El Rey Felipe y su papel en la formacion del Gobierno

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Enfado en Zarzuela: Felipe VI pidió a PP y PSOE que la investidura fuese el domingo
Rajoy será investido con el Rey fuera del territorio nacional. Zarzuela optaba por la votación el domingo día 30. PP y PSOE han ignorado el deseo de la Casa Real para evitar una sensación de ‘excepcionalidad’.

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26.10.2016 - 11:58 - José Alejandro Vara

El Rey estará fuera de España en el momento en el que el Congreso apruebe la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, que tendrá lugar el próximo sábado. La decisión de la presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor, pactada supuestamente con las dos principales fuerzas parlamentarias, ha producido un cierto desagrado en Zarzuela.Pastor señaló este miércoles en Onda Cero que no ha habido presión alguna desde Casa Real a los efectos de fijar las fechas.


Contrariedad, pese a todo, sí ha habido en el entorno del Monarca, pese a estas forzadas afirmaciones de Pastor. No es preceptivo que el Rey esté presente ni en la Cámara ni en España cuando se produzca la votación definitiva. No obstante, desde la Casa Real se había hecho saber a los principales dirigentes políticos que el Jefe del Estado tenía interés en que la última y definitiva jornada de la sesión de investidura se celebrara el domingo 30, cuando ya se encuentre de vuelta de su viaje a Cartagena de Indias donde asistirá a la Cumbre Iberoamericana.

Urgencia y excepcionalidad
PP y PSOE no han atendido esta sugerencia de Palacio y han optado por cerrar todo el proceso de investidura el sábado 29. “Pretendía evitarse la sensación de urgencia y excepcionalidad que transmitía una sesión en día festivo, es decir, en domingo”, comentan fuentes parlamentarias. Se cita como precedente, quizás no muy afortunado, la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, que debería haberse celebrado, en segunda votación, el 22 de febrero de 1981 pero, al ser domingo, se trasladó al lunes 23 de febrero, una fecha que pasó a la historia reciente de nuestro país por las circunstancias harto conocidas.

“Llevamos un año con un Gobierno en funciones, nada habría pasado porque la votación crucial de la investidura se aplazara tan sólo 24 horas"

Zarzuela planeaba un calendario algo diferente al que finalmente ha anunciado la titular de la Cámara Baja. El pleno comenzaría el jueves por la mañana para procederse a la primera votación, previsiblemente fallida, el viernes al mediodía. Rajoy no lograría superar el listón de la mayoría absoluta necesario en ese intento. Cuarenta y ocho horas después, tal y como señala la Carta Magna, se celebraría la votación definitiva, con la elección del candidato del PP, por mayoría simple, previa la abstención, ya anunciada del PSOE.

El Rey había anunciado su voluntad de asistir a la reunión iberoamericana de Cartagena de Indias, una iniciativa diplomática impulsada desde el primer momento por nuestro país, ya que se trata de una idea puesta en marcha por el Rey Don Juan Carlos. El calendario permitía las fechas sugeridas desde Zarzuela ya que el límite legal para la designación del nuevo presidente concluye el lunes 31. La idea era votar el domingo 30, con el Rey ya de vuelta en Madrid, y al día siguiente se publicaría la designación del jefe del Ejecutivo en el BOE y se procedería a la jura del cargo en Zarzuela.

A continuación Rajoy procedería a anunciar la composición de su nuevo Gobierno, que asumirían sus puestos posiblemente el día 3 de noviembre ya que el día 1 de la Festividad de Todos los Santos y el 2 es el Día de los Difuntos. El viernes 4 tendría lugar la primera reunión del Consejo de ministros.

“Pretendía evitarse la sensación de urgencia y excepcionalidad que transmitía una sesión en día festivo”, comentan fuentes parlamentarias"

No se han atendido los deseos de Zarzuela, quizás para evitar que se celebre una jornada parlamentaria tan señalada en un domingo. De este modo se asistirá a una situación que en principio se pretendía evitar: el Rey se encontrará fuera de España durante la sesión de Investidura. En Zarzuela se ha quitado importancia a este asunto, aunque fuentes conocedoras del sentir del Monarca comentaban este martes su contrariedad por el desenlace de esta apretada semana del desbloqueo institucional.



