El rey que no amaba a la monarquía

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Bartolo VI acabara como su antecesor AlfonsoXIII por hacer lo mismo, meterse en camisas de once varas. El tiempo del absolutismo ha pasado, pero como es un ser soberbio e idiota caera de cuatro patas.
 

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Bartolo VI acabara como su antecesor AlfonsoXIII por hacer lo mismo, meterse en camisas de once varas. El tiempo del absolutismo ha pasado, pero como es un ser soberbio e idiota caera de cuatro patas.

Pero la ignorancia en ciertos sectores es muy grande. Aquí mismo ha habido y hay opiniones de apariencia contundente que afirman la facultad del rey para hacer y deshacer a su gusto, así, sin más. Parece mentira que monárquicos aparentemente convencidos no tengan ni idea de las atribuciones concedidas a ese ser que entronizan.

Sí, el tiempo del absolutismo ha pasado, pero Felipe de Borbón es un ser imbuido de una soberbia fuera de serie. Siempre, desde sus tiempos mozos, me ha parecido así, disimulando claro, pero se está viendo que no iba muy equivocada.
 
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Pero la ignorancia en ciertos sectores es muy grande. Aquí mismo ha habido y hay opiniones de apariencia contundente que afirman la facultad del rey para hacer y deshacer a su gusto, así, sin más. Parece mentira que monárquicos aparentemente convencidos no tengan ni idea de las atribuciones concedidas a ese ser que entronizan.

Sí, el tiempo del absolutismo ha pasado, pero Felipe de Borbón es un ser imbuido de una soberbia fuera de serie. Siempre, desde sus tiempos mozos, me ha parecido así, disimulando claro, pero se está viendo que no iba muy equivocada.

El primo siempre tuvo razón! Gracias a @Eleonora de Toledo , Rescato tu post:


David Rocasolano: El Rey de España Felipe VI es peor que Juan Carlos I, en lo relativo a cinismos, mentiras, falacias y tomaduras de pelo
Publicado por lasmonedasdejudas el junio 22, 2015
Publicado en: Opinión.
David Rocasolano, abogado de profesión, es el primo Letizia Ortiz Rocasolano. David ha escrito un libro titulado “Adiós princesa” y ha opinado sobre el primer año de reinado de El Rey de España Felipe VI.



David Rocasolano se sintió profundamente decepcionado con Felipe VI por su cambio de actitud Le tenía cariño, sí. Le tengo respeto como persona. Como príncipe me importa un bledo… Por otro lado Felipe me ha demostrado como se las gasta, y no tengo ahora buena opinión de él. Me parece uno más.
Y en un mensaje publicado por David Rocasolano el día 7 de Junio de 2015 en el foro http://www.cotilleando.com/ comenta lo siguiente:
En el fondo me parece que este Rey (Felipe VI) es peor que el anterior (Juan Carlos I), en lo relativo a cinismos, mentiras, falacias y tomaduras de pelo.
Promete transparencia y manda limpiar las ventanas de su casa (la que han pagado todos los ciudadanos. Pide ser ejemplar en sus comportamientos (pero en los demás); porque para lo suyo no se lo aplica. Su falsa prudencia resulta que no es mas que incapacidad, que demuestra día a día camuflando de modernidad lo que es descontrol. Los negocios son los mismos, porque cuando algo funciona no se cambia.
No debió ser Rey – al menos hasta que el anterior (Juan Carlos I) estirará la pata- porque no hay nada peor que creerse el presidente de una comunidad de propietarios pero sin pagar tu cuota de comunero.


Felipe VI intenta representar la unidad de España, cosa que es evidente que no se lo cree ni el mismo (la cosa no está para creerselo). Él. no es moderador de nada; porque mucha gente no le toma en serio (me refiero a políticos).
A estas alturas él me parece todavía más hipócrita y cínico que ella (Letizia).Pero son cosas de familia. Son 10 años haciendo el hipócrita )ambos los dos), y 10 años protegidos por los medios (de comunicación) Pero por eso “estamos a lo que estamos”. Felipe no va a domar a Letizia; Felipe o se adapta o se divorcia – cosa que no va a hacer: se llama resignación.
Yo no quiero hacer nada ya. No me interesa por decirlo de alguna manera. Al final el que hace algo – es un pirado, un loco, un traidor, un rencoroso, un delincuente (y sino lo es que lo parezca).. Por eso no respondo a ninguna pregunta. Así es como funciona el “sistema”, si se puede llamar así. Y así es como seguirá funcionando, bajo la apariencia de una pseudodemocracia ( ya solo diciendo esto eres un loco).
 
