El Rey Felipe y su papel en la formacion del Gobierno

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El Rey se equivocó por segunda vez
JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO | 04/08/2016


El PP no tiene razón cuando manifiesta que debe gobernar la lista más votada, y están en lo cierto por tanto aquellos que desde las filas socialistas, o sus adláteres, le contestan que estamos en un sistema parlamentario y que alcanza la Presidencia de Gobierno aquel que logra en el Congreso una mayoría absoluta o simple (según sea en la primera o en la segunda vuelta). Pero precisamente por eso no se entiende que Pedro Sánchez se empeñe, tanto en esta como en la pasada legislatura, en hablar del tiempo de Mariano Rajoy, y que dedique la totalidad de la rueda de prensa convocada para dar cuenta de su entrevista con el Rey, a requerir una y mil veces al Presidente en funciones su obligación institucional y constitucional -le faltó decir teológica- de presentarse a la investidura, dando también por supuesto que era obligación del Monarca designarle como candidato. Y todo ello al mismo tiempo que se ratificaba con contundencia en su voto negativo, sin dejar el mínimo resquicio a la abstención, única posibilidad que tiene Mariano Rajoy de alcanzar la investidura. Lo de los independentistas es una broma de mal gusto que no se la creen ni quienes lo proponen.

Parece que el único objetivo de Pedro Sánchez consiste en conseguir que Mariano Rajoy pase por el trance de una sesión de investidura de antemano perdida, sin que le importe demasiado la formación de Gobierno; quizá por eso, mientras reiteradamente insistía en lo que tenía que hacer el Presidente del PP, no dijo una sola palabra de lo que pensaba hacer él para que se forme Gobierno, una vez que la negativa del PSOE a abstenerse bloquea toda posibilidad de que Mariano Rajoy sea investido. Es decir, contestar a lo que le preguntaban una y otra vez los periodistas y que es lo que interesa a los españoles, si va a intentar, tal como le han solicitado algunos de los suyos, un Gobierno con Unidos Podemos y con los independentistas.

La Monarquía, en su misma esencia, presenta un evidente y enorme defecto, consistente en que el puesto de Rey es hereditario y no se somete al voto popular. Por esa razón en las democracias modernas las constituciones pretenden paliar esta tara de origen, atribuyendo al Monarca funciones exclusivamente representativas y vaciando de contenido cualquier otro papel que protagonice. Nuestra carta magna declara al Rey irresponsable, y dispone que cualquier norma que apruebe ha de ser refrendada por un político. Pero como los cortesanos son peores que los reyes, en esta temporada tan incierta en la que nos encontramos con un Gobierno en funciones, no falta quien pretende sacar al Rey de su papel institucional y de la debida escrupulosa neutralidad para asignarle funciones o incluso decisiones que no le competen.

No es solo que Albert Rivera desbarrara afirmando que iba a pedir al Rey que intercediese ante el PSOE para convencer a esta formación de que debía abstenerse en segunda votación en la investidura de Mariano Rajoy, actitud propia de un político imberbe, sino que el papel del Monarca ha sido desnaturalizado en la interpretación que muchos han hecho del artículo 99 de la Constitución, y que ese mal entendimiento ha podido contagiar al mismo Felipe VI.

Hay que comenzar afirmando que debería ser obvio que de ningún modo la propuesta es un acto discrecional del Rey, el cual basándose en su solo juicio o en sus creencias, pudiera designar a quien considerase más conveniente. No obstante, tampoco es el reflejo de un mero automatismo que conduzca al Monarca a tener que designar por obligación al cabeza de la lista más votada. Si esto fuese así, sobraría la actuación del Rey y por supuesto la ronda de consultas.