"Estrictamente simbólico"
“Llevamos más de un año con un Gobierno en funciones, nada habría pasado porque la votación crucial de la investidura se aplazara tan sólo 24 horas. No es una cuestión que tenga que ver con la legalidad, sino que se trata de un aspecto estrictamente simbólico”. Las responsabilidades de esta decisión se reparten entre populares y socialistas, incapaces de gestionar el calendario de acuerdo con la voluntad de la Casa Real. “Si se puede cerrar este proceloso episodio el sábado, no es necesario aguardar al domingo”, comentaba una fuente parlamentaria del PP.

El Rey, de esta forma, se encontrará en vuelo de retorno desde Colombia en el momento mismo en el que Rajoy sea designado presidente. El Monarca aterrizará en torno a las doce del mediodía del domingo. Será informado por la presidenta de las Cortes del resultado de la sesión y se procederá a continuación a convocar al presidente electo para la toma de posesión ese mismo domingo en Zarzuela.
 
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La foto lo dice todo: Felipe no traga a la derechona, y la derechona, entera, no traga a Felipe(y)

No solo el actual rey ni pincha ni corta, sino que me temo que le torean muy bien.....varios partidos políticos.....¿por qué será?

En España, y en otros países democráticos, manda quienes han salido de las urnas y ocupan el poder, y no los títeres reales que están ahí sin haber pasado por ninguna urna.
 
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http://www.elindependiente.com/autor/carmen-remirez-de-ganuza/

El Rey salva los muebles en la primera gran prueba de su reinado
25/10/2016

Carmen Remírez de Ganuza

Felipe VI no ha sufrido un 23-F como su padre, pero ha aguantado con no menor eficacia el tirón del inédito y más largo año de interinidad política de la democracia. Si en 1981 Juan Carlos I blindó a la Corona ante la sociedad española por su respuesta frente al órdago militar, el nuevo Rey ha salvado los muebles de la institución, en la primera gran prueba de su reinado -la segunda vendrá dada por el problema de Cataluña y la muy posible reforma constitucional-, justo cuando su imagen empezaba a verse ya minada por el bloqueo político y el propio pulso de los partidos al Estado.

Y es que el fantasma de las terceras elecciones ha desatado más pavor este otoño en los Montes de La Zarzuela que en los aledaños de la madrileña calle de Ferraz. Si lo que temía la nueva dirección socialista era la debacle electoral y el sorpasso de Podemos, lo que preocupaba a la Casa Real era -además de esto mismo- que calara entre los españoles la idea de que la Jefatura del Estado no servía para nada.

Éste ha sido, de hecho, el problema con que la Corona se ha topado los últimos meses después de que, durante la primera mitad del año, se hubiera apuntado exitosamente ante la opinión pública una máxima poderosa: su neutralidad política. Sabido es que Felipe VI acertó en sembrar esta idea cuando hizo público que Mariano Rajoy había declinado su primer ofrecimiento de formar Gobierno. El líder popular había trabajado allá por enero en una salida alternativa que condujera a una segunda y rápida convocatoria electoral, pero el Monarca constitucional desdeñó el intento y le pasó el testigo de la formación de Gobierno al socialista Pedro Sánchez.

La segunda vez que, pasadas las elecciones del 26-J, el Rey le propuso, Rajoy sólo declinó poner una fecha concreta a su investidura. Algo a lo que definitivamente se avino de la mano de su socio, Albert Rivera. Y la tensión entre la jefatura del Estado y el Gobierno en funciones habría ido más lejos de haber triunfado el amago de apuesta que los populares protagonizaron a comienzos de octubre en favor de unas nuevas elecciones.

La prevención de la Casa Real contra la reedición del borboneo secular del XIX y el XX españoles -particularmente complaciente con la derecha- ha sido patente hasta el escrúpulo. Y ha llegado, de hecho, al extremo de trasladar un abierto desmentido a La Moncloa acerca del pretendido deseo del Rey de retrasar un día la investidura de Rajoy. Desde el Gobierno se justificaba su probable celebración el próximo domingo, en el hecho de asegurar esa deseada presencia del jefe del Estado en España, de vuelta de la Cumbre Iberoamericana. Pero desde Zarzuela se puntualizaba, siempre con la Carta Magna de manual, que sólo al Congreso le compete fijar la agenda de los plenos. Quedaba así de manifiesto que, en cuestión de formalidades constitucionales, la Casa no pasa una; nada que pueda comprometer su propia función arbitral.

