piso más con respecto a su fachada delantera. El muro del corral forma una especie de muralla protectora.



Entrando en Junez por el viejo camino de Lacasta. Casa El Royo la primera en aparecer (había dos con el mismo nombre). Vivía en ella el matrimonio y cuatro hijos.


Casa Chan Antón. Fue la penúltima vivienda que se cerró en Junez. La habitaba el matrimonio formado por Emiliano que era originario de Lacasta y Carmen que era la heredera de la casa. Tuvieron tres hijos. Se marcharon a Luna.



Plaza de Junez. Suelo de piedra granítica natural. A la izquierda trujal de Casa El Rey, al fondo se deja ver Casa Marco.



Casa El Pollo, Casa Laguarta y Casa El Rey. Al fondo sobre un montículo, la parroquial.



La iglesia parroquial de San Francisco Javier. Atípica edificación casi cuadrangular que rompe un poco los moldes rectangulares con los que suelen estar construidas las iglesias. Espadaña de un solo ojo en su lado sur. La pila de agua bendita se trasladó a la iglesia de Santiago de la Corona en Luna.



Escalinata y portada de acceso al templo en arco de medio punto. Había una minúscula antesala antes de entrar a la nave. A la derecha granero de Casa El Rey.


Visión de la iglesia por su lado noreste.



Patio y galería solanera de Casa El Pollo. Al fondo había un paso elevado sobre la calle que ya desapareció.


 
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Lacasta ( Zaragoza)







Agradecimiento a Ángel Alegre de Casa Silvestre, alma máter de que Lacasta tenga un mínimo soplo de vida. Con su empeño y tesón está haciendo lo imposible porque el pueblo no caiga en el abismo del olvido.

Siempre tuvo muy difíciles los accesos esta recóndita población de las Cinco Villas, distaba catorce kilómetros de su cabecera municipal, el pueblo de Luna, y no conoció nunca una pista de acceso mientras estuvo con vida, seguramente el pueblo más aislado de toda la provincia de Zaragoza.
Unas doce casas conformaban este hermosísimo pueblo situado sobre una suave faja rocosa en los limites con la provincia de Huesca.
Alrededor de ochenta personas llegaron a vivir en Lacasta en sus mejores años, dedicados a la ganadería (ovejas y cabras) y la agricultura (trigo, cebada y avena principalmente).

Tratantes de Luna, Ayerbe y Huesca venían cada cierto tiempo a comprar cabritos y corderos.
Se recogían ramas verdes de chaparro, se juntaban en fajos y se almacenaban para dar de comer en invierno a las ovejas.
Algunas familias eran fabricantes de carbón, el cual lo obtenían de las ramas de encina. Una vez elaborado lo vendían en Luna, Ayerbe y Biel entre otros pueblos.

En la época de trilla se daba la particularidad de que venían gentes desde el pueblo de Ejea de los Caballeros a trillar para poder llevarse la paja con la cual dar de comer a sus animales, pues allí escaseaba el cereal.
Tres maquinas aventadoras traídas a lomos de caballerías hicieron un poco más fácil la trilla en los últimos años de vida en el pueblo.
A moler el grano se desplazaban al molino de El Frago o al de Biel, a seis horas de distancia.
Algunas familias poseían olivos y llevaban la aceituna a moler a Santa Eulalia de Gállego para obtener aceite.
Varias casas tenían trujales para hacer vino.

Nunca conocieron la luz y el agua en las casas, ni buenas comunicaciones para desplazarse a pueblos cercanos, ni un carro ni un tractor llegaron nunca hasta las puertas de Lacasta. Como avance de la modernidad solamente la llegada de un transistor permitió a los vecinos estar un poco más al día de lo que ocurría en el exterior. Fue comprada por Félix Alegre de Casa Silvestre y supuso todo un acontecimiento en el pueblo, especialmente entre las personas más mayores que nunca habían visto un aparato semejante.

"La compró mi padre en Ayerbe, era una radio Philips. Para ello vendió treinta y seis corderos. En las tardes-noches de verano se juntaban las gentes en la plaza de la fuente a escuchar lo que transmitía aquel aparato innovador en aquellos años". ÁNGEL ALEGRE.

Los candiles de aceite, las velas y las teas fueron las fuentes de iluminación en las viviendas castinas.
El candil de carburo solo se usaba en ocasiones especiales como eran las fiestas o visitas familiares.

Celebraban sus fiestas patronales para la Virgen de Agosto (día 15). Dos días duraban. Se celebraba una misa y acto seguido una procesión.
En las casas había costumbre de matar un par de pollos o un cordero para tan celebrada ocasión. No se quedaba ningún forastero sin comer, de ello se encargaban los castinos, se disputaban en el buen sentido para llevarse a casa a alguna persona que no hubiera encontrado acomodo en la comida o cena.
Subía Paulino desde el pueblo de Luna y montaba un bar en la escuela para estas fechas.

Solía venir la juventud de Júnez, El Frago y Lacorvilla, también de Agüero (Huesca) acudían algunos jóvenes. Todos ellos participaban del baile que se celebraba en una era, el cual era amenizado por los músicos de Luna con Alejandro y su acordeón a la cabeza, acompañado de guitarra y bandurria.
Para San Jorge, el 23 de abril también tenían día festivo. En esa ocasión iban todos a la era Jorge y allí realizaban una comida y un poco de baile. En esta era había un frontón de dos caras.

Otra fiesta muy celebrada eran los Carnavales. Se colocaban calabazas huecas con velas en su interior en las ventanas de cada casa. Los jóvenes iban casa por casa tocando la música y cantando canciones y les daban huevos, tocino, longaniza, etc. Con ello preparaban una suculenta cena en alguna casa.