Pero entre el automatismo y la discrecionalidad existe una vía intermedia que es donde adquieren sentido las entrevistas con el Rey de los representantes designados por los grupos políticos, porque mediante estas consultas el Monarca puede aquilatar quién tiene posibilidades de conseguir la investidura, y por lo tanto quién debe ser designado, sea de la primera fuerza o de la quinta. De todo esto se deduce que las negociaciones entre los partidos deben ser previas a la rueda de consultas y no viceversa. Ahora que han surgido tantos exégetas del artículo 99 de la Constitución, notarán el carácter de inmediatez que el texto concede entre la designación y la sesión de investidura, signo de que la negociación se ha efectuado con anterioridad, al menos en sus partes esenciales.

Saquemos las conclusiones de todo ello:

Primera.- No hay tiempo de Rajoy ni de ningún otro, al contrario de como se han empeñado en convencernos Pedro Sánchez y el PSOE, tanto en la pasada legislatura como en la actual. En un parlamento tan fraccionado como este, nada más conocerse los resultados electorales comienza el tiempo de todos porque todos deben buscar los acuerdos oportunos para formar Gobierno, de manera que pueda llegarse a la ronda de consultas con al menos un germen de Gobierno, que haga posible que el Rey designe al candidato.

Segunda.- En la pasada legislatura, el Rey se equivocó al designar a Rajoy y acertó este al declinar la invitación, puesto que era evidente que ni tenía ni iba a tener los apoyos precisos, una vez que el PSOE había manifestado su firme propósito de no negociar.

Tercera.- Se equivocó también el Rey -o “lo equivocaron”- cuando designó a Pedro Sánchez, sin que hubiese la menor garantía de que contase con los votos necesarios.

Cuarta.- Asimismo, en las pasadas elecciones, Pedro Sánchez nos hizo perder a todos mucho tiempo, porque si su intención era formar Gobierno debería haber empezado desde el primer momento a negociar con Pablo Iglesias, ya que si Rajoy no tenía ninguna posibilidad sin el voto del PSOE, él tampoco la tenía sin la aquiescencia de Podemos. Pero Pedro Sánchez nunca tuvo la intención de negociar de verdad con la fuerza morada, simplemente exigía de ellos un cheque en blanco. En lugar de ello, se empecinó en montar todo un espectáculo, mediante una negociación teatral con Ciudadanos que a nada conducía.

Quinta.- Acertó el Rey cuando tras el fracaso de la investidura de Pedro Sánchez no designó a ningún otro candidato a la espera de que los partidos pudiesen llegar a algún acuerdo, lo que como es palmario no se consiguió.

Sexta.- El Rey se ha equivocado de nuevo al designar a Mariano Rajoy y este también al aceptar la designación, puesto que, dada la negativa del PSOE y de Ciudadanos a emprender cualquier clase de negociación, la investidura es de antemano fallida y la sesión, una farsa. La finalidad de la sesión de investidura no es, como intenta persuadirnos Pedro Sánchez, que comience a contar el plazo de los dos meses de cara a la disolución de las Cortes (esa cursilada de “poner en marcha el reloj de la democracia”), sino la elección de un Presidente. Es verdad que nuestra Constitución tiene una laguna, pero en democracia siempre hay soluciones sin montar pantomimas y sin tener que desfigurar las instituciones. Las Cortes son soberanas y, aun cuando no figure explícitamente en la Constitución, siempre podrán disolverse en caso de bloqueo para convocar nuevas elecciones.

Séptima.- Si la decisión del PSOE de no abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy es firme y no piensa modificarla, y si es verdad que tampoco quiere ir a unas terceras elecciones, Pedro Sánchez tenía que haber dejado de marear la perdiz y desde el primer momento acometer lo que parece ser su auténtico objetivo, el que no se atreve a confesar abiertamente, que es negociar con Podemos y con los independentistas. ¿Para qué todo ese teatro acerca de la investidura de Rajoy? Es un juego infantil el que se traen con ese asunto los líderes del PSOE y de Ciudadanos. Una venganza pueril, que ni siquiera lo es. Se puede pensar lo que se quiera de Pablo Iglesias, pero hay que reconocer que es el único que ha hablado claro desde el principio, exhortando a Pedro Sánchez a negociar nada más saberse los resultados electorales, sin andarse por las ramas, sin esperas y sin encomiendas reales.