Pero, ¿y qué hay de su eficacia…? ¿Llegó a estar comprometida esa función no escrita en la Monarquía española en las últimas semanas? Con Juan Carlos I se había instalado en la opinión pública la especie de que la Corona mediaba entre los políticos y que eso era genéricamente bueno. Pero el Título II de la Constitución no habla en su artículo 56 de mediar sino sólo de “arbitrar y moderar el correcto funcionamiento de las instituciones”. Y a esa letra, en sus términos más estrictos, se ha venido ateniendo el nuevo Monarca en este complicado año. Tanto es así que, por más que el desenlace de la quinta ronda de consultas apunte al fin a un Gobierno por el que nadie apostaba un mes atrás, nadie se atreve a atribuir a Felipe VI iniciativa alguna en este nuevo y forzado clima de entendimiento. Mucho menos, la cercanía que la opinión pública sigue atribuyendo al actual Rey emérito, tanto con Felipe González como con Susana Díaz, virtuales ganadores de la reciente guerra del PSOE.

Pero ello no impide tomar nota de que la Corona ha convivido con lo peor de este final de crisis institucional -cisma socialista incluido- con más optimismo y serenidad que la que demostró en los primeros meses del año. Si en enero se vio privada de los viajes más importantes para la pareja real (Gran Bretaña y Japón) y en agosto se decantó por no asistir a los Juegos Olímpicos de Río, en octubre ha cumplido con una nutrida agenda nacional e internacional. Hasta el último día. Hasta las últimas horas previas al acto de la jura del nuevo Gobierno. Y es que, pese a renunciar a cualquier mediación, el Rey preocupado de hace unos meses ha dado señales de ser el hombre mejor informado de España. Señales, al fin y a la postre, de que las instituciones funcionan correctamente.
 
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El Rey salva los muebles en la primera gran prueba de su reinado
25/10/2016

Carmen Remírez de Ganuza

Felipe VI no ha sufrido un 23-F como su padre, pero ha aguantado con no menor eficacia el tirón del inédito y más largo año de interinidad política de la democracia. Si en 1981 Juan Carlos I blindó a la Corona ante la sociedad española por su respuesta frente al órdago militar, el nuevo Rey ha salvado los muebles de la institución, en la primera gran prueba de su reinado -la segunda vendrá dada por el problema de Cataluña y la muy posible reforma constitucional-, justo cuando su imagen empezaba a verse ya minada por el bloqueo político y el propio pulso de los partidos al Estado.

Y es que el fantasma de las terceras elecciones ha desatado más pavor este otoño en los Montes de La Zarzuela que en los aledaños de la madrileña calle de Ferraz. Si lo que temía la nueva dirección socialista era la debacle electoral y el sorpasso de Podemos, lo que preocupaba a la Casa Real era -además de esto mismo- que calara entre los españoles la idea de que la Jefatura del Estado no servía para nada.

Éste ha sido, de hecho, el problema con que la Corona se ha topado los últimos meses después de que, durante la primera mitad del año, se hubiera apuntado exitosamente ante la opinión pública una máxima poderosa: su neutralidad política. Sabido es que Felipe VI acertó en sembrar esta idea cuando hizo público que Mariano Rajoy había declinado su primer ofrecimiento de formar Gobierno. El líder popular había trabajado allá por enero en una salida alternativa que condujera a una segunda y rápida convocatoria electoral, pero el Monarca constitucional desdeñó el intento y le pasó el testigo de la formación de Gobierno al socialista Pedro Sánchez.

La segunda vez que, pasadas las elecciones del 26-J, el Rey le propuso, Rajoy sólo declinó poner una fecha concreta a su investidura. Algo a lo que definitivamente se avino de la mano de su socio, Albert Rivera. Y la tensión entre la jefatura del Estado y el Gobierno en funciones habría ido más lejos de haber triunfado el amago de apuesta que los populares protagonizaron a comienzos de octubre en favor de unas nuevas elecciones.