"Ramón de Casa El Maestro tenía un laúd y Aurelio de Casa Gregorio tenía una guitarra. En las noches de verano ambos se ponían en el balcón de sus respectivas viviendas a tocar los instrumentos. Era muy emocionante en el silencio de la noche escuchar las melodías que entonaban en una especie de pique sano, terminaba uno y empezaba el otro". ÁNGEL ALEGRE.


Mosén Victorino venía desde el pueblo de El Frago a oficiar misa una vez al mes. Había que ir a buscarle con un burro y llevarle de vuelta una vez terminado.

"A últimos de los años 40 vino el obispo de Jaca, don José María Bueno Monreal a dar la confirmación a los niños y niñas. Ese día todos con sus mejores ropas y el pueblo bien adecentado. Hubo que ir a buscarle con un burro hasta El Pinarón en término de Agüero ya que de allí ya no podía pasar un vehículo. Comió en nuestra casa, puesto que mi padre era el alcalde pedáneo". ÁNGEL ALEGRE.

El médico venia desde Luna, había que ir a buscarle con una caballería. En algunos casos se agravaba mucho la situación del enfermo, porque entre bajar a buscar al médico, que éste estuviera disponible y vuelta a Lacasta podían haber transcurrido más de seis horas, que en algunos casos podían resultar fatales.
El cartero, Matías, venía desde Luna, aunque más tarde fijó su residencia en Casa Montori de Lacasta y acudía a Luna a recoger la correspondencia. Llevaba a su cargo también el pueblo de Júnez.

Para realizar compras se desplazaban en contadas ocasiones a Luna o Agüero. Algún vendedor ambulante se dejaba ver por Lacasta como era Faustino, un gallego que iba con una cesta de mimbre y vendía mantequilla y chocolate entre otros productos y a su vez compraba huevos.
Otro vendedor llegaba en un burro vendiendo telas, hilos, agujas y paños.

"Los gitanos venían una o dos veces al año, se les esperaba como agua de mayo puesto que eran muy apañados, hacían cestas, restañaban ollas, arreglaban botijos, etc. ÁNGEL ALEGRE.


Con todo ello, la vida seguía siendo muy dura en Lacasta, los servicios básicos no llegaban, la lejanía de Luna, los difíciles accesos y la industrialización de las grandes ciudades fue llevándose a todos los castinos en un lento goteo migratorio.
Se repartieron principalmente por Luna, Zaragoza, Barcelona y algunos pueblos de colonización.
Hacia 1973 se marchó el último habitante que quedaba en Lacasta, un hijo de Casa Silvestre (Juan Alegre).
Posteriormente nuevos descendientes de esta casa dieron un nuevo soplo de vida al pueblo con su presencia allí durante grandes temporadas donde mantuvieron ganadería hasta los años 90.

"A principios de los 80 le propuse a mi hermano Juan volver a dar vida a Lacasta. Aceptó y se vino con mi madre. Yo iba todos los fines de semana. Compramos cabras y ovejas, hicimos una amplia nave para el ganado, llevamos un vehículo oruga y acondicionamos el camino puesto que no se podía llegar hasta allí si no era con tractor. Arreglamos los tejados de las casas y pusimos el pueblo muy apañado. Pasamos unos años muy buenos pero una enfermedad de mi hermano hizo que tuviéramos que vender todo y dejar el pueblo". ÁNGEL ALEGRE.


Hace unos cinco años Lacasta saltó a la fama por ser noticia en prensa y televisión de que se ponía en venta el pueblo. Noticia que no era del todo cierta, porque era solo una parte del pueblo: cuatro casas, algunos corrales y unas hectáreas de terreno. Esto lo habían comprado anteriormente unas gentes de Madrid con la idea de hacer allí algún tipo de turismo rural alternativo pero desistieron de la idea por no verlo viable y lo pusieron en venta.

Visitas realizadas en enero de 2001 y en marzo de 2013.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.




Llegando a Lacasta. Casa Gregorio la primera en verse.



Magnifica belleza la que atesora la fachada de Casa Silvestre. De amplios volúmenes. Puerta de la vivienda en arco de medio punto y entrada a la cuadra (puerta azul). Balcones en la planta superior. Tejado a tres vertientes. Aquí se alojaban de patrona algunas maestras y pernoctaba la pareja de la guardia civil cuando estaba de ronda por estos lugares.
Félix Alegre y Emilia Bernués eran sus propietarios. Se marcharon a Luna.




Horno comunal.



La fuente de Lacasta. Hueco en arco apuntado. Tejadillo inclinado de madera. En ocasiones en verano se secaba y había que ir a buscar el agua a Pozo Roya, a cinco minutos del pueblo.



La espléndida iglesia parroquial de San Nicolás de Bari. De una sola nave. Espadaña de dos vanos. Situada en lo más alto del pueblo, construida sobre la pura roca. Delante y delimitado por el murete los restos del cementerio junto al olivo.



Portada de acceso al templo. Según García Omedes, experto del románico aragonés, lleva la firma del maestro de Agüero, escultor y arquitecto del siglo XII que dejó su huella en numerosas iglesias románicas de las Cinco Villas, de zonas limítrofes de Navarra y Huesca.



Pila bautismal. A decir de García Omedes una pequeña obra de arte. Su borde interior está decorado con moldura de bocel.



La escuela de Lacasta. Quedaba en la planta baja. La de arriba era la vivienda de la maestra. Una quincena de niños y niñas acudían en los años 50. Palmira, Maruja e Irene del pueblo de Castiliscar que fue la última, son algunas de las maestras que se recuerdan.



El Castillazo, era propiedad de Casa Castán y se usaba como granero y corral. El acceso se hace por un pequeño puente de piedra. En el extremo de este espolón rocoso parece ser que hubo un castillo en tiempos remotos del que nada queda.



 

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