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Don Antonio García-Trevijano analiza las próximas terceras votaciones junto a miembros del MCRC de Valencia en una nueva emisión de Periscope. Por tercera vez, la monarquía de partidos volverá a convocar a los súbditos a votar para seguir sin elegir.

García-Trevijano realiza una llamada a la acción a todos los repúblicos que quieren la democracia en España. Además, contesta a las preguntas que le realizan en directo.

Al programa han asistido Josefina Martínez, Sergio Verdú, Luis Soldado, Federico Fernández -miembros del MCRC Valencia-, Helena Bazán y Quique Gallego.

http://www.diariorc.com/2016/08/01/habra-terceras-votaciones-2/
 
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El Rey se equivocó por segunda vez
JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO | 04/08/2016


El PP no tiene razón cuando manifiesta que debe gobernar la lista más votada, y están en lo cierto por tanto aquellos que desde las filas socialistas, o sus adláteres, le contestan que estamos en un sistema parlamentario y que alcanza la Presidencia de Gobierno aquel que logra en el Congreso una mayoría absoluta o simple (según sea en la primera o en la segunda vuelta). Pero precisamente por eso no se entiende que Pedro Sánchez se empeñe, tanto en esta como en la pasada legislatura, en hablar del tiempo de Mariano Rajoy, y que dedique la totalidad de la rueda de prensa convocada para dar cuenta de su entrevista con el Rey, a requerir una y mil veces al Presidente en funciones su obligación institucional y constitucional -le faltó decir teológica- de presentarse a la investidura, dando también por supuesto que era obligación del Monarca designarle como candidato. Y todo ello al mismo tiempo que se ratificaba con contundencia en su voto negativo, sin dejar el mínimo resquicio a la abstención, única posibilidad que tiene Mariano Rajoy de alcanzar la investidura. Lo de los independentistas es una broma de mal gusto que no se la creen ni quienes lo proponen.

Parece que el único objetivo de Pedro Sánchez consiste en conseguir que Mariano Rajoy pase por el trance de una sesión de investidura de antemano perdida, sin que le importe demasiado la formación de Gobierno; quizá por eso, mientras reiteradamente insistía en lo que tenía que hacer el Presidente del PP, no dijo una sola palabra de lo que pensaba hacer él para que se forme Gobierno, una vez que la negativa del PSOE a abstenerse bloquea toda posibilidad de que Mariano Rajoy sea investido. Es decir, contestar a lo que le preguntaban una y otra vez los periodistas y que es lo que interesa a los españoles, si va a intentar, tal como le han solicitado algunos de los suyos, un Gobierno con Unidos Podemos y con los independentistas.

La Monarquía, en su misma esencia, presenta un evidente y enorme defecto, consistente en que el puesto de Rey es hereditario y no se somete al voto popular. Por esa razón en las democracias modernas las constituciones pretenden paliar esta tara de origen, atribuyendo al Monarca funciones exclusivamente representativas y vaciando de contenido cualquier otro papel que protagonice. Nuestra carta magna declara al Rey irresponsable, y dispone que cualquier norma que apruebe ha de ser refrendada por un político. Pero como los cortesanos son peores que los reyes, en esta temporada tan incierta en la que nos encontramos con un Gobierno en funciones, no falta quien pretende sacar al Rey de su papel institucional y de la debida escrupulosa neutralidad para asignarle funciones o incluso decisiones que no le competen.

No es solo que Albert Rivera desbarrara afirmando que iba a pedir al Rey que intercediese ante el PSOE para convencer a esta formación de que debía abstenerse en segunda votación en la investidura de Mariano Rajoy, actitud propia de un político imberbe, sino que el papel del Monarca ha sido desnaturalizado en la interpretación que muchos han hecho del artículo 99 de la Constitución, y que ese mal entendimiento ha podido contagiar al mismo Felipe VI.