La prevención de la Casa Real contra la reedición del borboneo secular del XIX y el XX españoles -particularmente complaciente con la derecha- ha sido patente hasta el escrúpulo. Y ha llegado, de hecho, al extremo de trasladar un abierto desmentido a La Moncloa acerca del pretendido deseo del Rey de retrasar un día la investidura de Rajoy. Desde el Gobierno se justificaba su probable celebración el próximo domingo, en el hecho de asegurar esa deseada presencia del jefe del Estado en España, de vuelta de la Cumbre Iberoamericana. Pero desde Zarzuela se puntualizaba, siempre con la Carta Magna de manual, que sólo al Congreso le compete fijar la agenda de los plenos. Quedaba así de manifiesto que, en cuestión de formalidades constitucionales, la Casa no pasa una; nada que pueda comprometer su propia función arbitral.

Pero, ¿y qué hay de su eficacia…? ¿Llegó a estar comprometida esa función no escrita en la Monarquía española en las últimas semanas? Con Juan Carlos I se había instalado en la opinión pública la especie de que la Corona mediaba entre los políticos y que eso era genéricamente bueno. Pero el Título II de la Constitución no habla en su artículo 56 de mediar sino sólo de “arbitrar y moderar el correcto funcionamiento de las instituciones”. Y a esa letra, en sus términos más estrictos, se ha venido ateniendo el nuevo Monarca en este complicado año. Tanto es así que, por más que el desenlace de la quinta ronda de consultas apunte al fin a un Gobierno por el que nadie apostaba un mes atrás, nadie se atreve a atribuir a Felipe VI iniciativa alguna en este nuevo y forzado clima de entendimiento. Mucho menos, la cercanía que la opinión pública sigue atribuyendo al actual Rey emérito, tanto con Felipe González como con Susana Díaz, virtuales ganadores de la reciente guerra del PSOE.

Pero ello no impide tomar nota de que la Corona ha convivido con lo peor de este final de crisis institucional -cisma socialista incluido- con más optimismo y serenidad que la que demostró en los primeros meses del año. Si en enero se vio privada de los viajes más importantes para la pareja real (Gran Bretaña y Japón) y en agosto se decantó por no asistir a los Juegos Olímpicos de Río, en octubre ha cumplido con una nutrida agenda nacional e internacional. Hasta el último día. Hasta las últimas horas previas al acto de la jura del nuevo Gobierno. Y es que, pese a renunciar a cualquier mediación, el Rey preocupado de hace unos meses ha dado señales de ser el hombre mejor informado de España. Señales, al fin y a la postre, de que las instituciones funcionan correctamente.
Se me ha llenada el portatil de babas,esta señora se ha pasado y me ha dejado la pantalla toda pringosa jejejejeje.Si de verdad estuviera tan informado,no estaría tranquilo pensando como va su chiringo.Mañana dirá que todos los españoles están satisfechos de la labor del señor Borbón y se queda tan tranquila oiga.
 
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FIN A 300 DÍAS DE BLOQUEO
Felipe VI, la influencia silenciosa

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ULISES

El arbitraje del Rey, empeñado en subrayar su neutralidad, constata su vocación práctica y la nitidez de sus pronunciamientos. La declaración crítica con los partidos que emitió tras la investidura fallida de Rajoy influyó de forma notable en el escenario de acuerdo tras el viraje del PSOE

JOAQUÍN MANSO
@JqManso
26/10/2016 03:09

Uno de los colaboradores más cercanos del Rey recuerda que, cuando todavía era Príncipe, Felipe VI temía que «más difícil que reinar en una situación excepcional como el 23-F fuese hacerlo en la normalidad democrática de una sociedad del siglo XXI». En poco más de dos años, el Monarca se ha enfrentado a tres legislaturas y ha tenido que ejercer la función de arbitraje más importante que le asigna la Constitución -la disolución de las Cortes ante la ausencia de un candidato que reuniera su apoyo mayoritario- en un contexto de resistencias políticas y sociales hacia la Corona sin precedentes en muchas décadas: en parte como consecuencia del desapego institucional que heredó, el Congreso contempla ahora a una fuerza antimonárquica con 71 escaños; y en Cataluña se vive un proceso insurreccional que la presidenta del Parlament abrió al grito de «¡Viva la República catalana!».