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Pero la ignorancia en ciertos sectores es muy grande. Aquí mismo ha habido y hay opiniones de apariencia contundente que afirman la facultad del rey para hacer y deshacer a su gusto, así, sin más. Parece mentira que monárquicos aparentemente convencidos no tengan ni idea de las atribuciones concedidas a ese ser que entronizan.

Sí, el tiempo del absolutismo ha pasado, pero Felipe de Borbón es un ser imbuido de una soberbia fuera de serie. Siempre, desde sus tiempos mozos, me ha parecido así, disimulando claro, pero se está viendo que no iba muy equivocada.

Cuando quiso forzar su matrimonio con alguien no apropiado, no apareció nada más ni nada menos que en el día de la fiesta nacional.

Ese día.

Ahí tienen el amor a la patria.

El año tiene 365/6 días para hacer una pataleta de niño mimado.

Luego ya que bese la bandera y tal, pero eligió “desaparecer” ese día.

Pero está “muy preparado”
 


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Muchas gracias
Con tu permiso cuelgo el artículo completo aquí

La traición de Felipe VI al pueblo y la democracia debe tener respuesta en forma de referéndum
«…cada cual tiene su papel institucional y al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más»
Por
Manuel Domínguez Moreno / José Antonio Gómez
-
26/09/2020
8

https://www.facebook.com/sharer.php...-debe-tener-respuesta-en-forma-de-referendum/
https://twitter.com/intent/tweet?te...spuesta-en-forma-de-referendum/&via=diario_16




Devolver lealtad con traición. Esa es una característica del ADN de los Borbones. Juan Carlos I lo hizo con los hombres que le aguantaron en el trono en los momentos más difíciles de la Transición. Nombres como Torcuato Fernández Miranda, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Sabino Fernández Campo o Adolfo Suárez son los ejemplos de la traición borbónica.

Esta semana hemos visto un nuevo ejemplo con Felipe VI, cuando ha abierto un nuevo frente al Gobierno a causa de su ausencia en el acto de entrega de despachos a los nuevos jueces y juezas, frente que, por supuesto, está siendo utilizado por el Partido Popular y por Vox para lanzar una nueva andanada a la línea de flotación del Ejecutivo. Todo ello, además, ha contado con la complicidad de Carlos Lesmes, el caducado presidente del Consejo General del Poder Judicial que no ha hecho otra cosa que echar más leña al fuego. «Os habéis pasado tres montañas», dijo el ministro de Justicia a Lesmes, al ser un atónito testigo de la rebelión de los jueces contra el Gobierno.
Si el presidente del CGPJ no está en consonancia con el Ejecutivo elegido por el pueblo no tiene más que dimitir porque lo contrario, posicionarse en la trinchera de la oposición, no es más que subvertir uno de los valores intrínsecos de la Justicia que él, en teoría, está obligado a defender: la imparcialidad.

En los últimos meses, mientras la ciudadanía española asistía escandalizada a las noticias e investigaciones sobre el patrimonio, el cobro de comisiones, la creación de empresas pantalla o de la ocultación a Hacienda de millones de euros por parte de Juan Carlos I, Felipe VI obtuvo el amparo de la parte socialista del Ejecutivo. Algo incomprensible para algunos, pero que, al fin y al cabo, fue un acto de lealtad institucional.

Sin embargo, el Rey ha devuelto esa lealtad con una traición, lo que le ha puesto en el mismo lado de la ultraderecha porque es inaudito que un Jefe del Estado se enfrente al Gobierno, a los representantes del pueblo, dando la idea de que no está de acuerdo con lo que decidieron los españoles y españolas en las urnas ni, por supuesto, con las decisiones adoptadas por el Parlamento.