Hay que comenzar afirmando que debería ser obvio que de ningún modo la propuesta es un acto discrecional del Rey, el cual basándose en su solo juicio o en sus creencias, pudiera designar a quien considerase más conveniente. No obstante, tampoco es el reflejo de un mero automatismo que conduzca al Monarca a tener que designar por obligación al cabeza de la lista más votada. Si esto fuese así, sobraría la actuación del Rey y por supuesto la ronda de consultas.

Pero entre el automatismo y la discrecionalidad existe una vía intermedia que es donde adquieren sentido las entrevistas con el Rey de los representantes designados por los grupos políticos, porque mediante estas consultas el Monarca puede aquilatar quién tiene posibilidades de conseguir la investidura, y por lo tanto quién debe ser designado, sea de la primera fuerza o de la quinta. De todo esto se deduce que las negociaciones entre los partidos deben ser previas a la rueda de consultas y no viceversa. Ahora que han surgido tantos exégetas del artículo 99 de la Constitución, notarán el carácter de inmediatez que el texto concede entre la designación y la sesión de investidura, signo de que la negociación se ha efectuado con anterioridad, al menos en sus partes esenciales.

Saquemos las conclusiones de todo ello:

Primera.- No hay tiempo de Rajoy ni de ningún otro, al contrario de como se han empeñado en convencernos Pedro Sánchez y el PSOE, tanto en la pasada legislatura como en la actual. En un parlamento tan fraccionado como este, nada más conocerse los resultados electorales comienza el tiempo de todos porque todos deben buscar los acuerdos oportunos para formar Gobierno, de manera que pueda llegarse a la ronda de consultas con al menos un germen de Gobierno, que haga posible que el Rey designe al candidato.

Segunda.- En la pasada legislatura, el Rey se equivocó al designar a Rajoy y acertó este al declinar la invitación, puesto que era evidente que ni tenía ni iba a tener los apoyos precisos, una vez que el PSOE había manifestado su firme propósito de no negociar.

Tercera.- Se equivocó también el Rey -o “lo equivocaron”- cuando designó a Pedro Sánchez, sin que hubiese la menor garantía de que contase con los votos necesarios.

Cuarta.- Asimismo, en las pasadas elecciones, Pedro Sánchez nos hizo perder a todos mucho tiempo, porque si su intención era formar Gobierno debería haber empezado desde el primer momento a negociar con Pablo Iglesias, ya que si Rajoy no tenía ninguna posibilidad sin el voto del PSOE, él tampoco la tenía sin la aquiescencia de Podemos. Pero Pedro Sánchez nunca tuvo la intención de negociar de verdad con la fuerza morada, simplemente exigía de ellos un cheque en blanco. En lugar de ello, se empecinó en montar todo un espectáculo, mediante una negociación teatral con Ciudadanos que a nada conducía.

Quinta.- Acertó el Rey cuando tras el fracaso de la investidura de Pedro Sánchez no designó a ningún otro candidato a la espera de que los partidos pudiesen llegar a algún acuerdo, lo que como es palmario no se consiguió.

Sexta.- El Rey se ha equivocado de nuevo al designar a Mariano Rajoy y este también al aceptar la designación, puesto que, dada la negativa del PSOE y de Ciudadanos a emprender cualquier clase de negociación, la investidura es de antemano fallida y la sesión, una farsa. La finalidad de la sesión de investidura no es, como intenta persuadirnos Pedro Sánchez, que comience a contar el plazo de los dos meses de cara a la disolución de las Cortes (esa cursilada de “poner en marcha el reloj de la democracia”), sino la elección de un Presidente. Es verdad que nuestra Constitución tiene una laguna, pero en democracia siempre hay soluciones sin montar pantomimas y sin tener que desfigurar las instituciones. Las Cortes son soberanas y, aun cuando no figure explícitamente en la Constitución, siempre podrán disolverse en caso de bloqueo para convocar nuevas elecciones.