Del seguimiento de la actuación del Jefe del Estado durante el bloqueo se obtiene que Felipe VI no va a buscar un 23-F con el que revestirse de una legitimidad diferente de la que nace de la Constitución: «Comienza el reinado de un Rey constitucional», adelantó cuando fue proclamado. Por tanto, ni podía esperarse de él que propusiera un candidato independiente ajeno a los partidos ni que, como «símbolo de la unidad y permanencia» del Estado, diera un puñetazo encima de la mesa en Cataluña, como algunos le reclamaron.

«En esos planteamientos, que no han tenido recorrido, pesa el recuerdo de la actuación de Juan Carlos I como motor del cambio tras la muerte de Franco. Pero la Corona tenía entonces funciones ejecutivas y llegó a sustituir al presidente. Eso se acabó en 1978», explica un ex jefe de la Casa del Rey. «Los símbolos no pueden redefinirse a sí mismos», concluye un colaborador del Monarca.

La capacidad de Felipe VI para influir en la vida pública está limitada a sus gestos y pronunciamientos. Será un Rey nítido, como cuando se negó a recibir a Carme Forcadell tras ser elegida presidenta del Parlament. «Quizá su padre sí se hubiese visto con ella y habría tratado de afrontar el conflicto desde su cercanía personal; Felipe VI es más distante», observa Antonio Torres del Moral, uno de los catedráticos de Derecho Constitucional que ha mantenido contacto con el Monarca estos meses. «Son dos biotipos diferentes, dos diagnósticos distintos. Don Juan Carlos era un Rey de distancias cortas; Don Felipe lo es de largas, por eso aprovecha cada ocasión para lanzar mensajes», argumenta José Antonio Zarzalejos, ex director de Abc y gran conocedor de las claves de Zarzuela.

El pronunciamiento que desarrolla el manual que trazó en su Discurso de Proclamación está en el comunicado que emitió la Casa del Rey el 5 de septiembre, inmediatamente después de la investidura fallida de Mariano Rajoy, una auténtica declaración crítica hacia los partidos -«a la vista de las circunstancias»- en la que recordó que, ya cuatro días después del 20-D, él había advertido de que la insólita fragmentación política -«la pluralidad expresada en las urnas»- exige una forma dialogante de negociar muy diferente a la de la era de las mayorías absolutas. Y, sobre todo, señaló que, en una Monarquía constitucional como la española, a la Corona no le corresponde ejercer de mediador, sino que es el presidente del Congreso quien debe dinamizar el debate y la búsqueda de los acuerdos es obligación de las formaciones representadas en las Cortes.

En palabras de Torres del Moral: «El Rey no tiene que promover consensos, sólo certificarlos. No tiene ese poder, porque tampoco tiene responsabilidad». Y deYolanda Gómez, catedrática de Derecho Constitucional: «No puede mediar porque interferiría en el proceso de formación de opinión que los partidos tienen que discurrir por sí solos; se metería en un camino sin retorno».

La guía para predecir los comportamientos constitucionales de Felipe VI se inició con la decisión del Rey de ofrecer a Rajoy ser candidato -lo que éste declinó, algo que no está previsto en la Constitución- y después a Pedro Sánchez, a sabiendas de que carecían de opciones de obtener la investidura. Zarzuela y el Monarca fueron conscientes de que esa situación contravenía intereses partidistas y les abocaba a un fortísimo estrés, pero antepusieron la utilidad a la imagen: la interpretación práctica que hicieron del artículo 99 -Joan Baldoví afirmó ayer que el Rey le había deslizado los vacíos de esa regulación- concluyó que se imponía resolver cuanto antes la interinidad de poder, y una investidura, aunque fallida, pone en marcha un reloj que incentiva la negociación política.