La vicepresidenta primera del Gobierno del Estado español, Carmen Calvo, en un acto celebrado en Sevilla en el día de ayer con motivo del 40 aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad andaluza, ha respondido a la polémica con altura política y con conocimiento de la Constitución, dado que ha pronunciado unas palabras ceñidas a la perfección a que cada cual tiene su papel institucional y «al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más». Una respuesta sosegada, valiente.

Si Felipe VI es capaz de traicionar a un Gobierno que le defendió en unos momentos críticos para la Monarquía, ¿qué puede esperar el pueblo de una persona que siempre se ha puesto de perfil ante los asuntos que verdaderamente preocupan a las personas?
¿Qué puede esperar la ciudadanía de un Rey que monta el escándalo que ha montado porque el Gobierno ha decidido que la situación no era la adecuada para una visita real a Cataluña?
¿Qué ocurrirá cuando el asunto de discordancia sea más grave?
¿Comenzará a reunirse con generales, como hizo su padre, para crear un Gobierno de Concentración Nacional como el que quería Vox con Felipe González al frente?
¿Qué papel de influencia juega la reina Letizia, la periodista que llegó a la Zarzuela siendo pueblo, en la defensa de los valores de la democracia?
¿No tiene nada que decir o es que su papel ha quedado reservado a un problema de ambición personal y familiar?


Felipe VI ocupa su cargo porque le han puesto ahí, no porque el pueblo le haya votado. Por tanto, no tiene ningún tipo de legitimidad democrática para enfrentarse a un Ejecutivo que sí fue elegido por la ciudadanía.
Cualquier diputado o senador es más legítimo que el Rey, incluidos los que representan a la extrema derecha. Felipe VI es Jefe del Estado español porque un dictador decidió que la institución que debía sucederle era la monárquica.

Ni Pedro Sánchez, ni el resto de su Gobierno, pueden dejar pasar una traición de este tipo. Todos ellos sí disponen de la legitimidad democrática que Felipe VI no tiene y, por tanto, están moralmente obligados a iniciar todos los procesos legales para la convocatoria de un referéndum para que los españoles y españolas con derecho a voto decidan sobre el modelo de Estado, algo que debió ocurrir cuando se sometió al refrendo la actual Constitución.

La Carta Magna, en ningún modo, legitima a la actual Jefatura del Estado, dado que, en primer lugar, no fue refrendada por el pueblo (se aplicó un «trágala» en toda regla basado en la máxima «la democracia sólo será posible si hay un rey») y, en segundo término, la propia Constitución derogó la Ley de Sucesión de Franco, lo cual anulaba legalmente la decisión del dictador y, por tanto, el nombramiento de Juan Carlos I.

La Disposición Derogatoria afirma lo siguiente: «Queda derogada la Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política, así como, en tanto en cuanto no estuvieran ya derogadas por la anteriormente mencionada Ley, la de Principios del Movimiento Nacional, de 17 de mayo de 1958; el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945; el del Trabajo, de 9 de marzo de 1938; la Ley Constitutiva de las Cortes, de 17 de julio de 1942; la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, todas ellas modificadas por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967, y en los mismos términos esta última y la de Referéndum Nacional de 22 de octubre de 1945».

Con esta disposición, es normal que se manipulara al pueblo para mantener a la Monarquía al precio que fuera, tal y como reconoció Adolfo Suárez en una entrevista. En concreto, el expresidente dijo que «cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…, hacíamos encuestas y perdíamos». Para evitar dar la voz al pueblo español incluyeron la palabra rey y monarquía en la Ley de Reforma Política y así justificaron que ya se había hecho un referéndum, algo que, como se ve, no fue así. En segundo término, para terminar de culminar la manipulación, no dieron la oportunidad de que los y las ciudadanas españolas pudieran elegir el modelo de Estado en el referéndum de 1.978 sobre la Constitución.

Por tanto, llegó la hora. El Rey ya ha colmado la paciencia de la ciudadanía con su patológica actitud de ponerse de perfil ante los verdaderos problemas de los españoles y españolas y sólo reaccionar ante el referéndum catalán con un discurso más propio de Santiago Abascal que de quien debería ser neutral desde un punto de vista político.

Esta semana Felipe VI ha entrado en política y eso no está dentro de sus funciones, más aún desde la disputa constitucional.