Séptima.- Si la decisión del PSOE de no abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy es firme y no piensa modificarla, y si es verdad que tampoco quiere ir a unas terceras elecciones, Pedro Sánchez tenía que haber dejado de marear la perdiz y desde el primer momento acometer lo que parece ser su auténtico objetivo, el que no se atreve a confesar abiertamente, que es negociar con Podemos y con los independentistas. ¿Para qué todo ese teatro acerca de la investidura de Rajoy? Es un juego infantil el que se traen con ese asunto los líderes del PSOE y de Ciudadanos. Una venganza pueril, que ni siquiera lo es. Se puede pensar lo que se quiera de Pablo Iglesias, pero hay que reconocer que es el único que ha hablado claro desde el principio, exhortando a Pedro Sánchez a negociar nada más saberse los resultados electorales, sin andarse por las ramas, sin esperas y sin encomiendas reales.

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Unos ineptos! Cómo puede funcionar el país?
 
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No saben qué hacer, no se entienden, no son capaces de nada, y cada uno a su ombligo... unas terceras elecciones? Como burros dando vueltas en el mismo molino... A dónde pretenden llegar!
Jo**** si no son capaces, que consulten a expertos, que busquen asesoramiento para una salida...
 
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https://actualidad.rt.com/video/211344-expertos-ver-politica-espanola-crisis-neoliberalismo

Expertos ven en la política española "una crisis del neoliberalismo"
Publicado: 25 jun 2016 18:03 GMT

Los expertos internacionales opinan que en la política española actual se ve "una crisis del neoliberalismo" que "va más allá de España". "La crisis política va de la mano con la transformación de la sociedad civil", destacan los analistas. Se refieren a las elecciones generales en el país como una "situación inédita", en la cual, sin embargo, "se empiezan a visionar diferentes escenarios".
 
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Inicio Estado español
¿De verdad nadie va a denunciar a la presidenta del Congreso?
Por
Paco Bello
-
08/08/2016
3687


Aunque parezca una broma, llevamos ocho meses con un Gobierno en funciones. Ocho meses sin poder pedir responsabilidades por lo que hace o deja de hacer ese Gobierno que sí tiene competencias, como de sobra está demostrando, pero que no ha sido elegido por nadie y que no acepta rendir cuentas de su gestión. Por distintos motivos llevamos ocho meses sin legislar, sin poder aprobar, modificar o derogar leyes, y sin que nadie tenga que asumir el coste político de sus decisiones y posicionamientos. Y lo que es peor, en esta nueva legislatura ni siquiera se ha puesto en marcha el reloj de la investidura, lo que nos mantiene en este absurdo limbo sin que nadie haya dicho ‘esta boca es mía’ habiendo mucho que decir.

Y es que si llamativo fue lo ocurrido en la pasada legislatura, con un rey novato que desobedeció su mandato constitucional, y que permitió a Mariano Rajoy acogerse a una ‘declinación’ que no está contemplada en el ordenamiento jurídico, mucho más llamativo es ahora que sí ha cumplido con su obligación designando oficialmente un candidato.

Escrito-del-Rey.jpg


A partir de este comunicado tan explícito deberían haberse sucedido los trámites previstos, pues con la comunicación de la designación de candidato ya queda cumplido el artículo 99.1 de la Constitución:

99.1 Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Y ahora debería cumplirse el artículo 99.2:

99.2 El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.

El texto de este último artículo tiene condición imperativa y de inmediatez, no da lugar a plazos ni permite disposiciones. ¿Por qué no se ha producido esa exposición de programa político?

Evidentemente, por algo tan irresponsable pero sencillo como que la Presidenta del Congreso está haciendo omisión de su obligación. Una obligación que en los mismos términos imperativos y de inmediatez que en los artículos ya citados de la Constitución, impone el Reglamento del Congreso en su artículo 170.