Los medios recogieron duros reproches hacia Felipe VI en palabras atribuidas a dirigentes del PP. El 3 de febrero, al día siguiente de proponer a Sánchez, el Gobierno canceló el viaje de los Reyes a Londres, donde Isabel II había anunciado que tendría la deferencia excepcional de alojarlos en Windsor, y seis días después del fracaso del entonces líder del PSOE, el Ejecutivo suspendió el de Japón. Especialmente esas dos decisiones, que cercenaron la función de representación exterior de la Corona y la proyección del Monarca, todavía lejos de la popularidad internacional de su padre, provocaron frustración en Zarzuela.

Zarzalejos considera que el Ejecutivo utilizó la agenda internacional del Rey como «elemento adicional de presión». «No había ningún motivo para cancelar esos viajes. Rajoy ha puesto al Rey en alguna situación delicada», razona. La última, cuando sugirió la posibilidad de no comparecer a la investidura una vez propuesto. La catedrática Gómez no cree que fuese en serio: «Era una estrategia. Los partidos han actuado conforme a sus propios intereses y no como parte de la estructura orgánica del Estado, en el que tienen el protagonismo máximo de la acción política».

La influencia silenciosa que irriga el Rey a través de su arbitraje neutral acabó materializándose. Cuando comenzó a fraguarse el viraje del PSOE, desde el PP se sugirió que Rajoy iba a imponer exigencias antes de aceptar la abstención socialista. El presidente cortó de raíz ese mensaje: los precedentes y la lectura del comunicado de la Casa del Rey dejaban claro en Moncloa que, si el PSOE decidía abstenerse sin condiciones, Felipe VI propondría a Rajoy con toda seguridad. El tono y el contexto cambiaron: pasó a jugarse en el terreno de diálogo que esbozó el Rey el 5 de septiembre.
 
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A la Leti le da igual Juana que su hermana.Ella está a lo que está.Por otra parte los del PP saben muy bien reverenciarla y eso es un reavividor para su descomunal ego.No hay nadie que haga la reverencia mejor que Sorayita de todos los Santos.
No estoy de acuerdo.
En toda España, nadie hace el plongeon mejor que Esperanza Aguirre.
El PP, en terminos generales nunca ha sido muy monarquico. Contrastes que tiene a vida...en los tiempos que corren no hay química entre PP y Zarzuelilla.
Quienes tratan a reina Leti, tengo para mi que no son quienes mejores cosas piensan de ella. Y al PP le ha tocado viajar con ella...

 
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Se me ha llenada el portatil de babas,esta señora se ha pasado y me ha dejado la pantalla toda pringosa jejejejeje.Si de verdad estuviera tan informado,no estaría tranquilo pensando como va su chiringo.Mañana dirá que todos los españoles están satisfechos de la labor del señor Borbón y se queda tan tranquila oiga.



Pues el Pueblo ya se pregunta para que sirven Felipe y su tropa, el que haya o no terceras elecciones no cambia el panorama.
 
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Enfado en Zarzuela: Felipe VI pidió a PP y PSOE que la investidura fuese el domingo
Rajoy será investido con el Rey fuera del territorio nacional. Zarzuela optaba por la votación el domingo día 30. PP y PSOE han ignorado el deseo de la Casa Real para evitar una sensación de ‘excepcionalidad’.

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El rey Felipe VI recibe al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy EFE

Jose Alejandro Vara
26.10.2016 - 11:58


El Rey estará fuera de España en el momento en el que el Congreso apruebe la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, que tendrá lugar el próximo sábado. La decisión de la presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor, pactada supuestamente con las dos principales fuerzas parlamentarias, ha producido un cierto desagrado en Zarzuela. Pastor señaló este miércoles en Onda Cero que no ha habido presión alguna desde Casa Real a los efectos de fijar las fechas.

Contrariedad, pese a todo, sí ha habido en el entorno del Monarca, pese a estas forzadas afirmaciones de Pastor. No es preceptivo que el Rey esté presente ni en la Cámara ni en España cuando se produzca la votación definitiva. No obstante, desde la Casa Real se había hecho saber a los principales dirigentes políticos que el Jefe del Estado tenía interés en que la última y definitiva jornada de la sesión de investidura se celebrara el domingo 30, cuando ya se encuentre de vuelta de su viaje a Cartagena de Indias donde asistirá a la Cumbre Iberoamericana.

Urgencia y excepcionalidad
PP y PSOE no han atendido esta sugerencia de Palacio y han optado por cerrar todo el proceso de investidura el sábado 29. “Pretendía evitarse la sensación de urgencia y excepcionalidad que transmitía una sesión en día festivo, es decir, en domingo”, comentan fuentes parlamentarias. Se cita como precedente, quizás no muy afortunado, la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, que debería haberse celebrado, en segunda votación, el 22 de febrero de 1981 pero, al ser domingo, se trasladó al lunes 23 de febrero, una fecha que pasó a la historia reciente de nuestro país por las circunstancias harto conocidas.

Zarzuela planeaba un calendario algo diferente al que finalmente ha anunciado la titular de la Cámara Baja. El pleno comenzaría el jueves por la mañana para procederse a la primera votación, previsiblemente fallida, el viernes al mediodía. Rajoy no lograría superar el listón de la mayoría absoluta necesario en ese intento. Cuarenta y ocho horas después, tal y como señala la Carta Magna, se celebraría la votación definitiva, con la elección del candidato del PP, por mayoría simple, previa la abstención, ya anunciada del PSOE.

El Rey había anunciado su voluntad de asistir a la reunión iberoamericana de Cartagena de Indias, una iniciativa diplomática impulsada desde el primer momento por nuestro país, ya que se trata de una idea puesta en marcha por el Rey Don Juan Carlos. El calendario permitía las fechas sugeridas desde Zarzuela ya que el límite legal para la designación del nuevo presidente concluye el lunes 31. La idea era votar el domingo 30, con el Rey ya de vuelta en Madrid, y al día siguiente se publicaría la designación del jefe del Ejecutivo en el BOE y se procedería a la jura del cargo en Zarzuela.

A continuación Rajoy procedería a anunciar la composición de su nuevo Gobierno, que asumirían sus puestos posiblemente el día 3 de noviembre ya que el día 1 de la Festividad de Todos los Santos y el 2 es el Día de los Difuntos. El viernes 4 tendría lugar la primera reunión del Consejo de ministros.

No se han atendido los deseos de Zarzuela, quizás para evitar que se celebre una jornada parlamentaria tan señalada en un domingo. De este modo se asistirá a una situación que en principio se pretendía evitar: el Rey se encontrará fuera de España durante la sesión de Investidura. En Zarzuela se ha quitado importancia a este asunto, aunque fuentes conocedoras del sentir del Monarca comentaban este martes su contrariedad por el desenlace de esta apretada semana del desbloqueo institucional.

"Estrictamente simbólico"
“Llevamos más de un año con un Gobierno en funciones, nada habría pasado porque la votación crucial de la investidura se aplazara tan sólo 24 horas. No es una cuestión que tenga que ver con la legalidad, sino que se trata de un aspecto estrictamente simbólico”. Las responsabilidades de esta decisión se reparten entre populares y socialistas, incapaces de gestionar el calendario de acuerdo con la voluntad de la Casa Real. “Si se puede cerrar este proceloso episodio el sábado, no es necesario aguardar al domingo”, comentaba una fuente parlamentaria del PP.

El Rey, de esta forma, se encontrará en vuelo de retorno desde Colombia en el momento mismo en el que Rajoy sea designado presidente. El Monarca aterrizará en torno a las doce del mediodía del domingo. Será informado por la presidenta de las Cortes del resultado de la sesión y se procederá a continuación a convocar al presidente electo para la toma de posesión ese mismo domingo en Zarzuela.

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Pobre preparao, se nos ha enfadao, se ha dado cuenta que podemos darnos cuenta de lo innecesario y prescindible que es ( además de caro carísimo) los comentarios al artículo de Voz populi no tienen desperdicio.:ROFLMAO:
 
OP
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Es un buen ZASCA.
Todo lo que se le toleró a yayo, ha éste no le van a pasar ni una.
Un dato curioso, la prensa no recoge un sólo acto de la pareja. Ayer KK no fue capaz de llenar una sala pequeña, que vayan tomando nota.