Qué triste es que un Jefe del Estado se haya enfrentado a un Gobierno elegido democráticamente.
 
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LO QUE ME HE REIDO!!!!!!!

El fin de la monarquía española (2020-2040)
  • El siguiente texto fue copiado de Wikipedia el 13 de diciembre de 2041
Jose A. Pérez Ledo
@mimesacojea

1601136642660.jpeg

11 de agosto de 2020 22:06h 40

El reinado borbónico sufrió una lenta decadencia a lo largo del siglo XXI, encontrando su abrupto final en el año 2040 con la proclamación accidental de la república.

Existe un amplio consenso entre los historiadores al señalar el traslado de Juan Carlos I a la Estación Espacial Internacional, en enero de 2021, como el principio del fin de la monarquía española.

Felipe VI, el mediano de los 3.741 hijos de Juan Carlos I y también el único oficial, consigue mantenerse lejos de los escándalos de su padre durante años. Lo hace gracias a sus continuos viajes a Benidorm, donde se deja fotografiar con españoles de constitución física desmejorada.

El escándalo, sin embargo, terminará por alcanzarle. En junio de 2026, un diario revela que la declaración de la Renta de Felipe VI lleva 25 años dándole a devolver una media de 40 millones de euros anuales. Una inspección posterior encuentra ciertas anomalías contables. Se descubre que el monarca está dado de alta en autónomos (pagando la tarifa más baja) y que tiene contratada a toda la población de Murcia por razones poco claras. La fiscalía descubre que ni un solo murciano está al corriente de esto, si bien tampoco están al corriente de muchas otras cosas.

El monarca, asediado, decide seguir el ejemplo de su padre. Comparece en televisión vestido de uniforme y ordena a los militares sublevados que acaten la Constitución. Es una situación ciertamente incómoda, dado que no hay ningún militar sublevado. Por primera vez en la historia de España, se empieza a sugerir que los reyes tengan que pasar un test psicotécnico antes de acceder al trono. Esto, sin embargo, implicaría alterar la Constitución sin que los bancos ganen dinero, cosa que la Constitución prohíbe expresamente.

Felipe VI cae en un estado de melancolía que pronto deriva en un comportamiento errático impropio de un rey. Se le ve en un Alcampo comprando yogures, y, solo unos días después, intenta devolverlos alegando que Villarejo le ha metido trozos de fruta dentro. A pesar de que el encargado le asegura que ya llevaban fruta cuando los compró, la inviolabilidad del monarca hace que acaben devolviéndole el dinero.

Para entonces la popularidad de Felipe VI es tan baja que llama a Pablo Motos para ir al El Hormiguero y Trancas le dice que no puede ponerse. En 2028, una encuesta del diario ABC asegura que el 98% de sus lectores son monárquicos, lo que da un total de 5 personas, 7 menos de las que estima el CIS.

Felipe VI vuelve a echar mano de las enseñanzas de su padre y, desesperado, dispara a un elefante. Lamentablemente, yerra el tiro y mata a un zoólogo en prácticas. Aunque nadie sabe muy bien para qué sirve un zoólogo, no deja de ser una persona, y este incidente acaba por darle la puntilla al reinado de Felipe VI.

En 2030, Leonor de Borbón y Ortiz se convierte en Reina de España adoptando el nombre de Leonor II. Ese mismo día anuncia su compromiso con el batería de Taburete, con quien lleva manteniendo una relación secreta desde la adolescencia. Esto causa gran estupor, ya que nadie se lía nunca con el batería.

Leonor II, ajena a las críticas, contrae matrimonio en La Almudena. A la ceremonia asisten los más destacados amigos de la familia Real, que no pueden quedarse mucho porque tienen que volver a dormir a la cárcel.

El rey consorte, cuyo nombre nadie consigue recordar, pide ser denominado Billy Bad King, The Motherfucker Boss of Spain, título que pasa a ser oficial a pesar de las quejas de la RAE por los “préstamos innecesarios”.