Artículo 170

En cumplimiento de las previsiones establecidas en el artículo 99 de la Constitución, y una vez recibida en el Congreso la propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno, el Presidente de la Cámara convocará el Pleno.

Hay que insistir. Todo se ha cumplido a excepción de la obligación de la presidenta de la Cámara Baja. Y no existe ninguna indefinición a la que acogerse. Tampoco valen las excusas, ni es una prerrogativa de la presidenta del Congreso conceder plazos a nadie bajo ninguna circunstancia. Los plazos de negociación ya los determina el propio proceso de investidura descrito en el articulado constitucional.

Vista la situación la primera pregunta lógica es: ¿qué se puede hacer cuando se incumple la legalidad vigente desde la tercera magistratura del Estado?

Y la respuesta nos coloca en una situación muy delicada, porque la única autoridad superior en este caso es la del Jefe del Estado, que es precisamente quien dicta la orden que está siendo incumplida. A este respecto la Constitución también es meridiana, pero esperemos que nadie esté pensando aprovecharse de ello.

El caso es que la pelota vuelve a estar sobre el tejado del rey, si es que finalmente alguien está dispuesto a cumplir y hacer cumplir la Ley. Aunque para suavizar lo que podría convertirse en un problema más serio del que actualmente ya es, algún partido podría denunciar este incumplimiento ante el muy dependiente Tribunal Constitucional, aunque no sea el órgano competente, al menos para guardar las apariencias; para que pareciera que esto no es el cortijo que realmente es.

¿Por qué hay tanto silencio y tanta pasividad? ¿Ante una desobediencia tan evidente nadie tiene nada que decir ni denunciar? ¿Tampoco los nuevos partidos?

En este país todo empieza a apestar por encima del hedor acostumbrado. Estamos viviendo un momento de excepcionalidad permanente y, en estas circunstancias, la mínima credibilidad que tuviera el sistema, si es que algo le quedaba, ya habrá quedado definitivamente sentenciada a desaparición. Y quizá no sea el mejor momento para que ocurra.

Esperemos que a alguien le quede algo de sensatez y por lo menos plantee batalla en este absurdo y peligroso escenario de nihilismo institucional. Porque por desgracia, lo que no cabe ya esperar, es que esa delincuencia que ejercen unos pocos y perjudica a millones de personas, vaya a ser castigada.


http://iniciativadebate.org/2016/08/08/de-verdad-nadie-va-a-denunciar-a-la-presidenta-del-congreso/
 
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  • Crisis en la Monarquía española: Felipe VI dilapida su 23-F
  • 22/08/2016 15:17 en Confidencial, Portada

    felipe-vi-jaime-alfonsin-627x330.jpg


  • El Rey puede morir por inanición.
  • El monarca no sabe borbonear: la incapacidad para formar Gobierno por parte de Rajoy y cía era su gran oportunidad: la está desaprovechando.
  • Y su incapacidad para ejercer su poder moderador desprestigia a la Corona.
  • Jaime Alfonsín y la Reina Letizia han relegado su papel institucional a la mera neutralidad.
  • Y muchos se plantean la pregunta maligna: ¿para qué sirve entonces la Monarquía?
  • Es la maldición eterna: el Rey progre no se entiende con los políticos progres.
  • Felipe VI de Borbón y Grecia ha abandonado las raíces de cristianos de la monarquía española.
  • Con ello no se ha atraído a los republicanos pero ha alejado a los monárquicos.
El asunto es grave: Felipe de Borbón no sabe borbonear. La incapacidad de la banda de los cuatro (Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera) para formar Gobierno ha puesto a Felipe VI en bandeja su gran oportunidad, su particular 23-F.