El reinado de su majestad Leonor II y don Motherfucker será extremadamente breve. Un día después de la boda, la reina anuncia que se coge una excedencia. La Constitución no contempla tal supuesto, pero Leonor II y su esposo se marchan igualmente, instalándose en un ático de 500 metros cuadrados en el SoHo. En su nueva vida en Manhattan, Leonor II montará una tienda de productos ecológicos mientras que Motherfucker se enamorará de su dealer y se mudará con él a San Francisco, donde siguen residiendo en la actualidad.

Diez años después del abrupto éxodo de la familia real, España vota en referéndum si desea implementar una monarquía rotatoria, al modo de las comunidades de vecinos, o se inclina por la república. Un desafortunado error tipográfico en las papeletas hace que gane la república, pero la francesa. Así, Juan González e Hijos Artes Gráficas S.L., responsables de la impresión, hacen realidad el sueño que Napoleón Bonaparte no pudo ver en vida. Hoy, España es la región más pobre de Francia y también la que peor francés habla.

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https://www.eldiario.es/opinion/zon...la-2040-humor-ficcion-satira_129_6159232.html
 
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La traición de Felipe VI al pueblo y la democracia debe tener respuesta en forma de referéndum

«…cada cual tiene su papel institucional y al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más»


Por
Manuel Domínguez Moreno / José Antonio Gómez
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26/09/2020

1601137932006.jpeg

Devolver lealtad con traición. Esa es una característica del ADN de los Borbones. Juan Carlos I lo hizo con los hombres que le aguantaron en el trono en los momentos más difíciles de la Transición. Nombres como Torcuato Fernández Miranda, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Sabino Fernández Campo o Adolfo Suárez son los ejemplos de la traición borbónica.

Esta semana hemos visto un nuevo ejemplo con Felipe VI, cuando ha abierto un nuevo frente al Gobierno a causa de su ausencia en el acto de entrega de despachos a los nuevos jueces y juezas, frente que, por supuesto, está siendo utilizado por el Partido Popular y por Vox para lanzar una nueva andanada a la línea de flotación del Ejecutivo. Todo ello, además, ha contado con la complicidad de Carlos Lesmes, el caducado presidente del Consejo General del Poder Judicial que no ha hecho otra cosa que echar más leña al fuego. «Os habéis pasado tres montañas», dijo el ministro de Justicia a Lesmes, al ser un atónito testigo de la rebelión de los jueces contra el Gobierno. Si el presidente del CGPJ no está en consonancia con el Ejecutivo elegido por el pueblo no tiene más que dimitir porque lo contrario, posicionarse en la trinchera de la oposición, no es más que subvertir uno de los valores intrínsecos de la Justicia que él, en teoría, está obligado a defender: la imparcialidad.

En los últimos meses, mientras la ciudadanía española asistía escandalizada a las noticias e investigaciones sobre el patrimonio, el cobro de comisiones, la creación de empresas pantalla o de la ocultación a Hacienda de millones de euros por parte de Juan Carlos I, Felipe VI obtuvo el amparo de la parte socialista del Ejecutivo. Algo incomprensible para algunos, pero que, al fin y al cabo, fue un acto de lealtad institucional.

Sin embargo, el Rey ha devuelto esa lealtad con una traición, lo que le ha puesto en el mismo lado de la ultraderecha porque es inaudito que un Jefe del Estado se enfrente al Gobierno, a los representantes del pueblo, dando la idea de que no está de acuerdo con lo que decidieron los españoles y españolas en las urnas ni, por supuesto, con las decisiones adoptadas por el Parlamento. La vicepresidenta primera del Gobierno del Estado español, Carmen Calvo, en un acto celebrado en Sevilla en el día de ayer con motivo del 40 aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad andaluza, ha respondido a la polémica con altura política y con conocimiento de la Constitución, dado que ha pronunciado unas palabras ceñidas a la perfección a que cada cual tiene su papel institucional y «al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más». Una respuesta sosegada, valiente.

Si Felipe VI es capaz de traicionar a un Gobierno que le defendió en unos momentos críticos para la Monarquía, ¿qué puede esperar el pueblo de una persona que siempre se ha puesto de perfil ante los asuntos que verdaderamente preocupan a las personas? ¿Qué puede esperar la ciudadanía de un Rey que monta el escándalo que ha montado porque el Gobierno ha decidido que la situación no era la adecuada para una visita real a Cataluña? ¿Qué ocurrirá cuando el asunto de discordancia sea más grave? ¿Comenzará a reunirse con generales, como hizo su padre, para crear un Gobierno de Concentración Nacional como el que quería Vox con Felipe González al frente? ¿Qué papel de influencia juega la reina Letizia, la periodista que llegó a la Zarzuela siendo pueblo, en la defensa de los valores de la democracia? ¿No tiene nada que decir o es que su papel ha quedado reservado a un problema de ambición personal y familiar?

Felipe VI ocupa su cargo porque le han puesto ahí, no porque el pueblo le haya votado. Por tanto, no tiene ningún tipo de legitimidad democrática para enfrentarse a un Ejecutivo que sí fue elegido por la ciudadanía. Cualquier diputado o senador es más legítimo que el Rey, incluidos los que representan a la extrema derecha. Felipe VI es Jefe del Estado español porque un dictador decidió que la institución que debía sucederle era la monárquica.

Ni Pedro Sánchez, ni el resto de su Gobierno, pueden dejar pasar una traición de este tipo. Todos ellos sí disponen de la legitimidad democrática que Felipe VI no tiene y, por tanto, están moralmente obligados a iniciar todos los procesos legales para la convocatoria de un referéndum para que los españoles y españolas con derecho a voto decidan sobre el modelo de Estado, algo que debió ocurrir cuando se sometió al refrendo la actual Constitución.

La Carta Magna, en ningún modo, legitima a la actual Jefatura del Estado, dado que, en primer lugar, no fue refrendada por el pueblo (se aplicó un «trágala» en toda regla basado en la máxima «la democracia sólo será posible si hay un rey») y, en segundo término, la propia Constitución derogó la Ley de Sucesión de Franco, lo cual anulaba legalmente la decisión del dictador y, por tanto, el nombramiento de Juan Carlos I.

La Disposición Derogatoria afirma lo siguiente: «Queda derogada la Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política, así como, en tanto en cuanto no estuvieran ya derogadas por la anteriormente mencionada Ley, la de Principios del Movimiento Nacional, de 17 de mayo de 1958; el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945; el del Trabajo, de 9 de marzo de 1938; la Ley Constitutiva de las Cortes, de 17 de julio de 1942; la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, todas ellas modificadas por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967, y en los mismos términos esta última y la de Referéndum Nacional de 22 de octubre de 1945».

Con esta disposición, es normal que se manipulara al pueblo para mantener a la Monarquía al precio que fuera, tal y como reconoció Adolfo Suárez en una entrevista. En concreto, el expresidente dijo que «cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…, hacíamos encuestas y perdíamos». Para evitar dar la voz al pueblo español incluyeron la palabra rey y monarquía en la Ley de Reforma Política y así justificaron que ya se había hecho un referéndum, algo que, como se ve, no fue así. En segundo término, para terminar de culminar la manipulación, no dieron la oportunidad de que los y las ciudadanas españolas pudieran elegir el modelo de Estado en el referéndum de 1.978 sobre la Constitución.

Por tanto, llegó la hora. El Rey ya ha colmado la paciencia de la ciudadanía con su patológica actitud de ponerse de perfil ante los verdaderos problemas de los españoles y españolas y sólo reaccionar ante el referéndum catalán con un discurso más propio de Santiago Abascal que de quien debería ser neutral desde un punto de vista político. Esta semana Felipe VI ha entrado en política y eso no está dentro de sus funciones, más aún desde la disputa constitucional.

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Si quiere ser absolutista como el rey sol que se vuelvan todos los Borbones a Francia, de donde salieron y que allí les canten

" La Marseillaise"

Nos fronts sous le joug se ploieraient
De vils despotes deviendraient
Les maîtres des destinées.
Tremblez, tyrans et vous perfides
L'opprobre de tous les partis
Tremblez! vos projets parricides
Vont enfin recevoir leurs prix!
Tout est soldat pour vous combattre
S'ils tombent, nos jeunes héros
La France en produit de nouveaux,
Contre vous tout prêts à se battre.
Français, en guerriers magnanimes
Portez ou retenez vos coups!
Épargnez ces tristes victimes
À regret s'armant contre nous
Mais ces despotes sanguinaires
Mais ces complices de Bouillé
Tous ces tigres qui, sans pitié
Déchirent le sein de leur mère!
Nous entrerons dans la carrière
Quand nos aînés n'y seront plus
Nous y trouverons leur poussière
Et la trace de leurs vertus
Bien moins jaloux de leur survivre
Que de partager leur cercueil
Nous aurons le sublime orgueil
De les venger ou de les suivre!
Amour sacré de la Patrie
Conduis, soutiens nos bras vengeurs
Liberté, Liberté chérie
Combats avec tes défenseurs!
Sous nos drapeaux, que la victoire
Accoure à tes mâles accents
Que tes ennemis expirants
Voient ton triomphe et notre gloire!
 
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La traición de Felipe VI al pueblo y la democracia debe tener respuesta en forma de referéndum

«…cada cual tiene su papel institucional y al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más»


Por
Manuel Domínguez Moreno / José Antonio Gómez
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26/09/2020

Ver el archivo adjunto 1623903

Devolver lealtad con traición. Esa es una característica del ADN de los Borbones. Juan Carlos I lo hizo con los hombres que le aguantaron en el trono en los momentos más difíciles de la Transición. Nombres como Torcuato Fernández Miranda, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Sabino Fernández Campo o Adolfo Suárez son los ejemplos de la traición borbónica.

Esta semana hemos visto un nuevo ejemplo con Felipe VI, cuando ha abierto un nuevo frente al Gobierno a causa de su ausencia en el acto de entrega de despachos a los nuevos jueces y juezas, frente que, por supuesto, está siendo utilizado por el Partido Popular y por Vox para lanzar una nueva andanada a la línea de flotación del Ejecutivo. Todo ello, además, ha contado con la complicidad de Carlos Lesmes, el caducado presidente del Consejo General del Poder Judicial que no ha hecho otra cosa que echar más leña al fuego. «Os habéis pasado tres montañas», dijo el ministro de Justicia a Lesmes, al ser un atónito testigo de la rebelión de los jueces contra el Gobierno. Si el presidente del CGPJ no está en consonancia con el Ejecutivo elegido por el pueblo no tiene más que dimitir porque lo contrario, posicionarse en la trinchera de la oposición, no es más que subvertir uno de los valores intrínsecos de la Justicia que él, en teoría, está obligado a defender: la imparcialidad.

En los últimos meses, mientras la ciudadanía española asistía escandalizada a las noticias e investigaciones sobre el patrimonio, el cobro de comisiones, la creación de empresas pantalla o de la ocultación a Hacienda de millones de euros por parte de Juan Carlos I, Felipe VI obtuvo el amparo de la parte socialista del Ejecutivo. Algo incomprensible para algunos, pero que, al fin y al cabo, fue un acto de lealtad institucional.

Sin embargo, el Rey ha devuelto esa lealtad con una traición, lo que le ha puesto en el mismo lado de la ultraderecha porque es inaudito que un Jefe del Estado se enfrente al Gobierno, a los representantes del pueblo, dando la idea de que no está de acuerdo con lo que decidieron los españoles y españolas en las urnas ni, por supuesto, con las decisiones adoptadas por el Parlamento. La vicepresidenta primera del Gobierno del Estado español, Carmen Calvo, en un acto celebrado en Sevilla en el día de ayer con motivo del 40 aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad andaluza, ha respondido a la polémica con altura política y con conocimiento de la Constitución, dado que ha pronunciado unas palabras ceñidas a la perfección a que cada cual tiene su papel institucional y «al Rey no le toca ninguna función ejecutiva, es una figura simbólica representativa de la unidad del país en torno a la Constitución, nada más». Una respuesta sosegada, valiente.

Si Felipe VI es capaz de traicionar a un Gobierno que le defendió en unos momentos críticos para la Monarquía, ¿qué puede esperar el pueblo de una persona que siempre se ha puesto de perfil ante los asuntos que verdaderamente preocupan a las personas? ¿Qué puede esperar la ciudadanía de un Rey que monta el escándalo que ha montado porque el Gobierno ha decidido que la situación no era la adecuada para una visita real a Cataluña? ¿Qué ocurrirá cuando el asunto de discordancia sea más grave? ¿Comenzará a reunirse con generales, como hizo su padre, para crear un Gobierno de Concentración Nacional como el que quería Vox con Felipe González al frente? ¿Qué papel de influencia juega la reina Letizia, la periodista que llegó a la Zarzuela siendo pueblo, en la defensa de los valores de la democracia? ¿No tiene nada que decir o es que su papel ha quedado reservado a un problema de ambición personal y familiar?

Felipe VI ocupa su cargo porque le han puesto ahí, no porque el pueblo le haya votado. Por tanto, no tiene ningún tipo de legitimidad democrática para enfrentarse a un Ejecutivo que sí fue elegido por la ciudadanía. Cualquier diputado o senador es más legítimo que el Rey, incluidos los que representan a la extrema derecha. Felipe VI es Jefe del Estado español porque un dictador decidió que la institución que debía sucederle era la monárquica.

Ni Pedro Sánchez, ni el resto de su Gobierno, pueden dejar pasar una traición de este tipo. Todos ellos sí disponen de la legitimidad democrática que Felipe VI no tiene y, por tanto, están moralmente obligados a iniciar todos los procesos legales para la convocatoria de un referéndum para que los españoles y españolas con derecho a voto decidan sobre el modelo de Estado, algo que debió ocurrir cuando se sometió al refrendo la actual Constitución.

La Carta Magna, en ningún modo, legitima a la actual Jefatura del Estado, dado que, en primer lugar, no fue refrendada por el pueblo (se aplicó un «trágala» en toda regla basado en la máxima «la democracia sólo será posible si hay un rey») y, en segundo término, la propia Constitución derogó la Ley de Sucesión de Franco, lo cual anulaba legalmente la decisión del dictador y, por tanto, el nombramiento de Juan Carlos I.

La Disposición Derogatoria afirma lo siguiente: «Queda derogada la Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política, así como, en tanto en cuanto no estuvieran ya derogadas por la anteriormente mencionada Ley, la de Principios del Movimiento Nacional, de 17 de mayo de 1958; el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945; el del Trabajo, de 9 de marzo de 1938; la Ley Constitutiva de las Cortes, de 17 de julio de 1942; la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, todas ellas modificadas por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967, y en los mismos términos esta última y la de Referéndum Nacional de 22 de octubre de 1945».

Con esta disposición, es normal que se manipulara al pueblo para mantener a la Monarquía al precio que fuera, tal y como reconoció Adolfo Suárez en una entrevista. En concreto, el expresidente dijo que «cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…, hacíamos encuestas y perdíamos». Para evitar dar la voz al pueblo español incluyeron la palabra rey y monarquía en la Ley de Reforma Política y así justificaron que ya se había hecho un referéndum, algo que, como se ve, no fue así. En segundo término, para terminar de culminar la manipulación, no dieron la oportunidad de que los y las ciudadanas españolas pudieran elegir el modelo de Estado en el referéndum de 1.978 sobre la Constitución.

Por tanto, llegó la hora. El Rey ya ha colmado la paciencia de la ciudadanía con su patológica actitud de ponerse de perfil ante los verdaderos problemas de los españoles y españolas y sólo reaccionar ante el referéndum catalán con un discurso más propio de Santiago Abascal que de quien debería ser neutral desde un punto de vista político. Esta semana Felipe VI ha entrado en política y eso no está dentro de sus funciones, más aún desde la disputa constitucional.

Qué triste es que un Jefe del Estado se haya enfrentado a un Gobierno elegido democráticamente.
Lo dicho, esta monarquia es ilegal
 
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No vale la pena buscar explicaciones por el comportamiento irracional y arrogante de Felipe, este de 'saltarse las reglas del juego' que le atribuyen, es típico de su esposa. Ella, con su astucia barata, su arrogancia y ganas de mandar, está detrás de Felipe, escribe los discursos, dicta las 'estrategias', está conduciendo a la monarquía hacia el abismo.
La monarquía terminará por demasiada estupidez de la pareja.
Es Felipe el que se ha criado viendo lo que hacía su padre, piensan que están por encima del bien y del mal. No creo que tenga que ver Letizia.