Su padre ascendió al trono bajo la sospecha de colaborar con Franco, de no ser un buen demócrata y hasta de haberle birlado la corona a su padre don Juan. ¿Todo ello era falso? No, casi todo era cierto, pero supo ser útil -la clave de la actual monarquía, como diría Luis María Anson- y el 23-F se ganó el trono.

Sin embargo, su sucesor se está comportando como un Rajoy cualquiera: no hace nada.

Felipe VI es un rey muy digno que no se compromete con quien no debe. Hace bien, pero también debería hacer algo; debería sobre todo, arriesgar, o va a morir de inanición. No es bueno que un monarca dé escándalos, pero aún peor resulta que no tenga ni la posibilidad de hacerlo… simplemente porque no hace nada.

Por ejemplo, no hace lo que le exige su rol institucional: ser el mediador institucional en periodo de interregno electoral como éste en el que nos encontramos. Porque si la función de un monarca es no hacer nada, entonces muchos podrían hacerse la pregunta maldita: ¿para qué necesitamos un Rey?

No hacer nada es la política favorita de Jaime Alfonsín, jefe de la Casa Real, para quien Su Majestad sólo tiene una cosa que hacer: no mojarse. Confunde Alfonsín la pureza con la higiene y la honradez con la pereza.

La otra influencia, la de su esposa, la Reina Letizia, es aún peor. Ha convertido La Zarzuela en cabecera del progresismo vanguardista. Y ya saben lo que eso significa. Por de pronto, la maldición eterna: el Rey progre no se entiende con los políticos progres. Felipe VI de Borbón y Grecia ha abandonado las raíces cristianas de la monarquía española pero, con ello no se ha atraído a los republicanos sino que se ha alejado de los monárquicos.

Miembros del círculo monárquico recuerdan que a quien más está afectando la no formación de Gobierno es a la Casa Real. Y que unas terceras elecciones no sólo sería un desastre para la banda de los cuatro (Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera) sino para el propio prestigio de la Corona.

Porque el problema de la monarquía española de hoy no es que esté desprestigiada, es que anda a la búsqueda de prestigio y está dejando pasar las oportunidades. No es que sea inmoral, es que es amoral. O como dice otro monárquico a Hispanidad: “Este Rey puede morir por inanición”.

Y entonces, ¿para qué sirve la Monarquía? ¡Despierte Majestad!

Eulogio López

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Muy buen análisis, lastima que no llegue el mensaje al rey mejor preparado del mundo. El agua no sube al tinaco, y con sus peores enemigos como consejeros y esposa no ayuda mucho.
Esta monarquía en funciones no sirve.... Corto reinado a Felizpito VI!!! Patada en el c... o! A vivir en Estoril con su prole virtual !!!
 
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Muy buen análisis, lastima que no llegue el mensaje al rey mejor preparado del mundo. El agua no sube al tinaco, y con sus peores enemigos como consejeros y esposa no ayuda mucho.
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Seguro que si este articulo se publicase en todos los periodicos y TV veriamos a la parejita hacer acto de presencia mucho antes de lo programado. La realidad es que ellos saben que la prensa 'oficiosa' le va a tapar todos sus 'abusos'. No tienen de que preocuparse. :vomit:
 
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¿para qué sirve la Monarquía?
Pues alguien dijo acà que este era un sistema obsoleto, arcaico y a años luz de la modernidad de siglo XXI.... más aún con la incompetencia del sexto.... hay dos soluciones: o soluciona la poca popularidad de su reinado.. o que ya prepare las maletas para el exilio.
 
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Muy buen análisis, lastima que no llegue el mensaje al rey mejor preparado del mundo. El agua no sube al tinaco, y con sus peores enemigos como consejeros y esposa no ayuda mucho.
Esta monarquía en funciones no sirve.... Corto reinado a Felizpito VI!!! Patada en el c... o! A vivir en Estoril con su prole virtual !!!

Que Portugal nos va a declarar la guerra, siempre les estamos mandando a Estoril :shifty: